AP4852-2015(46533)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP4852-2015  

Radicado N° 46533.  

Aprobado acta No. 295.  

Bogotá, D.C., veintiséis (26) agosto de dos  mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se    desata  el   recurso   de   apelación  interpuesto  por  el  Procurador  83  Judicial  II  Penal en contra del auto  proferido  el  5  de  junio  de 2015 por el     Tribunal     Superior     de     Cartagena,     mediante  el cual decretó la preclusión  de    la    indagación  seguida    contra   ANA  GERTRUDIS    DÍAZ    ORTEGA   por   los  delitos  de  Prevaricato  por  acción  y por omisión.   

A N T E C E D E N T E S  

1.          Fácticos   

En  denuncia  instaurada  en  contra  de la  señora   ANA   GERTRUDIS   DÍAZ   ORTEGA,   se   enunciaron   los   siguientes  hechos:   

    

1. ,…  la  demanda  con  radicado 0949 de 2010 se admitió por parte  del  Juez  Cuarto  Civil  Municipal de Cartagena-Bolívar, señora ANA GERTRUDIS  DIAZ    ORTEGA    en    fecha    18    de    Noviembre    de    2010(…)     

    

1. (sic)  estando  el  proceso  al despacho  desde    el    día    siete    (01)   (sic)  de  Marzo  de  2013  para  dictar  sentencia,  no  tuvo  en  cuenta los recibos de pagos  aportados  por  el  apoderado  de  la  parte  demandada de los bancos AV VILLA Y  BANCOLOMBIA,  ni tampoco le dio validez a la certificación enviada por el banco  AV   VILLAS   donde   le  manifiesta  que  si  se  dieron  as  transacciones  de  transferencia  de  dinero entre el demandado señor NAPOLEON FERRER GOMEZ, y con  su  respectivo número de cedula y la copropiedad Edificio PALO ALTO, no la tuvo  en  cuenta  ni  a  valoro  como se puede notar en la sentencia respectiva que no  hizo  ni siguiera (sic) alusión a ellas, ni tampoco tuvo en cuenta que la parte  demandante  le  manifestara  en la contesta de las excepciones y en los alegatos  de  conclusión que solo le reconocía dos pagos ni tampoco reconoció los otros  recibos  de  pago que reposan en el expediente, que dan prueba fehaciente que la  deuda  esta  cancelada en su totalidad, llevando así que el demandado pague dos  veces  la  misma deuda. Es más en la consideración de la sentencia dice que no  tiene  la  certeza  que  se  hallan hecho los pagos por parte del demandado a la  copropiedad,  es  ahí donde  señor  Fiscal,  la señora Juez tenia las herramientas jurídicas para que ella  tuviera  la  convicción  para poder fallar en derecho (por ejemplo, decretar de  oficio  el  interrogatorio  de  parte  de  la  señora  administradora  de dicha  copropiedad  y  las  que  estimare  conveniente  para  el esclarecimiento de los  hechos     materia     de    dicha    litis).      

    

1. Es  de  anotar  que  los  dos pagos que reconoce el apoderado de la  parte   demandante   están   soportados  y  relacionados  en  el  pago  de  las  transferencias  bancarias  que  se  encuentran en el expediente contentivo y con  las mismas formas de pago.     

2. Procesales   

El 4 de octubre de  2013,  un  apoderado  de Napoleón Ferrer Gómez presentó denuncia en contra de  ANA  GERTRUDIS  DÍAZ ORTEGA, en su condición de Juez Cuarta Civil Municipal de  Cartagena.   

Luego  que  obtuviera  el  cumplimiento  de  algunas  órdenes  a  policía  judicial, la Fiscalía  Cuarta   delegada   ante   el   Tribunal  Superior  de  Cartagena,  el      20      de      agosto de 2014  radicó  ante esta     corporación    solicitud   de   audiencia   de   preclusión   por  atipicidad  de  las  conductas         investigadas.   

La  audiencia  respectiva  tuvo  lugar  en  sesiones  del 11 de marzo y del 5 de junio de 2015. En esta última, el Tribunal  resolvió   precluir   la  investigación  y,  ante  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el delegado del Ministerio Público, concedió la impugnación  en el efecto suspensivo.   

E  L   A  U  T  O   A  P  E  L  A D  O   

El   Tribunal   decretó   la  preclusión  solicitada  por el delegado de la Fiscalía y lo hizo con base en los siguientes  argumentos:   

–  En  primer  lugar, explicó las causales,  legitimación  y  oportunidad  para  solicitar  la  preclusión en la Ley 906 de  2004.  Luego  recordó  que  el  hecho  que suscitó la denuncia fue que la Juez  Cuarta  Civil  Municipal  de  Cartagena, Dra. ANA GERTRUDIS DÍAZ ORTEGA, dictó  sentencia  en  la que ordenó seguir adelante la ejecución, sin tener en cuenta  las  pruebas  que  demostraban  el  pago  de  la  obligación que se perseguía.   

–   Luego   anota  que  es  procedente  la  preclusión  y  no  el archivo en el presente caso, pues éste último presupone  que   haya   “ostensibilidad   suma”   de   que  el  hecho  no  reviste  las  características  de un delito y tal situación no acaece en el presente caso en  el  que  ha  de  determinarse  si  la  decisión  del  20  de  agosto de 2013 es  manifiestamente  contraria a derecho por no tener en cuenta pruebas que hubiesen  cambiado  el  curso  del  proceso,  pues  éste  conlleva un mínimo estudio que  excluye  la  atipicidad  manifiesta.  En  ambos  escenarios procesales, además,  asegura se garantiza suficiente controversia.   

–  Explica  los  requisitos  típicos  del  Prevaricato  por  acción  y  señala que en el caso bajo examen no se verificó  una  contradicción  manifiesta  de  la  providencia  con  la  ley, pues la juez  valoró  todas  las  pruebas  incluidas  las que demostraron la consignación de  dineros  en  el  Banco  AV  Villas  y  resolvió  las excepciones de mérito que  propuso  el  demandado,  al  final de lo cual concluyó que no había certeza en  cuanto  a  que  dicho  depósito  correspondía  al  pago de la obligación cuya  ejecución se perseguía.   

– En cuanto a la demora para dictar sentencia  en  el proceso ejecutivo civil, manifiesta que no materializa el Prevaricato por  omisión,  pues  el  paso  del  tiempo  estuvo  justificado por la recepción de  pruebas,  por  el  inicio de incidentes de desacato en contra de AV Villas y por  la   resolución   de   memoriales  que  solicitaban  ampliación  del  término  probatorio.  El  retardo,  afirma,  da  lugar a sanciones disciplinarias pero no  siempre   a   la   configuración   del  Prevaricato  por  omisión.     

E L  R E C U R S O  

         I.  Recurrente:  el  motivo  del disenso,  asegura,    “es   muy   focal   y   tiene   varios  niveles”. En primer lugar recuerda que la ley (orden  jurídico)  es  fuente principal de derecho y que la jurisprudencia y la equidad  son  criterios  auxiliares.  Luego,  se  pregunta  cuál  es el fundamento de la  distinción  entre la atipicidad tenue y la protuberante, pues en los artículos  79  y  332 esa diferenciación no se hace. En tal sentido, advierte que una cosa  es  que  una  providencia sea abiertamente ilegal como ingrediente normativo del  tipo  de  Prevaricato,  y  otra  es  que  exista la denominada atipicidad tenue,  considerando   esta   última  como  una  “criatura  jurídica”  procreada en la decisión impugnada. Por  último,  en  cuanto  a  las  posibilidades  de controversia del archivo y de la  preclusión,  recuerda que tan diferentes son esos institutos que esta Corte los  ha delimitado con suficiencia.   

Para  el  impugnante,  la  competencia  del  Tribunal  está en crisis porque invade o usurpa la de la Fiscalía. Ello es tan  cierto,  afirma,  que  el  primero  tuvo  que salir a verificar si el pago de la  obligación  civil  se  hizo  y ello correspondía a la segunda. Entonces, si el  problema  jurídico  es  determinar si la juez profirió sentencia de ejecución  por  una  obligación  ya saldada, cuestiona si el Tribunal tenía certeza sobre  la  atipicidad  cuando hizo afirmaciones como “no se  sabe”  si las trasferencias bancarias corresponden o  no  a  la  extinción  de la obligación y ello debió verificarlo la Fiscalía.  Fue  tal  la  invasión  del  rol acusador, continúa, que se resolvió sobre el  Prevaricato  por  omisión,  cuando  lo denunciado fue uno por acción y, en tal  sentido,   se  consideró  que  había  un  retardo  con  consecuencias  quizás  disciplinarias,  nunca penales, lo cual implicó una valoración y, además, una  incoherencia    porque    nunca    se    ordenó    la    compulsa   de   copias  respectiva.   

No  sin  antes  solicitar que los argumentos  para  oponerse  a  la  preclusión sean integrados a los de la sustentación del  recurso,  deprecó  la  revocatoria  del auto de preclusión y la remisión a la  Fiscalía  para que cumpla con su obligación de valorar lo que se le ha probado  y  resuelva  si  imputa  o  no,  aunque  es  evidente  su voluntad en el último  sentido.  Por  último,  destaca  el desinterés de la juez indagada por el caso  porque no ha comparecido a las audiencias.   

II. No recurrente:  el  representante  de  quien  intervino  como víctima manifestó adherirse a la  posición  del  Ministerio  Público,  asegurando  que  AV  Villas  emitió  una  certificación  en  la  que se valoraban los pagos realizados por el demandado a  la  cuenta  de  la  demandante.  Considera  equivocado  que en la providencia se  afirme  que en los comprobantes de consignación no aparecían más anotaciones,  cuando  puede  apreciarse  que  el  número  en ellos estampado corresponde a la  cédula   del   demandado,   lo   cual   podía   comprobarse   acudiendo  a  la  Registraduría;  sin  embargo, advierte, esta diligencia no fue realizada ni por  la demandante ni por la Fiscalía.   

                

C O N S I D E R A C I O N E S  

         De  conformidad con lo previsto en el artículo 32, numeral 3º, de  la  Ley  906  de  2004, la Sala de Casación Penal es competente para conocer de  los  recursos  de  apelación  contra  los  autos  y sentencias que profieran en  primera  instancia  los  tribunales  superiores.  En  consecuencia, se aborda el  estudio  de  la  impugnación  que  propusiera  el  delegado  de la Procuraduría        en  contra la decisión proferida por el  Tribunal    Superior    de    Cartagena  consistente en decretar, a solicitud de  la  Fiscalía,  la  preclusión  de  la  indagación  seguida  en  contra  de  ANA  GERTRUDIS DÍAZ ORTEGA  por      los     delitos     de     Prevaricato     por    acción    y    por    omisión.   

        Según  el artículo 250 de la Constitución Política, modificado  por  el  Acto  Legislativo  No  003  de 2002, la Fiscalía General de la Nación  tiene  la  obligación  de adelantar el ejercicio de la acción penal y realizar  la  investigación de los hechos que revistan las características de un delito.  Sin  embargo,  el  mismo  artículo  superior en su numeral 5º, faculta a dicho  órgano  para  solicitar  ante  el  juez  de  conocimiento  la preclusión de la  investigación  cuando,  según  lo dispuesto en la ley, no hubiese mérito para  acusar.  Esa  misma facultad aparece reiterada en el artículo 331 de la Ley 906  de  2004 y, según lo dispuesto en la sentencia C-591  de  2005, puede ejercitarse en cualquier momento, es decir, aun con anterioridad  a la formulación de la imputación.   

        En  el  evento  bajo  examen,  resultan suficientes las anteriores  citas  normativas  para  rechazar  la  inconformidad  basilar      del  recurrente                –incompetencia del Tribunal Superior  de  Cartagena  para  decidir  sobre  la  preclusión deprecada por la Fiscalía-  porque    muestran    con    claridad    meridiana  que,    en  el  sistema  procesal  adoptado  en  Colombia mediante el Acto  Legislativo  No  003 de 2002 y desarrollado por la Ley 906 de 2004, (i)  la agencia estatal de persecución  penal   tiene   legitimidad   para   solicitar   la  preclusión   aun  desde  antes   de   la   formulación   de   la   imputación   y   (ii)   el             juez   de   conocimiento,  en  nuestro  caso  el  Tribunal  en  mención, es el  competente  para  conocer de dicha  solicitud.   En   tal  sentido,     ninguna     intromisión,    usurpación    o    invasión  de  roles  puede aseverarse si, en  torno     a     la    preclusión,    la  Fiscalía se limita a postular y el  juez      del      hipotético      juicio  a  decidir,  tal  y como aquí  sucedió.   

        Con   un  propósito  un  tanto  ininteligible,  el  delegado  del  Ministerio    Público    parece    confundir    la  legitimidad  procesal que  ostenta   la  Fiscalía  para  acceder  a  una   audiencia  en  la  que pueda ventilar una pretensión de cesación del ejercicio  de   la   acción   penal  y  a  que  la  misma  sea  resuelta,  con  aquélla  de  carácter  sustancial  que le permite obtener la  decisión   preclusiva   que  persigue  siempre   y  cuando  cumpla  con  la  carga  de  demostrar  uno de los supuestos de hecho contemplados en el artículo  332   del  C.P.P./2004.  Aquélla,  la  legitimidad             puramente             procesal,    es  incontrovertible  porque,  entre  otras  cosas,  su  origen  es constitucional y  genera  para  el  juez  competente  no  una facultad  sino     la     obligación    de    adoptar       una      decisión1,  en  virtud  del principio  de    acceso    efectivo    a   la   administración   de   justicia2.    De  contera,   una   vez   la   Fiscalía   activa   la  jurisdicción,  la  única  controversia  posible  es  en  torno  al  sentido    de    la    decisión    mediante    los    mecanismos   legales   de  impugnación.   

        En   alguna  parte  de  la  sustentación,  el  recurrente  parece  comprender  el  ámbito  legítimo  de controversia  cuando  se pregunta si al Tribunal le asistía certeza sobre la atipicidad de la  conducta  de  ANA  GERTRUDIZ  DÍAZ  ORTEGA  frente al delito de Prevaricato por  acción,   pues   éste  reconoció  que  no  se sabía si las consignaciones  efectuadas   por   el  demandado          civil         correspondían  al  pago  de  la  obligación cuyo cumplimiento se  perseguía.  Sin embargo,  ninguna   vocación   de   prosperidad   tiene  esa  aseveración        porque        denotó   una   simple   inquietud    personal    que   nunca  trascendió    al   cuestionamiento   concreto  de  los  fundamentos  de  la  decisión.   Es  más,  se   equivocó   el   censor   porque  la   falta  de  certeza  aludida     en     el     auto    de  preclusión     no  era  del Tribunal acerca  de  la  atipicidad  de la conducta, sino la que éste  concluyó  le  asistía  a  la  juez indagada  y    que    la   determinó   a   no   tener   por  demostrada  la extinción  de     la     obligación    ejecutada,    a    partir   de   lo   cual   dilucidó   que   la      decisión     tildada           de           prevaricadora          plasmó   un   criterio  razonable  de valoración probatoria y  nunca  un  acto  deliberado  de violación de le ley.   

        Resulta    paradójico    que    el  representante         del        Ministerio    Público,    de    una  parte,   achaque   al  Tribunal  Superior  de Cartagena una subrogación del  rol  de  acusador  por  haber  desatado  una  petición  de  preclusión  de  la  actuación     y,  de la otra, critique a la  Fiscalía   porque,  en  su  entender,  en  vez de  formular     tal     pretensión,     debió    proceder    a    archivar    las  diligencias,  aspiración  ésta  que sí constituye  un   anhelo   por  suplantar  al  órgano  acusador  que   es   el   único  legitimado  para  decidir  si   procede  en  uno  u  otro  sentido.     Ahora    bien,    es  claro  que  la  equivocación  en  esa  elección acarreará    las    consecuencias   adversas   que   sean  procedentes:  o  la negativa del  juez   de   conocimiento   a  decretar  la  preclusión  o,  eventualmente,  la  revocatoria  del  archivo  ordenado     por     el    juez    de    control    de    garantías.           

        Ahora,  sin desconocer que el      archivo      de      las      diligencias     (art.     79    C.P.P./2004)   y   la   preclusión  ampliamente  aludida,  son  institutos autónomos en cuanto tienen  causales,  trámites  y  efectos  propios,  tampoco puede predicarse entre ellos  una  relación  de contradicción porque comparten     la    naturaleza    de  ser    mecanismos   que   paralizan   –definitiva   o  temporalmente-  el  ejercicio  de  la  persecución  penal. Es        más,       desde  el  punto de vista sustancial la diferencia es de grados de  conocimiento  sobre  la  causal y de efectos, así la  atipicidad  objetiva  del hecho investigado puede dar  lugar  (i) al   archivo  si   subsisten   dudas  razonables  sobre  la concurrencia de esa   categoría   dogmática,   situación   que   deja  abierta  la  posibilidad  de  reanudar  la  investigación; o (ii)  a    la   preclusión  si      existe     conocimiento     cierto  sobre la ausencia de la tipicidad, por lo que producirá  el  efecto  de  cosa juzgada.     

                   

        Por  último,  menos  aún  le  asiste  razón     al    delegado    de    la    Procuraduría    cuando    asevera que  el  Tribunal,  motu  proprio  o  de  manera  oficiosa,  precluyó la indagación  también  por  el delito de Prevaricato por omisión,  pues la Fiscalía así lo  solicitó   y   la  denuncia  aludió  también     a     esa     conducta  punible.    Además,  el  impugnante trajo a colación argumentos como que  se  omitió  compulsar  copias para la respectiva investigación disciplinaria o  que  la  indagada  no mostró interés por comparecer a la audiencia, los cuales  son  manifiestamente impertinentes porque de ninguna manera socavan la legalidad  o la corrección de la preclusión decretada.   

        En  tales  condiciones  y  siendo  que  la  competencia en segunda  instancia    se    encuentra    limitada    por    los   puntos   del  disenso,  salvo  que  se  advierta  vulneración  a  garantías  fundamentales  que  puedan generar la nulidad de la  actuación,  lo  cual  no  ocurre en el presente evento; la Corte confirmará el  auto  de  preclusión  recurrido  dado  el  evidente  desacierto     en    los    argumentos    de    la    sustentación.    

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de  lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

Confirmar  el auto  proferido  el  5  de  junio  de 2015 por el Tribunal  Superior   de  Cartagena,  mediante  el  cual  decretó  la  preclusión  de  la  indagación   seguida  contra  ANA  GERTRUDIS DÍAZ ORTEGA por los delitos de Prevaricato por acción y  por omisión.   

Contra     esa    decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Según  el  artículo  138  del  C.P.P./2004  es  un  deber  de los funcionarios  judiciales  “Resolver  los  asuntos sometidos a su  consideración  dentro  de  los  términos previstos en la ley y con sujeción a  los   principios   y  garantías  que  orientan  el  ejercicio  de  la  función  jurisdiccional.”   

2  Art.   229  de  la  Constitución  Política:  “Se  garantiza  el  derecho  de  toda  persona  para  acceder a la administración de  justicia. (…)”.     

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