AP2274-2015(43823)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP2274-2015  

Radicación N°.43823  

(Aprobado Acta N°. 148)  

Bogotá,  D.C., veintinueve (29) de abril de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Fredy  Antonio Becerra Salamanca, (Capitán  de  la  Policía  Nacional)  contra la sentencia proferida el 6 de marzo de 2014  por  el  Tribunal Superior de Cúcuta, que confirmó en su integridad la dictada  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Arauca  y condenó al  procesado   como   autor  del  delito  de  tráfico,  fabricación  y  porte  de  estupefacientes,    en   concurso   con   el   de   concierto   para   delinquir  agravado.   

HECHOS  

          El      Ad      quem      asumió la cuestión fáctica en estos términos:   

Se tienen de lo señalado por el A quo en su  sentencia de la siguiente forma:   

El día 26 de noviembre de 2010, a las 6:30  aproximadamente,  en la vía Sardinata –  Cúcuta.  A  la altura del sitio conocido como Agua Zulia, se dio  orden  de  pare  a  una  camioneta  marca  Hyundai  Tucson color gris, de placas  A76AE8R  de Venezuela, cuyos ocupantes se identificaron mediante sus respectivos  carnés  como  Edwin Rolando Pérez Rojas y Juan Pablo Galvis Alarcón, miembros  de  la  Policía  –SIJIN  MECUC;  se  les  solicitó  un  registro  voluntario  al  vehículo, a lo que se  negaron,  manifestando que ellos eran policías y que otros policías no tenían  por  qué  registrarlos,  en  seguida  se  les explicó que era un procedimiento  normal,  pero  nuevamente  se opusieron, procediendo si (sic) a comunicarse vía  telefónica     con     el     comandante     de     la    SIJIN    –  MECUC,  quien pidió que le pasaran  al  jefe  del  puesto  de  control,  pero  en  lugar  de pasar al teléfono, los  miembros  de la policía de carreteras informaron a la Intendente Janeth Fuentes  Rincón,  quien  a  su  vez  informó  lo  que  estaba  sucediendo al Mayor Lara  Avendaño,  comandante  de  la  Policía  de Carreteras, dando éste la orden de  retener  el  vehículo  hasta  tanto  no  llegara al lugar para verificar lo que  estaba ocurriendo.   

Al  llegar  al lugar de los hechos el Mayor  Lara  Avendaño  fue  abordado  por el Capitán FREDY ANTONIO BECERRA SALAMANCA,  quien  había llegado antes, y en seguida le manifestó que Edwin Rolando Pérez  Rojas  y  Juan  Pablo  Galvis  Alarcón  estaban  desarrollando un procedimiento  policial  y  que  llevaban  unas evidencias, a lo que el Mayor Lara Avendaño le  preguntó  por  qué  no  querían  dejar  revisar  el  vehículo, ante esto, el  Capitán  FREDY  ANTONIO  BECERRA  SALAMANCA  le  dijo  que  no  había  ningún  problema,  que  podían  revisarlo,  por  lo  tanto,  el  Mayor  Lara  Avendaño  procedió  a  abrir  la  puerta  de  atrás  del  vehículo  y observó la silla  reclinada,  encima de ésta un “bulto de apariencia sospechosa”, preguntando  éste  de  qué  se  trataba,  y respondiéndole que no sabían, que lo llevaban  para  realizarle  prueba  de  PIPH,  que  era  material  de  evidencia, el Mayor  continuó  con  la  revisión,  y  al  abrir  la  puerta  trasera, encontró dos  paquetes  más  de similar apariencia, por lo que volvió a preguntar qué clase  de  evidencia  era,  respondiéndole  nuevamente que hasta que no le hicieran la  prueba de PIPH no sabrían.   

Seguidamente  el  Mayor  Lara  Avendaño le  solicitó  al  Capitán  FREDY ANTONIO BECERRA SALAMANCA la “orden de marcha o  de  servicios”  que  debía  tener  para  realizar  el  operativo en el que se  encontraban,  no  logrando  éste  su acreditación, por lo tanto, el Mayor Lara  Avendaño  requirió  apoyo  de  una  patrulla  del  GOES  y  del laboratorio de  criminalística  de  la  seccional  para  que  se  dirigieran hasta la URI de la  Fiscalía,  una  vez llegaron los funcionarios y realizadas las correspondientes  pruebas,  se  logró establecer que se trataba de COCAÍNA en cantidad de 63.182  gramos,  procediendo  así  a  ser  capturados los miembros de la policía Edwin  Rolando Pérez Rojas y Juan Pablo Galvis Alarcón.   

Posteriormente   los  agentes  capturados  aceptaron  su responsabilidad y suscribieron el 24 de diciembre de 2010, acta de  preacuerdo  con la Fiscalía, solicitando se le diera aplicabilidad al principio  de  oportunidad,  amparados por las causales 4 y 5 del artículo 324 del C.P.P.,  comprometiéndose  a contribuir con información eficaz para la desarticulación  de  bandas,  y  a  declarar  como testigos de cargo en las diferentes audiencias  públicas,  así,  conforme sus declaraciones se logró establecer que el líder  de  la  organización  policial,  dedicada al tráfico de estupefacientes era el  Capitán  FREDY  ANTONIO  BECERRA  SALAMANCA quien utilizaba su investidura para  traspasar  los  controles instalados en las vías del Municipio, además, que le  transportaba  a  las  organizaciones  de  narcotráfico  grandes  cantidades  de  alucinógenos,  y  que en la noche, una vez finalizada con éxito la operación,  se  reunía con los patrulleros que le colaboraban y les cancelaba con dinero en  efectivo        la       labor       realizada1.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  22  de  agosto  de  2011, el Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  con  funciones  de control de garantías ambulante de  Cúcuta,  profirió  orden  de  captura  contra  Fredy  Antonio  Becerra  Salamanca,  a quien el 24 de octubre  siguiente  declaró  persona  ausente  y,  en  esa oportunidad, se llevó a cabo  audiencia   de   formulación  de  imputación  por  los  delitos  de  tráfico,  fabricación   o   porte   de   estupefacientes   y   concierto  para  delinquir  agravado2.   

2.  La  Fiscalía  presentó  el  escrito de  acusación  el 16 de febrero de 2012 por las mismas conductas punibles objeto de  imputación,  previstas en los artículos 376, 384 numeral 3º y 340 del Código  Penal,  con  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  prevista  en el canon 58  numeral   10º   ejusdem3.   

La  audiencia respectiva se llevó a cabo el  16  de  marzo  de  ese  año,  bajo la dirección del Juzgado Penal del Circuito  Especializado   de   Arauca,  en  cumplimiento  de  la  competencia  excepcional  administrativa  otorgada  por  la Sala Administrativa del Consejo Superior de la  Judicatura,   según   resolución   No   PSARCE12-067   del  1º  de  marzo  de  20124.   

3. La audiencia preparatoria tuvo lugar el 9  de             julio            siguiente5   y  la  de  juicio  oral  en  sesiones  que  iniciaron  el  24  de  septiembre posterior y culminaron el 15 de  julio  de 2013, cuando el juez  anunció    sentido    de    fallo    condenatorio6.   

4.  El  29  de  agosto de 2013 se condenó a  Becerra  Salamanca como autor  responsable  del delito de fabricación, tráfico o porte de estupefacientes, en  concurso con el de concierto para delinquir agravado.   

Le  impuso  pena  de prisión de trescientos  setenta  y  ocho  (378)  meses, multa de diecisiete mil doscientos uno punto uno  (17.201.1)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  término de veinte (20) años.   

Le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria7.   

5.  El  6  de  marzo  de  2014,  el Tribunal  Superior  de  Cúcuta,  al  resolver el recurso de apelación interpuesto por el  defensor   del   procesado,   confirmó   en  su  integridad  la  decisión  del  A        quo8.   

LA DEMANDA  

El defensor, luego de identificar los sujetos  procesales,  el  fallo  impugnado,  los hechos y la actuación procesal, formula  dos cargos, así:   

Primero. Con estribo  en  la  causal segunda, reprocha el desconocimiento del debido proceso, toda vez  que  el  Tribunal  ignoró  su  solicitud de declarar la nulidad de lo actuado a  partir  de  la  audiencia  de  formulación  de  imputación,  porque  el Fiscal  Especializado  omitió  «haber  solicitado  al señor  Juez  de  Garantías  que  le  resolviera situación jurídica al señor Becerra  Salamanca,   dictándole  medida  o  absteniéndose  de  la  misma»   en  desconocimiento  de  lo  dispuesto  en  el  artículo  306  y  siguientes      del      Código      de     Procedimiento     Penal.   

Igualmente,  la  Sala  de  Decisión  no  se  declaró  impedida para resolver el recurso de apelación, por haber conocido de  la  sentencia condenatoria dictada contra Alí Rossemberg Sánchez Benítez, por  los    mismos    hechos    y    circunstancias    en   que   se   encuentra   su  defendido.   

Lo anterior demuestra el desconocimiento del  debido   proceso   y   del   derecho   a  la  defensa,  así  como  «el    principio    de    libertad    y   cumplimiento   de   leyes  jurídico-procesales»   y  considera  que  no  le  es  permitido  a  ningún  funcionario  actuar  sin  haberse  pronunciado  sobre una  solicitud de impedimento.   

Solicita se case el fallo del Tribunal y, en  su  lugar,  se  declare  la  nulidad  de lo actuado, a partir de la audiencia de  formulación de imputación y/o se revoque la sentencia.   

Segundo.  

Con  apoyo  en  la causal tercera, el censor  acusa  el manifiesto desconocimiento de las reglas de producción y apreciación  de la prueba sobre la cual se ha fundado la sentencia.   

Inicia  cuestionando  a  los  juzgadores  de  primera  y segunda instancia porque «se empecinaron en  ubicarle   al   señor  Fredy  Antonio  Becerra  Salamanca  los  comportamientos  delictuales  desarrollados  por  los  agentes Juan Pablo Galvis Alarcón y Edwin  Rolando   Pérez   Rojas  en  el  hecho  atribuido  a  los  mismos».   

Una  vez  transcribe  las  consideraciones  pertinentes,  aduce que la valoración es equivocada porque se mutiló la verdad  de  los  hechos  y  de  los testimonios vertidos en el juicio oral, refiere que,  contrario  a  lo  afirmado  por  el  Tribunal, ninguno de los miembros del grupo  perteneciente  a  la  policía  de  carreteras,  al  mando de la sargento Janeth  Mariela  Fuentes  Rincón,  manifestó  que su asistido hubiese obstaculizado el  operativo,  o no dejara que se revisara la camioneta antes que arribara el Mayor  Lara  Avendaño,  pues  ya  había  sido  abierta por los agentes Pérez Rojas y  Galvis Alarcón, antes que aquél llegara al lugar.   

De  los  testimonios  suministrados  por los  diferentes   miembros   de   Policía   Nacional,  acantonados  en  Agua  Zulia,  «como de lo transcrito» por  el  Mayor  Lara  Avendaño, se concluye que si bien se demostró la materialidad  del  delito  de  fabricación,  tráfico o porte de estupefacientes agravado por  parte  de  los  referidos uniformados Pérez Rojas y Galvis Alarcón, no así la  responsabilidad  del  Capitán  Fredy  Antonio Becerra  Salamanca  pues  su  aparición  en el proceso surge a  partir  de  los  testimonios  vertidos  por  los  mencionados  para  obtener los  beneficios  que  derivan  del  principio de oportunidad, gestionado por el nuevo  defensor y el fiscal especializado.   

Engaño  utilizado  por  aquellos, amén del  resentimiento   surgido   contra  su  defendido  «por  haberles  dado  la  espalda en la URI y no haber soportado sus actividades en lo  que  ellos  estaban  realizando,  según  ellos  en  lo  conocido  respecto a la  verificación     de    información»,  optando  por  vincularlo  en  calidad de  coautor,  así  como a otros miembros de la Policía, entre ellos, el suboficial  Elkin  de  Jesús  Cervantes  y  el  agente  Alí  Rossemberg Sánchez Benítez,  «para  así  crear  el  punible  de  concierto  para  delinquir    agravado».   

Las instancias no mencionaron estos episodios  para  no  tener  que  analizar el acto de arrepentimiento y sinceridad de los ex  policías  Juan  Pablo  Galvis  Alarcón  y  Edwin  Rolando  Pérez Rojas, dando  cuenta,  bajo  la gravedad del juramento, que su nuevo defensor y el funcionario  instructor      inventaron      lo      expresado      por     ellos,  no solo contra el Capitán Becerra    Salamanca   sino   contra   el  suboficial  Elkin  de  Jesús  Cervantes  y  Alí  Sánchez Benítez.   

Apunta  que dicha retractación que debe ser  analizada  frente  a los diferentes testimonios para comprobar su credibilidad y  concluir  que  la  misma  obedeció  a  un  «reato de  conciencia  objetivado  en un resentimiento mal ubicado de compañerismo militar  para   obtener   una   liberación   del   ilícito  en  cuestión».   

Agrega  el  censor,  para finalizar, que los  juzgadores  tampoco tuvieron en cuenta la entrevista rendida por su defendido el  20  de  noviembre  de  2010,  al funcionario de policía judicial, Jaime Enrique  Gelvez Rozo, donde resalta su inocencia en el operativo.   

Solicita se case la sentencia impugnada y, en  su lugar, se absuelva a su defendido.   

CONSIDERACIONES  

1.  El libelo presentado por el defensor del  procesado  no  cumple  con  el mínimo rigor lógico, argumental y jurídico que  permita  declararlo  formalmente  ajustado,  porque  es  evidente que acude a la  casación  como  si se tratara de una especie de instancia adicional al proceso,  en  tanto se sustrajo de demostrar defectos trascendentales en la estructura del  fallo, con capacidad de quebrar su vigencia.   

2.  En términos generales, fuerza insistir,  la  admisibilidad  del  libelo  está  sometida  a  que  el  sujeto procesal con  interés  jurídico demuestre,  (i) el agravio a los derechos  o   garantías  de  fundamentales,  (ii)  la  causal  de  casación  invocada  con  sujeción a las reglas que  gobiernan  la  postulación  y  desarrollo  de  los reproches, en el ámbito del  motivo   seleccionado   para   el   efecto   y,  (iii)  la necesidad de materializar alguna de las finalidades  del   recurso,   en   los   términos  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004.   

2.1.  Si  bien  no surge reparo en punto del  interés  jurídico,  porque  la defensa hizo uso del recurso de apelación y la  temática  que  ahora  propone  hace  relación  al  presunto desconocimiento de  garantías  fundamentales,  lo  cual obliga a prescindir de este presupuesto, no  ocurre  lo  mismo  frente  a los demás requerimientos, pues no comprobó que el  fallo  de  casación  es  indispensable  para  el  cumplimiento  de  uno  de los  objetivos     consagrados    en    el    precepto    en    cita    y,  por  ende, se sustrajo de justificar la  necesaria  intervención de la Corte para materializar alguno de los propósitos  del recurso.   

Adicionalmente,  no  cumplió  con el debido  desarrollo de las censuras.   

2.2.  En  el primer  cargo,  dejó  de  considerar  que  la proposición de  nulidades  en  sede  de  casación no constituye un espacio abierto en el que se  pueda  postular  cualquier  situación a manera de irregularidad. Se trata de un  remedio  extremo  del  proceso,  que  no  procede por la simple enunciación del  vicio,   ni   en   interés   exclusivo  del  ordenamiento  jurídico,  pues  su  declaratoria  opera  por  las  causales expresamente consagradas en el artículo  306  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  se  rige  por  los principios de  taxatividad,      protección,     convalidación,  trascendencia   y   residualidad,   previstos  en  el  artículo 310 de la misma normativa.   

Bajo ese entendido, la Sala encuentra que el  casacionista  se  sustrajo de exponer las razones por las cuales las situaciones  que   denuncia   traducen  una  anomalía  sustancial  con  repercusión  en  la  actuación  cumplida,  de  tal  manera  que  se  erige  como único remedio para  recomponer el trámite.   

En efecto, no dio a conocer la forma como las  omisiones  que  atribuye  a  la  sala  de  decisión  del  Tribunal,  afectan la  integridad   de  la  actuación  o  desconocen  garantías  fundamentales,  pues  indistintamente  refiere el desconocimiento al debido proceso y del derecho a la  defensa,    sin    atender    que    se    trata    de   garantías   claramente  diferenciables.   

Tiene dicho la Sala, (CSJ, AP, 30 jun. 2010,  rad.  33255),  que  si  se  alega el desconocimiento del debido proceso, se debe  acreditar  el acaecimiento de trascendentes desafueros en alguna de las etapas o  eslabones  concatenados  con capacidad de alterar su estructura, bien sea, en la  formulación   de   la  imputación  o  de  la  acusación,  en  las  audiencias  correspondientes,  en  el  desarrollo  del  juicio  oral  o  en  las  sentencias  proferidas en primera y segunda instancia.   

Si se trata de la vulneración de garantías  fundamentales,  será necesario evidenciar,  razonadamente,  la real ocurrencia de irregularidades sustanciales  que  conduzcan  a la invalidación del proceso, bien por quebranto del derecho a  la   defensa  en  el  entendido  que  no  fue  posible  ejercer  el  derecho  de  contradicción,   o  se  desantendió  el  principio  de  imparcialidad,  o  por  deficiencias en materia probatoria.   

La  premisa  a partir de la cual soporta la  petición  de nulidad no se relaciona con tal especie de presupuestos, porque si  bien  la  falta de respuesta a los requerimientos de la defensa, por parte de la  Sala  de Decisión, alusivas a la solicitud de declarar la nulidad de lo actuado  y  a  declararse  impedida  para conocer del recurso de apelación que interpuso  contra  la  sentencia  de  primera  instancia,  puede  comportar  una situación  anómala,  lo  cierto es que la sola manifestación del impugnante, no alcanza a  evidenciar  una afectación cierta y real que conspire contra la legalidad de lo  actuado o vulnere las garantías de su defendido.   

Valga  apuntar que en la Ley 906 de 2004 no  se  consagró  la  definición  de  la situación jurídica, sino únicamente la  imposición  de  medida  de  aseguramiento,  siempre  que la fiscalía considere  necesario  solicitarlo al juez de control de garantías, conforme a lo dispuesto  en el artículo 308 de esa normativa.   

En  todo  caso,  la  censura  se quedó sin  desarrollo    y,   por   lo   tanto,   no  puede  ser  admitida.   

2.3.     Frente    al    segundo          reparo,  las  falencias  no son menos evidentes,  porque  al  acudir a la causal tercera, surge obligatorio identificar la especie  de  error  que  se pretende denunciar, esto es, el manifiesto desconocimiento de  las   reglas   de   producción,  que  corresponde  a  los  errores  de  derecho  -por    falso    juicio    de    legalidad   o   de  convicción-.o     de  apreciación  de  la  prueba  sobre  la  cual  se  ha  fundado la sentencia, que  contempla  aquellas  especies  de error de hecho, -por  falso  juicio  de  existencia,  identidad  o por un falso raciocinio-.   

Aparte  de  escoger adecuadamente la causal  que   permite  enjuiciar  el  fallo,  conforme  a  las  directrices  ampliamente  decantadas  por  la  jurisprudencia,  el  libelista  debe  elaborar un análisis  ordenado,  coherente y fundamentado que demuestre la trascendencia del yerro, de  tal  forma que su remoción conduzca, necesariamente, a la variación sustancial  de la decisión recurrida.   

El fundamento que el letrado le imprime a la  censura  es  por  completo  extraño  a  estas  directrices,  porque su discurso  involucra  una  variedad de reclamos que, en últimas, no ubica en alguna de las  anteriores  hipótesis  de  error  de apreciación probatoria y, en cambio, deja  claro  su  propósito  de  obtener  que  la  Corte  actúe  como  una  instancia  adicional,  y  evalúe sus opiniones frente al acopio probatorio que destacó en  el  libelo,  con  la  finalidad  de  demostrar  la  inocencia  de  su defendido.   

Esa  forma  de  argumentar  desatiende  la  naturaleza  extraordinaria  del recurso de casación, cuyo objetivo es verificar  la  violación  flagrante  acaecida en la actuación, con capacidad de derrumbar  la  doble  presunción de acierto y legalidad que ampara la sentencia de segunda  instancia.  Por  ende,  no es posible elaborar distintas hipótesis de solución  al  caso  debatido  y, por esa vía, propiciar otra valoración probatoria, pues  en  esta  sede  se  parte  del  supuesto que el debate jurídico y probatorio se  encuentra superado.   

En  ese sentido, recrimina a los falladores  porque  «se  empecinaron  en ubicarle al señor Fredy  Antonio  Becerra Salamanca los comportamientos delictuales desarrollados por los  agentes  Juan  Pablo  Galvis  Alarcón  y Edwin Rolando Pérez Rojas en el hecho  atribuido a los mismos».   

Sin  embargo, cuando asegura que realizaron  una  valoración equivocada de los hechos, no precisa la clase de dislate en que  incurrieron  y  tampoco  acredita  cómo  fue  que, según afirma, se mutiló la  verdad   de   lo   acaecido   y   de  los  testimonios  vertidos  en  el  juicio  oral.   

Bastante se ha insistido que cuando se trata  de  demostrar  errores  de  apreciación  probatoria, cualquiera sea la vía que  escoja  el  libelista  debe  enfrentar  el  conjunto  probatorio  que soporta la  decisión,  ubicar  la prueba confutada y demostrar que la corrección del yerro  conduce, necesariamente, a variar la decisión adoptada.   

El  actor,  sin  embargo,  se  sustrae  de  demostrar  algún  error  posible de denunciar al amparo de la causal tercera de  casación,   sino   que  postula  alternativas  de  solución  favorables  a  su  defendido,  para insistir en su inocencia, sin atender que el objeto del recurso  de  casación  es  demostrar  la  ilegalidad  de  la  sentencia por causa de una  situación  ocurrida  en el proceso y que esa labor demostrativa del yerro no se  entiende  agotada  a  partir  del  examen  subjetivo  de las pruebas.   

Es  tan  clara  la  falta  de  sustento del  reproche,  que  omite  enfrentar el verdadero soporte probatorio de la decisión  pues,   un   aspecto   puntual,  como  el  referido  al  esfuerzo  del  Capitán  Fredy    Antonio    Becerra    Salamanca,  por  impedir  que se realizara el registro al vehículo donde fue  hallada  la  cocaína,  pretende  desvirtuarlo,  aduciendo  que  ninguno  de los  miembros  del  grupo  perteneciente  a la policía de carreteras, al mando de la  sargento   Mariela   Fuentes   Rincón,   manifestó  que  su  asistido  hubiese  obstaculizado el operativo.   

Sin   embargo,   del  análisis  conjunto  efectuado  por  el  juez  plural,  entre  ellos, el testimonio del Mayor William  Javier  Lara  Avendaño,  pudo  establecer  que  éste, al llegar a lugar de los  hechos,  fue  abordado  por  el  procesado  quien  le  pidió  el  favor  que no  procediera  contra  los  patrulleros  Edwin  Rolando  Pérez  Rojas y Juan Pablo  Galvis Alarcón.   

Así mismo, cuando afirma que la aparición  de  su defendido en el proceso, surgió a partir de los testimonios vertidos por  estos  uniformados,  para  obtener  beneficios  que  derivan  del  principio  de  oportunidad,  no  hace más que oponerse a las puntuales razones del juez plural  para rechazar dicha propuesta.   

En concreto, señaló:  

Sobre  este  aspecto  debemos decir que el  acusado  era  al  momento de los hechos un experimentado policial, adscrito a la  SIJIN,  luego  tenía  amplia  experiencia  y  conocimiento  sobre  el manejo de  personal  a cargo y la gravedad de los hechos, luego su presencia en el lugar de  la  captura  y  su nefasta intervención, solo indican que sabía sobre el alijo  de droga que transportaban sus hombres y trató de favorecerlos.   

Tal  y como pudo observarse, no es posible  que  la  sucesión  de  la  ilegalidad  fuese fruto de una casualidad, de hecho,  fueron  muchos aspectos los que permitieron pregonar la manifiesta dirección de  la  voluntad  del  acusado  hacia  el favorecimiento y ayuda a sus subordinados.  Resultando  de  manera evidente, que la conducta exteriorizada por FREDY ANTONIO  BECERRA  SALAMANCA  no  se  halló  justificada  y  por  el  contrario dio plena  seguridad  de  los  elementos  de  convicción  que  indican con buen juicio, la  naturaleza y gravedad de las conductas desplegadas por el mismo.   

Es  que  no puede ignorarse que el acusado  llegó  al  lugar  de la incautación y descaradamente, intentó favorecer a sus  subalternos  y  ello  fue  plenamente  demostrado  en  juicio oral, de lo que se  concluye,  en  sana lógica, que el Capitán sabía de tiempo atrás el trasiego  de  la  droga  y  participaba de la empresa criminal dedicada a ello9.   

Otro de los argumentos de oposición que el  letrado  trae a colación, hace referencia a la retractación de los uniformados  Juan   Pablo   Galvis   Alarcón   y   Edwin  Rolando  Pérez  Rojas,    quienes    manifestaron,  bajo  la gravedad del juramento, que su  nuevo  defensor  y  el  funcionario  de la fiscalía inventaron lo expresado por  ellos  contra su asistido Becerra Salamanca,  pero  sin  enseñar  el  yerro  de  apreciación  en que pudieron  incurrir  los  falladores al restarle mérito probatorio, simplemente afirma que  debe   ser   analizada   con   los   demás   testimonios   para   comprobar  su  credibilidad.   

Insistentemente  se  ha dicho que la simple  discrepancia  de  opiniones  frente a la valoración probatoria no tiene asidero  en  sede  de  casación,  porque  el juez tiene cierto grado de discrecionalidad  para  arribar  a  un estado de conocimiento -que puede  ser  de  certeza  o  de duda- acerca de los hechos y la  responsabilidad  del  procesado  y  solo  se  encuentra  limitado  por  la  sana  crítica.   

Situación  que  conduce  a  predicar  la  ausencia  de  fundamento  en la proposición y desarrollo de la censura, que por  su  misma  precariedad  argumentativa  adolece  de otros presupuestos necesarios  para  la  viabilidad  del  recurso,  como  la  trascendencia  del presunto error  judicial    y    las    normas    de    derecho    sustancial   que   resultaron  vulneradas.   

3.  Como  se  había señalado,  la  Sala inadmitirá el libelo, ante las  evidentes falencias de debida postulación y argumentación.   

Como  no se encuentran causales ostensibles  de   nulidad   ni  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  no  es  procedente    admitir    la   demanda   para   un   pronunciamiento   de   mayor  fondo.   

         4.  Contra  esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia, de  conformidad   con  lo  establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

PRIMERO.    INADMITIR    la demanda examinada.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folios 17 a 19 Cuaderno del Tribunal.   

2 Folio  33 Cuaderno No 2.   

3  Folios 1 a 7 Cuaderno No 1.   

4  Folios 17 y 18 Ib.   

5  Folios 25 a 28 Ib.   

6  Folios 32 a 33 y 188 y 189 Ib.   

7  Folios 196 a 242 Ib.   

8  Folios 16 a 33 Cuaderno del Tribunal.   

9  Folios 31 y 32 Cuaderno del Tribunal.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *