AP4277-2014(38992)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP4277-2014  

Radicación N° 38.992  

(Aprobado Acta No.243)  

Bogotá D.C., treinta (30) de julio de dos mil  catorce (2014).   

OBJETO DE LA DECISIÓN  

Se pronuncia la Sala  sobre la admisión   de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JOSÉ GENARO CUAYAL  VALLEJO contra la sentencia  anticipada   dictada  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial   de  San  Juan  de  Pasto  el  7   de   marzo   de  2012,  por  cuyo  medio  modificó  los  numerales primero y segundo de la  proferida  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de Ipiales el 19 de enero  de  la  misma  anualidad,  que  condenó  al procesado  por      el      delito      de      fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios  o  municiones.   

Hechos  

El  3  de  julio  de  2011,  en el  andén  de  una tienda ubicada en el  barrio  La  Granja  del  Municipio  de  Pupiales,  a  la 1:35 pm, miembros de la  Policía,  en labores de patrullaje urbano,  advirtieron  que    JOSÉ   GENARO   CUAYAL   VALLEJO,     portaba     un     revólver     en     la     pretina    del  pantalón.  Al      preguntarle     por   el   permiso   para  tenencia    contestó    negativamente,        razón   por   la   cual  procedieron  a  su       captura      y      a      incautar       el      arma     de     fuego,    la   que   sometida   a   análisis   resultó   apta  para ser disparada.   

Actuación procesal relevante  

1.  El  4  de  julio de 2011, ante el Juzgado  Promiscuo  Municipal  con  Función  de Control de Garantías de Iles (Nariño),  por  solicitud  de  la Fiscalía 26 Seccional de Ipiales, se llevaron a cabo las  audiencias   de   legalización  de  captura  y  de  incautación  de  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia  física,  formulación  de  imputación e  imposición  de medida de aseguramiento; preliminares donde se impartió el aval  a  tales  procedimientos.  El  instructor  formuló  imputación  a JOSÉ   GENARO  CUAYAL  VALLEJO  por  el  delito  de fabricación, tráfico, porte o tenencia de  armas  de  fuego, accesorios o municiones, descrito en  el  artículo  365  del  Código Penal, modificado por el artículo 19 de la Ley  1453  de  2011,  cargo que  aceptó,  y  se  le impuso  medida  de  aseguramiento  consistente  en    detención   preventiva   en   la  residencia.   

          2.  El  19  de  enero de 2012, el Juzgado Primero Penal del Circuito  con  Funciones de Conocimiento aprobó el allanamiento y dictó sentencia, en la  que   condenó   a   CUAYAL   VALLEJO   a  la  pena  principal  de  ochenta  y  un  meses de prisión y a la  accesoria  de  inhabilitación  de derechos y funciones públicas y prohibición  de  portar  armas,  por  el  mismo  término. Al tiempo, le negó la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena y la prisión domiciliaria, por no  cumplirse  el  requisito  objetivo  de  la  pena,  en  consecuencia,  revocó la  detención  domiciliaria  que le fue concedida en la audiencia de imposición de  medida  de  aseguramiento y, en su lugar, dispuso su traslado al establecimiento  carcelario  de  Ipiales.  Asimismo,  decretó  el  comiso definitivo del arma de  fuego.   

3.  Apelado  este fallo por la defensa, para  pedir  la  redosificación  de  pena,  por  allanamiento a cargos y solicitar el  otorgamiento  de  la  prisión domiciliaria, el Tribunal Superior de San Juan de  Pasto,  mediante  el  suyo  del  7  de  marzo de 2012, que ahora el mismo sujeto  recurre  en  casación,  lo  modificó  en los numerales primero y segundo, para  imponer  a  JOSÉ  GENARO  CUAYAL VALLEJO la  pena  de  5  años,  4  meses y 24 días de prisión  y  la  accesoria de inhabilidad para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el mismo tiempo. En lo demás,  lo confirmó.   

La demanda  

          El   defensor   de   JOSÉ  GENARO  CUAYAL  VALLEJO  postula  el  recurso  de  casación contra la  sentencia  de  segunda  instancia,  bajo  el  amparo de la causal prevista en el  numeral  primero del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por violación directa  de la ley sustancial.   

Sostiene,  de  una  parte,  que el procesado  tiene  derecho  a  la disminución de la cuarta parte de la pena imponible y, de  otra,  a que se le conceda la prisión domiciliaria. Argumenta que desde que fue  privado  de  la  libertad,  con  ocasión  de  la  imposición  de  la medida de  aseguramiento,  se  le  concedió  dicho  mecanismo  sustitutivo,  sin  que  las  condiciones  o  circunstancias  que condujeron su concesión hayan variado; como  apoyo  de  su  planteamiento,  trae a colación la sentencia CSJ, 1º jun. 2006,  rad. 24764.   

Agrega,  que  si  bien  los  fines  de  la  detención  preventiva  y  la prisión domiciliaria son diferentes, lo cierto es  que  se  asimilan,  como  lo  discutió  en  la etapa preliminar, pues los fines  constitucionales  se  encuentran  enmarcados  en  el  art.  4  del  «C.P.P.».   

A   manera   de  conclusión,  indica  que  «se  ha  vulnerado  lo  establecido  en  el art. 181  numeral  1  del C.P.P. y en consecuencia mi poderdante está llamado a continuar  con     su     beneficio     de     la    prisión    domiciliaria».   

SE CONSIDERA  

De acuerdo con el artículo 181 de la Ley 906  de  2004,  Código de Procedimiento Penal que reguló este asunto, el recurso de  casación  como control constitucional y legal procede en contra de las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia en los procesos  adelantados  por  delitos, cuando afectan derechos o garantías fundamentales, y  tiene  como propósito, a voces del artículo 180 ejusdem, i) la efectividad del  derecho  material,  ii) el respeto de las garantías de los intervinientes, iii)  la  reparación  de  los  agravios inferidos a estos y iv) la unificación de la  jurisprudencia.   

Para  el  cumplimiento de tales objetivos el  demandante  debe  contar  con  interés  jurídico  para  recurrir, presentar la  demanda  en  forma oportuna y, de manera precisa y concisa señalar las causales  invocadas   sus  fundamentos.  Del  mismo  modo,  desarrollará  los  cargos  de  sustentación  y cumplirá algunas de las finalidades  del mecanismo extraordinario.   

Adicionalmente, el  estatuto   procesal   penal   de  2004  le  confirió  a  la  Sala  Penal  de  la  Corte Suprema de Justicia  facultades  sustanciales, entre otras, la potestad de  superar  los defectos de la demanda para decidir de fondo cuando los fines de la  casación,  fundamentación  de  los mismos, posición del impugnante dentro del  proceso, e índole de la discusión lo ameriten.   

Lo  visto,  no  implica  que este mecanismo  esté  desprovisto  de  todo  rigor y que configure una instancia adicional para  continuar con el debate fáctico y jurídico llevado a  cabo    en   el   agotado   proceso;   contrario   a  ello,   su   naturaleza  extraordinaria    impone    la   satisfacción   de  requerimientos  sistemáticos  basados en la razón y  en  la lógica argumentativa, relacionadas  a  la  observancia  de  coherencia,  precisión  y claridad en el  desarrollo  de  cada uno de los reparos efectuados, de  conformidad  con las causales de procedencia previstas  en   el   artículo  181  del  ordenamiento  procesal  de  2004, en armonía con  los  principios  de la no  contradicción,         la        autonomía     de    los    cargos,  la  demostración  de las  censuras, el quebranto   de  la  presunción  de  legalidad  y  acierto,  entre  otros.   Todo   ello,  encaminado  a persuadir a  esta  Corporación  de  revisar  el  fallo  de  segunda  instancia con el fin de  corregir el pronunciamiento que se revela contrario a derecho.   

         Pues  bien,  para  el  caso,  la demanda  postuló  como  cargo  único  la  causal  prevista  en  el  numeral primero del  artículo  181  de  la  Ley  906 de 2004, a este respecto, la lógica casacional  enseña  que  cuando  se  plantea  la  causal  de  violación  directa de la ley  sustancial,  es deber del casacionista identificar la norma violada, precisar el  sentido  de  la  violación y explicar la razón de ser de la misma, en el marco  de  un discurso jurídico claro, coherente y suficiente, que permita identificar  con  precisión  el  alcance de la impugnación y evaluar su aptitud sustantiva.   

          Dicho  de  una  manera  más  puntual,  la  formulación  del  cargo  descrito  impone  admitir  los  hechos  y  la  apreciación  de  los  medios  de  convicción  fijados por los sentenciadores, por cuanto la argumentación que va  a  edificar  el  censor  es  a  partir  de un ejercicio estrictamente jurídico,  mediante  la  cual  detalle  y  establezca  el  yerro que se pudo configurar los  siguientes sentidos o conceptos de violación:   

     

i. Por  falta  de  aplicación o exclusión de la norma, que  se presenta cuando el funcionario  concluye  en  una  situación  de hecho, pero deja de aplicar la consecuencia de  derecho, es decir, desconoce la ley que regula la materia.     

     

i. Por  aplicación  indebida,  que  se  configura  en  la indebida  selección de la norma que regula en forma integral el asunto.     

     

i. Por   interpretación   errónea,  que  ocurre  cuando el juez conoce de la existencia de la  norma  y la aplica al asunto que se gobierna por la misma, pero al interpretarla  le atribuye un sentido jurídico que no tiene.     

Adicional  a  lo reseñado, al demandante le  competía  demostrar  la  trascendencia  del error en el sentido de la decisión  impugnada,  labor  que  está enmarcada en acreditar que el juzgador seleccionó  una  norma  que  no  era  la  llamada a gobernar el asunto, omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal,  o habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

         No   obstante,  adversamente  a  lo  expuesto,  en  el  sub  júdice, el casacionista formuló el  planteamiento  sin  la  observancia  de  una lógica argumentativa expositiva ni  demostrativa,  debido  a  que  en  el  cargo  de  violación  directa  de la ley  sustancial  no  enseñó cuál es el precepto normativo que considera vulnerado,  bajo  cuál  de  sentidos  se  produjo  el  yerro, ni se detuvo en acreditarlo y  demostrar  su  transcendencia.  De  manera  que,  ante  el incumplimiento de los  presupuestos  básicos  de  idoneidad sustancial necesarios para la realización  de    los    fines   del   recurso,   la    Sala    inadmitirá    la   demanda   de   casación   que   se  estudia.   

          Obsérvese    que    más   allá   de   opinar   que   CUAYAL  VALLEJO   tiene  derecho a la  disminución  de  la cuarta parte de la pena imponible y a acceder a la prisión  domiciliaria  no  controvirtió  el criterio jurídico del Tribunal ni acreditó  su  equivocación  en  el  razonamiento que empleó el juez colegiado en el caso  concreto;   la   elucubración  que  desarrolla  obedeció  a  una  apreciación  subjetiva  carente  de  un  sustento  jurídico,  pues la falencia inicia cuando  aduce   la   violación   de   una   norma  sin  siquiera  puntualizar  cuál  y  cómo.   

De   manera   que,   el   recurrente   con  desconocimiento  de  la lógica argumentativa, de la autonomía de los cargos y,  consecuentemente,  de la preposición en forma principal y subsidiaria de estos,  así  como de los derroteros enseñados en precedencia, en principio, reclama la  disminución  de  la  cuarta  parte de la pena imponible a favor de JOSÉ  GENARO CUAYAL VALLEJO, concretamente  lo   formuló   en  los  siguientes  términos:  «la  disminución  de  la  cuarta parte de la pena imponible al condenado.   

Sin perjuicio de lo atrás dispuesto, la Sala  advierte  que  la  demanda de casación se presentó cuando en vigencia del art.  301  de la Ley 906 de 2004, modificado por el art. 57 de la Ley 1453 de 2011, la  Corte    Constitucional    no    se    había   pronunciado   respecto   de   su  constitucionalidad,   lo   cual   efectuó   mediante   la  sentencia  C-645/12,  condicionada  a  que  “la disminución en una cuarta  parte  del  beneficio  punitivo  allí  consagrado,  debe extenderse a todas las  oportunidades  procesales  en  las  que  es posible al sorprendido en flagrancia  allanarse  a cargos y suscribir acuerdos con la Fiscalía General de la Nación,  respetando  los  parámetros inicialmente establecidos por el legislador en cada  uno de esos eventos’.   

          En  armonía  con  lo  anterior,  los  lineamientos  de esta Sala de  Casación han abordado el tema en los siguientes términos:   

(…)   respetando   el   principio   de  progresividad  de  las  rebajas  por  los  institutos  tantas veces mencionados,  “los  verdaderos  sentido  y  alcance  de la restricción de la ¼ parte de la  rebaja  de  pena  en los casos de flagrancia conduce a concluir que tal guarismo  es  único y que tiene aplicabilidad con independencia de las etapas del proceso  o  en  cualquiera  de  los momentos u oportunidades en que el imputado o acusado  acepte   los   cargos   bien   sea   por   allanamiento   o  preacuerdo  con  el  fiscal.   

En  ese  propósito, de acuerdo con la Ley  1453  de 2011 el esquema de rebajas por razón de dichos institutos, corresponde  realizarse  teniendo  en cuenta la flagrancia, pero obviamente respetándose las  reducciones  de  pena  inicialmente  consagradas para el allanamiento a cargos y  preacuerdos  y  negociaciones entre la fiscalía y el imputado o acusado, de las  cuales  el  sujeto  sólo  tendrá  derecho  a una cuarta parte de las regladas,  interpretación  que  se  ajusta  al  mencionado  principio  de  progresividad y  consulta  con  el  querer del legislador…” (CSJ SP,  11 jul. 2012, rad. 38285, CSJ AP, 28 ago. 2013, rad. 41732).   

Desde  razonamiento, la Sala señaló que la  persona  que  haya sido capturada en flagrancia tendrá derecho a las siguientes  rebajas  de  penas  progresivas  según el momento en que se allane a los cargos  formulados:   

Audiencia   de  formulación   

Art. 351            

Rebaja  original   

½ (50%)            

Rebaja  actual   

12.5 % (1/4 de la mitad)  

Audiencia  preparatoria   

Art.356 N.5            

1/3  (33.3%)             

8.33%  (1/4  de  la  tercera parte)  

Audiencia  juicio  oral   

Art. 367            

1/6  (16.6%)             

4.16% (1/4 de la sexta  parte)  

          Entonces,  para el caso, el Tribunal, inaplicó la reforma normativa  enseñada,  y le concedió a CUAYAL VALLEJO,  dada  su aceptación de cargos en la audiencia de formulación de  imputación,  respecto  de hechos que se produjeron en situación de flagrancia,  una  disminución  del  40%  de  la  sanción, es decir, al mínimo de la pena a  imponer  de 180 meses de prisión, le disminuyó el porcentaje indicado, fijando  la  pena en 64.8 meses de prisión, guarismo que sin lugar a dudas resultó más  favorable  que  si  se aplicara el que se obtendría de acuerdo con la sentencia  de   constitucionalidad   y   los   lineamientos   jurisprudenciales   vigentes.   

          De  manera  que,  aun  ejerciendo  su facultad oficiosa, la Corte no  puede  ajustar  la  sanción  en los términos indicados, so pena de vulnerar el  principio  de  la  no  reforma  en  peor, teniendo en cuenta que el defensor del  procesado es recurrente único.   

Por otro aspecto, el casacionista se limita a  señalar  que  a  su  defendido  se  le  debe conferir la prisión domiciliaria,  porque  desde la etapa preliminar de la actuación se le concedió la detención  preventiva   en  la  residencia,  de  esta  manera,  contrario  a  verificar  la  configuración  de  algún  defecto  por parte de la instancia de segundo grado,  deja  en  evidencia  la  confusión  que  le  subyace  entre  dos  instituciones  jurídicas,   a   saber,   la  prisión  domiciliaria  y     la    detención  domiciliaria,  pues,  en  principio  acepta  que  son  diferentes  y seguidamente indica que son similares, pero no desarrolla la idea,  se  restringe  a señalar que deben ajustarse a las finalidades contenidas en el  art.   4   del  «C.P.P.».   

En  forma  equivocada  concibe  como derecho  adquirido  el  otorgamiento  en la etapa preliminar del proceso la privación de  la  libertad en el domicilio que le confirió la juez de control de garantías a  su  defendido,  cuando  si  bien una y otra figura se asemejan, lo cierto es que  responden  a  institutos  disímiles  ontológica  y  teleológicamente.   

En  efecto, la  detención  domiciliaria  es  sólo  para sustituir la medida de aseguramiento de detención preventiva, a  cuyo  estudio  se  miran diferentes factores relacionados con la finalidad de la  restricción  provisional  de la libertad, como los de evitar la obstrucción de  la  justicia, asegurar la comparecencia procesal, proteger a la comunidad, entre  otras,  aspectos  que  difieren  ostensiblemente  de  los  fines  de  la pena de  retribución  justa,  prevención general y especial, reinserción social, etc.,  propósitos  a  considerar  cuando de sustituir la pena privativa de la libertad  por  la  prisión  domiciliaria se trata.   

          El  casacionista  no  detalló  cuál  de  las  normas que prevé el  instituto  de  la  prisión domiciliaria es la que considera transgredida, si se  refiere  a  su  regulación  en los aspectos generales o si su reproche recae en  los  requisitos que la presuponen, de ser así, cuál de ellos, si el objetivo o  subjetivo,  por qué razón se satisfacen o no las exigencias normativas o cuál  es  la  razón  para  que  no sea aplicable a la situación de su defendido o si  considera  que  se  deben  interpretar  en  forma  concurrente o, en su defecto,  alternativa.   

          También  omitió  indicar si en el caso se presenta un yerro por la  falta  de  aplicación  de  una  norma,  aplicación  indebida o interpretación  errónea  de  los juzgadores, así como acreditar de qué manera el sentenciador  incurrió  en  un  yerro al negar el subrogado y qué determina la trascendencia  del   cargo;   lo   dicho,  por  cuanto  su  carga  consistía  en  demostrar  que  el  Ad quem  se  equivocó  en  la  selección  o  comprensión  de  la norma  sustancial finalmente aplicada.   

Menor    justificación   encuentra   el  planteamiento  del  censor  cuando se advierte que la sentencia de segundo grado  negó  la  prisión domiciliaria por incumplimiento del factor objetivo, pues la  pena  mínima  prevista  para  el  delito por el cual fue condenado CUAYAL    VALLEJO   superaba   el   monto  establecido  para  que  operara  la  concesión  del  sustituto, que a voces del  numeral  primero  del  artículo  38  del Código Penal prescribía «que  la  sentencia  se  imponga  por  conducta  punible cuya pena mínima prevista en la ley sea de cinco (5) años de  prisión   o   menos»;  requisito  que  con la modificación del art. 23 de la  Ley   1709  de  2014  se  fijó  8  años  y  para  el  delito  de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de fuego,  accesorios      o     municiones     corresponde a 9 años.   

Incluso,  según  la  sentencia  que trajo a  colación  el  demandante,  esta  es,  la  CSJ SP, 1º jun. 2006, rad. 24764, se  tiene  que  en ese momento la Sala, entre otros exámenes, se ocupó de cómo la  culpabilidad  preacordada  entre la Fiscalía con el procesado y su defensor, no  quedó  sujeta  al  otorgamiento de la prisión domiciliaria al segundo y; desde  ese  razonamiento  abordó la vigencia de la restricción introducida por la Ley  733  en  su  art. 11 y aclaró que «de ninguna manera  la  nueva  normatividad procesal modificó el artículo 38 de la Ley 599 de 2000  sobre  ese  instituto,  pues una cosa es la detención domiciliaria, que procede  en  el  trámite del proceso, y otra, muy distinta, la prisión domiciliaria que  procede para la ejecución de la pena».   

          En  desarrollo  de  tal  argumento,  en  el mismo proveído, la Sala  puntualizó:   

Este trato benévolo se entiende porque en la  filosofía  del  sistema oral acusatorio el querer del legislador fue restringir  el  cumplimiento de la detención bajo el régimen carcelario, para privilegiar,  de  manera  general,  un  régimen  que  no  esté  sujeto  a la severidad de la  reclusión  intramural,  la  que  tendrá  lugar únicamente cuando se considere  necesario  para los fines estrictamente señalados en el artículo 308 de la Ley  906 de 2004.   

Pero,  esa  regla  general  que rige en el  trámite  procesal  no  puede extenderse a los casos donde el Estado después de  destronar  la  presunción  de  inocencia,  condena  al cumplimiento de una pena  privativa  de  la  libertad, porque en tales eventos la aplicación de la medida  debe  responder a otros fines distintos a los señalados en el referido precepto  instrumental,   que  no  son  otros  que  los  fines  específicos  de  la  pena  establecidos  en  el  artículo  4º  del  Código  Penal  -Ley  599  de  2000-.  (Se destaca).   

La   observancia   de  esos  fines  en  la  aplicación  de  la  pena,  necesariamente  deben armonizarse con las exigencias  legales  establecidas  en el artículo 38 de la Ley 599 de 2000 para la prisión  domiciliaria,   como  sustitutiva  de  la  prisión,  además  de  su  requisito  objetivo.   

Es  decir,  en  la  sistemática  del  nuevo  Código  Procesal  Penal,  la  detención  domiciliaria  responde  a  unos fines  específicos,  aquellos  señalados  en el citado artículo 314, distintos a los  fines   de   prevención  general,  retribución  justa,  prevención  especial,  reinserción  social y protección al condenado, que se activan en el momento de  la  imposición de la pena de prisión, por lo que no puede entenderse reformado  el  artículo  38 del Código Penal por el citado artículo 314 de la Ley 906 de  2004.   

En tal orden de ideas no se entiende de qué  manera  pudo  errar  el  Tribunal,  cuando  en  el  texto del fallo impugnado se  observa  que  la  razón  por  la  cual  negó  al  procesado el sustituto de la  prisión    domiciliaria,    radica    en    el    incumplimiento   del   factor  objetivo.   

Por las razones  anotadas,   como   se  anticipó,  la Sala itera el  incumplimiento  de  las  condiciones  mínimas  de  orden  formal  y  sustancial  exigidas  de  la  demanda  para  su  selección a estudio, de la misma forma que  descarta  que  con  ocasión del trámite procesal o del pronunciamiento atacado  se  hubiesen  vulnerado  los  derechos  fundamentales  inherentes a JOSÉ     GENARO    CUAYAL    VALLEJO,  como  para  que  sea  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que  le  asiste  para conjurar algún atentado de esa  estirpe.   

Por  consiguiente,  se  la  inadmitirá  a  trámite,  en  aplicación  de lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  y se ordenará devolver el proceso a la oficina de origen, no advirtiendo  violaciones  a  las  garantías  fundamentales que la Corte esté en el deber de  proteger de manera oficiosa.   

Insistencia  

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia  por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en el  artículo  184  inciso  segundo  ejusdem,  en  la oportunidad, forma y términos  precisados  por  la  Corte en reiterada jurisprudencia (CSJ, SP, 12 de diciembre  de  2005,  radicado  24322; CSJ, SP, 28 de septiembre 2011, radicado 33181; CSJ,  SP, 17 de octubre 2012, radicado 34946, entre otras).   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

                     

RESUELVE  

          Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  JOSÉ  GENARO CUAYAL  VALLEJO.   

          Contra esta decisión procede la insistencia   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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