AP5707-2014(43985)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP 5707-2014  

Radicación N° 43985  

(Aprobado  Acta No.  318)   

Bogotá D.C., septiembre veinticuatro (24) de  dos mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se apresta la Sala al estudio de admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JOSÉ    EDISON    PUENTES   ESCOBAR   contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Villavicencio  el  13  de  marzo del año en curso, por cuyo medio  confirmó,  con  modificaciones,  la  dictada  por  el Juzgado Tercero Penal del  Circuito  Especializado  de  la misma ciudad el 2 de agosto de 2013 que condenó  al  mencionado  por  los  delitos  de fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego  o  municiones  en  concurso con fabricación, tráfico y porte de armas y  municiones   de   uso   privativo   de   las   Fuerzas   Armadas,  condenándolo  exclusivamente por la segunda ilicitud.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los  primeros  fueron  declarados  por  los  juzgadores,  de la siguiente  forma:   

Se  inicia   la  actuación      con  la  captura  en flagrancia  del     señor     JOSÉ     EDISON    PUENTES      ESCOBAR     como  conductor  y  otros  acompañantes, el día 15 de  febrero  de 2012 en la subestación de  policía  de La   Balastrera   en   Cumaral  (Meta),  cuando  a  las  10:50  horas  aproximadamente  se realizó la señal de pare por parte de los policiales de la  subestación  a  un  automóvil  marca Mazda de placas DXX 796 que corresponde a  las  indicaciones  dadas  por  radio,  sobre  un automotor de color gris con una  franja  de  color  negro  pintada  en  la parte delantera, el cual se encontraba  comprometido  en  un  hurto y sus ocupantes portaban armas de fuego; rodante que  se  sometió a registro en presencia de sus ocupantes y se halló un maletín de  colores  negro  y  gris,  marca  Rassi,  ubicado  dentro  del  baúl en la parte  posterior  de un parlante adaptado, maletín que contuvo dos (2) armas de fuego,  una  de  ellas  pistola  CZ  calibre 7,65mm de serie 036891, dos (2) proveedores  para  pistola  calibre 7,65mm, veintiocho (28) cartuchos indumil calibre 7,65mm,  y  un  revólver  marca  Llama  Scorpio  calibre 38 SPL serie IM 3983, cachas en  madera,  con  seis  (6)  cartuchos  indumil  calibre  38  SPL  INDUMIL,  dos (2)  proveedores  metálicos  (marca  Sig  Pro  9 mm) con cartuchos 9 mm del lote 53,  quince (15) cartuchos cal. 5.56mm.   

Por estos sucesos, al día siguiente, ante el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Cumaral  (Meta),  se  llevó a cabo audiencia  preliminar  donde  la Fiscalía formuló imputación a  PUENTES   ESCOBAR  por  el  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  o  municiones  agravada  (art. 365 del  C.P.,    modificado  por                   el                  38 de  la   Ley    1142    de    2007    y  19 de  la                              Ley  1453  de  2011), que el imputado  en ese momento no aceptó.   

El   13  de  septiembre  subsiguiente,  la  Fiscalía  presentó  escrito  de  preacuerdo en el que modificó la imputación  “en  aplicación  del  principio  de  legalidad”  incluyendo  el  punible  de  fabricación,  tráfico y  porte  de  armas  y municiones de uso privativo de las Fuerzas Armadas (art. 366  del  C.P.,   modificado  por                   el                   55  de  la                              Ley  1142      de      2007     y  20 de  la                              Ley  1453  de  2011)  que  el  procesado aceptó a cambio del  retiro  de  la  circunstancia  de  agravación  del  numeral 5 del artículo 365  “como      único      beneficio”.   

El  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Villavicencio,  al  cual le correspondió el conocimiento del  asunto,  el  19 de marzo de 2013 impartió legalidad al preacuerdo, en virtud de  lo  cual  el  2 de agosto ulterior profirió sentencia de primer nivel a través  de  la  cual  condenó al implicado a la pena principal de ciento treinta y ocho  (138)  meses  de prisión y a la accesoria de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término, tras encontrarlo autor  penalmente responsable de los delitos aceptados.   

En  la  misma  decisión, dispuso negarle el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.     

La  anterior  sentencia fue impugnada por la  defensa,  por  lo  que  se  pronunció  el Tribunal Superior de Villavicencio el  pasado  13  de  marzo,  confirmándola con modificaciones en cuanto suprimió la  responsabilidad  por  el  delito  de  fabricación, tráfico y porte de armas de  fuego  o  municiones  al  encontrarlo  subsumido  en  la  otra conducta. Por tal  razón,  redosificó  la  pena,  marginando  dicha  delincuencia e impuso así a  PUENTES  ESCOBAR  la  pena  principal  de  ciento  treinta  y  dos (132) meses de prisión y la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  lapso. En lo demás, dejó incólume el fallo.   

Inconforme  con  la determinación, la misma  parte  oportunamente  interpuso  y  sustentó  en su contra, de forma exclusiva,  recurso  extraordinario  de  casación,  esto  último  mediante libelo, de cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Propone   dos  censuras  contra  el  fallo  impugnado  sustentadas  en  la causal primera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004, por violación directa de la ley sustancial.   

En  el primer cargo  aduce  el  defensor  que  se incurrió en “exclusión      evidente     del     artículo     1o.  de  la  ley  750  modificada  en  el  sentido  de dar aplicación a los padres cabeza de familia conforme lo prevé la  sentencia  C-183  de  2003  de  la  honorable  Corte  Constitucional,  por haber  incurrido  parcialmente  en  la  causal primera, por interpretación errónea de  una  norma  constitucional  o  legal  llamada  a  regular  el  caso  conforme lo  prescribe  el  numeral primero, de casación, consagrada en el artículo 181 del  código de procedimiento penal”.   

          En  la  demostración,  recuerda cómo de conformidad con la aludida  sentencia  de  constitucionalidad,  el  hombre  que  se  encuentre en idénticas  circunstancias  a  la  de  la  madre  cabeza  de  familia  debe gozar de iguales  prerrogativas,  en beneficio siempre del menor.  Así mismo, que los fallos  objeto  de  inconformidad,  no  cumplen  a  cabalidad con los presupuestos de la  sentencia S.U. C-388 de 2005     

          Acto  seguido,  afirma  que  para el sentenciador el desprendimiento  del  padre  ocasiona afectación al infante, pero esa situación no es incidente  y  tampoco  interesa  a la ley, lo cual “no sólo va  en  contravía  de  lo  ordenado  en  el  bloque  de  constitucionalidad sino en  especial  en  todo  el  ordenamiento  internacional que protege los derechos del  niño,  y  de los pactos ratificados y reconocidos por Colombia en esta materia,  la  prevalencia  de  los derechos de los menores, pues es bien sabido que dentro  de  los  derechos fundamentales del niño ésta el no ser separado de su familia  y   en   especial   de   sus   padres”.   

         

Además,   se   olvida   que,  como  está  demostrado,  la  única  persona que está en capacidad de suministrar alimentos  para  la  subsistencia  del  menor, así como afecto y cariño hacía él, es su  propio  padre,  aspecto  que,  señala,  “no  puede  desecharse  en  forma  ligera  como  así lo dejo ver las sentencias en mención  (sic),  negando  en  primer  lugar  la  condición  de  padre  cabeza  de  familia,  la  cual  no sólo quedo  (sic)  demostrada  con  la  custodia  que  JOSÉ  EDISON  PUENTES  ESCOBAR  ejerce  por ausencia total de su  progenitora,     sino     al     igual     demostrado     quedo     (sic)  que  el apoyo afectivo y emocional  que  éste  da  a  su menor hijo siendo indispensable que el niño cuente con el  acompañamiento  físico,  psicológico  y educativo de su padre para fortalecer  los  procesos  cognitivos  y  sociales en los que se halla inmerso y así evitar  posibles   alteraciones   en   el  estado  emocional  del  menor”.   

Así, indica, se acreditó con la valoración  realizada   por   la   psicóloga   Sandra  Carolina  Martínez,  por  medio  de  la  cual  se  demuestra la  importancia  que  reviste  la  presencia del padre en la vida de su hijo menor y  que     su     ausencia     conllevaría     en     el    futuro    “alteraciones  en  la  autoestima,  auto concepto y auto esquema,  bajo  rendimiento  académico,  deserción  escolar,  episodios  de  angustia  y  tristeza  que  podrían  transformarse en una alteración del estado mental como  la  depresión,  déficit  de  atención, hiperactividad, ansiedad, inseguridad,  dependencia,  falencias en el desarrollo de su identidad, desvalorización de su  condición física”.   

La anterior situación, pregona, no puede ser  ignorada,  pues  de  hacerlo se vulnerarían garantías fundamentales del menor,  motivo  por  el  cual  debe  proceder  el  recurso impetrado, en armonía con lo  señalado   por   la   Corte   Constitucional   en   la   sentencia   C-154   de  2007.   

En cuanto al argumento del Tribunal según el  cual  los  padres  del  procesado  pueden  suplirlo  en  tal labor, responde que  “cómo  puede  un vigilante que escasamente gana un  salario  mínimo  sostener a su esposa, quien tiene dolencias que no le permiten  prestar  una  ayuda idónea para la manutención y cuidado del menor               J.P.P.R.?, pero aún  más  como  pueden subsistir las tres personas, pagando arriendo, efectuando los  pagos  de  servicios públicos, de transporte para quien dota de los mismos como  vigilante  a  sus  demás  consanguíneos,  por  lo  que  se  hace  necesario  e  indispensable  para  su  sostenimiento  no  sólo  económico,  sino en especial  afectivo   y   emocional,   la   presencia   que  como  padre  debe  prestar  su  progenitor  JOSÉ  EDISON  PUENTES  ESCOBAR”,  como lo  reconoció  el  Tribunal Constitucional frente a una situación similar resuelta  en  la  acción de tutela T-705 de 2013, al conceder la  prisión    domiciliaria    en   un   caso   en   que   los   abuelos   también  trabajaban.   

          En  este  asunto, aduce, tampoco es viable negar el sustituto porque  los   abuelos   paternos   del   menor  no  suplen las  condiciones  de vida que brinda el progenitor “quien  ante  una  ausencia  prolongada  como  la  de la pena impuesta logre superar los  daños   futuros  que  le  vendrán  y  que  señala  la  Psicóloga   Sandra   Carolina   Martínez”.       

          Así  las  cosas,  concluye  que  si  el  Tribunal hubiera tenido en  consideración  los  derechos fundamentales del descendiente menor del procesado  y   “analizado   a   fondo  las   condiciones  personales   de   la   abuela   materna  Luz    Marina    Escobar,   junto  con  que  el  escaso  salario  mínimo que obtiene el abuelo  paterno  José    Heberto    Puentes,    hubiese  llegado  a la conclusión de la necesidad de la concesión  de  la  prisión  domiciliaria del señor JOSÉ  EDISON  PUENTES  ESCOBAR, como quiera  que  muy  seguramente  habría  aportado en la manutención y cuidado de su hijo  menor,  pero en especial por cuanto dicho infante no se vería perjudicado en su  futuro  por  las  graves  consecuencias que este tendría, ya reconocidas por la  Psicóloga  Doctora, Sandra  Carolina               Martínez,  como  al  igual lo deja ver la trabajadora social que  ordenara  el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito Especializado”.   

          La  decisión  del  fallador,  añade,  también  deja  de  lado  el  artículo  44  de  la Constitución Política, el bloque de constitucionalidad y  la   Ley   1098   de   2006,   sobre   la   prevalencia   de  los  derechos  del  niño.   

Por    razón    de    lo    expuesto,  depreca   “casar     parcialmente    el   injusto   fallo   impugnado,   para  en  su  lugar    conceder   al   señor              JOSÉ  EDISON  PUENTES  ESCOBAR  a fin de evitar el daño a los derechos  fundamentales      del      menor     J.P.P.R.  (sic)”,    en   virtud   de   la   necesaria  intervención   de   la   Corte   en   estos   casos.   

En   el  segundo  reparo,  por  su  parte,  invocado  con sustento en el  mismo  motivo  casacional,  advierte  que  el fallador incurrió en “exclusión  evidente  (violación  del  debido proceso) articulo  350  del  código  de  procedimiento penal, de indiscutible contenido sustantivo  por   aludir   a   la   punibilidad,   conforme  a  la  tradicional  doctrina  y  jurisprudencia  al  respecto,  en  correlación con el artículo 366 del código  penal”.     

En procura de sustentar la inconformidad, el  libelista  comienza  por  indicar  que,  acorde  con  la  evidencia procesal, el  preacuerdo  suscrito  entre  Fiscalía  y  defensa  tuvo  su razón de ser en la  eliminación  de la circunstancia de agravación del numeral 5 del artículo 365  del C.P.   

      

          De   modo   que   al  determinarse  en  la  sentencia  impugnada  la  eliminación  del  delito comprendido en dicho artículo, en cuanto se encontró  subsumido  por  el tipo penal del 366 al aplicar el principio de consunción, el  fundamento  reseñado del preacuerdo desapareció “y  al  desparecer  el  mismo  no  es  factible  hablar en tal sentido de preacuerdo  alguno,  hecho  éste  que no sólo violenta el principio fundamental del debido  proceso,  pues  altera la voluntad prestablecida entre las partes que realizaron  el  preacuerdo,  que  de  haberlo  tenido  en  cuenta muy seguramente se habría  optado  por  otro beneficio por ejemplo el de la aplicación del beneficio de la  Prisión  domiciliaria, o el descuento a que se tiene derecho de dar aplicación  al artículo 351 del C.P.P.”.   

          Tal  situación  comporta,  a  su juicio, violación de los derechos  fundamentales  aludidos,  ante  lo  cual  “no existe  otra  alternativa  que…se  decrete la nulidad de lo actuado, por ser este tipo  de  derechos  fundamentales  núcleo  esencial  del  preacuerdo, a fin de que se  pueda  llegar  a  otro preacuerdo que contenga valga la redundancia -un acuerdo-  conforme  a  la  conducta  endilgada, pues no de otra manera puede remediarse lo  que  sólo  puede  aceptar  el  ciudadano JOSÉ  EDISON  PUENTES             ESCOBAR”.   

          Con    soporte    en    lo    expuesto,   solicita   “decretar    la   nulidad   del   preacuerdo   realizado     entre     las     partes     acá  indicadas por violación al  debido  proceso y   derecho   a  la  defensa,  conforme  a lo señalado y demostrado en el cargo segundo de este  recurso,  a  fin de que tenga lugar un nuevo acuerdo que contenga la pretensión  de     mi     prohijado     señor    JOSÉ    EDISON    PUENTES   ESCOBAR”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Es necesario reiterar que si bien la Ley 906  de  2004 amplió la cobertura para acceder al recurso de casación en tanto que,  a  diferencia  de  los  ordenamientos  procesales  precedentes,  ahora es viable  contra   todo   tipo   de   sentencias   de   segunda   instancia   “en   los   procesos   adelantados   por   delitos”,  sin que obre  restricción  alguna  en relación con la autoridad que la profiere y eliminarse  la  exigencia  del quantum de  pena  del delito, ello no significa que quien acuda a este medio de impugnación  esté  exento  de  satisfacer  una  serie de requisitos técnico jurídicos y de  orden argumentativo.   

Así, de conformidad con los artículos 183,  modificado  por  el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad, para  que  la  demanda  sea  admitida  es  preciso  acreditar  interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad  del fallo de casación con el fin de satisfacer alguno  de  los fines establecidos para el recurso en el artículo 180, siendo estos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          En   la   demanda,   ha   dicho   la  Sala  de  forma  pacífica  en  correspondencia  con  los preceptos legales referidos, el actor debe sujetarse a  un  rigor  argumental,  en  tanto  la  propuesta  debe ser concisa, suficiente y  clara,  pues  no  le  corresponde,  dado  el  carácter eminentemente rogado del  recurso,     ocuparse    de    confusos,    ambivalentes    y    contradictorios  planteamientos.   

Pues  bien,  el  primer  punto que se impone  revisar  es  si  al  recurrente  le  asiste  interés  para  plantear  los temas  ventilados  en  sede  extraordinaria,  habida  cuenta  que  la  impugnación  se  endereza  contra  un  fallo  anticipado por razón del preacuerdo suscrito entre  Fiscalía  y  defensa,  tema  de  mayúscula  incidencia  para  el análisis que  corresponde  acometer  en esta oportunidad procesal, pues, de conformidad con el  artículo 184, inciso segundo, de la Ley 906 de 2004:   

          No  será  seleccionada,  por  auto debidamente motivado que admite  recurso  de  insistencia…,  la  demanda  que se encuentre en cualquiera de los  siguientes  supuestos:  Si  el  demandante  carece de  interés,   prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de sustentación o cuando de su contexto se advierta que  no   se   precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso  (subraya  fuera de  texto).   

                

En  ese  orden, se ha de convenir que asiste  interés  legítimo  al  casacionista  para  impugnar  el  tema  postulado en el  primer   reparo  formulado,  porque  su  pretensión  se  contrae  a  la  concesión  para  su  defendido del  sustitutivo  de  la prisión domiciliaria, punto que, además, también planteó  al  sustentar  el  recurso de apelación que interpuso contra el fallo de primer  grado,  a  partir  de  lo cual se colige satisfecho el denominado presupuesto de  unidad temática.   

Empero,   no   sucede   lo  mismo  con  el  segundo  cargo. Al respecto,  empiécese   por  indicar  que  la  inconformidad  allí  planteada  se  formula  incorrectamente  por la causal de violación directa de la ley sustancial, pues,  como  se  concreta en la solicitud final, está encaminada al decreto de nulidad  de   la   actuación   procesal,   consecuentemente  con  la  naturaleza  de  la  irregularidad  aludida,  las  garantías  a  su  modo de ver conculcadas (debido  proceso  y  derecho de defensa) y los efectos señalados (invalidez a partir del  preacuerdo),  por  lo que ha debido postularse con sustento en el motivo segundo  de casación y no en el primero.   

Tal  incorrección,  dicho  sea  de  paso,  también  revela otra falencia del libelo, puesto que atendiendo al principio de  prioridad  que rige al recurso extraordinario, en tanto que la cobertura de esta  censura  es  mayor  a la de la primera, cuyos efectos se contraen exclusivamente  al  fallo  impugnado,  imponían  su  postulación  principal.      

No  obstante,  y  retornando  al  tema  del  interés  para impugnar, lo que en su interior se observa es una forma velada de  retractación  frente a la admisión de responsabilidad a que se llegó mediante  el  preacuerdo  suscrito  entre defensa y Fiscalía, totalmente inoportuno en la  medida  en  que  se  presenta  después  de  surtida  la audiencia de control de  legalidad  del  allanamiento  o de “constatación de  garantías  fundamentales”, a tenor de lo normado en  el  inciso  segundo  del  artículo  293  de  la  Ley  906  de 2004, conforme al  cual:   

“..Examinado  por el juez de conocimiento  el  acuerdo para determinar que es voluntario, libre y espontáneo, procederá a  aceptarlo  sin que a partir de entonces sea posible la  retractación  de  alguno  de  los  intervinientes, y  convocará   a   audiencia   para   la   individualización   de   la   pena   y  sentencia…”1  (subraya  fuera  de texto).   

Al   respecto,  importa  subrayar  que  la  administración  de  justicia  no  puede someterse al vaivén de las incidencias  procesales  o  de  las  vicisitudes que se presenten a lo largo de la actuación  para  rehabilitar  una  oportunidad  que  ya ha expirado, menos aun cuando, como  sucede  en  este  caso,  emana  de  una  interpretación errada del ad  quem  que condujo a suprimir, en favor  obviamente  de  los intereses defensivos, el cargo aceptado por el procesado por  el  delito  de  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o municiones,  sancionado  en  el artículo 365 del Código Penal, al estimarlo subsumido en el  comportamiento  concurrente  de  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  y  municiones de uso privativo de las Fuerzas Armadas.   

Ciertamente,  contrario  a esa postura se ha  sostenido  por  esta  Sala  de tiempo atrás (CSJ AP, 24 nov. 1995, rad. 11002),  que:   

[L]a  modalidad  conductual  consistente  en  el  porte  de  la  pistola  7.65  mm.  no  puede  entenderse  comprendida por el porte y uso de la granada  de  fragmentación,  por tratarse de conductas natural  y  jurídicamente  autónomas. Cierto es que ambas son  armas  de  fuego,  según  la  clasificación  que trae el Decreto 2535 de 1993,  pero  mientras la una es de defensa personal, la otra  es  de  uso  privativo de la fuerza pública. De allí  que   el  concurso  en  estos  casos  sea  real,  no  aparente                 (subrayas  fuera de texto).   

Criterio  ratificado en CSJ SP, 6 sep. 2007,  rad. 24786, en los siguientes términos:   

Si   no   es   posible   identificar  las  características   de   las   armas  o  de  las  municiones  cuya  importación,  fabricación,    reparación,   almacenamiento,   conservación,   adquisición,  suministro  o  porte  está  prohibido  cuando  se  hace  sin  el  permiso de la  autoridad  competente  como  para  calificarlas  de uso privativo de las fuerzas  armadas  y  en  todo  caso  el  artefacto  tiene  que  ser  reputado como arma o  munición,  por  razones  de  favorabilidad deberá adecuarse la acción al tipo  penal  que  genera  menor reproche punitivo, esto es al previsto en el artículo  365 del Código Penal.   

Lo anterior no impide que cuando una persona  porta  armas  o  municiones  que  se  califican  como  de  uso personal y de uso  privativo  de las fuerzas armadas, vr. gr. cuando un individuo tiene en su poder  fusiles  y  revólveres .38, surja un concurso de conductas típicas  pues  en  el evento que alguien con una sola acción u omisión o  con  varias acciones u omisiones infrinja varias disposiciones de la ley penal o  varias  veces  la  misma  disposición, quedará sometido a la que establezca la  pena  más  grave  según  su naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que  fuere  superior  a la suma aritmética de las que correspondan a las respectivas  conductas  punibles  debidamente dosificadas cada una de ellas, que en  nuestro  asunto  significaría  la  aparición  de  un concurso  homogéneo  y  simultáneo  de  porte  de armas de fuego de defensa personal con  porte  de  armas  de  uso privativo de las fuerzas armadas, delitos previstos en  los   artículos   365   y   366  del  Código  Penal  (subrayas fuera de texto).   

Esa  hermenéutica  errada  del  Tribunal,  dígase  igualmente, no puede ser corregida por la Sala, ante la prohibición de  la  reformatio  in pejus, en  consideración    a   que   la  defensa  tiene  la  calidad  de  recurrente  único   

Empero,  lo  que sí queda claro es que para  formular   la   propuesta   contenida  en  la  segunda  censura  el  actor  carece  de legitimación en cuanto  subyace  en  ella  una  forma  velada e inoportuna de retractación a los cargos  aceptados  a  través  de  la  figura  del  preacuerdo,  motivo  por  el cual se  inadmitirá.   

Ahora   bien,   en   cuanto  concierne  al  primer  cargo,  respecto del  cual  ya  se  dijo  que  contrario sensu al  anterior      el  demandante  sí cuenta con  legitimación,  se  advierten  deficiencias argumentativas que, de todas formas,  conducen a igual conclusión, esto es, a colegir su inadmisión.   

Sobre el particular, empiécese por destacar  un  primer  tropiezo  que  surge  para  admitir  este  reproche, pues a pesar de  invocar  expresamente  la  causal  primera  prevista  en  el  artículo  181 del  estatuto  procesal  penal, la cual corresponde, como lo tiene sentado la Sala, a  la  denominada  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  no cumple con los  presupuestos inherentes a su naturaleza.   

Ello,  en  cuanto  es  de la esencia de este  motivo  casacional  sujetarse  a  los  fundamentos fácticos y probatorios de la  decisión  impugnada,  como quiera que el error se contrae a un debate puramente  jurídico  que  deviene  de  la  falta de aplicación (no se selecciona la norma  llamada  a  regular  el  caso),  de  su  aplicación  indebida  (se  escoge para  solucionar  el  caso  una preceptiva que no es atinente) o de su interpretación  errónea  (en  donde  si  bien  se  selecciona la normativa correctamente, se le  otorga una hermenéutica equivocada).   

De  modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de  la ley sustancial contemplada en el numeral tercero del artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  a condición de que el censor demuestre que el  fallador  incurrió  en  errores de hecho o de derecho, los primeros producto de  falsos  juicios  de  existencia,  de identidad o raciocinio y, los segundos, por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción, que a su vez generan  violación  de  la  ley  sustancial,  bien porque el precepto aplicado no debió  serlo   o   en   cuanto   se   dejó   de   aplicar  el  llamado  a  regular  el  caso.    

Precisamente por la disímil esencia entre las  dos  causales aludidas se colige también que son excluyentes y, por ende, deben  ser  formuladas  a  través  de  reparos independientes, con el fin de evitar la  vulneración  de  principios  regentes de la materia casacional, como son los de  autonomía  y no contradicción, consagrados en procura de preservar la claridad  y  concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y estudio.   

Haciendo   caso   omiso  de  las  premisas  anteriores,  en  el  reproche  objeto de estudio se incurre en dicha falencia al  anunciar  que  tiene  sustento  en el motivo primero del artículo 181 de la Ley  906  de  2004  y,  acto seguido, en su desarrollo, se aparta de los presupuestos  fácticos  y probatorios del fallo, para discrepar en punto del valor otorgado a  la  prueba  que  sustentó  la negativa a conceder el sustitutivo de la prisión  domiciliaria.   

Pero  además, lo único que se encuentra en  la  argumentación del libelista es su simple desacuerdo, por fuera del marco de  los  errores  señalados  de apreciación probatoria con incidencia para derruir  el  fallo,  con  lo  razonado  por  el  juzgador,  sólo  porque  acorde  con su  particular  modo de ver está demostrado lo contrario, esto es, que su defendido  cumple  con  los presupuestos  constitucionales y legales para acceder a la  prisión  domiciliaria  del  artículo  38  del Código Penal, así como con los  previstos  en  la  Ley 750 de 2002 y en las sentencias constitucionales que cita  sobre   la   materia   (S.U.   C-388   de   2005,  C-154  de  2007  y  T-705  de  2013).   

Al  constatarse,  entonces,  que el actor se  limita  a  exponer abiertamente su criterio personal en punto de la ponderación  de  las  probanzas,  básicamente  la  valoración  realizada  por la psicóloga  Sandra Carolina Martínez al  menor  y  otros  medios  de  prueba en general que en momento alguno identifica,  según  los  cuales  el  único  que  le puede otorgar una subsistencia digna al  infante   es   su   progenitor,   refulge  diáfano  el  incumplimiento  de  los  presupuestos de admisibilidad de la censura.   

Como  mucho  se  ha insisto por la Sala, tal  actitud  deja  sin  demostrar  el  error  formulado y, además, atenta contra la  naturaleza  extraordinaria  del  recurso de casación -en cuanto se concentra en  la  producción  de  errores  que  afectan la constitucionalidad o legalidad del  fallo  y  no  constituye  una  tercera  instancia-  sin  lograr derruir la doble  presunción  de acierto y legalidad que lo gobierna -en cuya virtud prevalece el  juicio   del   sentenciador   sobre   la  opinión  subjetiva  del  recurrente-.   

Todavía  peor  cuando  ni  siquiera discute  elementos  de  juicio  que  tuvieron  en cuenta los falladores para sustentar su  determinación.  De esa manera, se advierte cómo el a  quo  fue bastante amplio, y no ligero como lo aduce el  casacionista,  al  abordar  la  temática en el acápite denominado “De    la    prisión   domiciliaria   como   padre   cabeza   de  familia”2,  cuyos  fundamentos  contrastan  con  los  exiguos  que  esboza el  demandante  sobre  el particular, sustentado, como ya se dijo, exclusivamente en  la  valoración  de  la  psicóloga  Sandra  Carolina  Martínez,  mientras que en esta decisión no sólo se  pondera   esa  probanza  sino,  igualmente,   (i)  la  visita  domiciliaria  realizada  por  una  trabajadora  social  del  ICBF; (ii) la valoración médica  practicada  a  la abuela paterna del menor y (iii) la valoración sicológica al  menor   por   la   perito   Yenny   Triana  Beltrán  del Instituto Nacional de Medicina Legal.   

El análisis conjunto de dichos elementos de  persuasión permitió a este funcionario colegir:   

En  consecuencia se establece que el menor  J.P.P.R.  se  encuentra  al  cuidado  de  su padre JOSÉ EDISON PUENTES ESCOBAR,  quien  provee para su manutención, al igual que de su abuela paterna Luz Marina  Escobar  de  Puentes  por lo cual al ser separado de aquél no se le vulneran su  derechos  fundamentales  contemplados  en el artículo 44 constitucional, porque  la  presencia  de  su progenitor es suplida por su abuela paterna  quien le  suministra  igual afecto y atenciones, como lo deja sentado el reporte de visita  domiciliaria  del  ICBF  referente a los fuertes vínculos afectivos para con el  niño  J.P.  al igual que darse una relación de apoyo económico y familiar por  parte   de   los   integrantes   de   la   familia3.   

En  virtud  de  ello, si bien este juzgador  encontró  satisfechos algunos de los presupuestos establecidos en la Ley 750 de  2002  para  considerar  como  padre  cabeza  de  familia  al implicado, a la par  advirtió  que  no  cumplía  con  todos,  en  tanto la figura se suplía con la  presencia  de abuela paterna, quien, a diferencia de lo expuesto por la defensa,  no  estaba  imposibilitada  para  brindar  el cuidado, amén de que “tampoco  puede pasarse desapercibido que PUENTES ESCOBAR para la  época  de  los hechos era patrullero activo de la Policía Nacional, por lo que  la  exigencia  del  numeral  4,  en  el  sentido  de que el desempeño personal,  laboral,  familiar  o  social  del  procesado  permita  a  la autoridad judicial  competente  determinar  que  no  colocará  en  peligro  a  la comunidad o a las  personas  a  su  cargo,  hijos  menores  de  edad o hijos con incapacidad mental  permanente,  siendo  del  caso  destacar  que  su  desempeño  personal,  siendo  patrullero  de  la  policía  al  momento  de la comisión del ilícito, permite  concluir      el      no     cumplimiento     del     requisito     (sic)”.      

Este último punto, valga decir, no mereció  ninguna  glosa  del  casacionista,  lo  que  refuerza  la  conclusión de que su  prédica  se  torna  intranscendente,  tanto  porque  no controvirtió todos los  medios  de  prueba  sobre  los cuales se edificó la determinación, como porque  tampoco derrumbó íntegramente los motivos que la sustentaron.   

Argumentos  éstos  que,  al  surtirse  la  apelación  promovida  por la defensa contra la sentencia anterior, cuyo aspecto  nodal  fue precisamente la concesión del instituto de la prisión domiciliaria,  fueron   ratificados   por   el  ad  quem,  aunque con una cobertura más amplia al incluir al abuelo paterno  en el ámbito de protección del menor. Esto dijo:   

En  el caso concreto, para la Sala como lo  fue  para  el  A  quo,  el señor JOSÉ EDISON PUENTES ESCOBAR no cumple con los  presupuestos  en  cita  para  ser considerado como padre cabeza de familia de su  hijo  Juan  Pablo Puentes Rivas, ni de su señora madre Luz Marina Escobar, pues  no  existe deficiencia sustancial de los demás miembros de la familia que asuma  el cuidado de los mismos.   

En  efecto,  acorde  con  los  elementos  materiales  probatorios  allegados  por la defensa y  los  ordenados  por el A quo de conformidad con el art. 447 del CPP, se advierte  que   si   bien   frente   al  menor  J.P.P.R.  de  08  años  de  edad,  existe  ausencia  permanente de su  madre  del  menor,  señora  Martha  Rivas Labrador,  quien  acorde  con lo alegado por la defensa desde el  17  de enero de 2012 cuando se le asignó la custodia  al  procesado,  no se sabe nada de ella, en la actualidad el menor cuenta con el  apoyo    de    sus    abuelos    paternos,   señor  José  Heberto  Puentes  y Luz Marina Escobar, ambos  de  56  años,      ésta      última    que    contrario  a  lo  afirmado  por  el  apelante, no hace parte de la tercera  edad.   

Acorde con el informe del ICBF (folio 186 y  siguientes  C1), el núcleo familiar del menor lo componen su padre JOSÉ EDISON  y  sus abuelos antes citados, éstos últimos, de quienes no se ha acreditado se  encuentre  incapacitados física, sensorial, síquica o mentalmente para ejercer  su  obligación  legal  y moral, de acuerdo a ese rol, de velar por el bienestar  del   impúber  J.P.P.R.,  pues  nótese  que  el  dictamen  de  medicina  legal  practicado  a  la  señora  Luz  Marina  Escobar  y  arribado  a la actuación a  petición  del  A  quo, no determina que ésta presente alguna de esas clases de  incapacidad  para  velar  por el cuidado del menor, como bien lo consideró el A  quo.   

Tampoco  puede predicarse la condición de  padre  cabeza  de  familia de JOSÉ EDISON PUENTES ESCOBAR frente a su madre Luz  Marina  Escobar,  pues  como  se  acaba  de anotar, ésta también cuenta con el  apoyo  de  su  esposo,  señor  José  Heberto Puentes, quien se desempeña como  vigilante.   

Por tanto, no puede predicarse entonces que  el  sentenciado  ostente  la  responsabilidad  exclusiva  del  hogar y por tanto  ostentar  la  condición  de  padre  cabeza  de familia, ello sin desconocer las  lógicas  afectaciones de orden afectivo que pueda presentar el menor Juan Pablo  Puentes  debido  a  la  ausencia  de  su  padre,  reconocidos  en  los  informes  psicológicos   arribados  a  la  actuación,  lo  cual  no  implica  de  manera  inexorablemente  reconocer  que  JOSÉ  EDISON  sea  padre cabeza de familia, se  insiste,  los abuelos paternos del impúber pueden y deben suplir tal ausencia y  velar         por         su         cuidado4.   

La evocación de  los   argumentos  de  las  instancias  sobre  el  punto  en  cuestión  también  controvierte  la  afirmación  reiterada del actor según la cual se avasallaron  los  derechos  fundamentales  del  impúber  con la decisión de no otorgar a su  progenitor  el  sustitutivo  de  la  prisión domiciliaria, porque justamente el  análisis  elaborado  parte  de  esa  consideración; así mismo, que no tuvo en  cuenta  el  daño  que  hacia  su  futuro  generaba  la ausencia del progenitor,  aspecto que también fue ponderado.   

Este  cargo,  por consiguiente, también se  inadmitirá.   

Corolario  de las falencias advertidas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Sala  en  virtud  del principio de  limitación  que  regula  este  medio  extraordinario  de  impugnación, deviene  forzosa  la inadmisión del libelo, en atención a lo  normado  en los aludidos artículos 183 y 184 de la Ley  906  de  2004,  debiendo enfatizar la Sala que ni del contenido de la demanda ni  de  la  revisión  del  proceso  surge la necesidad de superar tales defectos en  procura  de proteger alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el  artículo  180  ibídem o  que haga imprescindible activar la casación oficiosa.    

Ahora  bien,  habida cuenta que contra esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  184  de  la misma codificación adjetiva, impera precisar que  como  dicha  legislación  no regula el trámite a seguir para que se aplique el  referido  instituto procesal, habrán de acatarse las reglas fijadas por la Sala  en  tal sentido5.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  de JOSÉ EDISON PUENTES  ESCOBAR,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Las  expresiones  “procederá  a  aceptarlo”  y “sin que a partir de entonces sea  posible  la  retractación  de alguno de los intervinientes” fueron declaradas  exequibles  por  la  Corte  Constitucional  en  la  sentencia  C-1195  de  22 de  noviembre de 2005.   

2  A  partir de la pág. 14 del fallo.    

3 Pág.  18 ibídem.   

4  Págs. 6 y 7 del fallo de segundo grado.   

5  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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