AP5751-2016(47914)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP5751-2016  

Radicación N° 47914  

Aprobado acta N° 274  

Bogotá,  D. C., treinta y uno (31) de agosto  de dos mil dieciséis (2016).   

     

I. V I S T O S     

La  Sala se pronuncia sobre los presupuestos  de  lógica  y  debida fundamentación de la demanda de casación presentada por  el   defensor  del  procesado  HUGO  HORACIO  RAMÍREZ  BURGOS en contra de la sentencia de segunda instancia,  dictada  el  16  de  diciembre  de  2015  por  el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Buga,  Sala  de Decisión Penal, por medio de la cual: (i) revocó  parcialmente  el  fallo  condenatorio  del  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito  Especializado   de   esa   ciudad   para,  en  su  lugar,  absolver  al acusado de los cargos formulados por homicidio agravado en concurso  homogéneo,  hurto  calificado  y agravado, utilización de medios y métodos de  guerra  ilícitos,  terrorismo y actos de barbarie; y, (ii) confirmó la condena  dictada  por  el  delito de rebelión y las demás determinaciones contenidas en  la  providencia recurrida. En consecuencia, impuso como penas las principales de  9  años de prisión y 134 salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones  públicas   por   el   mismo   tiempo   de   la   sanción   privativa   de   la  libertad.   

     

I. H E C H O S     

HUGO  HORACIO  RAMÍREZ  BURGOS fue  acusado  de  ser miliciano del grupo armado al margen de la ley  FARC  y  de haber participado, como integrante de la columna móvil “Gabriel   Galvis”,   en  el  ataque  perpetrado  el  3 de julio de 2006, aproximadamente a las 23:30 horas, contra la  estación   de   policía   de   la   vereda   “El  Arenillo”,  ubicada en el corregimiento “La   Buitrera”   del  municipio  de  Palmira   (Valle),  acción  que  arrojó  como  resultado  la  muerte  de  seis  uniformados  y  la  lesión  de  otros  tres,  así  como la destrucción de las  instalaciones y el apoderamiento de armas y equipos de dotación.      

I. ANTECEDENTES PROCESALES     

1.  El  26 de febrero de 2011, en el Juzgado  Noveno  Penal Municipal con función de control de garantías de Cali (Valle) se  llevaron  a  cabo audiencias preliminares de control de legalidad de la captura,  formulación     de     imputación     e     imposición     de    medida    de  aseguramiento.   

El  precitado  juzgado  declaró  legal  la  aprehensión     de     HUGO    HORACIO    RAMÍREZ  BURGOS. La Fiscalía le formuló imputación a título  de  coautor  de  los  delitos  de  homicidio  agravado  en  concurso homogéneo,  lesiones  personales  agravadas  en  concurso  homogéneo,  hurto  calificado  y  agravado,  utilización  de  medios  y  métodos  de  guerra ilícitos, actos de  barbarie,  fabricación,  tráfico y porte de armas de fuego y municiones de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas  y  rebelión,  cargos  que  el imputado no  aceptó.  El  despacho  judicial  mencionado,  a  solicitud  de la Fiscalía, le  impuso  la  medida  de  aseguramiento  privativa  de  la libertad consistente en  detención  en  establecimiento  carcelario  (artículo 307-A-1 de la Ley 906 de  2004).   

2.  Las  diligencias  fueron  repartidas  al  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  Especializado  de Buga, que celebró las  audiencias  correspondientes, así: formulación de acusación, el 4 de abril de  2011;  preparatoria, 25 de abril, 18 de mayo, 20 de junio, 10 y 30 de agosto y 2  de  diciembre  de  2011, continuando los días 26 de enero, 27 de febrero, 30 de  marzo,  20 y 26 de abril de 2012; juicio oral, 7 de septiembre y 4 de octubre de  2012;  18 y 21 de enero, 1° y 4 de marzo, 30 de abril, 7, 16 y 17 de mayo, 16 y  19  de julio, 8 de agosto, 3 de octubre y 2 de diciembre de 2013; 18 de febrero,  1°  de  marzo,  7  de  abril  y 19 de mayo de 2014. En la última de las fechas  citadas  hizo  el  anuncio  del sentido del fallo, con carácter condenatorio, y  cumplió  lo  previsto  por el artículo 447 de la Ley 906 de 2004. La sentencia  fue leída el 2 de octubre de 2014.   

El  juzgado  declaró  prescrita  la acción  penal   por   lesiones   personales   agravadas   y   condenó   a  HUGO  HORACIO  RAMÍREZ BURGOS como coautor  de  homicidio  agravado  en  concurso  homogéneo,  hurto calificado y agravado,  utilización  de  medios  y  métodos  de guerra ilícitos, terrorismo, actos de  barbarie  y  rebelión.  Le impuso las penas principales de 665 meses y 18 días  de  prisión  y  1866.65 salarios mínimos legales mensuales vigentes de multa y  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  20  años. El fallo fue apelado por el acusado, su defensor y el  agente del Ministerio Público.   

3. El Tribunal Superior del Distrito Judicial  de  Buga,  Sala  de  Decisión  Penal,  el  16  de  diciembre  de  2015, revocó  parcialmente    la   sentencia   condenatoria   y   absolvió   a   HUGO  HORACIO RAMÍREZ BURGOS de los cargos  por  homicidio  agravado  en  concurso  homogéneo, hurto calificado y agravado,  utilización  de  medios  y  métodos de guerra ilícitos, terrorismo y actos de  barbarie;       mantuvo      la      condena      por      rebelión,   redosificó  las  sanciones  en  las  cantidades  referidas  con  antelación  y confirmó en lo demás la providencia  materia de alzada.   

4.  En  contra  de  la  ratificación  de la  condena  por  rebelión,  el  defensor  de HUGO HORACIO  RAMÍREZ  BURGOS interpuso y sustentó oportunamente el  recurso extraordinario de casación.   

IV.   LA  DEMANDA  DE  CASACIÓN   

El   recurrente  plantea  un  cargo  único con soporte en el numeral 3°  del   artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  consistente  en  “violación  indirecta de la ley sustancial por error de hecho en  la  apreciación  de  la  prueba  (falso  juicio  de  raciocinio)”.   

Señala  que  el  yerro  se  presentó en la  valoración  de  los  testimonios de Jorge Eliécer Obando Ipia, Francisco Collo  Mensa,   Leider  Dussán  Castañeda,  Víctor  Julio  Ramírez  y  Arlec  Chica  Acosta,  pues  el tribunal,  pese  a  haber  descartado  el  dicho de esos cinco exponentes como idóneo para  acreditar  la  responsabilidad  del  procesado por las conductas punibles de las  que   lo   absolvió,   debido   a  la  “acreditada  mendacidad”   de   aquellos,   tomó   “esos    mismos    testimonios    como    prueba   suficiente   y  genuina”  de  la  comisión del delito de rebelión,  incurriendo     así     en     un    “auténtico  contrasentido”.   

Para el casacionista lo anotado comportó el  abandono  del  principio  de  la  sana  crítica,  toda vez que los “dictados  de la experiencia” enseñan  que:  “(…)  si  una persona al testificar miente,  distorsiona  o  calla  la verdad en relación con algunos aspectos de su relato,  haciéndolo  de  modo  consciente  y  voluntario,  por  interés, afecto, odio o  resentimiento  o  cualquier  pasión  semejante,  tal divorcio consciente con la  verdad  impide  que  quien  así  obra  sea  considerado  testigo  fiel en otros  aspectos  de  su testimonio, que éste, el testimonio, sea tomado como fuente de  convicción irrefutable (…)”.   

Aduce  el  libelista  que  como resultado de  ello,    dado    que    los    testimonios    mencionados    eran   “las  únicas  pruebas  de donde supuestamente se podría derivar  esa    certeza   que   predica”   el   ad  quem,  éste terminó inaplicando los  artículos   7   y   381   de   la   Ley  906  de  2004,  pues  la  “mendacidad  latente  en  todos ellos”  obligaba  a  que  “no  se  aceptase  como la verdad  absoluta  ninguna  de sus manifestaciones, y habría concluido que aquí, por lo  menos, mediaban dudas graves”.   

Por los motivos que anteceden, solicita a la  Sala  casar  la  sentencia  de  segunda  instancia y proferir fallo de reemplazo  absolviendo  a HUGO HORACIO RAMÍREZ BURGOS del cargo formulado por el delito de rebelión.   

     

I. CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA     

1. La casación es un recurso extraordinario,  instituido  como  medio  de  control constitucional y legal de las sentencias de  segunda  instancia proferidas en procesos adelantados por delitos, que puede ser  ejercido  por  quien  tenga  legitimación e interés para lograr la efectividad  del   derecho   material,   el  respeto  de  las  garantías  fundamentales,  la  reparación  de  los  agravios inferidos y la unificación de la jurisprudencia,  cuando  el  juzgador  haya  incurrido  en  los  yerros previstos en las causales  taxativamente fijadas por la ley.   

Su  ejercicio,  exige  la  elaboración  y  presentación  oportuna  de  una demanda en forma que contenga la indicación de  la  causal  invocada,  el  desarrollo  de  los cargos de sustentación de manera  precisa,  clara y lógica, con sujeción a los presupuestos propios de la causal  y  del  sentido  de  violación  alegados,  así como la demostración de que se  necesita  del  fallo  para  alcanzar  alguna  de las finalidades del recurso. El  incumplimiento   de   estos   presupuestos   conduce   a   la   inadmisión  del  libelo.   

2.  Conforme a la Ley 906 de 2004, la causal  esgrimida  en  este  asunto  por  el recurrente, esto es, la del numeral 3° del  artículo   181,   supone,   según   la  hipótesis  planteada,  el  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de apreciación de la prueba sobre la cual se ha  fundado la sentencia.   

En  ese  orden  de  ideas,  corresponde  al  demandante  identificar  los  medios de prueba en cuya apreciación se presentó  el  yerro,  referir  su contenido y el mérito suasorio asignado por el juzgador  en  la  sentencia;  demostrar  por qué existió infracción de los criterios de  valoración  del  medio  en  particular  o  del  postulado  de la sana crítica,  especificando,  en  tal  caso,  las  reglas  de  la  lógica, las máximas de la  experiencia  o  las leyes de la ciencia que fueron desconocidas, así como cuál  era  la  apreciación  correcta y la trascendencia del error en el sentido de la  decisión.  Todo  lo  anterior,  acompañado  de  la cita de la norma de derecho  sustancial que terminó siendo ignorada o incorrectamente aplicada.   

3. En este evento, confrontada la demanda con  los       requerimientos       expresados       en       precedencia, se concluye que no los satisface y que,  por    tanto,    debe    ser   inadmitida. Las razones son las que se exponen a continuación.   

4.  No  existe  una  regla de la experiencia  conforme a la cual:   

(…)  si una persona al testificar miente,  distorsiona  o  calla  la verdad en relación con algunos aspectos de su relato,  haciéndolo  de  modo  consciente  y  voluntario,  por  interés, afecto, odio o  resentimiento  o  cualquier  pasión  semejante,  tal divorcio consciente con la  verdad  impide  que  quien  así  obra  sea  considerado  testigo  fiel en otros  aspectos  de  su testimonio, que éste, el testimonio, sea tomado como fuente de  convicción irrefutable (…).   

Por el contrario, lo que la jurisprudencia ha  reconocido es que:   

(…)  a  un  mismo testigo se le puede dar  credibilidad  solo  en  parte  de  lo  que  narra.  Ello  es  consecuencia de la  aplicación  de  las reglas de la sana crítica y de la apreciación conjunta de  los  elementos  probatorios.  Por  manera  que  si,  tal  como  ocurrió en esta  ocasión,  los falladores tuvieron como ciertas algunas de las narraciones, pero  no  así  otras,  de  ningún  modo  incurren  en  yerro  alguno,  en  tanto las  inconsistencias  advertidas respecto de unas de sus atestaciones solo afectan en  forma  parcial  algo  de lo dicho, pero no la totalidad de la declaración, dado  que las demás encuentran respaldo en las restantes pruebas.   

Precisamente  la valoración del testimonio  no  puede  hacerse  de  manera aislada al resto del plexo probatorio, es preciso  confrontarlo  con las demás existentes para determinar el grado de credibilidad  y  la  fuerza  demostrativa. Fue ese el proceder de los juzgadores. (CSJ SP, 14 ago. 2012, rad. N°36981).   

Recientemente, tal premisa fue ratificada al  descartarse  la presencia de una regla de la experiencia como la esbozada por el  libelista:  “Vale la pena recordar que, dentro de un  proceso,  una  persona  puede  relatar  acontecimientos  mendaces,  sin que ello  implique  que  su  testimonio tenga esa connotación”  (CSJ AP1003-2016).   

Lo acontecido en este caso fue exactamente lo  planteado  en los precedentes en cita, pues a los testigos Jorge Eliécer Obando  Ipia,  Francisco  Javier Collo Mensa y Arled Chica Acosta el tribunal no les dio  crédito  en cuanto a la participación de HUGO HORACIO  RAMÍREZ  BURGOS en las labores previas de inteligencia  y  preparación  del  ataque a la estación de policía, pero sí respecto de la  militancia de aquél en el grupo armado al margen de la ley FARC.   

Lo  primero,  porque no pudieron suministrar  detalles,  presentaron  contradicciones,  su  dicho  se  advirtió inverosímil,  fueron     inseguros,  dubitativos  y  porque otros deponentes los desmintieron. Y lo segundo, debido a  que  en  ese aspecto sí fueron espontáneos y coincidentes, no sólo entre sí,  sino    además    con    otros   declarantes   como   se   puntualizará   más  adelante.   

En esas condiciones, se desvanece el reproche  por la presunta infracción a los postulados de la sana crítica.   

5.  Por otra parte, puesto que por medio del  recurso  extraordinario  de  casación  se  formula  una  acusación  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  con  la  pretensión de someterla a juicio y  desvirtuar    la    doble    presunción    que    la   acompaña   –de  acierto y de legalidad–  es crucial que el casacionista asuma  en  debida  forma  su  fundamento  y  que al concretar los cargos sea fiel a ese  proveído,  es decir, que no lo tergiverse, conforme al principio de corrección  material.   

En      tal      sentido,  si  bien  es  cierto  que  el tribunal  examinó  como  prueba  de  cargo los testimonios de Jorge Eliécer Obando Ipia,  Francisco  Javier  Collo  Mensa,  Arled Chica Acosta, Leider Durán Castañeda y  Víctor  Julio  Ramírez,  éste  último  con  la  acotación  que “se   convirtió   en   testigo   de   la  defensa”  (fol.  865), no es verdad que a los cinco  los  haya  tachado  de  mendaces.  La  realidad es que  únicamente  cuestionó  la  credibilidad  de los tres primeros y ello de manera  exclusiva  en cuanto a la intervención de HUGO HORACIO  RAMÍREZ  BURGOS  en  el  ataque  a  la  estación  de  policía  de  la  vereda “El Arenillo”,  más no en cuanto a la pertenencia de éste a las FARC en calidad  de       miliciano.  Véase:   

En  relación con Jorge Eliécer Obando Ipia  el  juzgador  de  segundo grado refirió una serie de circunstancias que hacían  “dudoso  su  testimonio”  (fol.   866)   y   que  finalmente  lo  llevaron  a  concluir  que  “no  tiene verosimilitud alguna que la labor de inteligencia para  ese  hecho  sangriento,  se  realizara  con anticipación a la llegada de la sub  estación  o  de los agentes de policía a ese lugar”  (fol.867);  que  “es  evidente  la contradicción y  reviste  importancia  para  el  estudio del deponente como alguien a quien se le  debe  otorgar  o  no  confiabilidad  en  esa  versión  de  cargo”  (fol. 868). Así mismo, después de transcribir algunas respuestas  brindadas  durante  el  interrogatorio  y  el  contra interrogatorio,  anotó  esa corporación: “el   audio   deja   sentado   claramente  la  inseguridad  y  la  dubitación  que  le  asiste  al  responder  (…)  al  concretársele o pedirle  detalles,  hay  silencios significativos y manifestaciones no contundentes desde  la   propia   entonación,  la  cual  precisamente  evidencia  debilidad  en  su  convicción  frente a dichos interrogantes porque en otras respuestas es fluido,  así   que  no  corresponde  esa  apreciación  a  un  rasgo  permanente  de  su  personalidad” (fol. 870).   

De  Francisco  Javier  Collo  Mensa dijo que  “no  se  ubica  en  el  mes  ni  en  el año en que  supuestamente  asistió  el  acusado  a esa reunión para efecto de facilitar su  análisis  y permitir el contradictorio” (fol. 873) y  “su  atribución  de  haber  hecho  parte  RAMÍREZ  BURGOS  de  la  actividad de exploración, terminó siendo controvertida por los  propios   testigos   del   ente   acusador”   (fol.  874).   

Ahora, la declaración de Arled Chica Acosta  la       calificó       como       “plenamente  descartable”,  por  inverosímil  y  contradictoria,  “como  prueba  de la participación de HUGO HORACIO  RAMÍREZ  BURGOS  en  la  masacre del Arenillo” (fol.  877).   

Sin embargo, el ad  quem    no   emitió  juicios  similares  a  los  anteriores  respecto  de Leider  Dussán  Castañeda  y  Víctor  Julio  Ramírez,  porque,  a  contrario  sensu:  “(…)  en  cuanto a la acción que le atribuyó la  Fiscalía  en  la  acusación  a  HUGO  HORACIO  RAMÍREZ  BURGOS  para  hacerlo  responsable  del  acontecimiento del 3 de julio de 2006 en la vereda El Arenillo  del  corregimiento  La Buitrera de Palmira, desmienten  el  dicho inicial de OBANDO IPIA en cuanto a que haya sido uno de los milicianos  encargado  de  las exploraciones; (…)” (fol. 880; se subraya).   

Evidentemente, si estos dos testigos infirman  al  primer  declarante  en  cuestión,  es  decir,  develan  la  falsedad de sus  aseveraciones,  no  puede  sostenerse  válidamente  que  también  son mendaces  en  el  mismo  tema, pues con  ello  se  transgrede  el  principio lógico de no contradicción, según el cual  “una  cosa  no puede ser y no ser al mismo tiempo y  bajo        el        mismo        aspecto”1.   

Entonces,  si  lo  que  el tribunal predicó  sólo   de   una   parte  el  demandante  lo  hace  extensivo  a  todo  el  acervo probatorio referido, conformado por los cinco testimonios  mencionados,  es  palmario  que no está siendo fiel a la exposición de motivos  del   fallo,   vale  decir,  a  los  argumentos  que  soportan  la  “apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha fundado la  sentencia”  (art. 181-3 L.906/04) y, por tanto, como  su  ataque  no  se  enfila contra el real fundamento de la decisión sino contra  una  errada  percepción  del  mismo, el libelo carece de precisión, claridad y  poder demostrativo.   

6.   La  demanda,  además,  contiene  una  afirmación  que  no  está  acompañada  de  soporte argumentativo, como es que  “los  testimonios  rendidos  por los señores Jorge  Eliécer  Obando Ipia, Francisco Collo Mensa, Leider Dussán Castañeda, Víctor  Julio  Ramírez  y  Orled (sic) Chica Acosta” eran el  “único  medio  de conocimiento en relación con el  supuesto  comportamiento injusto del procesado” (fol.  925),  toda  vez  que  ese  aserto simplemente condensa el criterio personal del  recurrente  frente  al  del  juzgador  de  segunda  instancia,  que  sostuvo  lo  contrario,  vale  decir,  que  la  vinculación de HUGO  HORACIO   RAMÍREZ  BURGOS  con  las  FARC,  en  calidad  de  miliciano,  no surgía únicamente de lo dicho por  aquellos  deponentes, sino también del dicho de Miguel Ipia Ramos, “e  incluso  de  testigos de la defensa, habitantes de la región  como  JORGE ELIÉCER PENAGOS ISAZA, FRANCISCO NEMESIO RODRÍGUEZ BUENO y GONZALO  SASTOQUE    GUTIÉRREZ”,    quienes   “al  unísono  y de manera espontánea coinciden y corroboran las  circunstancias  en  las cuales se finca el compromiso del acusado en la autoría  colectiva   necesaria   para   el   delito   de  REBELIÓN  (…)” (fol. 886 a 890).   

Sobre  una  confrontación  como  la anotada  tiene  dicho  la  Sala  que  prevalece el criterio del fallador, toda vez que su  decisión  se  encuentra  amparada  por  la  doble  presunción  de acierto y de  legalidad  y  también  debido  a  que  en  sede  de casación no son admisibles  alegatos  propios  de  las  instancias,  como es la exposición que incorpora el  casacionista  al  insertar  en  su  demanda  referencias a la prueba testimonial  “en  términos  parecidos  a  como lo hiciera en el  escrito   mediante  el  cual  sustenté  la  impugnación  formulada  contra  la  sentencia     de    primera    instancia”    (fol.  934).   

Lo  anotado  devela  la  intrascendencia del  cargo  formulado porque, aún  en   la  hipótesis  de  haber  sido  correctamente  presentado  en  el  aspecto  formal, persistirían otros  medios  de  prueba  no  controvertidos  que  respaldarían los fundamentos de la  decisión cuestionada.   

7.  En  resumen,  conforme  se anticipó, la  demanda   de  casación  será  inadmitida,  sin  que, por otra parte, del estudio de las diligencias la Corte  encuentre  motivo  que  amerite  superar  sus defectos con el fin de asegurar de  oficio   el   cumplimiento   de   garantías   fundamentales  o  los  fines  del  recurso.   

En contra de esta determinación procede el  mecanismo  de  insistencia, en los términos precisados por la jurisprudencia de  la Sala (CSJ SP, 12 de diciembre de 2005, Rad. 25322).   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del  procesado  HUGO  HORACIO  RAMÍREZ BURGOS.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de insistencia   

Cópiese,   comuníquese,   cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

                              Presidente   

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  GARCÍA  RESTREPO,  Luis  E.  ELEMENTOS  DE  LÓGICA PARA EL DERECHO. Ed. Temis.  Bogotá, 2013, pág. 117.     

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