AP1212-2015(44619)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP 1212-2015  

Radicación N° 44619  

(Aprobado  Acta No.  100)   

Bogotá  D.C.,  marzo  once  (11)  de dos mil  quince (2015).   

VISTOS  

Aborda la Sala el estudio de admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado JAVIER  ORLANDO  BERNAL  QUEVEDO contra la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Ibagué el  9  de  junio de 2014, por cuyo medio revocó la absolutoria dictada en favor del  mencionado  por  el  Juzgado 11 Penal Municipal con Funciones de Conocimiento de  la  misma sede el 10 de julio de 2013, para en su lugar condenarlo por el delito  de hurto calificado agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los   primeros   se  compendiaron  por  el  ad    quem, de la siguiente forma:   

El 15 de agosto de 2011, en el Barrio Tulio  Varón,  de Ibagué, JAVIER ORLANDO BERNAL QUEVEDO y otro sujeto que se dio a la  fuga,  mediante  la  amenaza  con un cuchillo, despojó a Javier Mauricio Moreno  Arias  de  la  bicicleta  todo  terreno  en la que se transportaba para hacer un  domicilio.   

La  aprehensión  se  pudo  llevar  a  cabo  gracias  a que la ciudadanía colaboró con la víctima para impedir la huida de  BERNAL  QUEVEDO, y realizó el correspondiente llamado a la Policía Nacional el  cual  fue  atendido  por  los  uniformados S.I. Luis Álvaro Joven Culman y P.T.  Juan   Carlos  Moncaleano,  quienes  al  llegar  al  sitio  identificado  en  la  nomenclatura  urbana  como  carrera 3ª con calle 92, frente a la casa 5 manzana  W,  del  Barrio  Tulio  Varón, leyeron los derechos al capturado y lo dejaron a  disposición de la fiscalía.   

Al día siguiente, se llevó a cabo audiencia  preliminar  ante  el Juzgado Séptimo Penal Municipal con Función de Control de  Garantías   de   Ibagué,   donde  el  ente  acusador  formuló  imputación  a  BERNAL QUEVEDO por el delito  de  hurto  calificado  agravado,  cuya  comisión  no  aceptó, al tiempo que se  impuso    en    su   contra   medida   de   aseguramiento   en   establecimiento  carcelario.   

El  22  de  agosto  siguiente,  la Fiscalía  radicó  escrito  de acusación en contra del nombrado como presunto autor de la  conducta  imputada  (arts. 239, 240-2 y 241-10 del C.P.), cargo que ratificó en  desarrollo  de  la  audiencia  de formulación posterior celebrada el día 16 de  septiembre   del   mismo   año   en   el  Juzgado  Noveno  Penal  Municipal  de  Ibagué.   

Ante  el mismo despacho judicial se llevó a  cabo  la  audiencia  preparatoria  y se dio inicio a la del juicio oral, pero en  vista  de  la aceptada manifestación de impedimento de su titular, el asunto se  reasignó  al  Juzgado 11 Penal Municipal con Funciones de Conocimiento de igual  sede.   Este  último  juzgado,  el  10  de  julio de 2013, dictó fallo de  primer  grado  por  cuyo  medio  absolvió al procesado del cargo por el que fue  acusado.   

Inconforme con lo decidido, el representante  del  ente  acusador  interpuso en su contra recurso de apelación, motivo por el  cual  el  9  de junio de 2014 se pronunció el Tribunal de Ibagué en sentido de  revocar   la   absolución   en   favor   de   BERNAL  QUEVEDO y, en su lugar, condenarlo a la pena principal  de  ciento  setenta  y  dos  (172)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término,  tras  encontrarlo penalmente responsable del delito por el cual se lo  convocó a juicio.   

En  la  misma  decisión  dispuso negarle el  subrogado  de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y el  sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

En  desacuerdo con el proveído anterior, la  defensa  interpuso  y  sustentó,  de forma exclusiva, recurso extraordinario de  casación, mediante libelo de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Contiene  dos  censuras  contra  el  fallo  impugnado.  La  primera  sustentada  en  la causal tercera del artículo 181 del  estatuto  procesal  penal,  por  violación indirecta de la ley sustancial y, la  segunda,  con  base  en  el  motivo  segundo      de la  misma preceptiva, por nulidad.   

Para   acometer   su  análisis,  la  Sala  sintetizará   de   forma   independiente   el   contenido   de  los  cargos  e,  inmediatamente,  expresará  su  criterio  en  torno  a su admisibilidad. En tal  labor  invertirá el orden propuesto por el libelista con sujeción al principio  de prioridad que regenta esta sede extraordinaria.   

    

1. Segundo   cargo.   Nulidad  por  violación al debido proceso:     

                      Según  el  actor,  el  reparo se centra única y exclusivamente en la omisión del Tribunal  consistente  en  no haber llevado a cabo la audiencia a que refiere el artículo  447  del  estatuto  procesal, no obstante haber revocado el fallo absolutorio de  primer  grado, siguiendo la jurisprudencia de esta Sala plasmada en la sentencia  de  casación  36616  de  24  de  octubre  de  2012,  porque  con tal postura se  restringe  a  las partes, y en especial a la defensa,  de  la  facultad de aportar elementos de juicio a tener en cuenta para dosificar  la pena   

                  Aduce que si  bien  conoce  los argumentos expuestos por la Corte para sustentar su posición,  es  viable aceptar el desarrollo de la audiencia aludida en segunda instancia en  aplicación    de    la    analogía    in    bonam  partem,  pues  no  permitirla,  insiste,  priva a las  partes,  y  en  este  caso  al  enjuiciado, de mecanismos de defensa frente a la  tasación de la pena.   

                     Lo anterior,  porque  en este caso concreto su defendido consignó a  órdenes  del  Juzgado  Noveno  Penal  Municipal de Conocimiento de Ibagué y en  favor    de    la    víctima    Javier    Mauricio  Moreno la suma de un millón de pesos por concepto de  indemnización  integral  de  daños y perjuicios, para que, en caso de condena,  se  le  reconociera  la  rebaja  de  pena  de la mitad a las tres cuartas partes  prevista en el artículo 269 del C.P.   

                  Al respecto,  indica  que  para  la fecha del fallo de segunda instancia no se había allegado  el  respectivo título, por lo que la pretermisión de la audiencia en cuestión  impidió  su  aporte,  en detrimento de las garantías legales de su prohijado y  del debido proceso   

                                 En  ese orden, propende porque la Sala varíe su  jurisprudencia  sobre  el  tópico  señalado  y,  en  su  lugar, se permita que  “cuando  la sentencia de  segunda  instancia  al resolver los recursos de apelación contra las sentencias  de  primera instancia, sea de carácter condenatorio se corra a las partes en su  momento  oportuno,  es  decir  antes de dosificar la pena, el traslado del art.,  447  del  C.  de P.P., para que las mismas puedan hacer las solicitudes del caso  aportando   los  sustentos  probatorios  en  que  las  fundamentan,  y  así  se  efectivice   el  derecho  sustancial  y  las  garantías  fundamentales  de  los  intervinientes  en  este  caso  de  ambas partes, ofensor y ofendido (sic)”.   

                    Al encontrar,  por  lo  expuesto,  acreditado  el vicio procesal, que  para  el  caso  ha creado un perjuicio a su representado, depreca casar el fallo  y,  como consecuencia de la redosificación punitiva correspondiente, se conceda  a  su  prohijado  el  beneficio  de  la  prisión  domiciliaria  por  reunir los  presupuestos   establecidos   en   el   artículo   38  G  de  la  Ley  1709  de  2014.   

                          La  Sala:      

         

Ha  sido  insistente  esta  Corporación  en  pregonar  que  si  bien  la Ley 906 de 2004 amplió la cobertura para acceder al  recurso  de  casación,  pues  a  diferencia  de  los  ordenamientos  procesales  anteriores  es  viable  contra  todo  tipo  de  sentencias  de segunda instancia  “en     los     procesos     adelantados     por  delitos”,  sin  que  obre  restricción  en  relación  con la autoridad que la  profiere      y      eliminarse      la      exigencia      del     quantum  de  pena  del  delito,  ello por  manera  alguna  significa  que  quien  acuda  a este medio de impugnación esté  exento  de  satisfacer una serie de requisitos técnico jurídicos, básicamente  de   orden   argumentativo,   encaminados   a   la   cabal  comprensión  de  la  propuesta.   

En efecto, de conformidad con los artículos  183,  modificado  por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad,  para  que  la  demanda sea admitida es preciso acreditar interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la necesidad del fallo de casación en aras de materializar alguno de  los  fines  establecidos  para  el recurso en el artículo 180, siendo ellos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          Por  consiguiente,  en  la  demanda,  también  se  ha  reiterado en  correspondencia  con  los  preceptos legales aludidos, el actor debe sujetarse a  un  rigor  argumental, en tanto la propuesta debe ser concisa, suficiente, clara  y   trascendente,   pues  no  le  corresponde  a  la  Sala,  dado  el  carácter  eminentemente   rogado  del  recurso,  ocuparse  de  confusos,  contradictorios,  ininteligibles o inocuos planteamientos.   

Pues  bien,  es precisamente en este último  factor  donde la Sala encuentra relevantes defectos de argumentación que dan al  traste con la admisión de la censura objeto de estudio.   

En  efecto,  ya  se  vio  en  el  apartado  precedente  que el propósito del reproche se circunscribe a persuadir a la Sala  para  que  modifique  su postura en relación con la inviabilidad de realizar la  audiencia  contemplada en el artículo 447 del estatuto procesal de “individualización   de  la  pena  y  sentencia”  para  el  trámite  en  segunda  instancia,  en tanto, sostiene, esa  postura  imposibilita  a  las  partes,  y  en  especial a la defensa, de aportar  elementos  de  juicio  de  cara al proceso de dosificación punitiva, además de  resultar   contraria   a   la   analogía   in  bonam  partem,   limitación   que   en   este  caso,  aduce  igualmente,  ha  lesionado  las  garantías  de su prohijado y el debido proceso  porque  no  permitió aportar el título judicial por medio del cual se acredita  el  pago de los perjuicios ocasionados con la conducta punible y así acceder al  beneficio   punitivo   establecido   en   el   artículo   269   del  C.P.,  por  reparación.   

Al respecto, se advierte cómo la pretensión  del  actor  emerge  eminentemente  enunciativa  dado  que no rebate los diversos  argumentos  expuestos  por la Sala para sustentar su reiterada postura. Así, en  CSJ SP, ago. 14 2012, rad. 38467, se precisó que:    

El  criterio  plasmado no varía aún en el  evento  de que en segunda instancia se revoque una sentencia absolutoria y en su  lugar se condene al procesado.   

         

En efecto, la audiencia del artículo 447 de  la  ley  906  de  2004,  modificado por el artículo 100 de la Ley 1395 de 2010,  denominada    individualización    de    pena    y    sentencia,   sólo  está prevista para la primera instancia, como quiera que es  una  actuación subsiguiente al anuncio del sentido del fallo una vez finalizada  la  vista  de juicio oral, en la medida que éste sea de carácter condenatorio,  según  se  colige del artículo atrás mencionado y del 446 ejusdem.   

En  segunda  instancia  no hay juicio oral,  tampoco  anuncio  del  sentido  del  fallo,  luego  por  consiguiente  menos  la  audiencia  referida,  de  ahí  que  el ad quem decidirá lo concerniente con la  pena  y  mecanismos de sustitución de acuerdo con la información que le aporte  el  proceso,  lógicamente basándose en los criterios que consagra el artículo  61    del    Código   Penal   para   individualizar   la   sanción”  (subrayas  fuera de texto).      

El  anterior  criterio  se complementó poco  tiempo  después  en  CSJ SP, oct. 24 2012, rad. 36616, invocada por el Tribunal  para   abstenerse   de  realizar  la  referida  audiencia,  donde  se  auscultó  pormenorizadamente  el  querer  del  legislador  para  no  consagrar  el aludido  trámite  en  segunda  instancia,  acudiendo a los distintos debates surtidos al  seno  de  la  Comisión  Redactora  Constitucional  del Código de Procedimiento  Penal y al trasegar del proyecto en el Congreso de la República:   

La interpretación anterior, por demás, se  corresponde  con  el querer de la Comisión Redactora Constitucional del Código  de  Procedimiento Penal creada por el Acto Legislativo 03 de 2002, cuya labor se  tradujo  en  el texto presentado por el Fiscal General de la Nación al Congreso  de  la  República como proyecto de reforma a dicho estatuto y que transitó, en  lo  que  concierne  al  aspecto  debatido,  sin  mayores alteraciones durante su  trasegar por la corporación legislativa.   

Así, al interior de los debates suscitados  en             dicha            comisión1,   se   discutió  sobre  la  necesidad  de  modificar  la  forma  como se venía dosificando la pena bajo los  lineamientos   del  Código  Penal  para  introducir  un  novedoso  sistema,  ya  implementado  en  otros  países  y  más  consecuente  con  la personalidad del  condenado,  a  raíz  de una propuesta que ante la citada comisión presentó la  Corporación Excelencia en la Justicia:   

“El doctor Andrés Ramírez planteó que a  nombre  de  la  mesa  de  trabajo  de la fiscalía y dada la premura del tiempo,  solicitó  que  se  introdujera una modificación al orden del día en los temas  propuestos.  Agregó,  que  la  Corporación  Excelencia  en  la Justicia había  presentado  un  muy  juicioso proyecto relativo a un sistema de dosificación de  pena,  el  cual  partía  de  algo  que  se  había  denominado  el ‘informe    presentencia’2,  del  cual  había hecho una  breve  mención  el  doctor  Osorio  ese día, para la mesa de trabajo y para la  estructuración  de  las  normas  que  se  encontraban  pendientes de redacción  dentro del Código de Procedimiento Penal”.     

Al  respecto,  uno  de  los  miembros de la  comisión  destacó  la  importancia  de asumir dicho estudio, en los siguientes  términos:   

“Posteriormente,   el  doctor  Granados  señaló  que  era  importante  que  la  comisión tomara una decisión de fondo  sobre  el trámite de la audiencia de dosificación de la pena, porque el equipo  de  consultores  de  la Corporación Excelencia en la Justicia había presentado  un  proyecto  de  cinco  artículos  y  que en esencia  consiste  en  establecer  un esquema que permita a los jueces de conocimiento al  momento  de  abordar  la tarea de dosificar la pena de no hacerlo sólo nutridos  de  lo subjetivo de su parecer dentro de los límites legales particularmente en  las  circunstancias  modificadoras de los extremos de la punibilidad  entrar  a (sic) analizarlos con unas bases más científicas, con  una   investigación   de  quién  es  la  persona  que  va  a  ser  objeto  del  sentenciamiento  como  quiera  que  el derecho penal del acto se refiere para la  culpabilidad  (sic),  pues  precisó  que  para efecto de la dosificación de la  pena  hay que complementarlo con el conocimiento de ese autor o partícipe de la  conducta punible” (subraya fuera de texto).   

Específicamente en cuanto a la oportunidad  en  la que debía llevarse a cabo tal audiencia, tema que aquí se controvierte,  el mismo comisionado subrayó:   

“Al respecto, el doctor Granados precisó  que  en el esquema que se venía trabajando una vez se  concluyera  la  práctica  de  pruebas  y  las  alegaciones finales el juez debe  anunciar   el   sentido   del  fallo,  lo  cual  no  ha  cambiado,  y   en  el  supuesto  de  anunciar  el  sentido  del  fallo  siendo  culpable  es  que hay lugar al inicio del trámite de  la   audiencia   de   dosificación   de   la  pena  que  incluye  este  informe  presentencia, es lógico entender que el juez deberá  hacer,   mientras   se  realiza  el  informe,  su  análisis  de  los  elementos  probatorios  que  consideró  que  eran  creíbles  a los efectos después de la  prueba  que  esgrimió  en  el  juicio  determinó su fundamento de culpabilidad  (sic),  pero  para  dosificar que la última parte de  esa  decisión  necesita  el  informe  presentencia,  da el debate y recesa para  complementar  esa  parte  de  la  decisión,  sino  para qué se hace el debate,  entonces  digamos, hay un primer momento que es el anuncio del fallo, un segundo  momento  que  es  la contradicción del informe presentencia y un tercer momento  que  puede  estar  con  un  máximo  de  24 horas que ya la lectura completa del  fallo”    (subrayas    y   negrillas   fuera   de  texto).   

Más  adelante,  inclusive,  al seno de los  debates  se  trajo  un  ejemplo  de  aplicación de la figura en la legislación  foránea     en     donde     la     audiencia    tiene    lugar    seguidamente  al anuncio del sentido condenatorio del fallo y no en  ningún otro momento:   

“Por lo anterior señaló que siguiendo el  último  código  expedido  en  América  Latina,  el de Nicaragua, en   donde  se  instituyó  un  sistema  en  el  cual  se  anuncia  el fallo e inmediatamente después se abre un pequeño  escenario   procesal    donde   se  discuten  las  condiciones  personales,  sociales,   familiares  de  la  persona  en  orden  a  proceder  a  realizar  la  individualización   judicial   de   la   pena;   entonces  en  el  caso colombiano la decisión se concentraría en decidir si se  quiere  un  sistema alternativo como el que se está presentando la Corporación  Excelencia  en  la Justicia, en cuyo caso se tendrían que hacer grandes cambios  en  el  procedimiento, o se va a optar por lo contrario” (subrayas y negrillas  fuera de texto).       

Tras  consultar  el  texto  definitivo  del  proyecto  de  ley  presentado  ante  el Congreso de la República se infiere que  finalmente  se  acogió  la propuesta presentada ante la Comisión Redactora del  proyecto  por  la  Corporación  Excelencia  en  la  Justicia  según la cual se  establece  la  audiencia  de  individualización de pena y sentencia en donde el  juez  de  conocimiento otorga la palabra a Fiscalía y defensa para que refieran  a   las   condiciones  individuales,  familiares,  sociales,  modo  de  vivir  y  antecedentes  de  todo  orden  del  culpable,  con una  única  oportunidad  dentro de la actuación procesal,  esto  es,  una  vez culminado el juicio oral y anunciado el sentido condenatorio  del  fallo,  como  así  se  colige del texto que finalmente fue radicado por el  Fiscal   General   de   la  Nación  cuya  claridad  no  admite  discusión.  La  disposición en comento reza:   

“Artículo   479.  Individualización  de  la  pena  y sentencia. Si el fallo fuere condenatorio el  juez  concederá brevemente y por una sola vez la palabra al fiscal y luego a la  defensa  para  que  se  refieran  a  las  condiciones  individuales, familiares,  sociales,  modo  de  vivir  y  antecedentes  de  todo  orden del culpable. Si lo  consideraren  conveniente,  podrán  referirse  a  la probable determinación de  pena aplicable y la concesión de algún subrogado.   

Si   el   juez  para  individualizar  la  pena por imponer, estimare necesario ampliar la información  a  que se refiere el inciso anterior, podrá solicitar a cualquier institución,  pública  o  privada,  la  designación  de  un  experto  para  que éste, en el  término    improrrogable   de   diez   (10)   días   hábiles,   responda   su  petición.   

Escuchados    los  intervinientes,  el  juez señalará el lugar, fecha y hora de la audiencia para  proferir  sentencia,  en  un término que no podrá exceder de quince (15) días  calendario    contados    a    partir    de    la    terminación   del   juicio  oral”.   

El  texto anterior, sin embargo, durante su  discurrir  en  el  Congreso  de  la  República,  sufrió modificaciones tras su  aprobación  en  primer  debate  en  la  Cámara  de  Representantes3,   aunque  ninguna  relacionada  con  la  oportunidad procesal de la prenombrada audiencia,  véase:    

“136.  El  artículo  479, quedará así:   

Artículo     479.    Sentencia    de  individualización   de   la   pena   y   reparación   integral.   Si  la  audiencia  de  juicio  oral concluye con la declaración de  responsabilidad  penal,  el  juez  concederá  brevemente  y por una sola vez la  palabra  al  fiscal  y luego a la defensa para que se refieran a las condiciones  individuales,  familiares,  sociales,  modo de vida y antecedentes de todo orden  del  culpable.  Si  lo consideraren conveniente, podrán referirse a la probable  determinación    de    pena    aplicable    y    la    concesión   de   algún  subrogado.   

Si  el juez para individualizar la pena por  imponer,  estimare  necesario ampliar la información a que se refiere el inciso  anterior,  lo  determinará  de  inmediato  e  indicará  de  manera concreta la  institución,  pública o privada, que a través de un experto deberá responder  su  petición  en  el  término  máximo  e  improrrogable  de quince (15) días  hábiles.   

Igualmente concederá el uso de la palabra a  la  víctima  y  su  representante legal para que manifiesten si tienen o no una  pretensión  indemnizatoria. De tenerla, el juez convocará a las partes para el  trámite de la reparación integral previsto en este código.   

         

Escuchados los intervinientes y concluido el  trámite   de   reparación   integral,   si   lo   hubo,   así   como   el  de  individualización  de  la pena, el juez señalará el lugar, fecha y hora de la  audiencia  para  proferir  sentencia  de imposición de pena y determinación de  reparación  integral,  en  un término que no podrá exceder de diez (10) días  hábiles  contados  a partir de la terminación del último trámite cumplido”  (subraya fuera de texto).   

Empero,  al  cabo del segundo debate en la  misma  célula  se  retornó  a la redacción original contenida en el proyecto,  dado  que,  como  se  explicó  en  el  informe  de  ponencia,  el  trámite  de  reparación    integral    se    surtía   una   vez   ejecutoriado   el   fallo  condenatorio4.    

Posteriormente,  en  la  Plenaria  de  la  Cámara,  se  incluyó la modificación propuesta por los ponentes en el sentido  de  que la audiencia no sólo procede en el evento de dictar fallo condenatorio,  que  se debe entender de acuerdo con los antecedentes referidos en el momento en  que  el  juez  anuncia  esa  decisión,  sino  en  caso de que acepte el acuerdo  celebrado  con  la  Fiscalía,  pero  sin que tampoco se hiciera referencia a su  momento                   procesal5.   

Luego, en su tránsito por el Senado de la  República    la    disposición    no    tuvo   variación   alguna6, aprobándose  finalmente  el texto original del artículo 447 de la Ley 906 de 2004, según el  cual:   

         

“Artículo  447. Individualización de  la  pena  y  sentencia.   Si  el  fallo fuere condenatorio, o si se aceptare el  acuerdo  celebrado  con  la  Fiscalía,  el juez concederá brevemente y por una  sola  vez  la  palabra al fiscal y luego a la defensa para que se refieran a las  condiciones  individuales, familiares, sociales, modo de vivir y antecedentes de  todo  orden del culpable. Si lo consideraren conveniente, podrán referirse a la  probable   determinación   de   pena   aplicable  y  la  concesión  de  algún  subrogado.   

Si el juez para individualizar la pena por  imponer,  estimare  necesario ampliar la información a que se refiere el inciso  anterior,  podrá  solicitar  a  cualquier  institución, pública o privada, la  designación  de  un experto para que este, en el término improrrogable de diez  (10) días hábiles, responda su petición.   

Escuchados  los  intervinientes,  el  juez  señalará  el  lugar,  fecha y hora de la audiencia para proferir sentencia, en  un  término  que  no  podrá exceder de quince (15) días calendario contados a  partir  de la terminación del juicio oral, en la cual incorporará la decisión  que puso fin al incidente de reparación integral.   

         

Parágrafo.  En el término indicado en el  inciso anterior se emitirá la sentencia absolutoria”.   

Ahora, con ocasión de la entrada en vigor  de  la Ley 1395 de 2010 la redacción de la normativa anterior fue modificada en  orden  a  suprimir  de su tercer inciso la expresión “en la cual incorporará  la  decisión  que  puso fin al incidente de reparación integral”, a tono con  la  variación  a  este trámite impulsada por dicha ley en cuanto se determinó  su  procedencia  tras  la  ejecutoria  de  la  sentencia, pero sin tampoco hacer  alusión   a   la   oportunidad   procesal   para   realizar   la  audiencia  de  individualización de pena y sentencia.   

Así  las  cosas,  se  encuentra  que tras  auscultar  los  orígenes  de  la  disposición  y  su  correlativo  paso por el  Congreso  de  la  República  se  arriba  a  la conclusión en el sentido de que  el   único   momento  procesal  concebido  para  la  realización  de  la  multimencionada  audiencia  es  después de que el juez de  primer  grado  anuncia  el  sentido  condenatorio  del  fallo o cuando acepta el  acuerdo  celebrado  con  la  Fiscalía, para luego si  disponer  “el  lugar, fecha y hora de la audiencia para proferir sentencia”,  como  así  se  concluyó  en el precedente de esta Sala citado en el exordio de  este acápite.   

Dicho  criterio,  bien está precisarlo, se  ratificó  por  la Sala en CSJ AP, abr. 24 2013, rad. 40125 y en CSJ AP, ago. 27  2014, rad. 41630.   

No  obstante,  pretende ahora el libelista,  según  ya  se  advirtió, la modificación de este criterio jurídico, haciendo  abstracción  absoluta  de  los  argumentos  expuestos por la Corte, con lo cual  determina  la  insuficiencia  de  su prédica, en perjuicio, por lo mismo, de su  trascendencia.   

Por  virtud  de las falencias expuestas, se  dispondrá la inadmisión del reparo.      

2. Primer cargo. Violación indirecta de la  ley sustancial:   

Comienza  por  indicar  el  actor que en la  sentencia  impugnada  se  incurrió en error de hecho por falso raciocinio en la  apreciación  de  los  testimonios de descargo de Alba  Lucia      Posada  Castellanos,  Alba  Nelly  Posada   Tique,  Andrés  Trujillo  y  del  procesado  JAVIER    ORLANDO    BERNAL    QUEVEDO,  lo  cual  condujo  a  no  reconocer  en  favor  de  este último  “la    duda   que   afecta   su   compromiso   de  responsabilidad frente a los hechos”.   

De  esa forma, señala en relación con la  primera  prueba  en  mención,  el  Tribunal erró al colegir que no le constaba  nada  sobre  los  sucesos investigados cuando se advierte lo contrario, esto es,  que  sí  dio  fe  acerca de las      circunstancias de  modo,  tiempo  y lugar de la captura de su patrocinado, desmintiendo el dicho de  la  víctima  según el cual la comunidad capturó al acusado, así como que los  hechos  no  se  presentaron cerca o al interior de la tienda donde se encontraba  la   deponente  y  en  cuanto  a  que  ocurrieron  el  15 de agosto de 2011.   

De  acuerdo  con este testimonio, además,  queda  en  claro  que  fue  el  ofendido  quien,  en  compañía  de  Jairo Andrés Vargas Oviedo,   maltrató  al  procesado  reclamándole  por  el  hurto  de  la  bicicleta.   De   ese   modo,  afirma,  si  bien  es  posible  que  Moreno  Arias  haya sido víctima de tal  ilícito   “de   acuerdo  con  las  reglas  de  la  experiencia  y  de la lógica, aplicadas a su testimonio mendaz, ese hurto no se  produjo  el  15  de  agosto  de 2011 en que se captura a mi representado como el  presunto  autor  del  hurto,  pues  de  otra manera, no tenía que haber mentido  respecto  de  la  forma, el lugar y respecto de quiénes fueron las personas que  capturan  a  mi  procurado,  más cuando la víctima en su testimonio incurre en  otras mentiras o contradicciones”.   

En  ese  sentido  también  destaca  las  inconsistencias  de  la  víctima  en  torno  a  la expedición de la tarjeta de  propiedad  del  vehículo  hurtado,  develadas  durante  su interrogatorio en el  juicio  oral, y acerca de la hora de ocurrencia del delito, pues mientras que en  el  interrogatorio  redirecto  de la Fiscalía y en su  entrevista  del  15 de agosto de 2011 indicó que los  hechos  ocurrieron  a las 8:30 a.m., contestó a la defensa que sucedieron a las  8:00  a.m.  y  en otro aparte de su testimonio adujo que acaecieron hacia las 10  a.m.   

                        Acto  seguido,  pregona la inadmisibilidad de los argumentos expuestos por el Tribunal  para  otorgar  credibilidad  al testimonio de la víctima sobre la base de haber  reconocido  y  descrito el físico y forma de vestir del acusado para el momento  de  los  hechos, sumado a que fue capturado con un arma blanca en su poder, pues  “tales  aspectos  para  nada influyen para que como  equivocadamente  lo hace el Ad Quem, con base en ellos se sustente una sentencia  de  condena  de  segunda  instancia,  más  cuando  tales situaciones poseen una  explicación  coherente  y sustentada probatoriamente en el plenario, por cuanto  como  lo  explicáramos  en  párrafos  precedentes  es  claro que quien capturo  (sic)  al  procesado  fue  Javier  Mauricio  Moreno Arias, por ello y porque mi representado para la época  de  los  hechos,  que  no  para la actualidad, era un habitante de la calle, los  cuales  las  reglas  de  la  experiencia,  de  la  lógica  y  el sentido común  enseñan,   normal   y   generalmente   portan   un   arma  blanca  (sic)”.   

                   

                          A  continuación   se  ocupa  del  testimonio  de  Jairo  Andrés  Vargas  Oviedo  puntualizando  cómo no supo  explicar   las   circunstancias   que   rodearon   la  captura  de  BERNAL  QUEVEDO;  a lo cual se aúna que  su  dicho  es  de  referencia, pues admitió en juicio que se los comentaron, lo  cual   ratificó  en su entrevista del 16 de noviembre de 2011, de donde se  colige   que   no   observó   el  momento  del  hurto  ni  el  de  la  captura.  Contrariamente,  afirma,  la testigo de descargos Alba  Nelly  Posada  Castellanos  si  bien no presenció el  hurto,  sí  observó  cómo  las  primeras  personas  que abordaron ese día al  acusado  fueron  el  ofendido  y este deponente, “lo  que  pone en evidencia aún más la mendacidad igualmente del testimonio de este  último”.   

Por  lo  anterior,  encuentra  que  este  testimonio,  a  partir  del  cual  coligió el ad quem  que  los  hechos  ocurrieron  el 15 de agosto de 2011  cuando  se  encontraban  en  la  vía  pública  el  sentenciado,  la víctima y  múltiples  personas  de  la  comunidad  (estas  últimas  quienes  lo  habrían  aprehendido), carece de credibilidad.   

Luego  alude  al  testimonio vertido por el  investigador    de    la    SIJIN   de   la   Policía   Judicial   Mauricio  Afanador  Trujillo, respecto del  cual,  sostiene,  no  fue  apreciado  por  el  Tribunal  y quien depuso sobre la  expedición  de  la  tarjeta de propiedad de la bicicleta. Acto seguido, refiere  al  testimonio  de  Tommy  Emilio  Norato, cuya versión gira sobre el mismo aspecto.   

Posteriormente, efectúa una síntesis de lo  aseverado  por  los  uniformados  Luis  Álvaro Joven  Culma   y   Juan   Carlos  Moncaleano,  quienes  participaron en la captura de su  defendido,  así  como  de  lo  expuesto  por  el  procesado  y  el investigador  Andrés  Trujillo,  tras lo  cual  concluye que si bien la deponencia de Alba Lucia  Méndez  Orozco  puede  exhibir  las  inconsistencias  advertidas  por  el  fallador,  permite inferir “que  los  hechos del hurto si es que dicho hecho existió, no se presentaron el 15 de  agosto  de  2011  que  fue  un  día lunes festivo, sino que es posible se hayan  presentado  el  día  sábado antes de este lunes, es decir el 13 de dicho mes y  año  y  de  que  efectivamente la captura de mi representado no se dio el mismo  día  sábado  13  del referido, hurto sino que lo fue días después, aclarando  ambos  testimonios (los de Méndez Orozco y Posada Castellanos) con mayor razón  de  que  Moreno  Arias y Jairo Andrés Vargas Oviedo han mentido a la judicatura  acerca  de  las  circunstancias reales de modo, tiempo y lugar de producción de  los   hechos  fueron  diferentes  a  las  por  ellos  dos  indicadas  en  juicio  oral  (sic)”.   

Por virtud de lo expuesto, encuentra que el  sentenciador   incurrió   en   el   pretextado   falso  raciocinio  al  otorgar  credibilidad  plena  al  testimonio de la víctima desconociendo la que emana de  los testigos de descargo.   

En  consecuencia, depreca casar el fallo y,  en     su     lugar,    absolver    “por  existencia  de  la  duda insalvable que favorece al procesado,  pues  de  haber  la  segunda  instancia  reconocido  la  existencia  de  la duda  asignándole  dicho  mérito  probatorio  legal a las pruebas antes indicadas la  decisión    de    segunda   instancia   hubiera   sido   absolutoria   por   la  duda”.   

La Sala:  

Como  a juicio del actor el fallo impugnado  incurre   en   el   denominado   error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  bien  está     empezar  por  evocar  lo  que  de  manera  reiterada  y  pacífica  ha  precisado  esta  Colegiatura  acerca  de  su  naturaleza  y forma  correcta  de  emprender  su  ataque  en  esta  sede para tenerlo por debidamente  acreditado.   

Al respecto se ha explicado que dicho yerro  se  configura  cuando el sentenciador aprecia los medios de prueba desconociendo  las   reglas   de   la  sana  crítica,  esto  es,  postulados  lógicos,  leyes  científicas o máximas de la experiencia.   

En  ese  orden,  para  demostrarlo  resulta  imperativo  señalar  qué  dice concretamente el medio probatorio, tras haberlo  identificado,  qué  se  infirió  de  él en la sentencia atacada, cuál fue el  mérito  persuasivo otorgado y, desde luego, determinar el postulado lógico, la  ley  científica  o  la máxima de experiencia cuyo contenido fue desconocido en  el  fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta e identificar la  norma   de   derecho   sustancial   que   indirectamente   resultó  excluida  o  indebidamente aplicada.    

Finalmente    deberá    demostrar   la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar  a un fallo esencialmente diverso y  favorable a los intereses de su representado.   

En  la  censura  objeto  de  estudio,  el  planteamiento      presentado  diverge  de la forma correcta  de  demostrar  este  yerro  en  la  ponderación  de  la  prueba  acorde con los  parámetros   vistos,  o  de  cualquier  otro  error  admisible  en  esta  sede.   

Para  iniciar,  se advierte cómo el reparo  evidencia  defectos de redacción y coherencia que atentan contra su exposición  clara  y  concisa exigida en los reseñados artículos 183, modificado por el 98  de la Ley 1395 de 2010, y 184 de la Ley 906 de 2004.   

Además,  la propuesta se torna confusa con  respecto  a  su pretensión orientada a demostrar el invocado error de hecho por  falso  raciocinio en la valoración de las pruebas conforme a las pautas vistas,  cuando  a  la par pregona que no se valoró el testimonio del investigador de la  SIJIN  de  la  Policía  Judicial  Mauricio  Afanador  Trujillo,  dado que tal enunciado no es compatible con  dicho  yerro  sino  con  el  error  de  hecho por falso juicio de existencia por  ignorancia  de  un  medio  de  prueba,  o  cuando  pregona  que el testimonio de  Jairo    Andrés    Vargas    Oviedo   es  de referencia, en cuyo caso la discusión, como lo tiene sentado  la  Sala,  se  aborda  en  lindes  del  error  de  derecho  por  falso juicio de  convicción.   

La ambigüedad manifiesta que se estructura  por     la     razón    expuesta,    adicionalmente    entraña    transgresión  de  principios  regentes  de la actividad casacional,  tales  como  los  de sustentación suficiente, limitación, crítica vinculante,  autonomía    de    las    causales,    coherencia,    no    exclusión   y   no  contradicción.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Ahora, la decisión de inadmitir la censura  objeto  de  análisis  irrumpe  con  mayor fuerza al verificarse que, en toda su  extensión,  el  propósito  del  libelista se reduce a  plantear  la  simple  disparidad  que  tiene,  desde  su  estricta  apreciación  subjetiva,  con  el  crédito  otorgado por los juzgadores a la prueba referida,  sin    siquiera    vincular   su          argumentación   al   desconocimiento   de  concretos  postulados  científicos,  máximas  de  la  experiencia o reglas de la lógica, cuya mención en el reparo  es  apenas  enunciativa,  máxime  cuando  en relación con algunos elementos de  juicio,  como  ocurre  con  los  testimonios  de Tommy  Emilio  Norato, Luis Álvaro  Culma    y    Juan   Carlos   Moncaleano,    se    limita    a   sintetizar   su  contenido.   

La  única  mención  específica  que  al  interior  de  su  disertación  se  esboza  en relación con la transgresión de  reglas  de  la  sana  crítica,  tiene  que  ver  con  el  cuestionamiento  a la  credibilidad  otorgada  por el Tribunal al testimonio de la víctima derivado de  haberse   encontrado  en  poder  del  acusado  al  momento  de  su  aprehensión  un  arma  corto  punzante,  lo  cual  a  su juicio se  explica  porque  de  acuerdo  con  las “reglas de la  experiencia,  de la lógica y el sentido común” era  un  habitante  de  la  calle,  quienes,  por  lo  general,  portan armas de esta  índole,  pero  resulta ostensible que tal enunciado carece de la pretensión de  universalidad  aceptado  por  la colectividad para así considerarla.     

La  actitud tendiente a propiciar un debate  probatorio  a  partir  del  punto  de  vista  subjetivo  que sobre el mérito le  merecen  las pruebas, no consulta con el carácter extraordinario del recurso de  casación  por no constituir  una tercera instancia habilitada para debatir  abiertamente  sobre  la  valoración  de  las  probanzas  fuera del marco de los  errores  de  hecho  y de derecho, los primeros por falsos juicios de existencia,  identidad  y  raciocinio  y,  los  segundos,  por  falsos juicios de legalidad y  convicción,  únicos  con  la  potestad,  en  esta materia, de derruir la doble  presunción de acierto y legalidad que ampara al fallo impugnado.   

Por  lo  expuesto,  este reparo también se  inadmitirá.   

    

Corolario  de las falencias advertidas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Sala  en  virtud  del principio de  limitación  que  regula  este  medio  extraordinario  de  impugnación, deviene  forzosa  la  inadmisión del libelo, en atención a lo  normado  en  los citados artículos 183 y 184 de la Ley  906  de  2004,  debiendo enfatizar la Sala que ni del contenido de la demanda ni  de  la  revisión  del  proceso  surge la necesidad de superar tales defectos en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el  artículo  180  ibídem o  que haga imprescindible activar la casación oficiosa.    

Ahora  bien,  habida cuenta que contra esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  último  artículo referido, impera precisar que como dicha legislación  no  regula  el  trámite  a  seguir  para  que  se aplique el referido instituto  procesal,   habrán   de  acatarse  las  reglas  fijadas  por  la  Sala  en  tal  sentido7.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor de JAVIER ORLANDO BERNAL  QUEVEDO,  por  las  razones consignadas en la anterior  motivación.   

         

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Acta  No. 028 de julio 8 de 2003.   

2  En  legislaciones  foráneas  la  audiencia  prevista  para  tal  efecto  recibe  la  denominación  de “informe  presentencia”    o  “audiencia     de     individualización     de  pena”,  como  se  explayó en la sentencia de 21 de  marzo de 2007, rad. 25862.   

3  Proyecto 01 de 2004, en Gaceta del Congreso 564 de 2003.   

4  Gaceta No. 104 de 2004 de la Cámara de Representantes.    

5  Gaceta No. 167 de 2004 de la Cámara de Representantes.    

6  Gacetas No. 200, 248 y 273 del Senado de la República.   

7  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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