AP2327-2015(45587)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP2327-2015  

Radicación N° 45.587  

(Aprobado Acta No.  148)   

Bogotá D.C.,  veintinueve (29) de abril  de dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Paul  Andrés  Mirque  Caballero  contra la  sentencia  dictada  el  19  de  noviembre de 2014 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá  que  confirmó, con modificaciones, la proferida el 25 de  julio  del  mismo  año, por el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado  de  esta ciudad, que lo condenó, en calidad de coautor, del concurso de delitos  de  desaparición forzada y hurto calificado y agravado y lo absolvió por el de  homicidio agravado.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el Tribunal de la siguiente forma:   

El  3  de noviembre de 2006, a las 9:30 am,  HECTOR  VANEGAS,  de  65  años  de edad, salió de su apartamento ubicado en la  avenida  63  No.  32  B  -07,  edificio  El Duruelo de Bogotá, con destino a su  trabajo,   una   bodega  en  la  Av.  Boyacá,  calle  72  No.  68  – 27, en su camioneta Jeep Cherokee de  placas APB-273, sin que se tenga conocimiento de su paradero.   

Ese  mismo día MAURICIO NIVIA, amigo de la  víctima  y  propietario  de  un  parqueadero  cercano  al  edificio donde ésta  vivía,  observó  estacionada  la  camioneta  descrita,  con  3  personas en su  interior,  vestidos  (sic)  con  su  overol  amarillo.  Ninguno  de ellos era la  víctima.   

El  4  de noviembre de 2006 FABIAN VANEGAS,  hijo  del  desaparecido,  se  dirigió al apartamento de su padre porque habían  acordado  encontrarse  para  comprar  un  computador,  pero  no  lo  encontró y  observó  que  se  habían  hurtado  la  caja fuerte donde guardaban documentos,  joyas  y  más  de  $  80.000.000,  sin  evidenciar violencia sobre la puerta de  acceso  al  inmueble,  pero sí desportillada una baldosa donde se encontraba la  caja fuerte.   

Por lo anterior, en compañía de su hermana  fueron  a  la  bodega  con  el  fin  de  indagar  por  el  paradero de su padre,  contactando  a  dos  trabajadores  que  no  supieron  dar  información, además  advirtieron  que  la  camioneta  de  su  padre  fue hurtada. El procesado era el  empleado    de    confianza   de   la   víctima   en   su   empresa.1   

2.  Ante  el  Juzgado 32 Penal Municipal con  funciones  de  control  de garantías de Bogotá, el 10 de noviembre de 2012, la  Fiscal  de  apoyo  de  la  Fiscalía  Cuarta  Especializada adscrita a la Unidad  Nacional  de Desplazamiento y Desaparición Forzada, -en audiencia concentrada-,  solicitó  la  legalidad  de la captura de Paul Andrés  Mirque  Caballero, y de la imputación por el delito de  desaparición  forzada  agravada  (artículos 165 y 166.3 de la Ley 599 de 2000)  en  concurso  heterogéneo  con el de homicidio agravado (cánones 103 y 104.2.7  ejusdem) y hurto calificado  y     agravado    (preceptos    239,    240.1.3    y    241.2.10    ejusdem),  con  circunstancias  de  mayor  punibilidad      (58.2.10      ejusdem);  peticiones  que  fueron avaladas por la funcionaria judicial que  las     declaró     ajustadas     a     derecho2.      

Pese  a la expresa solicitud de la Fiscalía  en  el  sentido  de afectar con medida de aseguramiento de detención preventiva  en  establecimiento carcelario al imputado, la juzgadora se abstuvo de imponerla  y  ordenó  su  libertad, decisión recurrida por dicha parte y revocada el 8 de  febrero  de  2013  por la Juez Novena Penal del Circuito de la capital, la que a  su    turno    decretó   la   inmediata   captura   del   implicado3.   

3.  El  7 de marzo siguiente se presentó el  escrito            de           acusación4  y  la  formulación  oral  se  surtió  el  12  de  abril  posterior, a instancia del Juzgado Primero Penal del  Circuito      Especializado      de      Bogotá5.   

4. La audiencia preparatoria se llevó a cabo  el       15       de       agosto      ulterior6 y el juicio oral inició el 17  de  septiembre7  y  culminó  el  25  de  marzo de 20148,  con emisión del sentido del  fallo condenatorio.   

5.  Mediante  sentencia  del  25 de julio de  dicho  año  el juzgador condenó a Paul Andrés Mirque  Caballero,   en  calidad  de  coautor  responsable  del  concurso  de  delitos de  desaparición  forzada y hurto calificado y agravado, a las penas principales de  cuatrocientos  veinticinco (425) meses de prisión y dos mil ciento veinticuatro  (2.124)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes y de inhabilitación para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por el lapso de doscientos diez  (210)   meses9.  Además,  le negó la suspensión condicional de la ejecución de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria. En el mismo proveído, lo absolvió del  punible  de  homicidio  con  circunstancias  de agravación punitiva10.   

6.  Recurrido  el  fallo  por  la  defensa  técnica,  fue  confirmado por la Sala Penal del Tribunal Superior de Bogotá el  19  de  noviembre del mismo año, con la modificación consistente en imponer al  sentenciado  trescientos  setenta  (370)  meses  de  prisión  y mil trescientos  treinta  y  tres  con  treinta tres (1.333,33) s.m.l.m.v. y ciento sesenta (160)  meses  de  «interdicción  de  derechos  y funciones  públicas»11.   

7.   El   defensor   interpuso12     y  sustentó13 oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Tras   identificar   a   las   partes   e  intervinientes  y  la  sentencia  impugnada,  el  censor  reproduce la cuestión  fáctica  y  resume la actuación procesal, para, enseguida, dedicar un acápite  del  libelo  a  la  finalidad del recurso extraordinario, la cual concreta en la  necesidad  de  que  se garantice el principio in dubio  pro  reo, luego de lo cual, anuncia la postulación de  un  cargo,  al  amparo  de  la causal tercera del artículo 181 de la Ley 906 de  2004,  elevado  por  la  ruta  del falso raciocinio que condujo a la aplicación  indebida  de  los artículos 165, 240, inciso 2º, y 241.10 del Código Penal, y  a  la  exclusión  evidente de los preceptos 29.4 de la Constitución Política,  12 de la Ley 599 de 2000 y 7 y 382 del estatuto procesal actual.   

A  manera  de  introducción, asegura que su  pretensión  se  endereza  a  que  la Corte reconozca que la condena se soportó  únicamente   en   prueba   indiciaria,   que   los   falladores  «debieron  dar  por demostrados los hechos indicadores y realizar la  inferencia  lógica  de  acuerdo  con  las  reglas  de  la experiencia para así  construir  adecuada  y  legalmente  los  indicios de responsabilidad»14  y  que existen yerros en su  confección,  concretamente,  en  la  inferencia  lógica,  por lo que se debió  reconocer la duda probatoria y absolver a su representado.   

En  desarrollo  de la censura, se refiere al  postulado   de   in   dubio   pro   reo,  consagrado  en  el  canon  29  de  la Constitución Política, que  restringe  la  posibilidad  de condenar a un inocente y prescribe la emisión de  fallo   absolutorio   cuando   los   medios   no   son   sólidos   –como     en     el     caso     en  estudio-.   

Cita    doctrina   española15, en punto de  la  presunción  de  inocencia  y alude a la noción de prueba indiciaria, para,  después,     remontarse     a     los     hechos    indicadores    –según  el recurrente, siete en total-  acreditados  por  las  instancias,  con el fin de condenar a su procurado. Ellos  son:   

i) El inculpado era el empleado de confianza  de  la  víctima,  ii) el agredido trasladó, por recomendación del acusado, el  sitio  donde quedaba ubicada la bodega, iii) el día de los sucesos, el ofendido  salió  de  su  vivienda a laborar, iv) de la residencia de éste fue hurtada la  caja  fuerte, v) los empleados del desaparecido vestían overoles amarillos, vi)  un  testigo observó, en la fecha de marras, la camioneta del ofendido al frente  de  su  apartamento  con  tres ocupantes que portaban dicha indumentaria, uno de  ellos  con  cola de caballo y ninguno era Héctor Vanegas, y vi) después de los  acontecimientos    no    se    ha    vuelto    a   tener   más   noticias   del  procesado.       

Con  fundamento  en  los  precedentes hechos  indicadores,  dice  el  defensor,  el Tribunal edificó los siguientes indicios:   

i)  Móvil  para  delinquir,  por  la  existencia  de  la caja fuerte de  propiedad  de  la  víctima,  que fue hurtada de su apartamento por su hombre de  confianza,   es  decir,  Mirque  Caballero,  ii) oportunidad o presencia en el lugar  de  los hechos, ya que el procesado se encontraba en el  sitio  donde  se  perpetraron  los  ilícitos,  como  lo  narró en el juicio el  testigo    José    Nivia,   iii)   capacidad   para  delinquir,  porque según la investigadora de policía  judicial      Gladys      Mesa,     cuando     el     inculpado     –junto  con otros sujetos- trabajaba en  un  lavadero de carros cercano a la vivienda de la víctima, los propietarios de  los  vehículos  se  quejaban  por  la  pérdida  de  sus  cosas personales, iv)  huida,  por la ausencia del  acriminado  a  su  sitio  de  trabajo y residencia, v)  manifestaciones    posteriores   con   base   en   la  interceptación  del teléfono del padre del incriminado, quien le explica a una  señora  de  nombre  Carmenza  que  su  hijo está huyendo de la justicia por la  desaparición de una persona.   

Para  el abogado, con los hechos indicadores  atrás   enunciados,   la   judicatura  no  podía  ni  puede  atribuirle  a  su  representado,  a título de autor, la consumación de los delitos por los que se  lo  condenó.  Si  se  quiere,  argumenta, al apreciarlos en conjunto, el único  indicio  capaz  de  enrostrársele  sería  el  de  presencia en el lugar de los  hechos  o  de  oportunidad para delinquir, más no los otros, porque tienen como  característica  principal  la de ser «contingentes y  encuentran  explicación  lógica  en la actividad cotidiana que desarrollaba el  acusado»16.   

Bajo  estos  razonamientos,  el  enjuiciado  tenía  que  estar  cerca  de  las bodegas con ocasión de su trabajo, y vestido  conforme  a su dotación laboral. Entonces, para el letrado los indicios i, ii y  v  (móvil,  oportunidad y manifestaciones), «si bien  fueron  probados  en el juicio oral nada representan, excepto que el acusado era  empleado  de la víctima y que debía estar cerca de su sitio de trabajo vestido  con        el        overol        amarillo»17;        mismas  condiciones  que  se  predican  de  los  demás trabajadores  contratados  por  Héctor Vanegas, más aún si se tiene presente que el testigo  Nivia   no  reconoció  a  las  personas  que  estaban  en  el  interior  de  la  camioneta.     

Según  el  jurista,  el  Tribunal  erró al  deducir  el  indicio  de  presencia  y  oportunidad  para  delinquir a partir de  considerar  que  una  persona  con cola de caballo y vestida con overol amarillo  fue  vista  en  el  interior  de  la  camioneta de la víctima,  puesto que  «no  se demostró que realmente el pasajero fuera el  acusado  sino  que  es una inferencia del juzgador»18;  por ello, cree que el juez  plural  construyó  un  indicio con otro, por cuanto el hecho indicador no está  plenamente demostrado.   

Arguye  el  defensor  que,  por  las razones  anotadas,  «el  indicio  de  presencia  no  se puede  construir    con    los    hechos    indicadores   ya   señalados»19,  ya  que  únicamente   ubican   a  su  asistido  en  el  teatro  de  los  acontecimientos  prohibidos,              sin              comprometerlo             «fatalmente»20  en  los  injustos  que  le  fueron  endilgados. Con todo, opina, los juzgadores dejaron de lado la siguiente  regla  de la experiencia: «Siempre o casi siempre que  una  persona  es  empleada  de  un  trabajo  debe  estar  en  el  sitio y con la  vestimenta    apropiada    para    desarrollarlo»21.   

Nuevamente,  al  referirse  al  indicio  de  manifestaciones  posteriores,  el  letrado aduce que este no proviene de ninguno  de  los siete hechos indicadores anotados, más para la primera instancia sí lo  fue  –aclara- al valorar la  comunicación  telefónica del padre del procesado con Carmenza, cuando hablaban  sobre  la desaparición de Héctor Vanegas. Además, anuncia que, en este punto,  son  válidos  los argumentos que esgrimió cuando apeló la sentencia proferida  por  la Juez de conocimiento, indicando que como no se identificó a la dama, ni  se  hizo  análisis  fonoaudiológico  al  respecto,  no  existe  certeza  sobre  quiénes  eran  los interlocutores, motivo por el cual la duda es innegable para  no tener dicha interceptación como fundamento de la condena.   

Y   como,   asegura,   el   indicio  de  manifestaciones  fue  edificado con las aseveraciones de terceras personas, debe  desecharse;  incluso,  tampoco  se aviene al caso la conversación entre padre e  hijo,  puesto  que,  según el investigador judicial que la obtuvo, no existe en  esa  interceptación  nada  que  lo vincule con los actos ilegales investigados.   

Según el litigante, solo dos indicios pueden  sustentar  la  sentencia condenatoria, ellos son, los de móvil para delinquir y  huida,     pero,     como     son    contingentes22,  no  tienen la capacidad de  eliminar la presunción de inocencia.   

El  yerro del Tribunal, asevera, consiste en  que  construye  la  inferencia  lógica  sin  tener  presente  la  regla  de  la  experiencia   propuesta   por  el  defensor,  en  el  sentido  que  «[s]iempre  o  casi  siempre  que  una  persona  es empleada de un  trabajo   debe   estar   en   el  sitio  y  con  la  vestimenta  apropiada  para  desarrollarlo»23;        adicional  a  esto,  aclara,  el  hecho  indicador  tiene  que estar  demostrado y jamás se puede edificar un indicio con otro.   

En  punto  de  la  trascendencia,  anota  el  libelista  que  su  prohijado  «conocía la capacidad  económica  de  su  jefe  y  también que después de los hechos no volvió a su  sitio             de            trabajo»24.        Y,      sin     más,     aduce  que  el  incriminado  por el hecho de tener -para la fecha de  los  punibles-  una  relación  contractual  con el hoy desaparecido, tenía que  laborar  «allí  porque debía estar allí, y por lo  tanto    no    se   configura   el   indicio   de   oportunidad   física   para  delinquir»25.   

En  criterio  del censor, no se acreditó el  indicio  de  manifestaciones  posteriores,  ni su mandante realizó acto del que  pueda  derivarse  su  responsabilidad penal, para lo cual evoca el contenido del  artículo  232  de  la Ley 906 de 2004, sobre el conocimiento para condenar más  allá de toda duda.   

Por  otro  lado,  anuncia  que  los  fallos  condenatorios  no  se  pueden  fundar  en  prueba de referencia, si ello es así  opera    el    principio   consagrado   en   el   artículo   7º   ejusdem,  que garantiza la presunción de  inocencia.   

Como, en el caso de la especie, se presentó  un  manejo inadecuado de la prueba indiciaria por parte de las instancias, es de  la  idea que se condenó injustamente a su prohijado, dándose por demostrada su  presencia  en  el  lugar  donde  ocurrieron  los actos contrarios a derecho, sin  verificarse el aspecto subjetivo (dolo) del comportamiento.   

En  esas  condiciones,  solicita  se case la  sentencia  recurrida  para  que,  en  su  lugar, se absuelva al procesado de los  cargos elevados en su contra por la Fiscalía.   

          CONSIDERACIONES   

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella en la que   i)   el  impugnante  carezca  de  interés  para acceder al recurso, ii) no se  invoque la causal conforme a la cual  se    edifica   el   reproche   de   las   contempladas   en   el   canon       181       ibidem,      iii)      se   omita   desarrollar   los   cargos  correspondientes  o,  iv) fundadamente se logre establecer que no se requiere de  la  sentencia  para cumplir las finalidades previstas en el aludido precepto  180; lo anterior, salvo que el  cumplimiento  de alguno de esos fines permita superar los defectos técnicos que  exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  la demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente,  clara y precisa en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte   que   se   debe  soportar  en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar a la manera de un alegato de instancia.    

La  proposición de los cargos exige escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2.  El  libelo  que  nos  ocupa no satisface los requisitos mínimos que  exige  el  referido  canon  184  para su admisión y, por lo tanto, no puede ser  seleccionado. Las razones son las siguientes:   

2.1.  Cuando se predica un error de hecho en  el  sentido  de  falso raciocinio, se debe demostrar que el ejercicio valorativo  del  funcionario  judicial es trasgresor de los postulados de la lógica, de las  leyes  de  la  ciencia  o  de  las  reglas  de  la experiencia, es decir, de los  principios    de    la    sana    crítica    como   método   de   apreciación  probatoria.   

Con tal fin, el libelista debe señalar, con  exactitud,  el  medio de prueba sobre el que recae el yerro, identificar aquello  que  expresamente  dice  y  se  deduce de él, el mérito persuasivo otorgado al  mismo  por el juzgador, indicar y desarrollar, con precisión, la regla lógica,  la  ley  de  la  ciencia  o la máxima de la experiencia aplicada erradamente al  realizar  el  proceso  valorativo  de  los  medios  de  prueba, así como la que  apropiadamente  le  debió  servir  de apoyo, la norma de derecho sustancial que  indirectamente  resultó  excluida  o  indebidamente  aplicada o interpretada y,  finalmente,  demostrar  que de no haberse incurrido en el defecto, el sentido de  la decisión adversa habría sido sustancialmente opuesto.   

Ahora, tratándose de la crítica respecto de  la  apreciación  del  indicio,  la  Sala  tiene  decantado  que  este  elemento  cognoscitivo,  como  los  demás  medios de persuasión, puede ser controvertido  demostrando  la  existencia de i) errores de hecho (falsos juicios de existencia  o  identidad) o de derecho (falso juicio de legalidad) respecto de la prueba del  hecho  indicador,  ii)  errores de raciocinio respecto del proceso de inferencia  lógica  o  iii)  yerros  de raciocinio frente a la convergencia de los indicios  entre sí y con los demás medios de persuasión.   

En  verdad,  si el juzgador se apoya en una  prueba  inexistente  del  hecho  indicador  o  deja  de considerar alguna que lo  soporta,  o distorsiona, adiciona o suprime el contenido literal de algún medio  probatorio  del  mismo  o  toma  como  soporte una prueba que fue incorporada al  proceso  sin  satisfacer  los  requisitos  legales de validez, es claro que, por  ello,  se  incurre  en  un defecto en la edificación del indicio que bien puede  ser demostrado para eliminar todo efecto probatorio.   

De igual modo, si al emplear las leyes de la  sana  crítica  respecto  del  hecho  indicador,  el fallador las quebranta para  elaborar   inferencias   subjetivas   o   contrarias  a  ellas,  es  nítida  la  configuración  de un falso raciocinio que puede ser denunciado especificando el  postulado  de la ciencia, la experiencia o la lógica indebidamente aplicado, el  que en cambio debía utilizarse y, lo que debía inferirse de ello.   

Lo  importante, entonces, es saber que así  como  el  indicio  suele  ser un instrumento de convicción útil para lograr el  convencimiento  más  allá  de toda duda razonable, puede ser atacado a través  de   una   metodología  también  lógica  y  compleja  que  apareja  un  doble  escrutinio,  el  referido  a  la  construcción  del  indicio y el atinente a la  valoración  que  del  mismo  haya hecho el sentenciador, ambos precedidos de la  aplicación    de    la    sana    crítica    como   método   de   persuasión  racional.   

2.2.            Descendiendo  al  caso  de  la  especie, de entrada, se advierte la  manifiesta       confusión       argumentativa      del      censor,     toda     vez    que,        si       bien,   en   la   postulación,   anunció  que  el  reparo  estaría  dirigido  a  atacar,  por la ruta del falso raciocinio, el proceso de inferencia  lógica    en   la   construcción   de   los   indicios,   lo   cierto   es   que,  a  la  manera  de  un  alegato      de      instancia,      también,          dedicó  su  esfuerzo  a  criticar,  los  hechos  indicadores, lo que lo obligaba a escoger alguna de las sendas del error  de  hecho  –existencia o  identidad-    o    de    derecho    –legalidad  o  convicción-, cometido que,  de manera alguna, emprendió.   

Ahora,  en  el  propósito  de  atacar las  inferencias   lógicas,   el   defensor  aceptó, en un primer  momento,     como    único    probado,  al indicio de  oportunidad  o presencia en el lugar de los hechos, no  así   a   los  restantes  deducidos    por   los  sentenciadores  porque, a su juicio, son contingentes  y  encuentran  explicación  lógica  en la actividad cotidiana que desarrollaba  el   acusado,   pues,   asegura   que,  con  ocasión  de su trabajo,   era   normal   que  él  estuviera  vestido  con  su  uniforme  cerca  de  la  bodega  donde  laboraba.   

No  obstante,  esta  premisa  no    solo    resulta    ser   lesiva  del  principio de razón  suficiente,  en  la  medida que, justamente, el resto  de     indicios:     móvil    (hurto    de    la    caja    fuerte    y    la    camioneta),        capacidad        para  delinquir  (acusaciones  por    hurtos    menores   anteriores),      huida     y     manifestaciones     posteriores,  ninguna  relación  tienen  con  el  oficio   que  desempeñaba  su  asistido    y,   menos   podrían    ser    catalogados    de    contingentes,    si   ellos     se    analizan,  como lo hicieron los falladores, por  su  convergencia  y  de  manera conjunta,     sino     que     también     vulnera    el     axioma    de    no  contradicción,  habida cuenta que  a    la    par   que   el   letrado   admite  el  indicio   de   presencia   en   el   lugar  de  los  hechos,  más  adelante,  niega  que su representado  fuera   el  que  estaba,  el  día  de  los  hechos,  junto  con  otras  dos  personas,  en  la  camioneta  de  la  víctima,  a  las  afueras de la        residencia del desaparecido.   

Nótese,     cómo,    en  el  desarrollo  del reproche, el libelista propuso,   como   regla  de  la  experiencia  transgredida, aquella que  indicaría  que  «siempre  o  casi  siempre  que una  persona  es  empleada  de  un trabajo debe estar en el sitio y con la vestimenta  apropiada         para        desarrollarlo»26-;  pero, además que nada dijo acerca de cuál fue la pauta  indebidamente  empleada por los  juzgadores,    no    demostró    la    práctica  consuetudinaria   de  la  volátil    “regla”    propuesta   y,  menos  aún,     explicó  la    pertinencia   de   tal   premisa,    de    cara    a    su  argumento  y  a  las inferencias de  los  juzgadores,  si se considera que, precisamente,  es      el      actor     quien     sostiene    que    su   representado,       estuvo  en  lugar  diferente  al de su  trabajo,    con   su  uniforme.   

Recuérdese   que   la   regla   de  la  experiencia               corresponde   a   un  hecho,  acto  o  circunstancia   de  orden  individual  que  se  repite  de  manera  constante  e  invariable  en  la comunidad y luego se expande en todo el ámbito social, hasta  ser  considerada  una  costumbre  general  por  la  población,  en la  que  no  se observa ninguna duda de  su  realización  idéntica  o  igual  en  eventos  similares,  por virtud de la  repetición constante del mismo suceso.   

En  el  caso  de  la  especie, el letrado  no  acreditó  la  suficiencia  de su aserción pues  no      podría  demostrar  que  todos los  empleados    siempre  están      en     su     sitio     laboral,          cuando  se  sabe  que,  es  común que  unos  lleguen   tarde,   otros   no   vayan,   se  enfermen,               estén      de      permiso,      se  escabullan,  se  demoren  más   de   lo  necesario  cumpliendo  sus  deberes  fuera  de  su  lugar    habitual    de    trabajo,  entre  otras posibilidades, y tampoco probó que los  sentenciadores  hubieren  ignorado que casi  siempre  las personas permanecen  en   su   empleo,  pues,  el  razonamiento  de  estos,  en  verdad, envolvió  una    posibilidad    alternativa    a    la    categórica    y    partió de  considerar,               justamente,  que,    es    viable   que   un   sujeto   se  aleje de su sitio de trabajo durante su horario laboral.   

Y  es opuesta a la lógica la regla de la  experiencia  aludida  por  el  profesional  del  derecho, porque si fuera   cierto   que   “siempre”    el   trabajador   debe  permanecer  en  su  sitio  laboral,  entonces,  en su  premisa,        habría        dejado  de explicar el letrado,  qué hacía su patrocinado en horas  de   trabajo  en  un  sitio  diferente,  al  interior  de  la  camioneta  de  su  empleador,  vestido  de  amarillo,  y  sin que la víctima estuviese en el mismo vehículo el día que le  hurtaron   sus   pertenencias,   y  que  no  se  volvió  a  saber  nada  de  su  paradero.   

El  libelista  tampoco  es  explícito  en  verificar  la  segunda  parte  de  su  afirmación:  «y    con    la    vestimenta    apropiada    para  desarrollarlo»27,        en  la  medida  que  tal  enunciación, además de ser subjetiva, en  todo  caso,  no  fue desatendida por los falladores porque fue, exactamente, por  el  overol  amarillo  que vestía el acusado, entre otras razones, por lo que se  pudo ubicar al implicado en el teatro de los hechos.   

Así, se constata que el jurista no abarcó  todos  los  aspectos  jurídicamente  relevantes  declarados por los juzgadores,  como    el    hecho    que   su   poderdante   Mirque  Caballero,  fue  observado, dos veces, por un testigo,  el  mismo  día  de  la  desaparición  de la víctima y la perpetración de los  delitos  contra  su patrimonio económico (caja fuerte y camioneta), fuera de su  sede  contractual  laboral  (bodega  ubicada  en  la  Av.  Boyacá, calle 72 No.  68-28),  lo cual pone de relieve la violación del principio de la lógica de no  contradicción,  de cara a la regla de la experiencia vertida por el demandante,  puesto   que   su   prohijado  estaba  vestido  con  su  uniforme  amarillo,  en  inmediaciones  del  apartamento  de  su jefe (Av. 63 No. 32B-07), en el interior  del  vehículo  del  mismo,  con  dos  personas  más,  y  sin  que  allí fuera  visualizado                el                desaparecido                Héctor  Vanegas.        

2.3.   El  demandante   cuestionó  el   indicio   de   presencia  y  oportunidad  para  delinquir,    bajo   la   idea   que   si  dentro  del automotor se distinguió a una persona con cola de  caballo  y  vestido con overol amarillo, ese hecho no  puede  «demost[rar]  que  realmente  el  pasajero  fuera  el  acusado  sino  que  es  una  inferencia  del  juzgador»28.      Al     respecto,       es       nítida       la      violación      del   principio   de  corrección  de  material,     por     cuanto     el     defensor  reclamó     prueba     directa    del   reconocimiento  de  su  prohijado  dentro   del   vehículo,   rechazando,      de      contera,   cualquier   otro   medio   de   convicción,   y   desconociendo  una  realidad probatoria  y   procesal   bien   decantada   por   las   instancias,   esto  es,  que  la  inferencia     de     coautoría     recayó   en   su  asistido  por  las  características  particulares  del  inculpado,  aunadas  a  los demás indicios  atribuidos en su contra.   

En  atención a lo precedente, y con base  en  el  axioma  de  unidad  de  decisiones  o de inescindibilidad de los fallos,  véase lo acreditado por el juzgado de conocimiento:   

Según  la descripción que se hiciera en  el  curso  del juicio por parte del testigo ANDRES FABIAN VANEGAS, de la persona  aquí  procesada  se dijo, entre otros, pormenores que tenía cabello largo. Con  ello  aflora  el indicio de capacidad u oportunidad para delinquir en contra del  acusado,  pues  se  infiere  con  alto  grado  de  probabilidad  que  estuvo  en  compañía  de  la  víctima en el momento de la ejecución del delito, amen que  la  descripción  dada  por el testigo JOSE MAURICIO  NIVIA,   se   aproxima   a   la   fisionomía   del  procesado.   

Agréguese además, que ese procesado, como  atrás  se  dijo,  era  la  persona de confianza de la víctima, conocía de los  pormenores  de  sus  actividades  comerciales,  sabía  que  para  esa época le  habían  cancelado  el  anticipo  de  un contrato en la ciudad de Pereira, y que  además  acostumbraba  a  guardar el dinero en una caja fuerte en el interior de  su  residencia,  ya  que  en  anteriores  oportunidades  les había cancelado en  efectivo  el valor de sus mesadas o sueldos de fondos que estaban depositados en  dichas dependencias.   

De las anteriores circunstancias dieron fe  en  testimonio  MONICA  LILIANA  VANEGAS  y JENIFER MONTES TAPIAS, a quienes les  consta  sobre  la  ejecución  de  los contratos por parte de la víctima, y del  pago  reciente  de  dineros que se le habían hecho por tal concepto.29   

Entonces, la aseveración del letrado en el  sentido  que  las  instancias  construyeron  un  indicio con otro, es una simple  especulación  indemostrada que pretende, de modo artificial, hacer colapsar los  argumentos  judiciales,  en  tanto  carece de toda base sólida que respalde sus  precarias  afirmaciones.  Y  es  que,  si  los  testigos  hubieran reconocido al  procesado  dentro  del  vehículo  se  estaría  ante una prueba directa, que no  requeriría mayor apoyo indiciario.   

Como si fuera un escrito de libre importe el  defensor   sostuvo  que  del  referido  hecho  indicado,  se  puede  inferir  la  ubicación  de  su  procurado en el teatro de los acontecimientos, pero que ello  no    lo    compromete    «fatalmente»30   en  los  delitos  por  los  que se le condenó. Tal aserción encierra un rechazo y total  desconocimiento  de  la  cadena  indirecta construida por los falladores, ya que  aceptó  que  su prohijado estuvo en el sitio exacto de los injustos, pero, a la  par,  lo  excluyó  de  responsabilidad,  por lo menos de manera parcial, con lo  cual,     otra     vez,     conculcó     el    postulado    lógico    de    no  contradicción.     

Ignoró,  de este modo, que el Tribunal, en  el  análisis  correspondiente  a la convergencia de la prueba indirecta, expuso  lo siguiente:   

Estar  en  la  camioneta  de  la  víctima  después  de  que  ésta  ya  había  sido desaparecido (sic), frente a su casa,  vestir  el  uniforme  del  procesado,  tener  cola de caballo como el procesado,  saber  que  había  recibido  el pago de un contrato de señalización de vías,  que  guardaba  el  valor  de  ese pago en la caja fuerte, ausentarse tanto de su  sitio  de trabajo como de su residencia inmediatamente después de los hechos, y  estar  tanto  en  el momento como en el sitio donde debieron ocurrir los hechos,  todos  son  indicios  concurrentes  unívocamente  en  el procesado.31   

2.4.  De cara al indicio de manifestaciones  posteriores,  el  letrado  adujo  que  no  se  sustenta  en ninguno de los siete  indicios   construidos  por  el  ad  quem.  Sin  embargo,  consintió  en  que  por  virtud  del principio de  inescindibilidad  entre  los  fallos,  el  juzgado sí lo hizo al referirse a la  comunicación  que  tuvo  el  padre del procesado Robert Mirque Álvarez con una  señora  de  nombre  Carmenza,  de  donde  se  entiende  que  se  referían a la  desaparición de que fue objeto el señor Héctor Vanegas.    

Si ello es así, en principio, no se observa  crítica  vinculante  alguna  del  indicio  señalado,  puesto  que  el mismo se  consolidó  con  la interceptación telefónica legalmente aportada al plenario;  cuestión  diversa  es  que  el  litigante no esté de acuerdo con la inferencia  generada  por  los  falladores,  o  proponga,  como si fuera un escrito de libre  sustentación,  que  no  se  sabe  con  qué  persona  habló  el progenitor del  inculpado,  o  quiénes eran, en verdad, los interlocutores de esas grabaciones,  o  que  opine  que,  las  interceptaciones  no  pueden  ser  tenidas como prueba  incriminatoria,  porque  el  investigador  José Eliecer Mora Cárdenas informó  que    a    Carmenza    no   se   la   identificó,   ni   se   hizo   análisis  fonoaudiológico.   

Ahora, si el propósito del casacionista era  la  exclusión  de la información obtenida de las interceptaciones telefónicas  es  claro  que  equivocó la senda de ataque al seleccionar el falso raciocinio,  pues,  cuando  los  cuestionamientos  están dirigidos a discutir la validez del  hecho  indicador, más no a la construcción indiciaria que a partir de aquel se  hizo,  el  camino  correcto  es  el  del  error  de  derecho por falso juicio de  legalidad.  A  esta  conclusión,  se  puede  llegar  si se examina la siguiente  manifestación   del  demandante:  «Adicional  a  lo  anterior,   el   indicio   de   manifestaciones  posteriores  se  construye  con  “manifestaciones”  de  terceras  personas  y  no  del presunto autor, razón  suficiente         para         desecharlo»32.       

Sobre   el   mentado   indicio,  la  juez  unipersonal estimó lo siguiente:   

En  efecto,  de  los  testimonios  de  los  funcionarios  de policía judicial GLADYS VERONICA MEZA HERNANDEZ Y JOSE ELIECER  MORA  CARDENAS, se establece que dentro de las labores investigativas realizadas  en  el  presente  caso,  está  la interceptación de comunicaciones del abonado  312-3177065,  el  cual figuraba a nombre de PAUL ANDRES MIRQUE, pero que para el  momento  de  la  interceptación  era  portado  por  el padre del acusado ROBERT  MIRQUE,  y  como se demostró por MORA CARDENAS, se realizaron la transcripción  de  las  principales comunicaciones entre ellas las identificadas con los ID que  a  continuación  se  relacionan, tal como aparece en el informe de campo del 29  de  abril  de  2011,  que fuera del 29 de abril de 2011, que fuera aceptado como  prueba número 3 de la Fiscalía General de la Nación:   

ID.  1599751  correspondiente a la llamada  del  19  de  febrero de 2007 a las 14:53:12 horas, en donde interviene SEBASTIAN  MIRQUE  CABALLERO  y ROBERT MIRQUE. De ella se infiere que Sebastián le pone en  conocimiento  que  fue  llevado  hasta un CAI para que entregara una citación a  PAUL Y HAROL.   

ID.  1600094  llamada del 19 de febrero de  2007  a  las 15:29:51 horas en donde intervienen ROBERT MIRQUE Y PAUL MIRQUE. El  tema  en  un  principio es que Robert le pone en conocimiento de lo ocurrido con  Sebastián  y  sobre  la citación para PAUL Y HAROL, a lo cual PAUL lo invita a  que  se vayan de inmediato para el lugar en donde él se encuentra, dejando todo  abandonado.   

ID.  1602985  llamada del 19 de febrero de  2007  a las 20:18:11 horas. Intervienen ROBERT MIRQUE Y NN. CARMENZA. El tema es  el    problema    delicado    de    PAUL,    en    donde    hay    una   persona  desaparecida.33   

Como si lo anterior fuera poco, el libelista  vulneró,  de  nuevo,  el  axioma  de  corrección  material,  en  la medida que  desconoció  lo vertido en los fallos acerca de su última afirmación, esta es,  que  se  edificó  el  indicio  de  manifestaciones  posteriores  con  dichos de  terceras  personas,  olvidando,  convenientemente, que el inculpado se comunicó  con  su  padre  a  fin  de  que abandonara todo y se fuera al sitio donde él se  encontraba.   

Y es que, si se analiza lo anterior de forma  aislada  –como lo hizo el  demandante-  la  conclusión  es  incoherente,  puesto  que  al dejar de lado la  concatenación  indiciaria  obtenida  de  los  hechos indicadores referidos (con  base  en  las interceptaciones), sobre todo el que indica que la administración  de  justicia  estaba  buscando  a  su  cliente y a su amigo Harold, la propuesta  defensiva  se  muestra  desierta al no ser más que una opinión que cercena los  medios  a  través de los cuales se construyó la inferencia lógica que arribó  al mentado indicio de manifestaciones posteriores.   

Por  no decir más, en el fondo, se observa  que  el  libelista  reclamó  una  expresión ulterior de su prohijado donde, de  manera  directa,  hable  expresamente  de  su participación en los hechos, o se  vincule  a  los  mismos, de forma tal, que excluya cualquier otro indicio, (así  lo  expuso:  «en las interceptaciones telefónicas no  hay  manifestación  posterior  del señalado como autor respecto del crimen que  le            fue            enrostrado»34),  todo  lo cual violenta la  sana  crítica  al  pretender introducir una tarifa probatoria, abandonada desde  hace años por la legislación colombiana.   

Para la Sala es evidente que, el letrado no  demostró  el  yerro de los juzgadores con un puntual análisis de la grabación  obtenida  entre procesado y progenitor, pues solo se refirió de forma general a  ella;  en  esas  circunstancias,  su  omisión  comporta  serias falencias en la  demostración de su ataque.   

Y,  lo  peor  de  todo,  es que el defensor  propendió,  en su ataque, por que ningún indicio sea apto para condenar, claro  está,  si  no  lo  edifican como él lo exige, olvidando que uno de sus mayores  yerros  se  relaciona  con la regla de la experiencia por él ideada, motivo por  el  cual, si ella no se encuentra debidamente adecuada, demostrada, sustentada y  desarrollada,  todos  sus cuestionamientos contra el fallo de segunda instancia,  devienen insustanciales.   

         2.5.  En  la demanda se observa otro error, consistente en aseverar,  en  contra  de lo analizado por los falladores, que el investigador y testigo en  el    juicio    José    Eliécer    Mora    Cárdenas,    nunca    «expresa  o  tácitamente  mencion[a]  algo  que lo vincule con el  desaparecimiento        del       señor       HÉCTOR       VANEGAS»35,  cuando  es  claro  que tal  intención  del  deponente  fue  expresa  en sus aseveraciones durante el debate  oral.   

Así   lo   destacó   el   a quo:   

Sumado  a  lo  anterior, y que refuerza el  análisis  anterior  relacionado  con  el  flujo  de llamadas entre los abonados  celulares,  está lo indicado por el testigo José Eliecer Mora Cárdenas, quien  fuera  uno  de  los  investigadores del presente caso, cuando señaló de manera  enfática  que  de  acuerdo con sus labores pudo establecer que los responsables  de  este  comportamiento  ilícito  fueron  los  señores  Paúl  Andrés Mirque  Caballero       y      Juan      Carlos      Pereira      Rodríguez.36    

Con  ello,  se  demuestra  que  el defensor  desconoció   el   contenido   objetivo   de   los  medios  cognoscitivos,  para  aprovecharlo  en  su  beneficio,  sin  darse cuenta que una vez más vulneró el  principio  de  corrección  material,  el  cual  estaba  obligado a acatar en su  integridad,    claro    está,    si    se    quería    acreditar    el   yerro  planteado.   

2.6.  Sostuvo  el  defensor  que solo dos  indicios  justificarían la sentencia condenatoria, estos son, el de móvil para  delinquir  y  el  de  huida,  pero  al  ser contingentes, en sí, no eliminan la  presunción  de  inocencia.  Aquí el desatino del libelista es palmario porque,  se  limitó a caracterizar a la prueba inferencial como accidental, dejando a un  lado  la  obligatoria  demostración  de tal aserción; por ejemplo, no explicó  cuáles  argumentos  soportan la levedad del móvil, qué valor le brindaron las  instancias  al  mismo,  y  sobre  todo  por qué motivo hay que excluirlo de las  valoraciones judiciales.   

No bastaba, pues, simplemente, decir que son  circunstanciales  para  tener  por  resuelto  el  asunto.  En otras palabras, el  desarrollo  del  reproche  no  guarda  ninguna idoneidad con la enunciación del  cargo elevado por falso raciocinio.   

2.7.  Finalmente,  cuando  se refirió a la  trascendencia  de  la  censura, alegó que por el hecho de existir una relación  laboral  entre  el  hoy  desaparecido  con  el  aquí  condenado,  éste último  «estaba allí porque debía estar allí, y por tanto  no  se  configura el indicio de oportunidad física para delinquir»37.   

Esta   es  una  muestra  de  su  singular  argumentación,  la  que  a  la postre –además  de  violentar  los  principios  de claridad y objetividad-,  también  recayó  en el alegato de instancia tantas veces referido, puesto que,  en  principio,  impuso  su  criterio individual sobre el de los juzgadores y, en  segundo  término,  volvió  a  ignorar,  de  manera  vedada, que su asistido no  estaba   en   la   bodega   trabajando   el  día  de  los  hechos  –como  era su obligación contractual-,  sino  que  fue  visto por un testigo dentro de la camioneta de su empleador y al  frente  de  su  apartamento,  aunado  a  todas  las  construcciones  indiciarias  atribuidas por los falladores contra su prohijado.   

El  principio de transcendencia permea todo  el  ataque  en  casación,  tanto  que,  si  se  deja  de  lado  su indiscutible  naturaleza  y  fuerza demostrativa para ponerlo a redundar en ideas subjetivas y  sin  ninguna  relevancia objetiva, en oposición y rechazo frontal a lo valorado  por  los  juzgadores,  acontece  lo  que aquí sucede, esto es, la censura queda  convertida en un simple alegato insustancial.   

Por estos motivos, no es posible admitir la  demanda.   

3. En todo caso, al amparo del artículo 184  de  la  Ley  906 de 2004, cuando la Corte decide no darle curso a una demanda de  casación,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  fueron  definidas  por  la  Sala  desde  el auto del 12 de  diciembre  de  2005,  radicación  24.322 y precisadas recientemente en auto CSJ  AP, 25 jun. 2014, rad. 42.597.   

4.  Finalmente,  es necesario puntualizar que no se observan flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón  de  las  finalidades  de  la  casación,  salvo  por la que enseguida se  anunciará.   

5. En verdad, si  bien  el  recurso extraordinario de casación no constituye una oportunidad para  rebatir  el criterio del juzgador como si se tratara de una instancia adicional,  sí  comporta  un  control  de legalidad y constitucionalidad concreto frente al  fallo  recurrido,  que  propende  por  la  eficacia de los fines previstos en el  artículo  180  del ordenamiento procesal penal vigente, estos son, la guarda de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios, la  unificación   de   la   jurisprudencia  y   la  realización  del  derecho  material.   

En  ese orden, el artículo 184, inciso 3º  de  la  Ley  906  de 2004, faculta a la Corte a actuar oficiosamente, cuando aun  inadmitiendo  la demanda de casación advierta la necesidad de hacer efectivo el  derecho  material,  preservar  o restaurar las garantías de los intervinientes,  reparar  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  unificar  la jurisprudencia por  razones distintas a las planteadas en el libelo.   

Esta  es la ocasión, pues la Sala advierte  que,  al  parecer,  los juzgadores infringieron el principio de legalidad de las  penas,  en  punto  de la selección de la norma aplicable, en razón de la fecha  de   los  hechos  endilgados,  concretamente,  respecto  del  injusto  de  hurto  calificado  y agravado ejecutado antes de que entrara en vigencia la Ley 1142 de  2007,  lo  que  de  manera  eventual amerita la casación oficiosa y parcial del  fallo,  a  fin  de  restablecer  las  garantías  probablemente  trasgredidas al  enjuiciado.   

De  manera  que  una  vez  proferida esta  decisión  y cumplido con el rito de la insistencia, el expediente regresará al  despacho  del  Magistrado  Ponente con el propósito de  que  la  Sala  se  pronuncie  oficiosamente acerca de la posible vulneración de  derechos fundamentales, conforme se ha indicado.   

6.  Finalmente, la Corte compulsará copias  disciplinarias  y  penales  para  ante  el Consejo Seccional de la Judicatura de  Bogotá  y  la Fiscalía General de la Nación, a efecto de que se investigue la  conducta  de  la  Juez 32 Penal Municipal con funciones de control de garantías  de  Bogotá,  de  cara  a  la  responsabilidad  que  le pudiera asistir en la no  imposición de medida de aseguramiento en contra del procesado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada  por  el  apoderado  de  Paul  Andrés  Mirque  Caballero  contra la  sentencia  del  19  de noviembre de 2014, dictada por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Bogotá.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Tercero. En firme  la  anterior  decisión  y  cumplido  con  el  referido  trámite,  regresar  la  actuación  al  despacho  del  Magistrado  Ponente para que la Sala se pronuncie  oficiosamente    acerca    de    la    posible    vulneración   de   garantías  fundamentales.   

Cuarto. Compulsar  las   copias   de   que  trata  el  acápite  de  la  cuestión  final  de  esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  folios  1-2  de  la  sentencia    de    segunda   instancia   a   folios   7-8   del   cuaderno   del  Tribunal.   

2  Cfr.  Cd  de  audiencias  preliminares   de  legalización  de  captura,  formulación  de  imputación  e  imposición de medida de aseguramiento.   

3  Cfr.  Cd  de  audiencia de  revocatoria de abstención de medida de aseguramiento.   

4  Cfr.  folios  1-9  de  la  carpeta.   

5  Cfr.    folios   16-17  ibidem.   

6  Cfr.    folios   27-28  ibidem.   

7  Cfr.    folios   29-30  ibidem.   

8  Cfr.    folios   42-44  ibidem.   

9  Se  precisa  que  el  juzgador  excluyó la circunstancia de agravación específica  del  punible  de  desaparición  forzada, concerniente a la edad de la víctima,  mayor  a 60 años, consagrada en el artículo 166 del Código Penal porque no se  acreditó  tal hecho. Igualmente, se procedió respecto de las circunstancias de  mayor  punibilidad  descritas  en los numerales 2 y 10 del canon 58 ejusdem,  toda  vez  que  la  Fiscalía  omitió   imputarlas  jurídicamente  en  los  alegatos  de  cierre  del  juicio  oral.   

10  Cfr.    folios   51-74  ibidem.   

11  Cfr.   folios  7-24  del  cuaderno del Tribunal.   

12  Cfr. folio 26 ibidem.   

13  Cfr.    folios   28-40  ibidem.   

14  Cfr. folio 6 de la demanda  a        folio       33       ibidem.   

15  Ramos  Méndez,  Francisco.  El  sistema  procesal  español. Barcelona. 1992 p.  90-91.   

16  Cfr. folio 9 de la demanda  a        folio       36       ibidem.   

17  Ibidem.   

18  Cfr. folio 10 de la demanda  a folio 37 ibidem.   

19  Ibidem.   

20  Ibidem.   

21  Ibidem.   

22  Cita,  para tal efecto, la sentencia CSJ SP, 13 sept. 2006, rad. 23.251, alusiva  a      los      indicios     necesarios     y     contingentes.     Cfr.  folio  11 de la demanda a folio 38  ibidem.   

23  Ibidem.   

24  Cfr. folio 12 de la demanda  a folio 39 ibidem.   

25  Ibidem.   

26  Cfr. folio 38 ibidem.   

27  Cfr. folio 11 de la demanda  a folio 38 ibidem.   

28  Ibidem.   

29  Cfr.   folio  30  de  la  sentencia de primera instancia a folio 65 vuelto de la carpeta.   

30  Cfr. folio 10 de la demanda  a folio 37 del cuaderno del Tribunal.   

31  Cfr.   folio  14  de  la  sentencia     de     segunda     instancia     a     folio    21    ibidem.   

32  Cfr. folio 11 de la demanda  a        folio       38       ibidem.   

33  Cfr.  folios  32-33  de la  sentencia de primera instancia a folios 66 vuelto-67 de la carpeta.   

34  Cfr. folio 11 de la demanda  a folio 38 del cuaderno del Tribunal.   

35  Ibidem.   

36  Cfr.  folios  34-35  de la  sentencia de primera instancia a folios 67 vuelto-68 de la carpeta.   

37  Cfr.  folio 39 ibidem.     

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