AP2779-2015(44439)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Magistrado Ponente  

AP2779-2015   

Radicación     No.     44439   

(Aprobado acta No.  184)   

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de mayo de  dos mil quince (2015).   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación presentada por el defensor  del   acusado   NORBERTO   DÍAZ   DÍAZ.   

ANTECEDENTES  

1.-   La   cuestión  fáctica,  acorde con  lo  declarado  por  el  a  quo  en torno al punto, fue  reseñada     por    el    Tribunal    de la manera siguiente:   

El  10  de  agosto de 2012  a las 23:45  horas  personal de la Policía Nacional realizaba labores dentro del plan cierre  de  establecimientos  de  comercio  en  el  municipio de Bojacá, al ingresar al  establecimiento  de  razón  social  “Billares  los  Rico” observaron a una persona que arrojó un bolso  al  piso, una vez verificaron el contenido del mismo se halló en su interior un  revólver  calibre  38 largo, con seis cartuchos, por lo que de manera inmediata  le   dieron  captura  al  ciudadano  que  se  identificó  como  NORBERTO  DÍAZ  DÍAZ.   

2.-  El  11  de  agosto  de  2012 la Fiscalía presentó el caso ante el Juez Promiscuo Municipal  con  funciones de control de garantías de Zipacón (Cundinamarca), en audiencia  preliminar  de  formulación  de la imputación en contra del indiciado NORBERTO  DÍAZ  DÍAZ,  por el delito de fabricación, tráfico o porte de armas de fuego  o  municiones,  descrito  y  sancionado  en  el  artículo 365 del C.P., con las  modificaciones  punitivas  de  que trata el artículo 19 de la Ley 1453 de 2011,  cuyos cargos no fueron aceptados por el implicado.   

3.-    Posteriormente,    el        día        4  de  febrero  de    2013   ante  el  Juzgado  Segundo  Penal del  Circuito  con  función  de  conocimiento      de      Facatativá,  se  llevó  a  cabo  la  audiencia de  formulación  de  acusación  -en la cual la Fiscalía  acusó  al  imputado  NORBERTO DÍAZ DÍAZ,   del   referido   delito-;    el  7    de   marzo            siguiente   la  audiencia  preparatoria  donde  se  resolvió sobre la pertinencia y conducencia de practicar las pruebas  pedidas  por  las  partes y;  posteriormente,    los    días    2   de  julio  de  2013  y  12 de febrero de  2014,  el  juicio  oral. En  esta     última     fecha,     se     anunció    el    sentido    condenatorio del fallo.   

3.-  La sentencia  fue       proferida       el       14     de  marzo        de        2014,  y con  ella   se   puso   fin   a  la  instancia  condenando  al  acusado  NORBERTO   DÍAZ   DÍAZ,  a  la  pena  principal  de  109 meses  de  prisión, así como a  las accesorias de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas y de privación  del  derecho  a  la  tenencia  y  porte  de armas por  término  igual  al de la privación de la libertad,  al        tiempo        que       no   le  concedió  la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  ni la  prisión  domiciliaria, entre otras decisiones, como  consecuencia  de  encontrarlo  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  fabricación,  tráfico  y  porte de armas de fuego.   

4.- Apelada esta  determinación    por    la    defensa             –quien   a  partir    de    manifestar     su   inconformidad   con   la   decisión     en     lo     atinente     a     la     acreditación    del    tipo   subjetivo   y   de   la    antijuridicidad    material    de    la   conducta,  solicitó  revocarla y absolver   al   acusado  de    los    cargos    que    le   fueron   formulados-,  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Cundinamarca  mediante     providencia     de     12  de junio  de    2014      decidió      impartirle     íntegra     confirmación,     al     resolver   en   segunda  instancia  la  impugnación interpuesta.   

5.- Contra esta decisión, en oportunidad el  defensor   interpuso   recurso   extraordinario   de   casación   mediante   la  presentación   de   la   correspondiente  demanda1,  sobre cuya admisibilidad se  pronuncia la Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  con apoyo  en  la primera causal de  las  previstas  por  el artículo 181 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2004, un cargo postula     el     recurrente     contra    la    sentencia    del  Tribunal,  acusándolo  de  incurrir  en  violación  directa   de   la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  de disposiciones de derecho sustancial.   

Sostiene   al   efecto  que  <<el   Tribunal  interpreta  en  forma  errónea  las  normas  que sobre la referida antijuridicidad han de   seguirse   para  llegar  a  la  conclusión  de  que  el  daño  exigido  genera  responsabilidad,  y  por  lo  tanto  una  pena,  en razón a que para el caso en  discusión    el    mencionado    componente    no   se   estructura>>.   

Con  esta  advertencia,  como  disposiciones  sustanciales  objeto de  transgresión       menciona       los  artículos 6º, 9 y 11 de la Ley 599 de 2000.   

Después de reproducir apartes de los fallos  de  primera y segunda instancia, con la pretensión de desarrollar el cargo dice  no  discutir  <<la  manera  fáctica  como  se  desarrollaron  los  hechos  que constituyen el porte ilegal del arma de fuego de  uso      personal      que      realizó     DÍAZ     DÍAZ>>,  toda  vez  que resulta <<incontrastable>>  el  hecho de que  el  acusado  portaba  un  arma  con  sus cartuchos, tal cual fue recogido por la  actuación procesal.      

Manifiesta  que  pese  a  lo  anterior,  no  acontece   lo  mismo  en  relación  con  <<la  trascendencia     del     mismo     para     un     eventual    daño    a    la  colectividad>>.   Anota   que   <<mirado  igualmente  el  hecho  en forma escueta podríamos  pensar   que   en   efecto   sí   existió   el   eventual   daño   que   debe  advertirse  en conductas que como éstas son de mera  conducta,  no  requieren de un daño real para su configuración delictual. Pero  dadas  las condiciones personales del presunto infractor no es viable dirigir el  discurrir     hacia     un     fin     necesario     de     reproche>>.   

Considera  que  en  el caso de su asistido,  <<se  trata  de  una  persona  con  indudable  conducta   ejemplar  personal,  familiar,  laboral  y  social,  con  inmejorable  proceder  y  una  ausencia  total  de  antecedentes  en  su  haber.  Resalta  su  connotación  especial de campesino de bien. Un arma de fuego y sus cartuchos en  poder   de   una  persona  cobijada  por  estas  especialísimas  condiciones  y  circunstancias     no     parece     constituir     un     peligro    para    la  sociedad>>.   

Advierte  que por medio del artículo 19 de  la  Ley  1453  de  2001,  se  modificó  el artículo 356 del Código Penal, que  define  el delito de fabricación, tráfico, porte o tenencia de armas de fuego,  accesorios,  partes  o  municiones, aumentando drásticamente la  pena, que  de  4  a  12  años pasó a de 9 a 12 años, implicando no sólo un cambio en el  ámbito  penal,  sino también en el campo procesal, ya que ni siquiera se puede  acceder a la prisión domiciliaria.   

Sostiene   que  la  aludida  disposición  fue   expedida   como  respuesta  del  Estado  al  abuso  que  se  ha  dado  en  la  utilización  de armas de fuego por parte de  individuos     intolerantes    y    en    estado    de    embriaguez,  causando  muertes  e involucrando a  niños  como víctimas. No obstante, dice  no creer <<que la norma haya de  ser  aplicable  de manera innecesariamente rigurosa a un campesino de bien, a un  trabajador  de  la  tierra  que  de  buena fe creyó poder contar con un arma de  fuego  que  lo  protegiera.  Jamás  se  vislumbró  en  él el despropósito de  realizar un eventual daño>>.   

Seguidamente,  con  apoyo  en  doctrina  y  jurisprudencia  sobre  los  delitos  de  peligro  abstracto, culmina su discurso  solicitándole   a   la   Corte  casar  la  sentencia  materia  de  impugnación  extraordinaria.   

SE CONSIDERA  

1.- Tal como ha sido repetidamente dicho por  la  Corte  CSJ AP, 5 Dic  2007,  Rad. 28653, en esta ocasión resulta pertinente reiterar que la casación  no  es  instancia  adicional a las ordinarias del trámite, y por lo mismo no ha  sido  concebida  como  un  instrumento  que  permita la continuación del debate  fáctico  y  jurídico  llevado  a  cabo  en  un proceso ya culminado, sino que,  por   su  propia  naturaleza  corresponde  a  una sede única que parte del  supuesto  de  la terminación del juicio con el proferimiento de la sentencia de  segunda  instancia  y,  además,   que  ésta no solamente es acertada sino  legal,  por  ajustarse en un todo al ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación  compete al demandante.   

De  conformidad  con  la  ley  procesal  penal, dicho propósito sólo  puede  lograrse  mediante  la presentación de una demanda escrita, en la que se  identifique  la  sentencia  recurrida, se acrediten la legitimidad y el interés  para  recurrir,  se expresen con claridad y precisión los fundamentos fácticos  y  jurídicos  de  la  pretensión, y se demuestre la objetiva configuración de  uno  o varios de los motivos de casación taxativamente previstos por el Código  de Procedimiento Penal.   

Acorde  con  los  principios  que  rigen la  utilización  del  instrumento extraordinario de impugnación, en el libelo debe  demostrarse  igualmente, la necesaria intervención de la Corte para cumplir, en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines propios del recurso extraordinario,  los  cuales aparecen previstos por el artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones  contenidas  en  los   artículos  181  y  183 ejusdem, según las cuales la  casación   resulta   procedente   contra   sentencias   de   segunda  instancia  <<cuando  afectan  derechos  o garantías fundamentales>> y que en  la  demanda  se  debe  señalar  <<de  manera  precisa  y  concisa>>  las causales invocadas y sus fundamentos.   

En  esta  oportunidad  debe  insistirse  en  señalar   que  en  el  sistema  procesal de que trata la Ley 906 de 2004 no se libera al demandante del  deber  de  cumplir  con  unos  mínimos  requisitos  de forma y contenido que le  permitan  superar  el  necesario  juicio  de  admisibilidad  que por ley compete  realizar  a  la  Corte.  Tanto  es  esto,  que  el  artículo 184 del mencionado  estatuto  la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en las cuales  se  establezca  que  el impugnante carece de interés, o cuando no se señala el  motivo  de  casación en que apoya la pretensión desquiciatoria contra el fallo  de  segunda  instancia,  o  cuando en el escrito se dejan de desarrollar clara y  precisamente  los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió formular, <<o  cuando  de  su  contexto se  advierta  fundadamente  que  no se precisa del fallo para cumplir algunas de las  finalidades del recurso>>.   

Entre    los   mencionados   requisitos  establecidos  por  el  original  artículo  183  de  la  Ley 906 de 2004, con la  modificación   introducida   por   el   artículo   98   de   la  Ley  1395  de  20102,   se  destaca que el censor tiene el deber de interponer el  recurso  dentro  de  la oportunidad legalmente prevista, esto es dentro de los 5  días  siguientes  a  última notificación de la sentencia de segunda instancia  proferida  por  el Tribunal, presentar la demanda en un  término posterior  común  de  30  días  y  la  carga  de acreditar la existencia de interés para  acudir a sede extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por  deber  señalar,  asimismo,   con  absoluta  precisión,  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar  y  sustentar  de manera clara y precisa el  cargo  o  cargos  que  a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la nitidez  requerida,  que  la  intervención  de  la Corte en el asunto particular resulta  necesaria  para  cumplir  alguna  de  las  varias  finalidades previstas para el  recurso,  tales  como  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En dicho sentido la Sala CSJ AP, 9 Jun 2008,  Rad. 29019 tiene establecido que:   

La debida sustentación del cargo propuesto  implica   para  el  censor,  entre  otras  exigencias,  desarrollarlo  en  forma  completa,  conforme  al  principio de sustentación suficiente, de suerte que la  demanda  se  baste a sí misma para lograr la infirmación total o parcial de la  sentencia,  según  el  caso,  y hacerlo de manera clara y precisa, en términos  tales  que  el  alcance  de  la  impugnación surja nítido, para que el juez de  casación pueda dar a los reproches planteados adecuada respuesta.   

También   es   exigencia   indeclinable  demostrar  que la intervención de la Corte es necesaria para la realización de  los  fines  de  la  casación,  lo  cual  significa  que  la demanda, además de  hallarse  adecuadamente  presentada y debidamente sustentada (idoneidad formal),  debe  ser fundada (idoneidad sustancial), es decir, estar razonablemente llamada  a   propiciar   la   infirmación   total  o  parcial  de  la  sentencia,  o  un  pronunciamiento unificador de la Corte sobre el tema debatido.   

A esta conclusión se llega tras consultar  el  contenido  del  artículo  184  ejusdem,  donde se incluye como causal de no  selección  de  la  demanda  de casación, el que se advierta fundadamente de su  contexto  que  no  se  precisa  del fallo para cumplir alguna de las finalidades  propias  del  recurso,  es  decir,  que  no  sea  necesario para materializar la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los agravios inferidos a éstos (artículo  180).   

En todo caso, la adecuada sustentación del  recurso,  sin  la  cual no es posible acceder a éste,  <<exige  que  el  demandante  demuestre  que  el juzgador cometió un error al tomar la decisión,  bien  de  juicio (in iudicando) o de actividad (in procedendo), para cuyo efecto  no  basta  afirmar  que  una  determinada  infracción  se cometió, sino que es  necesario  precisar  en qué consistió, qué repercusiones o implicaciones tuvo  en  la  decisión  recurrida,  qué  consecuencias desfavorables se derivaron de  ella  para  la  parte  impugnante,  y  por  qué la intervención de la Corte es  necesaria  para  el  cumplimiento  de  los fines del recurso>>     CSJ    AP,    26    Sep    2007,    Rad.    28053.     

2.-  A más de lo  dicho,  la  Sala  CSJ  AP,  22  Jun  2006, Rad. 25412  ha dejado indicado:   

Supone  lo anterior que el demandante debe  encaminar  sus  esfuerzos a demostrar cómo con el trámite procesal o a través  del  fallo  se  afectaron  derechos  o garantías fundamentales para lo cual, en  consonancia  con  el  yerro  advertido, ha de servirse de la causal de casación  pertinente  señalándola  expresamente  e  indicando las razones que le asisten  para  estimar  que se encuentra estructurada, sin olvidar que debe indicar, así  sea  sucintamente,  cuál  de  los  fines  establecidos  para  la casación hace  necesaria  la  intervención  de  la  Corte  en  el particular asunto, según lo  previsto  en  el  artículo  180  de  esa  normatividad,  esto  es,  si  ella es  indispensable  para  la  efectividad  del  derecho  material,  el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los agravios sufridos por  éstos o la unificación de la jurisprudencia.   

Con  esos  propósitos,  resulta  de  suma  utilidad   que   el   actor   atienda   las  directrices  desarrolladas  por  la  jurisprudencia  sobre  la  forma  para abordar en esta sede el desarrollo de los  diferentes  motivos  de  casación  pautas que, bien está recordar, no pasan de  ser  un  conjunto  de  postulados  orientados  a  conseguir que el demandante se  sujete  a unos mínimos lógicos y de coherencia en la formulación y desarrollo  de sus reparos.   

Tales   directrices   tienden,  pues,  a  facilitar  la labor del demandante a fin de que resulten completos y entendibles  los  cargos  que  propone  contra el fallo de segundo grado, exigencia que sigue  vigente  pues  si  bien  en  la nueva lógica del recurso se habilita a la Corte  para  superar  los  defectos que el libelo ofrezca, esta última opción demanda  del  censor  un  esfuerzo  argumentativo  a  través  del  cual  demuestre ya el  probable  distanciamiento  entre  el fallo recurrido y la norma constitucional o  legal  que debió gobernarlo, ora la vulneración de garantías fundamentales de  los  intervinientes,  bien  el  tema  jurídico  que  por su relevancia deba ser  abordado   por   la   Sala   a   fin   de   procurar   el   desarrollo   de   la  jurisprudencia.   

Es  decir,  siempre será necesario que el  demandante  elabore  una  propuesta  coherente,  comprensible y convincente, por  cuyo  medio  pueda  concluirse  que  sí es indispensable la intervención de la  Corte  para  lograr  alguno  de los cometidos de la casación, de acuerdo con la  índole de la controversia planteada.   

3.-  Del  mismo  modo la Corte CSJ AP, 9 May  2007,  Rad.  27330  tiene  establecido  que cuando la demanda de casación   se    dirige   a   denunciar   que   el   Tribunal  incurrió    en   violación   directa   de  disposiciones  de derecho sustancial, por falta de aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación errónea, compete al censor acoger los  hechos  y  las  pruebas, tal cual fueron declarados aquellos y ponderadas éstas  por  el  juzgador,  y presentar su disenso en el ámbito del estricto raciocinio  jurídico,  pues  si  la  discrepancia  es con la facticidad y los medios que la  establecen,  para  ello  la ley tiene reservada la vía indirecta de violación,  por errores de hecho o de derecho en la apreciación de la prueba.   

En   tal  medida,  ha  señalado  que  la  aplicación  indebida  y la interpretación errónea de disposiciones de derecho  sustancial,  son sentidos distintos de violación a la ley, por ende, basados en  supuestos  diversos.   Conforme ha sido repetidamente dicho por la Sala, la  violación  directa de la ley sustancial puede llegar a presentarse por falta de  aplicación,  aplicación indebida, o interpretación errónea de un determinado  precepto,  acogiendo  de  esta manera el criterio de clasificación trimembre de  los  sentidos  de  la  violación,  que  reconoce  total  autonomía  al último  de ellos.   

Dentro  de  esta  categorización,  ha sido  entendido  que  la  falta  de  aplicación  de  normas  de derecho sustancial se  presenta  cuando  el  juzgador  deja  de  aplicar al caso la disposición que lo  rige;  la aplicación indebida tiene lugar cuando aduce una norma equivocada; y,  la  interpretación  errónea  consiste  en  el  desacierto  en  que  incurre el  fallador  cuando habiendo seleccionado adecuadamente la norma que regula el caso  sometido  a  su consideración, decide aplicarla, sólo que con un entendimiento  equivocado,   sea   rebasando,   menguando   o   desfigurando   su  contenido  o  alcance.   

De  esta  manera  resulta  claro  que  la  diferencia  de  las  dos  primeras hipótesis de error con la última, radica en  que  mientras  en  la  falta de aplicación y la aplicación indebida subyace un  error  en la selección del precepto, en la interpretación errónea el yerro es  sólo  de  hermenéutica, pues se parte del supuesto de que la norma aplicada es  la  correcta,  sólo que con un entendimiento que no es el que jurídicamente le  corresponde,  llevando  con  ello  a  hacerla  producir  por  exceso  o  defecto  consecuencias distintas de las que le corresponden.   

Para  efectos de precisar el concepto de la  violación,  resulta  intrascendente  la  motivación  que pudo haber llevado al  juzgador  a  la  transgresión  de  la disposición sustancial; lo que realmente  cuenta  es  la  decisión  que  adopte  en  relación con ella. En este orden de  ideas,  si  la  norma es aplicada debiendo no serlo o inaplicada debiendo serlo,  habrá  llanamente  aplicación  indebida  o  falta  de aplicación, según cada  caso,  independientemente  de que al error se haya llegado porque el juzgador se  equivoca sobre su existencia, validez, o alcance.    

En  síntesis,  si una determinada norma de  derecho  sustancial  ha  sido incorrectamente seleccionada, y este error ha sido  determinado  por  equivocaciones  del  Juez  en  la auscultación de su alcance,  habrá   aplicación   indebida   o  falta  de  aplicación,  pero  no  errónea  interpretación  del  precepto,  puesto  que  para  la  estructuración  de este  último  sentido  de la violación se requiere que la norma haya sido y deba ser  aplicada.   

4.-   De  los anteriores presupuestos  de  admisibilidad,  a los cuales ampliamente se ha referido la jurisprudencia de  esta  Corte,  prácticamente  ninguno  resulta atendido a entera cabalidad en la  demanda  presentada  a  nombre  del acusado NORBERTO DÍAZ DÍAZ, situación que  determina  que  la  misma  no  pueda  ser  admitida  a  trámite  con miras a un  pronunciamiento  de  fondo,  en  términos  que  seguidamente pasa a precisarse.   

5.- Como  se  recuerda  en  el  resumen  que  se  hizo  de la demanda,  el  demandante dice fundar su propuesta en la causal  primera   de   casación   para  denunciar  que  el  sentenciador  incurrió  en interpretación errónea de disposiciones de derecho  sustancial,  pero  no  es  claro  ni  preciso  en indicar a cuáles específicas  normas  se  refiere, cómo fue el errado entendimiento y de qué manera resultó  lesivo de los intereses que defiende.   

Si bien trae a colación el contenido de los  artículos  6º,  9º  y  11º de la ley 599 de 2000,  referidos   al   principio   de  legalidad,  los  requerimientos  para  que  una  conducta   pueda   ser  considerada  como  punible,  y  al  principio de antijuridicidad material, es lo  cierto  que por parte alguna concreta de qué manera el sentenciador restringió  o  amplió  su  alcance, pese a que dichas disposiciones debían ser aplicadas y  efectivamente lo fueron en la sentencia.   

Y    si    bien    el    libelista   aduce  que  en  el  presente  caso  hubo  ausencia  de  antijuridicidad  material  en la conducta atribuida a su representado, y que por  lo  mismo  ha  debido  ser  absuelto  en las instancias, es lo cierto que un tal  planteamiento  en  manera  alguna  se  compadece  con el tipo de desacierto cuya  configuración  dice  haberse  presentado,  toda  vez que como ha sido visto, la  interpretación  errónea  supone que la norma sea llamada a regir el caso y que  por  lo  mismo  haya  sido  aplicada   por  el  juzgador,  sólo que con un  entendimiento  equivocado,  el  cual  por  parte  alguna  precisa el demandante,  dejando así su reparo ayuno de desarrollo y demostración.   

Lo   que  en  lugar  de  ello  ofrece  el  demandante,  es  simple  y llana oposición a la consideración del A quo, en el  sentido  de  que  <<la conducta desplegada  por  el  acusado contradice de manera directa la disposición legal que prohíbe  el  tráfico  o  porte  de  armas  por  lo  que  se  evidencia  la existencia de  antijuridicidad  formal,  es  decir  es  contraria  al  ordenamiento  jurídico,  además  con  el  comportamiento  se  atenta en contra del bien protegido por la  norma,  al  poner  en  riesgo  la  seguridad  en tanto que transitar en un lugar  público  con  un  arma  de fuego reviste la posibilidad de producir daño a los  intereses  jurídicos  de  los demás miembros de la comunidad, desestabilizando  así   el   sentimiento   de  tranquilidad  que  es  propio  de  la  convivencia  social>>.          

De  este modo, si el sentenciador encontró  acreditado  el supuesto fáctico de la antijuridicidad material de la conducta y  en  razón  de  ello  decidió  proferir  fallo  de  condena, mal puede ahora el  demandante   aducir   que  resultó  erradamente  interpretada  la  disposición  sustancial  que  la  define,  pues  lo  que  ha  debido  hacer  es  denunciar la  aplicación  indebida  del aludido precepto, junto con aquéllas que integran el  tipo penal por cuya realización se impuso la pena.   

Así surge claro que una cosa es aducir que  el  sentenciador  restringió  o  amplió  el  alcance  de  determinado precepto  haciéndole   producir   efectos   por   exceso   o  por  defecto,  como  corresponde  proceder  cuando se denuncia la interpretación  errónea   y  otra  distinta  que  no  se  considera  acreditado  el  supuesto  fáctico  de  la aludida disposición, en cuyo caso la  inconformidad  no sería jurídica, sino probatoria,  propia  de  la  violación  indirecta  de  la ley debido a errores de hecho o de  derecho   en  la  apreciación  de  los  medios  que  sirvieron  de  soporte  al  fallo.   

En el presente evento, por la forma como el  libelista  estructura su disenso, resulta claro que su inconformidad no es en el  plano  de  lo  estrictamente jurídico, como debería  ser  atendiendo  la naturaleza del motivo de casación que propone, sino  en  el  ámbito  de  lo probatorio, pues a su modo de ver no  cree  <<que  la norma haya de ser aplicable de  manera  innecesariamente  rigurosa a un campesino de bien, a un trabajador de la  tierra  que  de  buena  fe e intención creyó poder contar con un arma de fuego  que  lo protegiera. Jamás  se    vislumbró   en   él   el   despropósito   de   realizar   un   eventual  daño>>,        en        consideración   que   no   podría   ser   formulada  adecuadamente  en sede de casación, sin  aludir a la prueba que le  sirve   de   sustento   y   a   la   apreciación   que  de  ella  hicieron  los  juzgadores.   

Es así como, en lugar de acoger los hechos  y  las  pruebas  tal  cual fueron declarados los unos y ponderadas las otras por  los  juzgadores, como corresponde proceder cuando en  sede  extraordinaria  se  acude  a  la  causal primera de casación, sugiere que  en el juicio oral no se demostró la antijuridicidad  material  de  la  conducta  por  cuya  realización se formuló la acusación en  contra  de  su representado pero sin acudir a la vía establecida para denunciar  dicho  tipo  de  desaciertos,  todo  lo cual resulta  contradictorio  y  distancia  en  grado  sumo  a  la  sentencia  de los mínimos  presupuestos que la harían admisible.   

6.- Dada  entonces la precaria formulación  del  reparo,  no cabe más alternativa que inadmitir  la  demanda  al trámite  casacional  con  miras a un pronunciamiento de fondo,  pues  lo  que  se observa en el planteamiento del recurrente es que a  partir  de  una  unilateral interpretación de los hechos pretende descubrir una   presunta   violación   directa  de  la ley sustancial por  interpretación    errónea,    lo   cual   resulta  inaceptable en esta sede.   

La Sala advierte, que en lugar de ajustarse  a  los  derroteros  normativamente  establecidos para la casación y ampliamente  desarrollados  por  la  jurisprudencia  de  esta Corte, el casacionista acude al  instrumento  extraordinario  de impugnación como recurso de último momento tan  sólo  porque  no  se  atendieron  los  planteamientos  de la defensa, expuestos  cuando  recurrió  en  apelación,  en torno al mérito que, a su criterio, debe  conferirse  a  algunos medios de convicción, distanciándose de tal modo de los  lineamientos párrafos arriba referenciados.   

Como  quiera que las consideraciones de los  juzgadores  no  son  objeto de controversia por parte del recurrente, la demanda  lejos  se  halla  de  poder  desvirtuar el fundamento fáctico y jurídico de la  sentencia  de  segunda  instancia.  Por  el contrario, lo que se evidencia en la  formulación  del reparo  no   es   entonces  la  denuncia  de  un  concreto  error  de  selección  o  de  interpretación  normativa,  o  la configuración de un vicio de estructura o de  garantía,  o la existencia de desaciertos en apreciación de la prueba, sino la  simple  y  llana  aposición al cumplimiento de la sentencia tan sólo porque no  le    resultó    favorable    a    sus intereses.   

7.-  En  síntesis,  la demanda estudiada no  cumple  las  exigencias mínimas de forma y contenido requeridas para su estudio  de  fondo.  Por tanto, se la  inadmitirá y se ordenará la devolución del  diligenciamiento  al  Tribunal  de  origen, de conformidad con lo previsto en el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de  superar  sus  defectos de forma y contenido para la realización de los fines de  la  casación,  ni  la violación de garantías fundamentales que la Corte esté  en el deber de proteger de manera oficiosa.   

8.-  Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  por  parte  del  demandante,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma   y   términos   precisados  por  la  Corte3.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR   la  demanda   de   casación  presentada  por  el  acusado  NORBERTO  DÍAZ DÍAZ, por las razones expuestas en la  motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal del origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Fls. 35 y ss. cno.Trib.   

2 Ley  1395  de 2010. Art. 98. “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo 183. Oportunidad.  El  recurso se interpondrá ante el Tribunal dentro de los cinco  (5)  días  siguientes  a  la  última  notificación y en un término posterior  común  de  treinta (30) días se presentará la demanda que de manera precisa y  concisa señale las causales invocadas y sus fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso de reposición”.   

3  Casación 24322. Auto de 12 de diciembre de 2005.     

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