AP5030-2014(43798)EDITADA

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP5030-2014  

Radicación n° 43819  

(Aprobado  Acta No.  280)   

Bogotá  D.C.,  veintisiete (27) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de FAC   contra  la sentencia del 10 de marzo de  2014,  a  través  de  la  cual el Tribunal Superior de (…) confirmó el fallo  proferido  el  1º  de  noviembre del año anterior por el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito  de  (…),  que condenó a la procesada a la pena principal de 64  meses  de  prisión,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por igual lapso, como autora del  delito  de  actos  sexuales  con  menor  de  catorce (14) años, agravado por el  numeral 2º del artículo 211 del Código Penal.   

HECHOS  

La  situación  fáctica base del proceso la  resumió el Tribunal de la siguiente manera:   

“De  acuerdo a lo señalado en el escrito  de  acusación,  la señora CLO  denunció que su menor hijo de 11 años de  edad  fue  llevado  a  la  Clínica  (…),  ya que presentaba ardor en el pene;  habiéndose  diagnosticado  una  enfermedad  de  transmisión sexual, por lo que  estuvo  hospitalizado  durante  varios días, después de los cuales el niño le  informó  que  el  28  de  junio de 2007 cuando se encontraba en la despedida de  clases     en     la     residencia     de     su     profesora     FAC,  ésta  lo  llevó a una habitación  contigua  a  la cocina, en donde se quitaron pantalones y le dijo que se subiera  encima  de  ella,  a  lo  cual  accedió, permaneciendo allí aproximadamente 15  minutos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El 30 de julio de 2008 el Juzgado Cuarto  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de (…) realizó  audiencia  preliminar,  en  cuyo  desarrollo la Fiscalía formuló imputación a  FAC   por el delito de  actos sexuales abusivos con menor de catorce (14) años.   

2.  El  29  de  agosto  siguiente  el  ente  investigador  presentó  el  respectivo  escrito  de  acusación  por  el delito  considerado en la audiencia de imputación.   

3.  Realizadas las audiencias de acusación,  preparatoria  y  juicio  oral,  el  Juez  Segundo  Penal  del  Circuito de (…)  anunció   el   sentido   del   fallo,   advirtiendo  que  sería  de  carácter  condenatorio.   

4. El fallo anunciado se profirió el 1º de  noviembre  de  2013,  contra  el  cual se alzó en apelación la defensa, siendo  confirmado  por  el  Tribunal  Superior  el  10  de  marzo  del  cursante  año.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda  instancia,  el  mismo sujeto procesal acudió al recurso extraordinario  de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  tres  cargos contra la sentencia de segunda  instancia,  todos  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 906 de  2004, esto es, violación indirecta de la ley sustancial.   

          En    el    primer   cargo   acusa   al  Tribunal  de  incurrir  en  error  de  hecho  por  falso  raciocinio en la apreciación de la prueba.   

          Para  sustentar  el  reproche  destaca  cómo  a  la procesada se le  acusó  de  realizar  el  28  de  junio  de  2007  actos sexuales sobre el menor  J.S.N.L.1,  episodio  en  desarrollo del  cual  lo  contagió  de  la  enfermedad  venérea  conocida  como  gonococo. Sin  embargo,  añade, al aparecer demostrado en el curso del juicio que la profesora  no  ha  padecido  de  enfermedad  de  esa  naturaleza, deviene el testimonio del  adolescente  en  mentiroso  o  falso, como erróneos los informes sicológicos y  sexológicos rendidos con base en dicha declaración.   

          Considera  lógico,  de  esa  manera,  concluir  que  las  versiones  ofrecidas  por  el menor ante sus padres, investigadores, sicólogos, el médico  forense  y en el juicio oral son inveraces. En ese sentido, atribuye al fallador  vulnerar  el  principio del tercero excluido, conforme al cual una cosa no puede  ser  y  no  ser  al  mismo  tiempo,  así  como  los  argumentos  deductivos del  modus  ponens y modus  tollens,  porque  si  el autor del  abuso  sexual  padecía  la  enfermedad  del  gonococo  y la procesada no estaba  afectada  por  sufrimiento  de  esa  naturaleza,  no es factible atribuir a esta  última el mencionado delito.   

          Resalta  el  demandante cómo el Tribunal descartó el agravante del  contagio  de  enfermedad  de  transmisión  sexual,  estimando  no  creíble  el  testimonio  del  menor  en  ese  aspecto,  al  no  obrar  prueba  en  el proceso  demostrativa  de  que  la acusada sufriera dicho padecimiento. El actor, empero,  califica   de   ilógica,   irrazonable   o   contradictoria  la  decisión  del  ad   quem   de   otorgar  credibilidad  a  los  otros  apartes  de  dicha  declaración, en particular, en  cuanto  se  refiere  a  la existencia de los actos sexuales. En su criterio, con  tal  conclusión  el sentenciador esquivó la restante prueba recaudada, la cual  demuestra  que  el niño mintió conscientemente o inducido por la manipulación  parental, especialmente, de su mamá.   

          Adicionalmente,  dice,  contravino los precedentes jurisprudenciales  acorde  con  los cuales no siempre a los menores de edad debe creérseles cuando  afirman  ser  víctimas  de un abuso sexual, porque hay ocasiones en que mienten  por intereses personales o por manipulación.    

          El  libelista,  en  adelante,  se  dedica  a  insistir,  con cita de  extensa  literatura referida al tema, en la violación del principio lógico del  tercero  excluido, en cuanto el Tribunal edificó un argumento sofístico cuando  reconoció  que  la profesora no padecía enfermedad de transmisión sexual para  el  momento de la realización del presunto delito, pero otorgó credibilidad al  menor  respecto  de  la  existencia  del  abuso,  pese  a  pregonar “la    posibilidad    de    que    esta    transmisión   pudiera  ocurrir”.   

          Considera,  en  consecuencia,  que  la  ausencia  de  enfermedad  de  transmisión  sexual  en  el  cuerpo  de  la  acusada,  no  permite  edificar un  argumento   lógico,   deductivo  y  verdadero  para  deducirle  responsabilidad  respecto  del abuso sexual, máxime si se tiene en cuenta la sentencia del 25 de  septiembre  de  2013  (rad.  40455)  de  esta  Corporación,  donde  se  fija el  verdadero  y  actual  alcance  acerca  de  la credibilidad del testimonio de los  niños presuntamente objeto de ese tipo de delitos.   

          En    el   segundo   cargo   denuncia  también  un  error de hecho por falso raciocinio, en esta  ocasión por desatender las reglas de la ciencia.   

          Al  desarrollar  la  censura  cuestiona  al  Tribunal por considerar  creíble  el  testimonio  del  menor,  pese a ser falaz, mentiroso, maquillado y  fruto  “de  los sugerentes interrogatorios vertidos  por  la  madre y por los peritos sicólogos y defensores de familia, incluido el  interrogatorio  en  la  cámara  de  Gessel”.  En ese  último,   sostiene,   se   formularon    preguntas  capciosas,  sugestivas  “y  confusas  prohibidas  por la ley”,    producto    de    una    negación   indefinida,   “habida  cuenta  que  hay  un  tercero excluido, en el sentido de  conducir  al  niño a afirmar que antes no ha tenido contactos físicos con otra  niña o con otra mujer”.   

          En   ese   sentido,   estima   ilógica   la  decisión  de  otorgar  credibilidad  al  segmento  del  testimonio del niño derivado de la afirmación  indefinida  de  no  haber  tenido  ningún “contacto  físico”  con  otra persona distinta a la profesora.  Adicionalmente,  cataloga  sus  dichos de contradictorios, pues dijo que siguió  “desde  atrás”  a  la  profesora  por  la  cocina  hasta  el  cuarto  oscuro, para después afirmar que  “iba cogido” de su mano,  relato  que,  en todo caso, resulta inverosímil, pues tenía que pasar por esos  sitios  en  medio  de  todos  los  presentes  en la fiesta, incluidos los demás  niños  asistentes,  quienes declararon no haber visto a la profesora ausentarse  con el menor durante 15 minutos.   

          Insistiendo  en  la falta de verosimilitud del testimonio del menor,  atendida    la   “sugestibilidad”   recibida  de  su  progenitora  y  de la forma como le formularon las  preguntas  en  los  distintos  interrogatorios  a  que  fue sometido, rechaza la  afirmada  contaminación  del  gonococo por parte de la procesada, pues ésta no  padece  ni ha padecido esa enfermedad. Al respecto, demanda examinar la referida  declaración  de  conformidad  con la sana crítica y en conjunto con las demás  pruebas,  entre  ellas  los  testimonios  de  los  demás niños asistentes a la  fiesta,   según   así   lo  exigen  precedentes  jurisprudenciales  que  cita.   

          En  su  criterio,  la  simple  coherencia del relato del menor no es  suficiente  para  predicar  su credibilidad. Para ello, añade, no basta aplicar  el  instrumento  SATAC sino que es necesario acudir al método CBCA-SVA, el cual  mide  tanto  el  contenido  como  la  validez  de la declaración. A ese tipo de  evaluación,  dice,  no  se  sometió  a  la  víctima,  a  quien tan solo se le  realizó    la    entrevista   forense   basada   en   preguntas,   “no  siéndole  permitido  al entrevistador hacer conclusiones de  credibilidad                   o                   validez”.        

          Tras  ilustrar,  con  cita de literatura relativa al tema, acerca de  las   fases  propias  del  método  CBCA-SVA,  el  libelista  destaca  cómo  la  sicología  judicial  prevé  la  hipótesis  de  la  falsa  denuncia  del niño  presuntamente  abusado,  sin  necesidad  de mediar animadversión en éste, pues  él  no  dimensiona el daño a terceros. Estima que aquella situación bien pudo  presentarse  en  este  caso, lo cual juzga lógico, dado que el acceso carnal no  existió,  como  tampoco  la  contaminación  de  la  enfermedad por parte de la  profesora   

          En  capítulo  final  perteneciente  al  cargo  objeto de resumen el  actor  precisa  el  falso  raciocinio  que  por  violación  de las reglas de la  ciencia  atribuye  al  Tribunal.  Y  al  efecto, luego de efectuar su particular  reseña   de   lo   ocurrido   en   este   caso,   concluye   que   “el  contagio de la enfermedad gonococo de transmisión sexual no  la  obtuvo  el  menor  de  parte  de la profesora, sino que todo ello estuvo muy  seguramente  asociado  con  los  problemas  de prepucio cerrado, y a la falta de  higiene  de  dicha  área  del pene, área que se convirtió en un reservorio de  gérmenes  patógenos  de  ETS.  Enfermedad  de  transmisión  sexual  que se la  transmitió  persona  excluyente de la profesora…”.   

          Para  el casacionista, si lo anterior es así, como lo reconoció el  ad quem, necesario se impone  deducir  que tampoco la procesada fue la protagonista de la manipulación sexual  que  se  le atribuye. Sobre este particular, considera equivocada la afirmación  del  sentenciador  según la cual la enfermedad de transmisión sexual, luego de  ser   detectada,   “tuvo   que   ser  tratada  con  antibióticos  y  una posterior circuncisión”. En su  criterio,  desconoce  la  ciencia  sostener  que  la circuncisión se da como un  tratamiento  efectivo  para combatir las enfermedades de esa naturaleza, pues en  realidad   es  de  carácter  “preventivo  para  no  adquirirlas”.    

          Citando  literatura  al  respecto,  concluye  insistiendo  en que el  niño  pudo  ser  sugestionado  para  “señalar a la  profesora     ante     la     necesidad    de    responder    al    ‘abuso         sexual         o  manipulación’   y  al  contagio de la enfermedad de transmisión sexual”.   

          En    el    tercer   cargo   predica  la  presencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  existencia.   

          Al  respecto,  reclama  examinar el testimonio del menor en conjunto  con  las  declaraciones  rendidas  por  los demás niños asistentes a la fiesta  donde  presuntamente  ocurrieron los hechos. En concreto, se refiere a cuatro de  ellos,  cuyos  nombres  precisa,  quienes  al  unísono  corroboran “la  sugestibilidad  del  menor  por  la  mentira  consciente del  supuesto abuso sexual por parte de la profesora anfitriona”.   

          Con  transcripción  de  algunos fragmentos de tales testimonios, el  censor  sostiene  que  especialmente los tres últimos fueron claros, precisos y  coherentes  en  señalar  al  unísono  que  habiendo  estado  en  la  fiesta de  principio  a  fin no vieron a la profesora ausentarse de la cocina hacia ningún  cuarto,       ni       mucho       menos      seguido      por      J.S.N.L.  quien  sólo lo hizo para ir al  baño como todos los demás niños.   

          Invocando  la  sentencia  del  5  de noviembre de 2008 (rad. 29053),  cuestiona  al  Tribunal  por examinar únicamente la prueba de cargo, no así la  de  descargo,  para  de esa manera argumentar la responsabilidad de la procesada  en  forma  ilógica,  sofística  y  violando  las  reglas de la lógica y de la  ciencia,  en  cuanto  a  pesar  de  reconocer  no  demostrada  la  enfermedad de  transmisión  sexual  en  el  cuerpo  de  la  aludida,  profiere la condena tras  impartirle  validez  y  credibilidad a los informes de los peritos, “por  considerar  que  estos informes se basaron en el testimonio  del  menor  que  califica de coherentes, ante la misma versión que hiciera ante  su   primogenitora   (sic),  sicólogos   y   trabajadora   social   del   ICBF”.   

          De  la  anterior  forma, solicita casar la sentencia impugnada para,  en   su  lugar,  absolver  a  FAC   y ordenar, consecuentemente, su libertad inmediata.   

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004,  conforme  ocurre con el previsto en la Ley 600 de 2000,  también  exige,  como  condición para la admisión de la demanda de casación,  la  satisfacción  de  exigencias de lógica y adecuada argumentación, cuyo fin  es  permitirle a la Corte, a partir de la coherencia y precisión conceptual del  libelo,  establecer  sin dificultad cuál es el error atribuido al sentenciador,  causante  de  la violación de la Constitución o la ley o la afectación de las  garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben  corresponder  en un todo con la realidad procesal (Cfr. CSJ AP, 2 de mayo  de 2012, Rad. 26846).   

          En  el  caso  objeto de examen, advierte la Sala que el libelista no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

En    efecto,    en    el   primer  cargo el actor reprocha al juzgador  incurrir en error de hecho por falso raciocinio.   

Este   dislate  se  estructura  cuando  el  fallador,  al  valorar el conjunto probatorio, vulnera los principios de la sana  crítica,  integrados  por las reglas de la experiencia, los postulados lógicos  y  las  leyes  de  la  ciencia. Para su demostración le compete al casacionista  indicar  el  principio de la aludida naturaleza, en concreto, desconocido por el  juzgador,  señalar  aquel  o  aquellos  que  debió aplicar éste y explicar la  trascendencia del yerro.   

En  el presente caso, el demandante predica,  en  esencia,  la vulneración del principio lógico del tercero excluido porque,  según  señala,  si  el  autor  del  abuso  sexual  padecía  la enfermedad del  gonococo  y  la  procesada no estaba afectada por sufrimiento de esa naturaleza,  no es factible atribuir a esta última el mencionado delito.   

En  la  reseñada  postulación,  empero, el  impugnante  desconoce  el  principio  de  corrección material, pues parte de la  base  de que los falladores reconocieron que el menor adquirió la enfermedad de  transmisión  sexual  durante  el  contacto de esa naturaleza realizado el 28 de  julio de 2007 entre éste y la acusada, lo cual no es cierto.   

Siendo  entonces  errónea  la premisa de la  cual  parte  el  libelista,  surge a todas luces defectuoso el ataque casacional  formulado.   Ciertamente,   si  los  falladores  no  dieron  por  demostrada  la  situación   fáctica   antes  mencionada,  en  ninguna  contradicción  lógica  pudieron   incurrir  cuando   arribaron  a  la  convicción  acerca  de  la  responsabilidad  de  la  procesada  en  el  acaecer  delincuencial  imputado, no  obstante  descartar  la  agravante del numeral 3º del artículo 211 del Código  Penal,  por  no  hallar prueba de que la aludida produjo la contaminación de la  enfermedad  venérea detectada al menor durante los exámenes a los cuales se le  sometió posteriormente.   

Más  aún, en la sustentación del reproche  el  actor  incurre en la violación del principio de autonomía que rige en sede  de  casación,  conforme  al  cual  el  desarrollo  de  la  postulación se debe  corresponder  con  su  enunciación.  Ello porque atribuyó al Tribunal esquivar  “la   restante   prueba   recaudada”,  sugiriendo  así  la  presencia  de  un  error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  que  ninguna  relación  tiene con el motivo casacional  denunciado.   

Ese   yerro,  en  todo  caso,  tampoco  lo  fundamentó,  pues  en  momento  alguno identificó las pruebas echadas de menos  por  el  ad quem, ni tampoco  explicó  su  trascendencia,  carga  argumentativa  que le correspondía cumplir  para el efecto.   

En  vez  de ello, se dedicó a cuestionar al  Tribunal  por contravenir los precedentes acorde con los cuales no siempre a los  menores  de  edad  debe  creérseles  cuando  afirman  ser víctimas de un abuso  sexual,  porque  hay  ocasiones  en  que  mienten por intereses personales o por  manipulación,   sin  esforzarse  por  demostrar,  a  través  de  la  mecánica  casacional,  que  la  víctima  faltó a la verdad por alguno de los mencionados  motivos.   

         En    el   segundo   cargo   denuncia  también  un  error de hecho por falso raciocinio, en esta  ocasión por desatender las reglas de la ciencia.   

         Al  desarrollar  la  censura,  empero,  incurre  una  vez más en la  desatención   del   principio   de  autonomía,  porque  incluye  en  la  misma  postulaciones  que  no  se  corresponden  con  el  motivo  casacional enunciado.  Obsérvese   cómo,   en   primer  lugar,  cuestiona  al  Tribunal  por  otorgar  credibilidad  al  testimonio  del  menor,  pese a que en el interrogatorio se le  formularon  preguntas  sugestivas,  capciosas  y,  en  fin,  prohibidas  por  la  ley.   

Como lo tiene ampliamente precisado la Sala,  la  decisión  del  juez  de  admitir pruebas que no satisfacen los presupuestos  legales  atinentes  a  su  producción  debe  denunciarse  por vía del error de  derecho,  en  la  modalidad  del  falso  juicio de legalidad. Recuérdese que un  dislate  de esa estirpe se presenta cuando el fallador asigna validez a un medio  de  prueba,  a  pesar  de  que  en  su producción y aducción se desconocen las  reglas  establecidas  en  la  ley  para el efecto, y también cuando el juzgador  deja  de  apreciar  algún elemento de convicción, por considerar erróneamente  que en su recaudo se desatendieron dichas reglas.   

Para   su   demostración,  al  actor  le  corresponde  identificar  claramente la prueba indebidamente apreciada, señalar  las  normas  medio  que  regulan  su  formación,  acreditar  que  la prueba fue  excluida  debiendo  ser  apreciada  o que fue apreciada debiendo ser excluida, y  demostrar   las   implicaciones  del  error  en  las  conclusiones  probatorias.   

Tal  carga argumentativa el libelista no la  cumplió  a  cabalidad,  pues aun cuando indica la prueba censurada, se limita a  indicar  que  las  preguntas indebidas indujeron al menor a negar cualquier otro  contacto   sexual   distinto   al  efectuado  con  la  procesada,  sin  explicar  suficientemente  por  qué  revisten  el  carácter  de  sugestivas, capciosas o  prohibidas  por  la  ley, ni especificar la incidencia que la respuesta ofrecida  por la víctima tuvo en la sentencia impugnada.   

Y en segundo lugar, cataloga de ilógica la  decisión  del  juzgador de otorgar credibilidad a la mencionada respuesta, pese  a  tratarse  de  una  afirmación  indefinida,  esbozando  de  esa manera, no la  violación  de  una  ley de la ciencia, sino de un postulado lógico, aun cuando  sin concretarlo en la demanda.   

Ahora bien, aun cuando no es función de la  Corte  desentrañar  las  confusas  e  intrincadas  postulaciones de los sujetos  procesales,  pues  ello conspira contra el principio de limitación que gobierna  el  recurso de casación, pareciera que cuando el actor reprocha al Tribunal por  no  valorar  el  testimonio  del  niño  con  fundamento  en el método CBCA-SVA  estuviera atribuyéndole la desatención de una ley de la ciencia.   

Si  así  fuera,  la postulación se exhibe  defectuosa,     pues     se     abstuvo    de    demostrar    la    aceptación,  irrefutabilidad  y  universalidad de dicho enunciado,  características  que  debe  reunir  toda  ley científica, según así lo tiene  expresado  esta  Corporación (AP, 13 de sept. de 2010,  rad.  234292).  Más  aún,  es  criterio  de  esta  Sala  que  la  técnica  de  evaluación  de los testimonios de los menores víctimas de abusos sexuales a la  cual  se  refiere  el  casacionista,  “no  goza  de  aceptación  en la comunidad científica nacional e internacional, la cual la ha  descartado  por la disparidad de criterios que existen en torno a su aplicación  y   por   el   enorme  subjetivismo  que  conlleva”  (SP. 9 de dic. de 2010, rad. 34434).   

Ahora  sí  en  forma expresa, el libelista  refiere  que  la  afirmación  del ad quem  según  la cual la enfermedad de transmisión sexual, luego de ser  detectada,  “tuvo que ser tratada con antibióticos  y  una  posterior circuncisión”, desconoce la ley de  la  ciencia  consistente  en que la precitada cirugía se da como un tratamiento  efectivo  para  combatir  las  enfermedades  de  esa  naturaleza,  es  decir, en  realidad   es  de  carácter  “preventivo  para  no  adquirirlas”.    

El  casacionista,  empero,  no  explica  el  alcance  de la expresión “posterior” empleada  por  el  Tribunal, pasando por alto entonces que la misma,  en  el  contexto  de  su  análisis,  traduce  que la circuncisión se efectuó,  precisamente,   para   prevenir   la  ulterior  adquisición  nuevamente  de  la  enfermedad.  En  todo  caso,  tampoco  demostró que el yerro de la corporación  judicial  en  mención,  de  haber  ocurrido, reviste trascendencia para cambiar  radicalmente el sentido de la decisión impugnada.   

Advierte  la  Corte  que,  en  realidad, el  censor  a  lo largo del cargo no hace sino postular su propia visión acerca del  alcance   de   las   pruebas   incorporadas  a  la  actuación,  catalogando  de  contradictoria  y,  en fin, inverosímil la versión del menor afectado, enfoque  que  opone  al  postulado  por los juzgadores, pretendiendo de la Corte acoja el  suyo  y desestime el de éstos, con lo cual olvida que ese tipo de controversias  no  están  llamadas a prosperar en sede de casación, dada la doble presunción  de   acierto   y   legalidad  de  que  está  dotada  la  sentencia  de  segunda  instancia.   

         Finalmente,  en el tercer cargo  denuncia  la  incursión  en  error  de  hecho por falso juicio de  existencia.   

         Dicho  yerro  se  configura  cuando  el sentenciador, al apreciar el  conjunto  probatorio,  omite  valorar  algún medio de convicción obrante en el  proceso  o  supone  otro  inexistente.  Para  su  demostración  al libelista le  corresponde   señalar   si  el  yerro  se  presentó  por  haberse  omitido  la  apreciación  de  una prueba (existencia por omisión)  o  porque  el sentenciador inventó una que no obra en  el  proceso  (existencia  por invención),  precisando  cuál es el contenido de la prueba omitida o cuál el  mérito  asignado por el juzgador al medio supuesto y, en ambos casos, indicando  la trascendencia del error.   

         En  este  caso  el  actor,  aun  cuando sin decirlo explícitamente,  predica  la falta de apreciación de los testimonios de cuatro niños asistentes  a  la fiesta en la cual se desarrollaron los hechos denunciados. Sin embargo, no  puede  pasarse  por  alto que, en virtud de la unidad inescindible de los fallos  de  primera  y segunda instancia, lo dicho en aquél queda incorporado en éste,  salvo  que el ad quem señale  expresa  o tácitamente lo contrario. Y a este respecto, se advierte que si bien  el  Tribunal no se refirió taxativamente a dichas declaraciones, su valoración  sí  la realizó el a quo, al  punto  de  transcribir  varios  de  sus  apartes,  señalando  sobre  el mérito  suasorio de esas pruebas, inicialmente:   

“No se advierte en testimonio alguno, ni  en  entrevista  psicóloga,  ni en declaración alguna  de  los menores ex compañeros de estudio de J.S.N.L.,  que  hubiera  algún  tipo  de  rencor  de  éste  con la profesora FAC   para  hacer   tal   señalamiento…”   K   (subraya  la  Corte)2.   

Y luego:  

“Es  más, quedó debidamente acreditado  que  participaron  la  gran  mayoría  de  los  estudiantes  y  algunos de ellos  declararon  en  la cámara GESSEL, relatando algunas circunstancias similares de  la  conducta  del  menor,  alguno indicando que era tímido, otros indicando que  extrovertido,  esa  es  una  situación  que a juicio del despacho tampoco resta  credibilidad  de  su  testimonio,  en la medida en que una persona se expresa de  otra,   de   acuerdo   con   el   nivel  de  relación  y  el  conocimiento  que  tenga”3.   

         En  consecuencia,  los  sentenciadores  no  dejaron  de apreciar las  declaraciones  que  echa  de menos el impugnante. Las valoraron, sólo que no en  el  sentido  pretendido  por éste, cuya discrepancia no constituye per   se  error  demandable  en  sede  de  casación, según lo visto en precedencia.   

         Aparte  de  lo  expuesto, también en el desarrollo de este reproche  el  casacionista  pretermite el principio de autonomía, pues termina deslizando  el  ataque  hacia  los  terrenos  del  error  de  hecho por falso raciocinio, al  atribuir  al  Tribunal  predicar la responsabilidad de la procesada violando las  reglas  de  la  lógica  y  de  la  ciencia, aun cuando, igualmente, sin indicar  exactamente  cuáles  postulados  de  esa  naturaleza  se  desconocieron  en  la  sentencia.   

Atendidas,   por   tanto,  las  falencias  advertidas  en los tres cargos formulados, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales que imponga superar los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  FAC  .   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Como  la  presente  providencia puede ser publicada, se omite el nombre de los menores  involucrados  en  este  asunto,  de conformidad con lo establecido en el numeral  8º  del  artículo  47  de  la  Ley  1098  de  2006 ó Código de la Infancia y  Adolescencia.   

2  Páginas 16 y 17 dl fallo de primera instancia.   

3  Página 22 ídem.     

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