AP6289-2015(46274)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP6289-2015  

Radicación N° 46.274  

          (Aprobado  Acta  No.  380)              

Bogotá  D.C.,  veintiocho (28) de octubre de  dos mil quince (2015).   

OBJETO DE LA DECISIÓN  

         

Se pronuncia la Sala  sobre la admisión   o   no  de la demanda de casación presentada por el defensor  de   DANIEL   PLAZA   ORTIZ  contra   la   sentencia   dictada  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de  Neiva    el   7  de  abril  de  2015,    por   cuyo   medio   confirmó    la   proferida   por   el  Juzgado  Primero  Promiscuo  del  Circuito  de  La Plata  (Huila)    el   12   de   febrero   de   la   misma  anualidad,  que  condenó  al  procesado   por   el   delito   de  actos  sexuales  con  menor  de catorce años agravado, en concurso  homogéneo y sucesivo.   

HECHOS  

                    

Según  informa  el  escrito  de acusación,  desde  finales del mes octubre de 2007 hasta el mes de septiembre de 2008, en el  municipio   de   La   Plata   (Huila),   DANIEL  PLAZA  ORTIZ, en su condición de Sacristán de la Iglesia de  San  Sebastián,  en  varias  oportunidades y en la referida parroquia, efectuó  actos  sexuales  contra  una menor de edad que desempeñaba labores de acólito;  víctima  a  quien, el 12 de noviembre de 2008, se le diagnosticó positivo para  neisseria   gonorrhoroeae.   

                      ACTUACIÓN  PROCESAL RELEVANTE   

1.  El 9 de octubre de 2013, la Fiscalía 23  Seccional  de La Plata (Huila) radicó escrito de acusación contra DANIEL  PLAZA  ORTIZ,  por  el  delito  de  actos  sexuales  con menor de catorce años agravado,  en  concurso  homogéneo y sucesivo, de conformidad con  el  artículo  209  del Código Penal, modificado por el artículo 5º de la Ley  1236  de  2008,  en  armonía  con  el  numeral  3º  del artículo 211 ejusdem,  modificado  por el artículo 7º de la Ley 1236 de 2008; y el 5 de noviembre del  año  indicado  se  efectuó  su  formulación oral en audiencia ante el Juzgado  Primero Promiscuo del Circuito de la misma sede.   

2. El 10 de diciembre de 2013 se realizó la  audiencia  preparatoria  donde se formularon las estipulaciones probatorias y se  ordenó  la  práctica  de  todos  los  medios  probatorios  solicitados por las  partes.   

3. En sesiones de 13 de mayo, 26 de junio y 6  de  octubre  de  2014  se llevó a cabo el juicio oral. En esta última fecha se  dio   lectura   al   sentido   condenatorio   del   fallo   contra  PLAZA ORTIZ.   

4. La sentencia fue  proferida   el  12  de  febrero  de  2015,  y  con  ella se impuso al procesado la  pena  principal de 13 años  de  prisión  y  la accesoria  de    inhabilitación    para    el    ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas   por   el   mismo   término.  Al  tiempo  que  se  le  negó  la suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

Apelado  el  fallo  por  la defensa, la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Neiva lo confirmó,  mediante  el  suyo  de 7 de abril de 2015.   

          5.   Contra   esta   decisión,  la  defensa  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  mediante  la  presentación de la correspondiente  demanda1, sobre cuya admisibilidad se pronuncia la Corte.   

LA DEMANDA  

          El     defensor     de    DIEGO    PLAZA  ORTIZ,  luego  de  que  efectuó  un  recuento  de  la  cuestión  fáctica,  procesal, de la sentencia materia de impugnación y de las  finalidades  de la casación, bajo el amparo de la causal prevista en el numeral  3º  del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, señaló que el fallo recurrido  omitió  la  aplicación  del  artículo  7º ejusdem y aplicó indebidamente el  artículo 209 del Código Penal.   

Expuso que se lesionaron las garantías de su  prohijado  a  la  defensa  material  y  a  la  presunción  de  inocencia,  como  consecuencia   de   la  defectuosa  valoración  probatoria  efectuada  por  los  falladores,    configurándose    así    un   falso  raciocinio,  al  tiempo  que  señaló  que  al  caso  también  le  subyace  un  error  juris in judicando.   

Lo  dicho,  toda vez que el fundamento de la  sentencia  resultó  contradictorio,  ilógico,  incoherente,  incongruente, con  desconocimiento  de  una interpretación conjunta y de la razón suficiente, con  pretermisión  de la semántica, la semiótica, la concordancia, la coherencia y  la  cohesión, últimas figuras lingüísticas en las que se detuvo para ahondar  en su significado y enfatizar su carencia en el texto confutado.   

Citó  apartes de los medios de prueba, para  significar  que  lo  concerniente  a  la  confrontación  de  la conclusión del  dictamen  sexológico  practicado  a  la  víctima  no  se compadecieron con sus  dichos  y  los  testimonios  de  su  abuela  y la psicóloga que la entrevistó,  olvidando  el  juzgador  las  reglas  de  la  ciencia, puesto que, pese a que la  pericia  indicó  que  el  himen  de  la  menor  se encuentra integro, se le dio  credibilidad  a  las  declaraciones  contradictorias  que  en inicio denunciaron  penetración  con  el  pene  y, posteriormente, con el dedo, lo cual, en efecto,  fue desvirtuado en dicha experticia.   

Se  dejó de estimar la disparidad existente  entre  la  penetración  o su intento, lo que traduce que el Tribunal aceptó el  acto  y le negó la razón. Igualmente, desconoció el error en la anamnesis del  dictamen  que  consignó  la  penetración  del miembro viril y concluyó que el  himen  no fue desflorado, concepto que no se examinó a la luz de los protocolos  vigentes,  lo cual apoyó con citas de doctrina y las sentencias con radicación  11.135,  de  26 de noviembre de 2003, y 30.316, de 18 de abril de 2012, emitidas  por esta Corporación.   

Mayor  mérito  para  prosperar encuentra el  cargo,  si se tiene en cuenta que al procesado no se le dictaminó la enfermedad  de  transmisión sexual -ets-  diagnosticada  a  la  menor,  pese  a  lo  cual,  tal contagio le fue atribuido.   

Lo visto indica que los argumentos adoptados  por  el Tribunal pasaron por alto que las ideas no solo deben estar relacionadas  con  el  asunto,  sino  con  la  pragmática;  por  manera  que las «macroestructuras»      semánticas  resultaron  en  oposición,  omitiendo valorar los relatos discordantes a la luz  de  la  neurociencia,  lo que generó que las apreciaciones de las instancias se  justificaran  indistintamente en erróneas reglas de la experiencia y el sentido  común,   puesto   que   no   es   cierto   que  para  tratar  una  ets las personas acudan a la droguería y  no a un centro de salud.   

Concluyó que «una  visión   de  la  cohesión,  coherencia,  congruencia,  con  la  ayuda  de  los  principios   elementales   (…),  con  la  ayuda  de  la  neurociencia,  de  la  lingüística  y  de sus propuestas macroestructurales llevarán a una sentencia  absolutoria».   

Solicitó casar la sentencia y emitir una en  sentido absolutorio.   

SE CONSIDERA  

1.  Acorde  con  el  art. 183 del Código de  Procedimiento  Penal,  la  admisión  de  la  demanda  de  casación  supone  su  debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de  manera  precisa  y  concisa tanto las  causales  invocadas  como sus fundamentos. Ello implica acreditar la afectación  de  derechos fundamentales y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación  de cara al cumplimiento de  alguno   de  sus  fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos y unificación de la jurisprudencia).   

Tal  propósito  no se consigue de cualquier  manera.  A  voces  del  art.  184,  inc. 2°, ídem, no será admitido el libelo  cuando  el  demandante carezca de interés, prescinda de señalar la causal o no  desarrolle  adecuadamente  los  cargos de sustentación. Tampoco, si se advierte  la   irrelevancia   del   fallo   para  cumplir  los  propósitos del recurso.   

         No   de   otra  manera  podrían  ser  entendidas  las  expresiones  contenidas       en       los       artículos  181  y  183  ejusdem,  según  las  cuales la casación  resulta  procedente  contra sentencias de segunda instancia <<cuando         afectan         derechos         o        garantías  fundamentales>>   y   que  en  la  demanda  se  deben     señalar  <<de        manera        precisa       y  concisa>>   las   causales   invocadas  y  sus  fundamentos.   

La  naturaleza extraordinaria del recurso de  casación  está  enraizada en la presunción de acierto y legalidad inherente a  los  fallos  de  instancia.  A partir de tal presunción, se asigna al censor la  carga  de  acreditar que con la sentencia se causó un agravio, apoyándose para  ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas  en la ley, conforme con los  principios de lógica y debida sustentación.   

La   adecuada  sustentación  implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido  y la Corte pueda dar a los reproches planteados una adecuada  respuesta.   

Además,  en  conexión  con la exigencia de  acreditación  de  la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad   sustancial   de  la  demanda  significa  que sus cargos no sólo han de estar debidamente sustentados desde la  perspectiva      formal,      sino      que      deben      ser     fundados,  esto  es,  tener  aptitud para  propiciar  la  infirmación  total o parcial de la sentencia o para suscitar una  postura  jurisprudencial unificada alrededor del tema debatido, en cuanto logren  evidenciar   la   violación   de   una   norma   sustancial   o  una  garantía  procesal.   

Si  la  demanda  incumple  con  las aludidas  exigencias   formales  para  estudiarla  de  fondo,  o  se  establece  desde  el  comienzo  su falta total de  idoneidad  para  lograr  el fin propuesto, la decisión debe ser la inadmisión.  Ello,  en  aras de la materialización de los principios de economía procesal y  eficacia de la justicia.   

2.  Bajo tales premisas, la Corte efectuará  el  estudio  de  la demanda, respecto de la cual se observa que el casacionista,  bajo  el amparo del numeral 3º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el cual  refiere  al «manifiesto desconocimiento de las reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre la cual se ha fundado la  sentencia»,   planteó  el  cargo  por  falso  raciocinio  y  error  juris in judicando.   

3.  Este  tipo  de  desacierto  –violación   indirecta   de   la  ley  sustancial–  se configura  cuando  el  sentenciador  comete  errores  en  la  apreciación de los medios de  prueba,  los  elementos  materiales  probatorios  o  la  evidencia  física y su  configuración  puede  ser  de  hecho  o de derecho, como se pasa a especificar.   

     

i. Errores    de    hecho,    que  pueden  ser:  falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad y falso raciocinio;     

El  falso  juicio  de existencia  ocurre  cuando  el  juez  omite  apreciar  una  prueba  legalmente  producida  o  incorporada  al  proceso,  o  infiere  consecuencias valorativas a  partir  de  un  medio  de  convicción que no forma parte del mismo por no haber  sido producido o incorporado.   

El  falso  juicio  de  identidad  se presenta cuando el fallador tiene en cuenta el medio probatorio  legal  y  oportunamente  allegado;  sin  embargo,  al apreciarlo lo distorsiona,  tergiversa,  recorta  o  adiciona  en  su  contenido  literal,  hasta  llegar  a  conclusiones  distintas  a las que habría obtenido si lo hubiese considerado en  su integridad.   

El falso raciocinio  tiene  presencia  cuando  a una prueba que existe legalmente y es valorada en su  contenido  exacto,  el juzgador le asigna un mérito o fuerza de convicción con  transgresión  de los postulados de la sana crítica; es decir, las reglas de la  lógica, la experiencia común y los dictados científicos.   

     

i. Errores  de  derecho,  en los que se encuentran el falso juicio de  convicción y el falso juicio de legalidad.     

El  falso  juicio de convicción  tiene  cabida  cuando  el  juzgador  no le otorga a un determinado  medio de prueba el valor asignado por el legislador.   

El  falso  juicio  de  legalidad  atiende  al  proceso  de  formación  de la prueba, las normas que  regulan    la    manera    legítima    de    producirla   e   incorporarla   al  proceso.   

En   lo   que  concierne  al  falso  raciocinio, como modalidad del error  de  hecho,  surge  cuando el juez, al valorar el mérito de la prueba o realizar  inferencias  de  carácter  probatorio,  desconoce los principios de la lógica,  las  máximas  de  la  experiencia  o  los  postulados  de  la ciencia que deben  gobernar,  en  cada  asunto,  el  discurso  argumentativo  para que sea formal y  materialmente correcto.   

En ese entendido, quien pretenda acreditar su  configuración  ha  de  señalar  la  prueba  o inferencia en la cual recayó el  error.  Posteriormente  debe  identificar  el  principio  lógico, la máxima de  experiencia  o  el  postulado  científico  que  el  juzgador  desconoció en el  proceso  de  valoración  probatoria,  con  indicación  clara  y precisa de las  razones  por  las  cuales su aplicación resultaba necesaria para la corrección  de la conclusión cuestionada en el caso concreto.   

La  transgresión  de  dichos  postulados,  además,  debe  ser evidente,  en   tanto   denote   un   análisis   probatorio   arbitrario,  desprovisto  de  racionalidad.  En  tal  virtud,  la  mera  exposición  de criterios valorativos  diversos a los aplicados por  los  juzgadores  es  inepta para configurar el falso raciocinio. Al respecto, la  Sala ha sostenido (CSJ 03.12.2009, rad. 27.264):   

         

Del   mismo   modo,  tiene  configuración  [el   falso   raciocinio]  siempre  que la transgresión de las reglas de la sana crítica sea ostensible y  manifiesta, de manera tal que  para  reemplazar  la  sentencia sea necesario “comprobar que el juez abandonó  la  razón,  convirtió su arbitrio en escueta liberalidad, se alejó del diario  discurrir,  de  la  lógica  o  de las directrices que, aun cuando eventualmente  relativas,  ha  signado  una ciencia o una disciplina. Y, a renglón seguido, es  imprescindible  señalar  con  pruebas  cuál  ha  debido  ser  la  ‘razón      aplicable’,   la   lógica,  la  ciencia  o  la  experiencia  a  las  que  se ha debido acudir en el caso concreto”2.   

Por  tanto, no hay  lugar   a   predicar   falso  raciocinio  cuando  simplemente  se  presenta  una  apreciación  probatoria  que  no se comparte. La simple disparidad de criterios  en   ese   aspecto,   por   consiguiente,  no  habilita  acudir  al  recurso  de  casación. Para ello, es necesario demostrar que en la  sentencia   se   desconocieron   ostensiblemente  los  parámetros  de  la  sana  crítica3.   

         

En cuanto a las reglas de la experiencia y su  formulación,   la   Sala   definió  los  componentes  de  dicho  referente  de  valoración  probatoria, en los siguientes términos4:   

[L]a experiencia es una forma específica de  conocimiento  que  se  origina por la recepción inmediata de una impresión. Es  experiencia  todo  lo  que  se  llega o se percibe a través de los sentidos, lo  cual  supone que lo experimentado no sea un fenómeno transitorio, sino un hecho  que amplía y enriquece el pensamiento de manera estable.   

Del mismo modo, si se entiende la experiencia  como  el  conjunto  de  sensaciones  a  las  que  se  reducen  todas las ideas o  pensamientos  de  la  mente,  o  bien, en un segundo sentido, que versa sobre el  pasado,  el  conjunto  de  las percepciones habituales que tiene su origen en la  costumbre;  la  base de todo conocimiento corresponderá y habrá de ser vertido  en   dos   tipos   de   juicio,  las  cuestiones  de  hecho,  que  versan  sobre  acontecimientos  existentes  y  que son conocidos a través de la experiencia, y  las  cuestiones de sentido, que son reflexiones y análisis sobre el significado  que se da a los hechos.   

Así, las proposiciones analíticas que dejan  traslucir  el  conocimiento  se  reducen  siempre a una generalización sobre lo  aportado  por  la  experiencia,  entendida  como  el  único criterio posible de  verificación  de  un  enunciado  o  de  un  conjunto  de enunciados, elaborados  aquellos  desde  una perspectiva de racionalidad que los apoya y que llevan a la  fijación  de  unas  reglas  sobre  la  gnoseología,  en  cuanto el sujeto toma  conciencia  de  lo que aprehende, y de la ontología, porque lo pone en contacto  con el ser cuando exterioriza lo conocido.   

Atrás  se  dijo  que  la  experiencia forma  conocimiento  y  que los enunciados basados en ésta conllevan a la generalización,   lo   cual   debe   ser  expresado    en   términos   racionales   para   fijar   ciertas   reglas  con  pretensión  de universalidad,  por  cuanto,  se agrega, comunican determinado grado de validez y facticidad, en  un contexto socio histórico específico.   

En  ese sentido, para que ofrezca fiabilidad  una   premisa  elaborada  a  partir  de  un  dato  o  regla  de  la  experiencia  ha   de   ser   expuesta,   a   modo   de   operador  lógico,  así:  siempre  o  casi siempre que se da A,  entonces sucede B.   

Bien se ve, entonces, que el punto de partida  formal   para   analizar   la   incursión  en  falso  raciocinio,  por  desconocimiento  de las máximas de la experiencia,  es  la  formulación de una proposición con estructura de regla,  apta  para  ser aplicada con pretensión de universalidad. Sólo a partir de tal  referente  de  valoración  es dable verificar si, al analizar el mérito de las  pruebas,  el  razonamiento  del juzgador deviene falso por oponerse al ordinario  acontecer de la vida en sociedad.   

4. En el caso en estudio salta a la vista que  el  reproche  por  falso  raciocino  no  fue  desarrollado  en  forma  adecuada.  Obsérvese  que  el  casacionista  centró  el  cuestionamiento en la estructura  –cohesión,  semántica,  semiótica   (…)-   y   el  contenido  –incoherente,       incongruente,  contradictorio  (…)-  de  la motivación expuesta en  las  sentencias  dictadas  en  las  instancias,  en  lugar  de  demostrar que la  crítica   formulada  a  la  valoración  efectuada  por  los  falladores  tiene  carácter  de  regla,  pues  lo  que  sigue  son apreciaciones subjetivas a este  respecto.   

Nótese  que la primera censura se limitó a  exponer   que,   con  violación  de  la  semántica,  semiótica,  pragmática,  principio  de  la  razón  suficiente,  entre  otros,  la  actuación se hubiese  iniciado  con  la  denuncia  de  un  acceso  carnal  y  luego,  en el juicio, se  señalara  y  demostrara  que  no  hubo  penetración  y el himen de la menor se  conservaba  íntegro,  sin  ahondar  ni  desarrollar  las implicaciones que ello  conllevaba desde esa óptica.   

Tal   aserto   por  sí  mismo  carece  de  transcendencia,  por cuanto, finalmente, lo que se tuvo por probado y por lo que  resultó   condenado   el   procesado   fue   por   el  delito  de  actos  sexuales  abusivos, pretermitiendo  el  censor la demostración de la violación, respecto de la apreciación de una  prueba  específica,  de  la  sana  crítica,  en  sus componentes, esto es, los  principios  de la lógica, las máximas de la experiencia o los postulados de la  ciencia,  y  la  indicación  de cuál debió ser la apreciación correcta de la  prueba  o  pruebas  que  cuestiona  y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente distinto y opuesto al demandado.   

En  efecto,  la  sentencia  de  condena  se  sustentó  en  el  testimonio  de  la  denunciante,  Defensora  de  Familia  del  Instituto   Colombiano   de  Bienestar  Familiar,  ante  quien  se  pusieron  en  conocimiento  los  hechos;  la  declaración de la menor de edad, por cuyo medio  corroboró  las  atestaciones  que dieron origen al proceso penal, puntualizando  que  la conducta de la que resultó víctima se materializó en el tocamiento de  sus  partes  íntimas  por  parte del procesado y en el intento de penetración.   

Igualmente, el Tribunal otorgó mérito a la  declaración  de  la  abuela de la menor, a quien esta identifica como su mamá,  quien  refrendó  las  circunstancias  de  modo, lugar y tiempo relatadas por su  nieta,  haciendo  hincapié  en  la actitud de rebeldía, renuencia a regresar a  desempeñar  sus labores de acólito y desprecio por la vida, para el momento en  que acaeció la conducta juzgada.   

Del  mismo  modo, se sopesó la declaración  del  médico  legista,  a  quien se le interrogó y depuso sobre el diagnóstico  efectuado  a  la  menor  de  edad,  consistente  en  positivo  para neisseria  gonorrhoroeae,  precisando que  el  contacto  de  los  genitales  con  la  secreción también puede producir su  transmisión, además de la penetración.   

Así,  entonces,  el  Tribunal  dilucidó,  conforme  con  el  testimonio  de  la  menor  en  el  juicio, a través del cual  refirió  que  si bien se consignó en la anamnesis del dictamen sexológico que  el   procesado   «metió   sus   genitales  en  mis  genitales»,  que lo que ocurrió fue un intento, dado  que  él  frotó su pene en su órgano genital, sin que hubiese penetración, lo  cual  relató en forma espontánea, coherente y explicativa, en forma armónica,  con  la  atestación  de  la  psicóloga  que  la valoró luego de ocurridos los  hechos.   

          La  apreciación  conjunta  de tales medios de conocimiento llevó a  concluir  al Tribunal en la realización del delito de actos sexuales abusivos y  en    la    responsabilidad    de    DANIEL    PLAZA  ORTIZ.   

5. Otro tópico que el recurrente debatió,  sin  separarlo  del  cargo  acabado  de  examinar, fue la valoración probatoria  empleada  para  atribuir  al  procesado  la  contaminación de una enfermedad de  transmisión  sexual  a la víctima, pues, a su modo de ver, no es una práctica  generalizada  que  cuando  una  persona  padezca  de tal afección recurra a una  droguería   para  su  tratamiento;  más  aún,  cuando  se  verificó  que  su  representado no padeció de la misma.   

Sin  embargo,  queda  en  evidencia  que el  censor  no  atacó  la premisa mayor ni las premisas menores que patentizaron el  razonamiento   del   Tribunal,  sino  que  desvió  el  cargo  para  debatir  la  explicación  que se dio sobre la prueba indicativa de que al procesado no se le  diagnosticó   neisseria   gonorrhoroeae.   

Para  explicar  lo  dicho,  nótese  que el  juzgador  tuvo  por  probadas dos premisas sustanciales. Primero, que a la menor  de  edad, según el testimonio del médico legista, y con base en el registro de  su  historia  clínica,  el  12  de noviembre de 2008, se le determinó positivo  para  la  enfermedad  de transmisión sexual mencionada; adicionalmente que, con  fundamento  en la misma declaración, su transmisión se produce por el contacto  de  los  genitales  con  la  secreción,  además  de  la penetración, y que el  tratamiento  no deja ningún vestigio. Segundo, que fue  DANIEL   PLAZA   ORTIZ,  y  no  otra  persona,  quien  materializó  en contra de la menor de edad los actos sexuales, entre octubre de  2007 hasta el mes de septiembre de 2008.   

A ninguna de las dilucidas premisas menores  fijadas  por  el  ad quem se opuso el demandante (cuestionando, conforme con los  lineamientos  legales,  las pruebas en que ellas se apoyaron), así como tampoco  identificó  ni  elaboró  la  premisa  mayor  de  las cuales se derivaron tales  razonamientos,  cual  podría  ser que si una menor de edad es víctima de actos  sexuales  y  como  consecuencia  de  ello  se  le  diagnostica una enfermedad de  transmisión sexual, el autor de dicho delito es el transmisor.   

Pese  a  lo  anterior,  el  demandante  no  demostró  la  regla  de  experiencia  que  pretendía que se aplicará a fin de  minar  los  razonamientos  del  Tribunal.  Adversamente  a ello, los reclamos se  fundaron  en  supuestos  quebrantos a los principios de la «neurociencia» y de  la  «lingüística»,  alusiones  sueltas,  sin desarrollo, que no alcanzaron a  derruir    los    raciocinios    efectuados   en   la   sentencia   de   segunda  instancia.   

Dichas  afirmaciones,  sin dudarlo, lejos  están  de  constituir  proposiciones  con  estructura  de  regla,  de carácter  general  y  abstracto,  para  ser  aplicadas  con pretensión de universalidad o  derruir  la  razonabilidad  de  la valoración efectuada, pues nada sobrepuso ni  destruyó  en  relación  a  las  premisas  fácticas  fijadas en las sentencias  dictadas en las instancias.   

Simplemente   se  limitó  a  refutar  la  explicación  dada  por el Tribunal, respecto de que no se hubiese registrado al  procesado     la    ets  diagnosticada    a    la    víctima,    consistente    en   que:   «nuestro  medio  nos  indica ser normal en casos de contaminación  con  venéreas  acudir  a  la  droguería  y  obtener  sin  mayor  dificultad el  medicamento  correspondiente  en  lugar de hacerlo ante el médico, pues así se  cura  la  dolencia  bajo  el anonimato y de paso se evita dejar en evidencia tan  vergonzoso  hecho. A propósito, recuérdese lo declarado por el médico forense  Hernán  Parra Quijano, en el sentido de confirmar que la neisseria gonorrohoeae  se  cura  aplicando  una  dosis  de  penicilina, sin dejar vestigio alguno en el  respectivo cuerpo».   

La  defensa  no  atacó  los  razonamientos  sustanciales  que  dieron  por acreditado que con ocasión de los actos sexuales  que   cometió  PLAZA  ORTIZ  contra    la    menor    de    edad    la   contaminó   de   una   ets.   

En  otras  palabras,  el  casacionista nada  derruyó  mediante  la  demostración  o  estructuración  de  una  regla  de la  experiencia  que se opusiera y verificara como incorrecta la inferencia a la que  arribó el Tribunal.   

            

Adicionalmente,  no puede pasar por alto la  Sala  que  los  razonamientos  del  Tribunal  fueron concomitantes al examen que  efectuó  de  las  circunstancias  de modo, tiempo y lugar en que ocurrieron los  actos  sexuales  de  los  que  resultó  víctima  la  menor  de  edad,  pues su  diagnóstico  de  neisseria gonorrhoroeae registrado  en  su historia clínica y del que dio cuenta el médico  forense,   quien   rindió   testimonio   en  juicio,  fue  simultáneo  a  la  fecha  de  ocurrencia  de los  hechos;  el  relato  de  la  menor  fue  uniforme  e  inequívoco  en señalar a  PLAZA  ORTIZ como su agresor;  es  más,  la  abuela  de  la  víctima,  Esther  Ceballos de Achury, afirmó en  audiencia:      «me      le     prendió     una  infección»,  pues  fue  a  raíz  de la dolencia que  presentaba  al orinar, junto con su manifestación de no creer en santos y de no  desear  vivir y estudiar, que reveló a su ascendiente los vejámenes que estaba  afrontando  y  lo  que  condujo  a  requerir  el  servicio de salud y a poner en  conocimiento   de   las  autoridades  los  hechos,  lo  cual,  luego,  en  forma  invariable,  refirió  ante  médico  y  la  Defensora  de Familia del Instituto  Colombiano de Bienestar Familiar.   

Por tanto, tales medios de prueba, sopesados  en  las  instancias, indefectiblemente llevaron a que los juzgadores atribuyeran  al  procesado  la circunstancia de agravación, referente a la contaminación de  enfermedad de transmisión sexual.   

En  tales  condiciones,  el  casacionista  desconoció  la  naturaleza extraordinaria del recurso de casación y pretendió  que  la  Corte,  a  modo  de  una  tercera  instancia,  prolongara  el debate ya  culminado  y  convalidara  su  lectura  probatoria  del  caso, sin satisfacer la  obligación  de  destruir la doble presunción de acierto y legalidad que cobija  a los fallos confutados.   

En  efecto,  no  hay  lugar  a  predicar la  configuración  de  dicho  yerro cuando simplemente se presenta una apreciación  probatoria  que  no  se comparte. La mera disparidad de criterios en ese aspecto  no  habilita para acudir al recurso de casación (CSJ AP 03.12.09, rad. 27.264).  En  la  misma dirección, mediante auto del 16 de junio de 2010 (rad. 33697), la  Sala  puntualizó  que  la  simple oposición de apreciaciones subjetivas contra  los  razonamientos  probatorios  efectuados  por  el  juez  o la postulación de  críticas  a  la  actividad  valorativa,  formuladas  con la amplitud propia del  ejercicio  de  contradicción  de  las  instancias y sin el debido planteamiento  técnico, conduce a la inadmisión del recurso de casación.   

          6.  Por  último,  la  Sala precisa, en atención a que DANIEL   PLAZA  ORTIZ  fue  procesado  por  hechos  ocurridos  en  los  años  2007  y  2008, es decir, bajo la vigencia del  artículo  209  del  Código  Penal  y  el artículo 5º de la Ley 1236 de 2008,  último  precepto  que  prevé la pena más grave, que el aumento del otro hasta  tanto,  de  que  trata  el  artículo  31 ejusdem, dado el concurso homogéneo y  sucesivo,  se  calculó  con  base en el texto original que contemplaba una pena  más    favorable    para   PLAZA   ORTIZ.   

          En   síntesis,  la  demanda  estudiada  no  cumple  las  exigencias  mínimas  de  forma  y contenido requeridas para su estudio de fondo. Por tanto,  se  la  inadmitirá  y  se  ordenará  la  devolución  del  diligenciamiento al  Tribunal  de  origen,  de  conformidad con lo previsto en el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  pues no se advierte la necesidad de superar sus defectos de  forma  y  contenido  para  la  realización  de los fines de la casación, ni la  violación  de  garantías  fundamentales  que  la  Corte  esté  en el deber de  proteger de manera oficiosa.   

         

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia  por  parte del demandante, de conformidad con lo establecido en  el  artículo  184  inciso segundo ejusdem, en la oportunidad, forma y términos  precisados         por        la        Corte5.   

         

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de     DIEGO    PLAZA  ORTIZ.   

           Contra   esta   decisión  procede  la  insistencia   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

                     JOSÉ LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

                        GUSTAVO  ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

         

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

         

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

         

    

1 Fls.  48 a 83 del C.O. 1 del Tribunal.   

2 CSJ  SP 19.072006, rad. N° 23.191.   

3 CSJ  SP  16.05.2007, rad. N° 22.224. En la misma dirección, CSJ AP 16.06.2010, rad.  33.697.   

4 CSJ  SP 07/12/11, rad. N° 37.667.   

5  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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