AP2204-2015(45464)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP2204-2015  

Radicación N° 45464  

(Aprobado acta Nº 148)   

         Bogotá,  D.C.,  veintinueve  (29)  de  abril  de  dos  mil  quince  (2015).   

         Procede  la  Sala  a  verificar  los requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  IVÁN CELY CELY.   

H E C H O S  

         Fueron    expuestos    en   la   actuación   en   los   siguientes  términos:   

“El   día   16   de   abril  de  2010,  aproximadamente  a  las  6  p.m.,  fue  víctima  del  delito  de  secuestro  el  adolescente   de   17   años   de   edad  L.J.T.M.1   […].   Llegaron   a   su  residencia  tres  personas  hoy  ya identificadas (Juan Carlos Rodríguez Pinto,  Nelson  alias  “El  Paisa” y Mario Cely Barreto), ingresaron arbitrariamente  al  lugar […] portando armas de fuego de uso personal, procedieron a intimidar  al  joven y dos personas más que se hallaban en dicha casa […] y seguidamente  procedieron a llevar, retener y ocultar a dicho adolescente.   

Posterior al secuestro […] su padre […]  recibió  varias  llamadas  telefónicas.  Un  hombre  que  se  identificó como  miembro  de las autodefensas, a cambio de la liberación de su hijo, le hizo una  exigencia  económica  de  $500.000.000  so  pena  de atentar contra la vida del  joven.   

Días  después,  el plagiado fue rescatado  por  miembros de la Policía Nacional adscritos al Gaula-Casanare, en un proceso  de  verificación  de  información  en hechos ocurridos la tarde del día 23 de  abril  de ese año, en área rural de la vereda Guineo del municipio de Aguazul.  En  dicho rescate fue dado de baja la persona identificada como Ramiro Cifuentes  Orozco  Pinto  y  capturado  Juan  Carlos  Rodríguez  Pinto,  ya judicializado,  igualmente  en  dicho  sitio  fue hallada y recuperada una de las armas de fuego  utilizadas en esta conducta.   

De acuerdo a los operativos de inteligencia  realizados  por  las  autoridades,  se dice que el secuestro fue planificado por  los  señores  Bladimir  Culman  Sunz  e  IVÁN  CELY  CELY,    éste  último  aprovechando  la  condición de profesor de música  del  menor desde hace varios años, quien al parecer era la persona encargada de  aportar los datos […] para facilitar el delito”.   

A N T E C E D E N T E S  

         1. Culminada la  fase  del  juicio  y  anunciado  el sentido absolutorio del fallo por el Juzgado  Único  Penal  del  Circuito Especializado de Yopal (Casanare), estrado judicial  al  que correspondieron las diligencias, se dictó la respectiva sentencia el 26  de          junio          de          2014.2   

         2.  Apelada  esta  determinación  por  la Fiscalía, el Ministerio  Público  y  el  representante  de  las  víctimas, fue revocada por el Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Yopal -Sala Única- el 29 de octubre de 2014  que,  en  su  lugar, le impuso a CELY CELY las  penas  principales  de prisión por cuatrocientos veinticuatro  (424)  meses,  multa  de  cuatro mil doscientos (4200) salarios mínimos legales  mensuales  y  la  accesoria  de  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad,  al hallarlo coautor responsable de los delitos de secuestro extorsivo  y  fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones (artículos 169  y       365       del      Código      Penal).3   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

         El   defensor  de  CELY  CELY,  invocando  la  causal  contemplada  en el artículo 181, numeral  3º,   de   la   Ley   906   de   2004,  interpuso  el  recurso  extraordinario  para denunciar “dos  errores”  en  los  que,  a  su  juicio,    incurrió    el    fallo    de    segunda   instancia:   “uno  por desconocimiento de las reglas que rigen la aducción de  la   prueba  y  otro  por  equivocaciones  en  la  apreciación  de  los  medios  probatorios”.  Tales dislates, dice, condujeron a la  falta  de  aplicación  de, entre otros, el artículo 7º de la codificación en  cita  y  “del principio de la reformatio in pejus en  concordancia     con    el    artículo    448    del    CPP    -principio    de  congruencia-”.   

De esta manera, después de transcribir las  consideraciones  plasmadas por el ad quem para  arribar  a  la  decisión  de condena, aduce que incurrió en  error  de  hecho por falso raciocinio como quiera que no valoró en conjunto las  pruebas  aportadas  a  la actuación, según lo establece el artículo 380 de la  Ley  906  de  2004  y,  así  mismo,  por  cuanto  los indicios edificados en su  providencia  son  insuficientes  para desvirtuar la presunción de inocencia. En  contrapartida,  estima, debió conferirle plena validez a la retractación hecha  por  el  testigo Juan Carlos Rodríguez Pinto durante el juicio oral, en el cual  explicó  las  razones  por  las  que  brindó  una  versión  inicial en la que  incriminaba  a  CELY  CELY y  aclaró  que  éste  no tuvo que ver con los sucesos investigados, aspecto en el  que coincidió su compañera sentimental para la época.   

En  estas condiciones, asegura, al confluir  dos  testimonios  directos  que  exoneraban  de  responsabilidad, opuestos a las  conjeturas   con   las  que  se  fundamentó  el  fallo,  debió  resolverse  la  divergencia  a  favor  del mencionado acatando los parámetros que orientaban el  ejercicio  intelectivo  encaminado  a  establecer  la  verdad  de  lo  acaecido,  “con   base   en  la  lógica,  la  ciencia  y  la  experiencia común”.   

De  otra  parte,  citando  el  principio de  congruencia,  sostiene  que  se conculcó el artículo 448 de la Ley 906 de 2004  y,  de  paso,  la prohibición de reformatio in pejus,  porque  la  fiscalía durante sus alegatos finales se  abstuvo  de  pedir  condena  por  el delito de fabricación, tráfico o porte de  armas,    sin   embargo,   CELY   CELY   fue sancionado por este ilícito.   

         Por   consiguiente,  depreca  casar  la  sentencia  y  “mantener  el  fallo de primera instancia ante la duda y absolver  a mi representado”.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

         1.  El  recurso  de  casación  se concibe como un medio de control  constitucional  y  legal  de carácter extraordinario que tiene cabida cuando en  las  decisiones  proferidas  o  el  trámite  penal  surtido  acaecen yerros que  afectan   de  manera  ostensible  los  derechos  de  los  sujetos  procesales  o  intervinientes.  Así,  los  artículos  183 y 184 de la Ley 906 de 2004, exigen  que  la  demanda correspondiente señale de forma precisa y concisa las causales  invocadas,  desarrolle  los  cargos  adecuadamente y además tiene que demostrar  que  el  fallo  es necesario para cumplir algunas de las finalidades del recurso  previstas  en  el  artículo  180 ibídem, toda vez que la concurrencia de estas  circunstancias son las que habilitan la intervención de la Corte.   

En ese orden, la jurisprudencia ha dicho que  el  recurso  extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permite al impugnante  prolongar  el debate fáctico y sustancial que culminó con la determinación de  segundo   grado,   por   lo   que   es   improcedente  realizar  en  la  demanda  cuestionamientos  de  libre  confección propios de las instancias. Ha de ser un  escrito  claro,  lógico,  coherente  y  sistemático en el que, al tenor de los  motivos  expresa  y  taxativamente  consagrados en la ley y ceñido a la lógica  que  orienta  la  presentación  de  cada  tipo  de  reproche,  se  acredite  la  existencia  de un error de tal magnitud que haga insostenible la declaración de  justicia   efectuada   en   la  sentencia  (Cfr.  CSJ  AP,  18  Ago  2010,  Rad.  33559).   

         2.  Lo  anterior  se  menciona  para  anotar  que  ninguno de estos  aspectos  lógico-conceptuales  fueron  considerados  por  el  libelista, ya que  únicamente  plasmó  en  su  escrito  ideas  genéricas  ausentes  de contenido  argumentativo  si  de  derruir  la presunción de legalidad del fallo atacado se  trataba.    La    Corporación   expresa   enseguida   las   razones   de   este  diagnóstico:           

         2.1.  Si bien es cierto el falso raciocinio permite al casacionista  plantear  yerros  tratándose  del  análisis  valorativo  que  hace el juzgador  respecto  de los elementos de juicio obrantes en el proceso, si en ese ejercicio  intelectivo   conculca   la   sana   crítica   como  medio  de  formación  del  conocimiento,  ello  no  quiere  decir  que  la  postulación  está sujeta a su  arbitrio,  toda  vez  que  debe  señalar de modo específico el principio de la  lógica,  la  ley  de  la ciencia o la máxima de la experiencia desconocida, el  motivo  del  error,  y cuál principio, ley o máxima es la aplicable. (Cfr. CSJ  AP,  24 Abr 2013, Rad. 40431). Esta dinámica, entonces, no se suple con el mero  antagonismo  de  criterios en cuanto al mérito que para el recurrente, a partir  de  una postura subjetiva, debe asignársele a las pruebas, pues de cotejarse su  posición  con  la  del  sentenciador  el resultado por supuesto será disímil,  pero   esto   no   significa   per  se  la  configuración  de un vicio susceptible de enmendarse a través  del  recurso  extraordinario  y  en especial, cuando a la providencia atacada la  ampara, según se anotó, la presunción de acierto y legalidad.   

         

         En  este  asunto,  el  defensor  en lugar de definir con precisión  porqué  las  conclusiones del juzgador son incompatibles con los parámetros en  cuestión,  se  dedicó  a  pregonar la hipotética confluencia de incertidumbre  probatoria  por  el  simple  hecho de militar en la actuación dos declaraciones  que,  desde  su  punto de vista, permitían predicar la ajenidad de CELY  CELY  en los acontecimientos materia  de  investigación  y  juzgamiento,  haciendo  abstracción  deliberada  de  las  circunstancias  particulares  que permitieron al Tribunal advertir más allá de  toda  duda la coyuntura en que se articulaban estos elementos de convicción con  las  demás probanzas recaudadas en las diligencias. Sobre el tema, vale la pena  reseñar   lo   que   dijo   el  ad  quem:   

“5.  […]  De  la  declaración  de Aura  Alicia Gómez se extraen en síntesis estos hechos:   

5.1.  Dice  que  vivía  con  IVÁN  en  la  casa  en  Aguazul,  en un  diciembre  que  estaba  en  embarazo. Después se fue para la casa de su mamá y  cuando  regresó  empezaron  a  llegar  algunas personas a la casa, entre éstas  Bladimir  Culman.  Esas  personas  duraron  como unos tres meses, ellos vivían,  comían  y  dormían  ahí.  Nunca  supo que hubiera contrato de arrendamiento u  hospedaje    entre    esas    personas    e    IVÁN  CELY.   IVÁN  nunca  le comentó sobre eso. Solo se le dijo que venían a hacer  un    trabajo,    pero    no    sabe    de   qué   se   trataba.   IVÁN decía que tenían negocios y como  eran muy amigos, ella así lo creyó.   

Durante  el  tiempo  que  estuvieron  estas  personas  no hicieron ningún trabajo ni se preocuparon por buscarlo. No hacían  nada,  se  la pasaban jugando naipe. IVÁN  era  conocedor  de  esta  situación, ellos hablaban en presencia  suya.  Dormían en el día y jugaban naipe en la noche. Dialogaban. IVÁN      CELY      dormía     con  Bladimir.   

5.2. Bladimir Culman salía con IVÁN   CELY   a  todos  lados,  hacían  negocios   comprando   y  vendiendo  carros,  cambiaron  un  automóvil  con  un  sprint.   

El  propietario  del  carro sprint rojo que  usaron   para   perpetrar   el   delito   era   IVÁN  CELY,   por   un   cambio  que hicieron con el sobrino, no estaban los papeles a  nombre  de  él,  pero  era  de  él.  No  sabe que Bladimir le haya comprado ni  cancelado el carro.   

5.3.  Murió  un  amigo  de  IVÁN  en Bogotá, fueron con Bladimir a  Bogotá  y  con  ellos  vino otro de los partícipes del delito. Dice la testigo  “recuerdo   que   era   un   domingo  de  ramos  la  muerte  del  señor,  nos  fuimos  los cuatro con otro  señor  que  estaba  en  la casa y nos devolvimos cuatro, con otro señor que le  decían “El Paisa”.   

5.4.  La  testigo  estaba en la finca de su  madre,   cuando   esa   tarde   IVÁN   la  llamó como a las seis y le dijo que habían secuestrado a L. y  que   lo  llevaban  a  hacer  una  entrevista  y  le  dijo  “no  pregunte  por  Bladimir”.    Luego    a    IVÁN    se  lo  llevaron  a la entrevista, luego él me dijo que cuidara al  niño  que  a  él  lo  iban  a  culpar,  que  cuidara al niño y al negocio (un  restaurante familiar).   

5.5.  A  los  pocos  días se escaparon dos  sujetos,      luego      llegaron      dos      hermanas     de     IVÁN,  llegaron  a  llevarse  las  cosas  de  Bladimir  para  enviarlas  a  La  Guajira,  luego  IVÁN fue capturado.   

5.6. Cuando la testigo supo del secuestro le  preguntó   por  Bladimir,  IVÁN  CELY  le  dijo  que  no  le  preguntara  por  él.  Luego  la  hermana de  IVÁN, Luz Marina Cely y la  hija  de  ella  Dina,  llevaron  un  bolso  café  y  le  dijeron a IVÁN  que les diera una plata que tenía  guardada  para  enviarla a La Guajira. Bladimir tenía una relación amorosa con  Luz Marina.   

5.7.   La   amistad   entre  IVÁN   CELY  y  Bladimir  era  antigua,  supone  que como diez años porque ya se conocían cuando ella se relacionó con  IVÁN CELY.   

5.8.  Después del secuestro se trataron de  comunicar  IVÁN y Bladimir,  pero  éste no contestó, luego lo intentó desde fuera de la casa, pero no sabe  si  hablaron.  IVÁN le dijo  a  la testigo que Bladimir le dijo que no aceptara los cargos y se mantuviera en  la línea.   

5.9.    No   cree   que   IVÁN  CELY  conociera  del  plan que se  fraguaba sobre el secuestro.   

5.10. En cierta ocasión la testigo le dijo  a  IVÁN que quería ir a la  finca  de  su mamá, Bladimir se ofreció a llevarle y una vez allá otro señor  guajiro  que  también iba, se bajó del carro Sprint y bajó un costal con algo  que   no   supo   que   sería,   fueron   a   la   finca  y  de  para  acá  lo  recogieron.   

5.11.  Cuando  capturaron al guajiro (Luis  Carlos  Rodríguez  Pinto)  no  se comunicó con IVÁN  hasta mucho después, pidiéndoles colaboración, que  si   no   lo   hacían  iba  a  decir  la  verdad  sobre  el  secuestro.  Pidió  plata.   

5.12. Considera que el jefe de la banda era  Bladimir      Culma.      IVÁN      compartía con él principalmente, no con los demás.   

5.13.   IVÁN  vendió  una  moto y dejó el carro Sprint a Bladimir  para    que    se    moviera,   IVÁN   le  dio  el  dinero  de  la moto a Bladimir y le puso el carro rojo  Sprint  a  su disposición. La plata era para los muchachos, para tomar gaseosa,  es  decir  los que estaban en la casa y participaron en el secuestro. Explica la  testigo  que  tenía  una  moto  a  su  nombre,  la  cual  vendió  IVÁN  CELY  y  le  entregó el dinero a  Bladimir,  era cerca de dos millones. El dinero fue entregado para los gastos de  los muchachos que estaban en la casa.   

Como  puede  verse  del  resultado  de  la  declaración  de  Aura  Alicia  Gómez,  se corroboran los hechos indiciarios de  modo  directo.  En efecto, no existe una explicación seria ni razonable del por  qué  los  cinco  miembros  de  la  banda se alojaron en la casa de IVÁN   CELY   y   éste   proveyó  su  manutención.  Insiste el Tribunal que la historia del contrato en ENERCA con la  que  CELY pretende explicar  la   presencia   de   los  cinco  sujetos,  por  lo  menos  la  de  IVÁN     CELY,    es    una    farsa  […].   

11.  Las  declaraciones  de  Luis  Carlos  Rodríguez     Pinto     no     tienen     credibilidad.     Son    estas    las  conclusiones:   

11.1. El cúmulo de indicios demuestra que  IVÁN CELY formaba parte de  la  banda,  que  fue  una  persona  central  en la preparación y ejecución del  delito,  a tal punto de haber sido el informante de la rutina de L.T.M., pues no  otra  persona  podría  serlo, así mismo fue quien hospedó en su propia casa y  proveyó  la manutención de los secuestradores, algunos de ellos por más de un  mes,  luego de darles movilidad con su propio vehículo, finalmente coordinó el  momento  del  secuestro dando la señal cuando salió de la casa de la víctima,  y   en   general   los   indicios  que  se  han  examinado  a  través  de  esta  sentencia.   

11.2.  A  esto  súmese  que  es  el mismo  Rodríguez  Pinto  quien  reconoce  que  en  un principio delató a IVÁN  CELY  como integrante de la banda  conformada  además  por  el testigo, por Ramiro Cifuentes muerto en el rescate,  alias   “El   Paisa”,   Mario   Cely   Barreto,   sobrino   de  IVÁN      CELY,      y     Bladimir  Culma.   

Posteriormente rinde las dos declaraciones  en  este  juicio  en  las  que  desdice  de su afirmación inicial afirmando que  IVÁN CELY es inocente, que  nada  tuvo  que  ver,  y  da como explicación que se le prometió una rebaja de  ocho  años  por cada persona que delatara, por lo que sumaría cuarenta años y  tendría  así  una  pena  muy  reducida.  Dice  Rodríguez  que  como  no se le  concedió  la  rebaja  prometida  resolvió  decir  la verdad, esto es excluir a  IVÁN CELY.   

Esta explicación de Rodríguez es confusa  y  rara. Son del todo admisibles las observaciones que aporta la Fiscalía en el  recurso  de  apelación  en las que se destaca el por qué no es posible admitir  estas  excusas  de  Rodríguez  Pinto  para  justificar  el  negar finalmente la  participación   de  CELY.  Primero,  porque  no  es dable suponer que fuera tan ingenuo como para creer que  le  darían  una  pena  de  ocho  años  por cada persona que delatara. Segundo,  porque  si  no le cumplieron con las penas prometidas, entonces, ¿por qué solo  excluyó   a  IVÁN  CELY?  ¿por  qué  no  excluyó a Bladimir Culma o a Mario Cely Barreto?. Tercero, por  qué,  y  esta  es  la  más  clara  motivación  para retractarse de su inicial  acusación     contra     IVÁN    CELY,  ya se ha dicho atrás, éste le prometió la ayuda de un abogado  y  económica para librarlo de la cárcel, lo que sugiere sin duda que se trató  de  un  acuerdo entre CELY y  Rodríguez.  El  primero  prestaría  ayuda  y  el  segundo  guardaría silencio  […].   

De suerte que la declaración de Rodríguez  Pinto   en   la   que   jura  que  CELY  era  ajeno  al  plan  delictivo  solo  da  como resultado el efecto  contrario:  al  pretender  exonerarlo  […]  a  las  claras  se ve que lo está  encubriendo”.4   

         

        De  cara  a estos razonamientos, no se indica o identifica la regla  de  la  ciencia,  principio  lógico o máxima de la experiencia específica que  presuntamente  vulneran  y  solo  se  expone  la existencia del presunto yerro a  partir  de la llana disonancia abstracta de pareceres en cuanto a la valoración  probatoria        acometida,       controversia  ajena  a  la  naturaleza  del recurso extraordinario.   

         

En esa secuencia, resulta infundado que el  recurrente  sugiera  que  la  sentencia  condenatoria  se  basó  únicamente en  pruebas  de  referencia,  “conjeturas”,  ya que en el sub examine, además  de  los  testimonios que son materia de cuestionamiento en  el    libelo,   se   recaudaron   pruebas   directas  sobre hechos indicadores relacionados con las aristas  de  interés para la acreditación de los sucesos objeto de reproche penal y con  las   cuales   se  arribó  al  conocimiento  requerido  para  dictar  fallo  de  responsabilidad  por  vía  de  inferencias  lógicas  que confluyeron hacia ese  convencimiento,  premisas  que,  de hecho, fueron trascritas de forma literal en  la   demanda.5   

De este modo, el reproche no cuenta con un  soporte  conceptual  idóneo  que  valide sus asertos, pues si lo pretendido era  evidenciar  la  presencia  de  errores  en la tesis del Tribunal que avizoró la  contribución   del   implicado   en   la   comisión   del  injusto,  debió atacarse tal reflexión con la  demostración  de  yerros  en  la construcción de los indicios, de la siguiente  manera:   

“…el censor  debe  informar  si  la  equivocación  se  cometió respecto de los medios   demostrativos   de  los  hechos  indicadores,  la   inferencia   lógica,  o  en el proceso de valoración conjunta al apreciar  su  articulación,  convergencia   y  concordancia  de  los varios indicios  entre  sí,  y  entre  éstos  y  las restantes  pruebas, para llegar a una  conclusión fáctica desacertada.   

De  manera  que  si  el error radica en la  apreciación   del   hecho  indicador,  dado  que  necesariamente  éste  ha  de  acreditarse  con  otro medio de prueba de los legalmente establecidos, necesario  resulta  postular  si  el  yerro  fue  de  hecho o de derecho, a qué expresión  corresponde,   y   cómo   alcanza   demostración   para   el  caso.   

Y  si  el  error se ubica en el proceso de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del medio con el  que  se acredita el hecho indicador, y demostrar al tiempo que el juzgador en la  labor  de  asignación  del  mérito  suasorio  se  apartó  de  las leyes de la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica o las reglas de experiencia, haciendo  evidente  en  qué  consiste  y  cuál  es  la operancia correcta de cada uno de  ellos,  y cómo en concreto esto es desconocido…”.  (Cfr. CSJ SP, 02 Ago 2001, Rad. 12062; CSJ SP, 26 Nov  2003, Rad. 11135)   

Planteadas así las cosas, surge claro que  el  demandante  no agotó la lógica formal que orienta la exposición del vicio  denunciado  y  mucho  menos  acertó  en  la  presentación adecuada de un error  trascendente que desquicie las conclusiones del fallo.   

2.2.  Este  equivocado entendimiento de la  intervención  extraordinaria  de la Corte se replica en la crítica referente a  la   hipotética   conculcación   de   la   prohibición   de  la  reformatio   in   pejus,  en  tanto  la  violación  a  tal  principio  supone  que se haya desmejorado la situación del  apelante  único6     tratándose    del    condenado7,  lo  que no ocurrió en este  asunto,  atendiendo  que  quienes  impugnaron  la  sentencia  de primer grado lo  fueron    Fiscalía,    Ministerio    Público    y    el    representante    de  víctimas.   

De igual modo, resulta inadecuado denunciar  el  eventual  quebranto  al axioma de la congruencia contemplado en el artículo  448  de  la Ley 906 de 2004 al amparo del presunto desconocimiento de las reglas  de  producción  y  apreciación  de  la  prueba sobre la que se fundó el fallo  (artículo  181,  numeral  3º,  ibídem),  ya  que  un  yerro  de  esta índole  encuentra  su  sendero  de  postulación  a  través  de  la constatación de la  violación  al  debido  proceso por afectación sustancial de su estructura o de  la   garantía  debida  a  las  partes  (artículo  181,  numeral  2º,  ídem).   

Lo   anterior,  porque  en  el  caso  de  declararse  al  procesado  culpable por hechos que no consten en la acusación o  por  delitos  respecto  de  los  cuales no se ha solicitado condena, se estaría  incurriendo  en  un  error  de  procedimiento  -al  vulnerarse  la  lógica  del  trámite-  y  simultáneamente  en  un  error  de  garantía -al desconocerse el  derecho  de  defensa-,  es decir, se materializarían escenarios que no obedecen  en estricto sentido a infracciones de índole probatorio.   

        3.   En  síntesis,  el  libelista  se  aparta  de  la  dialéctica  connatural  a  la  casación  y  pretende imponer su postura mediante un escrito  presentado  a la manera de alegato de instancia en el que sin ningún fundamento  pone   en   entredicho  el  proceder  y  los  razonamientos  de  la  judicatura.   

Por  ende,  al carecer la demanda allegada  del  sustento  argumentativo  propio  de  esta  sede, según se anticipó, será  inadmitida,  además, al no vislumbrarse la necesidad  de  superar  sus defectos o percibirse de su contexto que se precise de un fallo  para cumplir con alguna de las finalidades del recurso.   

         4.  Por  último,  debe  recordarse  que  frente  a  esta  determinación  tiene  cabida  el  mecanismo  de  insistencia de acuerdo con los  lineamientos  señalados  en  la  providencia  del  12  de  diciembre  de  2005,  proferida en el radicado 24322.   

        5. Ahora bien,  toda     vez     que    la    Corte    advierte  (sin perjuicio del principio de  limitación  que  impide  corregir  las falencias de la demanda con el objeto de  dar  por  sentado que cumple  con   los   presupuestos   que   darían   paso  a  su  admisión)  que   probablemente   se  vulneró  el  principio  de  congruencia,  considerando   los   términos   del   alegato  final  de  la  Fiscalía  y  los  consignados  en  la sentencia condenatoria     y,     así    mismo,    el    principio    de    legalidad      de     las    penas  respecto  de la sanción     accesoria    de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas,  en  tanto  se  fijó   en   el   término   de  la  pena  de prisión,  esto  es,  cuatrocientos veinticuatro (424)   meses,   desbordando   el  máximo contemplado en el artículo 51, inciso 1°, del Código  Penal;    sin  necesidad  de agotar audiencia de sustentación verificará si  casa,  de  oficio  y  parcialmente el fallo, a fin de restablecer las          garantías         trasgredidas.   

        Por  lo  tanto,  una  vez  proferida  esta  decisión y cumplido el  trámite  de la insistencia, el expediente regresará al despacho del Magistrado  Ponente  con el propósito de que la Sala se pronuncie  oficiosamente  acerca  de  la  posible vulneración en comento, en los términos  indicados.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

         PRIMERO:           INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada    por   el   defensor   de   IVÁN   CELY  CELY.   

        Contra     esta     decisión     procede     el    mecanismo    de  insistencia   

         

        SEGUNDO:  En  firme  esta providencia y cumplido el trámite de  la  insistencia,  se  dispone  el  regreso  de  la  actuación  al  Despacho del  Magistrado  Ponente  con el propósito de emitirse un  pronunciamiento   oficioso   sobre   la   posible   vulneración  de  garantías  fundamentales,  de  acuerdo  con lo consignado en la parte considerativa de esta  determinación.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  No  se  revela  el  nombre  del  menor  conforme  el  principio  de protección a la intimidad y reserva de identidad consagrado en la  normatividad  relacionada con el tema, véase Convención sobre los Derechos del  Niño  aprobada  mediante  Ley  12  de  1991,  artículo  16;  Ley 1098 de 2006,  artículos   33,   47,   numeral   8,   153,   193,   numeral   7;  entre  otras  disposiciones.   

2  Cfr. Folio 156 cuaderno actuación 2   

3  Cfr. Fl. 260 c.a 2   

4  Cfr.  Fl.  23  y s.s fallo de segunda instancia / Fl.  249 y s.s. c.a 2   

5  El  Tribunal  las relacionó así: i) La presencia de  los   autores   del   delito  en  la  casa  de  IVÁN  CELY, ii) El indicio del vehículo automotor, iii) El  indicio  de  traer  uno  de  los  sujetos  desde  Bogotá, iv) El indicio de ser  IVÁN CELY amigo cercano de  Bladimir  Culman,  v) La versión de Aura Alicia, vi) El indicio de oportunidad,  vii)  Declaración  del investigador Jairo Ortega Jurado, viii) Declaración del  patrullero  Carlos Mario Prado Díaz, ix) Declaración de la víctima L.T.M., x)  La  entrada  de los secuestradores a la residencia de la víctima inmediatamente  después  de  la  salida  de  IVÁN CELY de  la  misma,  xi)  Declaraciones de Luis Carlos Rodríguez Pinto,  xii)   Indicio   de   parentesco   entre  IVÁN  CELY  y  Mario  Cely Barreto y xiii) Declaración de Carlos  Andrés  Vargas  (Cfr.  Fl. 19 y s.s fallo segunda instancia / Fl. 251 y s.s c.a  2).   

6  Ley 906 de 2004, artículo 20   

7  Constitución Nacional, artículo 31     

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