AP5870-2016(46477)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP5870-2016  

Radicación N° 46.477  

(Aprobado Acta Nº 274)  

Bogotá D.C., agosto treinta y uno (31)de dos  mil dieciséis (2016)   

VISTOS  

          Con   el   fin   de   constatar  si  satisface  las  condiciones  de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación presentada por el  defensor  de RAFAEL DARÍO PALOMINO SILVA, contra la sentencia del 10 de febrero  de  2015,  proferida  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial de Barranquilla.     

I. HECHOS  

            De  acuerdo  con  la acusación, el abogado RAFAEL DARÍO PALOMINO  SILVA,  quien  trabajó  para  integrantes  del Bloque Norte de las Autodefensas  Unidas  de  Colombia  (AUC)  entre  julio  de  2003  y junio de 2006, ofreció y  entregó  durante  ese  tiempo  dádivas  dinerarias  a  jueces  y  fiscales  de  Riohacha,  Maicao,  Barranquilla  y  Apartadó,  encargados de instruir y juzgar  procesos  penales  en  contra  de  aquéllos. Esto, con el propósito de que los  funcionarios  adoptaran  decisiones  contrarias  a  derecho,  favorables  a  sus  clientes.   

                            II.  ANTECEDENTES PROCESALES PERTINENTES   

          Con  base  en la denuncia formulada por RAFAEL DARÍO PALOMINO SILVA  en  contra  del   ex  Fiscal 32 de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y  Derecho  Internacional  Humanitario, LUIS FRANCISCO BECERRA ARAQUE, la Fiscalía  delegada  para  la  Investigación  de  Servidores de la Rama Judicial, mediante  resolución  del 2 de septiembre de 2007, acusó al prenombrado funcionario como  probable  autor  de  prevaricato  por acción, cohecho propio, soborno, falsedad  por  sustracción  de  documento  público  y  falsedad ideológica en documento  público.  En  el  marco de dicha actuación, se dispuso la ruptura de la unidad  procesal  y  se  compulsaron  copias  para  que se investigara al abogado RAFAEL  DARÍO  PALOMINO SILVA, quien rindió indagatoria entre el 23 de julio y el 2 de  agosto  de  2007.  Allí  se le atribuyó la comisión del delito de cohecho por  dar  u  ofrecer (art. 407 CP), en relación con el cual el sindicado se declaró  inocente.   

         

          Cerrada  la  instrucción,  la  Fiscalía  calificó  el mérito del  sumario  el  5  de  julio de 2010. Profirió resolución de acusación en contra  del  señor  PALOMINO  SILVA, como probable coautor del mencionado delito contra  la administración pública.    

          Mediante  decisión  del 23 de mayo de 2012, en respuesta al recurso  de  apelación  interpuesto  por el defensor contra la antedicha resolución, el  Fiscal  62  Delegado  ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá  confirmó  el  llamamiento  a  juicio, clarificando que la imputación jurídica  versa  sobre  una  única conducta de cohecho, cometida desde el año 2003 hasta  el  2006,  en  la  modalidad  de  delito  continuado1. Ello, por cuanto la labor del  señor    PALOMINO    SILVA,    como    integrante    de    la   “nómina”    de   los   paramilitares,  constituyó  un  comportamiento  cometido  diferidamente en el tiempo, integrado  por  varios actos finalísticamente dirigidos a un mismo propósito, consistente  en  “sanear” todo lo que  penalmente    tuvieran   pendiente   los   miembros   del   grupo   “Contrainsurgencia  Wayú”,  lo  que,  resalta,       implicaba      realizar      indistintamente      “torcidos”,  sobre  lo  cual aquél tuvo  conocimiento   desde   el   otorgamiento  mismo  de  los  poderes  para  actuar.   

          La  etapa  de juicio le correspondió al  Juzgado  6º Penal del Circuito de Barranquilla, despacho ante el cual se llevó  a  cabo  la  audiencia  preparatoria,  sin  que  los sujetos procesales hubieran  solicitado  la declaratoria de nulidades. El Juez adjunto de ese despacho dictó  sentencia   el   2   de   julio  de  2013,  la  cual  fue  anulada  -por  falta  de  motivación- por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla, en decisión del 28 de octubre  subsiguiente.   

          El  conocimiento  del  proceso fue asignado al Juzgado 7º Penal del  Circuito  de  esa  ciudad.  El  10 de septiembre de 2014 se dictó nuevamente la  sentencia.  Por haberlo hallado responsable del cargo imputado, el juez condenó  al  acusado  a  la  pena  principal  de  40  meses  de  prisión, así como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  5  años. De otro lado, le concedió el subrogado de suspensión  condicional de la ejecución de la pena de prisión.   

          El  fallo  fue impugnado por el defensor, dando lugar a la sentencia  de   segunda   instancia   arriba   mencionada,  por  cuyo  medio  se  confirmó  íntegramente la condena impuesta.   

   

          Dentro del término legal, el abogado del  procesado  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó  la  respectiva   demanda,   lo  que  motiva  el  conocimiento  del  proceso  por  la  Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          Al  amparo  del  art.  207-1  de la Ley 600 de 2000 (CPP), el censor  formula        dos        cargos        por        violación       indirecta  de la ley sustancial contra la  sentencia  de  segunda  instancia.  De  un  lado, le atribuye a ésta errores de  hecho,  consistentes  en  falso raciocinio  en la valoración de la “única prueba  de  cargo”  -la  versión  ofrecida   por   el   señor   PALOMINO  SILVA  en  la  indagatoria-;  de  otro,  reprocha a los falladores por haber incurrido en falso  juicio  de  existencia  por omisión, al ignorar “la  prueba  de  exculpación”,  que “no   es   otra   que  la  indagatoria”.   

          En  sustento,  expone, los jueces de instancia infringieron la regla  de  experiencia consistente en que, “ante el peligro  de  la  amenaza  sicológica  o  moral,  mediante  hechos  violentos  y amenazas  (sic),  la persona no está  obligada  a  denunciar  los  hechos,  dado el miedo y terror que coarta su libre  determinación”.  A  su  modo  de  ver,  frente a la  insuperable   coacción   ajena,   no  le  es  exigible  a  una  “víctima” que denuncie la existencia de  una  conducta  punible.  Tales  asertos  los opone a las siguientes afirmaciones  que, sostiene, hicieron los falladores de instancia:   

          i)  Si  el  procesado  se  había  percatado  de  quienes  eran  sus  mandantes  y  no  quería seguir trabajando para ellos, estaba en posibilidad de  acercarse  a  las  autoridades  -como  finalmente  lo  hizo-,   pero  decidió  seguir  laborando  para  las  AUC.   

          ii)  El  acusado  es  un  experimentado abogado de 45 años de edad,  quien  por  tales  razones no sólo es conocedor de las consecuencias de prestar  servicios  profesionales  a grupos criminales, sino que tenía la plena potestad  para decidir si laboraba para ellos o no.   

          iii)  No se configura ninguna causal de ausencia de responsabilidad,  por   cuanto  RAFAEL  PALOMINO  es  un  profesional  del  derecho,  imputable  y  consciente  del  peligro  que  representan los miembros de las autodefensas para  quienes    intrépidamente   ponen   en   evidencia   lo   que   “es un secreto a voces”.   

          La  defensa,  prosigue, ha venido planteando que el procesado actuó  bajo  insuperable  coacción ajena, en los términos del art. 32-8 del CP. Pues,  resalta,   tan   pronto   aquél   inició   las   primeras  gestiones,  sintió  “miedo  y terror” por la  forma  en que le hablaban y por las situaciones violentas que presenció, siendo  a  veces  víctima de amenazas para que rindiera resultados. En ese marco, dice,  el  señor PALOMINO SILVA, sin gozar de las condiciones para gobernar a plenitud  su  voluntad,  tuvo  que  acudir  ante funcionarios judiciales a llevar encargos  dinerarios,         producto         de        negociaciones        “torcidas”  para  obtener  beneficios  procesales  para  los  líderes  de  las  autodefensas. Además, destaca, fue el  propio  acusado  quien  puso  en  conocimiento  de  las  autoridades los hechos.   

          Adicionalmente,  expone,  no  se  trató  de cualquier amenaza, como  quiera  que  es  bien  conocida  la  barbarie y ferocidad que caracterizó a los  paramilitares.  De  ahí  que, afirma, tiene razón el procesado cuando dice que  por  no  poder  soportar más la presión y el miedo acudió a la Fiscalía para  denunciar los hechos en busca de protección.   

          Por  otra  parte,  de  cara  a  la sustentación del cargo por falso  juicio  de  existencia,  cuestiona al Tribunal por negar la configuración de la  alegada  causal de ausencia de responsabilidad, al haber estimado que la defensa  no  la acreditó probatoriamente. A ese respecto, asevera, yerra el ad  quem porque la prueba sí existe, como  quiera  que  el  procesado  expuso  en  indagatoria  que  un jefe paramilitar lo  compelía  a  llevar  las  encomiendas  dinerarias para que el fiscal tomara las  decisiones  ilegales.  PALOMINO  SILVA,  resalta,  aseveró  que  fue sometido a  “esclavitud” y presiones  sicológicas  por  alias  RAMIRO,  al tiempo que “le  metían   terror   con   gente  armada”  y  mediante  alusiones  a  personas  que  habían  sido  asesinadas  y  desmembradas, sin que  pudiera  acudir  a  la  Policía  porque  sus  agentes  les  colaboraban  a  los  paramilitares.  Bajo  tales  supuestos,  concluye,  se  demuestra que sí existe  prueba sobre la insuperable coacción ajena.   

          En  esos  términos,  acusa la sentencia por falta de aplicación de  los  arts.  277,  280,  282  y  283  del CPP, así como del art. 32-8 del CP, al  tiempo  que  afirma la aplicación indebida de los arts. 9, 32 y 407 del CP. Por  consiguiente,  solicita  a  la  Corte  que case la sentencia y, en consecuencia,  absuelva  al  acusado,  quien,  sostiene,  en  lugar  de  recibir beneficios por  colaboración fue condenado injustamente.   

  IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       Según  el  art.  205  inc.  1º  del  CPP,  la  casación  procede contra las sentencias proferidas en segunda instancia por los  Tribunales  Superiores  de  Distrito  Judicial,  en los procesos que se hubieran  adelantado    por    delitos    que    tengan    señalada   pena   privativa    de    la    libertad   cuyo  máximo  exceda  de 8 años.  De  manera  excepcional,  añade  el  inc.  3º  de  la  norma,  a  solicitud de  cualquiera  de  los  sujetos  procesales,  la  Corte,  discrecionalmente,  puede  admitir   la  demanda  de  casación  contra  sentencias  de  segunda  instancia  distintas  a  las  arriba  mencionadas,  cuando  lo  considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos por  la ley.   

          Por   otra   parte,  de  acuerdo  con  el  art.  212-3  ídem,  la  admisión  de  la  demanda de  casación  supone  su  debida  sustentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de  manera  clara  y  precisa  tanto las causales  invocadas  como  sus  fundamentos. Ello implica acreditar la necesidad del fallo  de  casación,  de  cara al cumplimiento de alguno de sus fines, establecidos en  el    art.    206   ídem  (efectividad   del   derecho   material,   respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los agravios inferidos a éstos y unificación  de la jurisprudencia).   

             Ese   propósito  no  se  consigue  de  cualquier      manera.     A     voces     del     art.     213     ídem,  el libelo será inadmitido cuando  el  demandante  carezca  de  interés  o  la  demanda  no  reúna los requisitos  formales  de  rigor.  Tampoco,  como lo ha precisado la Corte, si se advierte la  irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales  exigencias  derivan  de la naturaleza extraordinaria y rogada  del  recurso  de  casación,  características  enraizadas  en la presunción de  acierto  y  legalidad  inherente  a  los  fallos  de instancia. A partir de esta  presunción,  se  asigna al censor la carga de acreditar que con la sentencia se  causó   un  agravio,  apoyándose  para  ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas en la ley (art. 207 del CPP).   

          En   ese   entendido,   el  libelo  debe  someterse  a  estrictas  y  específicas  reglas de postulación y bastarse a sí mismo para demostrar tanto  la  existencia  del  yerro  planteado  como  su  trascendencia. De suerte que el  recurso  extraordinario y la intervención de la Corte, conforme al principio de  limitación,  por  regla  general  se restringe a verificar dichos aspectos, sin  que  sea  dable  al  censor exponer una abierta discordancia de criterios con lo  determinado  en las instancias ni prolongar la controversia que finalizó con la  sentencia.  Pues  la  casación no es una tercera instancia del proceso penal ni  constituye  un escenario propicio para postular cualquier clase de irregularidad  en el trámite surtido.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,    la   debida   sustentación   implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de garantías fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          Si  la  demanda  incumple  con las aludidas exigencias formales para  estudiarla   de  fondo  o  se  establece  de  entrada  su  falta  total  de  idoneidad,  de  cara a los fines  inherentes a la casación, la decisión debe ser la inadmisión.   

          4.2                       Como  a  continuación  se expondrá, la demanda  bajo  estudio  no  satisface los requisitos legales y jurisprudenciales para ser  admitida.   

           4.2.1              En  primer  lugar, habiéndose  juzgado  al  acusado  por  la  comisión del delito de cohecho por dar u ofrecer  (art.  453 CP), el cual prevé una pena de prisión entre 3 y 6 años, fácil se  advierte   que  el  demandante  estaba  obligado  a  justificar  la  procedencia  excepcional  del  recurso  extraordinario,  en  los términos del art. 205 inc. 3º del CPP. Empero, aquél  desatendió  por  completo  tal  previsión normativa, en tanto ni siquiera hizo  mención  a la casación discrecional; mucho menos llevó a cabo fundamentación  alguna sobre sus exigencias.   

          El  examen  sobre  la  procedencia  de  la  casación  por  la  vía  discrecional,  ha  precisado la Sala (CSJ AP 16.12.2015, rad. 46.161), impone al  demandante   una   carga   argumentativa   en   punto  de  la  necesidad  de  un  pronunciamiento  de  fondo,  en  orden  a  desarrollar  la jurisprudencia o para  salvaguardar  las  garantías  fundamentales  de  las  partes  o intervinientes.   

En esas condiciones, si lo perseguido por el  censor  es  el  desarrollo de la jurisprudencia, ha de acreditar, con claridad y  suficiencia,  la  necesidad  de  emitir  un  pronunciamiento en relación con un  determinado  aspecto jurídico, para unificar posturas conceptuales encontradas,  con  el fin de actualizar la doctrina o para abordar un tópico aún no tratado.  Ello,  justificando  cómo  la decisión solicitada tiene la utilidad de brindar  solución  al  asunto que se examina y, a su vez, servir de guía a la actividad  judicial.   

Si  lo  pretendido,  por  otra  parte, es la  garantía  de  los derechos fundamentales, al censor le asiste la obligación de  poner  de  manifiesto,  con  la  misma  claridad y suficiencia argumentativa, la  violación     de     alguna     garantía     ius  fundamental,  indicando  las  normas que la consagran,  evidenciando  de  qué  manera  fue  vulnerada en la actuación y demostrando su  trascendencia en el fallo impugnado.   

Así, pues, echándose de menos en la demanda  objeto   de   examen   una   argumentación  en  cualquiera  de  las  antedichas  direcciones,  existe  razón  suficiente para desestimarla. El censor no acude a  la  casación  para  proponer  el desarrollo de la jurisprudencia ni acredita la  conculcación   de   ninguna  garantía  fundamental.  Únicamente  plantea  una  discusión    sobre   apreciación   y   valoración   probatoria   -además   carente   de   toda  técnica,  como  más  adelante  se  expondrá-,  del todo insuficiente para justificar, por  sí  misma,  su  admisión  excepcional  (cfr., entre  otros,  CSJ  AP  27.03.2007,  rad. 26.651, 09.12.2009, rad. 29.155 y 24.04.2013,  rad. 38.113).   

4.2.2 Pero aun admitiendo hipotéticamente el  cumplimento  de  las  mencionadas  exigencias  argumentativas,  la admisión del  libelo  en  todo  caso está condicionada a que se reúnan los demás requisitos  legales,  los  cuales tampoco satisface la censura bajo examen. La sustentación  de  los cargos no sólo se ofrece inadecuada en lo formal, por incumplir con los  presupuestos  mínimos de lógica, precisión y claridad; además, los reproches  se advierten infundados.   

En efecto, la censura vulnera los principios  de  coherencia  y  no  contradicción, incumpliendo las exigencias de claridad y  precisión,  como  quiera  que  formula  reproches excluyentes. En relación con  la misma prueba -versión    del   acusado   en   la   indagatoria-,   el   libelista,   por   una   parte,   denuncia   una   valoración  alejada  de las reglas de la  sana   crítica;   por   otra,   sostiene  que  fue  absolutamente  inobservada, afirmando un falso juicio de  existencia  por omisión. Mas tal planteamiento es lógicamente insostenible, ya  que  no  puede  valorarse una  prueba  que  no  se apreció,  en  la  medida  en  que  se hizo total abstracción de ella. Tales proposiciones  excluyentes,  entonces, impiden a la Corte desentrañar el verdadero sentido del  planteamiento.   

Con  todo,  el  reclamo  por falso juicio de  existencia   por  omisión  es  manifiestamente  infundado.  Esta  modalidad  de  infracción  indirecta o mediada de la ley se presenta  cuando,   al   proferir   la   sentencia   impugnada,   el  fallador   desconoce   por   completo   el   contenido   material   de  una  prueba     debidamente     incorporada     a    la  actuación.  Mas  una simple  consulta  de  las  sentencias  de  instancia  deja  ver  que  la  prueba sí fue  apreciada  por los falladores, tanto así que el dicho del acusado constituye el  medio  de  conocimiento  fundamental  para haber dictado sentencia condenatoria;  cuestión  diferente  es  que los juzgadores, en punto  de  valoración, le hayan negado crédito probatorio a  la  versión  de  RAFAEL  PALOMINO,  en  relación  con los supuestos de hecho a  partir de los cuales alega ausencia de responsabilidad penal.   

4.2.3  Además,  aun  intentando superar las  antedichas  infracciones  para  entender  que,  en  verdad, la censura se dirige  contra   el   proceso   de  valoración  probatoria,   lo  cierto  es  que  el  reclamo  está  completamente  desprovisto  de  aptitud  sustancial,  lo  que  de  entrada  le  niega cualquier  posibilidad  de  admisión.  Si  bien  el  libelista  invoca  un  postulado  con  estructura  general  y  abstracta,  fundado en la experiencia, a partir del cual  cuestiona  la  valoración  aplicada  a  la  versión del procesado, el reproche  está  en  incapacidad  de  derrumbar  la  estructura probatoria que sustenta la  declaratoria   de   responsabilidad   penal,   en   razón  de  su  inatinencia.   

          De   acuerdo   con   la   jurisprudencia  de  la  Sala  (cfr.,  entre otras, CSJ AP 24.02.2016, rad. 43.017; AP 25.05.2016,  rad.  45.660  y  AP  29.06.2016,  rad. 44.42), desde el  punto  de  vista sustancial, tratándose de censuras por violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  errores  de hecho, al demandante le asiste el deber de  desarrollar    un   ejercicio   de   deconstrucción  de  los  fundamentos  probatorios de las sentencias de  instancia,  que  conforman  una  unidad  decisoria.  Esto  presupone  comprender  debidamente  la  estructura  probatoria  y la motivación expuesta en los fallos  cuestionados,  así  como  reseñarlos  con  fidelidad;  de  lo contrario, si el  censor  denuncia  un  yerro  derivado  de  un escrutinio probatorio diverso  al  aplicado por los juzgadores,  la  refutación  se  tornaría  totalmente  ineficaz por inatinencia. Pues no se  puede  derrumbar  una  estructura  argumentativa si se atacan bases diferentes  a  las que la sustentan, como  tampoco si éstas no se refutan con suficiencia.   

          Bajo  esa  óptica,  la  Sala  advierte  que  la  censura  por falso  raciocinio   se   ofrece   del   todo  inidónea  para  provocar  una  decisión  sustancialmente  diversa  a  la  consignada  en las sentencias impugnadas, en la  medida  en  que  la  refutación  planteada es desatinada para remover las bases  probatorias    que    determinaron    la    declaratoria    de   responsabilidad  penal.   

Según   se  extracta  de  las  sentencias  confutadas2,  la  actuación  del  acusado bajo insuperable coacción ajena fue  descartada  probatoriamente, a la luz de la premisa según la cual aquél, en su  condición  de  experimentado  abogado  penalista  con un buen nivel económico,  libre  y  voluntariamente,  aceptó  trabajar  para  un  grupo  armado  ilegal y  someterse  a sus reglas, consciente de los métodos y dinámicas delincuenciales  que  caracterizaban  su actuar criminal, incluida la práctica de ofertar dinero  para corromper funcionarios.   

En  esos  términos,  estima  la Sala, si el  juicio  de  reproche radicó en que el procesado no fue obligado ni constreñido  a  defender  paramilitares,  sino  que  voluntariamente  aceptó representarlos,  consciente  de  que prestaba sus servicios a un grupo de criminalidad organizada  que  no  procuraba  la  defensa  legítima  de  sus  integrantes  en actuaciones  penales,  sino  el  logro  de  beneficios  mediante  prácticas de corrupción y  “torcidos”,  intrascendente  resulta  alegar  que,  en  el  marco  de  dicha  relación, haya  recibido  presiones para obtener resultados, por pertenecer a la “nómina”   de  abogados  de  las  AUC.   

La       verdad       construida  en  las instancias no es la de  un   profesional   del  derecho  que,  habiendo  pactado  con  sus  clientes  la  representación   y   defensa   de   éstos  ante  las  autoridades  judiciales,  dentro  de  los  cauces  de  la legalidad,   fue  posteriormente  constreñido  a  ejercer  corruptamente  el  mandato  profesional.  No.  Para  los  falladores,  las pruebas dan cuenta de un  abogado  que,  conocedor  de  que  era  contratado  para corromper con dádivas,  aceptó  el  mandato  y,  después,  al  sentirse amedrentado por las dinámicas  criminales     del     grupo    para    el    que    decidió    “laborar” acudió a las autoridades para  denunciar.   

Y  esa  realidad  no  es  la  atacada por el  demandante,  quien,  pretendiendo anteponer su lectura particular de los hechos,  invoca  una  regla  de experiencia aplicable a una víctima, cuando las premisas  fácticas  fijadas  en las sentencias confutadas -cuya  incompatibilidad  con  las  reglas  de  la  sana  crítica no pone en evidencia-  no  reconocieron  en  el  procesado  tal  calidad. Por  consiguiente,  el  reproche  por  falso  raciocinio  formulado  por el libelista  carece de toda trascendencia.   

               4.3                   Así,   ante   los   insalvables   defectos  de  fundamentación  que  la  Corte  no  puede  enmendar por virtud del principio de  limitación  que  gobierna  la  casación,  se inadmitirá la demanda estudiada,  pues  tampoco  se  observa  a  simple  vista la vulneración de alguna garantía  fundamental  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala, en  los términos del artículo 216 del CPP.   

          En  mérito  de lo expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada en nombre de RAFAEL DARÍO PALOMINO SILVA.   

         Contra esta decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

            1  Tesis que si bien  la  Sala  estima  incorrecta en línea de principio, se abstendrá de revisar de  cara  al  caso  bajo examen, por cuanto podría conllevar a la agravación de la  pena  impuesta,  en  vulneración  del  principio  non  reformatio   in   pejus  (art.  31  inc.  2º  de  la  Constitución).    

            2  Cfr. fls. 113-114  cuaderno del juicio y 20-24 cuaderno segunda instancia.     

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