AP1233-2015(44507)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP1233-2015  

Radicación Nº 44.507  

Aprobado mediante Acta No. 100  

Bogotá, D. C., once (11) de marzo de dos mil  quince (2015)   

VISTOS  

La  Sala  resuelve los recursos de apelación  interpuestos  por la víctima y el agente del Ministerio Público contra el auto  de  julio  30 de 2014, por medio del cual la Sala Penal del Tribunal Superior de  Cartagena  decretó  la  preclusión  de  la  investigación  seguida  contra la  doctora  DAVEIBA  ISABEL  ÁVILA OLIVARES, quien para la época de los hechos se  desempeñaba  como  Fiscal  Local  22  de Turbaco, por la presunta comisión del  delito de prevaricato por acción.   

HECHOS    

De la carpeta que contiene las diligencias se  desprende  que en la mañana del 16 de octubre de 2009, Faustino Agresot Moreno,  en  compañía  de  su  cónyuge,  se  desplazaba en una motocicleta por la vía  9005,  ubicada  en el municipio de Turbaco, departamento de Bolívar, cuando fue  detenido  por  uniformados  de  la  Policía  Nacional  que  realizaban  labores  rutinarias de control en la zona.   

En el desarrollo del operativo se generó una  confrontación   verbal   y   física   entre  el  nombrado  y  los  policiales,  posteriormente  identificados  como Tomás León Escudero Sanes y Roberto Carlos  Potes  de  las  Salas,  en  razón  de la cual al primero le fueron causadas las  lesiones  corporales que determinaron la incapacidad médico legal definitiva de  20 días sin secuelas.   

En  esa misma fecha, aquél se dirigió a la  Fiscalía  Seccional  de  Turbaco  para  poner  en  conocimiento de la autoridad  competente  lo  ocurrido;  en  ese lugar, no obstante, fue abordado por Escudero  Sanes  y  Potes  de las Salas, quienes lo capturaron y mantuvieron privado de la  libertad   ilegalmente   en   los   calabozos   de  esas  instalaciones  durante  aproximadamente 3 horas.   

          Posteriormente,  en  octubre  17  de  esa  anualidad, Agresot Moreno  coincidió  por  casualidad  con  el patrullero Escudero Sanes en un parqueadero  ubicado  en el barrio Plan Parejo del mismo municipio, donde el segundo nombrado  reiteró  la  agresión  y,  utilizando  el arma de dotación oficial, profirió  amenazas de muerte en su contra.   

Esos  hechos  fueron denunciados por Agresot  Moreno  ante  la  Fiscalía General de la Nación en octubre 19 de 2009; noticia  criminal    con    radicado    2009   –  01314, cuyo conocimiento correspondió inicialmente a la Fiscalía  38  Seccional de Turbaco, pero que después fue remitida a la Fiscalía 22 Local  de   ese   mismo   municipio,  de  la  que  para  entonces  era  titular  ÁVILA  OLIVARES.   

Esta   última   adelantó  la  respectiva  indagación  preliminar  y,  mediante  orden  de  febrero 26 de 2013, dispuso el  archivo  de  las diligencias con fundamento en lo previsto en el artículo 79 de  la  ley  906  de  2004,  según  adujo,  por cuanto las lesiones sufridas por el  ofendido   «fueron  mutuas  entre  los participantes de la riña a fin de defenderse, por lo que estaríamos  ante  una  causal  de ausencia de responsabilidad contenida en el art. 32 Noº 7  C.P.».   

Inconforme  con  esa  determinación,  el  ofendido                 presentó  la  denuncia que originó las  presentes    diligencias,    en    la    que   le   atribuyó   a   la  indiciada  la  comisión del delito de  prevaricato.   

             

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

         

1.   Solicitud   de   preclusión   de  la  Fiscalía.   

          1.1  Por  los  anteriores  hechos, la Fiscalía 4º Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Cartagena  inició  indagación,  en  curso  de  la cual  realizó   diligencia   de   interrogatorio   a   ÁVILA   OLIVARES,  obtuvo  la  acreditación  de  su  condición  de  Fiscal Local para la fecha de los hechos,  entrevistó  al  denunciante Agresot Moreno y llevó a cabo inspección judicial  al proceso seguido contra Escudero Sanes y Potes de las Salas.   

Acopiados   los   medios  de  conocimiento  referidos,  el funcionario instructor pidió la preclusión de la investigación  con  fundamento  en  la  causal prevista en el artículo 332, numeral 2º, de la  ley 906 de 2004.   

1.2  En  el  desarrollo argumentativo de esa  pretensión,  adujo  que  la  indiciada,  luego  de  examinar  los  elementos de  conocimiento  recaudados  en  la  investigación  seguida  con  ocasión  de  la  agresión  sufrida  por el denunciante Agresot Moreno, concluyó que los agentes  de  la  Policía  Nacional  actuaron  en  legítima  defensa,  por  ende, que se  configuró  la causal de ausencia de responsabilidad de que trata el numeral 6º  del artículo 32 de la ley 599 de 2000.   

Admitió  que de acuerdo con el artículo 79  del   Código   de  Procedimiento  Penal  y  la  jurisprudencia  de  las  Cortes  Constitucional  y  Suprema  de Justicia, ello no facultaba a la funcionaria para  archivar  las  diligencias,  sino que estaba compelida a reclamar la preclusión  de la investigación ante un Juez de Conocimiento.   

No  obstante,  aseveró  que  los  medios de  prueba   recaudados   no  permiten  concluir  que  ÁVILA  OLIVARES  actuó  con  «dolo  cognoscitivo»,  sino   que   la   determinación   censurada  estuvo  determinada   por   «la  torpeza  de  la  Fiscal»,  o  lo  que  es  igual,  que  se  echa  de  menos  en  su  conducta  la             «conciencia         de         la        antijuridicidad».   

En ese entendido, el peticionario afirmó de  manera  ambigua  que  la indiciada actuó amparada por un error de prohibición,  bien     directo     o     indirecto,    este    último,    por    «desconocimiento  de la ley»,  en razón  del   cual   resulta   procedente   entonces   decretar  la  preclusión  de  la  investigación que se sigue en su contra.   

            

2. Oposición de la víctima Faustino Agresot  Moreno.   

El  denunciante  intervino  para oponerse al  pedido   de   la   Fiscalía   y   solicitar,   consecuentemente,   «que el proceso siga y haya imputación  contra         la         doctora».   

A  tal  efecto  manifestó, luego de narrar  extensamente  la situación de hecho que dio lugar a la actuación archivada por  ÁVILA  OLIVARES,  que existen distintos elementos de conocimiento que acreditan  tanto  la  realidad  de las  lesiones  personales  que  le  fueron infligidas por los policías, como  de  la detención ilegal de la que  fue    víctima    en    la    tarde    del    16    de   octubre   2009.   

En ese entendido, afirmó que la conducta de  la  indiciada  fue  abiertamente  equivocada,  tanto  así, que el titular de la  Fiscalía  38  Seccional,  a  la que correspondió en  principio el conocimiento del caso, le hizo saber que  «con  esas pruebas podía  haber             imputación».   

3. Oposición del  Ministerio Público.   

El agente del Ministerio Público se opuso a  la pretensión de la Fiscalía.   

Manifestó   que   la   comprensión  del  «fundamento    real  de la solicitud»    es  problemático,   porque   el   peticionario   aludió  de  manera  indistinta  a  categorías  diferentes de la teoría del delito. Así  mismo,  perdió  de  vista que la situación de hecho  está  vinculada  tanto  con las lesiones corporales sufridas por Agresot Moreno  como  con  la  privación de la libertad a la que fue  sometido en la fecha de los  hechos.   

En  ese  entendido,  afirmó  que  ÁVILA  OLIVARES  estaba obligada a  examinar  si  dicha detención, cuya realidad aparece soportada en varios medios  de  conocimiento,  se  llevó  a  cabo por  «fuera del  marco           constitucional».   

Así  las cosas, concluyó que «existe  razón  suficiente para pensar que la decisión de archivo está en oposición a  la     prueba    en    la    carpeta»,  de  modo que, en su criterio, no es  viable acceder a la solicitud de preclusión impetrada.   

DECISIÓN IMPUGNADA  

El  Tribunal  Superior  de  Cartagena,  Sala  Penal,  accedió  a la solicitud de la Fiscalía, no obstante, con fundamento en  consideraciones distintas de las invocadas por aquélla.   

En  el sustento de esa determinación, adujo  las razones que la Sala reseña seguidamente:   

a)  Luego de discurrir sobre el instituto de  la  preclusión  en  el  esquema  procesal  de la Ley 906 de 2004 y el delito de  prevaricato  por  acción,  encontró probado que la funcionaria indiciada, tras  examinar   el   acervo   probatorio   recaudado,   coligió   que   «los  agentes  de policía obraron en  cumplimiento    de    sus    funciones,    en    legítima   defensa»  y, por  lo   mismo,   «decidió  archivar       la      indagación».   

          b)  De  acuerdo  con  lo  expuesto,  el a quo aseveró  que la actuación de ÁVILA OLIVARES  fue  equivocada, en cuanto  resulta  evidente  que los uniformados denunciados no  actuaron   en  legítima  defensa,  pues  lo  ocurrido  fue  el  surgimiento  de una riña que, de hecho,  descarta la configuración de esa causal de ausencia  de responsabilidad.   

        Agregó,  de  igual manera, que incluso  de  admitirse  la  concurrencia  de  una  causal  de  ausencia   de  responsabilidad,  le  correspondería  entonces  a  la  Fiscalía, como lo tiene discernido  esta  Corporación,  reclamar  ante un Juez de Conocimiento la preclusión de la  investigación y no ordenar el archivo de las diligencias.   

        No   obstante   lo   anterior   y  sin  perjuicio  de  los  yerros  en     que    incurrió    la    indiciada,    el  Tribunal                 declaró      que     «no  existe  elemento  de convicción  alguno  que demuestre que la decisión de la funcionaria fue arbitraria y con el  fin    de   vulnerar   los   derechos»  del  denunciante,  sino  que, por el  contrario,   puede   colegirse   que   estuvo   determinada   por   «una  falta  de  análisis  profundo  sobre    el    tema»,  o    lo    que    es   igual,   por   «un  raciocinio erróneo o equivocado  de    la    norma    llamada    a    regular    el   caso   concreto».   

        c)  En  ese  orden, el a quo concluyó,  tras  disertar  ampliamente  sobre  la  categoría  del  error  y  sus distintas  manifestaciones    en    el   ordenamiento   penal  colombiano,  que  en  la  conducta  de  ÁVILA  OLIVARES concurre  un  error  de tipo y no de  prohibición,    como  erradamente     lo     entendió     el   peticionario,  pero  además,  de  naturaleza        vencible,       pues  podía ser superado «con  un estudio sereno y reposado de  la              actuación».   

Añadió  que  en    el    esquema   del   delito   adoptado  por  la  ley  599  de  2000, lo anterior significa que la  conducta  investigada «no  alcanzó   a   superar   el   umbral   de   la  tipicidad  subjetiva»,            concretamente,           por          cuanto          «el  desconocimiento  o  error de los  elementos  descriptivos  o  normativos…por  parte de quien realiza la conducta  prohibida     excluye     el    dolo»   y,  en  todo  caso,  el  delito  de  prevaricato no existe en la modalidad imprudente.   

Aseveró  entonces    que    el  peticionario  sustentó equivocadamente la causal de  preclusión   invocada,   lo   cual   sin   embargo  no impide al Juzgador decidir materialmente sobre la  pretensión,   desde   luego,    siempre   que  se   acredite   la   configuración   de  los  presupuestos  previstos por la legislación adjetiva para  acceder a lo solicitado.   

Así,  como  en  el  presente  asunto  es  evidente   que   en  la  conducta  atribuida  a  ÁVILA  OLIVARES  concurre el  error  de  tipo, concluyó  que  no  queda  solución  diversa  a  precluir  la  investigación seguida en su contra.   

d)    Finalmente    y   en  réplica a las alegaciones del Agente  del  Ministerio Público, el a quo indicó que la orden de archivo proferida por  la  indiciada  está  referida exclusivamente a los hechos en que Agresot Moreno  resultó  lesionado,  no  así  a  los  posibles  punibles  relacionados  con la  privación  de la libertad ilegal a la que aquél fue  supuestamente  sometidos,  los  cuales «aún       son      objeto      de      investigación».   

LAS IMPUGNACIONES  

    

1. El recurso de la víctima.     

El  denunciante Agresot Moreno solicita, por  vía  de  apelación,  que  se  revoque la providencia de primera instancia y se  niegue la preclusión de la investigación.   

Con  tal  propósito,  reitera  que  existen  suficientes   elementos   de   prueba,   tanto  de  naturaleza  documental  como  testimonial,  que  demuestran  que  fue agredido y privado arbitrariamente de la  libertad por los patrulleros Escudero Sanes y Potes de las Salas.   

Agrega que si la Fiscal estaba determinada a  no      persistir      en      la     investigación     debió     «pasar    eso   ante   un   juez   y   no  archivarlo»,  de modo que sí incurrió  en  una  irregularidad,  cuya existencia,       de      hecho,    es  admitida    por    el  propio peticionario.   

    

1. El recurso del agente del Ministerio Público.     

El agente del Ministerio Público, en igual  sentido,  pide  que se revoque la decisión de primera instancia y, en su lugar,  se niegue la pretensión de la Fiscalía.   

Sostiene,  en  primer  lugar,  que erró al  entender  que la indagación archivada por la indiciada incluía también la que  se  adelanta  por la privación de la libertad de la que el denunciante dijo ser  víctima;  equivocación  que  atribuyó  a la «poco  afortunada  exposición  del  señor Fiscal», quien no  precisó   que,   por   el   contrario,   dicha  determinación  está  referida  exclusivamente   a  las pesquisas adelantadas con ocasión de la causación  de las lesiones personales.   

Dicho   lo  anterior,  manifiesta  la  inconformidad  con  la decisión recurrida, en cuanto  allí     se    sostiene    que    ÁVILA  OLIVARES  actuó  amparada en un error de tipo vencible, pues  tratándose      de      una      «Fiscal  de  la República»,  estaba  obligada  a ser diligente e  indagar  sobre  la  corrección  de  su  actuación.   

Agrega  que,  contrariamente   a   la   comprensión  del  a  quo,  no  ha  sido  acopiado  ningún  medio de prueba que  permita  afirmar  que  la  indiciada  actuó sin dolo; por el contrario, no cabe  duda  de  la  contrariedad entre la orden de archivo proferida por aquélla y el  ordenamiento  jurídico,  como  tampoco  que  se lesionó el bien jurídico tutelado, pues el denunciante  ha  manifestado  de  manera  expresa haber sido perjudicado como consecuencia de  esa actuación.   

CONSIDERACIONES  

1.  De  conformidad  con lo previsto en los  artículos  32,  numeral  3°, 176 y 177, numeral 2°, de la Ley 906 de 2004, la  Corte  es  competente  para resolver el recurso de apelación interpuesto contra  autos  dictados en primera instancia por los Tribunales Superiores, por medio de  los   cuales   se   resuelven   las   solicitudes   de   preclusión1.   

2. En este caso fue impugnada la decisión  de  30  de  julio  de 2014, proferida por el Tribunal Superior de Cartagena, que  decretó  la  preclusión  de  la  investigación  a favor de la doctora DAVEIBA  ISABEL  ÁVILA  OLIVARES,  quien  para la fecha de los  hechos  se desempeñaba como Fiscal 22 Local del municipio de Turbaco, dentro de  la  actuación  seguida  por  la conducta punible de  prevaricato por acción.   

De la Preclusión  

Al  tenor  del  artículo  250  de la Carta  Política,  la  Fiscalía  General  de  la Nación está obligada a adelantar el  ejercicio    de    la    acción    penal    y    realizar    la    «investigación   de   los  hechos  que  revistan  las  características      de     delito»   conocidos  a  través  de  denuncia,  petición      especial,      querella      o     de     oficio     «siempre  y cuando medien suficientes  motivos    y    circunstancias    fácticas   que   indiquen   la   posible       existencia      del  mismo».   

Quiere ello decir que el fiscal debe valorar  en  su  integridad  los elementos objetivos -materiales probatorios o evidencias  fácticas  mínimas-  recaudados para establecer si a partir de ellos es posible  inferir       la       posible       ocurrencia  de un  delito,  caso  en  el  cual  tiene entonces la obligación constitucional de dar  inicio a la acción penal.   

Establecida    así   la   causa  probable para poner en movimiento  el  aparato  judicial, la investigación se debe encaminar a buscar la evidencia  necesaria  para  esclarecer  la  verdad de lo ocurrido, cometido en el cual debe  actuar,  con  apego al principio de objetividad, previsto en el artículo 115 de  la ley 906 de 2004.    

Si  el  fiscal,  al  evaluar  la  evidencia  recogida,  encuentra  que  no  hay prueba suficiente para acusar por presentarse  duda  insuperable  respecto  de  la  participación  del indiciado en los hechos  objeto  de  investigación,  o  hay  prueba  indicativa de que la conducta no es  delictiva  o  la persona investigada no es responsable, como cuando se configura  una  circunstancia  que determina la ausencia de responsabilidad, debe solicitar  la   preclusión   ante   el   Juez   de   conocimiento,  e  invocar  la  causal  correspondiente conforme el artículo 332 de la Ley 906 de 2004:   

“El fiscal solicitará la preclusión en  los siguientes casos:   

    

1. Imposibilidad  de  iniciar  o continuar el ejercicio de la acción  penal2   

2. ;   

3. Existencia  de  una  causal  que  excluya  la  responsabilidad, de  acuerdo con el Código Penal;   

4. Inexistencia del hecho investigado;   

5. Atipicidad del hecho investigado;   

6. Ausencia    de    intervención   del   imputado   en   el   hecho  investigado;   

7. Imposibilidad   de   desvirtuar   la   presunción  de  inocencia;  y   

8. Vencimiento  del  término  máximo  previsto en el inciso segundo  del artículo 294 de dicho código.     

PARÁGRAFO.  Durante  el  juzgamiento, de  sobrevenir  las  causales  contempladas  en  los  numerales 1 y 3, el fiscal, el  Ministerio  Público  o la defensa, podrán solicitar al juez de conocimiento la  preclusión”.   

El  análisis y fundamentación presentados  por  el  fiscal  para  lograr  su  cometido deben ser específicos y detallados,  atendiendo  no  sólo  los  elementos  fácticos  y jurídicos que configuran la  causal  de  preclusión  invocada,  sino los que integran el tipo penal respecto  del  cual  se  pretende  la terminación anticipada del proceso, de modo que sea  posible  deducir  con  certeza  la  necesidad  de extinguir la acción penal con  fuerza   de  cosa  juzgada  por  ausencia  de  mérito  para  continuar  con  la  persecución penal.   

Lo  anterior y como lo tiene precisado esta  Corporación,  sin perjuicio de que el juzgador pueda decretar la preclusión de  la  actuación  con  fundamento  en  una  causal  distinta de la invocada por el  peticionario,     siempre    que    «sus   componentes   estructurales   y   los   soportes  materiales  probatorios    y    evidencia    física    así    lo    determinen»3.   

Del prevaricato  

A fin de concretar la causal de preclusión,  la  atipicidad  subjetiva  de la conducta como consecuencia de la configuración  de  un  error  vencible  de  tipo,  es  necesario  mencionar  que  el  delito de  prevaricato  está  referido  a  la  emisión de una providencia “manifiestamente  contraria  a  la ley”,  circunstancia  esta  que  supone  –  ha  dicho la jurisprudencia – la expresión  dolosa  de  la  conducta en cuanto se es consciente y se quiere su realización,  pero    semejante    contradicción    debe   surgir   evidente,   sin   mayores  elucubraciones.    

En  contraste,  todas aquellas providencias  respecto  de las cuales quepa discusión sobre su contrariedad con la ley quedan  excluidas  del  reproche  penal,  independientemente  de que un juicio posterior  demuestre  la  equivocación  de  sus  asertos,  pues  -como  también  ha  sido  jurisprudencia  reiterada  –  el juicio de prevaricato no es de acierto, sino de  legalidad.   

A  ello  debe  agregarse  como  principio  axiológico  cuando  se trata de providencias judiciales, que el análisis sobre  su   presunto  contenido  prevaricador  debe  hacerse  necesariamente  sobre  el  problema  jurídico  identificado  por el funcionario judicial y no sobre el que  identifique   a   posteriori   su   acusador   o  su  juzgador,  según  sea  el  caso.   

Es  decir  que  las  simples diferencias de  criterios  respecto  de  un determinado punto de derecho, especialmente frente a  materias  que  por  su  complejidad o por su misma ambigüedad, admiten diversas  interpretaciones   u   opiniones,   no  pueden  considerarse  como  propias  del  prevaricato,  pues en el universo jurídico suelen ser comunes las discrepancias  aún  en  temas  que  aparentemente  no  ofrecerían  dificultad  alguna  en  su  resolución4.   

El examen subjetivo de la conducta señalada  de  prevaricadora, ha de partir de la mayor o menor dificultad interpretativa de  la  ley  inaplicada  o  tergiversada,  así  como de la divergencia de criterios  doctrinales  y jurisprudenciales sobre su sentido o alcance, elementos de juicio  que  no  obstante  su  importancia, no son los únicos, imponiéndose avanzar en  cada  caso  hacia  la  reconstrucción  del  derecho  verdaderamente  conocido y  aplicado  por  el  servidor  judicial en su desempeño como tal, así como en el  contexto  en  que la decisión se produce, mediante una evaluación ex   ante  de  su  conducta5.   

Caso concreto  

1.  Ahora  bien,  en el presente asunto, la  Fiscalía  reclamó  del  Juzgador  de  primera  instancia  la preclusión de la  investigación  seguida  contra  ÁVILA  OLIVARES  con  fundamento  en la causal  prevista  en el numeral 2º del artículo 332 de la Ley 906 de 2004, esto es, la  «existencia   de  una  causal   que   excluya   la   responsabilidad,   de   acuerdo   con  el  Código  Penal»,  por  considerar  que  la  nombrada actuó amparada por un error de  prohibición, bien directo, ora indirecto.   

No obstante lo anterior, en el examen del  pedido,  el  Tribunal  de  Cartagena  ajustó las alegaciones del peticionario y  estimó  configurado  un error de tipo vencible, que de igual manera comporta la  exclusión  de  la responsabilidad penal, no obstante, por vía de la atipicidad  subjetiva de la conducta.   

Importa  precisar   que,  como  lo  tiene  discernido  esta  Sala  de  manera  reiterada,  «la  fuerza  de  cosa  juzgada  que  entraña  la  preclusión  exige  que  la  causal  que la funda se  encuentre  demostrada  de manera cierta o, lo que es  igual,  que  respecto  de  la  misma exista conocimiento más allá de toda duda  razonable»6         (negrilla fuera del texto).   

Es     así     que    «la  alternativa  de  poner  fin  al  proceso  por  esta  vía  supone  la  existencia  de  prueba  de tal entidad que  determine    de   manera   concluyente  la  ausencia de interés del Estado en agotar toda la actuación  procesal  prevista por el legislador para ejercer la acción penal, dando paso a  un  mecanismo  extraordinario por virtud del cual pueda cesar de manera legal la  persecución   penal»7    (negrilla   fuera   del  texto).   

Echada  de  menos la convicción sobre el  particular,       entonces,       «el   funcionario   judicial   está   compelido   a  continuar  el  trámite»8.   

En  ese  orden, no corresponde a quien se  opone  al  pedido  de  preclusión,  como  parece  entenderlo el Tribunal a quo,  aportar  los  medios  de  conocimiento  que permitan inferir la materialidad del  delito  y  la  responsabilidad del indiciado en su comisión, sino a quien eleva  la  solicitud  sustentarla  a partir de pruebas que demuestren la configuración  de la causal que invoca para dicho efecto.   

De acuerdo con lo expuesto, la prosperidad  de  la  pretensión  de la Fiscalía está condicionada a la demostración, más  allá  de toda duda razonable, de la configuración de los supuestos fácticos y  jurídicos  que  la sustentan, en este caso, de que ÁVILA OLIVARES, al proferir  la   orden   de   archivo   de   las  diligencias  radicadas  2009  –  01314,  actuó sin dolo, esto es,  con  desconocimiento  de  que  dicha  actuación  contrariaba  las disposiciones  adjetivas vigentes.   

2.  Ese  supuesto,  anticipa la Sala, no se  verifica  en  el presente asunto, pues, como lo manifestó con acierto el agente  del  Ministerio  Público en la sustentación de la alzada, los medios de prueba  recaudados  por la Fiscalía resultan insuficientes para afirmar, al menos en el  grado  de  conocimiento previamente aludido, la materialización de la causal de  preclusión  con  fundamento  en  la  cual  aquélla  pretende  la  terminación  anticipada del proceso.   

En   efecto,  de  las  piezas  procesales  contenidas  en  la  carpeta  se  desprende que Agresot Moreno presentó denuncia  penal  contra los patrulleros de la policía Escudero Sanes y Potes de las Salas  por  hechos  ocurridos  los días 16 y 17 de octubre de 2009, en los que sufrió  lesiones  que determinaron la incapacidad médico legal de 20 días sin secuelas  y  fue  privado  de  la libertad por aquéllos, según adujo, de manera ilegal y  arbitraria (fs. 27 a 29).   

Así  mismo,  que  el conocimiento de dicha  noticia   criminal,   radicada   2009  –  01314,  correspondió  inicialmente a la Fiscalía 38 Seccional de  Turbaco;  despacho  que,  mediante  orden  de 17 de febrero de 2012, remitió el  asunto   a   las  Fiscalías  Locales  de  ese  municipio,  por  considerar  que  «nos encontramos frente  a  los delitos de lesiones personales y abuso de autoridad por acto arbitrario e  injusto»  (f. 81).   

La  indagación fue entonces repartida a la  Fiscalía  Local  22,  de  la  que  era  titular  para entonces ÁVILA OLIVARES,  quien   la  remitió por competencia, mediante orden de febrero 24 de 2012,  a la Justicia Penal Militar (f. 82).   

Luego  de que un Juez de Instrucción Penal  Militar  se  declaró  incompetente para conocer del asunto y lo devolvió a esa  Fiscalía  (fs.  84 a 89), la ahora indiciada citó a las partes a una audiencia  de   conciliación   que   terminó   sin   que   hubiere   acuerdo  (fs.  91  a  94).   

Posteriormente,   con  fundamento  en  la  transcripción  de  un  video  en el que se registraron los hechos en los que el  denunciante  resultó  herido  (f.  98),  la nombrada, en orden de febrero 26 de  2013,  dispuso  el  archivo  de las diligencias, pues consideró que lo ocurrido  fue  una  riña  en  desarrollo de la cual se suscitaron agresiones mutuas entre  Agresot   Moreno   y   los   uniformados;   coligió,   entonces,   «que  estaríamos  ante una causal de  ausencia  de  responsabilidad  contenida  en  el  art. 32 Nº 7 C.P.»  (fs. 99  a 101).   

3. Por los hechos reseñados en precedencia,  el  nombrado  Agresot  Moreno  presentó  denuncia  penal  en la que atribuyó a  ÁVILA  OLIVARES  el delito  de prevaricato (fs. 9 a 12).   

La   investigación  correspondió  a  la  Fiscalía  4º  Delegada  ante  el  Tribunal de Cartagena, que en el cometido de  esclarecer  los hechos ocurridos adelantó las pesquisas en las que obtuvo copia  de  las  actuaciones  surtidas  en  el  trámite  de  la  noticia  criminal 2009  – 01314 (fs. 17 a 21), así  como  la  resolución  mediante la cual la indiciada fue nombrada como Fiscal 22  Local   del   municipio   de   Turbaco  y  el  acta  de  posesión  (fs.  115  y  116).   

Adicionalmente,  se practicó la diligencia  de  interrogatorio  al  indiciado  en  la  cual  ÁVILA  OLIVARES admitió haber  ordenado    el   archivo   de   la   actuación   con   base   en   «los elementos materiales probatorios  y  evidencia  física que reposan en la carpeta, esbozando también el artículo  79    de   la   ley   906   de   2004» (f. 120).   

         4.  A  partir  de lo expuesto, es posible colegir, de una parte, que  la  orden  de  archivo  proferida  por  la  investigada  se ofrece, cuando menos  objetivamente, típica.   

       Ciertamente,  el  artículo  79  de  la  ley 906 de 2004 dispone que  «cuando  la  Fiscalía  tenga  conocimiento  de  un  hecho  respecto  del  cual  constate que no existen  motivos  o  circunstancias  fácticas  que  permitan  su  caracterización  como  delito,  o  indiquen su posible existencia como tal, dispondrá el archivo de la  actuación».   

         La  Corte  Constitucional,  al  examinar  la  conformidad  de  esa  disposición     con    la    Carta    Política9,  declaró  la exequibilidad  de  la  misma  en  el  entendido  de que «la    expresión    “motivos   o  circunstancias  fácticas  que permitan su caracterización como delito” en el  entendido   de   que   dicha  caracterización  corresponde  a  la  tipicidad objetiva».   

         Ese  condicionamiento,  desde  luego,  integra  el  texto  legal y  resulta,  por lo mismo, vinculante para los operadores jurídicos; aserto que se  fundamenta  no  sólo en lo dispuesto en el artículo 243 Superior, a cuyo tenor  «los fallos que la Corte  dicte  en  ejercicio  del  control jurisdiccional hacen tránsito a cosa juzgada  constitucional»,   sino  también  en  la  pacífica  jurisprudencia  de  esa Corporación, a la que baste remitirse, en relación con  el    carácter    obligatorio    del    precedente   constitucional10.   

         En  igual  sentido,  esta  Corporación ha precisado, en punto al archivo de las  diligencias,  que  «no le  corresponde  a  la  fiscalía   hacer  juicios de valor acerca del  tipo  subjetivo  y  de  la  existencia  o  no  de causales de  exclusión   de   responsabilidad,   pues   de  adentrarse  en  éste  ámbito, no podría ordenar el archivo de las diligencias  y,  por  el  contrario,  tendría  que  acudir  al  juez  de  conocimiento  para  solicitar      la      preclusión     de     la  actuación»11      (negrilla      fuera     del  texto).   

Así las cosas, no cabe duda de que la ahora  indiciada  no  estaba  legalmente  facultada  para  archivar las diligencias con  fundamento   en  la  supuesta  configuración  de  una  causal  de  ausencia  de  responsabilidad  penal,  o lo que es igual, que la determinación que adoptó en  ese    sentido    contraviene    objetivamente    el    ordenamiento   jurídico  penal.   

5.  De  otro  lado  y como acertadamente lo  manifestó  el  agente  del  Ministerio  Público,  la  revisión  de la carpeta  contentiva  de  las diligencias no permite aseverar, al menos más allá de toda  duda  razonable,  que dicha determinación hubiese sido adoptada en razón de un  error  sobre  la  ilicitud  de la misma o sobre la concurrencia de los elementos  estructurales   del   tipo  penal  que  define  el  delito  de  prevaricato  por  acción.   

Puesto  de  otra forma, las alegaciones del  peticionario,  según  las  cuales  la  orden  de archivo de las diligencias fue  proferida   como   consecuencia   de  «la  torpeza  de la Fiscal»,   responden   en   realidad  a  una  apreciación   respecto  de  la  cual  la  actividad  probatoria de la Fiscalía se ofrece deficiente.   

Ciertamente,  la Fiscalía no recaudó ni  aportó  medios  de  conocimiento  que  permitan  inferir,  entre  otras, que el  despacho  del  que  ÁVILA  OLIVARES  era  titular  tenía una carga laboral que  hiciere  imposible  para  ella atender la totalidad de los asuntos con la debida  diligencia  o que careciera de la experiencia laboral suficiente para comprender  la naturaleza y el alcance de la determinación adoptada.   

Tampoco  se adelantaron las pesquisas que  permitan    establecer    el    grado   de   preparación   académica   de   la  indiciada,     las  actividades  laborales  desempeñadas  por  aquélla  previamente       a       su       vinculación  con la Fiscalía General  de  la Nación, su experiencia concreta en el estudio  y  adopción  de  decisiones de archivo, las posibles  relaciones  o  tratos  entre  la  indiciada  y  quienes  resultaron  favorecidos  con el archivo de las diligencias, los supuestos que  sustentaron  las convicciones jurídicas aplicadas al caso o las razones por las  cuales  se apartó de los precedentes jurisprudenciales aludidos en precedencia.   

Adicionalmente,      la  Sala  no  pasa  por alto que, a partir de los medios de prueba  contenidos  en  la  carpeta,  se  hace  imposible  establecer con claridad si la  decisión  de  archivo estuvo referida a la indagación adelantada tanto por las  lesiones  personales  sufridas  por ÁVILA OLIVARES como por la privación de la  libertad    de    que    fue   víctima,   o   únicamente   respecto   de   las  primeras.   

En  relación  con esa circunstancia, que  desde  luego  debió  ser dilucidada por la indiciada a efectos de determinar la  viabilidad   de   ordenar   el   archivo   de   las   diligencias,  ningún  elemento  de prueba aportó la Fiscalía, al punto que el  Agente   del   Ministerio   Público   que  interviene  en  el  presente  asunto  exteriorizó la confusión sobre el particular.   

En  síntesis,  a partir de los medios de  conocimiento  allegados  por el peticionario no puede  afirmarse  configurada  la  causal  de  preclusión  examinada y declarada por el Tribunal.   

6.  Ahora  bien, tampoco al estudiarse la  solicitud  desde  la  perspectiva  planteada inicialmente por la Fiscalía, esto  es,   con   fundamento   en   la   posible   configuración   de   un  error  de  prohibición   directo   o  indirecto  –  aludió  indistintamente  a ambos  –   resulta   viable   acceder   a  la  preclusión  reclamada.   

Ciertamente, el  artículo  32  de la Ley 599 de 2000 establece como causales de exclusión de la  responsabilidad  penal  las de actuar bajo el convencimiento o la convicción de  que   concurren   en   la   conducta  «los   presupuestos   objetivos   de  una  causal  que  excluya  la  responsabilidad»  – error de prohibición indirecto  –    o    con   error   sobre   la   licitud   de   la   conducta   –  error  de prohibición directo -.   

En  relación con lo primero, esto es, la  supuesta     configuración     del    error    de  prohibición  indirecto, el peticionario no precisó  si  quiera  cuál  de las causales de exclusión de la responsabilidad previstas  en   la  disposición  citada  habría  concurrido  en  la  conducta  de  ÁVILA  OLIVARES,    al   tiempo   que   omitió   aportar   medio  de  conocimiento  a   partir  del  cual  pueda  suponerse la configuración de una de aquéllas.   

En  cuanto a lo segundo, porque a efectos  de  obtener  la  preclusión  con  fundamento  en  la  ocurrencia  del  error de  prohibición  directo,  el  peticionario  estaba compelido a acreditar, mediante  elementos  de  convicción suficientes, que la indiciada sabía que la decisión  de   archivo  de  las  diligencias  contravenía  el  ordenamiento  jurídico  vigente,  no  obstante lo cual tenía la convicción de  que   ello  no  constituía  una  conducta  prohibida;  puesto  de  otra    forma,   que   «conocía    la   ilicitud   de   su   comportamiento»  pero  entendió equivocadamente «que  el     mismo     le     (estaba)     permitido»12.   

En   síntesis,   la  Sala  no  encuentra  demostrada   más  allá  de  toda  duda  la  configuración  de  la  causal  de  preclusión  declarada  en  primera instancia por el Tribunal ni la invocada por  la  Fiscalía  en  la  sustentación  del  pedido;  en  consecuencia de ello, se  accederá   a  la  solicitud  de  los  apelantes  y  se  revocará  entonces  la  providencia de primera instancia.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

       1.  REVOCAR  el  auto  de julio  30  de 2014, mediante el cual el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de         Cartagena  dispuso  la preclusión de la indagación a favor de     la     doctora    DAVEIBA  ISABEL ÁVILA OLIVARES,  por  la  conducta  punible  de  prevaricato  por  acción.  En   su   lugar,  NEGAR  la preclusión de la investigación reclamada por la  Fiscalía.   

         

2.  ORDENAR el  envío  inmediato  de  las  diligencias  a  la  Fiscalía  4º  Delegada ante el  Tribunal Superior de Cartagena para lo de su cargo.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ         LUIS   BARCELÓ               CAMACHO   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO       FERNÁNDEZ CARLIER   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO    ENRIQUE   MALO   FERNÁNDEZ   

EYDER   PATIÑO   CABRERA   

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS      GUILLERMO     SALAZAR  OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP,  30 de noviembre de 2006, Rad. 26.517. Aunque el artículo 334 de la Ley 906  de  2004 utiliza la expresión “sentencia” para referirse a la naturaleza de  la  decisión  que decreta la preclusión, esta Corporación tiene precisado que  dicha   providencia   está  revestida  de  la  condición  de  auto.     

2  Esta  causal  se  debe  interpretar  conforme  al  artículo  77  del Código de  Procedimiento  Penal  en  donde se plasman los eventos en los cuales se extingue  la  acción penal: muerte del imputado o acusado, prescripción, aplicación del  principio  de  oportunidad,  amnistía,  oblación,  caducidad  de la querella y  desistimiento.   

3 CSJ  SP, 6 de diciembre 6 de 2012, Rad. 37.370.   

4 CSJ  SP, 23 de febrero de 2006, Rad. 23.901.   

5 CSJ  SP, 25 de mayo de 2005, Rad. 22.855.   

6 CSJ  AP, 30 de julio de 2014, Rad. 44042.   

7 CSJ  AP,    18    de    junio   de   2014,    Rad.  43797.   

8  Ibídem.   

9  Sentencia  C  – 1154 de  2005, M.P. Manuel José Cepeda Espinosa.   

10  Entre    otras,    sentencia    C   – 634 de 2011, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.   

11  CSJ AP, 3 de diciembre de 2008, Rad. 30.640.   

12  CSJ AP, 15 de julio de 2009, Rad. 31.780.     

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