AP4237-2016(47653)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado Ponente  

AP4237-2016  

Radicación 47653  

Acta No. 194  

Bogotá D.C., veintinueve (29) de junio de dos  mil dieciséis (2016).   

ASUNTO  

Decide  la Sala sobre la admisión formal de  la  demanda  de  revisión  incoada  por Rubén Darío Daza González, contra la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior Militar el 6 de noviembre de 1996,  mediante  la cual condenó al citado a 12 meses y 15 días de prisión como pena  principal  y  a  la  accesoria  de  separación en forma absoluta de las Fuerzas  Militares,    como    responsable    del   delito   de   abandono   de   comando  especial.   

HECHOS:  

Son  glosados  en  la  sentencia  accionada,  así:   

“Pregonan  los  autos,  que  el  señor  Comandante  del  Comando  Específico  del  Putumayo,  Coronel  Bernardo  Torres  Dávila,  en  informe  rendido  ante el señor Comandante de la Tercera Brigada,  cuenta  que durante los días 5 y 6 de enero del año en curso (1996), el señor  Capitán  acusado  Rubén  Darío  Daza  González,  Comandante de la Compañía  Contraguerrillas  Cascabel,  orgánica  del  Batallón de Contraguerrillas No.28  ‘Coyaimas’,  se  dedicó en el casco urbano del  caserío  de  San  Miguel,  a  participar  de  las festividades, ingerir bebidas  alcohólicas  con  personas  de dudosa reputación, instalándose con el soldado  radio  operador  Aner Marquinez Castillo, en el cuartel de Policía y colocar en  sitios  desventajosos  a  su  compañía , para que prácticamente lo cuidaran a  él,  mientras  disfrutaba de las fiestas, comportamiento que fue causa para que  los  suboficiales  y soldados, también se dedicaran a la diversión, bailando y  consumiendo  bebidas  embriagantes,  portando  uniformes  y  armas  de dotación  oficial,  que dio lugar a lo último para que se presentara una discusión entre  el  soldado  José  Reynel  Rodríguez  Carmona y el Cabo primero Ramón Escobar  Betancurt,  que  culminó  con  dos  disparos que hizo a la altura del cuello el  subalterno  a  su  superior;  en tanto que el soldado Luis Guerrero Samudio hizo  disparos  en  la  calle  después  de  salir  de un prostíbulo, donde trató de  agredir a una meretriz”.   

DEMANDA  

Con  fundamento  en  la  causal  tercera del  “art.  325”  de  la  Ley 1407 de 2010, a cuyo texto dice referirse, un cargo  postula  Rubén  Darío  Daza  González, quien por ser abogado actúa en nombre  propio,  afirmando  la  presencia  de  hechos  nuevos  o pruebas no conocidas al  tiempo  de  los  debates que establecerían su inocencia y por ende a través de  los  cuales procura desvirtuar el tipo penal imputado dada la “inexistencia de  un  Comando  de  Compañía  de Contra Guerrillas” a su cargo para la fecha de  los hechos.   

Previa síntesis del episodio fáctico desde  su  perspectiva y de reseñar la actuación procesal que estima relevante, alude  el  actor a oficio del 27 de septiembre de 2012, mediante el cual la Embajada de  Canadá  no  concede  visado  a  Daza  González,  por estimar que existen bases  razonables   para  considerarlo  posible  perpetrador  de  crímenes  contra  la  humanidad.   

Refiere  entonces  que  mediante  una tutela  logró  tener  acceso  a  la  que considera “prueba nueva” para invocar esta  acción,  consistente  en  la “Directiva Operacional No. 300-02, expedida para  la  seguridad  interior  TRICOLOR/93  y  la  TOE  (Tablas  de  Organización del  Ejército)  número 226000 de 2004, que da cuenta de la organización que debía  existir  en  una  compañía  de  contraguerrilla  para  el año 1996, prueba no  conocida  en su oportunidad por estar sometida a reserva y por cuanto el sistema  procesal  vigente  no  garantizaba el debido proceso, ya que el Comandante de la  Tercera  División  ejercía  simultáneamente  las funciones de investigación,  acusación y juzgamiento.   

La  “segunda prueba que se aporta” es la  “DIRECTIVA   OPERACIONAL   No.300-01”,  confirmatoria  de  la  orden  de  no  conformar  agrupaciones  militares  por  debajo  del 90% de los efectivos de una  TOE, toda vez que   

“contrario  a  esta orden, el denunciante  Coronel  Bernardo  Torres  Dávila  mediante  orden  fragmentaria de operaciones  No.36    ‘Operación  Magdalena’,  fija  una  misión  militar  para  una  compañía de contraguerrillas, con una agrupación  militar  que  se  encontraba  para  el  momento  de  ocurrencia  de  los  hechos  investigados,  con una agrupación militar que no correspondía a una compañía  de  contraguerrillas,  al  encontrarse  por  debajo  del 45% de los efectivos de  oficiales  y  suboficiales   de  una compañía de contraguerrillas; por lo  que  el tipo penal de abandono de comando, impuesto al capitán Daza, no reunía  los  requisitos  materiales  de  tener  bajo  su mando un Comando de Compañía;  contrario  sensu  se  encontraba  con  una  agrupación  irregular  de  dos  (2)  oficiales;  cuatro  (4) suboficiales y setenta (70) soldados voluntarios; ya que  la  organización militar que comandaba el capitán Rubén Darío Daza González  no    correspondía    a    la   estructura   que   ordenaba   la   ‘TOE’, ni a cualquier otra unidad militar,  establecida  en  la  TOE,  ni  tampoco  a  la  orden  establecida  en  Directiva  Operacional No. 300-01”.   

De  lo  anterior  colige  que “la falta de  oficiales  y  suboficiales  debidos  en  la  conformación  de  la compañía de  contraguerrillas            ‘Cascabel’, en  cumplimiento   de  la  orden  fragmentaria  de  operaciones  No.36  ‘Operación    Magdalena’  rompe  la  adecuación  del  tipo de  abandono  de  comando”,  pues  si  bien  el  Reglamento  FFMM 3-9 Público del  servicio          de          ‘Guarnición’  define  el  comando,  la prueba nueva evidencia que no existían los oficiales y  suboficiales  requeridos  como  órgano  de  asesoría  en  el mando, esto es el  incumplimiento  del  principio  de  Unidad  de Mando, que determinó la falta de  control sobre los soldados.   

Como  “otros  hechos  nuevos”  alude  al  reglamento    EJC   1-3   Público   ‘Don  de Mando’,  en  relación  con  las  responsabilidades  del  comandante,  citando  enseguida  nuevamente  el  Reglamento 3-9 y el Manual TE 3-19, relacionado con ‘La   Compañía   de  Infantería  en  Operaciones    de    Contraguerrillas’,   cuyo   objeto   es   suministrar   una  guía  para  desarrollar  procedimientos,   acciones   y   maniobras   en   el   campo   de   combate   de  contraguerrillas;       el      Reglamento      FFMM      3-17      ‘Para  el  servicio  de tropas en orden  público  y  desastres civiles” en tanto dispone en la pg. 46. num. 37 lit. d.  2  e.  que  la tropa debe alojarse en edificios oficiales, pero excepcionalmente  en  alojamientos  particulares, para lo cual “Debe acordar con el Alcalde y el  Comandante  de  policía  local,  la  distribución  y  empleo  del  personal de  policía,   Das   y   demás   organismos  paramilitares  en  asuntos  de  orden  público”.   

También  acompaña  copia  de  la  “Orden  administrativa  de  personal  No.  001232”  acorde con la cual se acredita que  para  el  mes  de  diciembre  de 1995 Daza González era orgánico del Batallón  Baraya  y  no  del Batallón de contraguerrilla Coyaimas “por lo que el delito  es  atípico  en  relación  al  comando  especial que tenía a su cargo por ser  orgánico de la unidad primeramente aludida y no de la segunda.   

Recapitula  el  actor  el  fundamento  de la  acción   emprendida,   así:  el  Capitán  Daza  González  se  encontraba  en  condición  de  Beligerante  (Tratado de La Haya 1907) durante su permanencia en  el  Ejército  y  para  la  época  en que fue procesado tenía la condición de  “combatiente”                                                                                                                        por  encontrarse en Estado de Conmoción Interior el país “siendo encarcelado  por  un  tipo militar, que actualmente se relaciona a un crimen de guerra y a un  crimen  de  lesa  humanidad,  como  ha  sido  manifiestó  (sic) en oficio de la  embajada  del  Canadá,  el  cual  es  imprescriptible  frente a la legislación  adoptada               en               el              estatuto              de  Roma”                                                                                        ;  el  Decreto  2550  de  1988  poseía  un  sistema  penal  inquisitivo  que no  garantizaba  el  debido proceso como si lo hace la Carta de 1991 y el legislador  “no   había   definido  como  conductas  punibles  muchos  de  los  crímenes  enunciados  en  el  art.  8º del Estatuto de Roma, entre ellos el de condenar o  ejecutar  sin  garantías  judiciales”; el proceso penal contra Daza González  no   contó  con  “decisión  motivada  con  independencia  y  autonomía  del  juzgador”,  pues  el  Comandante de la Tercera Estación ejerció funciones de  investigación, acusación y juzgamiento.   

Cita  a  continuación  abundante  normativa  supralegal  que  asume pertinente (Estatuto de Roma, Convenios de Ginebra, Pacto  Internacional  de  Derechos Civiles y Políticos), anexando como pruebas nuevas:  oficio  No.  1049 MDN-DIV3-JMPI-749 del 9 de octubre de 2207; Reglamento EJC 1-3  “Don  de Mando Militar”; Reglamento de “servicio de Guarnición” 3-9; La  TOE  Tipo  Batallón  de  Contraguerrillas;  “Plan  Meteoro del 30 de enero de  1996;  Manual  TE  3-19”Compañía de Operaciones de Contraguerrilla”; Orden  administrativa  de  Personal No. 001232 del 20 de diciembre de 1995.; Reglamento  para  el  Servicio  de  Tropas  en  Orden Público y Desastres civiles” 3-17 y  aporta  declaraciones extrajuicio de Jenny Constanza Carbonell Cardona, Alba Luz  Carbonell y Teresa de Jesús Barreiro.   

CONSIDERACIONES:  

1.  La acción revisora, como se sabe, está  esencialmente  dirigida  a  procurar  la remoción de la cosa juzgada que ampara  una  sentencia,  razón  por  la cual no es considerada un recurso que se aduzca  dentro  de  una actuación aún no fenecida, sino un mecanismo que se ejerce con  posterioridad a la culminación del proceso.   

De  ahí  que  sea profusa la doctrina de la  Sala  en  el  sentido  que  la demanda revisora no puede ser un escrito de libre  postulación,  toda  vez  que  su  diseño está condicionado al cumplimiento de  aquellas   exigencias  derivadas  de  su  intrínseca  finalidad,  esto  es,  la  remoción  de  la  res  iudicata,  propósito  que  impone  el lleno de precisos  requisitos  formales  y de sustentación mínimos por parte del libelo con miras  a hacerlo admisible.   

2.  En  efecto,  la  ley  ha fijado básicas  premisas  de  contenido  que  debe  cumplir  una  demanda para ser reconocida su  idoneidad  formal,  tal  y  como  lo  dispone  el artículo 222 de la Ley 600 de  2.000,  o  la  Ley  906  de 2004 en el art. 194 y también el art. 357 de la Ley  1407  de  2010,  esto es, el Código Penal Militar al que en este caso se remite  el  actor  y  que  en  general señalan la necesidad de determinar la actuación  procesal  cuya  revisión  se  depreca,  la  identificación del despacho que ha  emitido  el  fallo, la conducta o conductas punibles que motivaron la actuación  y  decisión  pertinente,  e igualmente la causal en que se funda; discriminando  entonces  los argumentos de hecho y de derecho en que se apoya la solicitud y la  relación  de  pruebas que se aportan con miras a demostrar el supuesto fáctico  de  la  petición,  debiendo por demás allegarse fotocopias de las sentencias y  la respectiva constancia de su ejecutoria.   

3. Doctrina decantada a través de los años  tiene  sentado  que  tratándose  de  la  causal  tercera,  prueba nueva es todo  instrumento  o  medio  probatorio de índole documental, testimonial o pericial,  que  no  fue  acopiado  al proceso y cuyo contenido revela un suceso desconocido  con  capacidad  para  modificar  parcial  o totalmente la verdad declarada en la  sentencia  y  por  ende  el juicio de responsabilidad o imputabilidad, al tiempo  que  es  un hecho nuevo todo suceso fáctico relacionado con el punible del cual  no  se  tuvo  noticia  dentro  del  proceso  y  por  ende  tampoco fue objeto de  controversia.  Marco  teórico  dentro  del cual también se ha insistido que es  insuficiente  con  simplemente  aducir  hechos  y/o  pruebas  como nuevos, si al  propio  tiempo  no  se  justifica  esa  cualificación, esto es, no solamente su  carácter  ex  novo,  sino  la  razón  de  dicha  caracterización  y  su  real  incidencia  frente  al  proceso,  en  el  entendido  que  con  base  en ellas se  lograría  desvirtuar  el  fundamento  de  la  condena,  al  hacer  evidente  la  injusticia  que  con  la  misma  se  habría irrogado al imputado. Por ende debe  tratarse  de  pruebas  con la capacidad e idoneidad que sirvan para acreditar la  inocencia   del  condenado,  esto  es,  que  desvirtúen  el  fundamento  de  la  sentencia.   

4.  Cotejado  este  marco  teórico  y  el  contenido   del  libelo  revisor  aducido,  se  tiene  que  la  demanda  resulta  manifiestamente  confusa  en  cuanto  al  propio  objeto  de  la  revisión, los  fundamentos  en  que  se  apoya,  la  causal  escogida  para dicho cometido y la  índole  de  las  pruebas  que deberían servir como elementos materiales que la  respaldan.   

Así,   ha   aducido   el   procesado  las  pretensiones  dentro  del ejercicio de esta acción a su propio nombre postulada  atendiendo  la  condición  de  letrado  que  tiene,  atacando  la justeza de la  sentencia  que  lo  condenó por el delito de abandono de comando, introduciendo  simultáneamente  alegaciones  relacionadas  con eventuales quebrantos al debido  proceso  o  la  propia legalidad de la actuación en que se emitió la sentencia  confrontada,  así  como  circunstancias  ajenas  al  delito  objeto de condena,  aportando  entonces  anexos  de  diverso  orden  no  necesariamente orientados a  respaldar  la  causal  expuesta  y sin acompañar la justificación que debería  servir de fundamento para ser acopiados en este caso.   

5.  Necesario  recordar  que  el  entonces  Capitán  Daza  González  fue  condenado por el delito de abandono del comando,  toda  vez  que  ejerciendo el cargo de Comandante de la Contraguerrilla Cascabel  del  Batallón  de  Contraguerrilla  No.28 Coyaimas, los días 5 y 6 de enero de  1996,  en el Municipio de San Miguel (Putumayo), se dedicó a actividades ajenas  al  servicio,  al  participar de las fiestas del pueblo, en donde se consumieron  bebidas  embriagantes,  provocando  en sus subordinados comportamientos ajenos a  la  disciplina  militar,  llegando  a  agresiones  con armas de dotación.    

   

6.   Siendo   ello   así,   los  alegatos  relacionados  con  la  falta de independencia judicial que comporta una crítica  al  sistema de juzgamiento previsto en la normativa que le fue aplicada (Decreto  2550  de  1988),  esto  es,  según  su  versión  que  estuviera  en cabeza del  Comandante   de   la   Tercera  División  del  Ejército  la  investigación  y  juzgamiento  y  el  hecho  de  no  haberse  tenido  en  cuenta  la condición de  “beligerancia”  y  de “combatiente” que según el demandante tenía como  militar  activo,  además  de  los efectos jurídicos de carácter internacional  que  han  conducido a que las autoridades de Canadá tengan el concepto de haber  cometido   un   delito   de   lesa  humanidad,  son  todos  temas  absolutamente  impertinentes  al  propósito  de  justificar  la  acción  propuesta y por ende  ajenos por completo a la teleología propia de la revisión.   

Esta  acción no es viable para controvertir  la  legalidad  de  la  actuación  procesal  subyacente  a  la  sentencia que se  pretende  atacar.  Fuera  de  todo  lugar  son,  así  mismo,  los  conceptos de  beligerancia  y combatiente tratándose del sujeto activo de la acción penal en  este  caso  y  la  índole  del  delito  militar  por  el  que  fue condenado, e  irrelevante  por tanto que se pretenda emplear la acción aducida, para oponerse  a  decisiones  de autoridades consulares de Canadá que distan de estar fundadas  en   los   hechos   que   en   este   caso   se   juzgaron   como   abandono  de  comando.   

Dice  el actor que la revisión se motiva en  la  negativa de la Embajada de Canadá a concederle visado por estar vinculado a  delitos  que han involucrado la violación de derechos humanos, no obstante que,  según  se  advirtió, la sentencia en este caso está relacionada con un delito  típicamente  militar como el de abandono de comando, absolutamente ajeno por lo  tanto    a   conductas   que   pudieran   considerarse   crímenes   contra   la  humanidad.    

No obstante, en forma ciertamente inusitada y  con  indiferencia  sobre  su contenido, dentro del cúmulo de anexos adjuntó el  actor  copia  de  la  providencia  de  segunda  instancia  proferida por vía de  consulta  por  parte  del  Tribunal  Superior  Militar  el 19 de febrero de 1997  dentro  del  expediente  131253  adelantado, entre otros, en contra del Capitán  Daza  González por el delito de homicidio y relacionado con hechos acaecidos el  31  de  mayo  de 1994 cuando se desempeñaba como Comandante de la Compañía de  Contraguerrilla             ‘Cascabel’,  decisión  confirmatoria de la emitida en primera instancia por el Comandante de  la  Tercera  Brigada  y  en que dispuso la cesación de todo procedimiento en su  favor,  asunto  que  podría  tener relación con la controversia diplomática a  que  alude,  pero  no  con  el  delito  militar  referido y por lo mismo tampoco  atinencia alguna con la acción acá propuesta.   

7. Ahora bien, en relación con otras pruebas  que   acompaña,   esto   es   copias  de  reglamentos,  manuales  y  tablas  de  organización  del  Ejército, pese a la evidente precariedad de sus argumentos,  se  colige  que  a  través de las mismas introduce el actor la tesis de acuerdo  con  la  cual  el Comandante de una unidad militar en la que eventualmente no se  cumple  con  los  presupuestos  materiales  o  personales  u organizacionales no  podría  estar  incurso  en  un  delito  como  el  de  abandono  de  comando. El  planteamiento  así  esbozado  carece del más mínimo fundamento y por ende los  documentos   aportados  que  asume  servirían  para  respaldarlo  corren  igual  destino.   

Sostener que falencias organizacionales o en  la  integración  de  una unidad militar puede conducir a desvirtuar por ejemplo  la  existencia  de  un  Comando  de  Contra  Guerrillas,  o una Compañía, o un  Batallón  etc.,  bien  sea derivado de precariedades en torno al número de los  soldados  u oficiales que la integran u otros componentes que no obren dentro de  los  parámetros  de  las Tablas de Organización del Ejército (TOE), o de otra  clase   de  reglamentos  y  por  esta  vía  sugerir  que  se  exonera  de  toda  responsabilidad  si  el  Comandante  en  dichas  circunstancias no cumple con el  desempeño  de  sus  deberes  de  servicio,  no  puede ser más equivocado, pues  confunde   las   funciones   militares,  con  aquellos  elementos  personales  o  materiales  que  se  tengan  en  las  distintas unidades en que las mismas deban  desempeñarse.   

8.  El  abandono  del  comando  es un delito  propio  militar,  esto  es,  que  sólo  puede  ser cometido por miembros de las  Fuerzas  Armadas  que se encuentren desarrollando funciones propias del comando,  jefatura  o  dirección. El bien jurídico objeto de tutela es el servicio, cuyo  cumplimiento  es  deber del militar obligado a ello toda vez que se encuentra en  servicio  y  ostenta  dicha  categoría.  La conducta de abandono del comando es  comprensiva  tanto  del  abandono  material  o físico, como la circunstancia de  ponerse  en  una  situación  equivalente  que implique no estar en capacidad de  prestar el servicio o de cumplir con dicho deber.   

9.  El  entonces Capitán Rubén Darío Daza  González   se  encontraba  en  el  municipio  de  San  Miguel,  Putumayo,  como  Comandante    de   la   Compañía   ‘Cascabel’, en  cumplimiento  de  orden  impartida  dentro  del esquema general dispuesto por el  Comando  de  la  respectiva  unidad  táctica, de donde más peregrina emerge la  escueta  afirmación  según  la  cual no podía estar al frente de dicha unidad  por  ser  orgánico del Batallón Baraya, cuando mediaba acto administrativo que  le discernía el referido comando.   

10. Así las cosas, advierte la Corte que las  pruebas  y  argumentos  de  que  se  vale  el  actor  en este caso carecen de la  contundencia,   seriedad   y   poder   contrastante   como  para  solventar  las  pretensiones  revisoras,  pues  los elementos de convicción allegados en manera  alguna  liberan de responsabilidad al procesado en forma tal que abran espacio a  considerar  que  se  lo  condenó  siendo  inocente,  ni  su  contenido  pone en  cuestión  que  habiéndose  tenido  noticia  de los mismos la decisión hubiera  sido    diversa,    razón   suficiente   para   que   la   demanda   deba   ser  inadmitida.   

          En  razón  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA en Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR  la  demanda  de  revisión  propuesta  en su favor por  Rubén Darío Daza González.   

         Contra esta decisión procede recurso de reposición.   

Notifíquese y Cúmplase.  

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

JOSÉ  FRANCISCO  ACUÑA  VIZCAYA   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO   

FERNANDO  ALBERTO CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO   FERNÁNDEZ  CARLIER   

LUIS  ANTONIO HERNÁNDEZ  BARBOSA   

EYDER    PATIÑO  CABRERA   

PATRICIA SALAZAR CUELLAR   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO   

Nubia   Yolanda  Nova  García   

Secretaria    

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