AP4523-2015(45982)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP4523-2015  

Radicación Nº 45.982  

(Aprobado mediante Acta No. 271)  

Bogotá  D.C., cinco (5) de agosto de dos mil  quince (2015).   

La   Sala   decide   sobre  el  recurso  de  reposición  interpuesto  contra el auto de mayo 25 de  2015,  por  medio del cual se inadmitió la demanda de  revisión  presentada  por  el  apoderado judicial de  FARID  ELIGIO  PAYARES VALERA, DONALDO ENRIQUE VALERA  RICO y JUAN FRANCISCO AYALA GUEVARA.   

ANTECEDENTES  

         1. La situación  fáctica,  según  fue  reseñada  en  la  sentencia de primera instancia, es la  siguiente:   

«Aducen  los  denunciantes  que su difunto  padre  LUIS  HERNANDO ROJAS ESPITIA, el 7 de febrero de 1972, compró a ABELARDO  GÓMEZ  A, un predio rural denominado Paz del Río, ubicado en Caracolí, Cesar,  región  de  las Sierritas, lo que antes se llamaba las Tres Pullas y que hoy se  denomina  Paz  del  Río,  con  una  extensión  superficiaria de 150 hectáreas  aproximadamente.   

Que  en  esa  finca  su padre LUIS HERNANDO  ROJAS,  formó  un  hogar  con la señora ISABEL ESTRADA CARRILLO, de esa unión  hay  8  hijos,  la  mayoría  nacieron en ese lugar, donde han venido ejerciendo  desde hace 38 años la posesión pacífica y tranquila.   

Que  su  señor  padre  falleció  el 16 de  noviembre  de  1997, como consecuencia de ello iniciaron un proceso de sucesión  intestada,  la  cual declaró abierta la Jueza Segunda de Familia de esta ciudad  mediante  auto  de  30  de  julio de 2001. Este trámite se paralizó porque los  herederos  realmente  reconocidos  carecían  de  los  recursos  necesarios para  sufragar los gastos que genera dicho proceso.   

El  2  de  noviembre  de 2006, FARID ELIGIO  PALLARES  VALERA  (sic),  les  hizo  llegar  a la finca Paz del Río unas copias  informales  de  la  escritura pública No. 0513 del 14 de julio del citado año,  otorgada  y  protocolizada  ante la Notaría Tercera del Circuito de Valledupar,  en  donde  aparece  adquiriendo  el citado bien por prescripción extraordinaria  adquisitiva  de  dominio,  lo cual se hizo a través de sentencia del 6 de marzo  de   2006,   emanada   del   Juzgado   Tercero   Civil   del  Circuito  de  esta  ciudad.   

Que   en   demanda   de   prescripción  extraordinaria  adquisitiva de dominio, se dice que PALLARES VALERA (sic), desde  hace  más  de  20  años  ha  tenido  la  posesión  del  citado bien de manera  tranquila,  pacífica  e ininterrumpida, que ha ejecutado actos que solo permite  el  dominio de las cosas y que durante ese período no ha reconocido dueño, por  el  contrario,  se  ha  comportado  como  tal,  siendo  reconocido  por  todo el  vecindario,  lo  que según los denunciantes es totalmente falso. Así mismo, se  indica  en  la  denuncia,  que  señor  (sic)  PAYARES  VALERA (sic) dirigió la  demanda contra personas indeterminadas e inciertas.   

Que  con  el  propósito  de  adquirir  las  tierras,  el  denunciado  hizo las precedentes afirmaciones y utilizó a DONALDO  ENRIQUE   VALERA  RICO  y  JUAN  FRANCISCO  AYALA  GUEVARA,  quienes  declararon  falsamente  ante el Juez Tercero Civil del Circuito, induciéndolo de esa manera  en error para obtener sentencia favorable a sus intereses».   

2. En razón de los  hechos  reseñados,  el  Juzgado  3° Penal del Circuito de Valledupar, mediante  sentencia  de  2  de diciembre de 2011, condenó a PAYARES VALERA como autor del  delito  de  fraude  procesal  y  a  VALERA RICO y AYALA GUEVARA como autores del  punible  de  falso  testimonio. Al primero le impuso las penas principales de 78  meses  de  prisión  y multa de 220 salarios mínimos mensuales legales vigentes  y, a los segundos, la de 78 meses de prisión.   

Esa  providencia fue apelada y confirmada en  su  integridad  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial Valledupar el 31  de agosto de 2012.   

3. En contra de esas  providencias,   el  mandatario  judicial  de  PAYARES  VALERA,  VALERA RICO y AYALA GUEVARA presentó demanda  de  revisión, con fundamento en la causal prevista en  el     numeral     3°    del    artículo 192 de la Ley 906 de 2004.   

          Alegó  que  en  las  sentencias  condenatorias  no  se hizo ninguna  alusión  a los testimonios que rindieron Pedro Herrera Batista y Alfonso Manuel  Guzmán  Márquez,  quienes  declararon  que PAYARES VALERA sí era poseedor del  fundo,  como tampoco a la inspección judicial del inmueble que llevó a cabo el  Juzgado  3°  Civil  del  Circuito el 30 de septiembre de 2005; medios de prueba  que,  de  haber sido valorados, habrían determinado la absolución del nombrado  y  que  entonces  deben  tenerse  como  «pruebas  no  conocidas al tiempo de los debates».   

          Agregó  que  en  declaración  jurada  rendida  ante una Notaría el 22 de octubre de 2004, Paulina María Acosta Vence  y  Tobías  Enrique  Valera  dieron cuenta de la inocencia de los procesados. Lo  propio  hizo  el  16  de  febrero  de 2015 Ciro Raúl Pupo Morales, quien según  consta  en  el certificado de libertad y tradición que acompaña la demanda, es  vecino  del  predio  Paz del Río.            

          Concluyó  que  esos  elementos  de juicio permiten sostener que sus  mandantes    «fueron   procesados   injustamente»,  de modo que mantener los fallos de condena implicaría  «negar  el  resplandor que irradian los testimonios,  pruebas   y   evidencias   no   conocidas   al   tiempo  de  los  debates  o  no  debatidas».   

PROVIDENCIA IMPUGNADA   

          La  Sala  consideró  que  la demanda no cumplía con los requisitos  legales mínimos para ser admitida.   

          Estimó,   luego  de  precisar  que  la  normatividad  aplicable  al  presente  asunto  es  la  Ley  600  de 2000 y no la Ley 906 de 2004, que invocó  erradamente  el  demandante,  que no se halla configurada la causal de revisión  que sustenta la pretensión.   

          Indicó   que,   según   se  desprende  del  texto  de  los  fallos  censurados,  al  proceso penal seguido contra los ahora condenados se incorporó  como  prueba la copia del proceso ordinario de pertenencia promovido por PAYARES  VALERA  ante  el  Juzgado 3° Civil del Circuito de Valledupar, dentro del cual,  como  de  hecho  lo  admitió  el demandante, obraba el acta de la diligencia de  inspección  judicial  efectuada  por el titular de ese despacho sobre el predio  objeto de disputa.    

          En  ese  orden,  mal  puede afirmarse que dicho documento constituye  una  prueba  novedosa  capaz  de  derruir  los  fundamentos  probatorios  de las  sentencias  de  condena,  incluso  si  en  estas no se consignó expresamente el  mérito  suasorio  que  le  fue  otorgado,  pues  ello  sólo  significa que los  juzgadores  no  la  consideraron relevante para descartar la materialidad de los  delitos investigados o la responsabilidad de los procesados.   

          Igual  ocurre,  continuó  la  Sala,  con  los  testimonios de Pedro  Herrera   Batista   y   Alfonso  Manuel  Guzmán  Márquez,  los  cuales  fueron  practicados  oportunamente  y  valorados  por  los funcionarios de instancia, de  modo    que    tampoco    pueden   reputarse   como   medios   de   conocimiento  novedosos.   

          De  otro  lado,  la  Corte  admitió  que  las declaraciones juradas  rendidas  por  Paula  María  Acosta  Vence  y  Tobías Enrique Valera no fueron  aportadas  a  la  actuación,  o  cuando  menos,  que a ellas no se hizo ninguna  alusión  en  las  sentencias atacadas; así mismo, que la declaración otorgada  por  Ciro Raúl Pupo Morales el 18 de febrero de 2015 es posterior a la emisión  de aquéllas.   

          Consideró,  no obstante, que dichos elementos cognoscitivos carecen  de  la  trascendencia  exigida para suscitar la admisión de la demanda, pues de  ellos  no  se desprende una hipótesis fáctica novedosa que no haya sido objeto  de  controversia  o  debate  en  el  proceso;  lo  anterior, como quiera que los  nombrados  se  limitaron  a  reiterar  lo que testigos que sí concurrieron a la  actuación  declararon  en  términos  similares  y,  en  todo caso, no resultan  suficientes  para  derruir  el soporte probatorio de las condenas cuya revisión  se reclama.   

DE LA REPOSICIÓN  

          El   representante  judicial  de  PAYARES  VALERA,  VALERA  RICO  y  AYALA GUEVARA pide, por vía  del recurso de reposición,  que  se  revoque  el  auto  confutado  y,  en  su lugar, se admita la demanda de  revisión presentada.   

          Insiste     en     que    el   acta  de  la  inspección  judicial  llevada  a  cabo  sobre  el  predio  respecto  del  cual se declaró  la  adquisición por prescripción es una prueba que no fue tenida  en  cuenta en las instancias ni sometida a controversia, pero además,   que   se   trata   de   un  medio  suasorio  trascendente  que  «toma  fuerza  vinculante para tirar por la borda la  sentencia condenatoria».   

          Reiteró   que   ni   el   Juzgado  de primera instancia ni el Tribunal Superior de Valledupar  tuvieron  en  cuenta  ese elemento de conocimiento, al tiempo que los defensores  técnicos  que  representaron  a los procesados no lo  hicieron      valer      oportunamente,      aun      cuando      «establecía    la    inocencia»  de los  encausados.   

          En  ese  orden,  «es  de  presumir  que  reinó   “el   caminar  torcido”  de  las  instancias porque los requisitos  del  artículo  232 de la Ley 600/2000…no  aparecían en grado de certeza y, la  dejadez, decidia (sic), los hizo sordos y ciegos».   

          Agregó  que  no  basta  sostener que el  acta  de  la  diligencia  de  inspección obraba en la  actuación,  sino que «era  obligación,  relacionarla  en  los  fallos  de  los  operadores  de  turno,  analizar  la prueba, valorarla, sopesarla de acuerdo con  los   lineamientos   de   la   sana  crítica, pero no lo hicieron».   

          Tampoco  puede afirmarse, como lo hizo la Sala, que el hecho de que  no  se  haya  mencionado  expresamente  esa  prueba  en  los  fallos  censurados  signifique    que    «el    sentenciador   no   la  consideró    relevante   ni   para   cimentar   el  fallo  de  condena  ni para descartar la materialidad  del  delito  y  la  responsabilidad de los acusados»,  menos por cuanto a partir de ese documento es posible  concluir  que  estos  no  faltaron  a  la  verdad y, por ende, no cometieron los  delitos imputados.   

          Concluyó     que     «la  inspección  judicial  a  que  se ha  hecho   alusión   deja   en  entredicho  la  verdad  declarada»   y  que  la  razón  por la cual «no se  mencionaron  las  declaraciones  aportadas  como  prueba  nueva  en  el  proceso  penal»  fue «la       pobreza       de      la      defensa      técnica».                     

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala tiene  dicho  que  el objeto del recurso de reposición es propiciar que el funcionario  que  ha emitido la decisión cuestionada por ese medio de impugnación proceda a  revocarla,   reformarla   o  adicionarla,  previa  acreditación,  a  cargo  del  impugnante,  de  un  yerro de orden fáctico, jurídico o probatorio que permita  afirmar la incorrección de la determinación censurada.   

En  ese  orden,  quien  interpone el recurso  tiene  la  carga  de  expresar,  de  manera clara y precisa, las razones de todo  orden  por  las  cuales  estima  que  lo  resuelto  por el operador jurídico se  traduce  en una decisión injusta, errada, imprecisa o incompleta. Dicho de otra  manera,  los  motivos  alegados  por  vía  del recurso de reposición deben ser  aptos   para   demostrar   que  con  el  pronunciamiento  se  causa  un  agravio  injustificado  al  impugnante, por lo que debe evaluarse nuevamente la cuestión  debatida.   

2.  Esa  carga  se  observa  insatisfecha  en el presente asunto, en el que el recurrente se limitó  a  reiterar  las  consideraciones  consignadas  en  la  demanda  cuya  admisión  reclama,  al  tiempo  que se abstuvo de exteriorizar los argumentos por los que,  en su criterio, el auto confutado es errado y debe ser revocado.   

El apoderado de los condenados insiste en que  el  acta  de la diligencia de inspección judicial realizada sobre el predio Paz  del  Río  es  una  prueba  novedosa  y  trascendente,  con  entidad  probatoria  suficiente  para  poner  en  duda  la  justicia de las sentencias atacadas, pero  ningún  esfuerzo  argumentativo despliega para hacer ver que la decisión de la  Sala,  en cuanto concluyó que ese medio suasorio carece de tal connotación, es  incorrecta o equivocada.   

La  prueba  nueva,  tiene  dicho la Sala, es  «aquel  mecanismo  probatorio (documental, pericial,  testimonial)  que por cualquier causa no se incorporó  al  proceso, pero cuyo aporte ex novo tiene tal valor  que  podría  modificar  sustancialmente  el  juicio positivo de responsabilidad  penal  que se concreta en la condena del procesado»1.   

Ese presupuesto no se configura en el caso en  examen,  en  el  que,  como  de  hecho lo admite el libelista y se desprende del  texto  de  la sentencia de primer grado, el acta de la diligencia de inspección  judicial  aludida  sí  fue  allegada  como  prueba  al  proceso penal en el que  resultaron  condenados  PAYARES VALERA, VALERA RICO y  AYALA GUEVARA.   

Que los sentenciadores no hayan consignado  en  los  fallos  censurados de manera expresa el mérito otorgado a ese medio de  conocimiento  no conduce a afirmar que el mismo no fue tenido en cuenta o que no  fue  objeto  de  debate  y  controversia,  pues  la  carga de motivación de las  providencias   judiciales   no   significa   que   en  estas  deba  sustentarse  necesaria y fatalmente la  apreciación  de todos y cada uno de los elementos cognoscitivos que obran en la  actuación,  sino el ejercicio de valoración y ponderación conjunta del acervo  probatorio   en  razón  del  cual  el  Juez  fundamenta  la  decisión.   

Si  a pesar de haberse acopiado el aludido  documento,   luego   de  valorar  distintas  piezas  procesales  contenidas  en  el  expediente  del  proceso de pertenencia y varios  testimonios,  los juzgadores encontraron demostradas  en  el  grado  de certeza tanto la materialidad de los delitos investigados como  la  responsabilidad  de  los acusados por su comisión, con independencia de los  eventuales  defectos  de motivación de que adolezcan  los fallos, mal puede sostenerse que se trata de una  prueba      novedosa      no      conocida      en      el     proceso.   

Se  evidencia  entonces que la pretensión  subyacente  a  la  demanda  de  revisión  presentada  no  es  otra  que  la  de  controvertir  los  fundamentos  probatorios  de  las  sentencias  censuradas, en  concreto,  en  cuanto  negaron al acta de la diligencia de inspección judicial,  cuando  menos  tácitamente,  el efecto probatorio exculpatorio que el libelista  le atribuye.   

Tanto   es   así,   que  el  recurrente  expresamente   advera   que   «los  requisitos  del  artículo  232  de  la  Ley  600/2000…no  aparecían en grado de certeza y, la  dejadez,   decidia   (sic),   los   hizo   sordos   y   ciegos»;   alegación   típica   de   las   instancias   y   con   la   cual   el  opugnador  pierde  de  vista  que  «la  revisión  no  es  una  prolongación  de las instancias, ni un  escenario     establecido     para    reintentar    debates    probatorios    ya  superados»2.   

Busca  entonces promover una nueva revisión  del  acervo  probatorio  a  partir  del  cual  sus  mandantes  fueron condenados  mediante  sentencias  que  gozan de la doble presunción de legalidad y acierto,  no  con  fundamento  en el aporte de una prueba que no existía o no se conocía  al  momento  de  emisión  de  los  fallos,  sino de un medio documental que fue  oportunamente  allegado  a  la  actuación,  pero  que  los juzgadores estimaron  irrelevante  en  la  apreciación  integral  y  conjunta  del acervo probatorio.   

          Igual  ocurre  con  la  alegación del recurrente según la cual era  obligación  de  los falladores exteriorizar en las providencias la apreciación  de  la  prueba documental que echa de menos, esto es,  «valorarla,   sopesarla   de   acuerdo   con   los  lineamientos   de  la  sana  crítica,  pero  no  lo  hicieron».   

         Si  lo  que  el  demandante  cuestiona  por esa vía es     la     violación       del       deber       de  fundamentación  de  las sentencias por parte de los  juzgadores  de  instancia, tal circunstancia, que tiene que ver con la legalidad  de  los fallos y resulta del todo ajena al ámbito de  la  acción de revisión,  debió    ser   impugnada  oportunamente,  bien  en  sede  de apelación o de casación, pero no en este escenario, que no  es el legalmente previsto para ese efecto.   

Pero  hay  más.  Incluso de admitirse, en  gracia  de  discusión,  que la referida acta puede tenerse como prueba novedosa  porque  no  fue tenida en cuenta al momento de proferir las sentencias atacadas,  lo   cierto  es  que  carece  de  la  trascendencia  demostrativa  que  el  demandante  pretende  asignarle,  pues  su  contenido  no  controvierte  los  fundamentos  probatorios  de  los fallos de primera y segunda  instancia ni permite afirmar que estos encierren injusticia alguna.   

En  efecto,  allí simplemente se consigna  que  la diligencia de inspección judicial celebrada el 30 de septiembre de 2005  fue  atendida  por  PAYARES  VALERA,  lo  cual  en  nada  contradice   las   providencias   condenatorias   censuradas,   en  las que,  con  fundamento  en  distintos testimonios, se admite  como   posible   que   el   nombrado   haya  ocupado  durante algún tiempo el  predio,    lo    cual    sin   embargo   no   significa   que  haya  ejercido  la  posesión   del   mismo,  menos  aún,  por el término de 20 años.   

Ciertamente,  en  la  sentencia de primera  instancia  se  alude  al  testimonio  de  Pedro Herrera Batista y Alfonso Manuel  Guzmán  Márquez, quienes declararon que   PAYARES  VALERA  ocupó  el  predio  Paz  del  Río  durante un período indeterminado; en  similar  sentido,  los  testigos  de  cargo,  vecinos  de  ese fundo, admitieron  conocerlo  como  «un  celador en un colegio y antes  dedicado  a  la  compra  y venta de ganado», de modo  que  el  hecho  de  que  el condenado haya atendido la diligencia de inspección  judicial  no es circunstancia que derruya  los  soportes  probatorios de la condena ni que permita afirmar,  al  menos  en un grado de conocimiento suficiente para dar trámite a la acción  de  revisión,  que ésta es injusta o contraria a la realidad histórica de los  hechos.   

Y  es  que  la  prueba  que se aporte como  fundamento  del  libelo, además de novedosa, debe ser trascendente, ha de estar  revestida  de  la  entidad  demostrativa  suficiente para poner en entredicho la  justicia  de  las  sentencias  atacadas,  no  como  una  posibilidad simplemente  hipotética  o incierta, sino de manera contundente y  certera,  pues lo que se pretende es la remoción de los efectos de cosa juzgada  respecto  de  providencias  soportadas  en  pruebas  sometidas  a  publicidad  y  contradicción de las partes.   

         El  libelista  se limita a afirmar que  de  haber  sido  valorada  por  las  instancias,  el  acta  de  la diligencia de  inspección      judicial     habría  dado  lugar  a  un  fallo absolutorio porque ese medio suasorio  «deja      en      entredicho     la     verdad  declarada»,  pero omite todo esfuerzo argumentativo  para  sustentar tal aserto; no explica de qué manera  ese  documento  conduce  a sostener, en contravía de  los  fallos  censurados,  que PAYARES VALERA ejerció  la    posesión    de    la   finca   Paz  del  Río durante más  de  20  años o por qué  enerva  lo dicho por plurales testigos de cargo en el sentido de  que  «nunca  lo  conocieron  como propietario de la  finca».   

         En  suma,  la Sala no repondrá el auto  recurrido,    porque    el    demandante    sustenta   su   pretensión  en  una  prueba  que  no tiene la  condición  de  novedosa,  sino  que  fue  conocida,  aportada   y   debatida   en   el   proceso  en  que  sus  mandantes  resultaron  condenados.   

         En   todo   caso   e   incluso   de  admitirse  lo  contrario,  la  conclusión   precedente   permanecería         idéntica,  pues  el  peticionario no ha demostrado que dicho medio suasorio  esté  revestido de la trascendencia suficiente para  derruir los pilares probatorios de los fallos de condena.   

         Resta   agregar   que   si   bien  el  recurrente  afirma  aisladamente que la razón por la  cual  «no se mencionaron  las  declaraciones aportadas como prueba nueva en el proceso penal»  – se refiere, al parecer, a las  declaraciones  juradas de Paula María Acosta Vence y  Tobías   Enrique   Valera   –  fue  «la       pobreza      de      la      defensa      técnica», lo  cierto    es    que    la    totalidad    de    la  sustentación    del   recurso   está  vinculada  con  las  consideraciones  atinentes  al  acta  de la  diligencia de inspección judicial.   

         Ello    releva    a   la   Sala   de   la   obligación    de   examinar   el   acierto   de   la   decisión  confutada  en  cuanto  estimó  que  dichas  declaraciones  no  resultan suficientes para  suscitar   la  admisión  de    la    demanda    de    revisión,    pues    en    ese   particular  aspecto   el  opugnador  no  manifestó ninguna inconformidad.   

         En   todo   caso   y   si   lo   que   pretende  denunciar  es  la  violación  del derecho a la defensa técnica  en  el  proceso  que  se siguió  contra   sus   representados,   baste   reiterar   que  la  revisión   no   constituye   el   escenario   para   alegar   yerros   de  garantía     supuestamente     ocurridos    en    el    trámite    de    la   actuación,   sino  únicamente    para    acreditar,   probatoria   y  argumentativamente,   la  configuración  de  una  o  más  de  las circunstancias taxativamente previstas  por  el  legislador  como causales de procedibilidad de dicha acción,    lo   cual   en   el presente asunto no ha ocurrido.     

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1. NO REPONER la  decisión  impugnada  por  el  apoderado de FARID ELIGIO PAYARES VALERA, DONALDO  ENRIQUE VALERA RICO y JUAN FRANCISCO AYALA GUEVARA.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ   LUIS  BARCELÓ      CAMACHO

Magistrado   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 CSJ  AP,  22  jun.  2005,  rad.  22.402.  Citado  en  CSJ  AP,  25  may.  2015,  rad.  45.725.   

2 CSJ  AP, 24 sep 2014, rad. 43.314.     

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