AP288-2016(47189)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP288-2016  

Radicación     n°     47189   

(Aprobado     Acta    No.019)   

         Bogotá, D.C.,  veintisiete (27)    de    enero    de    dos    mil  dieciséis (2016).   

V   I   S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Rigoberto  Pantoja  Rodríguez  contra  la sentencia proferida por la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Pasto,  por cuyo medio confirmó en su  integridad  la dictada por el Juzgado Tercero Penal del Circuito de Conocimiento  de  la  misma  ciudad  que  lo  condenó  como  autor del delito de tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes.   

HECHOS  

         Fueron  sintetizados  por  el  sentenciador  de segundo grado de la  siguiente manera:   

En horas de la tarde del día 20 de julio de  2014,  funcionarios  de  la  Policía  Nacional  adscritos  a  la  Dirección de  Tránsito  y  Transporte,  en  el  kilómetro  36  de  la vía Pasto–Mojarras,  realizaron  una requisa al  vehículo     de     placas     BKP–576  y  a  su  conductor  el  señor  Rigoberto Pantoja Rodríguez,  encontrando  en  poder de este último un alijo que en su interior contenía una  sustancia  que fue identificada en forma empírica como clorhidrato de cocaína,  caracterización  que luego fuera confirmada con la prueba preliminar homologada  respectiva,   misma  que  también  determinó  que  su  peso  neto  era  de  85  gramos.   

         Cabe   anotar   que   dicho   hallazgo   motivó   la  captura  del  supranombrado.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         1.  Por  los anteriores hechos, el 21 de  julio  de  2014, ante el Juzgado Quinto Penal Municipal con Funciones de Control  de  Garantías  de  Pasto,  fue  legalizada  la  captura  de  Rigoberto  Pantoja  Rodríguez;  asimismo,  la  Fiscalía  le  formuló  imputación  como autor del  delito   de   tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  en  la modalidad de llevar consigo,  previsto  en el inciso 2º del artículo 376 del Código Penal; cargo al cual se  allanó.   

         Conviene  destacar  que la delegada del ente acusador se abstuvo de  solicitar   la   imposición   de   medida   de   aseguramiento  en  contra  del  supranombrado, por lo cual recobró su libertad.   

         2.  Habiéndole  correspondido el asunto  al  Juzgado  Tercero Penal del Circuito de Conocimiento de Pasto, el 15 de abril  de  2015  se  cumplió  la audiencia de individualización de pena y en la misma  fecha  se  dictó sentencia en la que se condenó al procesado Rigoberto Pantoja  Rodríguez  a  las  penas  principales  de  56  meses de prisión y 1.8 SMLMV de  multa,  así  como  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por el mismo término de la sanción privativa  de   la   libertad,   como   autor   de  la  conducta  punible  por  la  que  se  allanó.   

         De  igual  forma,  le  fue  negado  el  subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  y  el mecanismo sustitutivo de la  prisión  domiciliaria, disponiendo librar orden de captura en su contra para el  cumplimiento de la sanción.   

         3.  Apelado el fallo por el defensor del  incriminado,  en  sentencia  adiada el 10 de junio de 2015, el Tribunal Superior  de Pasto lo confirmó en su integridad.   

         4.  Contra  la  anterior  decisión,  el  defensor  del  acusado  Pantoja  Rodríguez interpuso recurso de casación, cuya  admisibilidad es el objeto del presente pronunciamiento.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         Omitiendo  referirse  al  fin  o  fines que persigue con el recurso  extraordinario,  el  demandante  formula  un  reproche  contra  la sentencia del  Tribunal  al  amparo de la causal prevista en el numeral 2º del canon 181 de la  Ley 906 de 2004, que se sintetiza de la siguiente manera:   

         Manifiesta  que el fallo opugnado se profirió en un juicio viciado  de  nulidad  por afectación sustancial de la estructura del debido proceso y de  las   garantías   debidas   a   su   prohijado,   originada  en  «la  falta  de  presencia del imputado a la audiencia que el juzgado  denominó     como    “audiencia    de    verificación    de    allanamiento,  individualización   de   la   pena   y   lectura   de  sentencia”»,  cuya  finalidad,  dice,  no  es  otra  que, previo a emitir el  respectivo  fallo,  constatar  directamente  con  el imputado que la aceptación  unilateral   de   cargos   adolezca   de  vicios  del  consentimiento  o  de  la  voluntad.      

         En  esa  medida,  agrega el censor, de conformidad con el principio  de  legalidad –art. 6º de  la  Ley  906 de 2004–, era  imprescindible   que   el   juez   de   conocimiento  verificara  «si  efectivamente  el allanamiento a cargos realizado por Rigoberto  Pantoja  Rodríguez  se  hizo  de  manera libre, consciente y voluntaria, con el  debido  asesoramiento  de  su  defensor  de confianza o [de uno] nombrado por el  Estado»,  por lo que si el mencionado no compareció  a   la  audiencia  programada  para  tal  efecto,  se  pregunta  el  recurrente,  «con    quién    se    iba    a    realizar   esa  verificación?»,  y  en  apoyo  de esa tesis cita el  contenido  del  artículo  293 de la Ley 906 de 2004 y jurisprudencia de la Sala  sobre   el   alcance   del   mentado  precepto  (CSJ  SP,  13  feb.  2013,  rad.  39707).       

         Agrega  que  aun  cuando  la  aceptación  unilateral  de cargos se  cumplió  ante  el juez de control de garantías en la correspondiente audiencia  preliminar,   la   norma   y  el  criterio  de  autoridad  citados  ut  supra,  establecen  que  el  juez de  conocimiento  debe  hacer  un  control formal y material al acto de allanamiento  con  el  objeto  de  verificar  el  respeto  por  los derechos fundamentales del  procesado,  pues  este último funcionario no es un simple fedatario de la labor  cumplida por su homólogo.     

         En  consecuencia,  el  libelista  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar, declarar la nulidad de la actuación  desde    la    audiencia   de   «verificación   de  allanamiento»,  con  el propósito de que el juez de  conocimiento  constate  directamente  con  el  imputado la legalidad del acto de  aceptación unilateral de cargos.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia   adicional   para   debatir   aspectos   que  ya  fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el recurrente (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y,  finalmente  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el artículo 180 ibídem, valga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en que haya podido incurrir el fallador, no es viable  argumentar  a  la  manera  de  un  alegato  de instancia, sino de acuerdo con la  dialéctica  propia  del  recurso  de  casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

2.  Una  primera  objeción  que  surge frente al libelo, es la omisión del impugnante de exponer  cuál  es  el  fin  o  fines  que  persigue con el recurso extraordinario, valga  decir,  por  qué  la  Corte  debe  intervenir en orden a realizar alguno de los  propósitos  consagrados  en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  la  unificación de la jurisprudencia.      

Tal falencia resulta relevante en la medida  en  que  al  incumplir  el casacionista con la carga de argumentar por qué esta  Corporación  debe  realizar  el  control constitucional y legal de la sentencia  recurrida,  exigencia  que no se satisface con la simple referencia al contenido  de  la  norma en cita, sino que es necesario exponer, con claridad y precisión,  las   razones   en   que  se  sustenta  el  objeto  perseguido  con  el  recurso  extraordinario,  motivos  que  a su vez deben armonizar con el desarrollo de los  cargos  postulados,  al  punto  de  revelar  la  afectación  o perjuicio de los  derechos   y  garantías  fundamentales  de  la  parte,  deja  a  la  Corte  sin  posibilidad   de   comprender   cuál  es  la  razón  que  hace  ineludible  su  intervención  en  orden a restablecerlos o repararlos, o realizar alguno de los  otros propósitos señalados en la norma.   

         Además,  los  motivos que persigue el demandante con el recurso de  casación,  tampoco  se  logran  identificar  en el desarrollo del único reparo  propuesto  que,  valga  destacar,  no  acredita  la  supuesta  violación  de la  estructura  del  debido  proceso  ni  de  las  garantías del acusado, o de qué  manera  ello  produjo consecuencias adversas a la situación jurídica de éste;  falencia  que  por  sí  sola  es suficiente para inadmitir el libelo, según la  jurisprudencia        de       esta       Sala1.   

         3.   Al  margen  de  lo  anterior,  los  evidentes  desatinos  de  lógica  y debida fundamentación en el desarrollo del  único  reparo  propuesto  por  el  censor, imposibilitan a la Corporación para  pronunciarse de fondo en relación con la demanda.   

En efecto, sostiene el defensor que el vicio  que  denuncia,  frente al cual cabe anotar que no identifica si es de estructura  o  garantía,  pues  se refiere indistintamente a uno y otro motivo invalidante,  como  si  se  tratara  de  conceptos semejantes, se origina en que el juez a quo  realizó   la   «audiencia   de   verificación  de  allanamiento,  individualización  de la pena y lectura de sentencia»  sin  contar  con  la  presencia  del  acusado Rigoberto Pantoja  Rodríguez,  quien,  valga destacar, se encontraba en libertad y fue debidamente  citado  a  dicha  diligencia,  lo que en su opinión impidió que el funcionario  judicial  constatara  directamente con el imputado que la aceptación unilateral  de  cargos hecha en la audiencia preliminar respectiva, adoleciera de vicios del  consentimiento  o  de  la  voluntad,  tesis  que apoya en jurisprudencia de esta  Sala2.         

         Previo  a  estudiar el reproche propuesto, conviene recordar que si  bien  esta  Corporación  ha  dicho  que  la  nulidad  es  menos  exigente en su  demostración  que  las  otras causales de casación, lo cierto es que impone al  recurrente  proceder  con  precisión  y  claridad  a  identificar  la  clase de  irregularidad  sustancial  que  determina la invalidación; señalar si se trata  de  un  vicio  de  estructura  o  garantía; plantear sus fundamentos fácticos;  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados;  expresar  la razón de su  quebranto;  y,  especificar  el  momento de la actuación a partir de la cual se  produjo el vicio.   

         Asimismo,   compete  al  libelista  informar  la  cobertura  de  la  invalidez,  evidenciar que procesalmente no existe manera diversa de restablecer  el   derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia   contenida    en    el    fallo    impugnado   –principio     de  trascendencia–, dado que  el  recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones   carentes   de   demostración   o   en  situaciones  ausentes  de  quebranto.   

         Además,  exige  tener  en  cuenta  los  principios  que  rigen esa  materia,  por  lo  cual debe quedar claro que: i) se trate de uno de los motivos  expresamente  contemplados  en  la ley –taxatividad–;  ii)  afecte de manera real y cierta las garantías fundamentales  o    altere    las    bases    esenciales    de   la   actuación   –trascendencia–;  iii)  el acto tachado de irregular  no   haya   cumplido  su  propósito  –instrumentalidad–;   vi)  quien  la  solicite  no  haya  dado  lugar  al  motivo  de  invalidación              –protección–;   v)   la  irregularidad  no  haya  sido  convalidada  expresa  o  tácitamente   por  el  perjudicado,  siempre  que  no  vulnere  sus  garantías  fundamentales              –convalidación–;  y,  vi)  no haya otra manera de enmendar el agravio –residualidad–.   

         Descendiendo   al  asunto  de  la  especie,  la  Sala  no  advierte  acreditado  el  supuesto  fáctico  sobre el cual se fundamenta la irregularidad  sustancial   denunciada   por  el  impugnante  como  motivo  invalidante  de  la  actuación,  valga  decir,  que  la  circunstancia  de  que el procesado Pantoja  Rodríguez  no  hubiera estado presente en la audiencia de individualización de  pena  y  sentencia  prevista en el artículo 293 del Código Penal, impidió que  el  juez a quo comprobara, mediante interrogatorio directo al supranombrado, que  «el  allanamiento  a  cargos…  se  hizo  de manera  libre,  consciente  y  voluntaria, con el debido asesoramiento de su defensor de  confianza».       

         En  efecto,  soslaya  el  casacionista  que en audiencia preliminar  celebrada  el  21  de  julio de 2014, ante el Juzgado Quinto Penal Municipal con  Funciones  de  Control  de  Garantías  de  Pasto, una vez la Fiscalía formuló  imputación   al   incriminado   como   autor   del   delito   de   tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes  –art. 376,  inc.  2º,  C.P.–, la cual  éste   expresó   haber  comprendido  a  cabalidad3,   Pantoja   Rodríguez  fue  informado  por  el  Juez  de Control de Garantías acerca de los derechos que le  asistían  en  calidad  de  imputado  –art.     8     de     la     Ley     906     de    2004–,  así  como  de  la  posibilidad de  allanarse  al cargo en mención, pero también de las consecuencias jurídicas y  de  los beneficios punitivos de una determinación de tal naturaleza4, luego de lo  cual,   previo   asesoramiento   de   su   defensor   de   confianza5,  manifestó  aceptar   el  cargo,  decisión  que  reconoció,  al  ser  interrogado  por  la  funcionaria   judicial,   era   libre,   consciente,  voluntaria  y  debidamente  informada6.   

         Siendo  ello  así,  es decir, habiéndose cumplido en la audiencia  de  formulación  de  imputación por parte del respectivo funcionario, la labor  relativa  a  constatar el respeto de los derechos y garantías fundamentales del  imputado,  la  cual  se  concretó  en  indagar  a  Pantoja  Rodríguez sobre su  comprensión  respecto  del  cargo  endilgado,  desde  el  punto  de vista tanto  fáctico  como  jurídico, poner en su conocimiento los derechos que a partir de  tal  acto  de  comunicación adquiría, así como enterarlo de la posibilidad de  allanarse  al mismo, pero también de informarle las consecuencias jurídicas de  tal  determinación  y  el beneficio punitivo que le comportaría, y después de  abrir  el  espacio para que el defensor de confianza le brindara al implicado la  correspondiente   asesoría   sobre   dicha  determinación,  verificar  que  la  manifestación  de  aceptación  del  cargo formulado por la Fiscalía estuviera  exenta  de  vicios del consentimiento y no se vulneraran derechos fundamentales;  no  puede  ahora  pretender  el  defensor  del procesado que el referido control  judicial  fuera  replicado  por  el  juez  de  conocimiento  en  la audiencia de  individualización  de pena y sentencia, a través del interrogatorio al citado,  como  si la actividad cumplida por su homólogo de garantías no tuviera ningún  efecto jurídico.    

         Ahora,   si   bien   el  demandante  en  apoyo  de  su  tesis  cita  jurisprudencia  de  esta  Corporación –CSJ     SP,     13     feb.     2013,     rad.    39707–  donde  se afirma que «la  función  del  juez  de conocimiento, en lo relativo al acta de  aceptación  de cargos o a los acuerdos suscritos con la Fiscalía, no se reduce  a  la  de  un  de  simple  fedatario  de lo realizado ante el juez de control de  garantías,  sino  que le compete ejercer una verificación formal y material de  dichos  actos», de tal aserto no es posible concluir  que   corresponde   a  dicho  funcionario  constatar  nuevamente,  mediante  interrogatorio al imputado, que la aceptación unilateral  de  cargos  en  la  audiencia  de imputación se realizó  de manera libre,  consciente,  voluntaria  y debidamente informada, asesorada por la defensa y sin  violación  de garantías fundamentales; sino que ese deber se entiende cumplido  al  verificarse  la  legalidad  de  tal  acto,  para  lo cual basta acudir a los  registros  de  audio  de la audiencia preliminar respectiva, puesto que ya dicha  labor  fue  ejercida por el Juez de Control de Garantías, de conformidad con lo  dispuesto    en    los    artículos    131   y   293   de   la   Ley   906   de  2004.          

         Tal  ha  sido  el  criterio  expresado  por  la  Corte  en plurales  decisiones  a  propósito del cambio de jurisprudencia en torno a la posibilidad  que  en  un  principio se admitió, de retractarse de manera pura y simple de la  aceptación  unilateral  de  cargos  manifestada en la audiencia de imputación,  hasta  el  momento  en  que  el  juez  de conocimiento procediera a verificar la  legalidad    de   tal   expresión   de   voluntad   del   implicado7,  pero  que  luego  se  modificó  para  proscribir  la facultad de desdecirse de lo aceptado  cuando  ello  obedece  al  mero  arbitrio  del imputado.       

         Sobre  el  tema  en cuestión, en CSJ SP, 13 feb. 2013, rad. 40053,  dijo la Corte:     

[E]stima  la  Sala  que esa posibilidad [de  retractarse],  por lo demás ajena a lo que el texto estricto de la ley diseña,  resta  seriedad  al  instituto  de allanamiento a cargos, en tanto, si  ya  un funcionario judicial ha verificado que la aceptación de  cargos  emergió voluntaria, libre y plenamente informada, no existe razón para  facultar  el  desdecirse  de  un  compromiso  que  en  atención a su naturaleza  comporta  plenos  efectos jurídicos, tornando en mero  ejercicio  insustancial  lo  realizado  ante  el  juez de control de garantías.  (…)   

Ya  en  ocasión  anterior  a  la decisión  jurisprudencial  examinada,  la  Sala  había  establecido  su concepto sobre el  tema8, señalando:   

“Ello conduce a que el juez de control de  garantías  únicamente  interviene,  en  esa  verificación, cuando se trata de  allanamientos  y  ocurren  en  la  audiencia  de  formulación  de  imputación.  En  este  caso, sobra anotar, el juez de conocimiento  no  tiene  que  interrogar  a  la persona acerca de esos elementos de voluntad y  conocimiento,  pues, ya la tarea fue adelantada por el funcionario de control de  garantías.  Tampoco,  debe  precisarse,  se  hace  necesaria  la  presencia del  imputado  en  la  diligencia  de  verificación  de  legalidad y contenido de lo  aceptado.   

No  es  objeto  de controversia, que en los  casos  de  allanamiento  resulta  imposible  la  retractación  por voluntad del  imputado  –desde  luego,  huelga  anotar que aquí ninguna intervención tiene la Fiscalía-, en tanto, de  un  lado,  la verificación de los aspectos dispuestos  en  el artículo 131 arriba reseñado, emerge automática a la manifestación de  aceptación  de  los  cargos, durante la audiencia respectiva y a cargo del juez  que  la  adelanta;  y del otro, el inciso segundo del  artículo  293 de la Ley 906 de 2004, únicamente autoriza la retractación para  los casos de preacuerdo.” (…)   

Al  efecto,  en  primer lugar, es  necesario  relevar  que el artículo 293 de la Ley 906 de 2004,  de  ninguna  manera  habilita  reiterar la práctica ya realizada por el Juez de  Control  de  Garantías cuando se trata de un allanamiento operado en sede de la  audiencia  de  formulación  de  imputación, pues, su  contenido  se  dirige  exclusivamente  a  los  asuntos  gobernados  por ese acto  bilateral  que  deriva en un preacuerdo sometido en todos sus extremos a control  del juez de conocimiento. (…)   

Pero,  sucede que  en  tratándose  del  allanamiento  a  cargos  operado  en la audiencia  de  formulación  de  imputación,  la  verificación  fue  efectuada por el juez de  control  de  garantías,  en  seguimiento  de  lo  que  sobre  ello contempla el  artículo  131 de la Ley 906 de 2004, resultando cuando menos paradójico que se  trate,  en momento posterior, de realizar una diligencia ya agotada e incluso de  darle  efectos  jurídicos  trascendentes, con lo cual  se  termina vulnerando el principio antecedente-consecuente o de compartimientos  estancos  que  gobierna  el proceso penal y, en general, cualquier procedimiento  judicial. (…)   

La  razón  de establecer diferencias entre  juez  de  control  de garantías y de conocimiento, para la verificación de que  se  trata  de  una  aceptación  libre,  consciente,  voluntaria  y  debidamente  informada,  estriba en que la intervención de uno u otro depende del momento en  que  esa  renuncia  a  guardar  silencio  y  al  juicio oral ocurra, pues, sobra  recordar  que  para  la aceptación unilateral, pura y simple de cargos, existen  tres   espacios   procesales   claramente   delimitados:  (i)  La  audiencia  de  formulación  de  imputación; (ii) La audiencia preparatoria y; (iii) Al inicio  de la audiencia de juzgamiento.   

Está  claro  que  esa  verificación  y el  cumplimiento  de  la  obligación  de interrogar directamente al imputado (en el  primer  caso)  o  procesado  (en  los  dos  restantes),  se  halla  a  cargo del  funcionario  ante  quien de manera directa se hace la manifestación de renuncia  y   porque   ella   necesariamente   opera   en  audiencia  y  no  fuera  de  la  misma   –espacio  reservado  a  esa  negociación  de  parte que comporta el  preacuerdo-.   

Entonces… cuando  el  juez  de  control de garantías verifica (en el escenario de la audiencia de  formulación   de   imputación)  que  el  allanamiento  es  libre,  voluntario,  consciente   y  completamente  informado,  lo  único  que  cabe,  procesalmente  hablando,  es  acudir  ante  el  juez  fallador para que individualice la pena y  profiera      la     correspondiente     sentencia  (…).   

Debe  examinarse,  conforme  el  contexto  descrito,  que  el  artículo  131  involucra  a  los  jueces de garantías o de  conocimiento  en  la  verificación  de  que la aceptación es libre voluntaria,  consciente  y completamente informada, cuando se trata de allanamiento a cargos,  al  tanto  que  la  sistemática  del  artículo 293, conforme lo plasmado en su  segundo  inciso,  específicamente  se  dirige  a  los asuntos que derivan de la  transacción  bilateral  generadora  del  preacuerdo sometido a conocimiento del  juez.   

Es  en  seguimiento  de  lo anotado que ese  inciso  segundo  exclusivamente  atribuye  la  función  verificadora al juez de  conocimiento   y   de   forma   expresa   remite   al  “acuerdo”,  pues,  sobra  recalcar,  este tipo de actos de parte se realizan  siempre  por  fuera del proceso formalizado, sin intervención del juez, y deben  ser  presentados  siempre  al  funcionario  de  conocimiento  quien,  por obvias  razones,  ha  de verificar lo que hasta entonces ningún funcionario judicial ha  examinado,  luego de lo cual debe individualizar la pena y emitir el consecuente  fallo condenatorio. (…)   

Asumir lo contrario, esto es, que el juez de  conocimiento  debe  realizar  de  nuevo  lo  que  ya  con  plena  competencia  y  legitimidad  verificó el de control de garantías, en los casos de allanamiento  a  cargos  durante la audiencia de formulación de imputación, implica, ni más  ni  menos,  vaciar de contenido el artículo 131 de la Ley 906 de 2004, tornando  inane  lo que por ley debe realizar el juez de control de garantías.   

         Surge  patente entonces, que la jurisprudencia de esta Corporación  en  manera alguna respalda la tesis del recurrente según la cual, es imperativo  para   el   juez   de   conocimiento  repetir  el  control  de  legalidad  a  la  manifestación  de  allanamiento  realizada  por  el  imputado  en la respectiva  audiencia  preliminar,  puesto  que  según  quedó  visto,  lo  que  el evocado  criterio  de  autoridad  expresa es precisamente todo lo contrario, valga decir,  que  no es necesario que el citado funcionario cumpla nuevamente la labor que ya  realizó  el  Juez  de  Control  de  Garantías  con  plena  competencia  y  por  disposición  legal  –art.  131  Ley  906  de  2004–,  concretándose  su  función  a  constatar  que  en dicho acto se respetaron las  garantías  fundamentales del incriminado y que no se vulnera el postulado de la  presunción  de  inocencia,  luego de lo cual lo procedente es individualizar la  sanción  y  proferir  la  correspondiente  condena,  tal  como  atinadamente lo  consideró  el  Tribunal  al desatar el recurso de apelación interpuesto contra  la                     sentencia                    de                    primer  grado.              

         Por  otra  parte,  el  libelista  se  queda corto al desarrollar el  reproche  de  nulidad,  por  cuanto  no  indica qué efecto nocivo produjo a las  garantías   fundamentales   de   su   representado  la  supuesta  irregularidad  consistente  en que se llevara a cabo la audiencia de individualización de pena  y   sentencia   sin   la   presencia  de  éste  último,  dejando  in   albis   a   la   Corte   sobre  la  trascendencia  de  la  anotada  circunstancia que, itera la Sala, no se advierte  ilegal,  amen  que  la  defensa  del procesado Pantoja Rodríguez no planteó en  dicha  oportunidad ante el juez de conocimiento la existencia de vicio alguno en  la  decisión  del  mencionado  de  aceptar el cargo formulado por la Fiscalía,  limitándose  a  reclamar  la presencia de éste en la pluricitada audiencia con  el  propósito de que se verificara la legalidad del allanamiento, petición que  le fue negada.         

         Así  las  cosas, las protuberantes falencias de lógica y adecuada  fundamentación  advertidas en la demanda, aunado a la falta de demostración de  la censura propuesta, conducen a su inadmisión.   

         4.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Rigoberto  Pantoja  Rodríguez.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP,  10  dic. 2014, rad. 45065; CSJ AP, 3 dic. 2014, rad. 42787; CSJ AP, 30 abr.  2014, rad. 43428; CSJ AP, 18 abr. 2012, rad. 38678; entre otros.   

2 CSJ  SP, 13 feb. 2013, rad. 39707.   

3  Audiencia  de  formulación  de imputación, registro No. 520014088003-2, minuto  00:22.   

4  Ídem, minuto 1:10.   

5  Ídem, minuto 4:58.   

6  Ídem, minuto 5:24.   

7 CSJ  SP, 30 may. 2012, rad. 37668.   

8  «Auto   del   21   de   marzo   de  2012,  radicado  38500».     

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