AP4971-2014(43937)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Magistrado Ponente  

AP4971-2014   

Radicación     No.     43937   

(Aprobado acta No.  280)   

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  que  presenta  el  apoderado  de  la parte civil  constituida  en  el  proceso  seguido  a  MARLO OSPINA  GARCÍA  contra  la  sentencia absolutoria de segunda  instancia  proferida  el veintitrés de enero de dos mil catorce por el Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Quibdó.   

1.- ANTECEDENTES  

1.1.-  Los  hechos  fueron declarados por el  Tribunal de la manera siguiente:   

El  día  28  de marzo de 2004, los señores  DAVID  MARTÍNEZ  CARDONA,  EDGAR  ANDRÉS VILLA, PAULINA LÓPEZ HURTADO, HEILER  ANTONIO  MENA  AGUALIMPIA  y MARÍA DORIS OREJUELA MOSQUERA hicieron apuestas de  ‘chance’  con  formularios  vendidos  por  la  empresa  Apuestas  Unidas  del  Pacífico S.A., juegos que aquellos hicieron con  los   números  4245,  en  su versión de cuatro cifras y 245 en la de tres  cifras,  y  estaban  vinculados al resultado de las loterías Dorado, Chontico y  Paisita, entre otras.   

Sucedió  que a eso de las 2:00 de la tarde  de  la  referida  fecha  se  dio  inicio  al  sorteo de la lotería Paisita Uno,  resultando ganador el número 4245.   

Como el resultado de la mencionada Lotería  había  sido  favorable  a  la  suerte  de  los  precitados  apostadores, éstos  requirieron  el pago a la respectiva agencia, cuya remuneración en total era de  $91.220.000.oo,  pero  el  coordinador  de  la  zona  del San Juan, señor MARLO  OSPINA  GARCÍA,  se  negó  al pago, tras alegar que los domingos y feriados la  empresa  Apuestas  Unidas  del  Pacífico S.A., solamente jugaba con los sorteos  ocurridos después de las 6 de la tarde.   

1.2.-  Agotada  la fase correspondiente a la  instrucción    y   previa   clausura   de   ésta1,      el     15    de  diciembre de 2010    la    Fiscalía    13  Seccional  Delegada  ante  el Juzgado  Penal   del   Circuito   de   Itsmina,  calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario con resolución de  acusación   en   contra   del  procesado   MARLO   OSPINA   GARCÍA  como presunto  autor  responsable  del  delito  de estafa,  mediante  determinación  que cobró ejecutoria en esa instancia  al             no             haberse         interpuesto     recursos  contra ella2.   

1.4.- La etapa de  juicio  fue  asumida por el Juzgado Penal del Circuito  de       Itsmina3,   en   donde,  después  de  llevarse     a    cabo    la    vista    pública4,     el     19         de         septiembre     de     2012 se puso fin  a  la  instancia  absolviendo al procesado   MARLO   OSPINA   GARCÍA   de   los   cargos   que   le  fueron  imputados   en  la  resolución  de  acusación5.   

1.5.-  Recurrida  esta  decisión  por  la  parte      civil6,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito     Judicial     de    Quibdó,    por    medio    del    fallo    proferido   el   23   de  enero  de 2014 decidió  impartirle  confirmación,  al  conocer  en  segunda  instancia de la apelación  interpuesta7.   

1.6.-  Contra el fallo del Tribunal, el  apoderado    de    la    parte   civil8  interpuso  oportunamente      recurso      extraordinario      de     casación,          presentándose     la     correspondiente  demanda9,    sobre    cuya    admisibilidad    se    pronuncia la Corte.   

2.- LA DEMANDA  

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  providencia  materia  de  impugnación, así como resumir los  hechos  y  la  actuación  llevada  a  cabo  en  las  instancias,  con  apoyo en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo,  tres  cargos  formula  el      demandante      contra     el     fallo     del     Tribunal.   

En   relación   con   el   primer     cargo,     indica  que  el  Tribunal  incurrió en  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  en  la  apreciación  de la  indagatoria  rendida  por  el  encartado  MARLO  OSPINA  GARCÍA, al parcelar su  contenido.   

Sostiene  que el  haber   fundamentado   la   absolución  del  acusado  sobre  la  división  que  el  Tribunal  hizo de su  confesión,     en     el     sentido     que     se     negó     al  pago  de  los  premios porque       <<La             Paisita          1>>   no   jugaba   domingos  ni  festivos  en  Itsmina, fue un gran error en opinión  del   recurrente,  puesto  que  el  procesado  reconoce  no  haber  suministrado  información  a  los  vendedores en el sentido que dicha lotería no jugaría el  domingo  28  de marzo de 2004 a las 2 de la tarde, con el argumento que ellos ya  lo  sabían,  pero  sin demostrar cómo ni de qué manera dicha información les  llegó a los vendedores.   

Anota  además,  que  si  eran  varias  las  personas  encargadas  de vender el juego de azar, como se establece de verificar  las  varias  colillas  de  los juegos de chance vendidos a sus representados, no  entiende  la  razón  por  la  cual  el  sindicado  sólo hizo citar como única  testigo  de  su dicho a la señora María Caicedo Murillo quien, en opinión del  recurrente, pudo haber sido manipulada.   

Con  base  en  lo  anterior,  estima  que  <<estamos   frente   a  un  falso  juicio  de  identidad,  al  desfigurarse el hecho que revela la prueba objeto de la censura,  dándole  un  alcance  objetivo  que  no tiene, por cuanto se le ha sectorizado,  parcelado  o  dividido,  tomando  únicamente  en  favor  del  procesado  lo que  aparentemente  se  cree  lo  favorece,  pero  cercenando  las circunstancias que  comprometen  su responsabilidad>>, error que, a  su  criterio, impidió la aplicación del artículo 246 del C.P. que penaliza el  delito de estafa.   

El   segundo  cargo  lo hace consistir el recurrente, en  que  el Tribunal incurrió en error al ocuparse del testimonio  de   María  Caicedo  Murillo,  <<como  única  testigo  suministrada  por el implicado MARLO OSPINA GARCÍA, para justificar su  defensa,   cuando   por  la  naturaleza  del  asunto  denunciado  y  materia  de  aclaración,  debieron  citarse,  oírse y/o escucharse de igual manera, a otros  tantos  vendedores  de  la Empresa demandada>>,  lo   cual   dio   lugar   a   que   se   le   otorgara   un  valor  <<que   en   realidad   de   verdad   no  merece,  incurriéndose  por  ello  en  error  de apreciación, al haber  realizado   el   H.   Tribunal,   una   valoración  equivocada  de  los  hechos  objetivamente  vistos,  plasmados  en  la  sentencia, inferencias erróneas, por  inexacta    observación    de    los    elementos    que   informan   la   sana  crítica>>.   

Este    error,    dice,    impidió  también  la  aplicación  del artículo 246 del Código  Penal.   

En cuanto tiene que ver con el tercer      cargo,     manifiesta   que   el   Tribunal  incurrió  en  falso  juicio  de  identidad,  al pretender avalar el testimonio de María Caicedo Murillo, con las  colillas  de  los  chances allegados como prueba al plenario, pues, al contrario  de  lo que allí se dice, que las mismas dan cuenta de un solo juego de lotería  para  el  día  28  de  marzo  de 2004 en la medida en que no identifican si era  paisita  1  o  paisita  8,  <<parcialmente  se  demuestra   con   las   mismas   colillas  o  chances allí relacionados  que a varios de ellos, mis  representados    sí    les    marcaron    con   PAISITA   1>>,  como  según  dice, se acredita con  los  desprendibles  identificados  con  los  números 0673150, 0706613, 0706612,  0711710, 0711715.   

Advierte,    no   obstante,   que   <<lo  anterior  no  significa  que  los  chances  o colillas sin el número 1, no hayan jugado en la  fecha  y  hora  indicada (domingo 28 de marzo/04, a las 2:00 de la  tarde),  puesto  que  no  sabemos si era o no costumbre colocar religiosamente el número  de  la  paisita  a  jugar,  pero  de  ser  acogida la tesis del Tribunal, cuando  menos   habría   que  reconocer  la  condena  y  pago  de los perjuicios por ese aspecto, pues por esa  errónea  interpretación  probatoria,  ha  dejado  de  aplicarse la norma penal  sustantiva, antes glosada>>.   

SE CONSIDERA:  

1.-  No  se  requiere  mayor  esfuerzo para  advertir,  ab  initio,  que  el   libelo  sustentatorio  de la impugnación  instaurada  a nombre del parte civil constituida en el proceso seguido en contra  de     MARLO     OSPINA    GARCÍA    presenta   inocultables   desaciertos   de   orden  técnico  y  de  fundamentación  que  le  impiden superar el juicio de admisibilidad que por ley  le  corresponde  realizar a la Sala, y frustran las aspiraciones desquiciatorias  contra el fallo de segunda instancia.   

2.-    De    manera   reiterada   esta  Corporación ha señalado que la casación no es una  instancia  más  a las ordinarias del trámite, en la que puedan ser presentados  de  manera  libre  e  informal  argumentos de disentimiento contra los fallos de  segunda  instancia, ni constituye una prolongación del juicio en la que resulte  posible  continuar  el  debate  fáctico y jurídico propio del trámite regular  del proceso.   

Insistentemente   ha   precisado  que  la  postulación  del  instrumento extraordinario de impugnación debe obedecer a la  denuncia  y  demostración de haber sido transgredida la ley con el fallo, y que  el  escrito a través del cual se ejerce, para que pueda llegar a ser admitido a  su  estudio  de  fondo,  necesariamente debe cumplir, no solamente los rigurosos  requisitos  de  forma  y contenido establecidos por el artículo 212 del Código  de   Procedimiento   Penal   de   2000   (idoneidad  formal),  sino que la demanda debe ser objetivamente  fundada,  es decir, estar llamada a lograr la infirmación total o parcial de la  sentencia,  o  a propiciar un pronunciamiento unificador del Máximo Tribunal de  la   Jurisdicción   Ordinaria   alrededor  de  un  determinado  tema  jurídico  (idoneidad  sustancial).   

Por  esta razón, entre los presupuestos de  admisibilidad,  la  legislación  procesal  ha  previsto  para  el demandante la  obligación  de  presentar  precisa  y  claramente  los  fundamentos fácticos y  jurídicos  del  motivo  de casación que se aduce, para lo cual debe tomarse en  cuenta  que  cada  causal  tiene  naturaleza  autónoma,  por  lo mismo se halla  sometida  a  parámetros  demostrativos propios y distintos de las demás, y que  su  configuración  trae  aparejada  consecuencias  de  diversa  índole para el  proceso.   

3.- En relación  con  la  causal primera de casación, cuerpo segundo,  la  Sala  tiene  establecido  que cuando se denuncia  violación  indirecta  de  la  ley  por  falta  de  aplicación   o   aplicación  indebida  de  normas  de  derecho  sustancial,  a  consecuencia  de  incurrir el juzgador en errores de apreciación probatoria, el  libelista debe precisar si éstos son de hecho o de derecho.   

Al efecto debe connotarse que los primeros se  presentan  cuando  el juzgador se equivoca al contemplar materialmente el medio;  porque  omite  apreciar  una  prueba  que  obra  en el proceso; porque la supone  existente    sin    estarlo    (falso   juicio   de  existencia);  o cuando no obstante considerarla legal  y  oportunamente  recaudada,  al  fijar  su  contenido la distorsiona, cercena o  adiciona   en   su   expresión   fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente  no  se establecen de ella (falso juicio  de  identidad);  o, porque sin cometer ninguno de los  anteriores  desaciertos,  pese  a existir la prueba y ser apreciada en su exacta  dimensión   fáctica,   al  asignarle  su  mérito  persuasivo  transgrede  los  postulados  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de experiencia,  es  decir,  los  principios  de  la  sana  crítica  como método de valoración  probatoria      (falso     raciocinio).   

En   esta   dirección,   se  reitera  que  cuando  la  censura se orienta por el falso juicio de  existencia  por  suposición  de  prueba,  compete al  demandante  demostrar  la  configuración  del  yerro  mediante  la  indicación  correspondiente  del  fallo  donde  se  aluda a dicho medio que materialmente no  obra  en  el  proceso;  y  si  lo  es por omisión de  ponderar    la    prueba    que    material    y   válidamente   obra   en   la  actuación,  es  su deber concretar en qué parte del  expediente  se  ubica  ésta,  qué objetivamente se establece de ella, cuál el  mérito  que  le  corresponde  siguiendo  los  postulados de la sana crítica, y  cómo  su  estimación  conjunta  con  el  arsenal  probatorio  que  integra  la  actuación,  da  lugar  a  variar  las  conclusiones  del  fallo, y, por tanto a  modificar   la   parte   resolutiva  de  la  sentencia  objeto  de  impugnación  extraordinaria.   

Si   lo   pretendido   es   denunciar   la  configuración  de errores de hecho por falsos juicios  de   identidad  en  la  apreciación  probatoria,  el  casacionista   debe  indicar  expresamente,  qué  en  concreto  dice  el  medio  probatorio,  qué  exactamente dijo de él el juzgador, cómo se le tergiversó,  cercenó  o  adicionó  haciéndole  producir  efectos  que  objetivamente no se  establecen  de  él,  y  lo  más  importante,  la  repercusión  definitiva del  desacierto  en  la declaración de justicia contenida en la parte resolutiva del  fallo.   

Y si lo que se denuncia es la configuración  de  un  falso raciocinio por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia  o  máxima  de  experiencia  fue desconocida, y cuál el aporte  científico  correcto,  la  regla  de  la  lógica  apropiada,  la máxima de la  experiencia  que debió tomarse en consideración y cómo; finalmente, demostrar  la  trascendencia del error indicando cuál debe ser la apreciación correcta de  la  prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado lugar a proferir un fallo  sustancialmente distinto y opuesto al ameritado.   

Los  errores  de  derecho,  entrañan,  por  su  parte, la apreciación  material  de  la  prueba por el juzgador, quien la acepta no obstante haber sido  aportada  al  proceso  con  violación  de  las  formalidades  legales  para  su  aducción,  o  la  rechaza porque a pesar de estar reunidas considera que no las  cumple   (falso   juicio   de  legalidad);   también,   aunque   de   restringida  aplicación  por  haber  desaparecido  del  sistema  procesal la tarifa legal, se incurre en esta especie  de  error cuando el juzgador desconoce el valor prefijado a la prueba en la ley,  o  la  eficacia  que  ésta le asigna (falso juicio de  convicción), correspondiendo al actor, en todo caso,  señalar   las  normas procesales que reglan los medios de prueba sobre los  que    predica    el    yerro,    y    acreditar    cómo    se    produjo    su  transgresión.   

Cada una de estas especies de error, obedece  a  momentos lógicamente distintos en la apreciación probatoria y corresponde a  una  secuencia  de  carácter  progresivo, así encuentre concreción en un acto  históricamente  unitario:  el  fallo judicial de segunda instancia. Por esto no  resulta  acorde con la lógica inherente al recurso que frente a la misma prueba  y  dentro  del  mismo  cargo,   o  en otro postulado en el mismo plano, sin  indicar  la  prelación  con que la Corte ha de abordar su análisis, se mezclen  argumentos     referidos     a    desaciertos    probatorios    de    naturaleza  distinta.   

Debido  a  ello,  en  aras  de la claridad y  precisión  que  debe regir la fundamentación del instrumento extraordinario de  la  casación, compete al actor identificar nítidamente la vía de impugnación  a  que  se  acoge,  señalar el sentido de transgresión de la ley, y, según el  caso,  concretar  el tipo de desacierto en que se funda, individualizar el medio  o  medios de prueba sobre los que predica el yerro, e indicar de manera objetiva  su  contenido,  el  mérito atribuido por el juzgador, la incidencia de éste en  las  conclusiones  del  fallo,  y  en  relación  de  determinación la norma de  derecho  sustancial  que mediatamente resultó excluida o indebidamente aplicada  y  acreditar  cómo, de no haber ocurrido el yerro, el sentido del fallo habría  sido  sustancialmente distinto y opuesto al impugnado, integrando de esta manera  la proposición del cargo y su formulación completa.   

Además, pertinente resulta insistir en ello,  de  acogerse  a  la  vía indirecta, la misma naturaleza rogada que la casación  ostenta  impone  al  demandante  el  deber  de abordar la demostración de cómo  habría  de  corregirse  el  yerro probatorio que denuncia, modificando tanto el  supuesto  fáctico  como  la  parte  dispositiva  de  la  sentencia.  Esta tarea  comprende  la  obligación  de realizar un nuevo análisis del acervo probatorio  en  que  se  corrija  el error, sea valorando las pruebas omitidas, cercenadas o  tergiversadas,  o  apreciando acorde con las reglas de la sana crítica aquellas  en  cuya  ponderación  fueron  transgredidos  los postulados de la lógica, las  leyes  de  la  ciencia  o  los  dictados  de experiencia; y, de ser ese el caso,  excluyendo las supuestas o ilegalmente allegadas o valoradas.   

Dicha  actividad  no  debe  ser realizada de  manera  individual,  sino  en  confrontación  con lo acreditado por las pruebas  acertadamente   apreciadas,   tal   como   lo   ordenan  las  normas  procesales  establecidas  para  cada  medio  probatorio  en particular y las que refieren el  modo  integral  de  valoración,  y  en  orden  a  hacer  evidente  la  falta de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  un  concreto  precepto de derecho  sustancial,  pues es la demostración de la transgresión de la norma de derecho  sustancial  por  el  fallo, la finalidad de la causal primera en el ejercicio de  la casación CSJ AP, 6 Ag 2002, Rad. 19330.   

4.- Esta claridad  y  precisión  no  se  aprecia  en la demanda presentada a nombre de  la  parte  civil  constituida  en el presente asunto.   

Si  bien  en  los            tres           cargos  formulados  el  censor  sugiere      que      el     Tribunal     incurrió     en     errores     de     hecho    en  la apreciación probatoria, lo que,  a  su criterio determinó que no produjera la condena  por  el  delito de estafa imputado en la resolución  de     acusación,     es    lo    cierto  que la propuesta quedó en el sólo enunciado en cuanto no se  le  dio  el  desarrollo y  demostración   con   el   rigor   exigido  en  sede  extraordinaria,  para  que  los           reparos          pudieran  tener alguna vocación de prosperidad.   

No obstante   aducir  en el primer cargo  que  el  sentenciador  incurrió en falso juicio de identidad en la apreciación  de  la  indagatoria  rendida  por  el  encartado, por  parte  alguna  concreta  qué  específicamente  dijo  el  implicado,  cuál  la  consideración  del  sentenciador  sobre  dicho  medio  de  convicción, en qué  consistió  la  tergiversación, cercenamiento o adición que pretende noticiar,  ni  cuál  la  definitiva  incidencia que un tal desacierto tuvo en la decisión  del   juzgador   de   absolver   al   acusado   de  los  cargos  que  le  fueron  formulados.   

Más aún, pese a  sugerir  que el Tribunal  cercenó  la  indagatoria  del sindicado,  respecto  al   reconocimiento   de   no   haber  informado    a    los    vendedores  del  juego  de chance que  la  lotería  no jugaría el domingo 28 de marzo de 2004 a las 2:00 de la tarde,  argumentando    que   ellos   ya   tenían   dicha  información,   es   lo   cierto  que  un   tal  reparo  cae  en  el  más  absoluto  vacío,  en  cuanto  no     encuentra  respaldo en la actuación.   

Como  resultado de cotejar lo sostenido por  el  demandante  y el contenido del fallo que pretende censurar, se establece que  el  sentenciador  sí tuvo en cuenta tal aspecto de la indagatoria, con lo cual,  ningún   cercenamiento  pudo  haberse  presentado,  como  se  acredita  con  el  siguiente  aparte del fallo de segunda instancia, que  sin  embargo  el  demandante  interesadamente  deja  de  traer a colación en la  demanda:   

“El   señor   MARLO   OSPINA  GARCÍA  manifestó  en su indagatoria, que la lotería Paisita tenía dos sorteos, uno a  las  dos  de  la  tarde  y  otro  a las ocho de la noche, que el número ganador  salió  el  día  domingo 28 de marzo de 2004 con el sorteo realizado a las 2 de  la  tarde,  expuso  además que desde hacía aproximadamente dos meses los días  domingos  y  feriados  la  empresa  sólo  jugaba  con las loterías que tenían  sorteo  después  de las 6 de la tarde, en el caso de la lotería Paisita con el  de  las  8 de la noche, y que de este hecho tenían pleno conocimiento tanto los  vendedores  como  los apostadores, pues se les había informado de ello antes de  iniciar     la     citada    medida”.   

Entonces,  si,  como  viene  de  verse,  el  sentenciador  de  alzada  aludió  al  tema  de  la  indagatoria  que  el  casacionista  extraña,  ningún  vicio  de identidad pudo  haberse  configurado,  por  lo  cual  el  reparo queda ayuno de todo fundamento,  máxime  si  se da en considerar que la demostración del presunto desacierto la  hace  depender  de  una  supuesta  inactividad  investigativa  de  parte  de  la  Fiscalía    al    haber    dejado    <<de   lado   a  muchos  vendedores  que  también  debieron  declarar,  como  lo  hizo  CAICEDO  MURILLO>>,  trasladando  así  la  discusión  hacia  el  ámbito  en que opera otro tipo de  yerros,  que,  a  más  de  no enunciar expresamente, tampoco desarrolla ni, por  supuesto  demuestra,  con  el  rigor exigido para la  casación.   

Esta  misma  situación  de  desapego a los  lineamientos  normativa  y  jurisprudencialmente  establecidos para denunciar en  sede  extraordinaria  los errores de apreciación probatoria determinantes de la  violación   indirecta  de  la  ley  sustancial,  se  observa  por  parte    de    la    Corte    cuando   analiza   el   segundo  cargo  que  el censor propone  contra el fallo del Tribunal.   

Al  efecto cabe denotar que el casacionista  apenas  sugiere  que  el  sentenciador   de   alzada   incurrió   en   error   al  apreciar  el   estimonio   de   María   Caicedo  Murillo,   pues  omite  indicar  cuál  específicamente fue el tipo de desacierto cometido, si de hecho  o  de  derecho, la especie a que pertenece, cómo se demuestra éste,    ni    la   eventual   trascendencia   del   mismo.   

En  lugar  de  ello,  pese a tener el deber  legal  de  hacerlo,  se limita a sostener que el yerro radicó en haber oído el  testimonio  de  tan  sólo una de las personas dedicadas a la venta del juego de  chance  en  la  municipalidad donde ocurrieron los hechos, cuando a su criterio,  ha  debido  escucharse <<por lo menos a quienes  les   vendieron   los   chances   o   colillas   ganadoras   con   el   4245   y  242>>  a  sus  representados,  con  lo cual el  desacierto  que  postula  no  sería  del juzgador de  alzada,  sino  eventualmente de la Fiscalía o de la  Parte  Civil  por  no  haber  ordenado o demandado  el recaudo de dichos medios  en     las    oportunidades    probatorias    del  trámite.   

Lo  cierto  del caso es que el casacionista  omite   precisar   si   el  error  cometido  fue  in  iudicando,  respecto del mérito persuasivo conferido  al  testimonio  rendido  por  María Caicedo Murillo,  sin  llegar a comprometer la validez del trámite, o si se trató de un vicio in  procedendo   que   daría   lugar   a   la  nulidad  dada la supuesta inactividad de la Fiscalía o de la  Parte   que  el  recurrente  representa  para  recaudar  los  medios  que  ahora  inopinadamente  extraña,  nada  de  lo  cual  puede  suponer  la  Corte  por  el  riesgo  de  pervertir  la  verdadera  voluntad  del  impugnante.   

Lo  que  viene  de  denotar  la  Corte  no  constituyen  los  únicos  desaciertos  técnicos  y  de  fundamentación que la  demanda  ostenta,  toda  vez que si bien en el tercer  cargo  es  preciso  en  indicar  que el sentenciador  incurrió   en   falso   juicio  de  identidad  al   apreciar  <<las  colillas  de  los  chances allegados al plenario como  prueba  y  obran  a  folios  8,  11,  24, distinguidos con los números 0721880,  0721885,  0665515,  0665516, 0665514, y 00707742, 1413979, 1711961, 0721994, los  cuales   dan  cuenta  de  un  solo juego de la lotería Paisita 1 o Paisita  8>>  según consta  en  la  sentencia,  lo  cierto del caso es que con el propósito de demostrar el  desacierto  que  dice  haberse configurado, el censor coteja las consideraciones  del  fallador  con  pruebas  no analizadas por éste, con lo cual el yerro queda  absolutamente ayuno de todo desarrollo y demostración.   

Es así cómo, en lugar de acreditar que el  sentenciador  puso  a  decir a los referidos documentos algo que no se establece  de  ellos, el recurrente se dedica a anteponer a las  apreciaciones    del  Tribunal  unos medios de  convicción  distintos  de  los  evaluados  en  la sentencia, y por dicho camino  arribar   a  conclusiones  igualmente  disímiles,  en  tanto  alude  a las  colillas  con  los  números  0673150,  0706613,  0706612, 0711710 y 0711715, no  consideradas  por el juzgador, y sobre las cuales indica que a dichos documentos  <<sí  les  marcaron  con PAISITA #3>,  con lo cual el presunto yerro  de  identidad  queda  sin  referente  alguno  para  efectos  de establecer si se  configuró  o  no  el  desacierto,  así  como  la  eventual  trascendencia  del  mismo.   

Cabe denotar, en todo caso, que el libelista  no  solamente  no  acreditó  la  configuración  de los errores de apreciación  probatoria  que  dice  noticiar, sino que tampoco presentó un panorama fáctico  diverso  al declarado por el juzgador, y al no hacerlo es evidente que permanece  incólume  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad de la sentencia que  persigue             combatir.      

Lo  anterior,  resulta  aun  más  evidente,  si  se da en considerar que el demandante ninguna  labor   realiza  en  orden  a  controvertir  las  consideraciones  del  Tribunal  plasmadas  en  el  fallo  de  segunda instancia, las cuales en el contexto de la  demanda permanecen incólumes:   

Señaló el Ad quem:  

Otro  testigo que corrobora la versión del  indagado  es el señor DEMÓSTENES PEREA MOSQUERA, quien al ser preguntado sobre  si  había  perifoneado  algo  referente  al  juego  de  la  lotería  ese día,  manifestó:  “No, la verdad es que en esa agencia o sea en UNIDAS, yo también  perifonié, pero para ese día no me buscaron”.   

Así  las  cosas  tenemos  que para el día  domingo  28 de marzo de 2004, la lotería Paisita realizó dos sorteos uno a las  2:00  de la tarde, resultando ganador el número 4525 y otro a las 8 de la noche  con  el  número  3282,  y aunque efectivamente los denunciantes le apostaron al  número  4245,  que resultó ser el ganador en Paisita 1, sus apuestas o premios  no  podían  hacerse efectivas porque, tal como lo dice el procesado, en la zona  del  San Juan la lotería Paisita sólo jugó en horas de la noche, es decir que  los  apostadores  de  ese  día compraron la lotería de paisita 8 en la que fue  ganador  el  número  32832,  lo  que indica que en realidad nunca se ganaron el  premio.   

    

Como  el censor nada dice con respecto a las  consideraciones  del  fallo,  relacionadas con la respuesta dada a los temas que  propone,  se  patentiza  la  inidoneidad de su reparo, pues en tales condiciones  ayuno  queda  el  deber  de  acreditar  la  objetiva configuración del yerro, y  la   eventual  trascendencia  del  mismo  en relación con el sentido de la  decisión que cuestiona.   

Asunto  sustancialmente  diverso  es  que el  recurrente   no   comparta   las   conclusiones   fácticas  a  que  arribó  el  sentenciador,  pero  esto  dista  en  grado  sumo  de  la  pregonada  violación  indirecta de la ley sustancial, que inopinadamente sugiere.   

5.- Entonces, por el lado que se observe, se  establece  que  el  demandante  apenas enunció su discrepancia con la decisión  del   Tribunal   de   absolver   al   acusado   por  no  encontrar  <<fehacientemente  demostrada  una  actividad  engañosa  de  parte  del  señor  MARLO OSPINA GARCÍA>>, pues  no  demostró  que el sentenciador hubiere proferido la sentencia con violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  como le correspondía hacerlo si pretendía  desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y legalidad que ampara el fallo de  segunda instancia.   

Este  modo  de  proceder  por  parte  del  demandante,  resulta por completo ajeno al recurso extraordinario, imponiéndose  para  la  Sala  tener  que  inadmitir  la  demanda,  con mayor razón si aparece  evidente  que  no  cumplió  el  deber  de  presentar  clara  y  precisamente el  fundamento  de sus reparo, dejó de acreditar de qué manera se configuraron los  yerros  que dice noticiar y por qué, al haber procedido el Tribunal en la forma  como  lo  menciona,  resultaron  afectados  negativamente  los  intereses  de su  representado.   

6.-   Siendo  entonces  ostensibles  los  defectos  que  la  demanda acusa, pues, como se deja  expuesto,  de  ella no se desentraña precisa y claramente los fundamentos de la  causal  invocada,  y no pudiendo la Corte corregirla por virtud del principio de  limitación  que  rige  su actuación, lo procedente será inadmitirla y ordenar  la  devolución del expediente al despacho de origen, conforme así se establece  del artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Esto  último,  si  se  considera  que de la  revisión   de   lo   actuado   tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

Cabe señalar, finalmente, que esta decisión  causa  ejecutoria  con  su suscripción y contra ella no procede recurso alguno,  conforme  a  la literalidad del artículo 187, inciso 2º de la Ley 600 de 2000,  pese   a   que   los   efectos   jurídicos   se   surtan   a   partir   de   su  comunicación.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada por el apoderado de  la  parte  civil  constituida  en  el  proceso seguido en contra de MARLO   OSPINA   GARCÍA,  por  lo  anotado en la motivación de  este proveído.   

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Fls.  240 cno. 1   

2 Fls.  389 cno. 1   

3 Fls.  545 y ss. cno. 1   

4 Fls.  35 y ss. cno. 1   

5 Fls.  547 y ss. cno. 1     

6 Fls.  558 y ss. cno.1   

7 Fls.  15 y ss. cno. Trib.   

8 Fls.  36 y ss. cno. Trib.   

9 Fls.  42  ss. cno. Trib.     

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