AP2533-2016(42461)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado Ponente  

AP2533-2016  

Radicación No. 42461  

(Aprobado Acta No.135).  

Bogotá D.C., veintisiete (27) de abril de dos  mil dieciséis (2016).   

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   CARLOS   GREGORIO   ARROYAVE   BETANCUR,  contra  la sentencia proferida por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Medellín   de   5   de  agosto de 2013, mediante la  cual        revocó       la       decisión   absolutoria   emitida         por         el         Juzgado         Primero Penal del Circuito con Funciones  de     Conocimiento     de    Medellín   de  10  de  octubre    de    2012,  y   en   su   lugar   lo  declaró    penalmente  responsable    del    delito   de   transporte   de  estupefacientes     y     en    consecuencia,    lo  condenó  a  la  pena  de  prisión  de  98  meses  y  multa  de 181.33  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  para  el año  2012.   

         

ANTECEDENTES FÁCTICOS  

Fueron   resumidos   por   el  juzgador  de  primer grado de la siguiente manera:   

«Los  hechos que  dieron  origen  a  esta  investigación  ocurrieron  el  día  10  de  enero del  corriente  año,  a  eso  de  las 16:35 horas, cuando los agentes de la Policía  Nacional  Carlos  Onofre Ortiz Gallego y Robinsón Rodríguez Maussa, realizaban  labores  de  patrullaje y rutina por la calle 126 con carrera 50B, del barrio El  Playón  de esta Ciudad, hicieron detener la marcha del vehículo taxi de placas  TPW-377,  que  iba  al  mando  de  la  persona  que  dijo  llamarse CARLOS  GREGORIO  ARROYAVE BETANCUR, para  luego  registrar  el  rodante.  Fue así, como una vez le solicitaron al timonel  les  abriera la maleta del mismo, éste en forma voluntaria y tranquila accedió  a  ello,  actitud que cambió cuando el gendarme Ortiz Gallego, halló una bolsa  negra,    que    en    su    interior   contenía   otros   ocho   envoltorios,  dentro  de  las  cuales  se  conservaba  una sustancia  vegetal  con  características  similares a la Marihuana. En razón de ello, fue  privado  de  su  libertad,  previa  lectura  de  los  derechos  que como persona  capturada  le  asistían,  luego trasladado ante el Fiscal Delegado ante la URI,  quien  posteriormente  lo  dejó  a  disposición  del  Juez Penal Municipal con  Función  de  Control  de  Garantías  para  la  realización  de las audiencias  preliminares pertinentes.   

Al ser sometida la sustancia decomisada a la  prueba        preliminar        homologada        preliminar        (sic)  PIPH,  arrojó  positiva  para CANNABIS MARIHUANA    y    un    peso   neto   de   3.487  gramos.»1   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

El 11 de enero de 2012 ante el Juzgado Segundo  Penal  Municipal  con Función de Control de Garantías de Medellín se llevaron  a  cabo  las audiencias de legalización de captura, formulación de imputación  y  solicitud  de  medida  de aseguramiento privativa de la libertad, la cual fue  acogida   para  cumplirse  en la respectiva residencia del procesado CARLOS  GREGORIO ARROYAVE BETANCUR.   

El  23  de  marzo  de  2012  se  realizó la  audiencia  de formulación de acusación y el 5 de mayo siguiente se celebró la  vista  preparatoria.  El  juicio oral inició el 22 contiguo y culminó el 10 de  septiembre  del  mismo año, fecha en la cual se anunció el sentido absolutorio  del  fallo  por  el  delito  imputado.   La  providencia se dictó el 10 de  octubre de 2012.   

Apelada la decisión anterior por la delegada  de  la  Fiscalía,  el  5  de  agosto  de 2013 el Tribunal Superior de Medellín  resolvió  revocar  la  sentencia  absolutoria y en su lugar declarar penalmente  responsable  del  delito  de  transporte  de  estupefacientes  a CARLOS GREGORIO  ARROYAVE  BETANCUR  e  imponerle  una  pena principal de 98 meses de prisión en  establecimiento   carcelario   y  multa  de  181,33  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes para el año 2012.   

LA DEMANDA  

Son tres los reproches que se presentan en la  demanda  de  casación  impetrada  por  el apoderado de CARLOS GREGORIO ARROYAVE  BETANCUR.   

Primer cargo (Principal).  

Con  respaldo  en  la  segunda  causal  de  casación2  estipulada  en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004, el  defensor  formula  el primer  cargo  por  violación  directa  a  la  ley  sustancial  –  artículo  29  de la  Constitución  Política  de  1991-, por desconocer las garantías fundamentales  del    acusado,   debido   a   la   inexistencia   de   su   identificación   e  individualización en la sentencia condenatoria.   

Sostiene  el  libelista,  que la ausencia de  identificación  del procesado en la sentencia de condena puede causar problemas  graves  y  trascendentes  de  homonimia  y confusión. Alega al respecto, que la  decisión  de segundo grado, además de perturbar el derecho a la presunción de  inocencia  que  le era atribuible a su representado, genera una orden de captura  sin  la  correcta  identificación  del  requerido,  con  un enunciado incierto,  indescifrable,  poco  concreto y sin individualización adecuada y precisa de la  persona que debía capturarse.   

          Así  mismo,  afirma  que  la  mencionada  decisión omite enunciado  alguno  respecto  de  la sanción accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas y no menciona la autoridad carcelaria a la  que  queda a disposición el condenado, por lo que es incompleta, parca, confusa  e  indescifrable, afectando derechos fundamentales de primer orden -buen nombre,  libertad  personal y debido proceso penal-, y haciendo imperiosa la necesidad de  impartir  nulidad a lo actuado por el Tribunal, y en su lugar, expedir sentencia  de manera correcta, completa y diáfana.   

Segundo cargo (Subsidiario).  

Con  base  en  la causal tercera3 del artículo  181  de la Ley 906 de 2004, alega el libelista la violación indirecta de la ley  sustancial,  por  error  de  hecho  proveniente  de  falso  juicio de existencia  probatoria  por  omisión  o  defecto, infringiéndose de este modo el artículo  3824 del Código de Procedimiento Penal.   

El  actor  advierte  que  en  la  sentencia  condenatoria  se omitió intencionalmente el testimonio de Esther Julia Gallo de  Ruiz,  Gerente de la empresa TAX ANDALUZ donde laboraba el procesado en la fecha  de  los sucesos, el cual fue allegado de manera legal y oportuna al juicio oral.  Con  dicha  omisión,  aduce  el  desconocimiento  por parte del sentenciador de  segunda  instancia  de  la  situación  exculpante atribuible al procesado y por  ella  declarada,  relacionada  con que “los taxistas  no   están   obligados   o   autorizados   a   revisar   lo   que   llevan  sus  pasajeros”, debido a lo que, en caso de olvidarse un  paquete  dentro  del vehículo taxi, debe el conductor entregarlo a la empresa o  a la policía según fuere el caso.   

Concluye que de haberse acogido el testimonio  de  la  directiva  de  la  empresa  se hubiese configurado una causal exculpante  generada  a  partir  de su mandato, acogiendo la tesis del condenado relativa al  olvido  del  paquete  en  el  carro,  situación  que muy a menudo se presenta y  admitiendo  lo  afirmado por la gerente respecto a que la carga de la tenencia y  de  la  responsabilidad  sobre  el  objeto transportado es del pasajero y no del  conductor.   

Tercer cargo (Subsidiario).  

El  demandante  postula  un  segundo  cargo  subsidiario  con  fundamento  en  la  tercera causal5  del  artículo  181 de la Ley  906  de  2004,  alegando violación indirecta de la ley sustancial, por error de  hecho  que  deviene  de  falso juicio de raciocinio por violación del artículo  404     de     la     Ley     906     de     20046.   

Según el defensor, el juez de segundo nivel  distorsionó  los  medios  probatorios argumentando reglas de la lógica y de la  experiencia  utilizadas  erradamente  dentro de la prueba indiciaria7  que  no  se  fundamenta  en probanzas legal y oportunamente allegadas, sino que se asienta en  supuestas   inverosimilitudes   existentes   en   el   testimonio   de  ARROYAVE  BETANCUR.   

Al respecto, aduce que no es posible predicar  inverosimilitudes  en  el  testimonio  argumentativo  y narrativo rendido por su  defendido,  como  quiera  que  no  fue  refutado,  pues  para  el  defensor,  el  testimonio  del procesado y el de los dos agentes policiales que concurrieron al  juicio,  concuerdan  en  su  totalidad,  salvo  por la supuesta afirmación auto  incriminatoria  recepcionada  por  los  gendarmes  al  momento  de efectuarse la  captura.   En  este  sentido,  sostiene  que  no  es  predicable  hablar de  inverosimilitud  por  descubrir  una  mentira producto de la comparación de las  versiones  del implicado con la de los testigos presenciales, pues la disyuntiva  emerge   del   raciocinio   del   juzgador   y   no   de   la  versión  de  los  testigos.   

Seguidamente,  retoma el ataque concerniente  al  quebrantamiento de las reglas de la lógica y de la experiencia en la prueba  indiciaria  utilizada  por  el fallador del segundo nivel y aduce las siguientes  inconsistencias en el razonamiento del Tribunal:   

i)  El  alto  costo  de  la  droga  incautada  permite inferir la huida  intempestiva  del  imaginario  pasajero.  El  defensor  arguye  que  el  costo  de la droga no es probanza y mucho menos regla, toda vez  que  no se demostró que el estupefaciente tuviera determinado valor, razón por  la   cual   el   alto  precio  no  sugiere  responsabilidad  en  cabeza  de  una  persona.   

ii)  Del   modus   operandi  de  las  bandas  criminales  vinculadas  al  narcotráfico  se  infiere  que  acuden a este tipo de personas y de vehículos.  Sostiene  el  casacionista que no se halla probado que  el   narcotráfico   esté   inmerso   en  el  transporte  público  totalmente.   

iii) El pasajero era imaginario, ya que para  el  fallador  de  segundo  grado,  la  autoría  del  ilícito  es de una única  persona.  Esgrime el recurrente que el Tribunal debió  acreditar  esta  circunstancia  y  no  derivarla  de  sus  inferencias mentales.   

iv)  El  abandono  presuroso  del  automotor por el pasajero después de  recibir  una  llamada  metros antes de la orden de “pare” de la policía, es  de  poca  credibilidad  debido  a  que  el  valor de la droga haría difícil su  abandono. Para el defensor en este punto surgen reglas  de  la  experiencia que tienen asiento en el mundo real, que plantea a manera de  cuestionamiento,            tales             como:            ‹‹¿[e]s  común  que  la  policía  de  vigilancia  detenga  taxis  sin  pasajeros  y  en  movimiento?,  ¿[t]iene o no  razón  la  huida  del  pasajero si tan solo cincuenta metros más delante de su  inesperada  bajada  detuvo  al  taxista  la  Policía  Nacional?, ¿[s]i  la  huida  del  pasajero era por la  llamada  recibida,  posteriormente huye por un lugar poblado igualmente lleno de  policía,  tenía  objeto  llevarse  esa  bolsa  que  había  guardado  y la que  posiblemente  lo  puso  a  correr?,  ¿[p]or   qué   los  Policías  detienen  ese  taxi,  y  por  qué  van  directamente a revisar el baúl del rodante?››.   

v)  El  olvido del conductor respecto de la  droga  ilícita, después de que el pasajero lo abandonara, hace advertir que no  se  trata  de  un  verdadero  olvido,  sino  de  una  guarda  directa del objeto  incautado.  Al  respecto,  el libelista afirma que tal  regla  es  refutada  por  verdaderos  criterios  de  la lógica y la experiencia  tendientes  a afirmar que, como pasajeros del transporte público, es recurrente  que  a  las  personas  se  les  olvide elementos, incluso de mayor valor que una  simple  bolsa;  por  lo tanto, si al pasajero dueño del objeto se le olvida, lo  mismo le puede ocurrir al conductor.   

vi)  Que  ARROYAVE  BETANCUR se llevara las  manos  a  la  cabeza al descubrirse el contenido del paquete incautado es señal  de   sentirse  sorprendido,  lo  que  es  común en estos casos.  Para  el  defensor  es  normal  y  aceptado que en el momento que  alguien  recuerde algo, en señal de sorpresa o preocupación se lleve las manos  a  la  cabeza  o  realice cualquier otra expresión similar y derivar de ello la  comisión de un punible es inocuo y peligrosista.   

Con  base en lo anterior, para el recurrente  no  se observan reglas de la experiencia comúnmente aceptadas, sino que el juez  ‹‹echó  mano  de indicios o premisas mentales no  aceptadas    en    el    derecho    penal    y    procesal    penal   de   corte  acusatorio››8, por lo que el resultado de la  decisión    de    segunda    instancia    debió   ser   confirmatorio   y   no  revocatorio.   

CONSIDERACIONES  

El recurso de casación, según lo establece  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004 -Código de Procedimiento Penal-,  consiste   en   un  mecanismo  de  control,  tanto  constitucional  como  legal,  procedente  contra las decisiones proferidas en segunda instancia, razón por la  cual,  con  el  fin  de  que no se convierta en una instancia adicional a las ya  surtidas  en  su  momento,  corresponde  a la Sala constatar que los recurrentes  formulan   sus  censuras  con  sujeción  a  las  exigencias  definidas  por  el  legislador  y  desarrolladas  por  la jurisprudencia, pues la casación no es un  mecanismo  extraordinario  de  libre  configuración,  carente    de    rigor,    que   permita  de abrir un espacio procesal semejante  al  ya surtido; sino que debe sujetarse a las causales  explicita y taxativamente señaladas en el ordenamiento procesal.   

En  atención  a  estos parámetros, la Sala  anticipa  su  decisión  de inadmitir la demanda de casación interpuesta por el  apoderado  de CARLOS GREGORIO ARROYAVE BETANCUR, por quebrantar los postulados y  presupuestos  de  una debida, precisa y clara fundamentación, pues en el libelo  no  se evidencia más que la valoración personal del apoderado de las pruebas y  su  discrepancia  con  la  apreciación  judicial  otorgada  por el ad  quem que conllevó a una sentencia de  carácter condenatorio.   

Primer Cargo (Principal).  

Con  fundamento  en  la  segunda  causal  de  casación9  estipulada  en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004, el  demandante  censura  la  sentencia  de segundo grado por violación directa a la  ley    sustancial,   art.   29   de   la   Constitución   Política10,    por  desconocerle   al   procesado  sus  garantías  fundamentales  de  primer  orden  (identificación    e    individualización)   dentro   del   respectivo   fallo  condenatorio.   

          Afirma  el  libelista  que  en  la  decisión  de  segundo  nivel se  advierte  una  precaria  identificación  e individualización del procesado que  puede  llegar  a  generar  problemas  de homonimia y confusión, toda vez que si  bien  del  ad  quem emana un  fallo   con   orden  de  captura  en  contra  del  acusado,  esta  es  incierta,  indescifrable,  poco  concreta y sin la individualización precisa de la persona  que  debía  capturarse. Igualmente alega que en la sentencia se omite enunciado  alguno  sobre la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas,  y  la  autoridad  carcelaria  ante  la  cual  queda  a  disposición el capturado (procesado).   

En  razón  a  que  la causal alegada por el  recurrente  se refiere al desconocimiento del debido proceso, la Sala recordará  las  pautas  jurisprudenciales  que  ha establecido y los requisitos que para su  invocación se requiere, a saber:   

‹‹  (1)   Concretar  la  clase  de  nulidad que invoca.   

(2)    Mostrar   sus   fundamentos.   

(3)  Especificar  las  normas  que  estima  infringidas.   

(4)   Precisar  de  qué  manera  la  irregularidad   procesal   denunciada   ha  repercutido  definitivamente  en  la  afectación  del  trámite  surtido  que  ha  culminado con la expedición de la  sentencia impugnada.   

(5) Determinar la o las irregularidades que  indefectiblemente  conducen  a  la invalidación del proceso, bien porque rompan  la   estructura   del   rito,   bien   porque  vulneran  garantías  y  derechos  fundamentales.   

(6)  Señalar  desde  qué momento procesal  pide  la  declaración  de nulidad, indicando los motivos por los cuales alude a  tal punto.   

(7)  Si se refiere a varias irregularidades  con  capacidad  anulatoria, seleccionar la más importante y ordenar las demás,  teniendo  en  cuenta   la  mayor o menor cobertura de cada una de ellas, es  decir,  el alcance de las infracciones. Como cada hipótesis de nulidad tiene su  propia  trascendencia  en  el  trámite procesal, lógicamente aquella con mayor  capacidad  de  regresar el proceso al punto más lejano goza de prioridad frente  a las demás.   

(8)  Si  postula  violación  del  debido  proceso,   le   resulta   imprescindible   identificar   con  plena  nitidez  la  irregularidad que sustancialmente lo ha alterado de manera rotunda.   

(9) Si lo denunciado por el casacionista es  la  violación  del  derecho  de  defensa,  en  su  escrito  debe  determinar la  actuación   concreta    que    lo   ha   vulnerado,  la  normatividad  exactamente   infringida   y   su   específica   incidencia  en  el  fallo  recurrido.   

(1O) Separar los reproches, cuando se acude  a  pluralidad  de  infracciones. Así, por ejemplo, si se afirma desconocimiento  del  derecho  de  defensa  y  del  principio  de  la investigación integral, es  menester  realizar el planteamiento con autonomía en cada caso, con una nítida  propuesta  principal  y  otra  a título subsidiario, pues las consecuencias que  dimanan  de  la  eventual  existencia  de  una de ellas pueden afectar de manera  diferente  y  desde  distinta  oportunidad  el  trámite  del proceso (Cfr., por  ejemplo,  Casaciones  del 1O de marzo de 1994, M. P. Dr. Ricardo Calvete Rangel,  y  del  14  de  septiembre  de  1.999,   M.  P.  Dr.  Carlos Eduardo Mejía  Escobar).  Como  corolario  obvio,  no es posible instaurar simultáneamente, de  manera  mezclada o fusionada, dos o más cargos dentro de uno mismo, por razones  diversas››.11   

Teniendo  en  cuenta  que la afectación del  debido  proceso  responde  esencialmente  a  un  vicio  de  estructura,  para su  formulación  y  desarrollo si bien no se exige un estricto apego al formalismo,  ello  no  implica que pueda confundirse con un escrito de libre confección. Por  tanto,  la  jurisprudencia  ha  sido consistente en afirmar que debe ajustarse a  unos  parámetro  lógicos  y  dialecticos,  de  tal  suerte que se explique con  claridad  y  suficiencia  el motivo de nulidad, la alteración, y el quebranto a  la  estructura  del  proceso  o  a  las garantías fundamentales del sujeto, con  indicación    de    la   instancia   a   partir   de   la   cual   se   reclama  invalidar.   

En  el  sub lite,  el  censor  pasó  por  alto  el  cumplimiento  de los  presupuestos  o  requisitos que invocar la causal segunda de casación requiere,  ya  que  no existe una exposición clara, precisa y completa al respecto, lo que  habilita a la Corporación a rechazar la propuesta.   

Pese  a lo anterior se detendrá en precisar  que   respecto   de   la   plena  identificación  e  individualización  del  acusado,  la Sala en sus decisiones ha señalado lo que  se  entiende  por cada uno de esos términos en el ámbito procesal penal.   Así,  la palabra identificación está asociada a documentos oficiales, a datos  que  otorgan  a  una  persona un sitio dentro de la organización social; por el  contrario,        el        vocablo        individualización       ‹‹corresponde   a  la  operación  a  través  de  la  cual  se  especifica  o  determina a una persona, por sus rasgos particulares que permitan  distinguirla    de    todas    las    demás››12, es decir, se refiere a las  personas  como  fenómeno natural, a sus características personalísimas que la  hacen  única  e  inconfundible  frente  a  las  demás  de  su  misma  especie.   

          En  tal  sentido,  se entiende que se halla plenamente identificada  la   ‹‹persona  integralmente  considerada,  como  fenómeno  natural,  individual, inconfundible con otra, única en su especie, y  también   en   lo   atinente   a   su  entorno  sociocultural››13.   

Del mismo modo, la Sala ha sostenido que las  personas  respecto  de  las  cuales no se tiene plena identificación pueden ser  sujetos    pasivos    de   la   acción   penal.    Así   ha   fijado   su  postura:   

‹‹         [S]ería  ideal,  pero no indispensable,  conocer   todos   los  datos  que  brinden  tanto  la  identificación  como  la  individualización  de  la  persona  que  es  sometida a la acción punitiva del  Estado.  De  lo  contrario,  se  llegaría  al  absurdo, de que los delincuentes  respecto  de  quienes se desconoce su filiación, o las personas indocumentadas,  o  conocidas solo por su remoquete, o las que han abandonado o cambiado el lugar  de  residencia,  pese  a  su inconfundible señalamiento, no podrán ser sujetos  pasivos     de     la     acción    penal.››14.   

Ahora  bien,  dado  que  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia  se conciben integradas entre sí, no hay lugar a  alegar  ausencia  de  identificación e individualización del acusado, toda vez  que en el fallo de primer nivel se especificó que:   

«CARLOS GREGORIO ARROYAVE BETANCUR, es hijo  de  Francisco Javier y Cruz Pubenza, nació en Medellín el día 27 de diciembre  de  1986,  cuenta  con  25 años de edad, vecino de la misma, reside en la calle  123  Nº  51ª-10  barrio  El Playón, teléfono 4612720, soltero, de ocupación  conductor  de  taxi, y es titular de la cédula de ciudadanía Nº 1.017.142.650  expedida      en      su     tierra     natal.»15.   

Teniendo  en  cuenta  que la providencia del  Tribunal   no   contradice   la  identificación  emitida  por  el  a   quo,  en  virtud  del  principio  de  inescindibilidad,  esta  se  entiende integrada a tal decisión sin necesidad de  volver  a  enunciarla,  razón  por  la  cual los argumentos del actor no son de  recibo.    

En  lo  atinente  a  la  pena accesoria cuya  omisión  reclama  sin  interés  jurídico  para  ello  el  demandante, la Sala  recuerda su jurisprudencia según la cual:   

«Para las personas que desde el 25 de julio  del  2001  hayan  cometido delitos sancionados con prisión, está prevista como  obligatoria  la  inhabilitación,  que  se  cumple de hecho, es decir, fuera del  derecho,  mientras  se  paga  la  de  prisión,  y, culminada ésta, comienzan a  correr  los  términos  fijados  para  ella  en la sentencia, hasta por un plazo  máximo      de     veinte     (20)     años.»16.   

Conforme  con  lo  anterior,  aunque no se  explicite  en  el  fallo, la imposición de la pena accesoria de inhabilitación  para   el   ejercicio   de   derechos   y  funciones  públicas,  se  cumple  de  hecho.   

La censura no prospera.  

Segundo cargo (Subsidiario).  

Con  base  en  la causal tercera17    del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  arguye  el  libelista la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  por  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia  probatoria  por  omisión  o  defecto, debido a la transgresión del  artículo 382 de la misma normatividad.   

Sostiene que en la sentencia condenatoria se  omitió  intencionalmente  el  testimonio allegado oportunamente de Esther Julia  Gallo  de Ruiz, Gerente de la empresa TAX ANDALUZ donde laboraba el procesado en  la  fecha  de  los  hechos,  el cual constituía una situación exculpante de su  actitud respecto de los sucesos.   

De acuerdo con la pedagogía jurisprudencial,  el  error  de  hecho por falso juicio de existencia impone la obligación de que  quien  lo  invoca  acepte  la  validez  de los respectivos medios de prueba y la  ausencia  de  tarifa  legal  sobre  los  mismos.  La  Sala  ha  establecido que:   

‹‹[…] ocurre  cuando  el  juez  deja  de  apreciar  el contenido de un medio de prueba legal y  oportunamente  adosado  a  la actuación (falso juicio  de  existencia  por  omisión),  o  hace  precisiones  fácticas  extrañas  a  los  elementos  de prueba obrantes, o que atribuye a un  elemento  de  persuasión  que en verdad no reposa en el expediente (falso    juicio   de   existencia   por   suposición).››   

En efecto, para  acreditar  este  tipo  de  desacierto,   es   preciso   indicar   dentro  del libelo el lugar del proceso  en   el   que  se  halla  adjunto  el  medio  de  prueba omitido y su contenido, o destacar la concreción  fáctica  plasmada  en  el  fallo  y que carece de acreditación con las pruebas  allegadas,  o  cuya  demostración se atribuyó a una  prueba   ajena  a  la  actuación.  Así  mismo,  su  invocación  requiere  la  ilustración  de  cómo el  yerro  fue determinante de una conclusión jurídica  equivocada,  pues  una  nueva  valoración de manera  racional  y  en  conjunto  con  las  demás  pruebas,  llevaría a una solución  favorable al recurrente.   

‹‹La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores exige que el cargo se desarrolle  conforme  a las directrices que de antaño ha desarrollado la Sala, en especial,  aquella  que  hace  relación  con  la trascendencia del error, es decir, que el  mismo      fue      determinante     del     fallo     censurado”.››18   

En  el  presente  asunto,  además  de  no  apreciarse  dentro de la demanda de casación los aspectos que la jurisprudencia  ha  establecido  como  relevantes  a  la hora de invocar dicha incorrección, se  evidencia  que  el fallador si valoró el testimonio que según el inconforme se  omitió,  aunque  no le hubiese dado la fuerza suasoria querida o pretendida por  el profesional.   

Así  se constata en el folio 150, en donde  el  juez  plural  destacó  que  lo  manifestado  por  la  empresa  era insulso,  insuficiente  e  irrelevante para soportar una absolución, toda vez que además  de  no  tratarse  de  cualquier  objeto  el  hallado,  lo que dicha declaración  aportaría    a    la    investigación   era   poco.   Así   lo   sostuvo   el  Tribunal:   

‹‹         [P]ara comenzar, no es cualquier objeto  el  que  se  hallaba  en el taxi, por lo que la referencia a que los taxistas no  están  obligados a revisar lo que los pasajeros ingresen al automotor, también  por    recomendación    de    la    misma   empresa,   se   torna   insulso   e  irrelevante.››19   

En definitiva, la Corporación constata una  evidente  violación  al  principio  de  identidad en la sustentación del cargo  propuesto que impide la prosperidad del ataque.   

Tercer cargo (Subsidiario).  

Basado  en  la  tercera  causal20    del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, el defensor invoca violación indirecta de  la  ley sustancial consistente en error de hecho por falso juicio de raciocinio,  por  vulneración el artículo 404 ejusdem.   

Para    el    recurrente   ‹‹[e]l  fallador       [ad  quem]  distorsiona la prueba  argumentando  reglas  de  la  lógica y de la experiencia utilizadas erradamente  dentro     de    la    prueba    indiciaria››21,  toda  vez  que a su juicio  existe  una  clara  vulneración  cuando la sentencia de segunda instancia no se  fundamenta  en  probanzas legales y oportunamente allegadas, sino que se asienta  en   supuestas   inverosimilitudes  existentes  en  el  testimonio  de  ARROYAVE  BETANCUR.   

Antes de entrar en materia en el ataque del  actor  a la decisión del juez de segundo nivel, se debe resaltar que el yerro o  error  de  hecho  por falso juicio de raciocinio tal y como la jurisprudencia lo  rememora,   se   materializa   cuando  el  fallador,  al  apreciar  el  conjunto  probatorio,  desconoce principios básicos de la sana critica, los cuales están  conformados  por  las  reglas  de  la experiencia, los postulados lógicos y las  leyes de la ciencia.   

Ha dicho la Sala que:  

‹‹…  el falso raciocinio difiere de  los  anteriores  [falso juicio de existencia y falso  juicio  de  identidad]  en  que  el  medio de prueba  existe  legalmente  y  su  tenor  o  expresión  fáctica  es aprehendida por el  funcionario  con  total  fidelidad,  sin embargo, al valorarla, al sopesarla, le  asigna  un poder suasorio que contraviene los postulados de la sana crítica, es  decir,  las  reglas  de  la  lógica,  las  máximas de la experiencia o sentido  común,  o las leyes de las ciencias, y en tales eventos el demandante corre con  la  carga  de  demostrar  cuál  postulado  científico, o cuál principio de la  lógica,  o  cuál  máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e  igualmente  tiene  el deber de indicar cuál era el aporte científico correcto,  o  cuál el raciocinio lógico, o cuál la deducción por experiencia que debió  aplicarse   para   esclarecer   el   asunto.››22   

Así,  alegar  en  casación  este error de  hecho  implica  para su demostración: (i) definir en concreto cuál es la regla  de  la  experiencia,  principio  lógico o postulado científico inadecuadamente  utilizado  por  el  fallador;  (ii)  identificar  cuál  es el adecuado y; (iii)  expresar  cómo  incide  ello en la decisión final.23  Lo  anterior  se  lograría  adelantando  un examen probatorio en conjunto, a fin de definir si expurgando el  vicio ya no habría lugar a la condena impuesta.   

En   el   asunto  del  que  se  ocupa  la  Colegiatura, el censor pasó  por  alto lo que al invocar este tipo de error se requiere, ya que si bien ataca  las  «reglas  de  la  experiencia»  utilizadas  por  el  juzgador,  no pone de  presente  otras que desvirtúen lo manifestado, sino que se centra en enunciados  caprichosos y sin fundamento.   

La Corte ha sido reiterativa en precisar las  máximas de experiencia:   

‹‹Las  reglas  de  la  experiencia  se  configuran  a  través  de  la  observación  e  identificación  de un proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias  similares en un contexto  temporo  – espacial determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad,  que  sólo se exceptúan frente a condiciones especiales que introduzcan cambios  en  sus  variables  con  virtud  para  desencadenar  respuestas  diversas  a las  normalmente esperadas y predecibles.   

Así   las   cosas,  las  reglas  de  la  experiencia         corresponden         al        postulado        ‘siempre   o  casi  siempre  que  se  presenta   A,   entonces,   sucede  B’,   motivo   por   el   cual   permiten   efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el acontecer que sobrevendrá  a  la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los segundos,  predicables  de  la  posibilidad de establecer a partir de la observación de un  suceso   final   su   causa   eficiente   (retrospección)   ››.24   

Aun  obviando la falta a la técnica por el  recurrente,  la  Sala  examinará  las  reglas de la lógica y de la experiencia  contrariadas  por  el  defensor,  para lo cual, iniciará analizando en conjunto  dos    de    ellas:    i)  el  alto  costo  de  la  droga  incautada  no permite  inferir  la huida intempestiva del imaginario pasajero;  y,       ii)25 el  abandono  presuroso del automotor por parte del pasajero después de recibir una  llamada,  metros  antes  de  la  orden  de “pare” de la policía, es de poca  credibilidad  debido al valor de la droga que haría difícil su abandono según  los juzgadores.   

Centrándonos  por el momento en la primera  «regla»,  el  defensor  aduce  que  el  costo  de  la droga no es ni prueba ni  axioma,  toda  vez que el mismo no fue demostrado y no es posible hacerlo dentro  del mundo judicial.   

Evaluando  la  decisión  del  ad  quem,  se advierte que lo manifestado  en  la  sentencia  se  refiere a que ‹‹el abandono  imprevisto  del automotor carece de credibilidad, pues siendo una carga de droga  altamente  valiosa  es incongruente que su propietario o tenedor la abandone sin  ningún      tipo      de     explicación››26.   

Al respecto, debe tenerse de presente que si  bien  no  se  estimó  el  valor real del narcótico incautado sí se tenía con  exactitud             su             peso27,  y  bien  es  sabido por la  población  en  general,  que  el  abandono,  pérdida,  extravío  o  cualquier  desmejora  que  tenga este tipo de mercancía se paga de forma poco convencional  y  drásticamente.  Por  tal  motivo, la Sala acoge el enunciado del juzgador de  segundo  nivel en cuanto a que es poco creíble que el estupefaciente llevado en  el  baúl  de  vehículo  haya sido abandonado de manera repentina, tanto por la  cantidad    como    por    las    consecuencias    que   dicho   proceder   trae  consigo.   

Respecto de la segunda proposición ya antes  mencionada,  el  libelista, a fin de contrariar lo mencionado por el juzgador de  segundo  nivel,  afirma  la existencia de otras «reglas de la experiencia» que  según  él  sí  tienen  asiento  en  el  mundo  real como lo son: ‹‹¿[e]s  común  que  la  policía  de  vigilancia  detenga  taxis  sin  pasajeros  y  en  movimiento?,  ¿[t]iene o no  razón  la  huida  del  pasajero si tan solo cincuenta metros más delante de su  inesperada  bajada  detuvo  al  taxista  la  Policía  Nacional?, ¿[s]i  la  huida  del  pasajero era por la  llamada  recibida,  posteriormente huye por un lugar poblado igualmente lleno de  policía,  tenía  objeto  llevarse  esa  bolsa  que  había  guardado  y la que  posiblemente  lo  puso  a  correr?,  ¿[p]or   qué   los  Policías  detienen  ese  taxi,  y  por  qué  van  directamente  a  revisar el baúl del rodante?››28   

Estas supuestas reglas de la experiencia en  las  que  el  actor  funda  su parecer sobre lo ocurrido, son en realidad frases  cuestionadoras  que  no identifican un axioma como tal, y no demuestra que ellas  en  verdad  tienen  dicho carácter. La omisión en la que incurre el recurrente  hace  saber  a  la  Colegiatura  que  olvida que los apotegmas de la experiencia  tienen  una  entidad  definida,  es  decir,  no  pueden  corresponder o siquiera  asemejarse  a  simples enunciados imprecisos, personales y caprichosos por parte  de      quien      demanda      en     casación29.   

Por  tanto,  la  Corporación  no encuentra  razón  alguna que la obligue o habilite a pronunciarse sobre simples enunciados  postulados  por  el  recurrente  para  cuestionar la sentencia de segundo nivel.   

ii) Del  modus operandi de las bandas criminales respecto del transporte  del  objeto  incautado,  se  infiere  que  acuden  a  este tipo de personas y de  vehículos. En este punto advierte con gran vehemencia  el  censor  que  tal  afirmación es una presunción de mala fe, ya que no se ha  probado  que  el medio ilícito del narcotráfico esté inmerso en el transporte  público totalmente.   

Respecto  de  este  segundo  enunciado,  el  juzgador   afirmó   que   la  cantidad  ‹‹genera  conductas  de  cautela  y  cuidado para su transporte y custodia. Comulga con la  experiencia  general  su transporte y disposición a personas de confianza, no a  extraños  […]  pues  se  pondría  en  riesgo  el  éxito  de  la  operación y la impunidad […].  Entonces,  que  el acusado hacía  parte  de  ese plan delictivo doloso de transporte de droga, está acorde con el  obrar    ordinario    de    este    tipo   de   organización.››30.   

Vale  afirmar, que los testimonios sobre la  conducta  intachable  del  procesado,  rendido  por Jhon Jairo Gallego Agudelo y  Ramiro  Antonio  Zapata  Alzate  (colegas),  y Cruz Pubenza Betancur de Arroyave  (madre  del  acusado y propietaria del vehículo), tuvieron poca fuerza suasoria  teniendo   en   cuenta  los  hechos,  al  considerar  que  sus  atestaciones  no  correspondían necesariamente con la realidad.   

          Teniendo   en   cuenta   la   forma  de  actuar  de  éste  tipo  de  organizaciones,  para  la  Corte  no es para nada descabellada la inmersión del  transporte  público  como  medio  para  desviar,  despistar y desorientar a las  autoridades,  por  lo  que  la  Sala ratifica lo manifestado por el ad  quem, no solo porque con este tipo de  vehículos  se  logre  con  mayor  facilidad  pasar  inadvertido, sino porque es  indudable  que  el  pasajero  que transporta un paquete pequeño sea cual sea su  contenido  no  lo  guarda  en  el  baúl,  a  menos  que quien sea el dueño del  vehículo  y  al  mismo  tiempo  del  paquete así lo determine; es decir, no es  coherente  pensar  que  un  envoltorio que pesa un poco más de tres kilos y que  supuestamente  es  de  propiedad  de  un  pasajero, decida guardarlo en el baúl  sabiendo que cabría perfectamente en la parte delantera del carro.   

iii)  El  pasajero  era imaginario, ya que  para  el  fallador  de  segundo grado, la autoría del ilícito es de una única  persona.  En  este  ámbito el recurrente alega que la  existencia  del  pasajero  era  verificable  en  el  momento  y  que  afirmar lo  contrario   es   una  inferencia  mental  maligna  por  parte  del  ad  quem, puesto que se sale de las reglas  de  la experiencia sostener, por el hecho de que éste se bajó rápidamente del  vehículo sin maleta y sin pagar la carrera, que no existe.   

La  judicatura  manifestó que ‹‹[n]o  causa  ninguna  credibilidad  esa conducta atinente a un imaginario pasajero que  dejó  una  carga  valiosa  de  droga  en  su  automotor  sin  ningún  tipo  de  explicación  y  con  un  acusado  pasivo  e  indiferente  que  continuó con la  conducción        del        automotor››31.  Esta Sala encuentra razón  en  las  consideraciones  del  Tribunal  por las mismas razones expuestas en los  puntos  anteriores,  es  decir,  resulta  poco creíble y aceptable hablar de la  existencia  de un pasajero con el que anduvo unas pocas cuadras y al «finalizar  la  carrera»,  tanto  este  como  el  conductor olvidan la maleta o paquete del  baúl,  no  solo  por  el traslado corto que supuestamente realizó, sino porque  abrir  el  baúl  implica  la  conciencia  del conductor para hacerlo, ya que lo  tenía  que  realizar  desde  su  puesto o dirigiéndose directamente hacia él.   

v)  El olvido del conductor respecto de la  droga  ilícita,  después  de  que  el pasajero lo abandonara, hace advertir al  fallador  de  segunda  instancia que no se trata de un verdadero olvido, sino de  una  guarda  directa  del  objeto  incautado. Afirma el  libelista  que  tal  «regla lógica» tiene su refutación en verdaderas pautas  de  la  lógica  y  la experiencia tendientes a afirmar que en los pasajeros del  transporte  público  es recurrente que se les olvide elementos de valor, por lo  que  si algo se les olvida, lo mismo le puede ocurrir al conductor. Es decir, lo  anterior  refleja  una conducta del común, humana y padecida por la sociedad, y  por  tanto,  no  es  compartida  la  premisa  de  que  el conductor haya querido  apropiarse  de  la  carga  dolosamente  haciéndola suya o que lo encontrado por  otra persona sea tenido como suyo.   

En este punto, el juez plural afirmó en su  decisión   que  ‹‹más  irrazonable  resulta  el  comportamiento  del  acusado,  que indiferente al sujeto con el anduvo un par de  cuadras  y  a  la carga que tenía en baúl, opte por continuar el transporte de  la  misma,  sin habérsele generado la más mínima inquietud.››32.  Para  la  Sala,  si  bien  es cierto que en el transporte público en reiteradas ocasiones  aparecen  objetos  que  sus  pasajeros  dejan, ya sea por olvido o por descuido,  cuando  estos  ya  han  abandonado  el  vehículo, ello no sucede cuando ha sido  corto  el  trayecto y cuando tanto el conductor como el supuesto pasajero dueño  del  paquete,  han sido lúcidos en guardar la maleta en el baúl sin olvidar lo  que   la   pérdida   o   extravío   de  dicho  bien  puede  acarrear  para  el  transportador.   

De  igual  forma, si bien puede un pasajero  bajarse  del  transporte  público  sin  haber cancelado el pasaje, no ocurre lo  mismo  tratándose  de  un  taxi,  ya  que,  el  diario  vivir  muestra  que los  conductores  de  éste  tipo  de  vehículos  no  emprenden la marcha sin que el  pasajero  les  haya  cancelado el valor de la carrera prestada. Por lo anterior,  la Sala no encuentra razón en lo alegado por el libelista.   

vi)  Finalmente,  según  el  magistrado las manos de ARROYAVE BETANCUR  en  la  cabeza  al  descubrir  el  contenido  del  paquete incautado, lo hizo al  sentirse   sorprendido,   lo   cual   es   común   en  estos  casos.   Sostiene  el  defensor que es común, normal y aceptado que  cuando  alguien  recuerde  algo,  en señal de sorpresa o preocupación se lleve  las   manos  a  la  cabeza  o  realice  cualquier  otra  expresión  de  olvido.   

En  este  aspecto  advierte la Sala, que no  existe  afirmación  tal  o  siquiera semejante en la sentencia del ad  quem  acerca  del  comportamiento del  condenado33,  razón  por  la cual no se hará mención al mismo, dejando claro  que  tienen  total  validez,  coherencia  y  fuerza  suasoria  los razonamientos  expuestos en la decisión acusada.   

Por  todo  lo  anterior,  la  Corporación  inadmitirá  la  demanda  de  casación  que  se  estudia pues no cumple con los  requisitos   mínimos   referidos  a  la  debida  sustentación  de  los  cargos  propuestos,  debida  postulación  y  fundamentación  y  satisfacción  de  los  presupuestos  básicos  de  idoneidad sustancial necesarios para la realización  de los fines del recurso.   

Insistencia.  

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en  el  artículo  184  inciso segundo ejusdem,  en  la  oportunidad, forma y términos precisados por la Corte en  reiterada               jurisprudencia34   

.  

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

                    

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   CARLOS      GREGORIO      ARROYAVE  BETANCUR.   

Contra    la   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 25 reverso del cuaderno.   

2 Ley  906  de  2004  Artículo 181: ‹‹2. Desconocimiento  del  debido  proceso  por  afectación  sustancial  de  su  estructura  o  de la  garantía debida a cualquiera de las partes››.   

3 Ley  906  de  2004  Artículo  181:  “3.  El  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia”.   

4 Ley  906  de 2004 Artículo 382: “MEDIOS DE CONOCIMIENTO.  Son  medios de conocimiento la prueba testimonial, la prueba pericial, la prueba  documental,  la  prueba  de  inspección,  los elementos materiales probatorios,  evidencia  física,  o cualquier otro medio técnico o científico, que no viole  el ordenamiento jurídico.”   

5 Ley  906  de  2004  Artículo  181:  “3.  El  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia”.   

6 Ley  906   de  2004  Artículo  404:  “APRECIACIÓN  DEL  TESTIMONIO.  Para  apreciar  el  testimonio,  el  juez  tendrá  en  cuenta  los  principios   técnico   científicos  sobre  la  percepción  y  la  memoria  y,  especialmente,  lo  relativo  a la naturaleza del objeto percibido, al estado de  sanidad  del  sentido  o  sentidos  por  los  cuales se tuvo la percepción, las  circunstancias  de  lugar,  tiempo  y  modo en que se percibió, los procesos de  rememoración,  el  comportamiento  del  testigo  durante el interrogatorio y el  contrainterrogatorio,     la     forma     de     sus     respuestas     y    su  personalidad.”   

7 Cfr.  Folio 174 del cuaderno.   

8 Cfr.  Folio 180 del cuaderno   

9 Ley  906  de  2004, Artículo 181: ‹‹2. Desconocimiento  del  debido  proceso  por  afectación  sustancial  de  su  estructura  o  de la  garantía debida a cualquiera de las partes››.   

10  Constitución    Política    de    Colombia,    Artículo    29:   ‹‹El  debido  proceso  se aplicará a toda clase de actuaciones  judiciales  y  administrativas.  Nadie  podrá ser juzgado sino conforme a leyes  preexistentes  al  acto  que se le imputa, ante juez o tribunal competente y con  observancia    de    la    plenitud    de    las    formas   propias   de   cada  juicio…››   

11  Cfr. CSJ. AP. de 30 de julio de 2014, Rad. 43568.   

12  Cfr.  CSJ. SP. de 13 de febrero de 2003, Rad. 11412; CSJ. SP. de 17 de agosto de  2006,  Rad.  23796;  CSJ. SP. de 23 de enero de 2008, Rad. 28301; CSJ. SP. de 10  de marzo de 2010, Rad. 30361, entre otras.   

13  Ídem.   

14  Ídem.   

15  Cfr. Folio 23 de la carpeta.   

16  Cfr. CSJ. SP. de abril 26 de 2006, Rad. 24687.   

17 Ley  906  de  2004  Artículo  181:  “3.  El  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia”.   

18  Cfr.   CSJ.  AP.  de  13  de  julio  de  2007,  Rad.  27737;  CSJ.  AP. de 23 de julio de 2007, Rad. 27810;  CSJ. AP. de 30 de septiembre de 2015, Rad. 46797; entre otros.   

19  Cfr. Folio 150 del cuaderno.   

20 Ley  906  de  2004  Artículo  181:  “3.  El  manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia”.   

21  Cfr. folio 174 del cuaderno.   

22  Cfr.   CSJ.    AP.,  de 10 de octubre de 2007,  Rad. 22597.   

23  Cfr. CSJ. AP., de 9 de septiembre de 2015, Rad. 46629.   

24  Cfr. CSJ. SP de 28 de septiembre de 2006, Rad. 19888   

25  Correspondiente al cuarto aspecto de ataque de la demanda.   

26  Cfr. Folio 150 del cuaderno   

27  Cfr. Reverso del folio 25 del cuaderno.   

28  Cfr. Folio 179 del cuaderno.   

29  Cfr. CSJ. AP. de 26 de agosto de 2015, Rad. 37047.   

30  Cfr. Folio 150 del cuaderno.   

31  Cfr.   Folio   sin   numeración,   ubicado   entre  folios  150  y  151  de  la  carpeta.   

32  Ídem.   

33 La  referencia  a  la  gesticulación  del  procesado  se  realizó  en la sentencia  absolutoria  de  primera  instancia  a  folios  11  y  15 de la decisión, en el  sentido  de  que  una  persona conocedora de lo que transportaba no reacciona de  esa forma.   

34  Cfr.  CSJ.,  SP., de diciembre 12 de 2005, Rad. 24322; de septiembre 28 de 2011,  Rad. 33181; y de  octubre 17 de 2012, Rad. 34946, entre otras.     

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