AP6312-2015(46486)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP6312-2015  

Radicación     n°     46486   

(Aprobado Acta No.  380)   

         Bogotá, D.C.,  veintiocho   (28)  de  octubre  de  dos  mil  quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Andrés  Felipe  Restrepo  Rodas contra la sentencia proferida por la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Cundinamarca, por cuyo medio revocó la  dictada  por  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal con Funciones de Conocimiento de  Tocancipá  que  lo  absolvió  del  delito  de lesiones personales.     

HECHOS  

         Fueron  sintetizados  por  el  sentenciador  de  primer grado de la  siguiente manera:   

El día 24 de diciembre de 2011, siendo las  12:50  a.m.,  se  informó  a  la policía que se presentaba una riña entre dos  personas  en  la  calle  12  con  carrera 5ª esquina, frente a la droguería El  Cristal,  cuando  llegaron  allí observaron a una persona de contextura delgada  corriendo,  que  era la señala[da] de ocasionar las lesiones al señor BERNARDO  PINILLA  ARIAS… De inmediato la policía procedió a perseguirla, sin perderla  de  vista,  siendo  alcanzada  y  capturada  en  la calle 13 con carrera 5ª del  municipio  de  Tocancipá,  a  esta persona se le identifica como ANDRÉS FELIPE  RESTREPO RODAS (…).    

         Cabe  destacar  que  el  ofendido  presentó  fractura  de  tibia y  peroné  de  la  pierna  derecha, lesiones que le ameritaron incapacidad médico  legal  definitiva  de  setenta  (70)  días  y  secuelas, tales como, deformidad  física  que  afecta el cuerpo de carácter permanente y perturbación funcional  del         órgano        de        la        marcha        de        carácter  transitorio.        

ACTUACIÓN PROCESAL  

         1.  El  9  de diciembre de 2013, ante el  Juzgado   Promiscuo   Municipal   con  Función  de  Control  de  Garantías  de  Gachancipá,  se  llevó  a  cabo  la  audiencia  preliminar  de formulación de  imputación,  donde  la  Fiscalía  endilgó  a Andrés Felipe Restrepo rodas el  delito  de  lesiones  personales previsto en los artículos 111, 112 inciso 2º,  113  inciso  2º  y  114  inciso  1º del Código Penal, cargo que no aceptó el  supranombrado.         

         2. El 6 de marzo de 2014, la Fiscalía 2  Local  de  Sopó  presentó escrito de acusación y, el 29 de mayo siguiente, se  llevó  a  cabo  la respectiva audiencia ante el Juzgado Promiscuo Municipal con  Funciones  de  Conocimiento  de Tocancipá, donde reiteró el cargo atribuido en  la  formulación  de imputación; asimismo, se reconoció la calidad de víctima  a   Bernardo   Pinilla   Arias   y  personería  jurídica  al  abogado  que  lo  representa.   

         3. Realizada la audiencia preparatoria y  agotado  el  juicio  oral,  el  18 de diciembre de 2014, el juez de conocimiento  dictó  sentencia  por  cuyo medio absolvió a Andrés Felipe Restrepo Rodas del  delito objeto de acusación.   

         4.  Apelada la anterior decisión por el  delegado  de  la  Fiscalía y el apoderado de la víctima, en fallo adiado el 27  de  mayo  de  la  cursante  anualidad,  el  Tribunal Superior de Cundinamarca lo  revocó  y,  en  su  lugar,  condenó al procesado Restrepo Rodas como autor del  delito  de lesiones personales, imponiéndole como penas principales 32 meses de  prisión  y multa de 34.66 SMLMV, así como la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la  sanción privativa de la libertad.   

         De  igual  forma,  le  reconoció al sentenciado el subrogado de la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

         5. Contra la sentencia de segundo grado,  el  defensor  del  acusado  Andrés  Felipe  Restrepo Rodas interpuso recurso de  casación,     cuya     admisibilidad     es     el    objeto    del    presente  pronunciamiento.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Omitiendo referirse a cuál o cuáles de los  fines  señalados  en  el  artículo  180  de la Ley 906 de 2004 persigue con el  recurso  extraordinario,  el  demandante formula cinco reproches al amparo de la  causal  consagrada  en  el  numeral 3º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004,  por  el  manifiesto  desconocimiento de las reglas de producción y apreciación  de  la prueba sobre la que se fundó la sentencia rebatida, que se resumen de la  siguiente manera:   

         Primer  cargo.  Manifiesta el censor que  el  Tribunal incurrió en la violación indirecta de la ley sustancial originada  en  error  de hecho por falso juicio de existencia, debido a que omitió valorar  el  testimonio  del  médico  Omar  Andrés  Robayo  Conde, quien declaró en el  juicio  oral  sobre  el  primer  reconocimiento  médico  legal  que realizó al  ofendido  Bernardo  Pinilla  Arias  en  el Hospital Divino Salvador de Sopó, el  día de los hechos juzgados.   

         En  dicha  oportunidad,  anota, al galeno en mención se le puso de  presente  el  referido  informe,  del  cual  hizo  lectura,  donde consta, en el  apartado  relativo a la anamnesis, que el paciente Pinilla Arias (i) asistió al  respectivo  reconocimiento  llevando  consigo el resultado de un examen de rayos  X;  (ii)  presentaba en la pierna afectada una férula; y, (iii) refirió que la  lesión    se   la   ocasionó   un   sujeto   que   lo   quiso   «atracar»,  quien  lo  golpeó  con  una  varilla.              

         En    esa    medida,   concluye   el   recurrente,   «las  lesiones  referidas  [fractura  de  tibia  y peroné de pierna  derecha]  fueron  producidas  desde  antes  de  los hechos que dieron lugar a la  presente  investigación»,  lo  que  dice, encuentra  corroboración   en   la   circunstancia   de  que  la  víctima  «refiere  al  médico  unos  hechos diferentes a los que le causaron  sus  lesiones», toda vez que en esa ocasión relató  que  un  sujeto  lo  iba a asaltar y lo agredió con una varilla, siendo que los  testimonios  de  Vannesa  Inés  Bermúdez  Suárez  y  Yeimmi Johana Martínez,  presenciales  del  suceso,  nada  dicen acerca de la utilización de un elemento  contundente  por  parte  del  agresor  y,  además,  dan  cuenta  de  un devenir  claramente distinto.        

         Así  las  cosas, considera que si el juez colegiado hubiese tenido  en  cuenta  el  testimonio del galeno en cita, habría confirmado la absolución  proferida   por   el   juez  a  quo,  dado  que  se  mantendría  «la       duda       en      beneficio      del      reo».   

         Segundo  cargo.  Acudiendo de nuevo a la  senda  de la violación indirecta de la norma, el libelista aduce que el ad quem  incurrió  en  error  de hecho por falso juicio de identidad por distorsión del  contenido  del  informe  médico legal No. 2012C-08041000170, adiado 24 de enero  de  2012,  contentivo  de  la  segunda  y  definitiva  valoración practicada al  afectado.   

         Luego  de  citar  apartes  del  fallo  de  segundo  grado  donde el  Tribunal  fija la capacidad demostrativa de dicha prueba, indica que el referido  dictamen  adolece  de un «error… el cual consistió  en  plasmar  la  fecha  del  1º  de  diciembre  de  2011  a las placas de rayos  X» aportadas por el ofendido cuando fue valorado por  segunda  y  última  vez,  y  agrega  que  si bien el médico forense pretendió  explicar  la situación al rendir testimonio en el juicio oral, manifestando que  había  sido  un  error  de  transcripción, pues la fecha en que se tomó dicho  examen  radiológico era posterior, de lo cual informaron a la Fiscalía General  de  la  Nación  al  responder  una solicitud de aclaración formulada por dicha  autoridad,  señala  el  impugnante  que  el  galeno no logró precisar la fecha  exacta  y,  además,  no se incorporó el documento que el Instituto de Medicina  Legal     remitió     a     la     Fiscalía     explicando     el    antedicho  equívoco.            

         Por  tanto,  añade el impugnante, como es al ente acusador a quien  incumbe  la  carga de probar la materialidad del delito y la responsabilidad del  acusado,   y   su  delegado  no  acreditó  que  en  efecto  se  trató  de  una  equivocación  la  fecha del examen radiológico practicado a la víctima que se  consignó  en  el  informe  médico  legal, en últimas no se dilucidó si éste  correspondía  a  las  lesiones  ocasionadas a Bernardo Pinilla Arias el día de  los   hechos   juzgados,   o   a  otras  que  el  mencionado  sufrió  en  fecha  anterior.   

         Después  de  trascribir  apartes  de  la  declaración del médico  legista,  donde  éste  explica  la  pluricitada  imprecisión, y de criticar el  interrogatorio   que   a  ese  testigo  le  formuló  el  Fiscal  del  caso,  el  casacionista  concluye  que  ante  la falta de claridad sobre la fecha en que le  fueron   causadas   las   lesiones   al   ofendido,  surge  un  estado  de  duda  «latente» que nunca pudo  ser  «disuadida»  en  la  actuación,  por  lo  que  la  única  opción que se le ofrecía al juzgador de  segundo    grado   era   confirmar   la   absolución   proferida   por   el   a  quo.             

         Tercer   cargo.  Lo  hace  consistir  el  demandante  en  la  violación indirecta de la ley sustancial originada en error  de     hecho     por     «falso     juicio     de  apreciación»,  dado  que en su opinión el Tribunal  se equivocó al valorar la prueba, que no identifica.   

         Cita  apartes  de la sentencia de segunda instancia donde se estima  la  capacidad  demostrativa  del  testimonio  del médico legista Manuel Antonio  Saldaña  Vaca,  en  los que el ad quem concluye que no obstante la imprecisión  en  que  se  incurrió  en el respectivo informe de lesiones no fatales sobre la  fecha  en  que  se  tomó el examen de rayos X a la víctima, tal aspecto quedó  clarificado  con  el  testimonio del supranombrado, quien dio cuenta de que ello  se  debió  a  un  error  de  transcripción,  justificación  a la cual otorgó  credibilidad  apoyado  en  juicios  lógicos  inductivos construidos a partir de  reglas de la experiencia.       

         Seguidamente  el  recurrente  refiere que de acuerdo con el segundo  informe  médico  legal, quedó establecido sin dubitación, que la radiografía  utilizada  por  el  médico  legista  en  dicho  reconocimiento  fue  tomada  al  lesionado   el   1º  de  diciembre  de  2011,  luego  si  aquel  «no  llevó  al  juicio  copia  u  original  a  que  hizo referencia  respecto  de  la  aclaración  de  la fecha… menos se puede afirmar otra fecha  distinta»,  como  lo concluyó el juez colegiado, lo  que  en  su  opinión  «constituye  una  valoración  equivocada».       

         Lanza  críticas  personales a las máximas empíricas que utilizó  el  fallador  de  segunda  instancia  para  concluir que de acuerdo con ellas no  resulta  razonable  la  hipótesis  defensiva,  relativa  a  que  la víctima ya  estuviera  lesionada  en  su  pierna cuando fue agredida por el acusado Restrepo  Rodas  el  día  de  los  hechos,  puesto  que  en  su criterio tal apreciación  «rompe la lógica que debe existir dentro de la sana  crítica      a      la      valoración      de      la      prueba».       

         Igualmente,  censura  la  capacidad demostrativa que el Tribunal le  otorgó  al testimonio del afectado Pinilla Arias, puesto que, dice, no obstante  las  múltiples  contradicciones  en  que  el  mencionado incurrió entre lo que  manifestó  al  forense, tal como aparece consignado en la anamnesis del informe  médico  legal  de lesiones, y lo que se afirmó en el juicio, sumado a la fecha  del  examen  de  rayos  X  registrada  en tal medio de convicción, en su sentir  «hacen  dudoso  el  tiempo  de  la  lesión  [de  la  víctima],  no  permiten  establecer su pre-sanidad y por el contrario dejan una  estela  de  incredulidad  del  momento  en que recibió las lesiones»,  por  lo  que considera que sostener lo contrario, como lo hace  el    juez    plural,    «es    una   apreciación  incorrecta» de la prueba.    

         Concluye   el  libelista  que  dada  la  incertidumbre  que  existe  «sobre  si la incapacidad y secuelas determinadas [a  la  víctima],  corresponden  o  no  a  la  fecha  del  24  de diciembre de 2011  (sic)»,  debe  aplicarse  en  su  favor el principio  conforme   al  cual  toda  duda  debe  resolverse  a  favor  del  acusado.    

         Cuarto  cargo.  Manifiesta el censor que  el  Tribunal  incurrió  en la trasgresión indirecta de la norma sustancial por  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia por suposición de la prueba,  concretamente  de  una  segunda  placa  de  rayos  X tomada al ofendido Bernardo  Pinilla  Arias,  así  como  de  su  remisión a la Fundación Cardioinfantil de  Bogotá   para   la   realización   de   una  intervención  quirúrgica.    

         Luego  de  citar  apartes  del fallo confutado donde el juzgador de  segundo  grado  concluye,  con fundamento en el testimonio de la víctima, que a  ésta  se  le  practicaron dos estudios radiológicos en su pierna al momento de  ser  atendido  en  el  Hospital  El  Salvador  de Sopo, y que posteriormente fue  remitida  a  una  institución médica de esta capital, el impugnante afirma que  en  la  actuación  se  demostró  que  el afectado Pinilla Arias «al  ingresar  a  su  primer  reconocimiento  [médico  legal] en el  Hospital  Divino  Salvador de Sopo… llevaba consigo unas  placas de rayos  X  y  una  férula [en su pierna derecha]», según se  consignó en dicho informe.       

         Agrega  que  el  galeno  Omar Andrés Robayo Conde, quien practicó  tal   examen   forense,   al   declarar  en  juicio  corroboró  las  anteriores  circunstancias  y  precisó  que  él  no  ordenó  al  paciente  el  estudio de  radiología;  además, señala que «el Tribunal está  suponiendo  la  existencia  de  otra  placa  de rayos X, cuando no se aportó al  proceso,  y  una  remisión a la Fundación Cardioinfantil, cuando en el proceso  no  obra  prueba  de  atención  médica  alguna en dicha fundación»,   lo   cual,   en   su  opinión,  evidencia  el  falso  juicio  denunciado.   

         Quinto  cargo.  El  casacionista expresa  que  el  ad quem incurrió en la vulneración indirecta de la ley sustancial por  error  de  hecho al «ignorar la existencia manifiesta  de  la  duda»,  pues  lo  que  se  hace  en el fallo  impugnado  es  «admitir  la  existencia manifiesta y  razonable   de   la   duda   partiendo   de   la  falta  de  pruebas»,  luego lo que correspondía en el caso particular era confirmar  la absolución proferida por el juez a quo.   

         Cita  apartes  de  la  sentencia de segunda instancia donde el juez  colegiado  reprocha  la  deficiente  actividad  del  delegado  de  la Fiscalía,  evidenciada  en la renuncia a presentar en juicio a los policías que efectuaron  la  captura  del  procesado  Restrepo  Rodas,  en  la  omisión  de  descubrir y  solicitar  como medio de convicción la aclaración sobre la fecha del examen de  rayos  X  efectuada  por  el  Instituto  de  Medicina  Legal y, en general, a su  desconocimiento      en     torno     a     las     técnicas     del     juicio  oral.         

         En  esa  medida,  señala  que  «en  la  investigación  seguida  contra ANDRÉS FELIPE RETREPO RODAS ha imperado la duda  como  se demuestra y lo reconoce el H. Tribunal», por  lo  que «obligaba un fallo de absolución».    

         Finalmente,  solicita a la Corte casar la sentencia confutada y, en  su    lugar,    absolver    a    su   defendido   del   cargo   objeto   de   la  acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia  adicional para debatir aspectos que fueron materia de controversia, o  como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el demandante (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y,  finalmente  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el artículo 180 ibídem, valga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en  los  que  haya podido incurrir el fallador, no es  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de instancia, sino de acuerdo con  la  dialéctica  propia del recurso de casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

2. De entrada se  advierte  una  falencia  en  la  demandada  cuya  admisibilidad  se estudia, que  consiste  en la omisión del censor de exponer por qué la Corte debe intervenir  como  Tribunal  de  Casación  en el asunto de la especie, valga decir, cuál de  los  fines  contemplados  en  el  artículo  180 de la Ley 906 de 2004 es el que  busca  garantizar  con  el  control  constitucional  y  legal de la sentencia de  segundo grado.     

         Cabe  destacar  que  dicha  carga argumentativa no se cumple con la  simple  referencia  al  contenido  de  la  norma  en  cita, sino que corresponde  exponer  con  claridad  y  precisión  las  razones en que se sustenta el objeto  perseguido  con  el recurso extraordinario, motivos que a su vez deben armonizar  con  el  desarrollo de los cargos postulados, al punto de revelar la afectación  o  perjuicio  de  los derechos y garantías fundamentales de la parte, de manera  que  surja ineludible para la Corporación entrar a restablecerlos o repararlos,  o realizar alguno de los otros propósitos señalados en la norma.   

         Ahora,  dada  la  preponderancia de los fines de la casación en el  procedimiento  reglado  en  la  Ley  906  de  2004,  el  silencio  frente  a tan  trascendental  aspecto, como ocurre en el libelo examinado, conduce por sí solo  a  su  rechazo,  según  la  doctrina que al respecto ha sentado esta Sala de la  Corte1.   

         3.  Al  margen  de lo anterior, la Corte  desde  ya  anuncia  que  la  demanda  se  inadmitirá  debido a los desatinos de  lógica  y  adecuada  fundamentación  en  la  postulación  y desarrollo de los  cargos, según pasa a explicarse.   

         3.1  Primer  cargo. Lo hace consistir el  recurrente  en  la  omisión  del  Tribunal en valorar el testimonio del médico  Omar  Andrés  Robayo  Conde,  quien  declaró en el juicio oral sobre el primer  reconocimiento  médico  legal que realizó a la víctima Bernardo Pinilla Arias  en   el   Hospital   Divino   Salvador   de   Sopó,   el  día  de  los  hechos  juzgados.      

         Sobre  el  vicio  denunciado se ofrece necesario mencionar, como lo  ha  reiterado  la  jurisprudencia  de  la  Sala,  que por esta vía se quebranta  indirectamente  la ley sustancial cuando el juzgador de ninguna manera valora el  contenido  material  de  un medio de prueba legalmente incorporado al proceso, o  cuando  lo  supone pese a que no forma parte de él.2   

         En  orden  a  demostrar el falso juicio de existencia por omisión,  incumbe  al  libelista  identificar  la  prueba  que  válidamente  obra  en  la  actuación,  objetivar  su contenido en relación con los aspectos sustanciales,  señalar  cuál  es el mérito que le corresponde siguiendo los postulados de la  sana  crítica,  para  luego,  en  punto  de  trascendencia,  precisar  cómo su  estimación  conjunta con los demás medios probatorios que obran en el proceso,  habría  determinado  una declaración de justicia  diversa a la consignada  en      la      sentencia      impugnada,      obviamente      favorable      al  procesado.           

         De igual forma, esta Corporación tiene dicho que:   

…tal  pretermisión  no  acontece  si los  jueces  tuvieron  en  cuenta  el  elemento de juicio que se extraña, así no lo  hayan  mencionado  de  manera  expresa  en  la  motivación.  Tampoco  cuando lo  apreciaron,   pero   dejaron  de  lado  aspectos  que  el  demandante  considera  relevantes  (caso  en el cual debería formular un falso juicio de identidad por  cercenamiento).  Ni  cuando  la  prueba  fue valorada en la decisión de primera  instancia  y  la  decisión  de  segundo  grado  confirma los aspectos objeto de  debate,  pues  en  tales  casos  las providencias se han integrado en una unidad  jurídica  imposible  de  escindir.  (CSJ AP, 16 sep.  2013, rad. 38747)   

         Frente  al  caso  concreto,  se  advierte que el supuesto en que el  impugnante  funda el reparo desconoce la realidad procesal, puesto que contrario  a  lo  que éste afirma, el juez colegiado sí tuvo en cuenta la prueba que echa  de  menos, valga decir, el testimonio del galeno Robayo Conde, respecto del cual  consideró  que el estudio radiológico que se le practicó a la víctima cuando  se  le  brindó  atención  en  el  Hospital  El  Salvador  de Sopó debido a la  fractura  de  su  pierna  derecha, le sirvió de base al citado profesional  para  realizar  el  primer  reconocimiento médico legal, de donde concluyó que  dicha lesión se produjo el 24 de diciembre de 2011, y no antes.   

         Al respecto el Tribunal señaló:   

La presentación de una conclusión así no  tiene  fundamento en un simple razonamiento de exclusión, sino en el testimonio  incontrovertido  de  la  víctima, en el cual se da cuenta de la realización de  dos  estudios  radiológicos  realizados  en  su pierna derecha al momento de su  atención  médica  en  el  Hospital Divino Salvador del municipio de Sopó, (el  cual  sirvió  de  base  para  un  primer  reconocimiento  médico  legal,  cuya  elaboración  fue  admitida en juicio por el médico Omar Andrés Robayo Conde),  y  al  cumplirse  su  remisión  a  la Fundación Cardioinfantil en la ciudad de  Bogotá,  donde  fue  sometido  a  una  operación dada la entidad de la lesión  observada  en  este  miembro  inferior,  esto  es,  el  mismo 24 de diciembre de  2011.               

         En  esa  medida,  resulta abiertamente infundada la glosa ensayada,  máxime  que el casacionista omite explicar por qué el hecho de que el ofendido  Bernardo  Pinilla Arias, al ser valorado el mismo día del suceso por el médico  forense,  aportara el resultado de un examen de radiología de su pierna derecha  y  en  dicha  extremidad  inferior tuviera una férula, permite colegir, como lo  plantea   en   su   discurso,   que   la  lesión  que  presentaba  –fractura      de      tibia     y  peroné– le hubiera sido  ocasionado  en  un  evento  previo,  distinto al juzgado, quedándose en la mera  afirmación carente de sustento.   

         Además,  en  punto de la trascendencia, el defensor del acusado no  dice   cómo   las  circunstancias  mencionadas,  valga  decir,  contar  con  un  diagnóstico  de  rayos X y tener un apósito en su pierna derecha al momento de  la  primera  valoración  médico  legal, tienen la potencialidad de infirmar el  testimonio  del  afectado  en  el  sentido  que  tales  procedimientos le fueron  realizados  en  el  Hospital  Divino  Salvador  de  Sopó  y  previo a que fuera  examinado  por  el  forense, tal como lo concluyó el ad quem, ni de qué manera  la  valoración  conjunta  de  la  prueba echada de menos con el restante acervo  probatorio  habría  trocado la condena en absolución por duda probatoria sobre  la materialidad del delito.       

         En esa medida, se inadmitirá el reparo.    

         

         3.2  Segundo cargo. Según el demandante,  el  juez  colegiado incurrió en error de hecho por falso juicio de identidad y,  por  tanto,  vulneró  indirectamente  la  ley  sustancial, como consecuencia de  distorsionar  el  contenido  del  informe  médico  legal No. 2012C-08041000170,  adiado  24  de  enero de 2012, contentivo de la segunda y definitiva valoración  practicada  al  afectado Pinilla Arias, el cual fue incorporado al juicio oral a  través     del     testimonio    del    galeno    Manuel    Antonio    Saldaña  Vaca.       

         Cabe  destacar que en orden a evidenciar el vicio de contemplación  objetiva  alegado, el cual se presenta cuando al apreciar un medio probatorio el  juzgador  tergiversa,  adiciona  o  mutila  su contenido material, poniéndolo a  decir  algo  que  no  expresa  o menos de lo que encierra, corresponde al censor  identificar  el  medio  de  convicción sobre el cual recae, indicar los apartes  alterados  y  confrontarlos con lo que en la sentencia se consideró de ellos y,  finalmente,  acreditar  cómo  el  yerro trascendió la declaración de justicia  contenida  en  el fallo impugnado, análisis que debe involucrar la totalidad de  la     prueba    practicada    en    el    juicio3.    

         Empero,  el  censor  no  cumple  con  ninguna  de  tales exigencias  argumentativas,  pues se limita a citar apartes del fallo de segundo grado donde  se  fija  la  capacidad demostrativa del informe médico legal de lesiones y del  testimonio  del  galeno  que lo practicó, y valiéndose del pretextado yerro de  contemplación  objetiva  se  concentra en exponer su personal criterio sobre lo  que   debió   estimarse  en  torno  a  dicha  prueba,  con  la  pretensión  de  entronizarlo  frente  al del ad quem, que consideró como un simple lapsus  cálami  la fecha del estudio de  radiología  practicado  al  ofendido  que  se  registró en el referido informe  forense,   que   paradójicamente   el   mismo   recurrente   reconoce  como  un  «error… el cual consistió en plasmar la fecha del  1º   de   diciembre   de   2011   a   las   placas   de   rayos   X».         

         En  efecto,  el  libelista  resigna  realizar la elemental labor de  confrontación  entre  lo  que  se  consignó  en  el  informe  médico legal de  lesiones  y  lo  que  sobre  el mismo declaró el galeno Manuel Antonio Saldaña  Vaca  en  el  juicio  oral, con lo que de dicha prueba consideró el juzgador de  segundo  grado  en la sentencia opugnada, en orden a evidenciar que una cosa fue  la  que  dijo el testigo en mención acerca de lo plasmado en el reconocimiento,  y  otra  muy  distinta  la  que  entendió  el fallador respecto de su contenido  material,     por     lo     cual     deja     sin     sustento     la     glosa  intentada.       

         Dígase,  además, que en ninguna deformación del tenor literal de  dicho  medio de convicción incurrió el juez colegiado, puesto que en lo que es  objeto  de  debate,  admitió  sin  ambages  que  en  el  informe de lesiones se  consignó  el  1º de diciembre de 2011 como fecha de realización del examen de  rayos  X  a  la  víctima,  lo  que  también reconoció resultaba ser una clara  discordancia,  dado  que  los hechos sucedieron el día 24 del mismo mes y año,  pero  frente  a  la  cual  encontró  explicación  en el testimonio del médico  forense,  quien  clarificó  que  se  había tratado de una simple equivocación  mecanográfica.      

         Sobre el punto en cuestión el ad quem expresó:   

La  valoración  de  ese  informe  [médico  legal]  No.  2012C-08041000170,  en  efecto  permite advertir la referencia a la  observación  de una radiografía de pierna derecha de fecha 1º de diciembre de  2011,  y  por  ello aparentemente tomada en una fecha anterior a la cual se dijo  había ocurrido el violento ataque.   

(…)  

En  cualquier  caso,  en  exposición de su  informe  en  el  juicio  oral,  en  el  interrogatorio  directo  el perito dejó  claridad  acerca  de  la  incursión  en un error mecanográfico en la fecha del  estudio  radiológico  apreciado;  manifestación capaz de forjar convencimiento  sobre   su   realización  en  una  [data]  completamente  diferente  a  aquella  consignada  allí,  pues  la  verdadera  prueba  pericial  no  está constituida  únicamente   por   el   informe  base  de  opinión  pericial  al  integrar  la  declaración  obligatoria  del  experto  que  la  emitió,  según  prescribe el  artículo 415 del C.P.P.       

(…)  

En ese orden, aquella incertidumbre sobre si  la  incapacidad  y  las  secuelas  dictaminadas  respondían efectivamente a las  lesiones  procuradas  por el acusado en la agresión emprendida [contra Bernardo  Pinilla  Arias]  el  24  de  diciembre  de  2011, o a un evento previo, tiene un  único   apoyo   en  especulaciones,  lo  cual  determina  la  imposibilidad  de  categorizarla  como  razonable  y  exalta  la  ineptitud para predicar, desde su  conformación,  la  necesidad  de  aplicar  el  in  dubio  pro  reo.      

         Surge  patente  entonces,  que el impugnante confunde la prueba con  lo  probado, pues en últimas su inconformidad no surge en razón de la supuesta  distorsión  del  contenido  material de la pluricitada prueba pericial, sino de  que  el  Tribunal  hubiera  otorgado  credibilidad  a la aclaración del médico  legista  sobre  el equívoco relacionado con la fecha del estudio de radiología  realizado  al  ofendido, con fundamento en lo cual desestimó la tesis defensiva  acerca  de  que  las lesiones ocasionadas a Bernardo Pinilla Arias se produjeron  en  fecha  anterior  a  la  de  ocurrencia de los hechos materia de juzgamiento,  glosa  que  correspondía postular y desarrollar por la senda del error de hecho  por    falso   raciocinio,   pero   tampoco   lo   hizo.       

         Así las cosas, se rechazará la censura.   

         3.3  Tercer  cargo. Aduce el casacionista  que   el   juez   colegiado  incurrió  en  un  error  de  hecho  «por   falso  juicio  de  apreciación»,  habida  cuenta  que  se  equivocó  al  valorar  la prueba, medio que si bien no  identifica,  del  contexto  de la demanda se extrae que se refiere al testimonio  del  galeno  Manuel  Antonio  Saldaña  Vaca, quien realizó al ofendido Pinilla  Arias   el   segundo  y  definitivo  reconocimiento  médico  legal.     

         La  Sala  recuerda que por esta vía se quebranta indirectamente la  ley  sustancial, cuando existiendo legalmente la prueba y pese a ser valorada en  su  integridad,  se  le  asigna  un  poder  de  convicción  que  desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica,  vale  decir,  las reglas de la lógica, las  máximas de la experiencia o las leyes de la ciencia.     

         En  consonancia  con lo anterior, el casacionista no puede quedarse  en  meros  enunciados,  sino  que le corresponde la carga de indicar el medio de  conocimiento  sobre  el  cual  recae  el  yerro;  qué  dice objetivamente; qué  mérito  demostrativo  le  asignó  el  juzgador  en  el  fallo atacado; cuál o  cuáles  fueron  las  reglas de la lógica, las máximas de la experiencia o las  leyes  de  la ciencia desconocidas por el fallador en la apreciación probatoria  y  cómo  debieron  ser  correctamente aplicadas; así como su trascendencia, al  extremo  que  de  no  haber  incurrido  en tal error ello habría determinado un  fallo  sustancialmente opuesto al declarado en la decisión impugnada; indicando  además,   la   norma   de   derecho   sustancial   excluida   o   indebidamente  aplicada4.   

         Como  sin  dificultad  se  advierte,  el discurso del demandante no  pasa  de  ser un típico alegato de instancia donde sin ningún rigor lógico se  afirman  conculcados  los  postulados de la sana crítica, pero no se identifica  en  los  razonamientos  del  Tribunal  el  vicio  denunciado,  en tanto se omite  identificar  la  regla  empírica  quebrantada en la apreciación del testimonio  del  médico  legista Manuel Antonio Saldaña Vaca, y tampoco se expone por qué  a  la  luz  de  las  máximas  a las que acudió el juzgador de segundo grado no  procedía  reconocerle  mérito  persuasivo  a  la  explicación  vertida por el  citado  galeno  en punto de la fecha del examen radiológico que consignó en el  informe de lesiones suscrito por él.   

         Olvida  el censor que la impugnación extraordinaria se caracteriza  por  ser  de  naturaleza  eminentemente  rogada,  por  lo  cual  la demanda debe  bastarse  a  sí  misma  para  propiciar  la  invalidación  del fallo confutado  –principio     de  sustentación  suficiente–  y  el  yerro  alegado,  además  de  encausarse  en  las  causales taxativamente  previstas  en  la ley, debe desarrollarse de acuerdo con los requisitos formales  y     sustanciales     señalados     para     cada     reproche    –principio       de      crítica  vinculante–,    cuyo  desconocimiento  conduce  a  su  inadmisión,  habida  cuenta  que en razón del  principio  de  limitación  que  gobierna  el  recurso de casación, la Corte no  puede   entrar   a   llenar   los   vacíos   o   corregir   las  falencias  del  libelo.   

         Además,   resulta   equivocado  fincar  el  yerro  de  estimación  probatoria  en que no era posible determinar la fecha real en que se realizó el  estudio  de  radiología  a  la  víctima, con fundamento en la declaración del  médico  forense,  sino  que,  como  lo  sugiere  el  recurrente,  era imperioso  incorporar  a  través  de éste el documento por medio del cual el Instituto de  Medicina  Legal  aclaraba  a la Fiscalía el pluricitado equívoco, pues como lo  destacó  el  Tribunal, tal tesis riñe con el principio de libertad probatoria,  amén  que  lo  que  se valora es el testimonio del experto a partir del informe  base  de  opinión  pericial, según lo establece el artículo 415 de la Ley 906  de  2004,  y  si  en  el caso concreto aquel compareció al juicio y explicó la  referida  inconsistencia  como  un  simple lapsus mecanográfico, tampoco emerge  irracional  otorgarle  credibilidad  en  la medida en que fue dicho galeno quien  elaboró el informe médico legal de lesiones.    

         Y  en cuanto a la crítica que el libelista lanza a la capacidad de  persuasión  que  le  otorgó  el  juez  colegiado  al  testimonio  del afectado  Bernardo  Pinilla  Arias,  aquel  sucumbe  a  la misma equivocación de plantear  apreciaciones   personales   sin   abordar  el  desarrollo  del  reparo  con  la  rigurosidad  dialéctica que impone el recurso extraordinario, pues no evidencia  cómo  los  razonamientos  del  ad  quem  quebrantan  los  postulados de la sana  crítica,  sino  que se limita a exponer que dadas las contradicciones en que en  su  parecer  incurrió  la  víctima «hacen dudoso el  tiempo  de la lesión… [y] dejan una estela de incredulidad del momento en que  recibió las lesiones».   

         Sobre   la  posibilidad  de  que  las  lesiones  le  hubieran  sido  ocasionadas  al  ofendido  en  fecha  anterior  a  la  de  los  hechos  juzgados  –24  de  diciembre  de  2011–,  el  ad  quem  la  descartó tajantemente al señalar:   

Ciertamente  podría  presentarse un evento  donde  la  radiografía  utilizada  por el perito fuera tomada a la víctima con  anterioridad  a  los  hechos  por  los cuales se dio inicio a la investigación,  esto  es,  al  24 de diciembre de 2011, pues en su declaración [el galeno] solo  pudo  señalar  que  eran  de  una fecha posterior al 1º de diciembre del mismo  año.   

No  obstante,  ello  supondría admitir que  Bernardo  Pinilla  Arias,  para  el  día  de  los  hechos,  estaba apenas en la  recuperación  de  una  lesión  de tal entidad como es una fractura trasversal,  oblicua  y  completa  “de tibia a nivel epifisiario interior” y de peroné a  nivel  epifisiario  proximal”,  que ameritó intervención quirúrgica para la  “colocación  de  clavo  endomedular  en  la tibia”, y por tanto tuviera una  connatural  restricción  en  su  movimiento,  pese  a que en las circunstancias  narradas  por  éste, Vannesa Inés Bermúdez Suárez y Yeimmi Johanna Martínez  (a  los  cuales se les otorgó total credibilidad), se refirió el desempeño de  labores   [por   parte   del   afectado]   difícilmente   realizables   en  esa  condición.   

Pero  más  allá,  esta  posibilidad riñe  abiertamente  con la realidad probatoria i) al hallarse establecido –con    el    testimonio    de    la  víctima–  un  estado de  pre-sanidad  e  indemnidad  física  para  el  momento  de  los hechos, y ii) al  carecerse  de prueba alguna en virtud de la cual pueda ser mínimamente rebatida  esa  afirmación  o por lo menos sugerida.     

       

         En  esa  medida,  el  reproche  por yerros en la estimación de las  referidas  pruebas  queda  ausente  de demostración, imposibilitando a la Corte  para  asumir  de  fondo  su  estudio, máxime que los argumentos del juzgador de  segundo  grado  no  se  ofrecen  arbitrarios,  irracionales o infundados, según  quedó visto.          

         Por tanto, se inadmitirá el reparo.   

         3.4  Cuarto cargo. Denuncia el impugnante  que  el Tribunal trasgredió indirectamente la ley sustancial por error de hecho  por  falso juicio de existencia, toda vez que supuso que en la actuación obraba  prueba  de  una  segunda  placa de ratos X tomada a la víctima Bernardo Pinilla  Arias,  así como de su remisión a la Fundación Cardioinfantil de Bogotá para  la   realización   de  una  intervención  quirúrgica.       

         El  vicio  propuesto  se presenta cuando el sentenciador presume un  medio  de convicción que no fue practicado o incorporado al juicio oral, por lo  cual,  en  orden  a  demostrarlo, le corresponde a quien lo alega señalar cuál  supuso   y   qué   dijo   el   fallador   de   él5    

         Sin  embargo,  aun  cuando  el  casacionista cumple con la carga de  indicar  cuáles  fueron  las  pruebas  que  presuntamente presumió el ad quem,  valga  decir,  una segunda placa de rayos X tomada al ofendido y la remisión de  éste   a   una   clínica   de  la  ciudad  de  Bogotá  para  ser  intervenido  quirúrgicamente,  del  aparte  del  fallo  que  se  trascribe en la demanda, se  advierte que no se configura el reparo por suposición probatoria.   

         En  efecto,  el Tribunal concluyó que al afectado Bernardo Pinilla  Arias  se  le  tomó una segunda radiografía de su pierna en el Hospital Divino  Salvador  de  Sopó  y que luego de la atención básica que allí se le brindó  fue  remitido  a  un  centro  asistencial  de  nivel  superior  en  esta capital  –Clínica  Cardioinfantil–  para la  cirugía  que  requería  la  grave  lesión  que  presentaba  en  su extremidad  inferior         derecha        –fractura        de        tibia        y        peroné–,  con  fundamento  en el relató que  hizo  el  supranombrado  al  rendir testimonio en el juicio oral, y no porque el  juzgador  de  segundo grado adujera la existencia de una placa radiológica y de  la historia clínica, como incorporadas a la actuación.   

         En  orden  a patentizar lo dicho, conviene citar lo que al respecto  indicó el ad quem, así:   

Conforme  al análisis anterior y viéndose  devanada   –desde  las  reglas  de  la  lógica  y  la  justa  apreciación  de  las pruebas–  cualquier eventualidad acerca de la  observación  por parte del perito médico de un examen [radiológico] realizado  con  anterioridad a los hechos, solo queda un escenario válido sobre el momento  de  su  producción,  naturalmente  posterior  a la agresión y, por tanto, apto  para  acreditar  el  nexo causal entre la acción del agente y las consecuencias  señaladas  en el informe técnico médico legal de lesiones no fatales de 24 de  enero de 2012.   

La presentación de una conclusión así no  tiene  fundamento en un simple razonamiento de exclusión, sino en el testimonio  incontrovertido  de  la  víctima, en el cual se da cuenta de la realización de  dos  estudios  radiológicos  realizados  en  su pierna derecha al momento de su  atención  médica  en  el  Hospital Divino Salvador del municipio de Sopó, (el  cual  sirvió  de  base  para  un  primer  reconocimiento  médico  legal,  cuya  elaboración  fue  admitida en juicio por el médico Omar Andrés Robayo Conde),  y  al  cumplirse  su  remisión  a  la Fundación Cardioinfantil en la ciudad de  Bogotá,  donde  fue  sometido  a  una  operación dada la entidad de la lesión  observada  en  este  miembro  inferior,  esto  es,  el  mismo 24 de diciembre de  2011.              

         Entonces,  lejos  de  cumplir  con  las  exigencias  de  lógica  y  adecuada   fundamentación   que   impone   la  glosa  ensayada,  el  demandante  ciertamente  no procura acreditar con su discurso que se supuso la existencia de  las  pruebas  que  menciona,  sino que se concentra en expresar su inconformidad  frente  a las conclusiones a las que arribó el juez colegiado con fundamento en  el  testimonio  del ofendido Pinilla Arias, relativas a la atención médica que  éste  recibió  luego  de que fuera lesionado y, particularmente, al momento en  que  le  fue  practicado  el  examen  de rayos X, con la pretensión de que esta  Corporación,  sin  más,  acoja  su  tesis,  lo  cual  conduce al rechazo de la  censura,  por  cuanto  el simple desacuerdo con la labor valorativa del juzgador  no   configura   error   demandable   en  casación6.        

         Además,  desconoce  el  recurrente que la Ley 906 de 2004 consagra  expresamente     el    principio    de    libertad    probatoria    –artículo       373–,  de  conformidad  con  el cual para  probar  «los hechos y circunstancias de interés para  la  solución  correcta  del  caso», las partes puede  acudir  a  cualquiera  de  los  medios  de  convicción establecidos en la norma  procesal,  siempre  que  no  se  atente  contra la dignidad humana, luego no era  imperioso  que al juicio oral se incorporaran el examen de rayos X practicado al  ofendido   y   la   historia   clínica   sobre  su  atención  en  la  Clínica  Cardioinfantil,  en orden a concluir demostrados tales aspectos, por cuanto para  tal  efecto  el  Tribunal tuvo en cuenta el testimonio de la víctima, quien dio  cuenta  tanto  del  devenir  del  suceso  en  que  fue  lesionado por el acusado  Restrepo  Rodas,  como  de  la  atención  médica  que recibió a partir de ese  momento.               

            

         En ese orden, se rechazará la censura.   

         3.5  Quinto cargo. Según el libelista el  ad  quem  incurrió  en  error  de  hecho  como  consecuencia  de «ignorar   la   existencia   manifiesta   de   la   duda»,  por  cuanto, afirma, en la sentencia confutada se admitió que  debido  a  la falta de pruebas se presentaba un estado de incertidumbre sobre la  existencia  del  delito  y  la responsabilidad del acusado, luego en su opinión  «obligaba   un   fallo  de  absolución».    

         Una   primera  objeción  que  formula  la  Sala  al  discurso  del  impugnante  es  que  mezcla  argumentos  excluyentes entre sí, trasgrediendo el  principio  lógico  de  no  contradicción,  puesto que no obstante que alega el  quebranto   de  los  postulados  de  presunción  de  inocencia  e  in  dubio  pro  reo  por error de hecho,  dislate   propio   de  la  violación  indirecta  de  la  norma  sustancial,  al  desarrollar  el  reproche  arguye  como  si  el  desconocimiento de los mentados  institutos  procesales derivara de la trasgresión directa de la norma por falta  de  aplicación,  habida  cuenta  que  reprocha al sentenciador de segundo grado  porque  no  empece admitió «la existencia manifiesta  y  razonable de la duda», profirió condena en vez de  confirmar  la  absolución  emitida  por  el juez a quo.       

         Cabe   destacar,   que   de   manera  pacífica  y  reiterada  esta  Corporación  ha  sostenido  el  criterio  según  el cual, cuando a través del  recurso  extraordinario  se  pretende  atacar  la sentencia de segundo grado por  desconocimiento  de  los  principios  de presunción de inocencia e in  dubio  pro  reo, el casacionista debe  observar  ciertos requisitos formales y sustanciales que varían dependiendo del  sentido de la violación, directa o indirecta, que se postule.   

         Sobre  el  tema,  en  CSJ  AP,  3  jul.  2013, rad. 41602, la Corte  expuso:   

En  el segundo cargo, la defensa postula la  violación  directa  de  la ley que recoge el principio y derecho fundamental de  la presunción de inocencia.   

(I)  La  infracción de ese postulado puede  hacerse  por  una  de  dos  vías:  la  violación directa, caso en el cual debe  acreditarse  que  dentro  de  las argumentaciones de los jueces se reconoció el  instituto, pero no se aplicó la consecuencia en el derecho.   

Si  bien el impugnante escogió este motivo  de  casación,  lo  cierto  es que no lo desarrolló ni, menos, lo demostró, en  tanto  no  verificó  con  las  citas  textuales  respectivas, que dentro de los  argumentos  de  los  fallos  de  instancia  los  jueces  dieron por sentado que,  finalizado  el  debate  público,  aquel  postulado  no  fue  desvirtuado por la  Fiscalía,  lo  cual,  además,  la  defensa  no  podía hacer, como que, por el  contrario,  las  razones  probatorias  y  jurídicas  de  los  fallos censurados  apuntan  a  lo  contrario,  esto es, a que aquella presunción fue desvirtuada y  con  certeza  se  acreditaron  la  tipicidad  del delito y la responsabilidad el  acusado.   

(II) La segunda vía, que no fue la escogida  por  el  recurrente,  es  la  de  la violación indirecta, pero ello comporta la  carga  de demostrar a la Corte que los jueces de instancia dejaron de aplicar el  principio  señalado  a  través  de  una  apreciación  errada de los medios de  prueba.   

Ello  exige,  además,  indicar la prueba o  pruebas  valoradas erróneamente y, para cada una de ellas, precisar si el yerro  cometido  fue  de  hecho  o  de  derecho  y la especie de falso juicio en que se  incurrió:  si  de  existencia,  identidad o raciocinio (en el caso del error de  hecho), o de legalidad o convicción (para el yerro de derecho).   

Es evidente que el casacionista se aparta de  las  reglas interpretativas consignadas en la jurisprudencia en cita, por cuanto  si  lo  pretendido era demostrar que el quebranto de las pluricitadas garantías  fue  producto  de yerros en la apreciación de la pruebas, debió señalar sobre  cuáles  medios de convicción se concretó tal desatino, precisando si el error  en  que se incurrió fue de hecho o de derecho, así como el falso juicio que lo  determinó; nada de lo cual se asume en la demanda.   

         En  efecto, según se anunció, el demandante se concentra en citar  apartes  del  fallo  de  segundo  grado  donde,  a  su  juicio,  el  juez plural  reconoció  la  existencia  de duda en torno a los elementos del delito juzgado,  no  obstante  lo cual condenó a su prohijado, técnica propia de la infracción  directa  de la norma por falta de aplicación del artículo 7º de la Ley 906 de  2004.   

         Con  todo, tal glosa tampoco se advierte configurada, puesto que si  bien  en  el  aparte de la sentencia trascrito en el libelo, el Tribunal censura  la  deficiente  actuación  del  delegado  de  la Fiscalía en el desarrollo del  juicio  oral,  de  ninguna manera admite que el ente acusador no hubiera logrado  desvirtuar  la  presunción de inocencia que cobija al procesado Restrepo Rodas,  ni  mucho menos afirma la existencia de duda en torno a los elementos del delito  o la responsabilidad de éste último.   

         Por  el contrario, en la decisión opugnada, sin dubitación alguna  el  ad quem concluyó probada la responsabilidad del acusado, al señalar:    

La  atribución  de  este  hecho  a ANDRÉS  FELIPE  RESTREPO  RODAS, como elemento esencial para habilitar la imposición de  la  sanción…  está  dada  fundamentalmente  por  la  sindicación  directa e  inequívoca  efectuada  por  Vannesa  Inés  Bermúdez Suárez, de éste como el  hombre  que  atacó  a  Bernardo  Pinilla  Arias  a[nte]  su intervención en la  discusión   que   momentos   antes   sostenía  con  ella,  así  como  por  el  señalamiento  cumplido por la víctima y la testigo presencial en el juicio del  cual  se  dejó debida constancia en los registros, cuya veracidad, en el primer  caso,  se  desprende  precisamente  del conocimiento previo por la existencia de  una  relación  sentimental  y,  en  el  segundo, de las condiciones directas de  percepción   que   permitieron   la   aprehensión   de   su   características  físicas.   

(…)  

…  atendiendo  el  debate  probatorio, a  partir  de  la  valoración  en  conjunto  con  (sic)  las  pruebas periciales y  testimoniales  allegadas al juicio oral, se logró demostrar la realización del  delito  por  el  cual  se  profirió  acusación  y  la  autoría  en cabeza del  acusado.               

        Surge  patente  entonces,  que no le asiste razón al recurrente en  la  censura  ensayada, habida cuenta que no acredita el supuesto fáctico en que  ésta  se  funda,  valga  decir,  el  presunto reconocimiento por parte del juez  colegiado  de  la  existencia  de  duda en torno a la existencia del delito y la  responsabilidad   del   procesado   Restrepo   Rodas,  lo  cual  conlleva  a  su  rechazo.     

        4.   En  síntesis,  las  protuberantes  falencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  advertidas  en  la demanda  presentada  por  el  defensor del acusado, aunado a la falta de demostración de  las censuras propuestas, conducen a su inadmisión.   

         5.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor de Andrés Felipe Restrepo  Rodas.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP,  10  dic. 2014, rad. 45065; CSJ AP, 3 dic. 2014, rad. 42787; CSJ AP, 30 abr.  2014, rad. 43428; CSJ AP, 18 abr. 2012, rad. 38678; entre otros.   

2 CSJ  AP, 28 ago. 2013, rad. 41653.   

3 CSJ  AP,  17  jun.  2015,  rad.  45937; CSJ AP, 27 feb. 2013, rad. 40469 y CSJ AP, 17  oct. 2012, rad. 36187; entre otros.   

4 CSJ  SP,  23  nov. 2000, rad. 10479; CSJ AP, 18 ago. 2010, rad. 33919; CSJ AP, 6 ago.  2013,  rad.  41368;  CSJ AP, 20 nov. 2013, rad. 42344; CSJ AP, 3 dic. 2014, rad.  42658;  y  CSJ  AP,  25  may.  2015,  rad. 45542; entre otros.    

5 CSJ  AP, 9 sep. 2015, rad. 43434.   

6 CSJ  SP, 31 may. 2012, rad. 38864.     

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