AP4732-2015(45239)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP4732-2015  

Radicación N°. 45239  

(Aprobado Acta N°. 283)  

Bogotá,  D.C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil quince (2015).   

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  Argemiro  Figueroa  Bonilla  contra  la  sentencia  del  4  de  junio  de  2014, mediante la cual el Tribunal  Superior  de  San  Gil revocó el fallo absolutorio dictado el 7 de diciembre de  2009  por  el  Juzgado Promiscuo del Circuito de Mitú (Vaupés) y, en su lugar,  condenó  al  procesado  como  autor  del delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos legales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El   Ad   quem  describió    el    aspecto    fáctico    de   esta  manera:   

Mediante Resolución No 043 del 23 de marzo  de  2001,  el  entonces  Alcalde  de  Mitú  (Vaupés) ARGEMIRO FIGUEROA BONILLA  adjudicó  el  Convenio  Interadministrativo  No  001  de 2001, cuyo objeto era:  “el  estudio  e  identificación,  clasificación y  análisis  fenomenológico de cincuenta especies de plantas ornamentales nativas  de  la  familia  bromeliácea  en  el  Departamento  del  Vaupés”,  a  la cooperativa ECOGESTAR. Según el informe presentado por la  firma  interventora  INGETEC SA, en los términos de referencia se establecieron  como  criterios  para  la  adjudicación del contrato únicamente el precio y el  plazo1.   

1. Dispuesta la apertura de investigación el  19       de       septiembre       de      20032,  y verificada la indagatoria,  entre  otros,  de Argemiro Figueroa Bonilla3, sin que se le  impusiera      medida      de      aseguramiento4,  el  28 de diciembre de 2006,  la  Fiscalía  Veintiuno  adscrita  a  la  Unidad  Nacional de Delitos contra la  Administración  Pública,  calificó  el mérito del sumario con resolución de  acusación  en  contra del implicado y Alonso Cristóbal Jesús Quigua Villamil,  como   coautores   del   delito  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales5,  decisión  que  mantuvo  al  momento  de  resolver  el recurso de  reposición    incoado   por   la   defensa   de   Quigua   Villamil6,  y  que  la  Fiscalía  Veintitrés  Delegada  ante  el  Tribunal  de Bogotá confirmó en su  integridad    el    28    de    agosto   de   20087.   

3. Iniciada la etapa del juicio, a instancias  del     Juzgado     Promiscuo    del    Circuito    de    Mitú,    -despacho     que    ordenó    cesar  procedimiento  a  favor  de  Alonso  Cristobal Jesús Quigua Villamil, porque no  cometió  la  conducta  punible  (artículo 39 de la Ley 600 de 2000-8,   una   vez   celebró   las  audiencias  preparatoria9     y  pública10,  en  sentencia  del 7 de diciembre de 2009 absolvió al enjuiciado  del    cargo    formulado    por    la   Fiscalía11.   

4.  En  cumplimiento  de lo dispuesto por el  Consejo  Superior  de  la  Judicatura  (Acuerdo  PSAA11-8188  del 16 de junio de  2011),  el  Tribunal  Superior de Villavicencio remitió el asunto, para efectos  de  descongestión, a su homólogo de San Gil, el cual, al desatar el recurso de  apelación  propuesto  por  la  Fiscalía, en providencia del 4 de junio de 2014  revocó  el  fallo  de primera instancia y, en su lugar, condenó a Argemiro   Figueroa   Bonilla  como  autor  responsable   del   delito   de   contrato   sin   cumplimiento   de  requisitos  legales.   

Le  impuso  cincuenta y cuatro (54) meses de  prisión,  multa  de  veintiocho  punto  un  (28.1)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por lapso igual a la pena principal.   

Le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución     de     la    pena    –aun  cuando  omitió expresarlo en la parte resolutiva-    y    le    concedió    la   prisión   domiciliaria12.   

LA DEMANDA  

El   defensor   del   procesado   aduce,  inicialmente,  que  pretende  la efectividad del derecho material y se reconozca  la  presunción de inocencia de su asistido, como fue considerado por la primera  instancia,   a   fin   de   cumplir   con   las   finalidades   esenciales   del  recurso.   

Primer        cargo.   

Acusa el fallo del Tribunal por «error  de derecho por violación directa de la ley sustancial por  falta  de  aplicación»  del  principio  de  presunción  de inocencia e in dubio pro  reo,  causal  prevista en el numeral 1º del artículo  181 de la Ley 906 de 2004.   

Aduce  como normas vulneradas los artículos  29-4  de  la  Carta  Política  y  7 y 381 del Código de Procedimiento Penal de  2004.   

En  desarrollo de la censura, asegura que la  sentencia  condenatoria  adolece  de  una incongruencia interna porque lo que se  probó  y  demostró en su parte motiva, no tiene relación jurídica causal con  lo allí resuelto.   

Hace notar, al respecto, que persiste la duda  porque  no  se  acreditó  que  su  asistido hubiese incurrido en el ilícito de  celebrar  un  contrato  sin cumplimiento de requisitos legales y, además, no se  contó  con  una  adecuada  valoración,  pues  el  fallo  acusado  «contiene  más  una  apreciación  desprovista  de  pruebas,  que  obedece  a  hechos  no  demostrados,  pero  sí  a un alto grado de conjeturas y  suposiciones».   

No  puede  guardar  correspondencia un fallo  condenatorio,   cuando   desconoce   «el  verdadero  sentir»  de  los  elementos  legalmente  recaudados y bajo criterios «provistos de  una  entera subjetividad, apartándose del hecho científico de la demostración  jurídico  (sic)  de  los hechos, desprecia y desconoce la existencia de la duda  razonable  y  del  principio  de  presunción  de inocencia, máxime cuando para  condenarlo  se  tiene  que  acudir  a la narrativa de las citas entrecortadas de  sentencias   y   fallos   de   la   Corte   Suprema   de  Justicia  –Sala        de        Casación  Penal-»,    acerca   de  sobrecostos en materia contractual.   

Además,  se entiende probada la competencia  de  Argemiro Figueroa Bonilla  para  tramitar,  adjudicar  y  celebrar  el  convenio  interadministrativo  No 001 de  200,  por  el  simple  hecho  de  ostentar  la calidad de alcalde electo para el  periodo  comprendido entre el 1º de enero de 2001 y el 31 de diciembre de 2003,  sin  atender que el Fondo Nacional de Regalías tuvo participación activa, toda  vez  que  recibió el proyecto en 1999 y lo aprobó en el año 2000, después de  revisarlo  y  estudiarlo.  Además,  los términos de referencia elaborados para  ejecutar  la  propuesta,  pasaron  por  las  manos de los profesionales de dicha  entidad.   

Agrega  el letrado que la consideración del  Ad  quem,  según la cual, en  la  suscripción  de  la  Resolución  No  043 del 23 de marzo de 2001, donde se  adjudicó  el  aludido convenio, solo se tuvo en cuenta el más bajo precio y el  menor  plazo,  carece  de  asidero,  porque  el  contrato se celebró, ejecutó,  realizó  y  liquidó  plenamente,  tanto  así,  que  existe  un  documento que  demuestra lo realizado por Ecogestar en desarrollo del convenio.   

Opina  que  bajo  una apreciación meramente  subjetiva  de esa situación, la Colegiatura creó el indicio de responsabilidad  y  consideró que la adjudicación del convenio, por la vía de la contratación  directa,  no  reunió el cumplimiento de los principios de selección objetiva y  transparencia,  con lo cual vulneró la presunción de inocencia, puesto que los  términos  de  referencia siempre incluyeron la justificación del proyecto, los  objetivos,   las   metas,   las  actividades  a  desarrollar,  los  costos,  las  condiciones  de  presentación  y las evaluaciones de las propuestas.   

Recuerda  que  la  duda  debe ser resuelta a  favor  del  reo  y  advierte  que,  en razón a la causal invocada, no es viable  entrar  a  considerar  asuntos  de  carácter  probatorio,  pero que,     en     este     caso, no se demostró el propósito de obtener  provecho ilícito del mencionado negocio contractual.   

Al  final,  solicita  se  case la sentencia,  dando   aplicación   al   principio   in  dubio  pro  reo.   

Segundo        cargo.   

La sentencia recurrida adolece de un error de  hecho,  en  la  modalidad de falso raciocinio, causal prevista en el numeral 3º  del  artículo  181  de  la  Ley 906 de 2004, por ostensible transgresión a los  principios   de  la  sana  crítica,  que  condujo  al  desconocimiento  de  los  artículos  372, 375, 380, 381, 382, 404, 405 y 420 del Código de Procedimiento  Penal de 2004.   

Dice el censor que el indicio construido por  el  fallador,  referido  al  propósito  de obtener provecho ilícito, desconoce  «aspectos  propios  de  razón y, en especial, de la  máxima  de experiencia (sic)» porque de los supuestos  indicios   graves  que  a  juicio  del  fallador  resultan  ser  convergentes  y  concordantes,   se  infiere  la  participación  de  su  defendido  en  el  plan  criminal.   

Luego  de  ilustrar sobre las máximas de la  experiencia,   asegura   que  el  Ad  quem,  al  afirmar la responsabilidad penal de  su   asistido,  no  tuvo  en  cuenta  que,      en      su      condición     de     burgomaestre,  tenía  el  deber  jurídico,  legal  y  constitucional  de  darle  trámite  a  la  propuesta,  lo cual no obedece a una  aplicación  razonable, ni a juicios valorativos basados en aquellos postulados,  porque  dicha  hipótesis  desconoce  el  caso  particular y concreto, que es de  donde   deben   partir   aquellos   postulados   y  conducir  a  una  inferencia  razonable.   

Advierte,  más  adelante  que, en punto del  indicio,  la  inferencia  lógica  debe  arrojar «con  presunción   de  certeza  la  existencia  de  un  hecho  indicado»   lo   cual   no   se   vislumbra,  pues  «el  hecho  que  se  infiera  que  el  hecho  indica  participación  en  el  plan  criminoso  (para  CELEBRAR CONTRATO SIN REQUISITOS  LEGALES),  se  de  (sic)  por  el  resultado  mental  de  juicio  y razón en la  inferencia  lógica  razonable,  basada en regla de la experiencia».   

Es decir, no siempre que un alcalde suscribe  un  contrato,  que  presuntamente  no lleve implícito alguno de los requisitos,  como  la  evaluación técnica de las propuestas, se puede deducir la existencia  de  un provecho o intención de lucro, porque ello es contrario a la objetividad  y  al  raciocinio.  Tampoco se puede concluir que dicha persona participó en el  plan  criminoso,  ya  que  no tiene interés o responsabilidad en los hechos que  concluyeron  con  la celebración de un contrato que a todas luces se ejecutó y  se  realizó legalmente y se invitó a tres proponentes para cubrir la oferta de  los contratistas que son entidades gubernamentales.   

Para  el  Tribunal,  lo  que  es  un indicio  razonable   de   responsabilidad   imputable   a   su   asistido,   «no  deja  de  ser  la  omisión  de  un cuidado en su actuar como  Burgomaestre,  dado  el efecto de cumplir con variadas funciones y ejecución de  las mismas».   

En  punto  de la trascendencia, aduce que la  inferencia  lógica  llevada  a  cabo  por  el  juez  plural,  en  cuanto  a  la  apreciación  de  la regla de la experiencia no es constatable ni demostrable en  este  caso  particular,  porque  no  reúne las condiciones para ser considerada  como  tal,  pues  de  haberse  observado  todos los eventos que influyeron en el  actuar  de su defendido, al estar cumpliendo su función de alcalde, la regla de  la experiencia sería diferente.   

Solicita se case la sentencia y, en su lugar,  se  dicte  fallo  absolutorio  y se ordene la libertad inmediata de Argemiro Figueroa Bonilla.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  posibilidad  de  acudir  a esta sede  extraordinaria,  comporta  para  el  demandante  la  obligación de presentar un  libelo  en  el  que  acredite  todos los requisitos de orden formal y sustancial  previstos en la ley.   

En  ese sentido, además de los presupuestos  concernientes  a  la  identificación de los sujetos procesales, la síntesis de  los  hechos materia de juzgamiento y de la actuación, entre otros, el artículo  212  del  Código  de Procedimiento Penal de 2000, consagra en su numeral 3º la  obligación  de  enunciar  la  causal  y  formular  el  cargo indicando en forma  clara   y   precisa   sus  fundamentos  y  las  normas  que  se  estimen infringidas, de tal manera que sea  posible  entender  el sentido de la violación, así como los desaciertos que se  atribuyen   al   sentenciador   y   el   daño   irrogado   por   la   decisión  censurada.   

Significa lo anterior, que las causales deben  ser  desarrolladas  de  manera  coherente  con el yerro que se pregona, bien sea  in  iudicando  o in     procedendo,    demostrando    su  trascendencia  en  la  parte resolutiva del pronunciamiento, de tal manera surja  palpable  la  ilegalidad  del fallo recurrido y la necesidad de atender a uno de  los    fines   del   recurso,   previstos   en   el   canon   206   ejusdem.   

2.  Comiéncese  por  advertir que el censor  acude  a  las causales y preceptos contenidos en la Ley 906 de 2004, sin atender  que  este asunto se tramitó bajo el rito demarcado en la Ley 600 de 2000 y, por  ende,   debió   atender   a  estos  lineamientos  en  la  formulación  de  los  reparos.   

Adicionalmente,  la  demanda  formulada  no  cumple  con  las  mínimas  exigencias  para  su  admisión,  toda vez que en su  confección   se   desatendieron   los  parámetros  legalmente  establecidos  y  ampliamente   desarrollados  por  la  jurisprudencia,  especialmente,   aquella  que  atañe  a  la  correcta  selección  de  las  causales  y  su  adecuada  fundamentación  en  orden  a la  demostración   de   los   yerros   y   su   solución   acorde  a  los  motivos  anunciados.   

2.1.  En  el primer  cargo,   acusa   la   sentencia   por   «error  de  derecho  por  violación directa de la ley sustancial,  por   falta   de   aplicación»   del  principio  de  presunción    de    inocencia   e   in   dubio   pro  reo,  con  lo  cual,  de  entrada,  deja  percibir una  confusión  conceptual  frente  a  la  causal  de casación invocada.   

Bien  sabido  es  que, entre los defectos de  apreciación   probatoria   se   cuenta  el  error  de  derecho  y  trae  como  consecuencia  la  violación  indirecta de la ley sustancial  y   puede   ocurrir   a  causa  de  un  falso  juicio  de  legalidad  o  uno  de  convicción.   

La   violación  directa  es  un yerro que suele presentarse al momento  de  aplicar la norma llamada a regular el caso, ya sea por falta de aplicación,  aplicación    indebida   o   interpretación   errónea   de   un   determinado  precepto.   

Entonces,   al   tratarse   de  hipótesis  distintas,  no  es  posible nombrarlas como si se tratara de una sola, dadas las  características y consecuencias de cada una.   

De  cualquier  modo,  lo  cierto  es  que el  libelista   no   desarrolla   ninguna   de   ellas,  sino  que,  en  su  confusa  argumentación  reprocha  distintas  incorrecciones,  ausentes  de  fundamento y  demostración.   

Inicialmente,  aduce  una supuesta incongruencia entre  la  parte  motiva  y  la  resolutiva de la sentencia del Tribunal porque, según  afirma,  no  se  acreditó  que  su asistido hubiese incurrido en el ilícito de  celebrar  un  contrato  sin  el cumplimiento de requisitos legales y,  enseguida,  apunta que no se contó con  una  adecuada  valoración  de  las pruebas porque el fallo acusado «contiene  más  una  apreciación  desprovista  de  pruebas,  que  obedece  a  hechos  no  demostrados,  pero  sí  a un alto grado de conjeturas y  suposiciones».   

Tal especie de cuestionamientos no se erigen  en  motivo  válido  de  ataque  en sede de casación, cuyo objeto es revelar la  ilegalidad  de  la  sentencia,  de  manera  que,  si  se  opta  por  la errónea  apreciación  de  las  pruebas,  ello  solo  se  logra si: i) se identifican los  elementos  de  juicio  sobre  los  cuales recae el yerro; ii) si se determina la  clase  de  falso  juicio  en  que  incurrió  el  juzgador,  esto  es,  de hecho  -existencia,   identidad,   raciocinio-    o    de    derecho    -legalidad   o  convicción-,  y  iii)  la  demostración de su trascendencia en la decisión objetada.   

Ningún  efecto surte la sola expresión de  reparos  genéricos  a la labor estimativa contenida en el fallo, o el aporte de  un  criterio  apenas enunciativo, porque frente a esta especie de discrepancias,  prima  el  juicio  del  juzgador, quien está legalmente facultado para apreciar  los  medios  de  prueba  y  asignarles  mérito  suasorio, limitado solo por las  reglas  de  la  sana crítica, cuyo desconocimiento compete demostrar a la parte  recurrente.   

2.2. Las réplicas del casacionista, según  se  alcanza  a  entrever,  están  referidas  al  presunto  desconocimiento  del  principio    in    dubio    pro   reo   porque,   en   su   opinión,   no  se  demostró  que  Argemiro Figueroa  Bonilla  hubiese  incurrido en el ilícito de celebrar  un contrato sin cumplimiento de los requisitos legales.   

No  obstante,  la  demostración  de  dicho  postulado,  implica  confrontar todos los contenidos probatorios a partir de los  cuales   se  declaró  la  responsabilidad  penal  del  encartado,  en  orden  a  evidenciar   los   vacíos   que   surgen   de   ellos  y  la  imposibilidad  de  superarlos.   

Desde  esa  perspectiva,  al  demandante le  correspondía  precisar  el  yerro  de  apreciación  que  impidió  al juzgador  advertir  la  supuesta duda  y no simplemente negarle la razón y tratar de  anteponer  otra  forma de valoración porque con ello solo consigue reafirmar su  objetivo  de  prolongar  el  debate  para  lograr  una  revaloración  alterna y  distinta  a la efectuada por el juzgador, desconociendo que el proceso concluyó  con  el  fallo  de  segundo  grado y que a esta sede llega amparado por la doble  presunción   de   acierto   y  legalidad.   

2.3.  Con  esa equivocada postura, menciona  algunas  de  las  irregularidades  detectadas por el Ad  quem  en  la  tramitación y celebración del convenio  interadministrativo  No  001  de 2001, por parte de la administración municipal  en  cabeza  del  entonces  alcalde  Argemiro  Figueroa  Bonilla  con  la Cooperativa Ecogestar, sin enfrentar,  además,   las   verdaderas   razones  que  sustentan  el  juicio  de  reproche.   

En ese sentido, se verifica que el sustento  del  reparo,  no  coincide con los fundamentos de la sentencia de segundo grado.   

Dígase,  a  manera  de  ilustración,  que  siendo   el   objeto  del  convenio  «el  estudio  e  identificación,   clasificación   y  análisis  fenomenológico  de  cincuenta  especies  de  plantas  ornamentales  nativas  de  la  familia bromeliácea en el  Departamento  del  Vaupés»,  el  juez plural no solo  suministró  las razones por las cuales verificó desconocidos los principios de  la   contratación   estatal   sino   también   las   consecuencias   de  tales  inconsistencias,    fundamento    explicativo    que   el   censor   pasó   por  alto.   

Así, respecto del principio de planeación,  adujo  el  Ad  quem que como  consecuencia de la referida irregularidad,   

los  términos de referencia se formularon  de   manera   genérica   y   abstracta,   sin  que  se  establecieran  aspectos  fundamentales  para  la  ejecución  del  convenio interadministrativo, como por  ejemplo  los  parámetros  técnico  científicos  a  partir  de  los  cuales el  contratista  debía  efectuar  el  estudio  fenológico  de  las  50 especies de  bromeliáceas,   lo  que  precisamente  constituía  el objeto principal del contrato, situación que a su  vez  generó  que  la  entidad  contratada  se  limitara  a  la  recolección  e  identificación  de  las  especies  y  dejara  de  lado  otras  especificaciones  técnicas  como  las propuestas de desarrollo sostenible y las claves botánicas  para  la identificación de las bromelias del Vaupés, tal y como lo señaló el  ingeniero  agrónomo SALVADOR ALÍ GÓMEZ NEIRA, interventor del convenio, en el  testimonio que rindió el 8 de junio de 2004.   

De igual forma, aunque en los términos de  referencia  y  en el convenio interadministrativo No 001 del 27 de marzo de 2001  se  estableció la obligación por parte del contratista de la adaptación de un  herbario  en  el  municipio de Mitú, durante la ejecución tardía del contrato  se  determinó  su inviabilidad, acorde con los conceptos técnicos rendidos por  el  profesor  asociado  de  la  Universidad  Nacional  y  biólogo experto en la  materia  JULIO  BETANCOUR  BETANCOUR  y por el ingeniero agrónomo e interventor  del    contrato   SALVADOR   ALÍ   GÓMEZ   NEIRA13.   

En  cuanto  al  principio  de  selección  objetiva,  precisó  que  los  únicos  criterios  fijados  en  los términos de  referencia,  para  la  adjudicación  del  aludido convenio interadministrativo,  fueron  el  plazo  y  el precio, específicamente, este último criterio, porque  las  tres propuestas obtenidas presentaron el mismo plazo, en desconocimiento de  lo ordenado por el artículo 29 de la Ley 80 de 1993,   

sin que se hubiesen establecido previamente  otros  factores  de  escogencia,  acorde  a  las  particularidades  técnicas  y  científicas  propias  del  contrato materia de este pronunciamiento, tales como  experiencia,   personal  calificado,  infraestructura,  cumplimiento,  capacidad  financiera,  etc.,  es  decir,  sin  que  se incluyeran aspectos con base en los  cuales  realmente  se  pudiera  determinar  la  mayor  o  menor  calidad  de  la  investigación  a contratar y que, por ende, permitieran establecer cuál de las  tres   propuestas   presentadas   resultaba   ser  la  más  ventajosa  para  la  Administración,  desde  el  punto de vista técnico y económico, que es lo que  realmente  importa  desde  la  perspectiva  del  cumplimiento  de  los cometidos  estatales  y  la  satisfacción del interés general14.   

Irregularidades cuyo desconocimiento, apunto  el   juez  plural,  generaron  un  provecho  ilícito  a  favor  de  la  entidad  contratista  Ecogestar,  que  finalmente  se  vio  beneficiada  con  la anómala  adjudicación.   

2.4. Las anteriores reflexiones, y todas las  demás  que conforman el juicio de responsabilidad que se atribuye al procesado,  permiten  advertir  la precariedad del reproche porque sin enfrentar,  en  su  real  alcance,  las  glosas del  Tribunal,  reclama  la  aplicación  del  principio  in  dubio  pro  reo  con la simple oposición de opiniones  generalizadas,  so  pretexto  de  una  errada valoración que sólo vislumbra el  interés  de  obtener  una tercera evaluación por parte de la Corte.   

3. Las mismas deficiencias argumentativas se  advierten    en    el    segundo   cargo,  donde  acusa  un error de hecho por falso raciocinio, puesto que,  en  su  deshilvanado  alegato  no  logra  demostrar por qué el razonamiento del  Tribunal  es  contrario a la sana crítica, pues ni siquiera atina a identificar  la  regla  de la experiencia supuestamente transgredida ni el el medio de prueba  sobre el cual recae el error.   

La  falta  de claridad surge más evidente,  cuando  a  renglón seguido, opta por criticar la prueba indiciaria, aspecto que  tampoco  aborda metódicamente, pues, sin atender a la estructura lógica de ese  medio  de  demostración  y  la  forma  como  pueden  ser atacados sus distintos  elementos,  nuevamente, reduce  su discurso a disentir del juicio valorativo del juzgador.   

La  jurisprudencia  de  la  Sala  ha  sido  consistente  en  señalar  que  el  ataque  a  la  prueba  indiciaria  no  puede  formularse  de  cualquier manera, sino que es preciso determinar en qué momento  de  la  construcción  se  produjo  el  desafuero.  Es  decir,  frente  al hecho  indicador,  que  se  estructura  a  través  de los distintos medios de prueba y  admite  censuras  por  cualquiera  de  las  modalidades  del error de hecho o de  derecho,  o  en relación con la inferencia lógica, que se puede objetar por la  vía del falso raciocinio.   

Contrario   a  esos  derroteros,  analiza  subjetivamente      la      situación      de      su      asistido,  con  la  finalidad  de desacreditar los  juicios  del  Tribunal  y  concluir, que el indicio razonable de responsabilidad  imputable  a  su  defendido,  «no  deja  de  ser  la  omisión  de  un  cuidado  en  su  actuar  como  Burgomaestre, dado el efecto de  cumplir   con  variadas  funciones  y  ejecución  de  las  mismas»,   como   si   bastara  con  fijar  una  percepción  distinta  y  favorable  a  los intereses de su defendido para darle  curso a la impugnación extraordinaria.   

La  carga  de  sustentar  adecuadamente una  censura  por  desconocimiento  de los parámetros de apreciación racional, debe  partir   del   propio   contenido   de   la   sentencia,  señalando,  por  ejemplo,  la clase de desafuero en  que  incurrió el Tribunal al afirmar que el procesado actuó con dolo, esto es,  con  el conocimiento de que en su proceder se apartó de los principios y normas  reguladoras  del  trámite  y  desechar  que  su  actuación  irregular fuese el  producto     de     una     actitud    descuidada    o    negligente.   

3.2. Esta Corporación, de tiempo atrás, ha  sido    insistente   en   señalar   que,  en  esta  sede,  ningún  reproche  se  puede  escudar  en  el  desacuerdo  que  se tenga con las  consideraciones  del juzgador, en cuanto a la apreciación y el mérito asignado  a  los  elementos  de  juicio,  porque,  de  todos  modos,  el criterio judicial  prevalece  sobre  cualquier otro, salvo que se demuestre, con apoyo en la causal  de  casación  pertinente,  que  en  la  apreciación de los medios de prueba el  sentenciador  desconoció  los  parámetros  que rigen el sistema de valoración  probatoria.   

Así las cosas, la constante formulación de  críticas  descontextualizadas,  sin  una  presentación  metódica y coherente,  impide  establecer cuál, en definitiva, es el error que se quiso demostrar, sin  que  sea  posible,  para  la  sala,  avanzar  en  el  examen  de los fundamentos  fácticos  y jurídicos de la sentencia atacada, pues, en atención al principio  de  limitación,  y  dado  el  carácter  rogado  y dispositivo del recurso, las  deficiencias  del libelo no pueden ser enmendadas para conferirle otro sentido a  las  pretensiones  del  demandante,  las  cuales,  en  este caso, adolecen de un  objeto  claro,  preciso  y  definido,  en  el  marco  de  alguna de las causales  legalmente   establecidas,   en  orden  a  comprobar  la  ilegalidad  del  fallo  recurrido.   

4.  Se  concluye que el demandante dejó de  atender  a  los  mínimos  requerimientos  de claridad, precisión y coherencia,  indispensables   para   entender   el  sentido  de  la  censura,  así  como  la  identificación    del    dislate    aducido    y    la   concreción   de   sus  consecuencias.   

Como   tampoco  se  advierten  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  ni  causales  de nulidad, no surge la  necesidad de pronunciarse de oficio.   

5. Por último, se hace necesario adicionar  el   fallo   impugnado,   por  omisión  sustancial15,  sin  que  ello  implique  modificación alguna de lo decidido, porque, según se  reseñó   en   los   antecedentes,   el   Tribunal   le  negó  a  Figueroa    Bonilla    la    suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena, pero   omitió  consignarlo  así  en  la  parte  resolutiva  de  la  decisión.   

La Sala constata que se trató de un simple  olvido,   porque  en  la  parte  considerativa,  concretamente  en  el  acápite  destinado  a  examinar  los  mecanismos  sustitutivos de la pena privativa de la  libertad,  consultó  tanto  la normatividad actual como la anterior y concluyó  en la improcedencia del beneficio.   

En    ese   sentido   se   adicionará  la sentencia de segundo grado  para  dejar  expresamente  señalado  que  a  Argemiro  Figueroa   Bonilla   se   le   niega  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  INADMITIR  la  demanda examinada   

En  consecuencia,  se  ordena  devolver  la  actuación al Tribunal de origen   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Segundo. Adicionar  la  parte  resolutiva  del  fallo  proferido  por  el  Tribunal  Superior de San  Gil, en el sentido de negarle  a    Argemiro    Figueroa    Bonilla    la   suspensión   condicional   de   la   ejecución  de  la  pena.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  4 Cuaderno del Tribunal.   

2  Folios 48 a 59 Cuaderno original 2.   

3  Folios 120 a 126 Ib.   

4  Folios 204 a 212 Ib.   

5  Folios 26 a 39 Cuaderno original 3.   

6  Folios 69 a 79 Ib.   

7  Folios 3 a 18 Cuaderno de la Fiscalía.   

8  Folios 24 a 29 Cuaderno original.   

9  Folios 56 a 58 Ib.   

10  Folios 205 y 206 Ib.   

11  Folios 207 a 226 Ib.   

12 Fls  396 y 414 íd.   

13  Folios 20 y 21 Cuaderno del Tribunal.   

14  Folios 25 y 26 Ib.   

15  Artículo 412 de la Ley 600 de 2000.     

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