AP5871-2016(45984)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP5871-2016  

Radicación N° 45.984  

(Aprobado Acta Nº 274  

Bogotá D.C., agosto treinta y uno (31) de dos  mil dieciséis (2016)   

VISTOS  

          Con   el   fin   de   constatar  si  satisface  las  condiciones  de  admisibilidad,  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación presentada por la  defensora  de  REYES  MURILLO SÁNCHEZ y EDUARDO ENRIQUE PATACÓN PÉREZ, contra  la  sentencia  del  10  de  noviembre  de  2014, proferida por la Sala Penal del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá.     

I. HECHOS  

            EDUARDO  ENRIQUE  PATACÓN  PÉREZ,  a  través  del abogado REYES  MURILLO  SÁNCHEZ,  promovió  un proceso ordinario de pertenencia contra María  Ligia   Martín  León,  Benjamín  Martín  y  Octaviano  Martín  Martín.  El  conocimiento  de  la  demanda, presentada en la oficina judicial de Bogotá el 7  de  febrero  de  2004,  le  correspondió  al  Juzgado  29  Civil  del Circuito.   

          En  el  poder  conferido  para  promover la acción, EDUARDO ENRIQUE  PATACÓN    afirmó,    bajo    la   gravedad   del  juramento,   ignorar  las  direcciones  de  domicilio  personal   y   laboral   de   los   demandados.   Tal  afirmación  juramentada  fue reiterada por el abogado  MURILLO  SÁNCHEZ  al  presentar  la  demanda,  en  la que, con el propósito de  solicitar  el emplazamiento,  también  aseveró  que  aquéllos  no figuraban en el directorio telefónico de  Bogotá.  Esta  última  solicitud  fue reiterada por el prenombrado profesional  del  derecho  mediante  memorial  presentado  al Juzgado el 27 de enero de 2005.   

          Tras  haberse  admitido  el  libelo y efectuado el emplazamiento, el  Juez  decretó  la  nulidad  del  proceso a través de auto del 10 de octubre de  2007,  por  indebida  notificación.  Con  posterioridad,  en  el  marco  de  un  incidente  sancionatorio  adelantado  en  contra  del  demandante y su apoderado  judicial,  se estableció que éstos faltaron a la verdad en las manifestaciones  juradas,  pues  tenían  pleno conocimiento de la dirección de notificación de  Octaviano  Martín.  Éste,  además de figurar en el directorio telefónico con  su  respectiva dirección, acudió a una audiencia llevada a cabo el 23 de julio  de  2004  en  el  Centro  de  Conciliación  de la Universidad La Gran Colombia,  solicitada  por  REYES  MURILLO  SÁNCHEZ,  en  calidad  de apoderado de EDUARDO  ENRIQUE PATACÓN PÉREZ.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

          Por  medio de la resolución del 23 de junio de 2009, con base en la  compulsa  de  copias  ordenada  por el Juez 29 Civil del Circuito de Bogotá, la  Fiscalía   253   Seccional  de  la  ciudad  abrió  investigación  preliminar.   

          El  29  de  junio  de  2011, EDUARDO ENRIQUE PATACÓN PÉREZ rindió  indagatoria,  mientras  REYES  MURILLO  SÁNCHEZ  fue  escuchado  con  el  mismo  propósito  el  20  de  septiembre  subsiguiente.  A  la  hora  de  resolver  la  situación   jurídica,   el   fiscal   se   abstuvo   de   imponer   medida  de  aseguramiento.   

          Cerrada  la  instrucción,  la  Fiscalía  calificó  el mérito del  sumario  el 4 de enero de 2012. Profirió resolución de acusación en contra de  EDUARDO  ENRIQUE  PATACÓN  PÉREZ  y  REYES  MURILLO  SÁNCHEZ,  como probables  autores  del  delito  de  falso testimonio y coautores de fraude procesal (arts.  442  y 453 CP), decisión que, tras ser apelada por la defensora, fue confirmada  el  29  de  marzo  de  idéntica anualidad, por la Fiscalía 22 delegada ante el  Tribunal Superior de Bogotá.   

          La  etapa  de  juicio  le  correspondió  al  Juzgado  55  Penal del  Circuito  de  la ciudad, despacho que dictó sentencia el 24 de febrero de 2014.  Por  una parte, decretó la cesación de procedimiento en relación con el cargo  de  falso  testimonio,  por  haber operado la causal de extinción de la acción  penal  de  prescripción;  por  otra,  condenó  a  los  acusados  a  las  penas  principales  de  48  meses  de  prisión, multa de 200 salarios mínimos legales  mensuales  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  60  meses,  por  haberlos hallado responsables como coautores del delito de  fraude  procesal.  De  otro  lado,  les  concedió  el  subrogado de suspensión  condicional de la ejecución de la pena de prisión.   

          La  anterior  determinación  fue  impugnada por la defensora de los  procesados,  dando  lugar  al  fallo de segunda instancia arriba mencionado, por  cuyo medio se confirmó íntegramente la condena impuesta.    

          Dentro  del  término  legal,  la  defensora  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y allegó la respectiva demanda, lo que motiva el  conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          Al  amparo  del  art.  207-1 de la Ley 600 de 2000 (CPP), la censora  formula  dos  cargos  contra la sentencia de segunda instancia. En primer lugar,  le       atribuye       a       ésta       la      violación      indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  errores  de  hecho consistentes en falso juicio de existencia. En segundo orden,  denuncia    la    infracción    directa  de la ley, derivada de la aplicación indebida del art. 453 del CP  y    la    falta    de    aplicación    de    los   arts.   32-5   ídem,   232   del   CPP   y  83  de  la  Constitución.   

          Los  juzgadores,  prosigue,  incurrieron  en cuatro errores de hecho  por  no  declarar  probados, “estándolo”,  los  siguientes  enunciados  fácticos:  i)  al  presentar  la  demanda  de  pertenencia,  el  abogado  REYES  MURILLO  SÁNCHEZ  desconocía la  dirección  de  los  demandados;  ii) aquél formuló el libelo con base en  la  información  suministrada por su mandante, EDUARDO ENRIQUE PATACÓN PÉREZ;  iii)  a  la  luz  del  art.  407 del CPC, el emplazamiento es obligatorio en los  procesos   de   pertenencia  y  iv)  el  mandatario  judicial  actuó  de  buena  fe.   

          Ello,  expone,  fue el producto de haber  “ignorado  o echado   de  menos”  el  testimonio  de  Emilio  Chávez  Hurtado,  practicado  en  la  etapa  de  juicio.  Aquél, dice,  manifestó  que,  al  momento  de  otorgar  el  poder para iniciar el proceso de  pertenencia,  EDUARDO  ENRIQUE PATACÓN PÉREZ no informó que la dirección del  demandado  Octaviano  Martín  Martín era la carrera 69 J # 64 H-93 de Bogotá.  Sin   embargo,   subraya,  desconociendo  los  arts.  232  y  238  del  CPP,  el  ad   quem   valoró   la  declaración  en  contravía  de  “las reglas de la  sana crítica”.   

          En  el  proceso,  continúa,  no existe ninguna prueba indicativa de  que,  para el 7 de febrero de 2004, cuando se presentó la demanda en la oficina  judicial,  el  abogado  MURILLO  SÁNCHEZ  conocía  la  dirección de Octaviano  Martín.  Ahí,  enfatiza,  se  identifica el “falso  juicio  de  existencia”.  Si bien, resalta, hubo una  solicitud  de conciliación prejudicial donde se indicó la dirección de aquél  -a  fin  de  promover otro proceso en su contra- la radicación del documento en  el  Centro  de  Conciliación  de  la  Universidad  La  Gran  Colombia  data del  4  de julio de ese año. Por  ello,   sostiene,   no   es  dable  concluir  que  el  profesional  del  derecho  ya conocía la dirección de  Octaviano  Martín,  al momento de presentación de la  demanda.   

          En       virtud       de       esa      incorrecta      “valoración” de la prueba, finaliza,  el  Tribunal  aplicó indebidamente el art. 453 del CP, aserto a partir del cual  demanda que se case el fallo de segundo grado.   

          Por  otra  parte,  a  la  hora  de sustentar el cargo por violación  directa   de   la   ley  sustancial,  alega,  REYES  MURILLO  SÁNCHEZ  recibió un poder para iniciar un  proceso  de  pertenencia y, con base en ello, redactó la respectiva demanda. En  Colombia    y    “en    cualquier    país    del  mundo”, añade, los abogados litigantes redactan las  demandas  para  iniciar  cualquier acción judicial, con fundamento en los datos  suministrados   por   el   poderdante,   quien  “le  manifiesta  a  su  mandatario desconocer la dirección y lugar de trabajo de las  personas  que  pretende demandar”. Por ello, subraya,  es   “lógico”  que  el  profesional   del   derecho   estructure   la   demanda  con  esa  información.   

          En  ese  contexto,  destaca, se comete fraude procesal cuando en los  procesos  se aportan pruebas falsas o adulteradas; mas ello, afirma, no ocurrió  en  el  presente  caso.  Si  es  la  propia  ley  (art.  407  CPC) la que ordena  manifestar  bajo  juramento  que  se  desconoce  la  dirección  del demandado y  emplazar  a  personas  determinadas e indeterminadas con interés en el proceso,  mal  podría  sancionarse  a  un  abogado  que recibe un poder para efectuar una  gestión  judicial. El mandatario, enfatiza, presume la buena fe del poderdante.   

          Con  base en ello, concluye, se acredita la falta de aplicación del  art.  32-5  del  CP  -que  exonera  de  responsabilidad  penal a quien actúe en  ejercicio  de una actividad lícita-, así como de los arts. 83 constitucional y  232  del  CPP.  De  ahí que, añade, también se aplicara indebidamente el art.  453  del  CP, por lo que, en su criterio, debe casarse la sentencia y absolverse  a los acusados.   

  IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

          4.1                       De  acuerdo  con  el  art.  212-3  del  CPP,  la  admisión    de    la    demanda    de    casación   supone   su   debida            sustentación. El censor está obligado a  consignar  de  manera  clara  y  precisa  tanto  las causales invocadas como sus  fundamentos.  Ello  implica  acreditar  la  necesidad del fallo de casación, de  cara  al  cumplimiento  de  alguno  de  sus  fines,  establecidos en el art. 206  ídem   (efectividad  del  derecho  material,  respeto de las garantías de los intervinientes, reparación  de    los    agravios    inferidos    a    éstos    y    unificación   de   la  jurisprudencia).   

             Ese   propósito  no  se  consigue  de  cualquier      manera.     A     voces     del     art.     213     ídem,  el libelo será inadmitido cuando  el  demandante  carezca  de  interés  o  la  demanda  no  reúna los requisitos  formales  de  rigor.  Tampoco,  como lo ha precisado la Corte, si se advierte la  irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

          Tales  exigencias  derivan  de la naturaleza extraordinaria y rogada  del  recurso  de  casación,  características  enraizadas  en la presunción de  acierto  y  legalidad  inherente  a  los  fallos  de instancia. A partir de esta  presunción,  se  asigna al censor la carga de acreditar que con la sentencia se  causó   un  agravio,  apoyándose  para  ello  en  las  causales  taxativamente  consagradas en la ley (art. 207 del CPP).   

          En   ese   entendido,   el  libelo  debe  someterse  a  estrictas  y  específicas  reglas de postulación y bastarse a sí mismo para demostrar tanto  la  existencia  del  yerro  planteado  como  su  trascendencia. De suerte que el  recurso  extraordinario y la intervención de la Corte, conforme al principio de  limitación,  por  regla  general  se restringe a verificar dichos aspectos, sin  que  sea  dable  al  censor exponer una abierta discordancia de criterios con lo  determinado  en las instancias ni prolongar la controversia que finalizó con la  sentencia.  Pues  la  casación no es una tercera instancia del proceso penal ni  constituye  un escenario propicio para postular cualquier clase de irregularidad  en el trámite surtido.   

          De  ahí  que,  como  pacífica  y  reiteradamente viene diciendo la  Corte,    la   debida   sustentación   implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

          Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de  acreditación de la  afectación  de garantías fundamentales, la idoneidad  sustancial  de  la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el  entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

          Si  la  demanda  incumple  con las aludidas exigencias formales para  estudiarla   de  fondo  o  se  establece  de  entrada  su  falta  total  de  idoneidad,  de  cara a los fines  inherentes a la casación, la decisión debe ser la inadmisión.   

          4.2                       En  el  asunto bajo examen, la censora invoca la  casación  en  su  modalidad  excepcional  o discrecional (art. 205 inc. 3º del  CPP).  Bajo  el  entendido  que  el  delito de fraude procesal comporta una pena  máxima  que  no supera los ocho años de prisión (art. 453 del CP)1,  pretende el  restablecimiento  de  la  garantía  fundamental  a la presunción de inocencia.  Empero,  tal  advertencia se queda en un enunciado insustancial, toda vez que no  evidencia  fehacientemente  cuál  es la conculcación concreta cometida por los  juzgadores   ni   propone   algún   supuesto   dirigido  al  desarrollo  de  la  jurisprudencia.  En  lugar  de ello, plantea una amalgama de críticas contra la  sentencia  de  segunda  instancia,  que  no  sólo  contravienen  las antedichas  exigencias   mínimas   de   fundamentación,   sino   que  además  se  ofrecen  infundadas.   

          Como  a continuación se expondrá, los reproches formulados, en los  que  se  denuncian  yerros de apreciación probatoria e infracciones directas de  la  ley  sustancial,   no  son desarrollados con sujeción a las exigencias  propias   de   las   causales   invocadas,  omiten  el  deber  de  acreditar  la  trascendencia  y  contravienen  los  principios  de  autonomía, coherencia y no  contradicción.   

         

          4.2.1  De  acuerdo  con  el art. 207-1 del CPP, la casación procede  cuando  la  violación  de una norma de derecho sustancial proviene, entre otras  eventualidades,  de  errores  de hecho en la apreciación de determinada prueba.  Allí  se  encuentra  consagrada la modalidad de infracción indirecta o mediada  de  la ley sustancial, por yerros en la construcción de la premisa fáctica    del   silogismo   jurídico.   

          Cuando   en  esta  sede  se  acude  a  la  violación  indirecta de la ley sustancial por errores  de  hecho  en  las  fases  de observación  o  valoración  de  la prueba, ha de acreditarse, entonces, el desconocimiento de una situación  fáctica,   producto   de  la  incursión  en  falsos  juicios  de  existencia,   de   identidad   o   falso  raciocinio.   

          La   primera   de   dichas   hipótesis,  que    es    la    modalidad    de    infracción     invocada    por    la  demandante,  se  presenta  cuando,   al   proferir   la   sentencia   impugnada,   el  fallador   desconoce   por   completo   el   contenido   material   de  una  prueba  debidamente  incorporada  a  la  actuación;  también,  cuando  le  concede  valor probatorio a una que jamás fue recaudada,  suponiendo su existencia.   

          Además,   la  acreditación  del  falso  juicio   de   existencia  no  sólo  exige  al  censor  identificar  la prueba omitida o supuesta, sino también poner en evidencia qué  se  acredita  con ella y cómo, de haber sido apreciada conforme a las reglas de  la  sana  crítica,  en  conjunto con los demás medios de conocimiento, habría  conducido a variar las conclusiones del pronunciamiento de fondo.   

          Desde  esa  perspectiva,  fácil  se  advierte  la insuficiencia del  reproche  por  falso  juicio  de  existencia,  así como su carencia absoluta de  fundamento.  Pues la revisión de las sentencias de primera y segunda instancia,  que  conforman  una  unidad  decisoria,  pone en evidencia que los falladores de  ninguna  manera  desconocieron  el testimonio de Emilio Chávez Hurtado, como lo  afirma la libelista.   

          Efectivamente,  en  respuesta  al  recurso de apelación interpuesto  por   la   defensora   contra   el   fallo   de   primer   grado,   el  Tribunal  determinó2   que   lo   dicho   por   el   dependiente  judicial  Emilio  Chávez  Hurtado carece de crédito probatorio, en la medida en  que  quien  tomaba  las decisiones era el abogado REYES MURILLO SÁNCHEZ. Según  la  sentencia,  la versión del prenombrado testigo no es sólida, por cuanto lo  probado  no  es  que  EDUARDO  PATACÓN PÉREZ y su abogado hubieran actuado con  ligereza,   sino  en  ejecución  de  un  plan  preconcebido  entre  mandante  y  mandatario,  tendiente  a  adelantar  el  proceso  de  pertenencia  sin  enterar  debidamente  a  uno  de los demandados, cuya dirección de residencia conocían.   

          En    similar   sentido,   el   juez   a  quo  destacó  que  la  declaración  de  Emilio  Chávez, en lugar de reforzar las  hipótesis  exculpatorias  expuestas por los procesados, basadas en una supuesta  actitud  negligente del profesional del derecho y su auxiliar en la elaboración  de  la  demanda  de  pertenencia,  lo que denota es una intención consciente de  ocultar   información   al   juez   civil  para  afectar  la  integración  del  contradictorio  dentro  del  proceso de pertenencia. Ello, por cuanto, según la  sentencia  de  primera  instancia,  no  era  necesario  iniciar una búsqueda de  direcciones,  dado  que  EDUARDO  PATACÓN  conocía  donde  residía  Octaviano  Martín  desde  hacía  mucho  tiempo. Y, se destaca en el fallo, aun admitiendo  hipotéticamente  que  el  mandante  le  hubiera  ocultado  esa  información al  abogado   REYES  MURILLO,  asistiéndole  a  éste  el  deber  de  consultar  el  directorio  telefónico por disposición legal, lo cierto es que afirmó bajo la  gravedad  del  juramento  que en esa guía no figuraba el señor Martín, cuando  lo   cierto   es   que   sí  estaba  registrado  en  el  directorio3.   

          Bien  se  ve,  entonces,  que  los  juzgadores  de las instancias no  desconocieron  por  completo  el  contenido  material  de  la prueba testimonial  referida   por  la  demandante,  lo  que  excluye  ab  initio  la  posibilidad  de configuración de un falso  juicio   de   existencia   por   omisión.  El  reclamo  deviene,  entonces,  en  absolutamente  infundado,  por  lo que mal podría ser admitido para provocar un  pronunciamiento de fondo en casación.   

          Aunado  a  lo  anterior,  confluyen otros defectos, de orden formal,  que  descalifican  la  aptitud  técnica  del  reclamo y denotan que, en verdad,  constituye  un  uso indebido del recurso extraordinario de casación, con el que  la  censora pretende la implantación de su lectura particular del caso sobre la  verdad procesal fijada en las instancias.   

          En  efecto, la sustentación contraviene los principios de claridad,  coherencia   y   no  contradicción,  por  cuanto  el  desarrollo  argumentativo  comprende  proposiciones  excluyentes  que  impiden  a  la Corte desentrañar el  verdadero  sentido  del  planteamiento. Sobre ese particular, afirma la censora,  el       testimonio      del      señor      Chávez      fue      ignorado o echado de menos, al tiempo que  pregona  una  valoración del  mismo  en  contravía  de las reglas de la sana crítica. La infracción lógica  es  manifiesta,  en  la  medida  en  que no puede valorarse una prueba que se ha  dejado de apreciar u observar.   

          Pero  aun  intentando  superar  la infracción para entender que, en  verdad,   la   censura   se   dirige   contra   el   proceso   de   valoración  probatoria, lo cierto es que  la  demanda  no  formula  ningún cargo por falso raciocinio, con respeto de las  exigencias  técnicas  pertinentes. Dicha modalidad de  error  se  configura  cuando  el  Tribunal observa la  prueba     en     su     integridad,     pero    al  valorarla   desconoce  los  postulados  de  la  sana  crítica,  es  decir,  una  concreta ley científica, un principio lógico o una  máxima de la experiencia.   

          A   efectos   de   acreditar   la   existencia  un  yerro  en  esas  condiciones,   el  censor ha de señalar la prueba  o  inferencia  en  la cual recayó el error. Posteriormente, debe identificar el  principio  lógico, la máxima de experiencia o el postulado científico que, en  concreto,  el  juzgador desconoció en el proceso de valoración probatoria, con  indicación  clara  y  precisa  de  las  razones  por  las cuales su aplicación  resultaba  necesaria  para  la  corrección  de la conclusión cuestionada en el  caso concreto.   

          Mas   ese   ejercicio  no  es  desarrollado  en  la  demanda,  donde  simplemente   se   alude   a   una   infracción  genérica  de  “las  reglas de la sana crítica”, basada  en  que,  por  una parte, los juzgadores no declararon probados unos hechos que,  para  la  libelista, sí lo  estaban;         por        otra,        se        concluyó        incorrectamente   que   REYES   MURILLO  conocía  la  dirección  de Octaviano Martín al momento de presentación de la  demanda.   

          Tales  planteamientos apenas constituyen reproches formulados con la  amplitud  propia  de  las  instancias.  La  censora, desconociendo la naturaleza  extraordinaria  del recurso  de  casación  y  los fundamentos probatorios de los fallos confutados, pretende  que  la  Corte  convalide  su  lectura  probatoria  del caso, en desmedro de las  premisas  fácticas,  argumentativas  y probatorias allí fijadas. Pasa por alto  que,  en  sede de casación,  se  está  obligado  a  destruir la doble presunción de acierto y legalidad que  cobija   a  las  sentencias  objeto  de  censura.  Ello  comporta  el  deber  de  desarrollar    un   ejercicio   de   deconstrucción  de  los  fundamentos  probatorios  de  los  fallos  de  instancia,  que  conforman una unidad decisoria (cfr.,  CSJ  AP  24.06.2015,  rad.  45.594;  AP 24.02.2016, rad. 43.017 y AP 30.03.2016,  rad. 42.397).   

          Y  en  el  libelo  bajo  examen  se  echa  de  menos  tal  tarea  de  deconstrucción.  Los  reproches  formulados  por  la  censora  son  carentes de  aptitud  para  ser  atendidos  en  casación  bajo  la óptica de la infracción  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho. Pues, como lo tiene dicho la  Sala,  no  hay  lugar  a  predicar  la  configuración  de  dicho  yerro  cuando  simplemente  se  presenta una apreciación probatoria que no se comparte, ya que  la  mera  disparidad  de  criterios  en  ese  aspecto no habilita para acudir al  recurso   de   casación   (CSJ  AP  03.12.09,  rad.  27.264).  En  la misma dirección, ha puntualizado que  la  simple  oposición  de  apreciaciones  subjetivas  contra  los razonamientos  probatorios  efectuados  por  el  juez  o  la  postulación  de  críticas  a la  actividad  valorativa,  formuladas  con  la  amplitud  propia  del  ejercicio de  contradicción  de  las  instancias  y  sin  el  debido  planteamiento técnico,  conduce    a    la   inadmisión   del   recurso   de   casación   (CSJ AP 16.06.2010, rad. 33.697).   

          4.2.2                       Por otra parte, al amparo del cuerpo primero del  art.   207-1   del   CPP,   la  casación  procede  por  falta  de  aplicación,  interpretación  errónea o aplicación indebida de una norma sustancial llamada  a  regular  el  caso. La norma estatuye la modalidad de infracción directa  o  inmediata  de  la  ley.  Ello  supone,  entonces,  que  el  error  denunciado  ha  de  contraerse  a  una  mera  oposición  entre la sentencia y la ley, sin que tenga cabida la intermediación  de  aspectos  probatorios,  con  base  en  los  cuales  el  juez fija la premisa  fáctica del silogismo jurídico.   

          En   consecuencia,   al   escoger  esta  vía  de  impugnación,  el  recurrente  acepta  tanto  la corrección de los enunciados fácticos fijados en  la  sentencia  como  el  correspondiente  escrutinio  probatorio.  Al  respecto,  mediante el AP 25.04.2007, rad. 26.9238, la Sala puntualizó:   

Por  abundante  doctrina jurisprudencial se  sabe  que  cuando el censor elige […] la violación directa de la ley se halla  en  el deber de aceptar los hechos, las pruebas y la valoración que de ellas se  hizo  en  las  instancias, y en tales circunstancias, no le es factible discutir  cuestiones  de  facto,  toda  vez  que  la  impugnación  es  de  estricto orden  jurídico    y    recae    sobre    la    ley    sustancial   por   una   de   estas   razones:   falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea.   

          En  la  misma decisión, la Corte describió las particularidades de  las     mencionadas    eventualidades    de    error,    en    los    siguientes  términos:   

Dentro  de  esa división tripartita de los  sentidos  de  la  violación  directa,  la  falta  de  aplicación  o exclusión  evidente  se  presenta,  por  regla  general,  cuando el juez yerra acerca de la  existencia  de  la  norma  y  por  eso  no  la aplica al caso específico que la  reclama.  Ignora  o desconoce la ley que regula la materia y por eso no la tiene  en  cuenta,  debido a que ha incurrido en error sobre su existencia o validez en  el tiempo o el espacio.   

Por su parte, en la aplicación indebida, el  juez  desatina  en la selección de la norma. El error se manifiesta en la falsa  adecuación  de  los  hechos probados a los supuestos que contempla el precepto,  ya  que  los  sucesos  procesalmente reconocidos no coinciden con las hipótesis  condicionantes del mismo.   

Finalmente, en la interpretación errónea,  el  juez  selecciona  bien  y  adecuadamente la norma que corresponde al caso en  cuestión,  y  efectivamente  la  aplica,  pero  al interpretarla le atribuye un  sentido  jurídico  que  no tiene, asignándole efectos distintos o contrarios a  los que le corresponden, o que no causa.   

          Pues  bien,  a  la  luz de las anteriores premisas, salta a la vista  que  el  reproche  por  violación  directa, formulado en adición del cargo por  violación   indirecta,  carece  igualmente  de  aptitud  formal  y  sustancial.   

          Como  con  anterioridad  se  reseñó,  la  demandante  se  queja de  múltiples   errores  de  adecuación  normativa,  cifrados  en  la  aplicación  indebida  del art. 453 del CP, así como en la falta de aplicación de los arts.  32-5  del  CP,  83  de  la Constitución y 232 del CPP. Mas en sustento de tales  reproches  no  desarrolla  ninguna argumentación indicativa de que el ejercicio  de  selección  normativa  o  la  hermenéutica  aplicada por los falladores son  equivocadas,  como tampoco ofrece razones para sustentar que su criterio es más  adecuado  desde  el  plano  interpretativo.  Es  decir, la censura no estriba en  meros  aspectos  de  oposición  entre  la  sentencia  y la ley, aplicables a la  construcción  de  la  premisa  jurídica de la decisión.   

          En  lugar de ello, la libelista estructura los reclamos a partir del  desconocimiento  de las premisas fácticas  fijadas en las decisiones confutadas. Ello es así, por cuanto, en  lugar  de  demostrar,  desde  el  plano  eminentemente  sustancial, por qué los  hechos     que     los    juzgadores    declararon  probados  no  realizan  la  descripción  típica  del  delito  de fraude procesal o configuran una causal justificante por ejercicio de  una  actividad  lícita,  sostiene,  por  una  parte,  que  EDUARDO  PATACÓN le  manifestó  a  REYES  MURILLO  desconocer  la dirección de notificación de los  demandados;   por  otra,  que  “en  Colombia  y  en  cualquier  país  del  mundo” los abogados litigantes  redactan las demandas con base en lo informado por sus poderdantes.   

          Empero,   esa   realidad  fáctica  no  fue  la  construida  en  las  sentencias  impugnadas.  Sintetizando,  la  hipótesis delictiva acogida por los  juzgadores  -que se reputa aceptada por la censora al  formular  un  cargo  por violación directa- estriba en  una  actuación mancomunada y pre acordada entre EDUARDO PATACÓN, en su calidad  de  mandante,  y REYES MURILLO, como mandatario judicial, dirigida a promover un  proceso   de   pertenencia   con   restricción   ilegítima   del   derecho  de  contradicción  de  los  demandados.  Esto,  concretado  en  la  activación del  trámite  de  emplazamiento,  derivado de un acto de inducción en error al juez  civil,  a  saber:  las  falsas  manifestaciones  juramentadas, consignadas en el  poder  para  presentar  la  demanda  de pertenencia y en ésta, en el sentido de  desconocer  la  dirección  de  notificación  de  todos  ellos,  pese a que los  procesados  conocían  la  dirección  de residencia de Octaviano Martín.    

          De  suerte  que,  al  insistir  en  enunciados diversos, como que el  abogado  actuó  de  buena  fe  basado  en  la  información suministrada por el  poderdante  y  que  no  se  aportaron  pruebas  falsas ni adulteradas al proceso  civil,  la  censura  cuestiona  los fundamentos fácticos de la decisión. Así,  desborda   la   unidad   lógica   del   reproche  por  violación  directa,  vulnerando  los  principios  de  coherencia  y  no contradicción, lo que a su vez desemboca en el incumplimiento  de las exigencias de claridad y precisión.   

          Pero  hay  más:  la sustentación también infringe el principio de  autonomía,    por    cuanto    el    reproche   por   violación   directa  no es autosuficiente para lograr  la  infirmación  de  la  sentencia.  Esto  lo hace depender la demandante de la  prosperidad  de otro reproche  antecedente,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial. En verdad, es a  partir  de  dichos cuestionamientos a la base fáctica de la decisión censurada  que  la  libelista  afirma  la  supuesta imposibilidad de que los acusados hayan  incurrido  en  la conducta punible de fraude procesal. Y ello queda en evidencia  cuando,    denunciando    la    infracción    de    una    norma   probatoria  (art.  232  CPP), enfatiza en  una  hipótesis  diversa a la consignada en las sentencias, esto es, la supuesta  actuación de buena fe del abogado litigante.   

          Además,   oculta  la  demandante  que  esa  supuesta  buena  fe  se  descartó  probatoriamente  en  la  sentencia  de  primera instancia4. En relación  con  EDUARDO  PATACÓN, porque éste, bajo la gravedad del juramento, manifestó  en  el  poder  para  presentar  la  demanda  de  pertenencia que desconocía las  direcciones  de  notificación de los demandados, pese a que, como lo reconoció  en   la   indagatoria,   sabía   dónde   ubicar  a  uno  de  ellos,   el  señor  Octaviano  Martín,  pues  mensualmente  le  cancelaba  a  éste  cuotas  de  arrendamiento;  de  cara a la  situación  del  abogado  REYES  MURILLO  SÁNCHEZ,  debido  a  que éste, en la  presentación  de  la  demanda,  no sólo juramentó desconocer la dirección de  domicilio  de  los  demandados,  sino  también  que  éstos no aparecían en el  directorio telefónico.   

          Empero,     destacó    el    juez    a  quo, tales afirmaciones del profesional del derecho se  ofrecen  del  todo  mentirosas,  por cuanto se probó en la actuación, mediante  certificación,  que el señor Martín sí figuraba en el directorio telefónico  -con      su      dirección-.      Además,  en  razón  a que, cuatro meses después de la radicación  de  la demanda de pertenencia, REYES MURILLO, en calidad de apoderado de EDUARDO  PATACÓN,  convocó  a Octaviano Martín a una diligencia de conciliación, cuya  solicitud  contenía de manera exacta la dirección de aquél; y pese a ello, en  enero  de 2005 presentó un memorial al Juzgado 29 Civil del Circuito de Bogotá  reiterando  la  solicitud  de emplazamiento, bajo el supuesto de que ignoraba la  dirección de residencia y de trabajo de los demandados.   

          Esas,   destaca  la  Corte,  fueron  las  razones  probatorias  que,  habiendo  sido  ratificadas por el Tribunal, soportan la decisión condenatoria,  basada  en el supuesto de hecho según el cual los procesados ejecutaron un plan  de  acción trazado y ejecutado conjuntamente, a fin de lograr el reconocimiento  de  una  pretensión  civil  suministrando  información  falsa, para perjudicar  ilegítimamente  los  intereses  de  los  demandados.  Y  en  vista  de  que esa  estructura  probatoria  no  es  refutada  por  la  censora, es innegable que los  reclamos  en  casación también carecen de aptitud sustancial. Pues mal podría  lograrse  una  decisión  distinta  si se atacan bases argumentativas diversas a  las que la sustentan.   

               4.3                   Así,   ante   los   insalvables   defectos  de  fundamentación  que  la  Corte  no  puede  enmendar por virtud del principio de  limitación  que  gobierna  la  casación,  se inadmitirá la demanda estudiada,  pues  tampoco  se  observa  a  simple  vista la vulneración de alguna garantía  fundamental  que amerite el ejercicio de las facultades oficiosas de la Sala, en  los términos del artículo 216 del CPP.   

          En  mérito  de lo expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  en  nombre  de  REYES  MURILLO  SÁNCHEZ  y EDUARDO ENRIQUE PATACÓN  PÉREZ.   

         Contra esta decisión no proceden recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  En  virtud  de  la  inaplicabilidad  del  art.  14 de la Ley 890 de 2004 al presente  caso.   

2 Cfr.  fls. 8-10 de la sentencia de segunda instancia.   

3 Cfr.  fls. 15-17 de la sentencia de primera instancia.   

4 Cfr.  fls. 11-19 de la sentencia de primera instancia.     

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