AP2424-2016(47223)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP2424-2016  

Radicación n.° 47223  

(Aprobado Acta n.°  130)   

Bogotá  D.C.,  veinte  (20) de abril dos mil  dieciséis (2016)   

          I. ASUNTO   

Decide  la  Corte  el  recurso  de apelación  interpuesto    por   el  defensor,   contra  la  decisión  del  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de   Barranquilla,  de   fecha   27   de   octubre  de  20151, mediante  la cual negó las nulidades planteadas por el defensor del  doctor  MANUEL  HERNANDO MOLANO ROJAS, en el presente proceso que se le adelanta  por  los delitos de fraude procesal, falsedad ideológica en documento público,  prevaricato  por  acción,  revelación  de  secreto  y  violación  ilícita de  comunicaciones,   presuntamente   cometidos  en  su  condición  de  Fiscal  5°  Seccional    de    Soledad   (Atlántico).   

II. HECHOS  

Reseña  la  Fiscalía  en  el  escrito  de  acusación2,  que  quien  dijo  llamarse José Benítez Flórez, empleado de la  DIAN,  presentó ante la oficina de reparto de la Fiscalía Seccional de Soledad  (Atlántico) denuncia penal  en  contra  de  Jorge  Eduardo  Castillo  Santos,  Director Seccional de la DIAN  Barranquilla,   por   la  supuesta  emisión  de  resoluciones  de  traslados  y  reubicaciones  a  partir  del  10  de  marzo  de 2011, que constituían actos de  «acoso     laboral»,  investigación  que  avocó  el  doctor  MANUEL  HERNANDO  MOLANO  ROJAS,  en su  condición    de    Fiscal    5°    Seccional    de    Soledad    (Atlántico),    bajo   la   radicación  087586001258201200035.   

La  mencionada denuncia presentaba evidentes  inconsistencias,  tales como que el cupo numérico con el cual se identificó el  querellante,  no  había sido asignado por la Registraduría Nacional del Estado  Civil;  ninguna  persona  con  el  nombre  de José Benítez Flórez figura como  trabajadora  de  la  DIAN,  y para la fecha en que supuestamente fueron emitidas  las    resoluciones    constitutivas    de   «acoso  laboral»,  10  de  marzo de 2011, el denunciado Jorge  Eduardo   Castillo  Santos  no  fungía  como  Director  Seccional  de  la  DIAN  Barranquilla, pues su posesión ocurrió el 15 siguiente.   

El  doctor  MANUEL  HERNANDO  MOLANO  ROJAS  asumió  el  conocimiento  de  la indagación, sin mediar asignación o reparto,  aprovechando  su  calidad  de coordinador de la Unidad de Fiscalías de Soledad,  aduciendo   que   se  trataba  de  un  «caso        especial»,  obviando  la  remisión  de  la actuación, por competencia, a su  homólogo de la ciudad de Barranquilla.   

Se  agrega  que  no obstante que de la misma  denuncia  se  desprendía  que  los  hechos  relatados  no configuraban conducta  punible,   pues   el   «acoso   laboral»  no  se  encuentra  previsto  como delito en el Código Penal, el  funcionario  MOLANO  ROJAS  continuó  la  investigación,  en  cuyo  desarrollo  emitió  órdenes a policía judicial, dos agentes del CTI, e incluso dispuso la  interceptación  de   varios abonados telefónicos de los asesores de Jorge  Eduardo   Castillo   Santos,   sin   tener   fundamento   ni   competencia  para  ello.   

III. ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En  audiencia  celebrada el 11 de febrero de  20153,  la  Fiscalía  formuló  imputación  en contra del doctor MANUEL  HERNANDO  MOLANO ROJAS, por los delitos de fraude procesal, falsedad ideológica  en  documento  público,  prevaricato  por  acción, abuso de autoridad por acto  arbitrario   e   injusto,  revelación  de  secreto  y  violación  ilícita  de  comunicaciones,  en concurso homogéneo y heterogéneo. Cargos que no aceptó el  imputado.   

El  8  de  mayo  de ese año, el ente fiscal  radicó     el     escrito     de     acusación4.  La correspondiente audiencia  inició  el  22  de  septiembre  de  2015,  en  la cual el defensor solicitó la  nulidad de la actuación.   

Argumentó que mientras los hechos imputados  por  la  Fiscalía  ocurrieron  en  la  jurisdicción  del  Distrito Judicial de  Barranquilla,  las  audiencias  de  legalización  de  captura,  formulación de  imputación  y  solicitud  de  medida de aseguramiento fueron realizadas ante la  Juez  11  Penal  Municipal  de  Cartagena,  funcionario judicial que carecía de  competencia  territorial, de acuerdo con los artículos 39 y 43 de la Ley 906 de  2004.   

Agregó que el juez de Control de Garantías  también  violentó  el  principio  de  «igualdad de  armas»,   pues  permitió  al  representante  de  la  víctima  intervenir en las audiencias de legalización de captura, formulación  de  imputación  y  solicitud de medida de aseguramiento, cuando legalmente solo  puede  participar  en  esta  última,  con  el  exclusivo  fin  de  solicitar la  imposición de medidas que no haya demandado la Fiscalía.   

Adujo,   igualmente,  que  se  afectó  la  estructura   básica   del  proceso,  puesto  que  el  juez  en  las  audiencias  preliminares  permitió  al  Fiscal  imputar  cargos por los delitos de abuso de  autoridad  por  acto  arbitrario  e  injusto  y revelación de secreto, ambos de  carácter  querellable,  sin  que  exista denuncia penal sobre los mismos, ni se  agotara   el   requisito   de   procedibilidad,   referido   a   la   etapa   de  conciliación.   

Así  mismo, indicó que su procurado actuó  amparado  bajo  las  causales de ausencia de responsabilidad del artículo 32 de  la  Ley  599  de  2000,  numerales  3°  (obrando  en  estricto   cumplimiento  de  un  deber  legal)  y  5°  (actuando  en  legítimo  ejercicio de un derecho, de  una   actividad  lícita  o  de  un  cargo  público),  circunstancias  que no fueron aducidas por la Fiscalía ni valoradas por el juez  de  Control de Garantías, que al imponer la medida de aseguramiento desatendió  una  de  las  causales de libertad del «artículo 356  de la Ley 600 de 2000».   

Solicitó      la      «nulidad        del       escrito  acusatorio»   porque  el  Fiscal   carece   de   elementos   materiales  probatorios  que  sustenten,  con  probabilidad  de  verdad,  que  su  procurado  ejecutó  las  conductas punibles  imputadas.    Además,    el   documento   presentado   resulta   «ambiguo,  descalificante y generalizado»,  lo    que    impide    a    su   defendido   conocer   los   hechos   y   cargos  enrostrados.   

Finalmente, adujo que el Fiscal delegado para  el  presente  proceso no ha procedido con imparcialidad, pues igualmente tiene a  su  cargo  una  investigación contra Jorge Eduardo Castillo Santos, víctima en  este  proceso, la cual ya archivó por ausencia del hecho investigado, lo que le  impide actuar con objetividad y obliga a declarar la nulidad.   

La  diligencia continuó el 27 de octubre de  20155,   oportunidad  en  la  cual  el  Tribunal  denegó  las  nulidades  postuladas,  decisión  apelada  y sustentada por el defensor, cuyo recurso    concedió   el   A quo.   

IV. LA DECISIÓN APELADA  

El   Tribunal  indicó  que  la  Fiscalía  seleccionó  como  juez  de  Control  de Garantías a un funcionario de un lugar  diferente  al  de  la  comisión de los sucesos, amparada en motivos razonables,  dado  que  el  capturado fungía, para ese momento, como Fiscal 5° Seccional en  el   Distrito   Judicial  de  Barranquilla,  considerando  necesario  dejarlo  a  disposición  de  un  servidor  judicial  de  otra  ciudad,  para  garantizar la  imparcialidad del juez.   

Agregó que con la decisión de la Fiscalía  de  imputar  cargos  ante  funcionario  de  un distrito judicial distinto, no se  vulneró  garantía  fundamental  alguna  al  procesado, pues ello no afectó la  posibilidad   del   acusado   de   recolectar  o  aportar  elementos  materiales  probatorios para su defensa.   

Sostuvo  que  si el acusado o su defensor se  encontraban  inconformes  con  la competencia del juez, en la misma audiencia de  formulación  de  imputación debieron impugnarla, de acuerdo con lo previsto en  el  artículo  54  de  la  Ley  906  de  2004;  no  obstante,  con  su  silencio  consintieron    en    la   selección   del   funcionario   efectuada   por   la  Fiscalía.   

Respecto  a  la  alegada  vulneración  al  principio   de   «igualdad   de   armas»,  debido  a  que el juez de garantías permitió al representante  de  la víctima participar desde la formulación de imputación, recordó que la  Corte  Constitucional  ha sostenido que dicho interviniente puede estar presente  en  cualquier  etapa  procesal,  sin  que  ello  revierta  en desventaja para la  defensa.   

Referente a la solicitud de nulidad porque el  juez  de  Control  de  Garantías  permitió  a  la  Fiscalía  imputar  delitos  querellables,  sostuvo  que el procesado y su defensor, no controvirtieron en la  audiencia  de  formulación de imputación los cargos enrostrados por el titular  de la acción penal.   

Adujo que el delito de abuso de autoridad por  acto        arbitrario        e        injusto6, enrostrado en la audiencia de  imputación,  fue  retirado  de  la  acusación  precisamente  por  ausencia del  requisito   de   procesabilidad   de   la   conciliación,  lo  que  subsana  la  irregularidad presentada.   

Agregó  que el tipo penal de revelación de  secreto  igualmente  imputado,  no  requiere querella, como señala el defensor,  pues  este,  además  de contemplar una sanción privativa de la libertad, no se  encuentra  enlistado  en el catálogo del numeral 2° del artículo 74 de la Ley  906  de  2004,  por lo que «el cargo de nulidad aquí  cae  en  lo  que  se  puede  denominar  carencia  actual  de  objeto».   

Relacionado  con  la  supuesta irregularidad  derivada  de  que  la  Fiscalía  no  hubiera reconocido que el procesado actuó  amparado  en  dos  circunstancias de ausencia de responsabilidad, sostuvo que la  acusación  es  un  acto  de parte que no tiene control jurisdiccional, aunado a  que  aspectos  como  la  responsabilidad  penal,  serán  objeto de debate en el  juicio  oral,  por  ende,  emitir  un  pronunciamiento  en  el  presente estadio  procesal  excedería  las  facultades asignadas por la Constitución y la ley al  juez de conocimiento.   

Consideró  que  si  la  Fiscalía optó por  avanzar  en  la  investigación  hasta la etapa de imputación, ello obedeció a  que  no  encontró  demostrado  que  el  Fiscal  MANUEL  HERNANDO  MOLANO  ROJAS  estuviera  amparado en alguna circunstancia excluyente de responsabilidad penal,  lo   cual   no   implica   vulneración   a  las  garantías  fundamentales  del  acusado.   

Respecto  de  las  referidas falencias en el  descubrimiento   probatorio   realizado   por   la  Fiscalía,  el  A  quo aseveró que las censuras sobre ese  particular  deben  plantearse  al inicio de la audiencia preparatoria, cuando el  juez   verifique   si   el  titular  de  la  acción  penal  llevó  a  cabo  un  descubrimiento completo.   

Finalmente,  al  responder  el  reproche del  defensor,  referido  a la supuesta falta de imparcialidad del Fiscal del caso al  tener  a  su  cargo  dos  investigaciones, una en la cual Jorge Eduardo Castillo  Santos  figura  como  víctima,  y  otra  en  la  que aparece como indiciado, el  Tribunal   señaló   que  la  ley  no  prohíbe  dicha  situación,  pero  que,  «para     evitar     suspicacias     y     malos  entendidos»,  sugirió  al  funcionario separarse del  conocimiento de una de las dos actuaciones.   

Por tales motivos denegó las solicitudes de  nulidad presentadas por la defensa.   

V. SUSTENTACIÓN DEL RECURSO  

El defensor sostuvo  que    la   Fiscalía   carecía   de   motivos  para  realizar  las audiencias preliminares de legalización  de  captura, formulación  de  imputación  y  solicitud de imposición de medida  de  aseguramiento  en  una  ciudad  diferente  a  la  de aprehensión    del    investigado,   puesto    que    no   resulta   viable  presumir   que   todos   los   jueces   del       mismo       circuito  judicial  en  el  que  se  desempeñaba  como fiscal   el  doctor   MANUEL  HERNANDO  MOLANO  ROJAS,  estuvieran  parcializados.   

En contraste, con  el  traslado  inmotivado  se  afectó el derecho de defensa de su procurado, pues  ello  le  impidió presentar  elementos  probatorios en su  favor.   

Indicó  que  se  vulneró  el principio     a    la    «igualdad     de    armas»    entre    defensa   y   Fiscalía,  pues    la   juez   de   Control  de  Garantías  permitió  al  representante  de las víctimas solicitar  la    imposición    de    una   medida   de   aseguramiento   que  igualmente  demandó      la      Fiscalía,     cuando  la ley prevé que la postulación      del     perjudicado  se  limita  a la petición de medidas no consideradas     por     el titular de la acción penal.   

Agregó que el funcionario que presidió las  audiencias  preliminares,  al permitir a la Fiscalía  imputar  cargos  por delitos querellables,  cuyos requisitos de proseguibilidad no  fueron  agotados,  violentó el derecho de defensa del  acusado,   pues  la  solicitud  de  medida  de  aseguramiento  se      fundamentó     en esos tipos penales.   

Reiteró  que  la  Fiscalía  afectó  las  garantías  fundamentales  del vinculado, al no reconocer que actuó amparado en  dos  causales  de  ausencia  de responsabilidad previstas en el artículo 32 del  Código  Penal,  pues,  en su criterio, resulta inadmisible que el imputado deba  esperar  hasta  el final del juicio oral para que se observen las circunstancias  exculpatorias,  a  pesar  de  considerarlas  demostradas desde los albores de la  investigación.   

Señaló  que  el  escrito  de acusación es  ambiguo,  pues de este no se desprenden los hechos específicos sobre los cuales  versó  la  imputación,  en  especial,  respecto  del  delito de revelación de  secreto,  en  tanto  no  se  menciona  cómo  y en qué circunstancias el Fiscal  MOLANO    ROJAS   entregó   la   información   reservada   publicada   en   la  prensa.   

Como último punto motivo de inconformidad,  destacó  que el Fiscal del  caso  sigue  varios procesos en contra de Jorge  Eduardo  Castillo  Santos,  Director  Seccional  de  la  DIAN  Barranquilla,  quien  funge  como víctima en la presente actuación, por lo que  la   imparcialidad  de  dicho  funcionario  se  encuentra  comprometida  al  ser  investigador  en  unas diligencias y guardián de los derechos de la víctima en  este caso.   

Con base en tales motivos, solicitó declarar  la  nulidad  de  la  actuación  y  en  consecuencia, decretar la libertad de su  procurado.   

VI.    PLANTEAMIENTOS    DE    LOS    NO  RECURRENTES   

1.  El  Fiscal  expuso  que  el  recurrente no  demostró  la  trascendencia  de  las  supuestas irregularidades planteadas como  sustento  de  la  pretensión de nulidad. Agregó que respecto de la ausencia de  competencia  del  juez  de  Control  de  Garantías,  la  ley  permite al Fiscal  realizar  audiencias  preliminares  ante cualquier funcionario de esa categoría  en el territorio nacional.   

Sostuvo  que  en  el  presente  evento,  no  formuló   imputación   al  procesado  ante  un  juez  de  Barranquilla,  donde  sucedieron  las  capturas,  sino en la ciudad más cercana, Cartagena, porque su  despacho  Fiscal  igualmente  adelantaba una investigación contra varios jueces  de  aquella  ciudad,  que posteriormente culminó con trece capturas, motivo por  el  cual,  no  se  hallaba  garantizada  la imparcialidad de los funcionarios de  Barranquilla.  Sin  embargo,  no  pudo  mencionar  esa  razón  en la respectiva  audiencia preliminar, para no comprometer dicha actuación.   

Indicó  que  la  imputación  es un acto de  parte  que  compete  exclusivamente  a  la  Fiscalía,  y  que los cargos en esa  audiencia  fueron deducidos de manera clara y sucinta, al punto que el acusado y  la   defensa   técnica   manifestaron   entenderla   y   no  postularon  reparo  alguno.   

Agregó  que  la  calificación jurídica en  sede  de  formulación  de  imputación  es de carácter provisional, por lo que  puede  ser  modificada  en  etapas  subsiguientes, lo que ocurrió en este caso,  pues  en el escrito de acusación fue retirado el delito querellable previamente  enrostrado, situación que no vicia las diligencias preliminares.   

Adujo  que  la  acusación  efectuada por el  Fiscal  no  tiene control jurisdiccional por ser un acto de parte, no resultando  viable  pretender  la  nulidad de dicha pieza procesal, solo porque la Fiscalía  no  reconoció  al  enjuiciado dos circunstancias de ausencia de responsabilidad  que no concurren, como lo pretende el defensor.   

Consideró  que  con  la  participación del  representante  de  la  víctima  y  del  Ministerio  Público  en las audiencias  concentradas,    no    fue    vulnerado    el    principio   de   «igualdad  de  armas»,  en  tanto  dichos  intervinientes  tienen  la  facultad para actuar en cualquier fase del proceso y  oponerse  a  las  pretensiones  de  la  defensa,  sin que ello lesione garantía  fundamental alguna del acusado.   

Sostuvo  que  si bien el despacho fiscal que  regenta,  tiene  a  su  cargo  una  investigación  en  contra  de Jorge Eduardo  Castillo  Santos, quien en este proceso funge como víctima, dicha actuación ya  se  encontraba  archivada  cuando  ésta le fue asignada y por ende no practicó  pruebas  ni  adoptó  decisión  alguna,  lo cual deja sin soporte la pretendida  imparcialidad suya (del Fiscal) en las presentes diligencias.   

Con  base  en  dichos  argumentos  solicitó  confirmar la decisión recurrida.   

2.  El  representante  del  Ministerio Público  indicó   que  la  Fiscalía  tenía  un  motivo  razonable  para  realizar  las  audiencias   preliminares   ante   un   juez   diferente  al  del  sitio  de  la  captura.   

Agregó  que  tanto  el  representante  del  Ministerio  Público  como  el  de  la  víctima, pueden intervenir en cualquier  etapa   del   proceso,   lo   que   no   afecta   garantías  fundamentales  del  acusado.   

Reprochó la solicitud de nulidad del escrito  de  acusación  presentada por la defensa, pues la audiencia de formulación del  mismo  es  el  escenario  para  que el Fiscal aclare, modifique o adicione dicha  pieza  procesal,  lo  que  torna  abiertamente  improcedente  la pretensión del  recurrente.   

Con  fundamento en dichas razones solicitó  mantener incólume la providencia apelada.   

3.  El  representante  de  la víctima aseveró  que  el  defensor no señaló de qué manera resultaron afectadas las garantías  fundamentales  del  acusado  con  el cambio de sede para realizar las audiencias  preliminares.   

Agregó que la Fiscalía realizó una clara  reseña  fáctica  y  jurídica  en el escrito de acusación; no obstante, si el  defensor  tiene  algún  reparo  frente  dicha pieza procesal, debe solicitar la  aclaración,   modificación   o   adición   de   la  misma,  en  la  audiencia  respectiva.   

En   dichos   términos   solicitó   la  confirmación del auto apelado.   

VI. CONSIDERACIONES  

La  Corte  es  competente  para resolver el  recurso  de  apelación interpuesto por la defensa contra la providencia dictada  en  este  proceso,  de  conformidad  con  lo  establecido  en el numeral 3º del  artículo  32 de la Ley 906 de 2004, por cuanto versa sobre un auto proferido en  primera instancia por el Tribunal Superior de Barranquilla.   

Sobre  la  nulidad  de  las  audiencias  de  legalización  de  captura, formulación de imputación y solicitud de medida de  aseguramiento, por incompetencia del juez.   

El  defensor  considera que las diligencias  realizadas  ante  la  juez  de  Control de Garantías de Cartagena (Bolívar)   son   inválidas,   pues  la  Fiscalía  carecía  de  motivo  razonable  alguno  para  no efectuarlas ante el  homólogo  de  Barranquilla,  donde  fue  aprehendido  el doctor MANUEL HERNANDO  MOLANO ROJAS.   

El inciso primero del artículo 39 de la Ley  906  de  2004,  modificado  por  el  48  de  la  Ley  1453  de 2011, dispone que  «la función de control de garantías será ejercida  por   cualquier   juez   penal   municipal»,  premisa  normativa  que  ha  sido  interpretada  por  esta corporación en los siguientes  términos   (CSJ  AP,  26  oct.  2011,  Rad.  37.689,  reiterada  en  CSJ  AP  2636, 20 may. 2015, rad. 45.747, entre otras):   

(…) la norma estableció una competencia  nacional  para  los  jueces de control de garantías, de forma que cualquiera de  ellos  está  facultado  para  ejercer  dichas funciones, independientemente del  lugar  donde ocurran los hechos. Tal entendimiento lo confirma la exposición de  motivos  que sirvió de base a la presentación del proyecto que culminó con la  expedición  de  la  Ley  1453  de  2011.  En  efecto,  en  punto a las reformas  promovidas    para    el    procedimiento    penal,   se   señaló   allí   lo  siguiente:   

“…   Se  eliminan  las  reglas  de  competencia en relación con los jueces de control de  garantías  que  muchas veces crea caos y confusiones injustificadas,   lo  cual  reduce  obstáculos  y  permite  utilizar  jueces  de  ejecución      de     penas     de     reacción     inmediata     (sic) para operar en cualquier parte del  país”   (subraya   la   Sala)   (sic).   

Lo  anterior significa que en este momento  resulta  inaplicable, por derogatoria tácita, la segunda parte del artículo 54  de  la  Ley  906 de 2004, en cuanto la misma autorizaba adelantar el trámite de  definición  de  competencia  en  los casos del artículo 286 ibídem, es decir,  cuando se tratara de la audiencia de imputación.   

Así mismo, esta Corporación ha establecido  que  dicha  norma  no  faculta a la Fiscalía para escoger libremente al juez de  Control  de  Garantías, pues en todo caso, debe existir un motivo razonable que  justifique  acudir  ante  un funcionario distinto al del sitio donde ocurrió el  hecho.  Sobre  el particular ha señalado la Sala (CSJ  AP,   26  oct.  2011,  rad.  37.674,  replicado  en  CSJ  AP  3273,  10  jun.  2015,         rad.         46.125.):   

No  obstante  lo  anterior, la Corte debe  precisar  que  tal  modificación  normativa no puede llevar al despropósito de  que  la  escogencia del juez de control de garantías  sea  un  acto arbitrario o caprichoso de las partes e intervinientes, alejado de  todo  criterio razonable, pues ello implicaría autorizar la libre elección del  juez,   lo   que  comprometería  la  objetividad  de  la  Fiscalía  y  podría  generar   también  afectación del derecho a la defensa, cuando se acuda a  un   juez   de   garantías   muy   alejado   o   de  difícil  acceso  para  el  implicado.   (Resaltado  fuera de texto).   

De tal manera, es menester puntualizar que  la  función  de  control de garantías preferentemente debe ser ejercida por el  juez  del  lugar  donde se cometió la conducta. Sin embargo, ello no obsta para  que  pueda  cumplirla  un  funcionario  de  territorio  diferente,  siempre  que  exista alguna circunstancia especial que aconseje no  acudir   ante   el   juez   del   sitio   donde  ocurrió  el  hecho,  como  cuando el sujeto haya sido aprehendido en área distinta,  o   se   encuentre   privado   de  la  libertad  en  establecimiento  carcelario  de lugar diferente al de la comisión del acontecer  fáctico,  o  sea  en  otro  territorio  donde deban  recopilarse  las  evidencias  físicas  o  los  elementos materiales probatorios  pertinentes al caso.   

Lo  anterior quiere decir, que si bien es  cierto  la  ley  no  impone  que  el control de garantías tenga que ser siempre  realizado  por  un  juez  del  lugar  en el que ocurrió la conducta punible, de  todas   formas  la  intervención  de  cualquier  funcionario  judicial  de  esa  naturaleza,  en cada caso concreto, debe obedecer a la necesidad de proteger las  garantías  fundamentales  de  las  personas  que  pudieran verse comprometidas,  merced  a  la  ocurrencia de conductas delictuales sucedidas en su territorio, o  que  habiendo  ocurrido fuera de él, han de ser investigadas dentro del ámbito  de  su  jurisdicción,  lo  que  implica  en  una  u  otra forma, que exista una  conexión del hecho delictual con su sede funcional.   

En el caso que ocupa a la Sala, se evidencia  la  concurrencia  de  una  de  situación  excepcional  que  impulsó  a la  Fiscalía  a  comparecer ante un juez distinto al del lugar en el que acaecieron  los hechos o se produjo la captura.   

Al   respecto,   en   la   audiencia   de  legalización  de  la  aprehensión  del doctor MANUEL HERNANDO MOLANO ROJAS, el  ente  acusador  señaló  que para el momento de la misma, aquel se desempeñaba  como      Fiscal      5°      Seccional      de      Soledad      (Atlántico)7.   Además,  indicó  que  la  captura  del  procesado  se  produjo  en  la  ciudad de Barranquilla8.   

Las  anteriores  circunstancias  permiten  inferir  que  el  procesado  MOLANO ROJAS, en su labor como Fiscal, actuaba ante  jueces  de Soledad y Barranquilla, con las relaciones laborales y personales que  dicha  interacción conlleva, por lo que no es extraño que el órgano acusador,  con  el  fin de evitar posibles  impedimentos de los jueces, que retrasaran  el  trámite  de  legalización  de  captura, optara por realizar las audiencias  preliminares ante un juez cercano.   

Súmese a lo anterior, que para la época en  que  fueron  realizadas  dichas  audiencias, el ente acusador y concretamente el  mismo  Fiscal destacado para este caso, adelantaba una investigación preliminar  en  contra de varios jueces de Barranquilla por actos de corrupción9,   razón  adicional  para  que  escogiera una sede judicial distinta a la de comisión del  hecho y de la aprehensión.   

La decisión del titular de la acción penal  no  implica  que  este  presuma  que  todos  los jueces del Distrito Judicial de  Barranquilla  carecen  de  imparcialidad  para  asumir  el  caso,  sea por lazos  personales,  profesionales,  o  por  cuenta  de la investigación penal, como lo  señala  el  defensor,  sino  que  para evitar el vencimiento del término de 36  horas  ante  eventuales  impedimentos,  o que las diligencias fueran asignadas a  alguno  de  los  operadores  judiciales  investigados,  decidió  acudir  a  una  locación  donde  esas  posibilidades  fueran  menores,  ello  sin  afectar  los  derechos      de      defensa      y     contradicción     del     –para   entonces-  indiciado  que  se  hallaba privado de la libertad.   

No  puede  dejarse  de  lado  que  con  la  decisión  de  acudir  al  juez  de Control de Garantías de una ciudad próxima  para  evacuar  las audiencias preliminares, la Fiscalía procuró garantizar los  derechos  fundamentales  del  funcionario acusado, puesto que la cercanía entre  ellas,  Barranquilla  (sitio de la captura)  y  Cartagena  (sede  de las audiencias  concentradas),  permitió  al  doctor  MANUEL HERNANDO  MOLANO  ROJAS designar a un profesional del derecho que velara por sus intereses  y    pudiera    desplazarse    a    tiempo   para   la   realización   de   las  diligencias.   

Ahora  bien,  el defensor consideró que el  cambio  de  sede  afectó  el  derecho  de  contradicción  del  acusado pues le  impidió  recolectar  medios  probatorios  en  su defensa, pero omitió señalar  qué  medios  de  conocimiento  útiles  para  la  defensa, fueron imposibles de  recolectar  a  tiempo para presentarlos en las audiencias preliminares por causa  del   cambio   de   localidad,   lo   que  impide  entender  el  alcance  de  la  censura.   

Además, precisamente para que a la defensa  no  le  resultara difícil desplazarse al lugar en que fue aprehendido el doctor  MANUEL  HERNANDO  MOLANO  ROJAS,  la  Fiscalía escogió la ciudad de Cartagena,  pues  según  el  ente  acusador,  el  traslado desde allí a Barranquilla tarda  aproximadamente  una  hora,  lapso  que  permitía  al  abogado  transportarse y  desplegar  su  actividad  de recolección de medios cognoscitivos en caso de que  lo  requiriera, sin que en las audiencias concentradas hubiera dado a conocer la  imposibilidad  de  efectuar  dicha tarea por causa del tiempo de viaje requerido  (1 hora).   

En este orden de ideas, la Sala advierte que  la  Fiscalía  escogió  realizar  las  audiencias  preliminares ante un juez de  Control   de   Garantías  de  Cartagena,  lugar  distinto  al  de  los  sucesos  (municipio  de Soledad) y al  de     la     captura     (Barranquilla),  no  por capricho, como señala el recurrente, sino con el fin de  evitar  el  vencimiento  de  términos  por  cuenta de posibles declaratorias de  impedimento  o  ante  la  alta  posibilidad  de que el asunto llegara a manos de  funcionarios   que   estaban   siendo   investigados  penalmente  por  actos  de  corrupción,  motivos  razonables  que justifican la decisión del titular de la  acción penal.   

Por lo demás, no observa la Sala que dicha  situación  hubiere  afectado  garantías  fundamentales  del  imputado,  lo que  destina al fracaso la pretensión.   

Nulidad  por  la  supuesta  vulneración al  principio   de   «igualdad   de  armas»   

El     recurrente     considera  que  el  juez de Control de  Garantías  incurrió  en irregularidad al    permitir    que   el  apoderado de la víctima insistiera  en             la            imposición     de     una   medida   de   aseguramiento  ya  deprecada       por       la       Fiscalía,     pues     según    la  jurisprudencia   de   la  Corte  Constitucional,  aquel  interviniente  especial  solo   puede   demandar  medidas  no  pedidas  por  el  titular de la acción  penal,   lo   que   puso   en   desventaja   a   la  defensa.   

El  artículo  137  de  la  Ley 906 de 2004  dispone  que  las  víctimas  del  injusto,  en  garantía  de los derechos a la  verdad,  la  justicia y la reparación, tienen el derecho de intervenir en todas  las fases de la actuación penal.   

A  su vez, los artículos 306, 316 y 342 de  la  misma  codificación,  prevén  que  el  Fiscal  podrá solicitar al juez de  Control  de  Garantías  la  imposición de medida de aseguramiento al imputado,  acusado  o  enjuiciado,  normas  que  fueron objeto de control constitucional en  sentencia  C-209  de  21  de  marzo  de  2007,  jurisprudencia  invocada  por el  recurrente  y  que  extendió  tal facultad de postulación a la víctima. En la  providencia se señaló:   

8.3.  Observa la Corte que la solicitud de  medidas  de aseguramiento o de protección ante el juez de control de garantías  o  ante  el juez de conocimiento, según corresponda, tal como ha sido diseñada  en  la  Ley  906  de 2004, sólo puede hacerla el fiscal. Esta fórmula pretende  desarrollar  el  deber  de  protección  de  las  víctimas  establecido  en  el  artículo  250,  numeral  7  de  la Carta, en concordancia con el literal b) del  artículo 11 de la Ley 906 de 2004.   

No  obstante,  la fórmula escogida por el  legislador  deja  desprotegida  a  la víctima ante omisiones del fiscal, o ante  circunstancias  apremiantes  que puedan surgir y frente a las cuales la víctima  cuente  con  información  de  primera  mano  sobre  hostigamientos  o  amenazas  recibidas  que  hagan  necesaria  la imposición de la medida correspondiente, o  sobre  el  incumplimiento  de  la  medida impuesta, o la necesidad de cambiar la  medida  otorgada. Esto se aplica tanto a las medidas de aseguramiento como a las  medidas de protección en sentido estricto.   

Por  lo  tanto, esta omisión excluye a la  víctima  como interviniente especial, que por estar en mejores condiciones para  contar  con  información  de  primera  mano  sobre  la  necesidad de medidas de  protección  o  aseguramiento podría efectivamente solicitar al juez competente  la medida correspondiente requerida.   

8.4. No se vislumbra una razón objetiva y  suficiente  que  justifique esta exclusión. Permitir  la  solicitud  de medidas de aseguramiento o de protección directamente ante el  juez  competente  por  la  víctima,  sin  mediación  del fiscal, no genera una  desigualdad   de   armas,   no   altera  los  rasgos  fundamentales  del  sistema  penal  con  tendencia  acusatoria,  ni  implica una  transformación  del  papel  de  interviniente  especial  que  tiene la víctima  dentro  de  este  sistema  procesal penal. Antes bien, asegura en mayor grado la  adecuada  protección  de  la  vida,  integridad,  intimidad  y  seguridad de la  víctima,  de  sus  familiares  y  de  los  testigos  a  favor, así como de sus  derechos a la verdad, a la justicia y a la reparación.   

8.5.  Esta  omisión  genera  además  una  desigualdad  en  la  valoración  de  los  derechos  de  la víctima, al dejarla  desprotegida  en  circunstancias  en  las que deba acudirse urgentemente ante el  juez  competente  para  solicitar  la  adopción  de una medida de protección o  aseguramiento,   o   la   modificación  de  la  medida  inicialmente  otorgada.   

8.6. Finalmente, esta omisión entraña el  incumplimiento   por   parte   del   legislador  del  deber  de  configurar  una  intervención  efectiva  de la víctima en el proceso penal, en la medida que la  deja  desprotegida  en  circunstancias apremiantes o ante la omisión del fiscal  en  el  cumplimiento  de  su  deber  de  proteger  a las víctimas y testigos de  posibles  hostigamientos  o amenazas, y de solicitar las medidas necesarias para  promover  los  fines previstos en el artículo 308 de la ley, los cuales guardan  estrecha  relación con los derechos de la víctima a la verdad y a la justicia.   

Por lo anterior, y por el cargo analizado,  se  declarará  la  exequibilidad  del  artículo  306,  del artículo 316 y del  artículo  342 de la Ley 906 de 2004, en el entendido  de  que  la víctima también puede acudir directamente ante el juez competente,  ya  sea  el de control de garantías o el de conocimiento, según corresponda, a  solicitar    la    medida    respectiva.10   

De la jurisprudencia citada por el defensor  no  se  extrae  que  el máximo Órgano de la jurisdicción Constitucional   hubiera  establecido  que  la  víctima  solo  está facultada para solicitar la  imposición  de  medidas  de aseguramiento en forma subsidiaria a la pretensión  de  la Fiscalía, como afirma el apelante, ni prohibió al perjudicado coadyuvar  las  solicitudes  que  en  ese  sentido presente el ente acusador, pues la Corte  extendió  dicha  prerrogativa  al  sujeto  pasivo  del  delito,  sin  que  haya  especificado   que   esa   potestad   esté   supeditada   en  forma  alguna  al  comportamiento procesal de la Fiscalía.   

Ello  tiene  su  explicación,  porque  aun  cuando  la  solicitud  de medida de aseguramiento que realice la Fiscalía puede  satisfacer  los  intereses  de  la  víctima,  ésta  última  puede reforzar la  pretensión  inicial acudiendo a su propia argumentación, incluso, adicionar la  solicitud  del  titular  de la acción penal, pues si la ley y la jurisprudencia  facultan   a   dicho   interviniente   especial   para   postular   motu  proprio  la  imposición  de  tales  medidas  cautelares,  con mayor razón le permiten apoyar la que realice el ente  acusador, contrario a lo afirmado por el defensor.   

Si  el  artículo 137 de la Ley 906 de 2004  estableció  que  la  víctima  puede  «intervenir  en  todas  las fases de la actuación penal»  y  por  vía de la sentencia C 209 de  2007,  la  Corte  Constitucional  otorgó  a  la  víctima  la misma facultad de  postulación  que  ostenta  el  Fiscal  en  punto  de la solicitud de medidas de  aseguramiento,  resulta  improcedente  que  la defensa pretenda la nulidad de la  actuación  porque  el  apoderado  del  perjudicado ejerció tales prerrogativas  dentro del proceso.   

Para abundar en razones, no puede dejarse de  lado  que  aún  si  en  la audiencia de solicitud de medida de aseguramiento se  hubiese  incurrido  en la mencionada irregularidad, ello en manera alguna deriva  en  la  nulidad  de la actuación, pues la audiencia de solicitud de imposición  de  medidas  restrictivas  de la libertad no es presupuesto previo ni depende de  alguno  de  los  espacios  procesales  que  conforman  la  columna vertebral del  proceso  (formulación  de  imputación,  acusación,  audiencia,  preparatoria  y  juicio oral).   

Nulidad  derivada  de  la  imputación  de  delitos   querellables,   sin   agotar   la   conciliación  como  requisito  de  procedibilidad.   

El    defensor    adujo,  que  el  juez  al permitir a la Fiscalía imputar los delitos  de    revelación   de   secreto   y   abuso  de autoridad por acto arbitrario  e  injusto,  que según su  criterio,  son    de   carácter   querellable,  sin   haber  agotado  la conciliación       como      requisito      de  procedibilidad,  vulneró  las  garantías  fundamentales  del acusado, toda vez  que   la   medida   de  aseguramiento impuesta se  fundamentó en la comisión de dichas conductas punibles.   

En  el  presente  evento,  la  Fiscalía  imputó ante la Juez 11  Penal   Municipal   con   Funciones  de  Control  de  Garantías  de  Cartagena,  entre   otros   delitos,   los  de  revelación  de  secreto11    (inciso    2°   del   artículo  418  del  Código Penal12)  y  abuso  de autoridad por acto arbitrario e injusto13  (artículo    416    de    la   Ley   599        de       200014).   

Le asiste razón al recurrente, al exponer  que   el  tipo     penal    de    abuso  de  autoridad  por  acto  arbitrario  e injusto  es  de carácter querellable, pues el  numeral   1°   del   artículo   74   de   la  Ley  906  de  2004  señala  que  en  dicha  categoría se  encuentran    aquellos  delitos    «que   de  conformidad  con  el  Código  Penal  no  tienen  señalada pena privativa de la  libertad», como   el   previsto   en   el   artículo  416  del  código    sustantivo,   que     contempla     las    sanciones    de   multa   y   pérdida   del   empleo    o    cargo    público.   

Sin     embargo,     respecto  del  tipo penal de revelación  de  secreto,  aunque  el  inciso   1°   del   artículo   418   de   la  Ley  599  de  2000  prevé   únicamente  pena  pecuniaria  y   destitución   del  cargo  público,    su    inciso    2°,    el   cual   precisamente   fue   imputado   al   fiscal MANUEL  HERNANDO      MOLANO      ROJAS,     sí  prevé  sanción  privativa de la  libertad,  por  lo que no  le   es   aplicable   el  numeral  1°  del  artículo  74  de  la  Ley  906  de  2004.   

Además,  la  conducta    punible    de   revelación   de   secreto   agravada   (inciso 2°  del   artículo   418   del   Código  Penal),  no   se   encuentra   enlistada   en  el  catálogo  del    numeral   2°  del  artículo  74  del  Código  de  Procedimiento  Penal    de    2004,  de  donde se deduce    que    el    tipo    penal    estudiado   no   es  querellable,  lo que de suyo desvirtúa los reproches  del   defensor   al  exigir  la  evacuación  de  la  conciliación   previa   como   requisito   de  procedibilidad  de  la  acción,  puesto    que    no  la requiere.   

Ahora bien, la  jurisprudencia  de esta Corporación tiene decantado  que  la  formulación  de  imputación  es        un        acto           de             comunicación  que  escapa  al control  material del juez,   quien  no  puede  entrometerse    en    los   aspectos  fáctico,   jurídico   y   probatorio,   terrenos  que    corresponden  exclusivamente  al  titular  de  la  acción  penal15.   

Así mismo, ha  señalado  que  la  situación  fáctica imputada en  dicho  rito procesal tiene  el  carácter  de vinculante para las etapas subsiguientes de la actuación, mas  no  el  componente  jurídico,  el cual puede  ser  objeto  de  modificación,  adición  o  supresión en  estadios procesales posteriores. Sobre el particular  esta    Corporación   en   providencia   CSJ   SP,  28      nov.     2007,     rad.     27.518.,  reiterada  en  CSJ  SP  931,  3  feb. 2016, rad. 43.356  sostuvo que:   

la   formulación   de   imputación  se  constituye  en  condicionante fáctico de la acusación, de ahí que deba mediar  relación   de   correspondencia   entre   tales   actos.   Los   hechos  serán  inmodificables,   pues  si  bien  han  de  serle  imputados  al  sujeto  con  su  connotación    jurídica,    no    podrá    la   acusación   abarcar   hechos  nuevos.   

Lo  anterior no conlleva una inmutabilidad  jurídica,  porque  precisamente  los  desarrollos  y  progresividad del proceso  hacen  que  el  grado de conocimiento se incremente, por lo tanto es posible que  la  valoración  jurídica  de  ese hecho tenga para el momento de la acusación  mayores  connotaciones  que  implican  su  precisión  y  detalle,  además,  de  exigirse  aún  la  imposibilidad  de  modificar  la  imputación  jurídica, no  tendría   sentido  que  el  legislador  hubiera  previsto  la  formulación  de  imputación  como  primera  fase  y  antecedente  de  la  acusación.   

En    este    orden,    si    la    Fiscalía   está  facultada  para  variar  en  la  acusación     la     imputación    jurídica  efectuada  en  audiencia preliminar, sea para        adicionar     o     retirar     cargos,  o  incluso   para   agravar   o  atenuar  los  ya  imputados,  ello se  debe a la naturaleza provisional de  la    calificación  enrostrada     en  la       primera       fase       procesal.   

Por  ende,  ni  el         ente         acusador,    al  imputar   un   delito  querellable    cuyo  requisito      de     procedibilidad,             dice    el    defensor,   no   ha  sido  agotado,  ni la juez de Control de Garantías al permitirlo, incurrieron     en     anomalía    procesal   que   socave  la  estructura  basilar  del  proceso,  pues  no  obstante  el  titular  de la  acción  penal formuló el  tipo  penal de abuso de autoridad por acto arbitrario  e    injusto,   dicha  imputación   jurídica  no  es inamovible y puede  ser     objeto    de    variación    en  etapas subsiguientes y en todo caso, la consecuencia jurídica  de   una   equivocada  imputación,  sea fáctica o jurídica, deviene   de   la   imposibilidad  del  acusador    de   llevar   avante   su   pretensión  condenatoria al finalizar  el  juicio  oral,  no la  declaratoria  de  ineficacia  de los actos procesales  en los que fueron enrostrados los cargos.   

Ahora bien, no  puede      pasar     desapercibido     que     el  defensor, al postular la  solicitud  de  nulidad, no  tuvo   en   cuenta   que   la  Fiscalía,   atendiendo   al  carácter  provisional  de  la  calificación  jurídica  de  las  conductas  punibles, retiró del  escrito  de  acusación  el  delito  de abuso de autoridad por acto arbitrario e  injusto,  al  considerar  que   ese  tipo       penal      no    prosperaría    en   fase   del  juicio   por   ausencia   de   un   requisito   de  proseguibilidad de la acción.   

Así,  resulta  inane    recurrir   a  la   declaratoria   de   nulidad   de  una   parte  de  la  actuación,  como  pretende  el  recurrente,  cuando  el  yerro  en que  la      Fiscalía     considera     haber       incurrido,     se    encuentra    subsanado  con la presentación del escrito de acusación,    de    cuyo   texto   refulge  la   eliminación   del   cargo   que  reprocha la defensa.   

Contrario a lo afirmado por el defensor, el  delito  analizado  no  fue  el  fundamento  de  la  medida  de  aseguramiento en  establecimiento  carcelario  impuesta  por la juez, pues al ser querellable y no  prever  pena  privativa  de  prisión,  el delito de abuso de autoridad no puede  sustentar  esa  clase  de  gravamen  personal, al no encuadrar en ninguna de las  hipótesis  del  artículo 313 de la Ley 906 de 200416  para  su  procedencia,  de  donde  se  extrae  que  la formulación del cargo tampoco tuvo injerencia en ese  aspecto,  es decir, no agravó la situación del procesado, razones que llevan a  concluir la improsperidad del reproche planteado por el defensor.   

Nulidad derivada de no reconocer al acusado  dos causales de ausencia de responsabilidad.   

El      defensor     expone  que  las acciones consideradas   por  el  ente  acusador  como  constitutivas  de  conductas  punibles, fueron  ejecutadas  por su procurado en ejercicio legítimo de sus funciones como Fiscal  5°  Seccional de Soledad y en estricto cumplimiento  de   un  deber  legal,  circunstancias  que  justifican  el comportamiento del  doctor  MANUEL  HERNANDO  MOLANO ROJAS, de acuerdo con  los  numerales  3°  y  5°  del  artículo  32 del Código Penal, por lo que la  Fiscalía  violentó  el  derecho  al  debido  proceso  de  su  procurado  al no  mencionarlas   en   la   formulación   de  imputación  ni  en  el  escrito  de  acusación.   

El planteamiento del recurrente no consulta  la  sistemática  del  proceso  penal con tendencia acusatoria implantado con la  Ley  906  de  2004, puesto que, se insiste, tanto la formulación de imputación  como  la  de  acusación,  son  actos  de  comunicación  que  no tienen control  material  por  parte  del  juez,  pues  tal  comportamiento  resquebrajaría  la  imparcialidad  del funcionario judicial, cuya excepción solo se presenta en los  eventos  de  aceptación  de  cargos por allanamiento o preacuerdo, que no es el  evento   que   ocupa  la  atención  de  la  Sala.  Sobre  el  particular,  esta  Corporación   señaló   en  providencia  CSJ  SP  9853,  16  jul.  2014,  rad.  40.871:   

Respecto de la ausencia de control material  de  la  acusación,  ya  la  Sala  se  ha ocupado en extenso. Sentó el criterio  según  el  cual  de  acuerdo con lo ordenado en el artículo 443 del Código de  Procedimiento  Penal  del 2004, solo el fiscal está autorizado para realizar la  “tipificación circunstanciada” de los hechos:   

La  acusación  es un acto de parte, de la  Fiscalía,  y  por tanto el escoger qué delito se ha configurado con los hechos  jurídicamente  relevantes  consignados  en  el  escrito  de  acusación  supone  precisar  el  escenario  normativo  en que habrá de desarrollarse el juicio, el  cual  se  promueve  por  excitación  exclusiva  de  la  Fiscalía General de la  Nación  a  través  de  la  radicación  del escrito de acusación (razón  por  la  que  el  único  autorizado  para  tipificar  la  conducta  punible  es la Fiscalía, de acuerdo con lo planteado por el artículo  443);   acto  que  como se dijo no tiene control  judicial,  y  en  cambio  sí  sustenta  todo  el andamiaje de la dinámica y la  lógica  argumentativa  y  probatoria  que se debatirá en  el juicio. (Ver  CSJ,  15  jul.2008, rad. 29994, tesis reiterada en AP, 14 ago. 2013, rad. 41375,  entre otras providencias).   

La  Corte reafirmó su anterior postura en  AP de 21 de marzo de 2012, radicado 38256, al señalar:   

En  la  audiencia  de  formulación  de  acusación  al  juez  y  a las partes les está vedado cuestionar la adecuación  típica  realizada  por  la  Fiscalía en su escrito, pues, hacerlo, implicaría  interferencia  en  el  ejercicio de la acción penal y en la decisión de acusar  que  corresponde  a  ese  ente, y a nadie más. Por lo  demás,  tal  cuestionamiento implicaría un ejercicio de debate probatorio, que  solamente  puede  hacerse  en  el  juicio  oral  (auto  del 15 de julio de 2008,  radicado 29.994).   

…  

La Fiscalía, entonces, cumple como titular  de  la  acción  penal  y  dueña  de la acusación, parámetros a partir de los  cuales  ni el juez ni las partes pueden imponérsela total o parcialmente, desde  donde  se infiere que las observaciones realizadas por las partes pueden y deben  ser  incorporadas  para  que  conformen  un  todo  con  la  acusación, única y  exclusivamente cuando el fiscal las acoge.   

En este orden de ideas, al demandar que esta  Sala  ordene a la Fiscalía reconocer al imputado dos circunstancias de ausencia  de  responsabilidad,  el  defensor busca, veladamente, que se realice un control  material  a  la  calificación  jurídica contenida en la acusación y ordene al  titular  de  la  acción penal rehacerla al capricho del recurrente, pretensión  claramente  improcedente, por buscar que el juez de conocimiento abandone su rol  imparcial  para  interferir  en  un  acto  de  parte,  que  incluso  implicaría  adelantar  la  etapa  del  juicio  oral, para emitir un juicio de valor sobre la  responsabilidad del acusado.   

Aunado  a lo anterior, el defensor disfraza  bajo  el  manto  de  nulidad  una solicitud de preclusión de la investigación,  (que  en  la  etapa de investigación solo compete al  Fiscal  y  en  la  fase  de  juicio  solo puede demandarse en amparo de causales  objetivas  de  extinción  de la acción penal), porque  de   hallarse   demostrada   la   concurrencia  de  una  causal  que  enerva  la  responsabilidad  del  agente,  como  actuar en estricto cumplimiento de un deber  legal  (numeral 3° del artículo 32 de la Ley 599 de  2000)   o   en  legítimo  ejercicio  de  un  derecho  (numeral           5°          ibídem),  lo  pertinente  sería  que la  Fiscalía  solicitara  la  cesación  de  todo  procedimiento,  no retrotraer la  actuación a una etapa procesal primigenia.   

Sin embargo, el titular de la acción penal,  en  ejercicio  de  la  potestad  designada  por  el  artículo  250  de la Carta  Política17,  no  optó  por  dicha  salida  jurídica,  al  considerar  que la  conducta  del  funcionario MANUEL HERNANDO MOLANO ROJAS no se encuentra amparada  por circunstancia alguna que exima su responsabilidad penal.    

Riñe con la lógica del sistema procesal de  partes,  la  eventualidad de que el juez de conocimiento, sugiera, menos imponga  a  la  Fiscalía,  que  en la audiencia de imputación o acusación, acredite la  existencia  de una circunstancia de ausencia de responsabilidad, dado que, si el  ente  acusador resolvió avanzar hasta esas etapas, fue porque ya excluyó de su  teoría  del  caso  tales  hipótesis;  por tanto, será de su exclusivo resorte  probar  en  el  juicio  todas  las  aristas  que  conducirían  al  éxito de su  acusación.   Lo contrario, desnaturalizaría la esencia del proceso regido  por  la  Ley  906  de 2004, toda vez que conlleva la intromisión del juez en la  labor  acusatoria,  pero  además,  constituye  el  adelantamiento prematuro del  debate público.   

De  esta  forma,  la  razón  tampoco  se  encuentra de parte del recurrente en este tema de disenso.   

Nulidad  por  supuesta  ambigüedad  en  la  imputación fáctica del escrito de acusación.   

El  recurrente  indicó  que del escrito de  acusación  no  se  desprende  sobre  qué hechos específicos versan los cargos  imputados,  en  especial  respecto del delito de revelación de secreto, pues no  se  mencionan  las  circunstancias en las que el fiscal MOLANO ROJAS entregó la  información reservada que fue publicada en la prensa.   

El  artículo  336  de  la  Ley 906 de 2004  prevé  que  «el  fiscal  presentará  el escrito de  acusación  ante  el  juez  competente  para  adelantar  el juicio cuando de los  elementos  materiales  probatorios,  evidencia física o información legalmente  obtenida,  se  pueda  afirmar,  con  probabilidad  de  verdad,  que  la conducta  delictiva  existió  y  que  el  imputado  es  su autor o partícipe».   

A  su  vez,  el  canon  337  ibidem  enlista  los  requisitos formales  del        escrito        de        acusación18,   entre   los   cuales  se  encuentra   el  de  efectuar  una  relación  clara  y  sucinta  de  los  hechos  jurídicamente   relevantes,   en   un   lenguaje   comprensible   (numeral     2°    ibídem).   

Finalmente, el artículo 339 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2004,  dispone  que en la audiencia de formulación de  acusación,  el juez concederá la palabra a la Fiscalía, Ministerio Público y  defensa   para   que   expresen   oralmente   las   causales  de  incompetencia,  impedimentos,  recusaciones,  nulidades,  y  si  las  hubiere, las observaciones  sobre  el  escrito de acusación, si no reúne los requisitos establecidos en el  artículo                         337,   para   que   el   fiscal   lo  aclare,  adicione  o  corrija  de  inmediato.   

La lectura concatenada de estas tres normas  permite  concluir  que  la  diligencia  de  formulación  de  acusación  es  el  escenario  idóneo  para demandar que el titular de la acción penal subsane las  falencias  de  contenido  formal que pueda presentar el escrito, entre ellas, la  referida al recuento fáctico.   

Sin  embargo,  tal  pretensión  no resulta  procedente  bajo  el  manto de la ineficacia del acto procesal de la acusación,  como  considera  el  defensor,  pues  el  artículo  339  mencionado  no habría  discriminado  entre  solicitudes de nulidad y observaciones al escrito, aunado a  que  carece  de  sentido  que  en  la audiencia de formulación de acusación se  solicite   retrotraer   un   acto  de  parte  como  el  estudiado  (escrito  de  acusación), cuando la propia  ley  establece  que  cualquier falencia que éste presente se ventila y resuelve  en  esa  misma  audiencia,  a través de la solicitud de aclaración, adición o  corrección.  Sobre el particular señaló esta Corporación en CSJ AP 3779, 1°  jul. 2015, rad. 45.569:   

En   relación  con  el  segundo  punto,  referente  a  las  irregularidades  del  escrito  de  acusación,  es pertinente  mencionar  también,  que las mismas no son ni pueden  ser  objeto  de  ataque por vía de nulidad del acto de parte del Ente Acusador,  pues  para  ello se dispone de una oportunidad especial en la misma audiencia de  formulación  de  acusación,  y sólo en lo que se refiere a aspectos formales,  es  decir,  en  cuanto  al cumplimiento de los ítems dispuestos en el artículo  337   del   Estatuto.19   

Es  claro,  igualmente  como lo afirmó el  Ministerio  Público,  que  si la Fiscal incurrió en omisiones probatorias o en  defectos  de confección del pliego acusatorio, tales situaciones a la postre, a  quien   más   podrían  beneficiar  es  a  los  acusados,  pues  se  vería  en  dificultades  el  Ente  Acusador  para cumplir con su cometido, se repite, si es  que hipotéticamente incurrió en tales falencias.   

(…)  

En  suma, tampoco derruyó el argumento de  la  decisión  recurrida  el alegato de la defensora en este tópico, puesto que  no  es  la  nulidad  la  vía  de ataque a los errores o defectos del escrito de  acusación,  por  tanto,  en  este  aspecto  también  habrá  de confirmarse la  decisión  del  4  de  marzo  de  2015,  emitida  por  el  Tribunal  Superior de  Bogotá.   

En conclusión, el defensor desacierta en la  vía  escogida  para  pretender  la  aclaración de la narración fáctica, pues  debe  recurrir,  en  la  audiencia  de  formulación  de  acusación, que se vio  suspendida  por  la  interposición  de recursos, a la solicitud de aclaración,  adición  o  corrección  de  la  pieza  acusatoria,  además,  porque,  como se  explicó  en  precedencia,  el pliego de cargos no es susceptible de anulación,  por ser un acto de parte.   

Advierte  la  Sala que el apelante, una vez  más,   pretende por la vía de la nulidad, controvertir la estructuración  de  una  conducta  punible  imputada,  lo  cual,  desde luego que concierne a la  defensa   pero   no   en  la  audiencia  en  la  que  se  formula  oralmente  la  acusación.   

Nulidad  por  ausencia de imparcialidad del  Fiscal del caso.   

El apelante insistió en que la    ecuanimidad   del   funcionario  acusador  no se encuentra  garantizada,      pues      este     mismo  servidor  público  tiene  a su  cargo   una   investigación   contra  Jorge  Eduardo  Castillo  Santos,  Director  Seccional  de  la  DIAN  Barranquilla, quien funge como víctima en la presente actuación.   

Al  respecto, el artículo 63 de la Ley 906  de 2004 dispone:   

Las causales de impedimento y las sanciones  se  aplicarán  a los fiscales, agentes del Ministerio Público, miembros de los  organismos   que  cumplan  funciones  permanentes  o  transitorias  de  policía  judicial,  y  empleados  de  los  despachos  judiciales, quienes las pondrán en  conocimiento  de  su inmediato superior tan pronto como adviertan su existencia,  sin  perjuicio  de  que los interesados puedan recusarlos. El superior decidirá  de  plano  y,  si  hallare  fundada  la  causal  de  recusación  o impedimento,  procederá a reemplazarlo.   

(…)  

En los casos de la Procuraduría General de  la  Nación,  Fiscalía  General  de  la  Nación  y demás entidades que tengan  funciones  de  policía  judicial,  se  entenderá  por  superior la persona que  indique    el    jefe    de    la    respectiva    entidad,    conforme   a   su  estructura…   

En  el  evento que ocupa la atención de la  Sala,  en  audiencia  de  15  de julio de 2015 el defensor recusó al Fiscal 6°  Delegado  ante  el Tribunal Superior de Bogotá, puesto que este se encuentra al  frente  de  dos  investigaciones,  la presente, en la que Jorge Eduardo Castillo  Santos  se constituyó como víctima, y otra en la que esta misma persona figura  como  indiciada,  situación que, según el recurrente, afecta su imparcialidad,  puesto   que  el  funcionario  favoreció  a  Castillo  Santos  al  archivar  la  actuación seguida en contra de este.   

Con motivo de la recusación, la sesión fue  suspendida,  para  que  el  superior  jerárquico del Fiscal del caso resolviera  dicha recusación.   

El  4  de  agosto  de  2015  el Director de  Fiscalías  Nacionales denegó la recusación planteada, en tanto consideró que  no  existe ningún interés indebido por parte del funcionario acusador, pues la  actuación  seguida  en contra de Jorge Eduardo Castillo Santos fue recibida por  el  Fiscal cuando ya se encontraba archivada, lo que no afecta su ecuanimidad en  el proceso seguido al doctor MANUEL HERNANDO MOLANO ROJAS.   

Igualmente señaló que el servidor público  recusado   no   ha   manifestado   previamente   su   opinión  respecto  de  la  responsabilidad  penal del acusado, puesto que en la actuación ya archivada, no  practicó  pruebas  ni  adoptó  decisión  de  fondo  alguna relacionada con el  proceso  seguido  en  contra  de  MANUEL  HERNANDO  MOLANO  ROJAS,  lo  que hace  innecesario    separar    al   funcionario   del   conocimiento   del   presente  proceso.   

Como  se  advierte,  la  recusación  del  funcionario  investigador  ya  fue  resuelta  por  su superior jerárquico, como  ordena  el  artículo 63 de la Ley 906 de 2004, quien consideró que no existía  mérito para apartarlo del conocimiento de estas diligencias.   

De allí deviene que si el Fiscal que hasta  el  momento  ha  adelantado  el  proceso,  no  se encuentra incurso en causal de  impedimento,  como  lo determinó su superior funcional, no existe irregularidad  alguna  que  corregir en ese sentido mediante nulidad, lo que de suyo desvirtúa  las reproches del recurrente.   

Ahora, si el defensor pretende que esta Sala  ‘declare  impedido’  al Fiscal 6°  Delegado  ante el Tribunal de Bogotá, o siquiera le sugiera apartarse de alguna  de  las  dos  actuaciones  a  su  cargo,  como  equivocadamente lo consideró el  Tribunal  en  el  auto  recurrido,  ello  resulta  claramente improcedente, pues  implicaría  arrogarse  una  competencia  que  no  le  ha  sido  asignada por la  ley.   

Por  ende,  si  el Fiscal que actúa en las  presentes   diligencias   no  fue  separado  por  su  superior  jerárquico  del  conocimiento  de  la  actuación,  por  no  hallarse demostradas las causales de  impedimento  expuestas por el  defensor,  no  entiende  la Sala cuál es la lógica a la que ahora recurre para  procurar  la  invalidación  de  lo  actuado, teniendo como fundamento idéntica  situación controvertida y decidida en el trámite administrativo.   

Desconocen,  el  recurrente  y el Tribunal,  que dada la naturaleza de  la  función  que  cumple  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  dentro de la  estructura  procesal  prevista  en  la  Ley  906  de  2004, y los principios que  orientan  el  régimen  de  impedimentos  y recusaciones, ellos se resuelven por  fuera  de  las  audiencias,  por  tratarse de un trámite administrativo, luego,  errado   resultó  el  trámite  que  el  Tribunal  A  quo  le  imprimió a la recusación del Fiscal, puesto  que,  equiparó  el  procedimiento  previsto para la recusación del funcionario  judicial  a  cargo  del proceso, con el que corresponde cuando el recusado es el  fiscal.   

Evidentemente,  cuando  el  recusado  es el  juez,  la  oportunidad  procesal  para  manifestar  las  circunstancias  que, en  consideración  de  la  parte  se  estructura,  es  el inicio de la audiencia de  formulación  de acusación (artículos 339 del Código procesal Penal de 2004);  no  obstante,  si  a  quien  se  recusa  es al representante de la Fiscalía, el  trámite   será  el  previsto  por  el  artículo  63  de  la  normatividad  en  cita:   

Impedimento   y  recusación  de  otros  funcionarios   y  empleados.   Las  causales  de  impedimento  y  las  sanciones  se  aplicarán  a los  fiscales,  agentes  del Ministerio Público, miembros  de  los  organismos que cumplan funciones permanentes o transitorias de policía  judicial,   y  empleados  de  los  despachos  judiciales,  quienes  las   pondrán   en   conocimiento   de   su   inmediato  superior  tan   pronto   como  adviertan  su  existencia,  sin  perjuicio  de  que los interesados puedan recusarlos.  El  superior decidirá de plano y, si hallare fundada la causal de recusación o  impedimento, procederá a reemplazarlo.   

Cuando   se   trate   de  impedimento  o  recusación   de  personero  municipal,  la  manifestación  se  hará  ante  el  procurador  provincial  de su jurisdicción, quien procederá a reemplazarlo, si  hubiere  lugar a ello, por un funcionario de su propia dependencia o de la misma  personería, o por el personero del municipio más cercano.   

En los casos de la Procuraduría General de  la  Nación,  Fiscalía  General  de  la  Nación  y demás entidades que tengan  funciones  de  policía  judicial,  se  entenderá  por  superior la persona que  indique el jefe de la respectiva entidad, conforme a su estructura.   

En  estos  casos  no  se  suspenderá  la  actuación.20   

          Por  tanto,  si  el  defensor consideraba que el fiscal encargado de  investigar  y acusar a su defendido, estaba incurso en una causal de impedimento  no  manifestada,  debió  presentar ante el superior jerárquico del funcionario  la  solicitud,  no  esperar  a que se diera inicio a la audiencia de acusación,  para  hacerle  la  petición al juez de conocimiento plural porque este no tiene  dentro   de   sus   atribuciones   funcionales,   la  decisión  de  cambiar  al  fiscal.   Tampoco  era  viable que el Tribunal suspendiera el proceso hasta  tanto la Fiscalía realizara el trámite pertinente.   

Finalmente, no puede dejarse de lado que la  jurisprudencia  de  esta  Corporación ya ha señalado que incluso en el caso de  que  el  juez  de  conocimiento  hubiere  estado  incurso  en  alguna  causal de  impedimento,  no  manifestada,  ello  no  afecta  la  validez  de la actuación,  a  fortiori, en los eventos  en que el funcionario impedido es una de las partes:,   

Independientemente de cuánto intervino la  jueza  en el fondo del asunto al momento de examinar la solicitud de preclusión  del  trámite  procesal  presentada por la defensa, para la Sala es claro que el  cargo  no  tiene  ninguna virtualidad de prosperar, dado que la sola ausencia de  manifestación   de  impedimento  o  la  negativa  del  Tribunal  a  aceptar  la  recusación,  no  constituye  causal  de anulación del trámite procesal, ni es  posible  verificar  que la decisión de negar la preclusión represente, per se,  antecedente   inescapable   de   algún   tipo   de  parcialidad  futura  en  la  funcionaria.   

(…)  

En una de las más recientes decisiones al  respecto,        esto        se        anotó21:   

“Pues bien, para la Sala es claro que las  dos  propuestas  esgrimidas  en  el libelo por la senda de la nulidad carecen de  trascendencia,  esto  es,  incumplen  tal  predicado  inherente  al  recurso  de  casación   y  la  misma  exigencia  que  orienta  el  decreto  de  esta  medida  extrema.   

En     cuanto     al    primer  cargo, dado que el planteamiento  ni  siquiera  rebate  la postura pacífica de esta Sala según la cual cuando el  funcionario  judicial  no se separa de la actuación ello no comporta la nulidad  de  la  actuación  procesal  ni  tampoco estructura un motivo de incompetencia,  como  igual  lo precisó el Tribunal en el fallo impugnado al responder el mismo  reclamo  formulado  en  la  apelación  interpuesta  por  la  defensa  contra la  sentencia       de      primera      instancia22.   Así  se  sostuvo,  por  ejemplo,   en   CSJ   SP,   1   ago.  2002,  rad.  14.501,  al  indicar  que  el  impedimento:   

“es  un  fenómeno  que  no transforma a  ninguno   de  los  extremos  que  determinan  la  competencia,  vale  decir,  su  configuración  no  altera  la  cuantía  del hecho, no muta el territorio donde  sucedió,    no    le   quita   o   le   da   el   carácter   de   aforado   al  justiciable.   

Se trata de un aspecto por completo íntimo  del  funcionario,  que  lo  liga  de  una  manera  u otra no a la naturaleza del  proceso,  sino  a  las  partes. Aquél deberá sopesar si el concreto y evidente  motivo  de  impedimento que respecto suyo se configura, puede poner en riesgo su  ánimo  y,  por  tanto,  un  ponderado  y sereno buen juicio. Si lo reconoce, no  significa  que el asunto ya no sea de su competencia, sino que en acatamiento de  principios  superiores,  que  tocan  con el derecho de acceso a la justicia y la  obligación  de  los  funcionarios  de hacer efectivos los derechos, garantías,  obligaciones  y  libertades  (artículo  1°, Ley 270 de 1966), permita que otro  juez lo releve en el conocimiento de la actuación.   

Para  el recurrente, por tanto, existiendo  esta  línea  de pensamiento jurisprudencial (reiterada, entre muchas en CSJ SP,  14  jul. 2010, rad. 29224 y CSJ SP, 8 nov. 2011, rad. 34495), era imperativo, en  aras  de  la trascendencia del reclamo, evidenciar su desacierto, exponiendo las  razones   por   las  cuales  tal  hermenéutica  es  incorrecta,  argumentación  inexistente  en  la  censura,  no obstante, ya se dijo, el Tribunal había hecho  referencia a ella.”    

Como  el  impedimento,  se  reitera, no es  factor  asimilable  a  la  competencia  y  representa  un  elemento  íntimo del  funcionario,  el  que  se  materialice o no la causal para el efecto, de ninguna  manera  conduce  a  la  nulidad  de lo actuado. Cuando más, a que se investigue  penal o disciplinariamente a quien guardó silencio.   

Con  mayor  razón  en  el caso examinado,  pues,    se    hizo    uso    del    mecanismo   de   recusación   –con  lo  cual,  sobra  anotar,  fue  utilizado  el  medio adecuado para lograr el apartamiento del funcionario-, solo  que   el   Tribunal  negó  la  solicitud  luego  de  detallado  estudio  de  la  intervención previa de la jueza.   

Y  si  bien,  es  posible  predicar que el  Tribunal  pudo equivocarse en su apreciación, ello no conduce tampoco a definir  pasible  de  invalidación  el trámite, precisamente porque, se reitera, el que  no  se  aparte  del conocimiento el juez no dice relación con el debido proceso  en   su   estructura,  ni  las  causales  de  impedimento  pueden  asemejarse  a  circunstancias de incompetencia o falta de jurisdicción.   

Es factible, desde luego, asumir que fueron  vulnerados  los  principios  de  imparcialidad  de  independencia,  pero ello de  ninguna  manera  puede  tener  como soporte único la existencia de la causal de  impedimento,  conforme  lo  anotado, motivo por el cual se obliga del demandante  establecer   con   precisión  cómo  se  materializaron  esos  factores  en  la  actuación  de  la  jueza  y  qué efecto dañoso específico produjeron para el  acusado.”  (CSJ  AP  5651-2015,  30  sep. 2015, rad.  46.758).   

    

Lo  considerado  lleva a la Sala a concluir  que  no  se  presentaron  las  irregularidades  señaladas  por el defensor como  transgresoras  del  debido  proceso,  por tanto, se confirmará el auto revisado  por vía de apelación.   

       En    mérito    de    lo   expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

Confirmar   la  decisión apelada, por las razones señaladas en esta providencia.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Devuélvase  el  expediente  al Tribunal de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUÍS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Adoptada en audiencia de formulación de acusación.   

2  Folios 1 a 38 del cuaderno 1 del juicio.   

3  Según  se  extracta  del  escrito  de acusación, a folio 38 del cuaderno 1 del  juicio.   

4  Folios 1 a 38 del cuaderno 1 del juicio.   

5  Folios 213 a 245 del cuaderno 1 del juicio.   

6  Artículo 416 del Código Penal.   

7  Sesión de 10 de febrero de 2015, archivo 1, record: 11:50.   

8  Sesión de 10 de febrero de 2015, archivo 1, record: 31:20.   

9  Sesión de 22 de septiembre de 2015, archivo 1, record: 2:27:00.   

10  Negrillas fuera del texto.   

11  Sesión de 12 de febrero de 2015, archivo 1, record: 1:19:00.   

12  El  servidor  público  que  indebidamente dé a conocer documento o noticia que  deba  mantener en secreto o reserva, incurrirá en multa y pérdida del empleo o  cargo público.   

Si de la conducta resultare perjuicio, la  pena  será  de  dieciséis  (16)  a  cincuenta y cuatro (54) meses de prisión,  multa  de  veinte  (20)  a  noventa  (90)  salarios  mínimos  legales mensuales  vigentes,  e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas  por ochenta (80) meses.   

13  Sesión de 12 de febrero de 2015, archivo 1, record: 57:30.   

14  El  Servidor  público  que  fuera  de  los  casos  especialmente previstos como  conductas  punibles,  con  ocasión  de  sus  funciones  o  excediéndose  en el  ejercicio  de  ellas,  cometa  acto  arbitrario e injusto, incurrirá en multa y  pérdida del empleo o cargo público.   

15 CSJ  AP 299-2016. 27 ene. 2016, rad. 47.271.   

16  Satisfechos  los  requisitos  señalados  en  el  artículo  308,  procederá la  detención  preventiva  en  establecimiento carcelario, en los siguientes casos:   

1.  En  los delitos de competencia de los  jueces penales de circuito especializados.   

2. En los delitos investigables de oficio,  cuando  el  mínimo  de  la  pena prevista por la ley sea o exceda de cuatro (4)  años.   

3.  En  los  delitos  a que se refiere el  Título  VIII  del Libro II del Código Penal, cuando la defraudación sobrepase  la  cuantía  de  ciento  cincuenta  (150)  salarios  mínimos legales mensuales  vigentes.   

4.  Cuando la persona haya sido capturada  por  conducta  constitutiva  de delito o contravención, dentro del lapso de los  tres  años  anteriores,  contados  a  partir de la nueva captura o imputación,  siempre  que  no  se  haya  producido  la  preclusión  o absolución en el caso  precedente.   

17 La  Fiscalía  General  de  la Nación está obligada a adelantar el ejercicio de la  acción  penal  y  realizar  la  investigación  de  los hechos que revistan las  características  de  un  delito  que  lleguen  a  su  conocimiento por medio de  denuncia,  petición  especial,  querella  o  de oficio, siempre y cuando medien  suficientes   motivos   y  circunstancias  fácticas  que  indiquen  la  posible  existencia  del  mismo.  No  podrá, en consecuencia, suspender, interrumpir, ni  renunciar  a  la  persecución  penal,  salvo en los casos que establezca la ley  para  la  aplicación  del principio de oportunidad regulado dentro del marco de  la  política  criminal  del  Estado,  el  cual  estará  sometido al control de  legalidad   por   parte  del  juez  que  ejerza  las  funciones  de  control  de  garantías…   

18 El  escrito de acusación deberá contener:   

1.  La  individualización  concreta  de  quiénes  son  acusados,  incluyendo  su  nombre,  los  datos  que  sirvan  para  identificarlo y el domicilio de citaciones.   

2.  Una  relación clara y sucinta de los  hechos jurídicamente relevantes, en un lenguaje comprensible.   

3.  El  nombre  y  lugar de citación del  abogado  de  confianza  o, en su defecto, del que le designe el Sistema Nacional  de Defensoría Pública.   

4.  La relación de los bienes y recursos  afectados con fines de comiso.   

5. El descubrimiento de las pruebas. Para  este efecto se presentará documento anexo que deberá contener:   

a)   Los   hechos   que   no  requieren  prueba.   

b)  La  trascripción  de  las  pruebas  anticipadas  que  se  quieran aducir al juicio, siempre y cuando su práctica no  pueda repetirse en el mismo.   

c)   El   nombre,  dirección  y  datos  personales  de  los  testigos  o  peritos  cuya  declaración  se solicite en el  juicio.   

d)  Los  documentos,  objetos  u  otros  elementos   que   quieran  aducirse,  junto  con  los  respectivos  testigos  de  acreditación.   

e)  La  indicación  de  los  testigos  o  peritos    de    descargo    indicando    su    nombre,   dirección   y   datos  personales.   

f)  Los  demás  elementos  favorables al  acusado en poder de la Fiscalía.   

g)     Las     declaraciones     o  deposiciones.   

La  Fiscalía  solamente entregará copia  del  escrito  de  acusación  con destino al acusado, al Ministerio Público y a  las víctimas.   

19  Negrillas fuera del texto.   

20 La  negrillas son de la Sala.   

21  Radicado 44040 del 22 de octubre de 2014   

22  Pág. 36 del fallo de segundo grado.      

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