AP5850-2014(42432)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP5850-2014  

Radicación N° 42432  

(Aprobado Acta N° 318)  

Bogotá,   D.C.,   veinticuatro   (24)  de  septiembre de dos mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   Luis  Antonio Santiesteban Panqueva, contra  la  sentencia  proferida  el  1º  de agosto de 2013 por el Tribunal Superior de  Cúcuta,  que confirmó la dictada por el Juzgado Segundo Penal del Circuito con  funciones  de conocimiento de la misma ciudad y condenó al procesado como autor  del  delito  de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia de armas de fuego,  accesorios, partes o municiones.   

HECHOS  

          El      Ad      quem      resumió la cuestión fáctica de la siguiente manera:   

El día 09 de noviembre de 2011, a las 15:40  horas,  agentes  de la Policía Nacional adscritos al CAI del Barrio Doña Ceci,  estuvieron  realizando  labores  de  patrullaje en el sector del Minuto de Dios,  observaron  un  taxi  de  placas  URI  –  901  mediante  el  cual  se  desplazaban  dos personas que por su  actitud,  causaron  sospechas en los agentes, procediendo estos a interceptarlos  para  practicar  la  requisa respectiva; el detenerse el vehículo, su conductor  emprendió  la  huida,  procediendo el patrullero David Cabarico Rojas a ir tras  su   búsqueda,   mientras  el  patrullero  Jorge  Rosas  Jiménez  aseguró  al  tripulante,  quien  se  encontraba  sentado  al  lado  derecho  del conductor, y  manifestó que solo venía como pasajero.   

Al descender el aquí acusado del vehículo,  los  agentes  proceden a la requisa del mismo, encontrando en la silla en la que  venía  sentado,  un  revólver  marca Smith Wesson calibre 38 modelo 10-7476X8,  con  5  cartuchos;  en  la  silla  del  conductor,  debajo  de  un cojín verde,  descubrieron  otra arma de fuego tipo revolver calibre 38 marca Smith Wesson con  6   cartuchos,  también  se  encontraron  unos  sunchos  (sic)  plásticos.  Al  preguntársele  por el respectivo permiso para el porte de las armas, este (sic)  manifestó  que  no  tenía ningún tipo de documento. Los agentes procedieron a  la  captura  en  flagrancia  del  individuo que se identificó como LUIS ANTONIO  SATIESTEBAN  PANQUEVA,  el  cual  fue  puesto  a disposición de las autoridades  competentes1.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

2.  El  10  de  noviembre  de  2011, ante el  Juzgado  Noveno  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de garantías de  Cúcuta,  se  llevó  a  cabo  audiencia preliminar de legalización de captura,  formulación  de  imputación por el delito de tráfico, fabricación o porte de  armas  de fuego, e imposición  de   medida   de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario2.  Esta última determinación fue apelada  por  la  defensa  y  confirmada el 18 de igual mes y año, por el Juzgado Cuarto  Penal  del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento de esa ciudad3.   

          3.  El  Fiscal Séptimo Seccional presentó el escrito de acusación  el  6  de enero de 2012, por la misma conducta punible, descrita en el artículo  365         del         Código         Penal4.  La  audiencia  respectiva se  llevó  a cabo el 27 de enero de 2012 ante el Juzgado Segundo Penal del Circuito  con   funciones   de   conocimiento   de   Cúcuta5.   

La audiencia preparatoria tuvo lugar el 9 de  marzo  siguiente6  y  el juicio oral, luego de varios aplazamientos, inició el 21 de  septiembre        del        mismo        año7  y  culminó  el 14 de mayo de  2013,  fecha  en  que  se  anunció  sentido  de  fallo condenatorio8.   

El  14  de mayo siguiente el despacho dictó  sentencia   en   la   que   condenó  a  Luis  Antonio  Santiesteban  Panqueva, como  autor  responsable  del  delito  de  tráfico, fabricación, porte o tenencia de  armas     de     fuego,     accesorios,    partes    o    municiones,  a la pena de ciento catorce (114) meses  de  prisión  y,  por  igual tiempo, a las accesorias de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas y a la privación del derecho a la  tenencia y porte de arma.   

Le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria9.   

4.  El  Tribunal  Superior de esa ciudad, al  resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto por la defensa del procesado,  confirmó  en  su  integridad  la  decisión  del A quo  en  providencia del 1º de agosto del 201310.   

LA DEMANDA  

La  defensora  del  procesado  formula  dos  cargos,   luego   de  identificar  los  hechos,  la  actuación  y  los  sujetos  procesales.   

Primero (principal)  

Con apoyo en la causal segunda de casación,  aduce  el  desconocimiento  del  debido  proceso  por falta de motivación de la  sentencia del Tribunal.   

Refiere, en concreto, que una vez se emitió  el  fallo  del A quo, señaló  como  motivos  de inconformidad i) la falta de valoración o ponderación de los  «testigos de descargo», que  hicieron  referencia  a  la esencia fáctica, pero que sus dichos se trastocaron  para  dar  por  cumplida  la  exigencia  legal  y  condenar al procesado; ii) la  incongruencia  fáctica en relación con aspectos no contenidos en la acusación  y, iii) la duda para soslayar se condenara a un inocente.   

El  superior,  al respecto, no dio respuesta  clara  y  precisa,  sino  que  se  limitó  a  iterar  lo expuesto en la primera  instancia.   

Explica la censora que el ataque lo encaminó  a   la   «falta   de   autoría  o  participación»  de  su asistido en la conducta punible, pues las armas  se  encontraban  en el taxi porque el conductor las transportaba, no el pasajero  Santiesteban Panqueva.   

También expresó que emergía la duda de la  prueba  debatida  en el juicio, pero nada se explicó en la sentencia de segundo  grado  y  se  esperaba,  por  lo  menos,  un criterio judicial que rechazara ese  motivo    de    alzada,    así    como   lo   referente   a   la   «sorpresa  que  introduce  la Fiscalía cuando habla de arma debajo  de  nalgas  o  cuerpo  de  mi  asistido»,  que es una  situación  muy  distinta  a  la  registrada  como  cargo  en  la  audiencia  de  formulación de la acusación.   

Igualmente,  el fallador hace mención a una  serie  de  antecedentes  que  registra el encartado, reviviendo de esa manera el  derecho  penal  de  autor,  en  contravía  con la jurisprudencia y la doctrina,  cuando   claramente   refirió   la  falta  de  culpabilidad  dolosa,  y  que  los  testigos  no  imputaron de  manera  exclusiva  el  cargo  a su representado. Tampoco refutó el Ad   quem,  «el  motivo  de  la  inferencia  lógica de autoría en la conducta juzgada, de parte  del señor taxista».   

De cada aspecto propuesto contra la sentencia  de  primera  instancia, surgía la ausencia de motivos para tener a Santiesteban  Panqueva   como   responsable   de   llevar   consigo   o   portar  «a  su  alcance» arma de fuego de defensa  personal,  en  cuanto,  iba  de pasajero del taxi donde se transportaban las dos  armas,   pero  no  existe  relación  directa  y  exclusiva  de  su  autoría  y  participación.   

Luego de ilustrar el tema con jurisprudencia  de  esta Corporación, afirma que esa omisión afecta derechos fundamentales del  procesado  y,  en punto de la trascendencia, itera los argumentos ya resumidos y  que   la   afectación   más   gravosa   para   su   asistido  es  «la  alta  dosis  de  prisión  que  se  le inflige», la  cual  debe purgar en un sitio intramural traumático, además de  sufrir   las   consecuencias   de  esa  privación  de  la  libertad.   

Solicita se declare la nulidad parcial de lo  actuado,    a    partir    del    fallo    de    segunda   instancia,  para que se dicte de nuevo con el lleno  de las formalidades legales.   

Segundo     (subsidiario).   

Acude a la causal primera de casación, para  acusar  la  violación directa del artículo 365 del Código Penal y la falta de  aplicación del principio de presunción de inocencia.   

Precisa  que,  en este caso, la Fiscalía se  limitó  a  demostrar la ocurrencia de una conducta punible de transporte, no de  porte,  de  dos  armas  de  fuego,  pero  no probó el elemento subjetivo de esa  conducta,  «que  sólo  era  SANTIESTEBAN PANQUEVA un  pasajero  en  el  taxi,  cuyo  conductor  sí demostró culpabilidad al huir del  lugar     de     los     hechos,     cuando     la     policía     –sin  orden judicial- solicitó requisa  del automotor y de sus ocupantes».   

Nada más hizo por establecer la conciencia y  voluntad,  por  parte de su asistido de llevar consigo, portar o transportar, en  dicho  taxi,  dos  armas de fuego. En la acusación se ubica el arma en la silla  del  pasajero  del taxi, debajo de ella, es decir, que no era de conocimiento de  Santiesteban  Panqueva,  y  en  la  sentencia  de primera instancia, se dice que  «estaba  disque  debajo  de  las  nalgas o cuerpo del  pasajero»,   situación   que   conduce  a  la  duda  probatoria.   

Esa precariedad probatoria emerge del debate  en  el  juicio  oral,  pues  solo  se  valoró  el  testimonio de los policiales  captores,  quienes  en  ningún  momento  señalaron  que  el arma se encontraba  debajo    del   cuerpo   del   procesado.   Las   situaciones  confusas  sobre  el  sitio  del  hallazgo  del  artefacto,  la falta de prueba del conocimiento y voluntad del pasajero del taxi  y  su  nerviosismo,  conducen  a  la  duda  que  debe ser aplicada a favor de su  prohijado.   

En  orden  a sustentar el daño causado y la  trascendencia   del   yerro,   reproduce  los  mismos  argumentos,  ilustra  con  jurisprudencia   del   tema  del  in  dubio  pro  reo,  y  solicita que se case la sentencia recurrida y en su  lugar se absuelva a su defendido.    

CONSIDERACIONES  

          1.  La  demanda presentada por la defensora del procesado, no cumple  con  el  mínimo  rigor  lógico,  argumental y jurídico que permita declararla  formalmente  ajustada,  porque  es  evidente que acude a la casación como si se  tratara  de  una especie de instancia adicional al proceso, en tanto se sustrajo  de  demostrar defectos sustanciales en la estructura del fallo, con capacidad de  quebrar su vigencia.   

2.  En términos generales, fuerza insistir,  la  admisibilidad  del  libelo  está  sometida  a  que  el  sujeto procesal con  interés  jurídico demuestre,  (i) el agravio a los derechos  o   garantías  de  fundamentales,  (ii)  la  causal  de  casación  invocada  con  sujeción a las reglas que  gobiernan  la  postulación  y  desarrollo  de  los reproches, en el ámbito del  motivo   seleccionado   para   el   efecto   y,  (iii)  la necesidad de materializar alguna de las finalidades  del   recurso,   en   los   términos  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004.   

Dígase, para iniciar, que nada argumentó la  letrada  para  comprobar que se hace indispensable un pronunciamiento de la Sala  en  aras  de  cumplir  con  uno  de  los objetivos consagrados en el precepto en  cita.   

          Adicionalmente,   no   desarrolló   las  censuras  conforme  a  los  presupuestos  de  admisibilidad  recién  aludidos, sino que, como se verá, las  quejas  formuladas  en  cada  uno  de  los  reproches, únicamente obedecen a su  inconformidad con lo resuelto en las instancias.   

          3.  Si  bien  la  causal  de  nulidad  que  aduce en el cargo  principal  no exige formas concretas  para  su  postulación,  su  demostración  se debe ceñir a ciertos parámetros  lógicos  que  faciliten  la  comprensión  clara  y precisa del desacierto y su  directo  quebranto  a  la estructura básica de la actuación o a las garantías  fundamentales del procesado.   

De  igual  manera, será necesario atender a  los  principios  que  rigen  el  instituto,  así  como a los motivos de nulidad  taxativamente  consagrados  en  la  ley,  porque  no  se trata de enlistar todas  aquellas      actuaciones     que     se     estimen     irregulares,  ni  de  fundamentar  la  solicitud  en  criterios puramente subjetivos y aislados del acontecer procesal.   

Puntualmente,  cuando  se aducen defectos de  motivación  de la sentencia, resulta imperioso evidenciar el sustento fáctico,  jurídico  y  probatorio  en  ella  contenido,  para  hacer ver la deficiencia o  ambigüedad  de  tales  argumentos  y  de sus conclusiones. Por consiguiente, la  labor  demostrativa  del recurrente se debe orientar a exaltar aquellos aspectos  de  la  decisión  que  permitan identificar el desafuero, el cual puede ocurrir  por   i)   ausencia  absoluta  de  motivación;  ii)  motivación  incompleta  o  deficiente,  iii)  motivación ambivalente o dilógica o iv) motivación falsa o  sofística.   

La  viabilidad  de  esa especie de reproches  apareja  la  carga de confrontar los juicios del sentenciador con los reparos de  la   alzada,  en  orden  a  demostrar  la  real  ocurrencia  del  dislate  y  su  trascendencia.   

3.1.  En  el  asunto  que  se  examina,  la  defensora  acusa  falta de motivación en la sentencia del Tribunal pero incurre  en  evidente  imprecisión  al afirmar que no dio respuesta clara a los aspectos  de   inconformidad   expuestos  en  la  alzada,  pues  ese  supuesto,    por    simple   lógica,  no  comporta  ausencia  de  soporte del  fallo  y,  más  bien, denota  otra  especie de vicios que pueden estar referidos a una incompleta o deficiente  sustentación   -que  se  estructura  cuando  la  argumentación  es  precaria  y  no  permite  conocer el  sustento      de     la     decisión-,   o   también,  a  la  fundamentación  ambivalente      o     dilógica     -que  ocurre  cuando  los  argumentos de la decisión se contraponen  entre   sí   e   imposibilita   descubrir   su   verdadero  sentido-.   

Además,  desacierta  al  suponer  que  la  demostración   del  yerro  que  denuncia,  se  puede  sustentar  en  genéricos  reparos,  sin precisar, como  correspondía,  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  en  que  se apoya la  decisión   cuestionada,   por   lo  cual  no  evidencia  la  ocurrencia  ni  la  trascendencia     de     la     presunta     actuación    irregular.   

Con ese impreciso referente, asegura que nada  se  dijo  a  cerca  de  sus  réplicas,  alusivas a i) la falta de valoración o  ponderación      de      los     «testigos     de  descargo»,  que  hicieron  referencia  a  la  esencia  fáctica  de  los  cargos,  pero  que  sus  dichos  se  trastocan  en la primera  instancia  para dar por cumplida la exigencia legal y condenar al procesado; ii)  la  incongruencia  fáctica  en  relación  con  aspectos  no  contenidos  en la  acusación    y,    iii)   la   duda   para   soslayar   se   condenara   a   un  inocente.   

3.2.  No  obstante,  la Sala verifica que el  Tribunal    sí    se    ocupó    de    analizar    su   disenso   –donde   no   utilizó   el  término  incongruencia   fáctica   como   sí   lo   hace   en   esta   sede11- y,  por  tanto,  el  reproche  casacional  no  pasa  de  ser  una mera  enunciación    de    inconformidades    con   lo   allí   resuelto.   

En efecto, una vez precisó que los elementos  del  delito  de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia de armas de fuego,  accesorios  partes  o municiones, quedaron demostrados en el juicio oral, donde,  «según  los testimonios aportados, el arma estaba al  alcance  del  acusado,  pues  se  encontraba  debajo  del  sillón  donde estaba  sentado»12.   

Exaltó  el  juez  plural  que,  según  el  registro  de  audio, los agentes David Cabarico Rojas y Jorge Rosas Jiménez, en  sus  testimonios,  afirmaron  que  «vieron la actitud  sospechosa  en  la  persona  que  iba  como  pasajero  del  vehículo  y a quien  identificaron  en  la  Audiencia  como el acusado, razón por la cual decidieron  interceptar  el  vehículo,  hallando  el  arma  en  el  asiento  ocupado por el  pasajero,    es    decir    por    el    acusado»13.    

En punto de la duda probatoria reclamada por  la  defensora, bajo el supuesto que el arma se encontraba debajo del asiento del  pasajero,  el  Ad quem creyó  en  la  sinceridad,  veracidad y objetividad de los policiales cuando señalaron  que:   «1.   observaron  en  actitud  sospechosa  al  acusado  y  fue por eso que  decidieron  realizar  el registro. 2. El conductor huyó del lugar de los hechos  y  se  encontraron  dos armas de fuego, una de ellas en el asiento del pasajero.  3.  El  pasajero  no  quería bajarse del vehículo, es decir, no quería que se  hallara    el    arma    que   llevaba   consigo»14.   

Lo dicho hasta este momento, no evidencia la  aclamada  falta  de  respuesta a las quejas de la recurrente, sino su desacuerdo  con  el  mérito  probatorio  asignado  a  los  relatos  de los policiales y las  conclusiones  a  las que arribó la colegiatura, luego de examinar el cúmulo de  situaciones que   

rodearon  el  operativo  que  condujo  a  la  captura   y   consiguiente  judicialización  y  vinculación  de  penal  de  su  asistido.   

Postura  que  cobra  fuerza cuando de manera  fragmentaria,  cuestiona  al  juez  plural por aludir a la serie de antecedentes  que  registra  su  asistido, sin mencionar que previamente había hecho alusión  al  hallazgo,  dentro  del  taxi,  de  unos zunchos, que lo condujo a establecer  «un “modus operandi” debido a que son comúnmente  utilizado  (sic) por los delincuentes para someter sus víctimas amarrándolas y  colocándolas  en  indefensión».  Aspecto que la  colegiatura  apreció  importante,  en  atención  a  las  condenas  que  se han  proferido contra el acusado.   

Todo  lo  anterior  permite  evidenciar  la  absoluta falta de fundamento del reproche.   

4.  En  el  cargo  subsidiario,  donde acusa la  violación  directa  de  la  ley  sustancial, tampoco cumple con los parámetros  lógicos  que  permitan a establecer, de manera clara y precisa, que el fallador  erró en la aplicación del derecho.   

Bien  se  sabe que esta especie de censuras  deben  edificarse  en  el  plano  netamente  jurídico,  a  partir  de  la plena  admisibilidad  de  los  hechos tal como fueron declarados en el fallo y la forma  como  se apreció el conjunto probatorio que sirvió de sustento a la decisión,  bien  sea  para  demostrar  que  el  juzgador  erró  por  falta de aplicación,  aplicación    indebida    o    interpretación    errónea   de   un   precepto  sustancial.   

En  este  caso,  aun  cuando  la demandante  reprocha  la  violación  directa  del  artículo  365  del  Código  Penal, sin  concretar  la  modalidad,  es  posible  entender  que  se  trata  de la indebida  aplicación     del    precepto    pues,    enseguida,  invoca  la  falta  de  aplicación  del  principio  de  presunción de inocencia  previsto    en    el   canon   7º   de   la   Ley   906   de   2004,  pero  el  desarrollo  y sustento que le  imprime  a  la  censura  adolece  de  los  argumentos  orientados a demostrar la  ocurrencia  de  esos  defectos  de  selección  normativa  y su incidencia en la  decisión objetada.   

Precisamente, al fundamentar la censura con  la  reiteración  de  sus  discrepancias frente a los juicios de los juzgadores,  falta  al  compromiso  de evitar cualquier controversia fáctica y/o probatoria,  en  total  alejamiento  de los correctos parámetros de discusión en sede de la  violación directa.   

La   Sala,  de  tiempo  atrás,  ha  sido  insistente  en señalar que en esta sede ningún reproche se puede escudar en el  desacuerdo  que  se  tenga  con las consideraciones del juzgador, en cuanto a la  apreciación  y  el mérito asignado a los elementos de juicio, porque, de todos  modos,  el  criterio  judicial  prevalece  sobre  cualquier  otro,  salvo que se  demuestre,   con  apoyo  en  la  causal  de  casación  respectiva,  que  en  la  estimación  de  los  medios  de prueba desconoció los parámetros que rigen el  sistema de valoración probatoria.   

Así  las cosas, el planteamiento se exhibe  confuso,  pues  al  involucrar  argumentos  que responden a diversas especies de  error  –violación directa  e  indirecta-  es  imposible  determinar  cuál es el verdadero propósito de la  impugnante,  con  lo cual deja de lado los presupuestos de claridad y precisión  que  deben  ostentar las construcciones argumentativas destinadas a comprobar la  ilegalidad del fallo recurrido.   

Adicionalmente,  la casacionista insiste en  que  no  se  logró demostrar la responsabilidad de su defendido, quien solo era  un  pasajero  del  taxi  donde se transportaban las armas de fuego y desconocía  que   uno   de   los   artefactos   estaba   debajo   de   su  silla.   

La    Sala   advierte   que,  desde  el  fallo  de  primer  grado, se  respondió a la defensa ese mismo reparo:   

…tal como lo manifestaron los policiales  captores  y  quedara  plasmado  en  el registro fotográfico en donde se observa  dentro  de  la  silla  del pasajero un hueco en el cual se ocultaba el arma, que  era  cubierto por el forro de la silla y una espuma sobrepuesta para tal fin. De  ahí  que  no  es  de recibo las argumentaciones de la Defensa que era imposible  que  el  pasajero  sintiera  o tuviera conocimiento que debajo de su cuerpo y de  sus  glúteos  viniera  un  arma  de  fuego; lo cierto es que no existe duda que  efectivamente  el  acá  acusado  sabía que traía un arma de fuego y prueba de  ello  es  que  al  momento  de  ser  interceptado  por los agentes policiales el  conductor   salió  huyendo  del  vehículo  y  este  (sic)  se  quedó  sentado  debiéndose  insistir  por  los  agentes que se bajara del carro y al hacerlo se  encontró  el arma debajo de su silla lo que deja sin soporte alguno la coartada  o  argumento  defensivo, puesto que lo que si (sic) se pudo establecer es que el  arma  estaba  bajo  la silla y que el acusado no tenía permiso para el porte de  este          tipo          de         armas15.   

Si el desacuerdo de la actora radica en ese  criterio   de  la  valoración,  porque  no  se  dio  aplicación  al  principio  in dubio pro reo,  como  en  verdad  se desprende del sustento de la censura, una tal  pretensión  le  imponía  demostrar  el desconocimiento de los postulados de la  sana  crítica  y  su incidencia en la decisión objetada, acudiendo para ello a  los  parámetros  de  argumentación  propios  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  para  evidenciar  que  las declaraciones del juzgador comprometen la  legalidad  del  fallo  por  ser  contrarias  a los principios de la lógica, las  reglas de la experiencia o los postulados de la ciencia.   

5.  Se  concluye,  entonces,  que  la labor  demostrativa  del yerro por violación directa de la ley es por completo ajena a  los  derroteros  ampliamente  difundidos por la jurisprudencia, sin que la Corte  pueda   enmendar   los  defectos  del  libelo,  en  atención  al  principio  de  limitación y al carácter rogado y dispositivo del recurso.   

         

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

         6.  No  obstante  surge  imperioso disponer que una vez tramitado el  mecanismo  de  insistencia, si es que se promueve y su resultado es opuesto, las  diligencias  regresen al despacho del Magistrado Ponente, en orden a examinar de  manera  oficiosa  la  posible  vulneración  de las garantías fundamentales del  procesado,  habida  cuenta  que  el sentenciador no motivó la imposición de la  pena  accesoria  de  privación  del  derecho  a  la  tenencia  y porte de arma,  conforme  a  lo  dispuesto  en  los  artículos  52 y 59 del Código Penal, como  tampoco  acudió  al  sistema  de cuartos, sino que impuso al procesado el mismo  monto de la sanción privativa de la libertad.   

Tiene    dicho    la   Sala16  que pese a  la  decisión  inadmisoria,  es  posible  ordenar  oficiosamente el trámite del  recurso  extraordinario  respecto  de  asuntos  ajenos  al  libelo  y que tengan  relación  directa  con  los  fines  de  la  casación,  esto  es,  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, y la  unificación de la jurisprudencia.   

         Para  ese  efecto,  no  surge  necesario  convocar  a  audiencia  de  sustentación, ni surtir el traslado al Ministerio Público.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

    

1. INADMITIR         la        demanda  examinada.     

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

2. ORDENAR que las  diligencias  regresen  al  despacho del Magistrado Ponente, una vez tramitado el  mecanismo  de  insistencia,  si es que se promueve y su resultado es opuesto, en  orden  a  examinar  de manera oficiosa la posible vulneración de las garantías  fundamentales  del procesado, tal como se dijo en la parte considerativa de esta  decisión.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  8 Cuaderno del Tribunal.   

2 Folio  3 Cuaderno original.   

3 Folio  11 Ib.   

4  Folios 13 a 16 Ib.   

5 Folio  20 Ib.   

6 Folio  34 Ib.   

7 Folio  69 Ib.   

8 Folio  84 Ib.   

9  Folios 89 a 98 Ib.   

10  Folios 7 a 21 Cuaderno del Tribunal.   

11  Folios 102 a 110 Cuaderno original.   

12  Folio 17 Cuaderno del Tribunal.   

13  Ib.   

14  Folio 18 Ib.   

15  Folio 94 Cuaderno original.   

16 Cfr  autos  del  15  de julio de 2007, radicado 27383, y 4 de marzo de 2009, radicado  31109.     

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