AP4135-2016(47935)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP4135-2016  

Radicación N° 47935  

(Aprobado acta N° 194)  

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de junio de  dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases  jurídicas y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de JEVV  contra la sentencia proferida el 3 de  febrero  de  2016  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior de Ibagué, que  confirmó  la impartida el 20 de marzo de 2014 por el Juzgado Penal del Circuito  con  funciones de conocimiento de Honda (Tolima), por cuyo medio lo condenó por  el  delito de actos sexuales con menor de catorce años, en concurso homogéneo,  en calidad de autor.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el  ad quem en los siguientes  términos:   

Los   hechos   jurídicamente  relevantes  ocurrieron  entre los meses de julio y septiembre de dos mil nueve (2009), en el  Conjunto  Residencial  (…),  ubicado  en  la (sic) barrio (…), de Mariquita,  Tolima,  donde  funcionaba  un  establecimiento  abierto  al público dedicado a  video  juegos  administrado  por JEVV y residía YAPV, hermano de este último y  progenitor  de  la menor L.K.P.Z., quien a la sazón contaba con siete (7) años  de  edad;  y  en la finca “(…)”, de propiedad de la madre de los primeros,  ambos  inmuebles  ubicados  en  Mariquita,  Tolima,  cuando  VV, aprovechando la  privacidad  de  ciertos sectores de dichos escenarios y el momento propicio para  ello,  le  realizó  a  la  citada menor tocamientos y dio besos en la vagina, e  incluso  en  una  oportunidad  se  le  exhibió desnudo cuando ella le pasó una  toalla       para      que      se      secara.1   

2.  El 10 de noviembre de 2010, ante el Juez  Primero  Promiscuo  Municipal con función de control de garantías de Mariquita  (Tolima),   el   Fiscal   48  Seccional  de  Honda  le  imputó  a  JEVV el delito de actos sexuales con menor  de  catorce  años,  agravado  (artículos  209  y  211.4 del Código Penal), en  calidad             de             autor2.   

3.  El  7  de  diciembre  de  ese  año,  se  presentó  el  escrito  de  acusación,  en  el  cual se modificó la mencionada  circunstancia  de  agravación  para  atribuir,  en cambio, las descritas en los  numerales  2  y  8  del  canon 211 ejusdem,  y  se  endilgó  la  conducta  en concurso homogéneo3.   

4. La audiencia de formulación de acusación  se  llevó a cabo el 24 de enero de 2011, ante el Juzgado Penal del Circuito con  funciones   de  conocimiento  de  la  última  localidad  mencionada4.   

5. El 29 de marzo de esa anualidad tuvo lugar  la          audiencia          preparatoria5 y el juicio oral inició el 23  de             abril            siguiente6   y   finalizó   el   23  de  septiembre                 posterior7, al cabo del cual, el juzgador  expresó que el sentido del fallo era condenatorio.   

6.  Mediante  sentencia  del  20 de marzo de  2014,     el     Juez     de     conocimiento     condenó     a    JEVV,  en  calidad  de autor del delito de  actos  sexuales con menor de catorce años, agravado8,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo,  a  las penas de catorce (14) años de prisión e inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  igual término que la  sanción  privativa de la libertad. Además, le negó la suspensión condicional  de   la   ejecución   de   la   pena  y  la  prisión  domiciliaria9.   

7.   El   fallo   fue   apelado   por   el  defensor10,  pero  el 3 de febrero de 2016 la Sala Penal del Tribunal Superior  de         Ibagué        lo        confirmó11.   

8.  La  defensa  interpuso  oportunamente el  recurso      extraordinario     de     casación12  y  presentó, en tiempo, la  demanda                correspondiente13.   

LA DEMANDA  

Tras  identificar  al  acusado,  el  censor  reproduce  los  hechos  jurídicamente  relevantes como fueron concebidos por el  ad  quem,  postula un cargo  único  en  el  que  acusa  «el desconocimiento de la  estructura  del  proceso por AFECTACIÓN SUSTANCIAL DE  LAS     GARANTÍAS»14         (el   resaltado   es   original)  de  su  representado,  lo cual, a su juicio, conduce a la nulidad de la actuación desde  la audiencia preparatoria inclusive.   

En   desarrollo   de  la  censura,  previa  referencia   al   derecho   de   defensa   técnica  en  abstracto  –con  apoyo normativo (artículos 29 de  la  Constitución  Política,  8º  de la Ley 16 de 1972) y jurisprudencial (CSJ  SP490-2016)-,  asegura  que se desconoció esta prerrogativa en el caso concreto  por   la   «ausencia   absoluta  de  una  actividad  probatoria  diligente  a  partir  de  la  audiencia  preparatoria  y  durante el  desarrollo  del  juicio»15,  pues  aunque  la  defensa  obtuvo  el  decreto de algunos testimonios, ninguno tenía aptitud suasoria para  atenuar  el  juicio  de  reproche,  al  punto  que,  uno  de  ellos –el de YAP (hermano del acusado y padre  de  la menor abusada)- sirvió de prueba de cargo, además que no se solicitaron  pericias  que  pudieran  confrontar  la rendida por la psicóloga Claudia Milena  Delgado  Galvis, ni se aportaron los correos electrónicos que acreditarían una  acción    vindicativa    de    la    madre    de    la    niña    –LZU-  contra  su prohijado generada en  la delación de unas infidelidades cometidas por aquella.   

Tales falencias impidieron refutar la teoría  del  caso  y  que  se  dictara  sentencia  absolutoria,  siquiera  en  grado  de  duda.   

Resalta  que  es la misma colegiatura la que  censuró  las  deficiencias  argumentativas de la defensa, el uso inadecuado del  contrainterrogatorio  de los testigos de cargo, y la falta de soporte probatorio  para  acreditar  la  acción  retaliatoria  de la progenitora de L.K.P.Z., tesis  que, por ende, quedó en el plano de la especulación.   

Recuerda  que  las instancias le confirieron  credibilidad  al testimonio de la pequeña porque lo estimaron coherente y ajeno  a  factores  extrínsecos  o  intrínsecos  que  pudieran  alterar sus sentidos,  siendo  que  pudo  haberse demostrado «una injerencia  negativa     sobre     su     psiquis»16.   

Igualmente,  resalta  cómo  el ad    quem   aseguró   que   salvo   el  conocimiento    privado    que    pudiera   tener   el   defensor   –inadmisible   por   el  principio  de  necesidad  de  la prueba-, no se acreditó mediante algún elemento cognoscitivo  que  LZU  -madre  de la niña- le hubiera reclamado a su cuñado al otro día de  los hechos, en tanto ella no se refirió a esto en su testimonio.   

Lo  mismo  ocurrió, asevera, respecto de la  declaración  de  JAAG,  cónyuge del enjuiciado, con la que se trató de probar  la  animadversión  entre  éste  y  la  progenitora  de L.K.P.Z., por cuanto el  Tribunal  recriminó  a  la  defensa por no aportar las pruebas documentales que  acreditaran  tal predisposición anímica -correo electrónico en el que aquella  le  decía que iba a mandar a su esposo de vacaciones a Canadá y que su hijo se  iba a quedar sin papá-.   

Reprueba,  asimismo,  que  el defensor de la  causa  no  se  hubiera  percatado  de  la  falta  de idoneidad profesional de la  psicóloga  Claudia  Milena  Delgado  Galvis  para realizar la evaluación de la  pequeña  y  que,  como  lo  indicó  la  Sala Penal, omitiera cuestionar, en el  ejercicio  del contrainterrogatorio, la aptitud de la experta y la incidencia de  la  falta de aplicación del protocolo –indeterminado-  al  que  aludió  la defensa, y aportar algún medio  probatorio de mejor vocación demostrativa que aquella pericia.   

En  este punto, asegura que el testimonio de  otro  experto  habría  evidenciado  que «el dictamen  psiquiátrico  practicado  carecía del más mínimo respeto a los estándares y  normas  establecidas  para la obtención de dicha prueba, ya que su realización  no  se  ajustaba  a  las  previsiones  o al procedimiento previsto en la ley, en  otras  palabras con su realización se habría infringido la legalidad ordinaria  pues  se  habrían  practicado  sin  las  formalidades  legalmente establecidas,  permitiendo  ello  su  exclusión del material probatorio por errores garrafales  en   la   producción   de   la   prueba»17.   

En  apoyo  de  su  tesis,  tras aludir a las  funciones  del  Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal  y  Ciencias  Forenses,  descritas  en  la  Ley  938 de 2004, afirma que la aludida perito no observó el  Reglamento  Técnico  para el Abordaje Forense Integral en la Investigación del  Delito  Sexual  ni  la  Guía  para la Realización de Pericias Psiquiátricas o  Psicológicas  Forenses  en Niños, Niñas y Adolescentes Presuntas Víctimas de  Delitos  Sexuales.  Por  lo  tanto, insiste, su experticia es una prueba ilegal,  lesiva del derecho a la defensa técnica.   

De  otro  lado,  enfatiza que la colegiatura  aludió  «a la pasividad de la defensa para demostrar  la   afectación   del   principio   de   imparcialidad   en   atención  a  los  contrainterrogatorios  del  juez  a los testimonios de YAP destacando nuevamente  que   la  actividad  en  los  contrainterrogatorios  fue  deficiente»18,  así  como  CRITICA que el  relato   de  ese  testigo,  solicitado  como  prueba  descargo,  haya  terminado  favoreciendo  la  teoría  del caso de la fiscalía, lo cual estima lamentable y  producto  de  «una eventual ausencia de habilidades,  preparación   o   producción   efectiva  de  pruebas  de  descargo»19.   

Como  corolario  de  lo  anterior,  aunque  comparte  las  críticas elevadas por el Tribunal a la actividad defensiva de su  predecesor,   se   muestra   inconforme   con  la  solución  adoptada  por  esa  magistratura,  ya  que  no ha debido confirmar el fallo impugnado sino anular lo  actuado  a  partir  de  la  audiencia  preparatoria,  a efecto de garantizar una  defensa técnica efectiva en igualdad de armas.   

Para  cerrar precisa que su intención no es  descalificar  la  estrategia defensiva sino poner de presente las falencias que,  desde  la  fase preparatoria del juicio frustraron la incorporación del soporte  probatorio  indispensable para acreditar «un eventual  contubernio  en  contra  de  [su]  asistido por la probable existencias (sic) de  rencillas,  retaliaciones  y  acciones vindicativas, que terminaron por dejar en  una  indefensión  material a [su] protegido cuyos efectos obvios se extendieron  al  posterior  desarrollo  del juicio y a la definición del proceso»20.   

Tampoco, opina, se está ante «una  escueta  defensa  pasiva», sino que  resultaba     trascendente     aportar    «pruebas  documentales,  de  expertos,  o  de otra naturaleza, que demostraran determinado  contubernio   maligno   en  contra  del  acusado  con  lo  cual  habría  podido  controvertir  la  credibilidad  otorgada  a  la  narración  de la víctima y su  progenitora»21.   

Solicita  declarar  probada  «la  causal  de  casación  prevista en el numeral 2º del artículo  180   (sic)   de   la   ley   (sic)  906»22,  casar  el  fallo  impugnado  y,  en  consecuencia, decretar la nulidad del proceso desde la  audiencia preparatoria.   

CONSIDERACIONES  

Al tenor de lo dispuesto en el artículo 180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene como  finalidad  “la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a   estos,   y  la  unificación  de  la  jurisprudencia”.   

Con tal propósito, el inciso 2º del canon  184   ejusdem  fijó  las  reglas  mínimas  de  admisión de la correspondiente demanda, estableciendo que  no  se seleccionará aquella en la que i) el demandante carezca de interés para  acceder  al  recurso,  ii) no se invoque la causal conforme a la cual se edifica  el   reproche   de   las   contempladas   en   el   artículo  181  ibidem,   iii)  omita  desarrollar  los  cargos  correspondientes  o,  iv)  fundadamente  se  logre  establecer que no se  requiere  de  la  sentencia para cumplir las finalidades previstas en el aludido  precepto       180;      lo      anterior,      salvo      que      alguna       de       ellas   permita  superar  los  defectos  técnicos que exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que  la  demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente  en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal suerte que tiene  que  soportarse  en  los  principios  que  rigen  el  recurso extraordinario, en  especial,  los  de  claridad,  precisión, fundamentación debida, prioridad, no  contradicción,  corrección material, crítica vinculante y autonomía, sin que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un  alegato  de  instancia.  La  proposición  de  los  cargos exige escoger adecuadamente la causal y el sentido  de    la    violación    y,    concretar    el    disenso   en   términos   de  trascendencia.   

El  libelo  que  nos  ocupa no satisface los  requisitos  mínimos  que  exige  el  referido  canon  184  para  su  admisión,  empezando  porque  no  especificó  cuál es la finalidad de las descritas en el  precepto  180  ejusdem en que  apoya  su  disenso,  tampoco  elaboró  el  recuento de la actuación procesal y  aunque  al  final  de la demanda invocó el motivo segundo de casación dijo que  este  estaba  descrito  en el artículo 180 cuando verdaderamente lo está en el  181.   

A lo anterior se suma que, entendiendo que lo  pretendido   es  la  invalidación  de  la  actuación,  el  libelista  no  solo  desatendió  el  principio  de  taxatividad  al  dejar  de enunciar la causal de  nulidad   específica  que  sustenta  el  ataque,  de  las  consagradas  en  los  artículos  455  a  457  de  la  Ley  906 de 2004, sino que, invocó un vicio de  estructura,  pero,  argumentó uno de garantía, relacionado con la vulneración  del derecho a la defensa técnica.   

Ahora,   es   primordial   recordar   que  para   demostrar   alguna  falencia  en  la defensa técnica, capaz de quebrantar las garantías esenciales  del  individuo  sometido  a  juzgamiento,  se requiere  probar que la actitud procesal asumida por el defensor  obedeció  a  la  decisión  negligente de agenciar sus derechos sin apego a los  lineamientos   que  el  ejercicio  de  la  profesión  de  abogado  –con  especial énfasis en el área del  derecho  penal- le demandan, reseñar la omisión o la actuación desplegada que  se  tacha  de inapropiada y, mostrar por consecuencia, la actividad objetiva que  debió  desarrollar,  para  finalmente  precisar  su  incidencia  de  cara a las  conclusiones del fallo cuestionado.   

No  basta que el casacionista oponga su sola  inconformidad  con  la  estrategia  planteada  por  quienes le precedieron en la  representación  judicial  de  los  intereses  de  su  prohijado,  o repudiar en  términos  genéricos la actividad o pasividad procesal que rigió su desempeño  para   condenar   su   gestión   y   atribuirle  la  responsabilidad  de  haber  desencadenado  un  fallo  adverso,  pues, en veces, determinada actitud procesal  del  letrado  o  su  aparente inercia responden a una estrategia preconcebida en  favor de los intereses de su cliente.   

Así lo tiene decantado la Sala (CSJ     SP,     20     may.     2003.    Rad.    28.013):   

Es  claro  que  en  el  ejercicio  de  esa  asistencia  técnica,  el  profesional cuenta con total libertad para establecer  la  estrategia que en su criterio sea la idónea para beneficiar a su protegido.  Solamente  el  defensor,  nadie  más,  puede  determinar  cuál  es la táctica  apropiada,  para  determinar  la  cual  (sic)  tiene  como únicas limitantes el  ordenamiento  jurídico aplicable, lo actuado dentro del proceso y su compromiso  ético    para   con   su   cliente,   que   juró   cumplir   al   acceder   al  título.   

En    ese    contexto,    el  juicio  que corresponde hacer, cuando de cuestionar la gestión  defensiva  se  trata,  no puede partir de los resultados a que finalmente llegó  el  trámite,  ni puede hacerse desde una valoración posterior, según el mejor  modo  de  pensar  de  quien  sucedió  al profesional inicial. La estimación se  impone  realizarla  desde  una  posición  ex  ante, esto es, que quien pretende  hacer  la  censura  debe  realizar el ejercicio mental de situarse en el momento  previo  a  aquel  tachado de negligente y objetivamente razonar y concluir si en  idénticas  circunstancias una persona (abogado) promedio con mediana diligencia  hubiese      actuado      de      igual     o     diversa     manera.   

Dentro  de  esa  perspectiva,  la  inactividad  del  defensor, por sí misma, no puede ser tachada  de  negligente,  como que solamente la consideración  de  los  lineamientos  reseñados  permitirá  inferir si de conformidad con las  circunstancias  específicas  de  tiempo, modo y lugar que enfrentaba el abogado  una  omisión  concreta  pudo  obedecer  a  una  estrategia o fue producto de la  desidia.   

No debe dejarse de lado que el defensor, por  serlo,  no  pierde  la condición de abogado, que comporta, más allá de buscar  el  mejor  estar  de  su  asistido,  el  respeto irrestricto por el ordenamiento  jurídico,  esto  es,  que  debe  ser  leal  en  la  búsqueda  de  una cumplida  administración  de  justicia,  que  no  es  cosa  diferente  a  coadyuvar en la  aplicación de la Constitución y la ley.   

En  esas  condiciones,  al abogado-defensor  debe   complementar   todos  esos  deberes  en  el  ejercicio  de  su  función,  consecuencia  de  lo  cual  es  que no se le puede exigir que, a pretexto de ser  calificado  como  diligente,  recurra  todos los pronunciamientos judiciales, ni  que  pase  infinidad  de escritos haciendo toda clase de postulaciones, en tanto  impugnaciones  o peticiones inoficiosas puede tornarse en dilatorias, desleales,  toda   vez   que   solamente   apuntarían   a   entorpecer  el  desarrollo  del  juicio.  (Subrayas fuera del  texto original).   

Y  después,  en  el mismo sentido, la Corte  precisó    (CSJ    AP.    9    mar.   2011.   rad.  35.364):   

(…)  cabe  reiterar  que  en  materia  del ejercicio de la defensa técnica, la Corte se ha  orientado  por sostener que el defensor, sea de confianza, de oficio o vinculado  al  servicio  de defensoría pública, en ejercicio de la función de asistencia  profesional  goza  de  total  iniciativa, pudiendo presentar las solicitudes que  considere  acordes  con  la  gestión  encomendada,  o  interponer  los recursos  pertinentes,  o incluso a pesar de tener una actitud vigilante del desarrollo de  la  actuación,  asumir  una  pasiva  por  estimar  que  esa  puede ser la mejor  alternativa  de defensa, y no por estar en desacuerdo con la estrategia asumida,  o  haber  sido  adversos  los resultados del juicio, hay lugar a sostener que el  derecho  de  defensa  ha  sido violado por ausencia de defensor idóneo, pues la  ley  no  le  impone  al  abogado derroteros en torno a la estrategia, contenido,  forma  o  alcance  de  sus  propuestas,  ni  la  aptitud  de  estas gestiones se  establece    por   los   resultados   del   debate23.   

En  el  caso  de  la  especie,  las  fases  demostrativas  del  reproche  no  fueron debidamente abordadas por el impugnante  porque  si  bien  acusó  a su predecesor de no cumplir con las actuaciones que,  desde  su  punto  de  vista,  debió realizar a favor de su procurado y, para el  efecto,  se  valió  de  algunas  de las consideraciones del Tribunal en las que  éste  puso en evidencia la falta de soporte probatorio para acreditar el ánimo  vindicativo  de  la  madre  de  la  menor,  la  crítica  se  quedó  en el solo  enunciado,   ya   que   dejó   de   lado  la  ineludible  tarea  de  justificar  apropiadamente  cuál  hubiera  sido el aporte real y específico de cada una de  las  gestiones  no  realizadas  como  para  que tuvieran la entidad necesaria de  robustecer,  de  cara  a  la  capacidad  demostrativa  de  los  medios de prueba  incriminatorios,  el  ejercicio  defensivo  en su componente de contradicción y  variar  el  sentido  del  contenido  de  justicia  representado  en la sentencia  acusada.   

En  verdad,  se  observa  que  el  demandante  sobrepuso,  de  manera  subjetiva,  su conocimiento  jurídico  sobre  el  del  defensor  que  asistió  en instancias a VV, lo cual no es motivo suficiente para  tener  por acreditada la falencia alegada de violación al derecho de defensa, y  menos  para  asegurar,  como  lo  hace,  que si hubiera realizado su tarea de la  manera  que  él lo concibe,  habría sido absuelto.   

Y  es  que,  contrario a lo estimado por el  recurrente,  que  los medios probatorios decretados en la audiencia preparatoria  por  solicitud  de  quien  lo  antecedió  en  el  mandato no hubieren resultado  determinantes en  el  juicio  para  derruir  la fuerza  suasoria   de   los   practicados   por   cuenta   de  la  Fiscalía,   de   ninguna   manera  comporta   alguna   irregularidad  sustancial  susceptible  de  ser  reparada   en   esta  sede,  sino  que  evidencia  la  imposibilidad  natural  del  abogado  de  turno para rebatir la contundencia de la  prueba  de  cargo, dadas las vicisitudes propias de la  práctica   de  la  prueba  testimonial  en  un  sistema  de  partes.   

En    ese    escenario,   no  porque  un  medio  de convicción de  descargo     –verbi  gratia,  el  testimonio del  padre  de la niña- exhiba manifestaciones probatorias  que  antes que favorecer la pretensión absolutoria del acusado aporte datos que  comprometan  su responsabilidad, puede, afirmarse, categóricamente, sin ninguna  fórmula  de  juicio,  que  ello  obedece  a  la inexperiencia o inidoneidad del  abogado   o   a   la   falta   de   preparación   del   testigo  por  parte  de  aquél.   

Lo  anterior,  sobre  todo si se considera  que,         en         el        asunto de la especie, no se acredita  ninguno  de  esos factores,  tampoco  se  especifica si el  contenido    probatorio   que   resultó   siendo   desfavorable  al   enjuiciado   surgió  del  cuestionario  de  la  defensa o de su  contradictor:  la  Fiscalía  e  igualmente  no  se puede perder de vista que el  declarante  era  justamente  el progenitor de la víctima quien además de estar  obligado  a velar por los intereses de su menor hija también estaba  compelido,  al  rendir  su versión, a  decir  la verdad de lo que supiera sobre los hechos, que para el caso consistió  en     afirmar,    según    se    lee    en    las  sentencias,       que,      no      supo  que los actos libidinosos hubieran  ocurrido  en  la  finca  de su madre, que supo  que  la niña decía que el acusado  le   decía   que   la   dejaba   jugar   en  el  computador  pero  que  se  pusiera  falda  o que se dejara  tocar,  que  le parece que la esposa de su hermano le  pidió  el  favor  a  su  pequeña  que  le  llevara  la  toalla  al  baño pero  desconocía     si    el    acusado    estaba   desnudo   y   ella   pudo  o  no  verlo  y  que tras los sucesos a L.K.P.Z.  le  dio duro pues sobre todo  se distanció de su familia.   

Igualmente, en un esquema procesal que se  funda  en  el principio de libertad probatoria, resulta inusitado considerar que  la  única  forma de controvertir una pericia psicológica sea a través de otra  experticia,   máxime   cuando   el   censor  nada  concreto  indica  sobre  las  presuntas deficiencias en  la  valoración  emocional  de  la agredida realizada  por la experta.   

En este punto, bien esta decir que, aunque  el  letrado  denuncia  la  ilegalidad  de la pericia  rendida        por       la       psicóloga         Claudia    Milena    Delgado   Galvis  en  tanto  la acusa de no  emplear   el  Reglamento  Técnico  para  el  Abordaje  Forense  Integral  en  la  Investigación  del Delito Sexual ni la Guía para la  Realización  de  Pericias  Psiquiátricas  o  Psicológicas Forenses en Niños,  Niñas  y  Adolescentes Presuntas Víctimas de Delitos Sexuales y, por ende, por  carecer  de  la idoneidad necesaria para producir el informe respectivo, además  que  equivoca la ruta de ataque, pues, un defecto de tal naturaleza tendría que  haber  sido  intentado  por  la  senda  de  la  infracción  indirecta de la ley  sustancial  por error de derecho en el sentido de falso juicio de legalidad y no  por  el  de  la  nulidad,  al  igual que el defensor que sustentó el recurso de  apelación,  el actor tampoco explica cuál es la base científica para concluir  que  la  aludida profesional desconoció esos protocolos en la valoración de la  infante.   

En ese mismo contexto, no comprende la Sala  cómo  un dictamen psiquiátrico podría resultar de mayor valía que la pericia  psicológica  elaborada  por  la  doctora  Delgado  Galvis,  si el expediente no  informa  que  la  niña  adolezca  de  alguna enfermedad mental que demandara la  valoración  por parte de un médico psiquiatra y no por un psicólogo y tampoco  se   especifican,   de   manera   siquiera  sumaria,  cuáles  son  los  errores  “garrafales”  en  que  habría incurrido la profesional en psicología.   

El  jurista se duele de que el apoderado de  instancias  no hubiera aportado al juicio un correo electrónico que la madre de  la  víctima  le  habría enviado a la esposa de su prohijado -JAAG- diciéndole  que  iba  a mandarlo a Canadá y a su hijo lo iba a dejar sin padre, con el cual  se  acreditaría  el  ánimo  vindicativo de aquella en incriminar al encartado,  proveniente de haberla descubierto en unas infidelidades.   

Sin  embargo,  de  un lado, se insiste, por  virtud  del  principio  de  libertad  probatoria, al conocimiento de los hechos,  bien  es  posible  llegar  por  cualquier  medio de prueba legal y oportunamente  aportado  al proceso y, en ese orden, se tiene que, en el mismo sentido fáctico  del  documento  no  allegado al juicio, también declaró la pareja del acusado,  sólo  que su versión no le mereció crédito a los juzgadores y, de otro, como  lo  hiciera ver el a quo, tal  móvil  incriminatorio  no  es  cotejado,  en  lo absoluto, por el censor con el  relato  de  la  niña  abusada,  quien  no solo da cuenta detallada, coherente y  armónica  sobre  la  forma  en que fue tocada en sus partes pudendas, en varias  ocasiones,  por  dos  de sus tíos, entre ellos, el aquí procesado, sino que al  ser  preguntada  acerca  de  si  su  mamá  le  había  recordado  lo que debía  responder     frente    a    lo    sucedido    con    su    tío    JE,      expresamente,      contestó:  «[e]lla  lo  único que me ha dicho que lo que tengo  que    decir    es   toda   la   verdad»24.   

De  otra  parte, el demandante no aclara de  qué  forma  resultaba  relevante  que se demostrara que la madre de la menor le  hizo  un reclamó al acusado, al otro día de los hechos. Como no se entiende la  pertinencia  de  la  acreditación de este suceso de cara al tema de prueba y la  teoría  del  caso de la defensa, tampoco parece posible endilgar al letrado que  asesoró    al    inculpado    durante    el    juzgamiento    algún    defecto  defensivo.   

El  libelista  también  repudia  que quien  apeló  el  fallo  de  primera instancia no haya logrado acreditar la violación  del  principio  de  imparcialidad  por  parte del juez singular por cuenta de su  participación  en  los  interrogatorios. No obstante, el censor nada dice sobre  la  razón  por  la  que el dicho funcionario habría violado ese postulado y no  conforme  con  ello,  abandona  las estimaciones del Tribunal para descartar tal  presunta irregularidad, las cuales son del siguiente tenor:   

En  cuanto  a  estos  medios  cognitivos  [dictamen médico sexológico practicado a la menor y  testimonio  de  YAPV]  considera  el  recurrente  que  existió  una  indebida  intervención  del  a  quo  en  el  desarrollo  de  sus  declaraciones   en   el   juicio   oral,   dado   que   al  forense  le  indagó  complementariamente  sobre  la  anamnesis e importancia de la misma para obtener  las     conclusiones     del     caso    concreto25, mientras que al progenitor  de  la  víctima  le  permitió  seguir  hablando  después de ser interrogado y  contrainterrogado      por      las      partes26,   sin   embargo,   no  se  advierte  y  tampoco se demostró de qué manera dicha participación laceró el  principio  de  imparcialidad o afectó decisivamente la situación jurídica del  implicado,  en  tanto  la  misma  apuntó a circunstancias insustanciales en ese  sentido.   

En  efecto,  aunque  el  dispensador  de  justicia  de  primera  instancia  durante  la  mayoría  de  las testificaciones  intervino  para  que  se repitieran respuestas o aclararan situaciones expuestas  por  los deponentes, es palmario que ello ocurrió porque probablemente el audio  del  recinto  no  contaba  con  sonido  suficiente  para escuchar claramente los  relatos  de  los atestantes, dado las permanentes interrupciones efectuadas para  que  los  declarantes  repitieran  sus  respuestas,  mas  no  porque pretendiera  desequilibrar  la  balanza  de la justicia en perjuicio de alguna de las partes.  Es  más, nótese que sus requerimientos en esa dirección fueron más estrictos  para  los  testigos  de  la  Fiscalía,  como  sucedió,  por  ejemplo,  al  ser  interrogada la progenitora de la víctima.   

En todo caso, en materia penal no basta la  simple  afirmación  de  una  tesis  o antítesis construida sobre razonamientos  propios  a  partir  de  la  personal  apreciación  de cómo pudo haber sucedido  determinado  evento,  sino  que imperiosamente las mismas deben estar soportadas  con   medios  suasorios  concretos  que  las  corroboren,  lo  cual  excluye  la  posibilidad  de  ampararse  en  una presunción derivada de referentes objetivos  equívocos,  como  sucede  en este evento. Ello por cuanto el letrado recurrente  pretende  cuestionar  aspectos  relativos  a  la  imparcialidad  del juzgador de  primer  grado  a  partir  de una simple transcripción de algunos apartes de las  declaraciones  del  galeno  forense  y  del  progenitor  de  la  agraviada,  sin  explicar,  como  era  su  deber,  en términos concretos de qué manera incidió  dicha  situación en la estructuración del juicio de responsabilidad predicable  del  procesado  y  la consiguiente definición del asunto, esto es, por qué tal  irregularidad  desvirtúa  la  prueba  de cargo examinada en precedencia y sobre  todo  la  acusación  formulada  contra  su  representado,  lo  cual termina por  reducir   dichas   críticas   a   planteamientos  simplemente  enunciativos  de  connotación especulativa.   

Como  complemento  de  lo anterior, véase  cómo  frente al cuestionamiento efectuado por el a quo al médico oficial sobre  la  anamnesis,  éste  ya  había  explicado  dicho tema en el interrogatorio al  señalar  que  “de  acuerdo al relato y los hallazgos no es posible determinar  si  ha  sido  víctima  de manipulación erótica”27,  debido  a  lo cual, antes  que  complementaria,  resultó repetitiva dicha pregunta; mientras VERA PEÑA al  terminar  el  contrainterrogatorio  motu proprio quiso dar una opinión sobre el  comportamiento  distante  y  apático de ZÁRATE ULLOA hacia su hija, a quien le  reprochaba  su  falta de cuidado para evitar que los sucesos delictuales materia  de        debate       hubiesen       sucedido28,    empero,    el    juez  cognoscente  lo  interrumpió  enseguida  para  impedir que se extendiera en una  situación  ajena  a los concretos hechos sub judice29,  por  lo  que  mal podría  considerarse   esta  circunstancias  (sic)  como  un  acto  de  parcialidad  con  vocación  para  impactar negativa y sustancialmente la estrategia defensiva del  impugnante,    como   se   pretende   hacer   ver.30   

Finalmente,  en  punto  de  las  presuntas  carencias   metodológicas   del  abogado  de  la  causa  en  el  ejercicio  del  contrainterrogatorio  de  los  testigos de cargo, es manifiesta la insuficiencia  del  reparo  en  la  medida  que  no  detalla  qué era lo que se esperaba de su  gestión,   salvo  cuando,  sin  mayor  explicación,  reprueba  que  aquél  no  cuestionó la idoneidad de la psicóloga.   

Queda  visto,  pues,  que  ninguno  de  los  tópicos  abordados  por  el  recurrente  para demostrar la presunta deficiencia  defensiva  de  su  cliente  a  cargo  de  su  predecesor  encuentra  el  soporte  indispensable  para  abogar  por  la  invalidación  de la actuación, luego, no  queda otro camino que inadmitir la demanda.   

La Sala no observa flagrantes violaciones de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad,  ni  motivos que conduzcan a la  necesidad  de  un pronunciamiento de fondo frente al expediente en razón de las  finalidades    de    la   casación,   por   lo   que   el   libelo   debe   ser  inadmitido.   

Finalmente,  es indispensable recordar que,  al  amparo  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no  darle  curso  al  recurso  de  casación,  es  procedente  la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el auto del 12 de diciembre de 2005, radicación 24.322.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  JEVV  contra la sentencia proferida el 3 de  febrero de 2016 por la Sala Penal del Tribunal Superior de Ibagué.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.  folios  45-46  del  cuaderno original del Tribunal.   

2  Cfr.  folios  10-11  del  cuaderno original de la imputación.   

3  Cfr.   folios   1-7  del  cuaderno original de la causa.   

4  Cfr.    folios   15-18  ibidem.   

5  Cfr.    folios   20-23  ibidem.   

6  Cfr.   folio   106-107  ibidem.   

7  Cfr.   folio   157-158  ibidem.   

8  Excluyó  la  circunstancia  de agravación específica consagrada en el numeral  8º del artículo 211 de la Ley 599 de 2000.   

9  Cfr.  folios  187-209  del  cuaderno original de la causa.   

10  Cfr.   folios   212-230  ibidem.   

11  Cfr.  folios  18-47  del  cuaderno original del Tribunal.   

12  Cfr. folios 52 ibidem.   

13  Cfr.    folios   63-88  ibidem   

14  Cfr. folio 86 ibidem.   

15  Cfr. folio 75 ibidem.   

16  Cfr. folio 74 ibidem.   

17  Cfr. folio 71 ibidem.   

18  Cfr. folio 68 ibidem.   

19  Cfr. folio 67 ibidem.   

20  Cfr. folio 65 ibidem.   

21  Cfr. folio 64 ibidem.   

22  Cfr. folio 64 ibidem.   

23  Casación de junio 13 de 2002. Rad. 11324.   

24  Cfr. folio 194 del cuaderno  de la causa.   

25  Ídem,  (Sesión  de  juicio  oral  del  23  de  abril de 2013, archivo 56DACA1]  récord: 00:23:58   

26 Fl.  221, carpeta.   

27  Ídem, récord: 00:16:47   

28  Ídem, record: 01:34:35   

29  Ídem, récord: 01:35:46   

30  Cfr.  folios  22-24  del  cuaderno del Tribunal.     

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