AP6363-2015(42949)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP6363-2015  

Radicación No. 42.949  

(Aprobado acta No. 380)  

Bogotá, D. C., veintiocho (28) de octubre de  dos mil quince (2015).   

VISTOS  

          Procede   la   Sala  a  resolver  la  impugnación  incoada  por  el  representante  judicial  de  Elsa  Graciela  González Corredor, en contra de la  decisión  del 27 de noviembre de 2013, mediante la cual el Tribunal Superior de  Bogotá,  precluyó  la  investigación  adelantada  en  contra  de  la  Doctora  Eddy Amparo Valbuena Rivera.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

    

1. Los  hechos  fueron  resumidos  por  la  primera  instancia  en  los  siguientes términos:     

«Según  la  Fiscalía,  el  Dr.  Ernesto  González  Corredor,  apoderado  de  Elsa  Graciela González, formuló denuncia  contra   la   Dra.   Eddy  Amparo  Valbuena  Rivera,  Juez 21 de Familia de Bogotá. Como quiera que dentro  del  proceso  de liquidación de la sociedad conyugal de Elsa González Corredor  y  Manuel  Paneso  (sic) Ruíz, se destruyó y/o suprimió el auto proferido del  el  5  de abril de 2010, en el que se ordenaba agregar y colocar en conocimiento  de  las  partes  los oficios No 0095 y 0094 de 29 de enero de 2010, del Banco de  la  República  y  Fondo  de  Pensiones  Horizonte,  respectivamente,  así como  oficiar  a  la  Administradora  de  Pensiones  y  Cesantías  Horizonte para que  informara  las  fechas y valores de las consignaciones realizadas a órdenes del  despacho;  pues,  no obstante, haberse notificado por estado del 7 del mismo mes  y  año,  no apareció dentro del expediente, por el contrario, se allegó otro,  si  bien  de la misma fecha, 5 de abril de 2010, su contenido es diferente, pues  aunque  se  dispuso  agregar  y  poner  en conocimiento a las partes los citados  oficios, ordenó:   

          “frente   a   la  comunicación  del  Banco  Agrario,  visible  a                     folio                     53, y toda vez que dicha entidad financiera nos                     informa   la               existencia  de  los  dos  depósitos judiciales  cuyos    números                      y  valores  se verifican a folio 54, si bien no  obedece   a   la   orden                que   ha   debido   cumplir  el  banco  de  la  República,   esto   es,   –            únicamente-   el   embargo   y   retención,                     es  lo  cierto  que  para            regresar las cosas a su estado anterior,  deberá   librarse   la                 correspondiente  orden  de  pago y para que las  sumas               equívocamente   depositadas   regresen   a  la  entidad  donde  se                     encontraban    y    que    este    despacho   creyó   –  de  buena  fe-  lo era           el Fondo de  Cesantías  Horizonte,  conforme  el  empleador  del                 Sr.   PANESSO  RUIZ                     lo  informara  a  este  estrado                 judicial”»1   

                          2.-  Presentada  la petición de preclusión, se realizaron audiencias desde el 19 de  febrero al 27 de noviembre de 2013.   

                   Se precisa que  en  la  audiencia  del  día  26 de agosto de 2013, se reconoció como víctimas  dentro    del    asunto   a   Elsa   Graciela   González   Corredor2  y  a  Manuel  Ernesto  Panesso Ruiz, al considerar el Tribunal, que como partes del proceso en  que  se  produjo  el  presunto  acto irregular, tienen un interés legítimo que  permite  su  intervención  en  tal  calidad;  en  la  misma  decisión negó el  reconocimiento  como  víctima al apoderado de Elsa Graciela González Corredor.  Esta  decisión  fue  recurrida por el afectado, doctor Carlos Ernesto González  Corredor.   

                      Luego  del  trámite  de  los  recursos interpuestos, el Tribunal los declaró desiertos, al  considerar   que   el  recurrente  no  atacó  la  decisión  que  le  negó  su  reconocimiento como víctima.    

                      Resuelto lo  anterior,  se  concedió  el  uso  de  la  palabra  al  delegado  fiscal para la  sustentación  de la petición, concediendo de forma posterior la oportunidad de  intervenir   a  las  víctimas  reconocidas  y  el  defensor  de  la  indiciada.   

                     Culminada la  exposición  de las partes e intervinientes, en audiencia del 27 de noviembre de  2013,  se leyó la decisión, la cual fue recurrida únicamente por el apoderado  de Elsa Graciela González Corredor.   

SOLICITUD DE PRECLUSIÓN  

Al inicio de la petición, el Fiscal Delegado  hizo  un  recuento  del trámite procesal adelantado en el Juzgado 21 de Familia  de  Bogotá,  donde  cursó  un  proceso  de  cesación  de  efectos  civiles de  matrimonio  católico,  siendo  las  partes  Elsa  Graciela González Corredor y  Manuel  Ernesto Panesso Ruiz; en el mismo se decretaron medidas cautelares sobre  las  cesantías  del  segundo;  según  se corrobora con el oficio 3156 de 14 de  diciembre de 2007.   

Culminado el proceso inicial, se dio curso al  liquidatorio  de la sociedad conyugal, que terminó prematuramente por petición  conjunta   de   abogados  y  partes.  El  Despacho  atendió  favorablemente  la  solicitud,  excepto  entregar  los  dineros  embargados al demandado, a la parte  actora.   

Terminado el proceso y levantadas las medidas  cautelares,  el  Despacho  profirió  dos  autos de fecha 5 de abril de 2010; el  primero,  –  el que fue destruido- ordenando poner en conocimiento de las partes  unas  respuestas, así como oficiar al Fondo de Pensiones y Cesantías Horizonte  para  que informe las fechas y cuantías de consignaciones efectuadas a órdenes  de  ese juzgado, y el segundo, -el que obra en el expediente- conserva parte del  texto  del primero, pero en vez de repetir la orden ya cumplida, dispuso que los  dineros  embargados,  que  el  Banco  de  la República consignó a órdenes del  Juzgado,  fueran  regresados  a  sus  arcas,  para lo cual se ordenó oficiar al  Banco     –Agrario.   

Frente a la investigación, el Ente Acusador  dispuso  la realización de experticia en grafología para determinar si los dos  autos  –  el desaparecido  aportado  con  la  denuncia y el que obra en el expediente- fueron suscritos por  la misma persona, lo que fue corroborado por la perito.   

También ordenó la revisión técnica de los  computadores  del  Juzgado  21 de Familia de Bogotá. Así, se analizaron cuatro  equipos,  los  dos primeros asignados a los oficiales mayores y los otros dos al  secretario.  En  el marcado con el número “1” proporcionado a Julián René  Romero,  oficial  mayor,  se  encontraron dos documentos correspondientes al que  obra  en  el  proceso,  cuya  última  modificación  fue el 8 de abril de 2010,  aunque  la  de  creación en el equipo fue 14 de junio de 2011, lo que significa  que  fue  creado en otro equipo y transportado en la última data, al computador  analizado.   

También  expresa  el Fiscal, que como parte  del  programa  metodológico,  se obtuvo la plena identidad de la implicada y se  demostró su calidad de aforada legal.   

Finalmente  se  recibió interrogatorio a la  indiciada  y  se entrevistó al Julián René Romero, responsable del computador  donde  se  hallaron  los autos y cuyas iniciales aparecen en los dos proveídos.   

Expresa  el  peticionario  que  valorada  la  investigación  se  puede concluir que: i.-  hay  dos  autos  con  fecha  5  de  abril  de  2010; ii.-   ambos  fueron  suscritos  por  la  indiciada  y  iii.-  están  demostrados  los elementos objetivos del tipo penal descrito en el artículo 292  del Estatuto Represor.   

          No   obstante   tales   asertos,   el  fiscal  afirma  que  el  auto  efectivamente  suprimido,  no cumplía ninguna función real en el proceso, pues  indagaba   por   algo   que   ya  se  tenía  claro3;   además,   no   confería  derechos  ni  generaba  perjuicios a las partes; en tanto el auto que obra en la  foliatura,  si  impulsaba el trámite, pues disponía la emisión de los oficios  que  materializaban  lo  ya decidido en precedencia, que era volver las cosas al  estado anterior, dada la terminación prematura del proceso.   

          Afirma  que  la falsedad cometida es inocua, puesto que conforme con  el  artículo 11 del Código Penal, para que la conducta sea punible se requiere  que  lesione  o  ponga en peligro un bien jurídico, pero en este asunto, no hay  afectación  real  a  ninguno  de  ellos,  por  tanto  se configura la causal de  ausencia de tipicidad.   

          En  relación  con  la  segunda  causal  invocada  para  procurar la  preclusión,  expresa el solicitante, que se agotó la investigación sin que se  haya  un  solo  elemento  material  probatorio  o  evidencia física que permita  concluir  que  la  juez  investigada tenía conocimiento de la modificación del  auto  del  5  de  abril  de  2010,  o  que haya sido quien la dispuso; aduce que  tampoco  se  sabe  si  fue  engañada  para  suscribir el segundo proveído, por  tanto,  se  configura  la  causal  sexta,  pues  concluida la indagación, no es  posible   desvirtuar   la   presunción   de   inocencia   que   ampara   a   la  implicada.     

Concluye  pidiendo se decrete la preclusión  por  las  causales  4  y  6 del Artículo 332 del Código de Procedimiento Penal  (Ley 906 de 2004).   

INTERVENCIONES  

    

1. El    apoderado  de  Elsa  Graciela  González Corredor, se opuso a la preclusión.  Expresa  que  desde  el  inicio  del  trámite procesal, la funcionaria judicial  mostró  su  animadversión hacia él y que en relación con los dos autos del 5  de  abril  de  2010,  está probado que el primero fue destruido o suprimido, lo  cual   ocurrió   necesariamente   con   intervención   y  aquiescencia  de  la  funcionaria,  por  tanto, está demostrada la tipicidad, así como la autoría y  responsabilidad de la juez en la conducta investigada.     

    

1.    La  víctima  Manuel Ernesto  Panesso  Ruíz, manifiesta que dado que no es abogado, no comprende bien qué es  lo  que  está  buscando  la  audiencia,  aunque  sí tiene claro que el auto se  suprimió.     

    

1. La  Representante  del  Ministerio  Público,  acompañó  la  petición  de la Fiscalía,  expresando similares razonamientos.     

    

1. El   Defensor   coadyuva  la  petición  del  Ente  Acusador  ya  que  comparte  sus  argumentos.     

DECISIÓN APELADA  

El  27  de  noviembre  de  2013, el Tribunal  Superior  de  Bogotá, emite decisión mediante la cual accede a la petición de  la  Fiscalía.  Reconoce demostrada la causal sexta de preclusión del Artículo  332 del Código de Procedimiento Penal, no así la cuarta.   

Como  sustento  de  la decisión, expresa el  Tribunal  que  está  demostrada  la  tipicidad  de  la  conducta  contra  la fe  pública,  pues  por  la  experticia  se  sabe que hubo dos autos con fecha 5 de  abril  de  2010  y  el  primero de ellos fue suprimido, por tanto, no procede la  causal de preclusión por la causal analizada.   

En  cuanto  a la segunda causal invocada, la  Corporación   la   encuentra   satisfecha   pues  reconoce  que  adelantada  la  investigación,  no  existe  ningún  elemento  demostrativo  que  comprometa la  responsabilidad  de  la  juez  indiciada;  sin  dejar  de lado que se encuentran  vencidos  los  dos  años  desde  que  se  inició  la  indagación,  sin que se  formulara imputación.   

Concluye  la  decisión  expresando  que  al  haberse  vencido  el  término de indagación y no haber elementos de prueba que  comprometan  la  responsabilidad  de  la  juez,  debe resolverse las dudas en su  favor,    por  tanto, prospera la causal sexta del Artículo 332 de la  Ley 906 de 2004.   

EL RECURSO Y SU TRÁMITE  

          Notificada  en  estrados  la decisión, fue impugnada exclusivamente  por el apoderado dela víctima Elsa Graciela González Corredor.   

            El recurrente expresa que no comparte la decisión del Tribunal en  razón  a  que éste reconoce que está probada la tipicidad de la conducta, por  tanto,  estima  que  también  está  probada la autoría de la juez en el hecho  denunciado,   ya  que  ella  actuó  en  forma  dolosa  sin  que  haya  duda  al  respecto.   

          Agrega  que  cuando  la  funcionaria  fue  interrogada,  no negó la  autoría  del  auto,  sino  que dijo que pudo ser un proyecto, lo cual demuestra  que si existió ese auto y si fue suprimido.   

          Concluye  afirmando  que  hay certeza en relación con que el delito  se  cometió  por  la  doctora  Eddy  Amparo  Valbuena  Rivera y no entiende porque el Tribunal afirma que hay  dudas. Pide se revoque la preclusión.   

         

CONSIDERACIONES   

        1.-  Competencia:   

          La  Sala es competente para conocer la de apelación interpuesta por  el  apoderado  de  la  víctima  Elsa  Graciela  González  Corredor,  contra la  decisión  del  Tribunal  Superior  de  Bogotá  que decretó la preclusión, en  virtud  de  lo  establecido  en  el  Artículo  32  numeral 3° de la Ley 906 de  2004.   

2.- Problema Jurídico.  

De  conformidad  con  los  argumentos  de la  providencia  recurrida  y  los  del  impugnante,  el  problema  jurídico que se  resolverá  es  si  en  el  presente  asunto  está  probada  la causal sexta de  preclusión, como lo pide la Fiscalía y lo decretó el Tribunal.   

3.- De la preclusión:  

De conformidad con la reforma constitucional  plasmada  en  el año 2002 (AL 003/02), es la Fiscalía la autoridad que tiene a  su  cargo  investigar  y  acusar  por  las  conductas  punibles que lleguen a su  conocimiento,  siempre y cuando cuente con suficientes elementos que le permitan  inferir la ocurrencia de un delito.   

No  obstante,  el  mismo  Artículo  250-5  Superior,  le confiere el Ente Acusador la facultad de solicitar ante el juez de  conocimiento  la  preclusión  de  la  actuación cuando no hubiere mérito para  acusar;  ello  indica  que no está la Fiscalía, en todos los casos, obligada a  formular  imputación  o acusación, pues para que así proceda, debe contar con  material  probatorio  suficiente  del  que  se  pueda inferir la comisión de un  delito y su posible autor o participe.   

De  otra  parte,  la  Corte  Constitucional  (C-118/08), ha dicho sobre la preclusión:   

«… la  preclusión  de  la  investigación  es  un  mecanismo procesal                     mediante  el  cual  se  da  por terminado el proceso penal en forma                     anticipada  a  la sentencia, en tanto que se cumplen algunas de las                     causales  señaladas expresamente por el legislador para el efecto.                     Por  eso,  muchos  doctrinantes  han  señalado  que la preclusión                     equivale  a  la  absolución  del  imputado  porque  se presenta en                     aquellos  eventos  en los que la acción penal no puede continuar o                     cuando   el   ente   investigador   no   encuentra   los  elementos                     probatorios   suficientes   para   mantener   una  acusación.  Es,                     entonces,  la preclusión de investigación una figura usual de los                     procesos  penales  en los que el Estado es el titular de la acción                     penal  y  tiene a su cargo la tarea de desvirtuar la presunción de                     inocencia que ampara al procesado.»   

          Así  pues,  es  evidente  que la preclusión es una salida procesal  que,  por  hacer  tránsito  a  cosa juzgada, exige la demostración, a nivel de  certeza,   de   alguna  de  las  causales  que  el  legislador  previo  para  su  decreto.   

          En   el   sentido   expuesto,   se   pronunció  recientemente  esta  Corporación,  en  CSJ  AP  22  Ab.  2015,  Rad.  45138,  de la siguiente forma:   

         «El  análisis  y  fundamentación presentados por el               fiscal                     para  lograr  su  cometido  deben  ser  específicos  y detallados,                     tendiendo  no  sólo  los  elementos  fácticos  y  jurídicos  que  configuran           la  causal  de preclusión           invocada, sino los que integran el tipo                     penal  respecto del cual se pretende la terminación anticipada del                     proceso,   de   modo   que  sea  posible  deducir  con  certeza  la                     necesidad  de  extinguir  la  acción  penal  con  fuerza  de  cosa                     juzgada  por ausencia de mérito para continuar con la          persecución  penal».   

Ahora  bien,  cuando  se  trata de la causal  sexta  -imposibilidad  de  desvirtuar  la  presunción  de  inocencia-  el  Ente  Acusador  deberá acreditar que ha realizado una investigación exhaustiva y que  a  pesar  de  ello,  no  fue  posible  reunir  los elementos demostrativos de la  materialidad  o  de la autoría y responsabilidad del investigado, prevaleciendo  la  garantía  fundamental  de  la  presunción  de inocencia y su correlato, el  in  dubio  pro  reo.    

Sobre  el particular la Corte Constitucional  ha           expresado:          (C-205/03)4   

“El  derecho  fundamental  a  la  presunción  de  inocencia,  recogido  en  el  artículo  29  constitucional,  significa  que  cualquier  persona  es  inicial y esencialmente  inocente,  partiendo  del supuesto de que sólo se puede declarar responsable al  acusado  al  término  de  un proceso en el que deba estar rodeado de las plenas  garantías  procesales  y  se  le haya demostrado su culpabilidad. Así pues, la  presunción  de  inocencia,  se constituye en regla básica sobre la carga de la  prueba,   tal  y  como  aparece  consagrado  en  numerosos  textos  de  derechos  humanos5.   

“En  un Estado  Social  de  Derecho  corresponde  siempre a la organización estatal la carga de  probar  que  una  persona  es  responsable  de  un  delito,  produjo el daño, o  participó  en  la  comisión  del  mismo,  lo  que  se conoce como principio  onus probandi incumbit actori.  La  actividad  probatoria que despliegue el organismo investigador debe entonces  encaminarse  a  destruir  la  presunción de inocencia de que goza el acusado, a  producir  una  prueba que respete las exigencias legales para su producción, de  manera  suficiente y racional, en el sentido de acomodarse a la experiencia y la  sana  crítica.  Así pues, no le incumbe al acusado desplegar ninguna actividad  a  fin de demostrar su inocencia, lo que conduciría a exigirle la demostración  de  un  hecho  negativo,  pues  por  el  contrario  es  el  acusador el que debe  demostrarle  su culpabilidad. Por ello, a luz del principio del in dubio pro reo  si  no  se  logra  desvirtuar  la  presunción  de inocencia hay que absolver al  acusado,   y   toda   duda   debe   resolverse   a   su   favor   implicando  su  absolución”.   

Ahora  bien,  en materia de preclusión, hay  que  determinar  si  la  investigación adelantada por la Fiscalía, alcanzó el  estándar   probatorio   exigido   normativamente,   conforme  el  principio  de  progresividad del proceso penal.   

Significa  lo  anterior  que  en  etapa  de  indagación  o de instrucción, la imposibilidad de desvirtuar la presunción de  inocencia  estará  atada a que de los elementos materiales de prueba, evidencia  física   e   información  lícitamente  obtenida,  no  se  pueda  afirmar  con  probabilidad  de verdad que el hecho delictivo existió o que el implicado es su  autor o participe.   

En consecuencia, si evaluada la indagación o  la  investigación no se alcanza el estándar de conocimiento necesario para que  la  Fiscalía  acceda  al  siguiente estadio procesal, procederá la preclusión  por  la  causal  sexta,  dado que es constitucionalmente inadmisible, mantener a  una  persona  vinculada  a una actuación penal que no tenga forma de resolverse  para  acusar o para precluir por una causal diversa a la enlistada en el numeral  sexto del artículo 332 de la Ley 906 de 2004.     

1. Del Caso Concreto:     

          Descendiendo  al  caso  que  ocupa la atención de esta providencia,  desde  ya  advierte  la Sala que habrá de confirmar la decisión recurrida, por  los siguientes razonamientos:   

          De  conformidad  con la actuación, la funcionaria judicial indagada  se  desempeñaba  para  2010,  como  Juez 21 de Familia de Bogotá y tenía a su  cargo  un  asunto  liquidatorio  de  una  sociedad conyugal, el cual terminó de  forma  anticipada  a  solicitud  de  las  partes  y  sus  apoderados6,  en  la  que  informaron   que   acudirían   a   la   vía   notarial   para   realizar   tal  trámite7.    

          En  ese  escenario,  el  5  de abril de 2010, se expide auto, el que  según  la  denuncia,  es  sustraído o destruido y remplazado por otro. En este  segundo  se  dispone  la  devolución al empleador del demandado, de los dineros  consignados  equivocadamente; en tanto que el primero, presuntamente destruido o  suprimido,  sólo  ordenaba  poner  en conocimiento de las partes, una respuesta  del   Banco   de   la   República   y  del  Fondo  de  Pensiones  y  Cesantías  Horizonte.   

          Reconoce  la  Sala  que  la  Fiscalía  adelantó una investigación  suficiente    como   se   infiere   de   los   elementos   aportados8, pero de ellos  no  es  posible  extraer, la forma en que la funcionaria judicial pudo actuar en  relación    con    la    supresión    o    destrucción    de    la    primera  providencia.   

          Conforme  la  investigación  adelantada  por  la  Fiscalía,  está  demostrado  con  la  experticia  grafológica, que tanto el auto aportado con la  denuncia,  como  el  visible  en  el expediente, fueron suscritos por la doctora  Eddy     Amparo     Valbuena     Rivera9.   

          También  está  probado  que el auto que obra en el expediente, fue  proyectado  por  el  oficial mayor Julián René Romero, lo cual se conoce de un  lado,   por   la   experticia   a   los   computadores  del  juzgado10  y  de otro,  por  la  aceptación  que  de ello hace el mencionado en entrevista surtida ante  los                  investigadores11.   

          Lo  anterior  genera certeza sobre la existencia de dos providencias  suscritas  por  la  juez  y  que la segunda la elaboró un empleado del juzgado,  desconociéndose   cuándo,  dónde  o  quien  elaboró  la  primera  de  ellas.   

         En  su  interrogatorio la juez implicada, afirmó que el primer auto  “pudo  ser” un proyecto, con lo cual, no está reconociendo que lo fue, sino  que   en  su  respuesta,  hizo  una  conjetura  o  una  suposición  cuando  fue  interrogada  sobre  el documento adosado a la noticia criminal; en consecuencia,  no  puede  valorarse  como  una  aceptación de ser un proyecto que ella firmó,  como lo pretende el recurrente.   

         Además,   el  empleado  entrevistado,  afirma  sólo  reconocer  la  elaboración  de  la segunda decisión, lo cual goza de credibilidad, pues ésta  si  impulsaba  la  actuación,  disponiendo el cumplimiento de lo ya resuelto al  aceptar  la terminación anticipada del proceso; mientras que la primera, era la  simple  repetición  de una orden impartida y cumplida, vale decir, no impulsaba  en forma alguna la actuación.   

         Fue  activo  el Ente Acusador en la realización de la indagación y  a  pesar  de  ello,  no  logró  demostrar  en qué equipo de cómputo, se creó  realmente   el   auto  que  obra  en  la  foliatura12, menos que en ese juzgado se  haya   elaborado  el  denunciado  como  suprimido  o  destruido,  porque  en  la  experticia,  si  bien  se establece que hubo dos autos, se expresa que ambos son  del              mismo             tenor13,  luego  no está demostrado  que  uno  corresponda  en  su texto, al presuntamente destruido o suprimido, del  cual sólo se tiene conocimiento por la noticia criminal.   

         Evidentemente,  como  lo  expresó  el Tribunal y lo afirmó el Ente  Acusador,  de  los  elementos  de  prueba  reunidos,  no se extrae la autoría o  participación  de  la  funcionaria  en  la supresión o destrucción del primer  auto.   

         No  le  asiste razón al recurrente cuando expresa que demostrada la  supresión  de  la inicial providencia, se colige de contera, que la funcionaria  fue  quien  dispuso  tal  acción,  pues lo cierto es que para el momento en que  ello  pudo  ocurrir  (8  de  abril  de  2010), el expediente se encontraba en la  Secretaría  del  Juzgado,  puesto  que  se  estaba  notificando  por  estado la  decisión  del 5 de abril de 2010 y elaborando los oficios para su cumplimiento;  luego  es viable colegir, que no era la juez la única persona que tenía acceso  a  la  foliatura,  lo  que  abre  paso  a  que otras pudieran haber realizado la  presunta supresión y remplazo del proveído en mención.   

         Como  lo  advirtió  el  a-quo,  no  es posible inferir un indicio grave de autoría en la persona  de  la  funcionaria,  en tanto si es viable colegir múltiples posibilidades que  la  apartan  de  esa situación, tales como que el primer auto nunca se elaboró  en   el   Juzgado   21   de   familia   de  Bogotá14   o  que  el  empleado  que  advirtió  que la orden impartida en el primer auto era repetida, haya tomado la  decisión  de  cambiarla,  sin  advertir  previamente  de  tal  situación  a la  funcionaria,   engañándola  para  que  firmara  el  segundo  auto,  sólo  por  mencionar algunas opciones.   

         Al   no   advertir   elemento  demostrativo  de  la  conducta  o  la  responsabilidad  penal  de  la  implicada, cabe preguntarse, ¿por qué obraría  con  tal  torpeza  una funcionaria como la Doctora Eddy  Amparo  Valbuena  Rivera, quien tenía, para el momento  de  los hechos casi 20 años de experiencia laboral como juez y ninguna sanción  disciplinaria    o    penal    en    su    contra15?   

         Claramente   el   paso   del   tiempo   no   permite  adelantar  una  investigación  más  allá  de  la  realizada  por  el  Ente  Acusador, pues ni  siquiera  se  tiene  certeza sobre la impresora usada para los dos autos, puesto  que  para  el  momento de la experticia, ya se habían cambiado las del Juzgado,  sin  que  se tenga noticia del destino de las que había para el mes de abril de  2010.      

         También  es evidente que han transcurrido más de los dos años con  que  contaba  el  Ente Acusador, sin lograr un elemento de prueba que comprometa  seriamente  la  responsabilidad  de  la  funcionaria  indiciada., tal como se ha  analizado   en  precedencia.                 

         Como  conclusión,  la Sala reitera lo ya afirmado, en el sentido de  declarar  probada  la  causal  sexta de preclusión, puesto que a pesar de haber  adelantado  la  Fiscalía una investigación acorde con las exigencias del caso,  no  fue  posible  recaudar  material probatorio que demuestre que la funcionaria  indiciada   tiene   comprometida   su   responsabilidad   penal  en  los  hechos  denunciados;  por  tanto, prevalece la presunción de inocencia que la acompaña  como   implicada   en  una  investigación  penal,  lo  que  lleva  a  confirmar  integralmente la decisión recurrida.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

         

RESUELVE  

Primero.  Confirmar   integralmente  la decisión del Tribunal  Superior  de  Bogotá,  de  fecha  27  de noviembre     de     2013,    consistente    en    precluir   la  investigación    seguida    contra    la           doctora  Eddy Amparo  Valbuena Rivera.   

Segundo.  Informar    que   esta  determinación  queda  notificada  en  estrados y contra ella no procede recurso  alguno   

Cópiese, notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folio 109 Carpeta Original del Tribunal Superior de Bogotá.   

2 En su  representación   se   reconoció  como  apoderado  al  abogado  Carlos  Ernesto  González  Corredor,  quien  también la asesoró en el proceso de disolución y  liquidación de la sociedad conyugal.   

3  Se  aclara  que  desde  que  se  dio por terminado el  proceso  liquidatorio el apoderado de la actora pidió la entrega en favor de su  cliente  de  las  sumas  consignadas a órdenes del Despacho, pero como éste no  ordenó  la retención de los dineros de cesantías del demandado, previamente a  pronunciarse,  se  dispuso  oficiar  a  Banco  de  la  República  y  a Fondo de  Pensiones  y  Cesantías  Horizonte  para  indagar  por consignaciones y fechas,  respondiendo  la  primera entidad que hizo dos consignaciones por un valor total  de  $13’686.339,00  y la  segunda,   que   atendiendo   la   orden   del   juzgado,   no   consignó  suma  alguna.   

4  MP   Clara   Inés   Vargas   Hernández   

5  Artículo  11  de  la  Declaración  Universal de los  Derechos  Humanos  de  1948,  artículo  8-2  de  la Convención Americana sobre  Derechos  Humanos y artículo 14-2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y  Políticos.   

6  Decisión  emitida por el Juzgado 21 de Familia el 21  de  septiembre  de  2009,  en  la  que  además de dar por terminado el trámite  liquidatorio,  negó  la  entrega  a la actora,  de los dineros consignados  por  el  Banco  de la República en la cuenta de depósitos judiciales del Banco  Agrario,  a  órdenes  del  Despacho Judicial citado. Providencia notificada por  estado  156  de  23  de  septiembre  de  2009,  quedando  en  firme  al  no  ser  impugnada.   

7  Significa  ello,  que  la liquidación de la sociedad  conyugal  disuelta  no  se  había efectuado para dicho momento histórico, sino  que  las  partes,  al  tener  ánimo conciliatorio, optaron por acudir a la vía  notarial,  por tanto, dentro del proceso adelantado en el Juzgado 21 de Familia,  no  podía  disponerse  entrega  de  dinero  alguno  a  quien no era su original  titular, como lo pretendía el abogado de la actora.   

8  Entre  los  que  se  resalta la inspección a lugares  donde  obtuvo  copia  del  expediente,  así como se adelantó investigación en  todos  los  computadores  del  juzgado, también se recibió interrogatorio a la  indiciada  y el empleado cuyas iniciales aparecen en los autos cuestionados; por  último,  aportó  la  demostración de la calidad foral de la funcionaria, así  como su plena identidad y carencia de antecedetes.   

9  Cfr.  Folio 11. Carpeta OPJ INSPECCIÓN A LUGARES. La  perito  concluye  la  uniprocedencia de las firmas en los dos autos que analiza,  sin  tener  a  su  alcance  los  originales  sino reproducciones, electrónica y  fotográfica  respectivamente,  con  fundamento en análisis morfológico de los  rasgos.   

10  En  la experticia se estableció que el auto datado 5  de  abril  de  2010,  fue elaborado en el equipo de cómputo asignado al oficial  mayor  Julián  René  Romero,  designado  para  el  caso,  como computador # 1.   

11  Cfr. Folio 4 Carpeta OPJ Entrevista.   

12  Por  la  experticia se sabe que el auto obrante en el  expediente,  fue  modificado  el  8  de  abril  de  2010,  pero  creado  para el  computador  analizado,  en junio de 2011, explicándose que ello acontece cuando  el  documento es creado en otro equipo y transportado al analizado, mediante USB  u otro medio similar.    

13  En el informe pericial, el experto afirma que los dos  autos  encontrados en el computador de Julián René Romero, son idénticos pues  tienen  el mismo valor hash, sólo que tenían diversa ubicación en el equipo y  que  uno estaba eliminado; además se concluye que no hubo forma de demostrar si  el  auto  aportado  con  la  denuncia  fue  creado o modificado en ese equipo de  cómputo.   

14  Puesto que se resalta que de la experticia practicada  a  los  computadores  del Juzgado, no se infiere que hubo dos autos, cada uno de  distinto   contenido,   sino   que   hay   dos,   pero   ambos   con  idénticos  textos.   

15  Cfr.  Carpeta  de  Documentos que acreditan calidad, identidad y antecedentes de  la indiciada.     

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