AP3220-2016(45660)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

AP3220-2016  

Radicación N° 45.660  

(Aprobado Acta Nº 160)  

Bogotá D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil dieciséis (2016)   

VISTOS  

Decide  la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de HERNEY TRUJILLO ZAMORA,  contra  la sentencia del 9 de diciembre de 2014, proferida por la Sala Penal del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Neiva.     

I. HECHOS  

El  25  de  febrero de 2012, a las 11:45 p.m.  aproximadamente,    HERNANDO   VILLANUEVA   ALZATE   lanzó   una   granada   de  fragmentación   al   interior   del   establecimiento   comercial  Don  King  Broasted, ubicado en la avenida  26  #  34-23 – local 2 de Neiva (Huila). Luego emprendió la huida en la moto de  placa  KYI-40C,  de  propiedad  de  HERNEY  TRUJILLO  ZAMORA,  en  compañía de  ALEXANDER  CERQUERA  ROJAS,  quien la conducía. La explosión causó lesiones a  Vianey  Gutiérrez  Cano,  Lisanyuri  Cifuentes  y  John  Fredy  Mancilla  Mora.   

Con  anterioridad,  la  administradora  del  restaurante  había  recibido  llamadas y panfletos intimidatorios en contra del  propietario  del negocio, José Armando Vargas, a quien se le exigía, por parte  del  Frente  17  –  Angelino  Godoy de las FARC, el pago de cuarenta millones de  pesos, como condición para no causarle daño a sus familiares.   

Habiendo  sido capturados ALEXÁNDER CERQUERA  ROJAS  y  HERNANDO VILLANUEVA ALZATE, éste aceptó su responsabilidad e indicó  que  HERNEY  TRUJILLO  ZAMORA, conocido dentro de la guerrilla como alias  El  Gato,  fue  quien lo contactó  para  dejar  en el negocio las misivas extorsivas y ejecutar el atentado, efecto  para  el  cual,  además,  le  proporcionó  tanto  la  moto  como  el artefacto  explosivo.   

II.      ANTECEDENTES      PROCESALES  PERTINENTES   

Por  los  referidos hechos, el 31 de julio de  2012,  ante el Juzgado 4º Penal Municipal con Función de Control de Garantías  de  Neiva,  se  llevaron  a  cabo  las  audiencias  de  legalización de captura  (previamente  ordenada por el juez de garantías), formulación de imputación e  imposición  de  medida de aseguramiento en establecimiento carcelario en contra  de  HERNEY  TRUJILLO ZAMORA. No habiendo aceptado éste los cargos, fue detenido  preventivamente.   

Radicado   el  escrito  de  acusación,  en  audiencia  del  28 de noviembre de 2014, ante el Juzgado 3º Penal Especializado  del  Circuito  de Neiva, la Fiscalía acusó a HERNEY TRUJILLO ZAMORA como autor  del  delito  de  rebelión  (art. 467 del CP), en concurso heterogéneo (ideal y  material)    con    homicidio   agravado   tentado1  (arts. 27 inc. 1º, 103 y 104  nums.     2    y    8),    extorsión    agravada2  en  la modalidad de tentativa  (arts.  27  inc.  1º,  244  y 245 nums. 3 y 6), terrorismo (art. 343), lesiones  personales                 agravadas3 (arts. 111, 113, 117, 119 inc.  1º  y  104  nums.  2 y 8) y daño en bien ajeno (art. 265). Así mismo, imputó  las  circunstancias  genéricas de mayor punibilidad de que tratan los numerales  4,    10    y    15    del    art.   58   del   CP4.   

El acusado optó por ejercer su derecho a ser  juzgado   públicamente.   Concluido  el  debate  y  emitido  sentido  de  fallo  condenatorio,  la  sentencia  se  dictó  el  3  de  octubre  de  2013. Habiendo  declarado  la  responsabilidad  penal del señor TRUJILLO ZAMORA por los delitos  imputados,  sin  tener  en  cuenta  las agravantes genéricas atrás mencionadas  –para   preservar   la  garantía   del   non   bis  in  ídem–,  el  juez  lo  condenó  a  las  penas principales de 385 meses de  prisión  y  multa  de 3.564 salarios mínimos legales mensuales, así como a la  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por  lapso  de  20  años.  De  otro lado, negó tanto la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  como  la  prisión  domiciliaria.   

La defensa interpuso el recurso de apelación  contra  el  fallo de primer grado y la Sala Penal del Tribunal Superior de Neiva  lo confirmó mediante sentencia del 9 de diciembre de 2014.   

Dentro  del  término  legal,  el  defensor  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegó  la respectiva  demanda, lo que motiva el conocimiento del proceso por la Corte.   

III. SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Al amparo del art. 181-3 de la Ley 906 de 2004  (en   adelante   CPP),   el  censor  formula  un  único  cargo  por  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la  cual  se  ha  fundado  la  sentencia.  Desde  esa  perspectiva,  denuncia la  infracción      indirecta     de     la     ley5   por   errores   de   hecho,  consistentes  en  falso  juicio  de identidad por cercenamiento y distorsión de  pruebas,  así  como  falso  raciocinio,  derivado de una valoración probatoria  “parcial  y sesgada” que  desconoce  la  presunción de inocencia por transgredir postulados de la lógica  y  reglas  de  la  experiencia,  en  tanto  componentes  de  la  sana  crítica.   

A la hora de concretar los reproches, sostiene  que  el  juez  de  primera  instancia “desestimó de  plano”  el testimonio rendido por el Mayor Alejandro  Alarcón,  comandante  del  GAULA  Militar de la Novena Brigada de Neiva. En ese  sentido,  prosigue,  el  fallador  a  quo,  en  lugar  de  desvirtuar  la responsabilidad del acusado por los  hechos  materia  de  investigación a partir del dicho del testigo, estimó que,  por  el  contrario,  tal  declaración confirma asiduamente su compromiso penal,  por   ser   ostensibles   los  vínculos  que  HERNEY  TRUJILLO  tenía  con  la  subversión.   

Este  último  aserto, subraya, fue secundado  por  los  jueces  ad  quem,  quienes  establecieron  que  el  nexo  del procesado con el guerrillero conocido  como  El  Indio, además de explicarse en las labores de infiltración, existió  porque   HERNEY  TRUJILLO  ZAMORA  militó  en  las  filas  de  la  subversión.   

Contrario  a  dichas  apreciaciones, destaca,  “se  tiene claro” que el  Mayor    Alarcón    estableció   la   “verdadera  participación”  del acusado como colaborador de las  autoridades   policiales  y  militares,  en  calidad  de  informante.  Sobre  el  particular,  trae  a  colación apartes del testimonio de aquél, donde afirmó,  de  un lado, que HERNEY TRUJILLO -alias El Gato- le proporcionaba constantemente  información  veraz  sobre  los  integrantes  del  Frente  17  de las FARC y sus  auxiliadores   en  el  área  de  Vegalarga,  que  obtenía  por  intermedio  de  familiares  residentes  en  la región; de otro, que si bien la captura de alias  Ciro  y  El  Indio  se  frustró por errores tácticos, el acusado participó en  labores  de  inteligencia sobre posibles secuestros y movimientos de milicianos.  Además,  enfatiza,  el  prenombrado  oficial  le habló a HERNEY TRUJILLO de un  “bandido”   llamado  HERNANDO  VILLANUEVA,  relacionado con la ola de lanzamientos de granadas que se  presentó   en  Neiva  en  la  época,  cuyo  seguimiento  se  frustró  por  la  aprehensión del aquí procesado.   

A   partir   de  ello,  concluye,  resulta  “absurdo”  endilgarle  responsabilidad  a  TRUJILLO  ZAMORA  por  la  supuesta  amistad  con VILLANUEVA  ALZATE.  Pues,  dice,  si el comandante del organismo de inteligencia militar se  encontraba  tras la pista de aquél, es claro que el procesado debía ganarse su  confianza.  Por esta razón, añade, fue que le prestó la motocicleta, pero con  el  convencimiento  de que la utilizaría para otros fines, no para su actividad  terrorista.  De  ahí  que, en su criterio, no se pueda afirmar con probabilidad  de  verdad  que  HERNEY  TRUJILLO  ZAMORA  haya  sido miliciano o integrante del  Frente 17 de las FARC.    

En   tal   virtud,  alega,  es  igualmente  “absurdo” afirmar que el  acusado  era  un  subversivo,  como  quiera  que, de acuerdo con lo dicho por el  Mayor  Alarcón,  su función era la de colaborar para desvertebrar el Frente 17  de  las  FARC.  Por  ello,  a su modo de ver, existe una errada apreciación del  testimonio  de  HERNANDO  VILLANUEVA ALZATE, a quien los juzgadores le otorgaron  credibilidad  cuando  afirmó  que  TRUJILLO ZAMORA tenía vínculos previos con  esa  guerrilla,  donde  se  le conocía como El Gato, al punto que el acusado le  manifestó  que  tenía  unos  menores  de  edad  para reclutar y le entregó la  granada  usada  en  el  atentado,  que le había sido proporcionada por alias El  Indio.   

Ello, continúa, constituye falso raciocinio,  en  tanto  los  falladores  se  equivocaron  en  “la  contemplación  material”  de las declaraciones y se  apartaron  de  los  postulados  de  la  sana  crítica. En esa medida, sostiene,  desconocieron      “lo      estelar”         o         “realmente  significativo”  de  los  testimonios,  en contravía  de   la   lógica,   la  experiencia  y  el  sentido  común.  Si  el  acusado  estaba  haciendo  labores de  inteligencia  a  HERNANDO VILLANUEVA, enfatiza, no de otra manera podía ganarse  la  confianza  de  éste sino presentándose como guerrillero amigo de El Indio;  por  consiguiente,  resalta,  las  consideraciones  de  los  jueces  en torno al  ofrecimiento  de  vinculación a la guerrilla y el reclutamiento de menores para  afirmar   la  responsabilidad  del  acusado  por  rebelión,  condujeron  a  una  declaración  de  verdad  que  difiere  “óntica  y  ontológicamente  de  la  que  revela el proceso”, ya  que  infiltrar a un grupo de bandidos no es una labor fácil, sino una tarea que  requiere de tiempo y persuasión.   

En  esa  dirección,  indica,  es  claro  el  propósito  de  VILLANUEVA  ALZATE,  único  testigo  de  cargo,  de  incriminar  falsamente  a  TRUJILLO ZAMORA, en la medida en que aquél fue el autor material  de  los  hechos,  capturado  en flagrancia y con antecedentes por homicidio. Por  consiguiente,  su  versión  no  se  advierte  objetiva  y  clara;  sin embargo,  puntualiza,  se  le dio credibilidad “sin fundamento  en  un análisis serio [y] de  mérito  sobre  todas  las condiciones legales del testimonio y su relación con  HERNEY”,  cuando el mismo  denota venganza”.   

En  el  marco de las anteriores alegaciones,  subraya,  la  infracción  del  deber  de  valorar  las pruebas en conjunto y el  quebrantamiento  de  las  reglas  de apreciación del testimonio, en especial la  forma  de  responder las preguntas y la personalidad del testigo (art. 404 CPP),  llevaron  a  que se profiriera sentencia condenatoria sin existir convencimiento  de  la  responsabilidad  del  acusado, más allá de toda duda (art. 381 ídem).   

Culmina el escrito solicitando que se case la  sentencia  para  que,  en su lugar, se absuelva al acusado de los cargos por los  cuales fue acusado.   

         IV. CONSIDERACIONES DE LA  CORTE   

4.1            De  acuerdo  con el art. 183 del CPP, la  admisión    de    la    demanda    de    casación   supone   su   debida  presentación.  El  censor  está  obligado  a  consignar  de manera precisa y concisa tanto las causales invocadas  como    sus    fundamentos.   Ello   implica   acreditar   la   afectación   de  derechos  fundamentales  y  justificar  la  necesidad  del  fallo  de  casación, de cara al cumplimiento de  alguno   de  sus  fines  (efectividad  del  derecho  material,  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  reparación  de  los  agravios inferidos a  éstos y unificación de la jurisprudencia).   

   

Tal  propósito  no  se consigue de cualquier  manera.  A voces del art. 184 inc. 2° ídem, no será admitido el libelo cuando  el  demandante  carezca  de  interés,  prescinda  de  señalar  la  causal o no  desarrolle  adecuadamente  los  cargos de sustentación. Tampoco, si se advierte  la   irrelevancia   del   fallo   para  cumplir  los  propósitos  del  recurso.   

Tales  exigencias  derivan  de  la naturaleza  extraordinaria  del recurso de casación, enraizada en la presunción de acierto  y  legalidad  inherente  a los fallos de instancia. A partir de tal presunción,  se  asigna  al  censor  la  carga de acreditar que con la sentencia se causó un  agravio,  apoyándose  para ello en las causales taxativamente consagradas en la  ley.   

De  ahí que, como pacífica y reiteradamente  viene  diciendo  la  Corte,  la  debida  sustentación         implica  desarrollar  el  ataque  con  arreglo  a los requerimientos  formales  que  impone la causal planteada y la lógica del cargo propuesto. Así  mismo,  hacerlo con sujeción a los principios de autonomía, no contradicción,  coherencia  y  razón  suficiente,  para  que  el  alcance de la impugnación se  evidencie  nítido y la Corte pueda dar a los reproches planteados una respuesta  adecuada.   

Además,  en  conexión  con  la exigencia de  acreditación   de  la  afectación  de  derechos  fundamentales,  la  idoneidad  sustancial  de  la  demanda  significa  que  sus  cargos  no  sólo han de estar  debidamente  sustentados  desde  la  perspectiva formal. Los reproches deben ser  fundados,  esto  es,  tener  aptitud  para  propiciar  la  invalidación total o  parcial  de la sentencia, en el entendido de que, de no haberse materializado el  yerro,  otra  habría sido la decisión, o mostrarse idóneos para convocar a la  Corte  a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada  alrededor  del  tema  debatido,  en  cuanto  logren evidenciar la violación de una norma sustancial o  una garantía procesal.   

Si  la  demanda  incumple  con  las  aludidas  exigencias   formales   para   estudiarla   de   fondo   o   se   establece   de  entrada  su  falta total de  idoneidad,  de cara a los fines inherentes a la casación, la decisión debe ser  la inadmisión.   

4.2            Ahora bien, de acuerdo con el art. 181-3  del  CPP,  la  casación  procede  cuando  se  afecten garantías fundamentales,  producto   del  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha  fundado  la  sentencia  de  segunda instancia. Allí se  encuentra  consagrada  la modalidad de infracción indirecta o mediada de la ley  sustancial,   por  errores  en  la  construcción  de  la  premisa  fáctica    del   silogismo   jurídico.   

Cuando  en esta sede se acude a la violación  indirecta   de   la   ley  sustancial,   por   errores   de   hecho  en  las  fases  de  observación o valoración de la prueba, ha de  acreditarse  el  desconocimiento  de  una  situación  fáctica,  producto de la  incursión    en    falsos    juicios   de   existencia,   identidad   o   falso  raciocinio.   

La primera de dichas hipótesis –falso   juicio   de  existencia-  se  presenta    cuando,   al  proferir    la    sentencia   impugnada,  el  fallador  desconoce por completo el contenido material de una  prueba  debidamente  incorporada a la actuación; también, cuando le    concede    valor    probatorio    a   una   que   jamás   fue  recaudada, suponiendo su existencia.   

En  segundo  término,  el  falso  juicio de  identidad  tiene ocurrencia  cuando    en    el    fallo    confutado  el  juzgador  distorsiona  o  tergiversa el contenido fáctico de  determinado    medio   de   conocimiento,  haciéndole  decir  lo  que en realidad no dice, bien sea porque  realiza    una   lectura  equivocada  de  su  texto,  le  agrega  circunstancias  que  no contiene u omite  considerar aspectos relevantes del mismo.   

En  tercer  lugar,  el  falso  raciocinio se  configura   cuando  el  Tribunal  observa  la  prueba  en  su  integridad,  pero  al  valorarla desconoce los  postulados  de  la  sana  crítica,  es  decir, una concreta ley científica, un  principio lógico o una máxima de la experiencia.   

Cualquiera   de   estos  yerros  debe  ser  trascendente    desde  el   punto   de   vista  jurídico,    esto    es,    que    frente   a   la   valoración   conjunta  de  la  prueba realizada por el Tribunal o las instancias  (según sea el caso), su exclusión debería conducir  a    adoptar    una    decisión    sustancialmente  diversa a la recurrida.   

4.2.1                  En     relación     con     el    falso  raciocinio,  modalidad  a  la luz de la cual el censor  cuestiona  la apreciación del testimonio de HERNANDO VILLANUEVA ALZATE, la Sala  tiene  dicho  que  quien  pretenda acreditar su configuración ha de señalar la  prueba   o  inferencia  en  la  cual  recayó  el  error.  Posteriormente,  debe  identificar  el  principio  lógico,  la  máxima  de experiencia o el postulado  científico   que   el   juzgador  desconoció  en  el  proceso  de  valoración  probatoria,  con  indicación  clara  y precisa de las razones por las cuales su  aplicación   resultaba   necesaria   para  la  corrección  de  la  conclusión  cuestionada en el caso concreto.   

En tanto referente de valoración probatoria,  las  reglas  de  la  experiencia  no  pueden  formularse de cualquier manera. La  construcción   de   una   máxima  fundada  en  el  ordinario  devenir  de  los  acontecimientos  de  la  vida  en  sociedad requiere de una estructura general y  abstracta,  definida  por  la  Corte  en  los  siguientes  términos6:   

[L]a  experiencia  forma conocimiento y los  enunciados     basados     en     ésta     conllevan    a    la    generalización,   lo   cual  debe  ser  expresado    en   términos   racionales   para   fijar   ciertas   reglas  con pretensión de universalidad,  por  cuanto  comunican determinado grado de validez y facticidad, en un contexto  socio histórico específico.   

En ese sentido, para que ofrezca fiabilidad  una   premisa  elaborada  a  partir  de  un  dato  o  regla  de  la  experiencia  ha   de   ser   expuesta,   a   modo   de   operador  lógico,  así:  siempre  o  casi  siempre  se  da A,  entonces sucede B.   

Bien  se  ve,  por  lo tanto, que el punto de  partida  formal  para  analizar  la incursión en falso raciocinio, por  desconocimiento  de las máximas de la experiencia,  es  la  formulación de una proposición con estructura de regla,  apta  para  ser aplicada en términos generales y abstractos, con pretensión de  universalidad.  Sólo  a  partir  de  tal  referente  de  valoración  es  dable  verificar  si,  al  analizar  el  mérito  de  las  pruebas, el razonamiento del  juzgador deviene falso.   

De  otro  lado,  como lo ha destacado la Sala  (CSJ  AP  25.03.2015,  rad.  45.235),  el  punto  central  de  la  lógica es la  corrección  del  proceso  completo  del  pensamiento. Tal disciplina comprende,  entonces,  el  estudio  de los métodos y principios que se usan para distinguir  el    razonamiento    bueno   (correcto)   del   malo   (incorrecto)7.  Los errores  de  razonamiento,  en  términos  de  lógica  formal,  se  denominan falacias o  silogismos  aparentes  o  sofísticos, los cuales no implican cualquier yerro en  el  raciocinio o una idea falsa, sino errores típicos  en  las  relaciones  lógicas  entre las premisas y la  conclusión8.   

Pues  bien,  contrastada la sustentación del  libelo  con  las  anteriores premisas, salta a la vista que de la argumentación  expuesta  por  el  censor  no  se  extrae la formulación de ninguna regla de la  experiencia  ni  principio lógico supuestamente quebrantado por los juzgadores,  sino  la  simple  referencia a apreciaciones subjetivas sobre la valoración del  testimonio rendido por HERNANDO VILLANUEVA ALZATE.   

En  efecto,  el  cuestionamiento  sobre  la  credibilidad  que los falladores le otorgaron al prenombrado testigo, al afirmar  que  el  acusado,  perteneciendo  a  la  guerrilla  de  las FARC, le entregó la  granada  utilizada  en  el  atentado  –obtenida  de  alias  El Indio- y le prestó su moto para ejecutarlo,  lo  funda  el libelista en el desconocimiento de “lo  estelar”  o  “realmente  significativo”  de  las declaraciones, en contravía  de   “la  lógica,  la  experiencia  y  el  sentido  común”.  Sin embargo, de ninguna manera identifica,  con  cumplimiento  de  las  exigencias  señaladas en  precedencia, cuál máxima de experiencia quebrantaron  los  juzgadores  al  darle  crédito  probatorio  al testimonio ni qué falacias  dejan desprovisto de solidez el raciocinio probatorio.   

En los reproches elevados por el censor no se  reconoce  ningún  principio  lógico  supuestamente  quebrantado,  como tampoco  alguna  regla de experiencia infringida por los falladores. Por ello, alegar que  a  HERNANDO  VILLANUEVA  ALZATE  no  se le puede creer su relato porque tiene un  “evidente”   interés  vindicativo,  fue  capturado en flagrancia como el autor material del atentado y  reporta  antecedentes  por  homicidio,  en  verdad lejos está de satisfacer los  estándares  formales  mínimos  exigidos  para  plantear  un  cargo  por  falso  raciocinio.  De  igual manera, pretender derruir la estructura probatoria de los  fallos  confutados  afirmando,  de  cara al reclamo por esta modalidad de error,  que  no  reflejan  “un  análisis  de mérito serio  sobre  las  condiciones  legales  del testimonio”, es  del  todo  insuficiente  para  acometer, en casación,  el   estudio   de  fondo  sobre  la  legitimidad  del  escrutinio probatorio.   

En  esencia,  a  los  reclamos  del libelista  subyace  la  idea según la cual quien declara en contra de sus copartícipes no  dice  la  verdad, por lo que su testimonio debe ser descalificado. También, que  si  un  testigo  registra antecedentes penales es, sin más, indigno de crédito  probatorio.  Empero,  tales  conjeturas  están  desprovistas  de  las  notas de  generalidad,  abstracción  y  universalidad  consustanciales a las reglas de la  experiencia,  pues no puede afirmarse que toda declaración incriminatoria entre  coautores   es   una   conducta   vindicativa   que  entraña  una  falsa   sindicación   ni  que  el  mero  registro  de  antecedentes  penales  es  suficiente para concluir que un testigo  ofrece una declaración mentirosa.   

Además, en el ordenamiento procesal penal no  existe  el  sistema  de tarifa legal tratándose de la declaración de testigos.  Por  lo  tanto,  no  es  posible  imponer  una especie de prohibición o importe  probatorio  que relegue un testimonio por las calidades o cualidades de quien lo  rinde  (CSJ  AP26.02.2014,  rad.  42.896).  En  esa dirección, las circunstancias   referentes   a  que  el  testigo  sea  coautor  y tenga antecedentes penales no permiten, por sí mismas,  restar credibilidad a su dicho.   

De  otro  lado, el aserto según el cual los  hechos   que   se   declararon   probados   por   los   juzgadores  difieren  de  “la   verdad  que  revela  el  proceso”,  porque  la infiltración de un grupo subversivo es tarea ardua  que  exigió  del  acusado  hacerse  presentar  como  guerrillero,  sin  serlo,  no  sólo  corresponde a una  lectura  subjetiva  por  parte del demandante; igualmente, denota incomprensión  de  la  presunción  de  acierto y legalidad que cobija a las premisas fácticas  construidas en las instancias.   

Efectivamente, en lugar de partir del mérito  probatorio  reconocido  al  testimonio  de  VILLANUEVA ALZATE y, sobre esa base,  deconstruir  los  fundamentos  argumentativos  en que reposa tal conclusión, el  libelista  parte  de un supuesto equivocado que da al traste con su pretensión.  La  censura  no  demuestra,  con respeto de las exigencias formales pertinentes,  por  qué  no  puede  creerse  que  el  acusado,  en  razón de sus nexos con la  guerrilla,   contactó  al  testigo  para  suministrar  panfletos  extorsivos  y  ejecutar  el  atentado,  suministrándole  además los elementos para ello, sino  que  invita  a  la  Corte  a  acoger una interpretación probatoria diversa,    basada    en   su  propia comprensión de “lo     que     revela     el  proceso”.  Así,  es claro que los planteamientos presentados por  el  censor apenas constituyen reproches formulados con la amplitud propia de las  instancias,  los  cuales  distan mucho de los estándares mínimos exigidos para  analizar un cargo por falso raciocinio.   

            

Es  que,  como lo tiene dicho la Sala, no hay  lugar  a  predicar  la  configuración  de  dicho  yerro  cuando  simplemente se  presenta  una  apreciación probatoria que no se comparte. La mera disparidad de  criterios  en  ese  aspecto no habilita para acudir al recurso de casación (CSJ  AP  03.12.09,  rad.  27.264).  En  la  misma  dirección, ha puntualizado que la  simple   oposición   de   apreciaciones  subjetivas  contra  los  razonamientos  probatorios  efectuados  por  el  juez  o  la  postulación  de  críticas  a la  actividad  valorativa,  formuladas  con  la  amplitud  propia  del  ejercicio de  contradicción  de  las  instancias  y  sin  el  debido  planteamiento técnico,  conduce  a  la  inadmisión  del  recurso  de casación (CSJ AP 16.06.2010, rad.  33.697).   

4.2.2                  Por   otra   parte,   el  adecuado  planteamiento  del  falso    juicio    de   identidad,   cuya  configuración  denuncia  el  censor  en  relación  con el testimonio del Mayor  Alejandro  Alarcón,  impone  la  carga de señalar, en concreto, cuál fue  la  prueba  que  se  distorsionó  o  cercenó.  Así mismo, indicar lo que ella  decía  y demostrar que el entendimiento que del medio de conocimiento obtuvo el  juzgador fue distinto.   

Se  trata,  entonces,  de  un  ejercicio  de  confrontación  que,  a  la manera de una doble columna, reproduce en la primera  lo  que  textualmente  dijo  la  prueba y en la segunda lo que se le hizo decir,  para  destacar luego la incidencia del yerro en la decisión, de forma que si no  se   hubiera  cometido  el  error,  el  sentido  del  fallo  habría  sido  otro  sustancialmente  diferente  (Cfr. CSJ AP 03.08.05, rad. 23.77).   

En  el  asunto bajo examen, si bien el censor  reseña,  de  un  lado,  apartes del testimonio del Mayor Alarcón que no fueron  textualmente   consignados  en  las  sentencias  confutadas;  y,  de  otro,  los  segmentos  de  los  fallos donde se aludió al contenido material del testimonio  rendido  por  aquél,  de  la confrontación entre ellos salta a la vista que la  denunciada  distorsión del contenido material de la prueba no existe, decayendo  por completo la trascendencia del reproche.   

Contrario a lo afirmado por el demandante, el  juez   de   primera   instancia   no   desestimó  de  plano  el  testimonio  del  prenombrado  oficial  del  Ejército,  como  tampoco  lo hizo el Tribunal. Es el propio libelista quien, al  reseñar  los segmentos supuestamente distorsionados u omitidos, destaca que las  sentencias  consignaron  el  aspecto  a  partir  del cual alega la inocencia del  acusado,  a  saber,  que  éste  fue  informante  del  Ejército  Nacional, para  desmantelar una estructura guerrillera.   

A la hora de acreditar la supuesta distorsión  o  cercenamiento  del  testimonio,  destacó  el  libelista que, “contrario     a    lo    afirmado    por    los    juzgadores    de  instancia”,  el  Mayor Alarcón afirmó, en esencia,  que:  i)  El  Gato  le proporcionaba información veraz sobre los militantes del  Frente  17  de  las  FARC  en  el área de Vegalarga, la cual obtenía porque su  progenitora  vivía  allí;  ii)  HERNEY  y  su  hermana Yeimy Paola le hicieron  inteligencia  a los alias Ciro y El Indio, cuya captura se frustró por un error  operativo  y  iii)  El  Gato  le  habló de HERNANDO VILLANUEVA ALZATE cuando en  Neiva  había  una  “ola”  de    explosión    de    granadas,    a    quien    querían    “llegarle”.   

Mas  revisados los apartes de la sentencia de  primera  instancia  que cita el libelista (cfr. fls. 51 C. 3 y 330 C.1), el juez  reconoció  que,  según el Mayor Alarcón:  i)  HERNEY  y Yeimy Paola efectivamente eran miembros informantes  de  la  red  de cooperantes del Ejército, quienes, en razón de haber nacido en  la  zona  (Vegalarga)  y  dada  la  residencia  de  su progenitora en ese lugar,  suministraban  información del Frente 17 de las FARC; ii) en ejercicio de dicha  labor  contribuyeron en una ocasión con una operación militar en contra de esa  guerrilla  y  iii)  urgido  por  la  necesidad  de  dar positivos, el acusado se  dispuso a infiltrar las actividades de CIRO y EL INDIO.   

Es  más, a la hora de resolver la apelación  del  fallo de primer grado, como lo resaltó el demandante, el Tribunal reiteró  que  el  acusado  estaba  haciéndole  inteligencia  al  guerrillero  apodado El  Indio.   

Bien se ve, entonces, que el reclamo incumple  las  exigencias  formales para el planteamiento de un falso juicio de identidad,  en    tanto    la    comparación   propuesta   por   el   censor   –de  apartes  apreciados  y  segmentos  supuestamente  omitidos  o  distorsionados del testimonio– está en incapacidad  de  acreditar  que  el  sentido de la decisión tendría que ser sustancialmente  distinto.  Ello,  dado  que,  en  esencia,  se  aprecia equivalencia entre lo efectivamente observado por los  jueces  y  los aspectos traídos a colación por el demandante. La misma demanda  descarta omisión o distorsión en la observación del testimonio.   

Quien  realmente  distorsiona los fundamentos  probatorios  de  las  decisiones  impugnadas,  dejando  por  ello desprovisto de  aptitud  sustancial  al  cargo,  es  el  libelista.  A  la  hora  de reseñar el  contenido  material  de la prueba, fijado por los juzgadores, la censura falta a  la fidelidad con lo consignado en las sentencias.   

En efecto, consultada la sentencia de primera  instancia  (fls.  329-330  C.  1)  en  punto  de  lo  testimoniado  por el Mayor  Alejandro  Alarcón  Pérez,  Comandante del GAULA Militar en Huila, se advierte  que  éste  manifestó  en  el  juicio haber conocido al acusado “como  alias  El  Gato…en  desarrollo de una operación militar en  donde   se   pretendía   neutralizar   una   facción  del  frente  17  de  las  FARC”.   Dos   días  después,  destacó  el  juez  a quo relatando lo declarado  por  el testigo, El Gato “refiere que es su voluntad  colaborar   con   el   Ejército  desintegrando  la  facción  de  la  guerrilla  mencionada,   de  la  cual  hacía parte”.   

De  tal  suerte,  el  aserto  según  el cual  “la     verdadera     participación”     del     acusado     fue     la     de     un    mero  informante  o  colaborador  de  las  autoridades  militares,  formulado por el impugnante ocultando que el testimonio  supuestamente   distorsionado  indica  que,  al  margen  de  ello,  aquél   sí   integró   las   filas   del   Frente   17   de  las  FARC,   no   sólo  se  aviene  infundado,  sino  que  constituye  la  base de otras apreciaciones subjetivas, carentes de aptitud para  ser  estudiadas  de  fondo  desde  la  óptica  del  falso  juicio de identidad.   

El  libelista  cataloga  como “absurdo” pensar que el procesado era un  subversivo,  pues  desde  su  perspectiva  era únicamente  un  informante.  A  partir  de  ello  sugiere  que  HERNEY  TRUJILLO  ZAMORA  se  presentó,  sin serlo, como un guerrillero ante HERNANDO VILLANUEVA ALZATE, para  ganarse  su  confianza,  efecto  para el cual también le prestó su moto sin el  propósito  de  ser  utilizada  en  actos terroristas. Empero, desde el punto de  vista de la aptitud sustancial, tal reproche es inadmisible.   

No  sólo  porque  oculta  que  el  testigo  catalogó  al  acusado  como un guerrillero; también, debido a que el censor no  refuta  de  ninguna  manera una inferencia elaborada por los jueces de instancia  que  soporta  la decisión condenatoria, a saber, que una valoración articulada  de  las  declaraciones  del  Mayor  Alarcón, Yeimy Zamora y HERNANDO VILLANUEVA  –a  quien  las instancias  confirieron   credibilidad-,   permite   afirmar   que  el  acusado  prestó  su  colaboración  a  las  autoridades, pero sin abandonar  su   actividad   subversiva,   pues   “pretendió   sacar   provecho   del   mejor   postor   –del Frente 17 de las FARC y del Mayor  Alarcón-”  (cfr.  fls.  310-311  C.1  y  26-27 C. 3).   

Así, pues, ante la incorrección formal y la  carencia  de  aptitud  sustancial  del  reproche  por falso juicio de identidad,  éste también debe ser inadmitido.   

4.3                    En   consecuencia,   no   habiéndose  presentado  los  reclamos  en  casación  con  respeto de los estándares mínimos para su estudio de fondo, es  innegable  su  indebida  fundamentación. Ello constituye razón suficiente para  inadmitir  la  demanda.  Además,  la Sala no advierte la presencia de supuestos  justificantes  para  superar  los  defectos  del  libelo  con  el  propósito de  decidirlo  de  fondo  o  emitir  un  pronunciamiento  oficioso  en casación, de  conformidad con el art. 184 inc. 3º del CPP.   

En   mérito  de  lo  expuesto,   la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  de casación presentada en nombre de HERNEY TRUJILLO ZAMORA.    

ADVERTIR  que,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el art. 184 inc. 2º de la Ley 906 de 2004,  contra  la presente decisión procede el mecanismo de insistencia, con atención  de las reglas definidas jurisprudencialmente por la Sala.    

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  En  relación  con  Vianey  Gutiérrez  Cano, hija del propietario del restaurante y  administradora  de éste. Las agravantes específicas corresponden al intento de  homicidio  para  preparar,  facilitar  o  consumar  otra  conducta  punible,  en  desarrollo de actividades terroristas.   

2 Por  consistir  el  constreñimiento  en  amenazas  de  ejecutar  muerte,  lesión  o  secuestro  o acto del cual pueda derivarse peligro común, así como por afectar  gravemente   los   bienes   o  la  actividad  profesional  o  económica  de  la  víctima.   

3  Causadas  a  John Fredy Mancilla con deformidad permanente que afecta el rostro,  agravadas  por  los  mismos  motivos  aplicables  a la tentativa de homicidio de  Vianey Gutiérrez Cano.   

4  Emplear  en  la  ejecución  de  la  conducta  punible  medios de cuyo uso pueda  resultar   peligro   común,  obrar  en  coparticipación  criminal  y  utilizar  explosivos   para   la   realización   de  la  conducta  punible.             

5 Alega  el  desconocimiento  de  los arts. 5º, 7º, 10, 372, 373, 375, 379 a 381, 402 y  404 del CPP.   

6 CSJ  SP 07/12/11, rad. N° 37.667.   

7 COPI  M.,   Irving   y  COHEN,  Carl.  Introducción  a  la  lógica,  8ª  edición,  México,  Limusa, 1997, pp.  17-19.   

8  Al  respecto,  cfr.,  entre  otros,  ídem, pp. 125-126 y KLUG, Ulrich. Lógica   Jurídica,   Bogotá:  Temis,  1990.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *