SP2650-2015(43023)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

SP2650-2015  

Radicación No. 43023  

Aprobado Acta No. 100  

          Bogotá   D.C.,   once   (11)   de   marzo   de   dos   mil  quince  (2015)   

VISTOS  

Resuelve  la  Corporación  el  recurso  de  apelación    interpuesto    por    la    defensa    del   doctor   JOSÉ  CAMILO DE ÁVILA FERNÁNDEZ contra  la  sentencia  del  14 de noviembre de 2013, por cuyo medio el Tribunal Superior  de  Cartagena  lo condenó como autor del delito de prevaricato por acción a la  pena  de cincuenta (50) meses de prisión, multa de setenta y seis (76) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  inhabilitación  para el ejercicio de  derechos   y   funciones   públicas   por   el   mismo   lapso   de   la   pena  principal.   

HECHOS  

Con fundamento en la denuncia instaurada por  Orlando      Elías      Pineda      contra  del doctor JOSÉ CAMILO DE ÁVILA  FERNÁNDEZ,   Juez   Sexto  Civil  del  Circuito  de  Cartagena,  la  Fiscalía  lo acusó de incurrir en el delito de prevaricato por  acción  con ocasión de la sentencia dictada el 8 de febrero de 2008 dentro del  proceso    de    deslinde    y   amojonamiento   instaurado   por   Jaime    Figueroa   Sossa   contra   el  denunciante.   

Lo anterior porque el fallo es incongruente  con  el material probatorio acopiado en tanto el opositor demostró la posesión  del  terreno por más de 20 años; sin embargo, el juez denegó la prescripción  adquisitiva  de  dominio  aducida  fundado  en que se había interrumpido con la  presentación  de  una  demanda  reivindicatoria  en el Juzgado Quinto Civil del  Circuito  de  Cartagena  en  el  año  1989, con lo cual pretermitió aplicar el  artículo   91  del  Código  de  Procedimiento  Civil  que  torna  ineficaz  la  interrupción  cuando  el  fallo es adverso al demandante, como ocurrió en este  caso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  5  de  septiembre  de 2011 la Fiscalía  Cuarta  Delegada  ante  el  Tribunal de Cartagena formuló imputación en contra  del     doctor     JOSÉ    CAMILO    DE    ÁVILA  FERNÁNDEZ por el punible de prevaricato por acción,  audiencia   realizada   en   el   Juzgado   Noveno   Penal   Municipal   de  esa  ciudad.      

El  18  de  noviembre  del  mismo  año  la  Fiscalía  radicó  ante  el citado Tribunal escrito de acusación en contra del  doctor     DE     ÁVILA    FERNÁNDEZ.  La  audiencia  de  acusación se llevó a cabo el 20 de marzo de  2012;  la  diligencia  preparatoria  se  surtió  el  28 de abril y el juicio se  realizó  en sesiones del 22 de enero, 19 de febrero y 10 de septiembre de 2013,  siendo proferido fallo el 14 de noviembre de ese año.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

Según  el  fallo  de primera instancia, el  doctor  JOSÉ CAMILO DE ÁVILA FERNÁNDEZ  incurrió  en  el  delito de prevaricato por acción porque en la  sentencia  del  8  de  febrero  de  2008 denegó la prescripción adquisitiva de  dominio  aducida por Orlando Elías Pineda  dentro  de  la  oposición al deslinde y amojonamiento solicitado  por  Jaime Figueroa Sossa al  considerar  desvirtuada  la  posesión pacífica del predio por la presentación  de  demanda  reivindicatoria  ante  el  Juzgado  Quinto  Civil  del  Circuito de  Cartagena,    decisión    manifiestamente   contraria   a   le   ley   por   lo  siguiente:   

i)  Si  bien el artículo 90 del Código de  Procedimiento  Civil  establece que la presentación de la demanda interrumpe el  término  de  prescripción,  el  canon  91 precisa que ello no ocurre cuando la  sentencia  absuelve  a  la  parte  demandada,  como acaeció en este caso, regla  aplicable  tanto  a  prescripción  adquisitiva  como  a  la  extintiva, pues el  legislador    no   restringió   su   alcance   frente   a   ninguno   de   esos  institutos.     

ii)  El  juez  debía  considerar  que  el  dictamen  pericial  acopiado  se  fundaba  en títulos ilegítimos por cuanto al  proceso  se  allegaron  copias de los fallos de primera y segunda instancia, por  cuyo  medio  se  condenó  por fraude procesal a Jaime  Figueroa  Sossa  por  haberse  arrogado la calidad de  heredero   de  Alberto  Figueroa  Cedeño,  sin  serlo  (Escritura 2958 del 31 de  octubre   de  1988  Notaría  Segunda  Cartagena),  y  ampliar     unilateralmente     los    linderos    del    predio    (Escrituras  2553  de  1990,  Notaría  Segunda  y  1526  del  6 de  noviembre   de   1992,   Notaría   Cuarta,   ambas   de  Cartagena).   

iii)   El examen de los hechos tornaba  fácil  advertir  que  los  demandantes  pretendían  revivir  una  controversia  zanjada  en  el  trámite reivindicatorio surtido en el Juzgado Quinto Civil del  Circuito de Cartagena.   

iv)  Aunque  la  sentencia  se fundó en un  dictamen  pericial,  debió  ser  examinado  con  criterios  de racionalidad por  cuanto   la   experticia   no  sustituye  al  juez  en  su  labor  de  decir  el  derecho.   

v)  No  se  trata  de  un  simple  desatino  interpretativo  sino del querer del funcionario orientado a apartarse de la ley,  dada   la  frugal  argumentación  y  la  omisión  de  resolver  los  problemas  jurídicos  planteados.  Así,  la  poca atención del funcionario al cúmulo de  información   ofrecida   por  la  parte  demandada,  cuya  contundencia  debía  persuadir     al     más     “ignoro”  sobre  la  no  prosperidad  del deslinde pretendido, indica su  intención  de  apartarse  de  la  ley, dada la carencia de fundamentos frente a  aspectos  controversiales  como  la  prescripción  adquisitiva  de dominio y el  menosprecio  de  las  circunstancias  relacionadas  con  la  doble  sucesión  y  ampliación   unilateral   de   linderos.  Este  proceder  no es admisible en un servidor judicial de amplia  trayectoria  y  formación  jurídica que ha laborado por más de 20 años en la  judicatura.        

LA IMPUGNACIÓN  

         

El   defensor  pide     revocar  el  fallo  condenatorio y, en su lugar, absolver al doctor  DE  ÁVILA  FERNÁNDEZ por  cuanto no incurrió en accionar delictivo, pues:   

i)  No  existía  cosa  juzgada  porque  el  proceso  reivindicatorio instaurado por Jaime Figueroa  Sossa contra Orlando Elías  Pineda  tenía  un  objeto  diferente  al  deslinde y  amojonamiento,  luego  no  podía impedir que las partes pretendieran trazar una  línea divisoria entre predios colindantes;   

ii) Sólo hasta el 6 de abril de 2010, esto  es,  dos  años  después  de  proferido  el fallo, el Juzgado Segundo Penal del  Circuito   de   Cartagena   canceló  los  títulos  aducidos  por  Figueroa   Sossa   en  el  trámite  de  deslinde;   

iii) Si el experto señaló que los predios  eran  adyacentes,  no podía el juzgador sustraerse válidamente a ese concepto;   

iv) El artículo 91 únicamente se refiere a  la  prescripción  extintiva  de dominio, circunstancia que, unida a la ausencia  de posesión pacífica, impuso negar la prescripción incoada;   

v)  El  fallo no es manifiestamente ilegal,  dada  la  existencia  de  diversas  interpretaciones  sobre la interrupción del  lapso  prescriptivo. Con todo, podría pensarse que el funcionario se equivocó,  pero nunca que actuó con la intención de desconocer la ley.   

LOS NO RECURRENTES  

          

La      Fiscalía      solicita  ratificar  la  decisión  impugnada  en  apoyo de lo cual  resalta  que  los temas objeto de debate se circunscriben a revisar la decisión  que  ordenó el deslinde y negó la prescripción adquisitiva de dominio aducida  por  el  opositor.  Y aunque es cierto que la decisión se fundó en el dictamen  del   perito   José   Suárez  Núñez,  se  trata  de  una  prueba que debió someterse a la crítica por  cuanto  no  reemplaza  al  fallador.  Por  ello,  si  en el año 2004 el experto  señaló  que  los  predios no eran colindantes y posteriormente dijo que sí lo  eran, esa situación debió alertar al funcionario.   

Lo anterior con mayor razón cuando la parte  demandada  ilustró al juez frente a la fuente ilícita de los títulos aducidos  y  aportó  copia  de  la  sentencia  proferida por el Juzgado Segundo Penal del  Circuito   de   Cartagena   contra   Jaime  Figueroa  Sossa  en  la  que  se estableció que las escrituras  entregadas  como  soporte  de  la  demanda  estaban  fundadas  en  una sucesión  fraudulenta  y  en  la  ampliación  unilateral de linderos. Esa información se  suministró  en  el  año  2006,  antes  del dictamen, y no en el año 2008 como  aduce  la  defensa.  Por  ende,  sabía que el fundamento del dictamen era no se  ajustaba  a  la  realidad y no podía tenerlo en cuenta. No se trata de un error  porque  no  existe  explicación  sobre  la  omisión  de  considerar  el fraude  señalado por el denunciante.   

Al  igual que el Tribunal, considera que el  artículo  91  del  Código  de  Procedimiento  Civil  aplica a la prescripción  adquisitiva  y  a  la  extintiva,  de  manera  que la demanda reivindicatoria de  Figueroa    Sossa   no  interrumpía  la consolidación del derecho de Orlando  Elías      Pineda,      el      cual      debió  reconocerse.   

El  representante de la víctima  se  muestra  de  acuerdo  con el fallo             recurrido en tanto i) el  artículo  91  del  Estatuto Procesal Civil cobija todo tipo de prescripción y,  ii)  porque  a  pesar  de  estar  demostrada  la  obtención  fraudulenta de los  títulos   aportados   por   la   parte   actora,   el  funcionario  obvió  esa  situación.        

CONSIDERACIONES  

La  Sala  es  competente  para  resolver la  alzada  de conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del artículo 32 de la  Ley  906 de 2004, pues la acción penal es ejercida contra un juez del circuito,  juzgado  en  primera  instancia por el Tribunal Superior de Cartagena, por actos  realizados con ocasión del cargo desempeñado.   

La  labor  de  la  Corte  se  contraerá  a  examinar  los  aspectos sobre los cuales se expresa inconformidad incluyendo los  temas  inescindiblemente  vinculados  al  objeto  de  la  censura,  no sin antes  revisar la naturaleza del delito imputado.   

     

i. Acotación previa     

En  primer  lugar,  la  Corte  recuerda que  conforme  al  artículo 12 del Código Penal, “Sólo  se  podrá  imponer  penas  por  conductas  realizadas  con  culpabilidad. Queda  erradicada     toda     forma     de     responsabilidad    objetiva”.   

De  esta  manera, el ordenamiento jurídico  nacional  proscribe  la  imposición de sanciones basadas en el simple acontecer  fáctico alejado del querer, de la voluntad de las personas.   

Así  mismo,  debe tenerse presente que, de  acuerdo   con   el   artículo   9º  de  la  Ley  599  de  2000,  “para  que  la  conducta  sea  punible  se requiere que sea típica,  antijurídica   y   culpable”,  texto  del  cual  se  desprende     que    la    conducta    (activa    u  omisiva)  debe  pasar  por  el tamiz de las referidas  categorías dogmáticas para que revista condición delictiva.   

En  cuanto  al  componente  tipicidad,  la  Corporación  ha  indicado  que,  de una parte, la conducta debe adecuarse a las  exigencias  materiales  definidas en el respectivo precepto de la parte especial  del   estatuto   penal  (tipo  objetivo),  tales  como sujeto activo, acción, resultado, causalidad, medios  y  modalidades  del  comportamiento,  y  de otra, debe cumplir con la especie de  conducta  (dolo, culpa o preterintención)  establecida  por el legislador en cada norma especial  (tipo  subjetivo),  en el entendido de  que,  acorde  con el artículo 21 del Código Penal, todos los tipos de la parte  especial  corresponden  a  conductas  dolosas,  salvo  cuando  se  haya previsto  expresamente     que     se     trata     de    comportamientos    culposos    o  preterintencionales.   

De  otra parte, la Sala deja sentado que el  delito  de  prevaricato  por  acción  precisa  de  una  resolución, dictamen o  concepto  –en este caso,  sentencia–  ostensiblemente  contraria  a  la legislación, es decir, que su contenido torna  notorio,  sin  mayor dificultad, la ausencia de fundamento fáctico y jurídico,  y  su  contradicción  con  la normatividad, rompiendo abruptamente la sujeción  que  en  virtud  del  “imperio de la ley”  del artículo 230 de la Carta Política deben los funcionarios  judiciales al texto de la misma.   

Tal   ocurre,  por  ejemplo,  cuando  las  decisiones  se  sustraen  sin  argumento  alguno  del texto de preceptos legales  claros  y  precisos, o cuando los planteamientos invocados para ello no resultan  de  manera  razonable  atendibles  en el ámbito jurídico, v.g. por responder a  una  palmaria  motivación  sofística  grotescamente  ajena  a  los  medios  de  convicción  o  por  tratarse  de una interpretación contraria al nítido texto  legal.   

Con  un  tal  proceder  debe  advertirse la  arbitrariedad  y  capricho  del  servidor  público  que adopta la decisión, en  cuanto  producto  de  su intención de contrariar el ordenamiento jurídico, sin  que,  desde  luego,  puedan  tildarse  de prevaricadoras las providencias por el  único  hecho  de  exponer un criterio diverso o novedoso y, de manera especial,  cuando  abordan  temáticas  complejas o se trata de la aplicación de preceptos  ambiguos, susceptibles de análisis y opiniones disímiles.   

Es  también necesario indicar que respecto  de  la apreciación de las pruebas no es suficiente con la posibilidad de hallar  otra  lectura  de  ellas, en cuanto es menester que la tenida como prevaricadora  resulte  contundentemente  ajena  a las reglas de la sana crítica al momento de  ponderar  los  medios probatorios, de manera que denote capricho y arbitrariedad  de quien así procede.   

     

i. Del caso concreto     

         

En    marzo    de   1989   Mélida  Sossa  y  Jaime  Figueroa  Sossa  instauraron     demanda    reivindicatoria    en    contra    de    Orlando   Elías   Pineda  y  Carlos  Roberto  Obregón  Navarro, la  cual  correspondió al Juzgado Quinto Civil del Circuito de Cartagena, autoridad  que  luego de agotar el trámite de rigor profirió sentencia el 4 de febrero de  1994  en  contra  de  la parte demandante porque no probó la identidad entre el  bien  pretendido  y  el  poseído  por Orlando Elías  Pineda.   

La  Sala  Civil  del  Tribunal  Superior de  Cartagena,  el  4  de  febrero  de  1997,  previo  decreto  oficioso de dictamen  pericial  rendido  por  el  funcionario del IGAC José  Antonio  Suárez  Núñez,  confirmó la decisión de  primera  instancia  por  cuanto  “los demandantes en  reivindicación  no han acreditado ser titulares del derecho de dominio sobre el  bien      inmueble      que     pretenden     en     reivindicación”1,  pues  los títulos aducidos  refieren   la   adjudicación  en  sucesión  de  simples  derechos  posesorios.   

El   5  de  julio  de  2000  Jaime  Figueroa  Sossa radica demanda de  deslinde  y  amojonamiento  contra  la  Urbanización  Alberto  Samudio  de la Ossa, Urbanización Los Girasoles, Eustorgio González y  Orlando  Elías  Pineda  en  la  que pide precisar la  línea  divisoria  de  su  terreno  con  el de los demandados.      

El libelo le correspondió al Juzgado Sexto  Civil  del Circuito a cargo del doctor JOSÉ CAMILO DE  ÁVILA  FERNÁNDEZ, se admitió el 23 de agosto de ese  año  y  se notificó a los demandados, quienes de forma conjunta se opusieron a  las  pretensiones  por  considerar  que  el  inmueble señalado por Jaime   Figueroa   Sossa   como  de  su  propiedad,  es  de  Orlando Elías Pineda,  quien,  además,  ostenta  posesión  de  más de 20 años. Así  mismo,  propusieron  las  excepciones  de  mérito  de  cosa juzgada2  y conductas  ilícitas           del          demandante3.    

Previo  a  la  diligencia  de  deslinde, el  Juzgado  ordenó  al  experto  José  Antonio Suárez  Núñez  la  realización  de un dictamen con base en  los  hechos  de  la  demanda  para  que  determinara  si los predios materia del  proceso  eran  colindantes,  experticia  rendida  el 31 de mayo de 2004 donde se  afirmó      que      no     eran     adyacentes4.   Con fundamento en esa  prueba,  el  25  de  junio de 2004 el doctor DE ÁVILA  FERNÁNDEZ  declaró  improcedente  el deslinde y dio  por        terminada       la       actuación5.   

Sin  embargo,  ante  impugnación  de  los  demandantes,  la  Sala  Civil  del  Tribunal  Superior revocó la determinación  mediante  proveído  del  9  de  febrero  de 2005 y ordenó al juez a  quo  llevar  a  cabo la diligencia de  deslinde  a efectos de que directamente verificara si los inmuebles involucrados  en el proceso eran o no colindantes.   

Por lo anterior, el juez se desplazó hasta  los  lotes  materia  de  litigio  en  compañía  del perito designado, recibió  varias                 declaraciones6  y  ordenó  nuevo  dictamen  pericial7  en  el  que  se  estableció  la colindancia entre el inmueble de  Jaime  Figueroa  Sossa y el  de   Francisco   Horrillo   Guerrero,   quien    vendió   a   Orlando   Elías  Pineda  mediante Escritura 3088 del 7 de noviembre de  1986  de  la Notaría Primera de Cartagena, registrada en el folio de matrícula  inmobiliaria No. 060-0035808.   

En diligencia del 28 de febrero de 2007, con  fundamento  en  la  experticia,  el  Juzgado  determinó  que  los  predios eran  colindantes  y  trazó  la  línea  divisoria indicada por el perito, dejando en  libertad  a  las  partes  de presentar oposición en los términos del artículo  465 del Código de Procedimiento Civil.     

Dentro  de  ese  mismo  proceso y a modo de  oposición,   el   apoderado   de   Orlando   Elías  Pineda  radicó  demanda por cuyo medio solicitó: i)  modificar  la  línea  establecida  en la diligencia de deslinde y amojonamiento  por  estar  fundada  en  títulos  producto  de  mutaciones  unilaterales de las  medidas  del  predio;  ii) fijar la línea divisoria de acuerdo a las paredes de  material  existentes  que separan la propiedad de los vecinos; iii) declarar que  Orlando  Elías  Pineda ha  ganado  por  prescripción adquisitiva de dominio el inmueble objeto de deslinde  por  tener  justos  títulos  y  ostentar  la  posesión material por más de 20  años.     

   

La  demanda de oposición se admitió el 15  de  marzo  de  2007;  se  abrió  a  pruebas  el 19 de junio siguiente y el 8 de  febrero  de  2008  el  doctor  JOSÉ CAMILO DE ÁVILA  FERNÁNDEZ  denegó  la  pretensión de prescripción  adquisitiva de dominio y declaró en firme el deslinde realizado.   

Lo  anterior  porque  i) no se demostró la  posesión  pacífica  del inmueble, existiendo la obligación procesal de probar  ese  hecho;  ii)  el  término  prescriptivo  se  interrumpió  en  1989  con la  presentación  de  la  demanda  reivindicatoria ante el Juzgado Quinto Civil del  Circuito,  de  conformidad  con  los  artículos 2539 del Código Civil y 90 del  Estatuto  Procesal, de forma que el lapso empezó a correr de nuevo a partir del  4  de  febrero  de  1997  (fecha  de  la sentencia de  segunda  instancia);  iii)  no  se configuró la cosa  juzgada  aducida  toda vez que el deslinde  “se  llevó  a  cabo sobre los linderos establecidos en la escritura, mientras que el  proceso  de  reivindicación  no  pertenecía  al  inmueble  que  se  pretendía  efectuar  dicha acción”8.   

Con   apoyo   en   lo   anterior,   el  Tribunal  a quo atribuye al  doctor  DE ÁVILA FERNÁNDEZ  la  comisión  del delito de prevaricato por acción por negar la usucapión con  base  en  una  hermenéutica alejada del ordenamiento jurídico, pues ignoró el  contenido  del  artículo 91 del Código de Procedimiento Civil. De igual forma,  porque  no  se  pronunció  respecto de la ilegitimidad de los títulos aducidos  por  el  demandante  ni  sobre  la  prescripción  adquisitiva  de  dominio y la  excepción  de  cosa  juzga  propuestas  por  el  opositor,  otorgándole  valor  absoluto  al  dictamen  pericial  sin  contrastarlo  con  el  restante  material  probatorio.     

Pues  bien,  la  estructuración  del tipo  objetivo,  acorde  con  lo  expuesto  en  el  fallo de primera instancia, quedó  establecida  por  cuanto  se  demostró  la  condición de servidor público del  doctor  JOSÉ CAMILO DE ÁVILA FERNÁNDEZ  y  se evidenció que la sentencia definitoria de la oposición al  trámite  de  deslinde  y  amojonamiento  dista  de  las normas del ordenamiento  jurídico  que  regulan  lo  relativo  a  la  interrupción  de la prescripción  adquisitiva   de  dominio,  en  particular,  al  artículo  91  del  Código  de  Procedimiento Civil.   

En  efecto,  según  el artículo 2539 del  Código   Civil,  la  prescripción  que  extingue  las  acciones  ajenas  puede  interrumpirse  natural o civilmente. Se interrumpe en el primer evento cuando el  deudor  reconoce  la  obligación en forma expresa o tácita y civilmente por la  demanda judicial.   

Y  conforme al artículo 90 del Código de  Procedimiento   Civil,   “la  presentación  de  la  demanda  interrumpe  el  término para la prescripción e impide que se produzca  la caducidad…”.   

Sin  embargo, el artículo 91 ibídem  señala  que no se considerará  interrumpida  la  prescripción y operará la caducidad cuando: 1. El demandante  desista  de la demanda; 2. El proceso termine por haber prosperado alguna de las  excepciones  mencionadas  en  el  numeral  7  del  artículo  99  o con   sentencia   que  absuelva  a  la  parte  demandada9;   3.   La  nulidad  del  proceso  comprenda  la  notificación  del  auto  admisorio  de la  demanda.    

En  ese  orden,  la  presentación  de  la  demanda  reivindicatoria interrumpió el lapso prescriptivo que corría en favor  del   poseedor   Orlando  Elías  Pineda;  sin  embargo,  como  la  sentencia  absolvió  al  demandado,  la  interrupción  se tornó ineficaz y no podía ser tenida en cuenta por el doctor  DE  ÁVILA  FERNÁNDEZ para  fincar  la  sentencia  del 8 de febrero de 2008. Por este aspecto, asiste razón  al  Tribunal  al  señalar  el  distanciamiento  de  la  determinación  con  el  ordenamiento jurídico.   

Y  aunque la defensa aduce que el canon 91  sólo  aplica a la prescripción extintiva de dominio y no a la adquisitiva, esa  tesis   no  cuenta  con  sustento  jurisprudencial  o  doctrinario.  En  sentido  contrario,  el  contenido  literal  del  precepto evidencia que el legislador no  restringió  ese  instituto  a  ningún tipo particular de prescripción, siendo  posible   que   opere   frente   a   las  dos  especies  de  aquella10.   

También   acierta   el   a   quo  al  censurar  la  ausencia  de  pronunciamiento     del     doctor     DE    ÁVILA  FERNÁNDEZ  sobre  la  legitimidad  de  los  títulos  aducidos    por   el   demandante   Jaime   Figueroa  Sossa en tanto se trataba de un argumento central del  demandado    Orlando    Elías   Pineda para oponerse a las pretensiones del libelo.   

Al  respecto  conviene  precisar  que  las  escrituras  No. 2958 de octubre 31 de 1988 y No. 2553 de octubre 3 de 1990 de la  Notaría  Segunda  de  Cartagena  fueron canceladas mediante sentencia proferida  contra  Jaime Figueroa Sossa  y  otro  por  el  punible  de fraude procesal el 13 de julio de 2006 del Juzgado  Segundo   Penal   del   Circuito   de   esa  ciudad11, confirmada por el Tribunal  Superior    del    31    de    octubre   siguiente12,   no   por   ser   falsas  materialmente,  sino  por protocolizar una sucesión calificada de fraudulenta y  ampliar unilateralmente los linderos del predio.   

Con  todo, debe puntualizarse que el 27 de  junio  de  2007  la  Sala  Penal  de  esta  Corporación declaró prescritas las  acciones  civil  y  penal  derivadas del delito de fraude procesal por el que se  encausó  a  los procesados y decretó la cesación de procedimiento13, decisión  aportada al proceso por la parte accionante.   

De   esta  manera,  aunque  DE  ÁVILA  FERNÁNDEZ conoció antes del  8  de  febrero  de  2008  la  sentencia  de  condena  en  contra  del demandante  Figueroa Sossa, también se  enteró  que  la  misma  quedó  sin  efecto  por  virtud  de  la  cesación  de  procedimiento  decretada,  situación  que  no  alcanza  a  explicar su silencio  frente  a la irregularidad aducida por la parte opositora porque la ilegitimidad  de  los  títulos aducidos como fundamento de la demanda de deslinde constituía  punto  nodal  del  debate  en  ese proceso por ser la base de las excepciones de  mérito  propuestas  y  de  la  prescripción  adquisitiva de dominio planteada.   

            

Y  aunque  en  un  principio  no resultaba  fácil     advertir     que     la     “verdadera  pretensión”  de  Jaime  Figueroa  Sossa era revivir una controversia zanjada,  dada     la     disímil     naturaleza    de    los    procesos    (reivindicatorio,    deslinde    y    amojonamiento,    usucapión)  y  de las pretensiones aducidas, en el transcurso del  mismo,  el  debate se fue decantando y quedó en evidencia que lo pretendido por  el   demandante   era   disputar   la  posesión  del  inmueble  a  Orlando  Elías  Pineda,  situación que  pudo  ser  advertida  por  el funcionario por cuanto sobre ese aspecto versó la  controversia  suscitada  entre  las  partes.         

Además, aunque en los procesos de deslinde  y  amojonamiento no resulta desatinado apoyarse en el dictamen pericial cumplido  para  verificar  la  colindancia  de  los  predios en tanto el artículo 464 del  Código  de  Procedimiento  Civil  otorga  esa  opción  al  juez,  en el evento  examinado,  dadas  la contradicciones de las experticias allegadas al expediente  que  en  una  ocasión  desestimó  ese  hecho  y  en otra lo afirmó, el doctor  DE ÁVILA FERNÁNDEZ tenía  la   obligación  del  contrastar  las  experticias  con  el  restante  material  probatorio,  lo  cual  le habría permitido establecer si en realidad se trataba  del  mismo  predio como lo aducía el opositor Orlando  Elías  Pineda14.           

Entonces, el yerro del doctor DE  ÁVILA  FERNÁNDEZ  radica en que no  aplicó  el  artículo  90  del  Código de Procedimiento Civil en menoscabo del  canon  91,  llamado  a  regular  el caso, dado que la demanda de reivindicación  propuesta   con   anterioridad  por  el  actor  Jaime  Figueroa  Sossa  había sido fallada en su contra. De  igual  manera,  en  que no se refirió a la ilegitimidad de los títulos base de  la  pretensión de deslinde, declarada en el proceso seguido en la jurisdicción  penal   en   contra   del   mismo   Figueroa  Sossa,  ni  se  pronunció  sobre  las inconsistencias de los  dictámenes  acopiados,  asuntos todos que, como director del proceso, tenía el  deber  de  examinar  y  definir, en tanto se relacionaban con el punto nodal del  litigio, por manera que no hacerlo resulta inexcusable.    

Además   de  la  disconformidad  de  la  decisión  con el ordenamiento jurídico, el prevaricato por acción, por ser un  delito  eminentemente doloso, exige que el servidor público de forma consciente  y   voluntaria   emita   una   determinación   que   sabe  es  contraria  a  la  ley.     

No  se pierda de vista que el ordenamiento  jurídico  nacional  proscribe la responsabilidad objetiva, en virtud de la cual  sólo  se atiende el acontecer causal sin considerar si el agente conoce que los  hechos  ejecutados  constituyen  infracción  penal  y si, acorde con ese saber,  decide su realización.   

En  este  caso,  a pesar de que la defensa  aduce  que el doctor DE ÁVILA FERNÁNDEZ no  tuvo  la  intención  de contrariar la ley, la Sala observa que  actuó  con  conocimiento  y voluntad de apartarse del ordenamiento jurídico en  tanto en la sentencia del 8  de  febrero  de  2006, sin argumento alguno, se sustrajo del claro mandato legal  contenido en el artículo 91 del Código de Procedimiento Civil.   

En  ese  comportamiento  se  observa  el  capricho  y la arbitrariedad del funcionario porque estando obligado a acatar la  ley,  se  abstuvo  de aplicar el canon legal llamado a regular el caso, esto es,  el   que   señalaba   la   ineficacia  de  la  interrupción  del  término  de  prescripción  porque  la  demanda reivindicatoria había sido fallada en contra  de  Jaime  Figueroa  Sossa.  Téngase  en  cuenta  que al proceso de deslinde se allegó copia del expediente  adelantado  en el Juzgado Quinto Civil del Circuito y que desde la contestación  de  la  demanda  se  informó  al  juez  sobre  su  resultado y sobre la posible  infracción del principio de cosa juzgada.   

En ese contexto, la trayectoria laboral del  funcionario  en  el  sector  judicial  por  más de 20 años como juez civil del  circuito15  indica  que no se trataba de un neófito en la materia sino de un  servidor  con  amplio  conocimiento  del  ordenamiento  procesal  civil  que  no  ignoraba  la  existencia  del  artículo  91  de  estatuto  adjetivo civil ni su  correcta  interpretación,  máxime  cuando  el  tema  de  la  ineficacia  de la  interrupción  del  término  de  prescripción no suscita mayores controversias  jurídicas.      

De  esta  manera,  el impugnante no otorga  argumentos  concretos  y  sólidos que desvirtúen las razones suministradas por  el   Tribunal  Superior  de  Cartagena  para  condenar  al  doctor  DE  ÁVILA  FERNÁNDEZ,  situación  que  impone confirmar el fallo impugnado.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR   la  sentencia  del  14 de noviembre de 2013 proferida por la Sala Penal del Tribunal  Superior de Cartagena.   

Contra esta providencia no procede recurso  alguno; comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

IMPEDIDO  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folio 309 del anexo 2.   

2 Esta  excepción  la  fundaron  en  la  existencia  de litigio previo entre las mismas  partes,  esto  es,  el  proceso reivindicatorio adelantado por el Juzgado Quinto  Civil   del   Circuito  de  Cartagena  fallado  en  contra  de  los  demandantes  Mélida  Sosa  y  Jaime  Figueroa  Sosa. Ver   Folio  38  cuaderno  No.  1.    

3  Señalaron  que  contra  el  demandante  y  otras personas pesaba resolución de  acusación  proferida  por  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  por  actuar  fraudulentamente  al  promover  varios  juicios  para  apoderarse del terreno de  Orlando Elías Pineda.    

4 Cfr.  Folio 167 cuaderno No. 1.   

5 Cfr.  Folio 189 cuaderno No. 1.   

6  La  diligencia  se inició el 4 de octubre de 2005 y continuó en sesiones del 15 de  diciembre  de  ese  mismo  año,  11  de agosto de 2006 y 28 de febrero de 2007.   

7 Cfr.  Folios  162  y ss del cuaderno No. 1. El dictamen, de fecha 27 de marzo de 2006,  estableció  que  “el  predio  adquirido  por JAIME  FIGUEROA  SOSSA  y  MELIDA SOSSA DE FIGUEROA es colindante con el lote adquirido  por  FRANCISCO HORRILLO GUERRERO mediante escritura pública 819(15-11-43) de la  notaria  1  de  Cartagena,  registrada  en  el  folio de matrícula inmobiliaria  060-0033156,  y  que  posteriormente  adquirió  ORLANDO ELÍAS PINEDA, mediante  escritura  pública  3088 (07-04-86) registrada con el folio 060-0035808, por el  fondo,  en  línea  quebrada  lindando en una longitud de 22,60 mts lineales con  ORLANDO  ELÍAS  PINEDA  más 25.50 mts lineales colindando con el mismo ORLANDO  ELÍAS  PINEDA,  hasta  llegar  al  lindero  de los terrenos que son o fueron de  BLANCA AMIRA BERNET”.       

8 Cfr.  Folio 9 de la sentencia cuestionada.   

9  La  Corte  Constitucional  en  sentencia  C-662  del  8  de  julio  de 2004 declaró  inexequible  el  numeral  2  del artículo 91 del Código de Procedimiento Civil  exclusivamente  en  cuanto se refiere a la excepción  de  falta de jurisdicción prevista en el numeral 1 del artículo 97 del Código  de  Procedimiento  Civil.  En  este caso, en el mismo  auto,  el juez ordenará remitir el expediente al juez que considere competente,  mientras  el  legislador  no  regule  de manera distinta el tema. Así mismo, en  cuanto  se  refiere  a  la excepción de compromiso o  cláusula  compromisoria prevista en el numeral 3º del artículo 97 del Código  de  Procedimiento  Civil.  En  este caso, en el mismo  auto,  el  juez  señalará  un  plazo  judicial  razonable  para que las partes  inicien   el   trámite   de   integración   del  correspondiente  tribunal  de  arbitramento.   

10 En  tal  sentido  la  Sala  Civil de esta Corporación ha señalado: “Claro  está,  que  esa  interrupción  tiene  eficacia en tanto el  juicio  en  que  se  disputa  la posesión culmine con sentencia estimatoria, de  ahí  que  la Corte puntualizó que “en los términos de los artículos 2522 y  2523  del  Código  Civil,  esta  [la interrupción] sólo se presenta de manera  civil    o    natural,    la    primera   cuando   se   pierde   por   decisión  judicial…”          Sentencia         No.  5440531030012008-00237-01 del 5 de marzo de 2013.   

11  Cfr. Folio 1 y ss anexo No. 8.   

12  Cfr. Folio 35 y ss anexo No. 8.   

13  Cfr. Folio 109 y ss anexo No. 8.   

14 Al  día  de  hoy,  según  lo  documentado  en  el  expediente,  el asunto no se ha  definido  (folios  77  y  ss anexo sin número), pues la Sala Civil- Familia del  Tribunal  Superior de Cartagena en decisión del 21 de enero de 2011 declaró la  nulidad  de  todo  lo actuado a partir del auto del 15 de marzo de 2007 por cuyo  medio   se   dio   trámite  a  la  demanda  de  oposición  al  deslinde.    

15  Cfr.   Folios  35  y  40 de la Carpeta de la Corte. Es Juez Sexto Civil del  Circuito de Cartagena desde el 16 de octubre de 1990.     

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