AP2178-2015(41257)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP  – 2178 -2015   

Radicación 41257  

(Aprobado Acta No. 148)  

Bogotá  D.C., abril veintinueve (29) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS:  

          Resuelve  la  Sala si admite o no la demanda de casación presentada  por la defensora del procesado FEDERICO ANDRÉS VERGARA DE ARCO.   

ANTECEDENTES:  

          1.  En  Marialabaja,  Bolívar,  cuando se  realizaban  las  fiestas  corralejas  en  la  tarde del 13 de diciembre de 2010,  hacia  las  5:30,  FEDERICO  ANDRÉS  VERGARA  DE  ARCO, suboficial de la Armada  Nacional  en  día  de  descanso,  disparó  varias  veces contra la multitud un  revólver  que portaba sin salvoconducto. Uno de los proyectiles le atravesó el  tórax  al  niño  de  6 años de edad Nicolás David Fuentes Reyes y a causa de  ello  murió  inmediatamente.  El  impacto ingresó por el torso medio del brazo  izquierdo y salió por la cara lateral derecha del torso.    

          2.  Ante el Juzgado Promiscuo Municipal de  Arjona  (Bolívar)  se  realizaron las audiencias de legalización de la captura  de  VERGARA  DE  ARCO,  de  formulación  de  imputación  por  las conductas de  homicidio  con dolo eventual y porte ilegal de armas, y de imposición de medida  de   aseguramiento   en   su   contra.   El   procesado  no  se  allanó  a  los  cargos.   

          3.  El 28 de febrero de 2011 tuvo lugar el  acto  procesal  de formulación de acusación y tras las audiencias preparatoria  y  de  juzgamiento,  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de Turbaco, mediante  sentencia  del  10  de  abril  2012,  condenó  a VERGARA DE ARCO a 240 meses de  prisión,  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo  término  y  a  la privación durante 15 años del derecho a la tenencia y porte  de  armas.  No  le  concedió  el  despacho  judicial  la  condena de ejecución  condicional ni la prisión domiciliaria.   

          4.  La defensa apeló ese pronunciamiento y  el  Tribunal  Superior de Cartagena, por intermedio de la sentencia recurrida en  casación,    expedida    el   29   de   noviembre   de   2012,   le   impartió  confirmación.   

LA DEMANDA:  

Primer   cargo.  Nulidad  por  motivación  insuficiente de la sentencia.   

          La  irregularidad  lesiva del debido proceso sucedió a juicio de la  recurrente  porque  el  juzgador  le  atribuyó a su representado el homicidio a  título  de  dolo  eventual, sin realizar “de manera  cabal,    un    estudio   previo   sobre   el   recaudo   probatorio”   ni   efectuar   “el  acoplamiento  jurídico   que   corresponde   en   la   estructuración   de  esa  especie  de  culpabilidad”.   

          1.  Reprodujo la censora, a continuación,  un   aparte   del  fallo  de  primera  instancia  en  el  que  se  señaló  que  indudablemente  “enlaza”  con  la  noción  de dolo eventual accionar un arma de fuego en un lugar de gran  concentración  de  personas.  Dio  a  entender  el  despacho  judicial que así  sucedió  en el presente caso, “sin explicar de qué  manera”  puede  inferirse  que  el  procesado  dejó  “el    resultado   muerte   al   azar”,  “ni qué clase de indicio podría  construirse,  como tampoco expone la razón valedera alguna acerca del modo como  pudo  arribar  a  tal conclusión y, por qué razón, ese accionar de un arma de  fuego  en  lugar  concurrido,  conduce a la inexorable conclusión, que el actor  previó  como  probable el resultado muerte, exposición infaltable cuando, como  en  este  caso,  se  cobija  a  la conducta examinada, con un dolo eventual para  imponer,   con   base  en  esa  atribución,  una  sanción  penal  de  prisión  carcelaria, de no muy poca cuantía”.   

          Esas,  para  la  demandante,  son  las  razones  por  las  cuales el  pronunciamiento  impugnado  “ostenta una motivación  incompleta,   insuficiente   y   precaria”   en  la  justificación  del  dolo  eventual  en  el  que “se  sumerge” la conducta del acusado.   

          2.  El  Tribunal, a su turno, señaló que  si  se  pretende  es  acudir  “a  la  teoría de la  imputación  objetiva  del  resultado  para  la  solución  del caso”,  se  tiene  que  el  procesado  sobrepasó  el  límite  de  lo  jurídicamente  permitido  al  “disparar contra una  multitud”,  generando así un riesgo desaprobado por  el   derecho  que  se  concretó  en  el  resultado  lesivo  del  derecho  a  la  vida.   

          Lo   anterior   plantea,   para   la  casacionista,  “una  categórica  imputación objetiva”,  erradicada  por  el  artículo  12  del  Código Penal. Para nada se menciona la  culpabilidad  en  el  argumento  judicial, entendiéndose bajo esa circunstancia  que  la  segunda  instancia ratificó el dolo eventual atribuido en la sentencia  de   primer   grado,   omitiendo  así  su  deber  de  realizar  “un   examen  valorativo  sobre  el  recaudo  probatorio”,  con  miras  a  la determinación fáctica y jurídica de dicho  elemento  de  la  responsabilidad  penal, de acuerdo a como lo tiene definido la  jurisprudencia de la Corte.   

          Ahora  bien,  si  el  acusado  accionó un arma de fuego en un sitio  concurrido,  según  lo  concluyó  el  Juez  del  conocimiento, “para     analizar    valorativamente    esa    conducta”     se     debe     acudir    “al  ex-antes”  (sic). Se tiene, entonces, que se trataba  de  “un joven talentoso, lleno de vigor, procedente  del  campo”, que venía creciendo en lo personal y en  lo   académico   y   que   para   el  momento  de  los  hechos  “se    encontraba    disciplinadamente    dispuesto   a   realizarse  profesionalmente,    como    infante   de   la   Marina   Colombiana”.    Tal    perfil    —dice    la   casacionista—  “lo  distancia  kilométricamente  de  querer  cometer  un  delito  de  homicidio,  ni  aún  en  la  modalidad de dolo  eventual,  como el que aquí se le ha atribuido; y tampoco es cierto que hubiera  previsto  como  probable, ese resultado dañoso, ni que hubiera por tanto dejado  su  realización  al  azar, como equivocadamente lo deduce el juzgador de primer  grado”.   

         En  criterio  de la abogada, no obstante la formación militar de su  procurado,  “no  existe  duda  que se trató de una  muerte  accidental”. Se puede afirmar “con  certeza”,  en concordancia con las  pruebas,  que  “guiado por la emoción del momento,  utilizó   imprudentemente   un  arma  de  fuego,  para  hacer  como  se  conoce  popularmente,  un  disparo  al  aire con tan mala fortuna que, no tuvo en cuenta  que  la  concurrencia  allí  presente,  se hallaba de tal modo distribuida que,  aún  en el sitio que para él era, el más alto, a donde con toda seguridad, no  hacía  daño  a  nadie,  habían personas ubicadas y entre ellos, la lamentable  víctima  (sic) y, su señor  padre,    quienes    por    esa    circunstancia    resultaron    lastimosamente  afectados”.    

          Con  fundamento  en  la  conducta  post delictual de VERGARA DE ARCO  —de   “huir,      esconder      el      arma      o     mentir”—, mal hizo  la  primera  instancia,  de  otra parte, en dar por acreditada la previsión del  resultado.   Simplemente  actuó  de  manera  instintiva  para “conservar   su   integridad   y  la  de  su  familia”    ante    la   posibilidad   de   un   ataque   “feroz”  de la multitud, “como  al parecer había empezado a ocurrir en este caso”.   

          Para   la  demandante,  en  conclusión,  las  instancias  motivaron  insuficientemente   “la  estructuración  del  dolo  eventual”  y,  en  consecuencia,  le quebrantaron al  acusado  el  debido  proceso y en concreto el derecho de defensa. Es procedente,  por  tanto,  la  declaración  de  nulidad procesal al impedirse a la defensa el  ejercicio  cabal  del  derecho  a  la  controversia.  De  haberse llevado a cabo  “una     motivación     suficiente”,  “con  verdadero  respaldo  en  el  recaudo  probatorio”, se habría impuesto al acusado  la pena correspondiente a la conducta de homicidio culposo.   

          La  solicitud  de la defensora es, pues, el reconocimiento por parte  de  la  Corte  de  que se vulneró el debido proceso por omisión de los motivos  que  respaldan  la  atribución  del  homicidio  a título de dolo eventual y el  proferimiento de fallo de condena por homicidio imprudente.   

Segundo  cargo.  Violación  indirecta  de la ley sustancial derivada de error de hecho por falso  raciocinio.   

          Según  la  casacionista,  el yerro recayó en la inferencia lógica  de  la prueba indiciaria. Tuvo lugar al adecuar la primera instancia la conducta  atribuida  al  procesado  a  homicidio  en  la  modalidad  de  dolo eventual. De  disparar  su  revólver  el  acusado,  causar  la muerte a la víctima, huir del  lugar,  refugiarse en una casa cercana y pedirle a un tercero que le guardara el  arma  de fuego, dedujo el juzgador que previó “como  probable”  el  resultado,  el  cual dejó librado al  azar tras el tiroteo en un lugar concurrido.   

          Se   trató,   la   construcción   indiciaria,  de  una  conjetura.  Simplemente  porque  no  existe  en  el  proceso una prueba indicativa de que el  acusado    “previó   como   probable”  el  “doloroso resultado”.  Se  transgredió  el principio de razón suficiente, entonces,  “al  inferir  el  sentenciador  de primer grado esa  previsión”   para   la   configuración  del  dolo  eventual.   

          En  criterio  de la demandante, el hecho de que su representado haya  disparado  una  o  varias veces “al aire”  en un lugar concurrido, no es indicativo de que “previó    como    probable    el    resultado   muerte”.  ¿La  razón? “Su probado proyecto  de  vida”  demostrativo  de  que  su  comportamiento  anterior   “estuvo   siempre  orientado  hacia  la  rectitud  y,  en  pos  de  la  preservación de una intachable hoja de vida, que  hiciera  posible  alcanzar los propósitos trazados”.   

          Así   las   cosas,   la  inferencia  del  fallador  “no  tiene  nada  de lógica” si se tiene  en  cuenta  “la  concreción  de todo ese ambicioso  proyecto    hacia   el   futuro”   del   inculpado,  “con una conducta antecedente sin tacha”  que no guarda correspondencia con el crimen que se le atribuye,  que  truncaría  sus  sueños  y  los  de su familia. Debía ser cuidadoso en el  manejo    de    su    arma,    es    cierto.    Sin   embargo,   “cometió  la  infracción  a  su  deber,  haciendo  un tiro que él  pensó  dirigir  al  vacío,  sin  tener  en  cuenta  que,  en el sitio donde se  encontraba  habían  personas  ubicadas  a  cierta  altura  que podían resultar  lesionadas”.  En consecuencia, es dable imputarle el  homicidio  a  título  de  culpa  y  justamente  es  esa  la  decisión  que  la  casacionista espera de la Sala.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. Anticipa la Sala  que  en  relación  con  ninguno  de  los cargos propuestos por la defensora hay  lugar  a  la  admisión  de  la  demanda.  En  la  medida  que en ellos aparecen  elementos   comunes,   los  argumentos  correspondientes  se  darán  de  manera  conjunta.   

2. Es manifiesto, en  primer  lugar,  que  con  el  cargo de violación indirecta de la ley sustancial  originada  en  error de hecho por falso raciocinio, la recurrente dejó sin piso  el  de  nulidad  por  motivación insuficiente de la modalidad de culpabilidad a  cuyo título se le atribuyó el homicidio al procesado.   

Si  a  su juicio el juzgador incurrió en un  error  probatorio  al  concluir  que  el  acusado  mató al niño Nicolás David  Fuentes  Reyes  con  dolo  eventual,  claramente  es  porque  los  fallos de las  instancias,  que en el presente caso hacen una unidad jurídica inescindible por  su  orientación  similar,  cuentan  con  un  mínimo  de  motivación que le ha  permitido  controvertirlos.  No  es  cierto,  entonces,  de  conformidad  con la  lógica  interior  de  la  demanda, que hayan sido precarias las razones por las  cuales  se consideró que FEDERICO ANDRÉS VERGARA DE ARCO previó como probable  que  al disparar su revólver podía causarle la muerte a alguna persona y dejó  la no producción de ese resultado librada al azar.   

3. Más allá de la  deducción   anterior,   es   evidente  que  la  casacionista  no  acreditó  la  irregularidad  denunciada  en  la  censura  de  nulidad.  El  contenido de ésta  comprueba  con claridad, por el contrario, cuáles fueron los fundamentos en que  se  apoyó  el  juzgador  para  imputarle  al implicado el delito de homicidio a  título de dolo eventual.   

Disparó  en varias oportunidades el arma de  fuego  que  llevaba  consigo  en  un lugar concurrido y en dirección a donde se  encontraba   la  víctima  e  igualmente  el  policía  Carlos  Ómar  González  Esquivel,  como  declaró  bajo  juramento  éste  último que sucedió. De esos  hechos se infirió la modalidad de la conducta punible mencionada.   

El  dolo  eventual,  en  otras  palabras, se  dedujo  en  la  sentencia  de  dichas  circunstancias objetivas. Si el procesado  abrió   fuego  hacia  donde  había  personas,  obviamente  se  representó  la  posibilidad  de  matar o lesionar a alguien y no le importó. Asumió, entonces,  todos  los  daños  que  pudieran  sobrevenir de su conducta irresponsable y eso  significa que mató al menor Nicolás Fuentes Reyes dolosamente.   

Si en los términos anteriores se construyó  la  imputación  subjetiva,  está  fuera  de  lugar  el  reclamo de motivación  insuficiente  de  la  sentencia  planteado  en  el  primer  cargo de la demanda.   

Las  modalidades  de la conducta punible, de  regular,  no  se acreditan con prueba directa y este caso no fue una excepción.  De  lo  sucedido  –que se  reconstruyó   a   través   de  prueba  testimonial  principalmente—  se  derivó  el  dolo eventual y mal  hace  la  defensora  en  sugerir  que  se  le impidió la controversia porque el  juzgador  omitió  una  serie  de  justificaciones  de  su  conclusión,  que en  realidad  las  entiende  comprendidas  la  Sala  en  la  argumentación vista, a  través   de   la   cual   se   dejaron   bien   claras   las   razones  de  esa  imputación.     

Y es tan cierto lo anterior que la defensora,  contradictoriamente  desde luego, terminó oponiéndose en la censura de nulidad  a  la  atribución  del homicidio a su representado a título de dolo eventual y  pidiéndole  a  la  Corte  que  lo  declare  responsable  de  la  conducta en la  modalidad  culposa. Basó esa pretensión en las siguientes ideas: i) el tipo de  persona  que es el inculpado “lo distancia de querer  cometer  un  delito  de  homicidio”  doloso; ii) sus  actuaciones   siguientes   al   homicidio   (“huir,  esconder   el   arma   o   mentir”)   las  realizó  “para   conservar   su   integridad  y  la  de  su  familia” y no prueban, en consecuencia, la comisión  del   delito;   y,  iii)  “se  trató  –el          suceso— de una muerte accidental”.   

En síntesis, opuso su lectura de los medios  de  prueba  a  la  del  juzgador, sin acreditar ningún error de juicio de éste  determinante  de la sentencia. Y por supuesto que lo hizo de manera impropia, en  el  marco  de  una  censura en la que denunció la imposibilidad de discutir ese  pronunciamiento debido a insuficiencia en su motivación.   

No está de más advertir que “la  teoría  de la imputación objetiva”  a  la  cual aludió el Tribunal en la sentencia recurrida extraordinariamente no  es    lo    mismo    que    la    “responsabilidad  objetiva”.  La primera es una doctrina general de la  conducta  típica  que  en manera alguna desconoce que los sujetos imputables en  derecho  penal  responden  únicamente  cuando  cometen  una  conducta  típica,  antijurídica  y  culpable. La segunda –erradicada  del  derecho  penal  nacional a través del artículo 12  del    Código   Penal—  consiste  en el reproche a una persona por la sola causación del resultado, sin  consideración a su culpabilidad.   

La Sala, pues, no seleccionará la demanda en  relación con el cargo de nulidad examinado.   

4. Tampoco lo hará,  como  ya  se adelantó, en razón del reproche de violación indirecta de la ley  sustancial  que en criterio de la casacionista se originó en error de hecho por  falso raciocinio.   

No   comprobó   la  profesional,  eso  es  innegable,  que  en  la  apreciación  probatoria el juzgador haya vulnerado los  postulados  de  la sana crítica. O lo que es lo mismo, desconocido una regla de  la  experiencia,  un  principio  de  lógica o una ley científica. Se limitó a  señalar   simplemente   que   no   era   deducible  el  dolo  eventual  de  las  circunstancias  que  declaró  probadas  el  fallador.  Es  decir,  disparar  su  revólver  el  acusado  en  un sitio concurrido, causar la muerte a la víctima,  huir  del  lugar,  esconderse  en una casa cercana y pedirle a un tercero que le  guardara el arma de fuego.   

A  juicio  de  la  abogada  esos  hechos  no  probaban  la  configuración  de  la  conducta  punible imputada a su procurado.  Faltó  –dijo— un medio de convicción indicativo de  que     VERGARA    DE    ARCO    “previó    como  probable”   el   resultado.   Un   supuesto  vacío  probatorio  que  no  acredita  la  irregularidad denunciada sino que descubre el  deseo  de la recurrente de que la Corte acoja su punto de visto por sobre el del  juzgador,  sin  pasar por la demostración de un error de juicio trascendente de  éste.   

Con  esa  lógica,  sin  más,  finalizó la  defensora  afirmando  que  el sindicado disparó “al  aire”  y  que  ello  no  indica  que  haya  previsto  “como  probable  el  resultado  muerte”,   en   atención   a  “su  probado  proyecto   de   vida”  y  a  su  conducta  anterior  “sin     tacha”.   

Los  tiros,  en realidad, de acuerdo con el  testigo  González  Esquivel  los dirigió VERGARA DE ARCO en dirección a donde  se  encontraba  la  víctima y expresar, por tanto, que los hizo “al  aire” es una afirmación artificiosa  de  la  casacionista, muy conveniente para apoyar su solicitud a la Corte de que  condene por homicidio imprudente a su representado.   

Es  indudable,  en  conclusión, que no hay  lugar a la admisión de la demanda.   

         3.  Cabe  indicar  que  contra la presente  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el  artículo  184 de la Ley 906 de 2004 y con las reglas que ha definido la  Sala de manera pacífica en pronunciamientos anteriores.   

Se  dispondrá  que  una  vez  surtido  ese  trámite,  vuelva el asunto al despacho de la Magistrada Ponente para establecer  de  oficio  si  al procesado se le vulneró el principio de legalidad al fijarse  la  pena  accesoria  de privación del derecho a la tenencia y porte de armas en  el término de 15 años.   

         

         En  virtud  de  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

1.     INADMITIR    la  demanda  de  casación presentada por la defensora del procesado  FEDERICO ANDRÉS VERGARA DE ARCO.   

        2.  Contra  esta determinación procede el  mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos  definidos pacíficamente por la  jurisprudencia de la Sala.   

         3.  Una  vez surtido el trámite anterior,  vuelva  el asunto al despacho de la Magistrada Ponente para el pronunciamiento a  que se aludió en las consideraciones.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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