AP2169-2015(45397)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP2169-2014  

Radicación n° 45397  

(Aprobado Acta No.  148)   

Bogotá  D.C.,  veintinueve (29) de abril de  dos mil quince (2015).   

VISTOS  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensora  de  JUAN   CARLOS  CERÓN  ALZATE  contra  la  sentencia  del  23 de octubre de 2014, a través de la cual el Tribunal Superior  de  Santiago de Cali confirmó el fallo del 19 de marzo del mismo año proferido  por  el  Juzgado  Tercero  Penal del Circuito Especializado de la citada ciudad,  que  condenó  al  mencionado  procesado  a  la  pena  principal  de 42 años de  prisión,  así  como  a  la  accesoria  de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el lapso de 20 años, como coautor de los  delitos   de  homicidio  agravado,  homicidio  simple  tentado  y  fabricación,  tráfico o porte de armas de fuego o municiones.   

HECHOS  

Se vienen resumiendo de la siguiente manera:   

“El 25 de febrero de 2008, aproximadamente  a  las 8 y 30 de la noche el señor Manuel José Reina Collazos fue objeto de un  atentado  por  parte de personas que ingresaron a la parte interna de su casa de  habilitación,  ubicada  en  la  carrera 12 con calle 6, Casa Santa Bárbara del  municipio  de  Vijes (Valle), hecho en el cual perdió la vida al recibir varios  impactos de armas de fuego que condujeron a su deceso.   

En  habitación  alterna  se  encontraba el  señor  Diego  Fernando  Aponte Padilla, quien laboraba como escolta y apoyo del  señor  Reina  Collazos  y  quien  también  fue objeto de agresión con arma de  fuego  por  parte de otro de los sujetos que ejecutaron el hecho, recibiendo una  bala en la parte posterior de su cuello.   

Las labores investigativas posteriores a la  ocurrencia  de  los hechos permitieron vincular como partícipes de los mismos a  los  señores  JUAN  CARLOS  CERÓN  ALZATE  y ÁLVARO JOSÉ MARTÍNEZ RAMOS, el  primero  el  que  activó  su  arma contra el señor Reina Collazos y el segundo  como  la  persona  que  habría  estado  detrás  de  la  conducta  delictuosa y  contrató a los partícipes para su ejecución”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Concretada  la  captura  de JUAN    CARLOS    CERÓN    ALZATE,   su  legalización  se produjo en audiencia preliminar realizada el día 1º de julio  de  2010  ante  el  Juzgado Catorce Penal Municipal, con funciones de control de  garantías,  de Cali. En esa misma diligencia se le formuló imputación por los  delitos   de  homicidio  agravado,  homicidio  simple  tentado  y  fabricación,  tráfico o porte de armas de fuego.   

2.  Presentado  el  respectivo  escrito  de  acusación,  la consiguiente audiencia de formulación se llevó a cabo el 16 de  septiembre  del  precitado  año  en  el  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado también de Cali.   

3.  Realizada la audiencia preparatoria  e  iniciado  el  juicio oral, se decretó la conexidad con la actuación seguida  por   separado   contra   Álvaro   José  Martínez  Ramos.   Cumplido   ello,  el  juez  de  conocimiento  adelantó  en forma conjunta el juicio oral, a cuyo término anunció el sentido  del    fallo,    advirtiendo   que   sería   condenatorio   para   CERÓN  ALZATE  y absolutorio en favor de  Martínez     Ramos.   

4.  El fallo anunciado lo profirió el 19 de  marzo  de  2014,  contra  el  cual  interpusieron apelación tanto la defensa de  CERÓN   ALZATE   como  la  Fiscalía 19 Especializada.   

5. Por la referida vía el Tribunal Superior  de   Cali  impartió  confirmación  a  la  decisión  mixta  proferida  por  el  a  quo,  por cuya razón la  defensora  del procesado último mencionado acudió al recurso extraordinario de  casación.   

LA  DEMANDA   

          La  impugnante  formula  dos  cargos  contra la sentencia de segunda  instancia,  ambos  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 906 de  2004, esto es, violación indirecta de la ley sustancial.   

          En    el    primer   cargo   denuncia  la  incursión  en  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,  que  llevó a la indebida aplicación de los artículos 103, 104.7 y  365  del Código Penal y a la falta de aplicación del artículo 7º del Código  de  Procedimiento  Penal que consagra los principios de presunción de inocencia  e      in      dubio      pro     reo.   

          En  sustento del reproche sostiene que de los cinco testigos con los  cuales   el   Tribunal  soportó  la  condena  solamente  dos  afirman  que  son  presenciales,  esto  es, Diego Fernando Aponte Padilla  y  Héctor  Hernán García  Pérez,  pues los demás tienen carácter referencial.  En  su  sentir,  las  imprecisiones  de esos dos deponentes exigían al juzgador  revisar  todo el conjunto probatorio, con lo cual habría concluido que faltaron  a   la   verdad.   Lo  cierto,  añade,  es  que  los  declarantes  Rafael   Alonso   García   Dávila,   Jorge  Luis  Manrique  Henao  y  Octavio Enrique Escudero  Mercado  dejan  al procesado por fuera de todo tipo de  responsabilidad.  Considera  que  los  falladores  en  forma  facilista y ligera  descartaron  los testimonios de descargo, pese a desvirtuar éstos las amañadas  y    sinuosas   afirmaciones   de   Aponte   Padilla  y        García  Pérez.   

          Para  la  demandante, sobre Diego Fernando  Aponte   recaen  unas  circunstancias  especiales  de  sospecha,  dada  la  relación laboral que sostenía con el hoy occiso. Además,  le   parece   extraño   que   el  aludido  no  haya  señalado  a  CERÓN  ALZATE  desde  cuando  rindió la  entrevista  inicial  ante  la Fiscalía, máxime cuando éste pertenece al mismo  pueblo  del  declarante.  Considera  absurda  y  contraria  al sentido común la  excusa  ofrecida  por  éste  al  respecto, pues el medicamento que, según él,  estaba   tomando   era   para  el  dolor,  de  manera  que  no  le  afectaba  la  memoria.   

          También  estima  carente de credibilidad, por desconocer el sentido  común,   la  versión  de  Héctor  Hernán  García  Pérez  cuando  señaló  que  estaba buscando casa en  arriendo,  pues  nadie  que está desempleado espera hasta bien entrada la noche  para  realizar  esa  clase  de actividad en un pueblo pequeño que no tiene vida  nocturna,  sin  su compañera o familia. En su criterio, tampoco es creíble que  haya  estado  justamente  en  el  mismo  lugar  cuando dijo haber visualizado la  motocicleta  de  los  agresores  antes  del  ilícito,  así  como  después  de  perpetrado  éste,  pues  nunca  las  distancias  son  exactas,  según  así lo  enseñan  las reglas de la experiencia, las leyes de la física y de la lógica,  así como el principio de no contradicción.   

          Para  la  libelista,  los  indicios  considerados por el Tribunal se  basan  en  los  testimonios  de  Aponte  y  García, pero  sus  manifestaciones  son absolutamente contradictorias y sospechosas, de suerte  que  conducen  al  absurdo  y,  por  ende,  a  la  conclusión  de  que existió  tergiversación,  distorsión  y  falseamiento  de  los alcances objetivos de la  prueba.   

          Rechaza  la credibilidad otorgada a Blanca  Olivia     Cardona    Hincapié    y    Luis  Alfredo  Moreno Salcedo, quien sólo  recibió  informaciones de carácter referencial y sin ningún apoyo probatorio,  llevando   a  descartar  las  pruebas  de  descargo  que,  insiste,  conducen  a  establecer    la    no    participación    del    acusado    en    el   acaecer  antijurídico.   

          Tras   dolerse   porque   no   se   analizaron   en   conjunto   las  contradicciones  en que, en su sentir, incurrió Diego  Fernando   Aponte   con  respecto  al  testimonio  de  Blanca   Oliva   Cardona,  anuncia  emprender  el  examen  de los indicios edificados por el Tribunal, y al  efecto,  luego  de  cuestionar  la  decisión de esa corporación de valorar los  testimonios  practicados  sin  acatamiento  a  los  principios de inmediación y  concentración,  considera  que  lo dicho por los testigos de cargo no es cierto  por las siguientes razones:   

1. Héctor Hernán  García   Pérez   dijo   en   una  declaración  que  CERÓN ALZATE es blanco y en  otra  que  es  trigueño. Igualmente, afirmó que lo conoce hace 20 años, desde  cuando  tenía 9 años, pero el procesado no cuenta con 29 años sino con 44. De  la  misma  manera, fue impreciso en cuanto a la distancia respecto de la cual se  encontraba  cuando  dijo observó al acusado, pues inicialmente afirmó que a 70  metros,   luego   que   a  25  metros  y  en  otras  ocasiones  a  15,  10  y  4  metros.      

          2.  Si  el testigo antes mencionado se encontraba a 75 metros, no es  posible  que  haya  identificado  con certeza a CERÓN  ALZATE,  pues  eran aproximadamente las 9 de la noche,  había   poca   luz   y   existía   un   cerco   que   se   atravesaba   en  la  visión.   

          3.    García    Pérez    también  se contradice cuando en su primera versión manifestó que  vio  a  CERÓN  ALZATE tanto  cuando  entró a la casa de la víctima como cuando salió de la misma. Además,  en  una declaración afirmó que el procesado se apeó en Bomberos, pero en otra  señaló  a  persona diferente. Para la actora, por demás, desde el sitio donde  ocurrieron  los  hechos  no se puede ver la estación de Bomberos, pues la misma  queda a 6 ó 7 cuadras, amén de que eran las 9 de la noche.   

          4.  Mientras  García Pérez declaró  que  en  el momento de los hechos habían pocos niños, no  así    adultos,    Aponte   Padilla   manifestó que había mucha gente.   

          5.  Por  su  parte,  Diego Fernando Aporte  no  incriminó  al acusado en su primera declaración,  excusando  su  omisión  en  un  argumento superfluo. Ese testigo estaba tomando  tramadol,  medicamento diagnosticado para dolores fuertes, sin que tenga efectos  que  le  hubiesen hecho perder la memoria. En la declaración del 13 de marzo de  2008  reconoció  que  no  vio  la  cara al agresor; cuestiona, por tanto, a los  juzgadores  por  darle  credibilidad cuando en el juicio señaló a CERÓN ALZATE.   

          A  renglón  seguido  aduce  que  el  Tribunal erróneamente dio por  demostrada  la  responsabilidad del procesado, sin estarlo y además ignoró que  el   testimonio   de   la   señora   Reina  Collazos  es  prueba de referencia. Dicho esto, argumenta que de  no  haberse  incurrido  en  los  errores  a  los  cuales  refiere,  los indicios  deducidos  por  esa  corporación  se  hubieran fracturado, diluido o degradado,  quedando solamente pruebas de referencia.   

Asume   luego  la  fundamentación  de  la  trascendencia  de  los yerros, insistiendo en que no se valoraron las pruebas en  conjunto,  y  es  así como el juzgador escogió las que convenía para fulminar  al  acusado  con  fallo  condenatorio,  mientras  desechó  las que indicaban su  inocencia,   cercenando   los  testimonios  de  Diego  Fernando    Aponte,   Héctor   Hernán   García   y  Octavio  Enrique  Escudero,  amén  de  que  a  los  dichos  de  los  dos  primeros  se  les agregó aspectos  trascendentes.   Por  lo  demás,  añade,  las  declaraciones  de  Rafael  Alonso  García,  Jorge  Luis  Manrique  Henao y   del   mismo   Escudero  no     se     justipreciaron     en    su    verdadera    dimensión  demostrativa.   

          De  esa  manera,  solicita  casar la sentencia impugnada para, en su  lugar,   absolver   a   JUAN   CARLOS   CERÓN   ALZATE.   

          En    el   segundo   cargo   acusa    al    ad   quem   de   incurrir   en   error   de   hecho   derivado  de  “falso  juicio de raciocinio” respecto  de  las  pruebas  de  cargo. El yerro, dice, llevó a la indebida aplicación de  los  artículos  103,  104.7 y 365 del Código Penal y a la falta de aplicación  del   artículo  7º  del  Código  de  Procedimiento  Penal  que  consagra  los  principios  de presunción de inocencia e in dubio pro  reo.   

          Para   la   libelista,  los  hechos  indicadores  deducidos  de  los  testimonios  de Diego Fernando Aponte, Héctor Hernán  García,   Octavio   Enrique   Escudero,   Blanca   Oliva  Cardona  y     del     policía    judicial    de    apellido    Moreno        son       “producto  de  la utilización de una lógica absurda, además de  haberse  incurrido  en  el  sofisma  del  tercero  excluido  y  toda  vez que se  vulneraron  reglas  de  la lógica como el principio de no contradicción en los  testigos  Aponte  y  García,  en  el  principio de razón suficiente y en el de  identidad”.   

          La  demandante  sustenta  la censura con fundamentos similares a los  que  expuso  en  el  anterior reproche. Y así, insiste en que de las pruebas de  cargo  sólo  dos  son de carácter referencial; además, cuestiona una vez más  al  Tribunal  por  no  valorar todo el conjunto probatorio, lo cual le impidió,  afirma   ahora,   “detectar   la  lógica  de  sus  afirmaciones”    para    determinar   “si  armonizaban  con  el  sentido  común  y con las leyes de la  ciencia,   especialmente  con  la  física  y  la  matemática”.  De  todas manera, persiste en sostener que el juzgador le hizo decir  a    la    prueba    “algo   que   la   misma   no  informaba”,  reprochándole esta vez por no advertir  que  la  de  cargo “estaba contaminada por yerros de  sentido      común,      de     lógica     y     de     ciencia”.   

          Nuevamente    advierte    que    el   testimonio   de   Diego    Fernando    Aponte    contiene  circunstancias  especiales  de  sospecha, así como que carece de sentido común  su   omisión   de   no   señalar  a  CERÓN  ALZATE  desde  su  primera  entrevista.  Y  califica  ahora de  violatoria  de  las  leyes  de  la  ciencia la excusa ofrecida por el testigo al  respecto,    aunque    insiste    en    que   también   conculca   el   sentido  común.   

          Sobre  el  testimonio  de  Héctor Hernán  García,  reitera  que  su  afirmación consistente en  encontrarse  buscando  una  casa en arriendo desconoce el sentido común. Por su  parte,  la  aseveración  del mismo testigo, en cuanto a estar prácticamente en  el  mismo lugar tanto cuando vio entrar al procesado como al salir, la considera  vulneratoria  de  las reglas de la lógica “en torno  al  principio  de  no  contradicción”, pues no pudo  encontrarse   al   mismo   tiempo  en  los  dos  momentos.  En  su  sentir,  tal  manifestación es además transgresora de la física.   

          La  actora una vez más censura al ad quem  por  sustentar  la condena con base en los testimonios  de  Aponte  y  García,  pese  a  ser  contradictorios y  sospechosos.  Por tanto, insiste en que la prueba se tergiversó, distorsionó y  falseó  en  sus  alcances objetivos, con lo cual, argumenta ahora, se violentó  el   sentido   común,   la  ciencia  –matemática  y  física-  y  la  lógica,  incluyendo las pruebas de  descargo,  cuyo mérito permite predicar sin dubitación alguna que el procesado  el  día  de  los  hechos  no  se  encontraba  en  Vijes  sino  en  la ciudad de  Cali.   

          A  renglón  seguido,  de  manera  textual  la impugnante repite las  razones  por  las cuales considera que las versiones de los testigos de cargo no  son  creíbles, y luego insiste en cuestionar al Tribunal por dar por demostrado  que  el  acusado  estuvo en el lugar de los hechos cuando las pruebas demuestran  que  se  encontraba  en Cali ayudando en un contrato de obra. En ese sentido, le  atribuye  violar  la  ley  de  la física, conforme a la cual un cuerpo no puede  estar  en  dos  lugares  al  mismo  tiempo,  así  como  el  principio de razón  suficiente,  pues  “si el procesado no se hallaba en  el  lugar,  la  explicación  suficiente  de  ello  es que no pudo cometer ni el  homicidio  ni  la  tentativa  del  mismo,  como tampoco el porte ilegal de armas  imputado”.   

          Tras   insistir   en   la   trascendencia  de  los  yerros  por  él  denunciados,  conforme  a  fundamentación  similar  a la expresada en el primer  cargo,  la  demandante termina solicitando casar la sentencia impugnada para, en  su   reemplazo,   absolver   a   JUAN  CARLOS  CERÓN  ALZATE.   

            

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004,  conforme  ocurre con el previsto en la Ley 600 de 2000,  también  exige,  como  condición para la admisión de la demanda de casación,  la  satisfacción  de  exigencias de lógica y adecuada argumentación, cuyo fin  es  permitirle a la Corte, a partir de la coherencia y precisión conceptual del  libelo,  establecer  sin dificultad cuál es el error atribuido al sentenciador,  causante  de  la violación de la Constitución o la ley o la afectación de las  garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

          En  el  caso  objeto de examen, advierte la Sala que el libelista no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

          En  efecto, en el primer cargo el  actor  denuncia  la  presencia  de  un  error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  el  cual,  según  dice,  recayó  en los testimonios de  Diego   Fernando  Aponte  Padilla,  Héctor  Hernán  García  Pérez  y  Octavio  Enrique Escudero Mercado.   

Como lo tiene dicho la jurisprudencia de la  Corte,  el  referido  yerro  se  estructura  cuando  el fallador, al apreciar la  prueba,  distorsiona  su  contenido  fáctico  para hacerle decir lo que ella no  expresa,  bien  por  agregarle  aspectos  ajenos  a  la misma o por suprimirlos.   

Su adecuada sustentación le exige al censor  identificar  el medio sobre el cual recayó el dislate, realizar un cotejo entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el fallador, precisando los apartes donde  se  presenta  la  distorsión  y  luego  acreditar  la  trascendencia del yerro.   

El impugnante no satisface la aludida carga  argumentativa,  pues  si  bien  identifica la prueba, omite precisar los apartes  objeto  de  distorsión,  así  como el fragmento del fallo donde se concreta la  deformación  del  medio probatorio, de manera que en momento alguno efectúa el  exigido   juicio   de   comparación   para   evidenciar,   de  esa  manera,  la  tergiversación aducida.   

         En  realidad,  a  lo  largo de la censura se dedica en su mayoría a  mostrar  inconformidad con el criterio apreciativo del Tribunal, cuestionándolo  por  otorgar  credibilidad  a  los testigos de cargo, pese a las imprecisiones y  contradicciones  en  que  incurrieron  y  por  descartar,  de  otra  parte,  los  declarantes de descargo en forma facilista y ligera.   

         Pretende  de  la  anterior  forma  que  la  Corte rechace la postura  valorativa  de los juzgadores y, contrariamente, privilegie la suya, con lo cual  olvida  que  ese  tipo de controversias probatorias no son atendibles en sede de  casación,  dada  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad de que está  revestida la sentencia impugnada.    

         Más  aún,  desliza  el  discurso hacia otros motivos casacionales,  desatendiendo  de  esa  manera  el  principio  de  autonomía  que gobierna este  trámite  extraordinario,  a  cuyo  amparo  el  desarrollo  del  ataque  se debe  corresponder con su enunciación.   

Es  así  como  cuestiona  al  Tribunal por  valorar  los  testimonios que se practicaron sin acatamiento a los principios de  inmediación  y  concentración,  postulación que le correspondía plantear por  vía  del  falso  juicio  de  legalidad, precisando las pruebas sobre las cuales  recayó  el  yerro,  indicando  las  disposiciones procesales desconocidas en el  proceso   de   formación   o   aducción  de  las  mismas  y  fundamentando  la  trascendencia   del   dislate,   carga   argumentativa  que  en  momento  alguno  emprendió.   

         De  igual  forma,  sostiene  que  el  relato  del  antes  mencionado  testigo,  así  como  el  ofrecido  por García Pérez  son  contrarios  al  sentido común. Incluso, respecto  del  último  insinúa  la  vulneración  de las reglas de la experiencia, de la  física  y  de  la  lógica,  así  como  el  principio  de  no  contradicción,  sugiriendo  así la presencia de un error de hecho por falso raciocinio. Como la  demandante  en  relación con esa postulación expone argumentos similares a los  que  plasma  en  el  segundo  cargo  con  el  objetivo de sustentar yerro de esa  naturaleza,  la  Sala  los  examinará  una  vez aborde el análisis de esa otra  censura.   

         Por  lo  pronto, resulta imperioso insistir en que por su inadecuada  fundamentación la Corte inadmitirá el primer reproche.   

         En    el    segundo    cargo,  como  se recuerda, propone un error de  hecho        por        falso       raciocinio1,   yerro  que  se  estructura  cuando  el  sentenciador,  al analizar las pruebas, vulnera los principios de la  sana  crítica,  integrados  por  las  reglas  de la experiencia, los postulados  lógicos y las leyes de la ciencia.   

         Su  adecuada sustentación le exige al libelista indicar la regla de  la  experiencia,  el  postulado  lógico  o  la  ley  de la ciencia desatendida,  precisar  cuál  principio de la sana crítica debió, en su defecto, aplicar el  juzgador y explicar la trascendencia del error.   

         Es  de  acotar,  ante  todo,  que  como  la impugnante sustenta este  reproche  con  planteamientos similares al primero, consecuencialmente acusa los  mismos   defectos   presentados   en   el  anterior,  empezando  por  el  palmar  desconocimiento   del   principio  de  autonomía,  en  tanto  no  se  limita  a  fundamentar  el  falso  raciocinio  sino  que  entremezcla  indebidamente  otras  postulaciones casacionales.   

         De    esa    manera,   insiste   en   atribuirle   al   ad   quem   hacerle  decir  a  la  prueba  “algo  que  la  misma  no  informaba”,   de   manera  que  la  “tergiversó,  distorsionó  y  falseó  en sus alcances objetivos”,  anomalías  que  de  haberse  configurado  configurarían,  no  el  error  ahora  denunciado,  sino  un  falso juicio de identidad, cuya ocurrencia, en todo caso,  en  momento  alguno  sustentó, según las exigencias argumentales recordadas en  precedencia.   

         Igual  situación  acontece con el cuestionamiento según el cual el  Tribunal  valoró  los  testimonios practicados sin acatamiento a los principios  de  inmediación  y  concentración,  cuya  postulación debió abordarla por el  sendero  del  falso  juicio de legalidad, conforme se indicó también en aparte  anterior   de  la  presente  providencia,  obviamente  cumpliendo  el  rigor  de  sustentación  anejo  a  ese  yerro  de  derecho,  carga  que tampoco satisfizo.   

         Ahora  bien,  según la actora, en la valoración de las pruebas los  juzgadores  vulneraron las reglas de la lógica, y al respecto alude, aun cuando  de  manera  ambigua,  al  sofisma  del tercero excluido y a los principios de no  contradicción, razón suficiente e identidad.   

         Al  desarrollar la censura, empero, solamente sustenta lo relativo a  los  principios  de  no contradicción y razón suficiente. Y así, respecto del  primero   predica   su   quebranto   por   afirmar   el   testigo   Héctor   Hernán   García   que  estaba  “prácticamente”  en el  mismo  lugar tanto cuando observó entrar al procesado como cuando lo vio salir;  en  su  criterio,  el  declarante  no  pudo  estar  al  mismo  tiempo en los dos  momentos.   

El  principio  de  razón  suficiente, a su  turno,  lo juzga vulnerado sobre la base de entender demostrado que el procesado  no  se  encontraba  en  Vijes  cuando  ocurrieron  los  hechos, luego, concluye,  la  explicación  suficiente  de  ello es que no pudo  cometer  ni el homicidio ni la tentativa del mismo, como tampoco el porte ilegal  de armas imputado”.   

         En  lo  concerniente  al principio de no contradicción, advierte la  Corte   la   pretermisión   en  la  demanda,  precisamente,  del  postulado  de  sustentación  suficiente  que  gobierna el recurso extraordinario de casación,  acorde  con  el  cual  la  censura  debe  bastarse  a sí misma para provocar la  infirmación del fallo.   

Lo  anterior  porque  la  demandante  omite  explicar  por  qué  no  es  posible  que  habiendo  ocurrido  la entrada de los  homicidas  a la casa de la víctima en distinto momento respecto de aquel en que  se  produjo  su  salida  de  ese  lugar no era posible que el testigo no pudiera  estar  en  el mismo sitio cuando tales eventos sucedieron, si el principio de no  contradicción  significa  que  algo  no  puede  ser  y  ser  al  mismo  tiempo,  situación  no  predicable  de la acción relatada por el declarante, pues éste  nunca  manifestó  que  se encontraba simultáneamente en dos lugares diferentes  cuando  ocurrió el ingreso a la mencionada vivienda, ni tampoco cuando salieron  de  allí,  en  cuyos  casos  sí  se  entendería  vulnerado  el  citado axioma  lógico.   

           En cuanto al principio de razón suficiente, encuentra la Sala que  la  actora  lo  estima  conculcado a partir de pretender que se admita la excusa  del  CERÓN ALZATE, según la  cual  no  se  encontraba en la población de Vijes cuando ocurrieron los hechos.  Pasa  por  alto,  de esa forma, que el Tribunal de manera expresa desechó dicha  explicación,  al  hallar demostrado, contrariamente, que el prenombrado fue uno  de  los  individuos  que perpetraron la acción delincuencial en cuyo desarrollo  falleció    el    señor    Manuel   José   Reina  Collazos.                

         Es  decir,  la  impugnante no hace cosa diversa a postular su propia  visión  acerca  del  alcance de las pruebas, aspirando de la Corte la acepte y,  consecuencialmente,  rechace  el  criterio  apreciativo del sentenciador, con lo  cual   olvida,   conforme   se   recordó  en  precedencia,  que  esa  clase  de  controversias  no son atendibles en sede de casación, dada la doble presunción  de   acierto   y   legalidad   de  que  está  revestido  el  fallo  de  segundo  grado.   

         La  demandante,  igualmente,  cuestiona  a  los  sentenciadores  por  otorgar   credibilidad   al  testigo  Diego  Fernando  Aponte,  pese  a  carecer  de  sentido común tanto su  omisión  de  señalar al procesado en su primera entrevista, como la excusa por  él  ofrecida  para  justificar  tal  inadvertencia,  cuestión esta última que  también la juzga desconocedora de las leyes de la ciencia.   

         Aun   cuando  la  casacionista  no  es  clara  al  respecto,  ha  de  entenderse  que  cuando habla de sentido común se está refiriendo a las reglas  de  la  experiencia,  sobre  las cuales ha dicho la Corte que son todas aquellas  “generalizaciones   que  se  hacen  a  partir  del  cumplimiento   establece   e   histórico   de  ciertas  conductas  similares”  (CSJ  SP, 19 de nov. de 2003, rad. 18787), de modo que  para  que  ofrezca  fiabilidad una premisa elaborada a partir de un dato o regla  de  la experiencia ha de ser expuesta, a modo de operador lógico, así: siempre  o  casi  siempre  que  se  da  A, entonces sucede B (CSJ SP, 21 de nov. de 2002,  radicación 16472).   

         La  libelista  no  precisa  cuáles son exactamente las reglas de la  experiencia  que considera vulneradas con respecto al testimonio de Aponte  Padilla.  Pareciera  que  una  de  ellas  la  hiciera  consistir  en  el  enunciado  según  el  cual  siempre   o   casi   siempre  que  alguien  omite  en  una  primera  declaración  señalar  a  una persona como partícipe en un delito, si después  lo  hace es porque no dice la verdad en esa posterior intervención.                     

         La  hipótesis  expresada  por  la  actora,  empero,  carece  de  la  universalidad  que  es  característica  de  las  reglas de la experiencia, pues  resulta  claro  que  hay  muchas  ocasiones  en  que  los testigos, por variados  motivos,  guardan  silencio  acerca  del autor de un crimen, pero después optan  por  revelar la verdad, sin que, entonces, sea dable de antemano descalificar su  posterior versión.   

         Según  la demandante, la excusa ofrecida por el testigo vulnera las  leyes  de  la  ciencia y el sentido común porque el medicamento tomado por él,  es  decir  tramadol,  se diagnostica para fuertes dolores y no tiene efectos que  le hagan perder la memoria.   

         Conforme  lo  tiene  dicho  la Corte, las leyes de la ciencia están  constituidas      por      el      “conjunto  de  conocimientos obtenidos mediante la observación y el  razonamiento,   sistemáticamente   estructurados   y  de  los  que  se  deducen  principios  y  leyes  generales”,  por cuya razón,  como    ha    tenido    oportunidad   de   señalarlo   también,   “para  que  el sistema de conocimientos en un área de la ciencia  deduzca  una  ley  o  un  principio  con  carácter  universal, requiere que los  métodos  cognoscitivos  dirigidos  a ese fin encuentren fundamento en conceptos  exactos,  cuya veracidad sea comprobable y demostrable a través de la práctica  social  o  científica”, (CSJ AP 25, febr. de 2015,  rad. 44772; CSJ AP, 5 de may. de 2006, rad. 41044).   

         En  tal  virtud, es claro que las reglas de la experiencia adquieren  el  carácter  de  leyes  de la ciencia cuando los acontecimientos cotidianos se  fundamentan  en conceptos exactos, cuya veracidad es comprobable y demostrable a  través de la práctica social o científica.   

        Sea  como  fuere, conforme también lo ha precisado la Sala, la sola  elaboración  de  máximas  a  partir  de hechos no admitidos por las instancias  carece  de  idoneidad  para  desvirtuar  el  valor de verdad de las conclusiones  fácticas  de  los fallos, de modo que cuando en casación es planteado un error  de  hecho  por  falso raciocinio derivado de la transgresión de una regla de la  experiencia,  el  objeto de la crítica por parte del demandante no puede ser la  propuesta  de  una  máxima  que  pretenda desvirtuar el acontecimiento fáctico  reconocido  en  el  fallo  materia  de  impugnación, sino la misma elaboración  teórica  de  la cual el cuerpo colegiado se valió para inferir, a partir de la  prueba  de  un determinado suceso, la existencia de otro (CSJ SP, 12 de sept. de  2012, rad. 36824).   

En  los fallos en manera alguna se admitió  que  el  medicamento  referido  por la impugnante produjera pérdida de memoria.  Por   tanto,  la  máxima  edificada  en  la  demanda  acusa  el  defecto  antes  reseñado.   

De  cualquier  forma,  en  el  libelo no se  expresa  el  soporte  sobre  el  cual  se edifica el postulado científico allí  esbozado,  en  tanto  la censora se limita a postular su particular conocimiento  al  respecto.  Es  decir,  desatiente  el principio de sustentación suficiente,  cuyo  alcance  se precisó en precedencia. En ese sentido, pasa por alto rebatir  los  estudios  existentes  sobre  la materia, los cuales indican que el referido  medicamento   puede   ocasionar  efectos  secundarios,  como  mareo,  debilidad,  somnolencia,  dificultad  para  conciliar  el  sueño o para mantenerse dormido,  dolor  de  cabeza,  nerviosismo,  temblor incontrolable de una parte del cuerpo,  tensión  muscular,  cambios  en  el  ánimo,  acidez  o  indigestión, náusea,  vómitos,  diarrea, estreñimiento, pérdida del apetito, sudoración, boca seca  e,  incluso,  algunos  de carácter grave, como convulsiones, fiebre, urticaria,  salpullido,  ampollas,  dificultad  para  tragar  o  respirar, hinchazón de los  ojos,  cara,  garganta,  lengua,  labios,  manos, pies, tobillos o pantorrillas,  ronquera,   alucinaciones   (ver   cosas  o  escuchar  voces  que  no  existen),  agitación,  pérdida del conocimiento, falta de coordinación y ritmo cardíaco  rápido2.   

De  tal  manera  que  así  fuese cierta la  consideración  de la censora, según la cual el tramadol no produce pérdida de  memoria,  omitió  considerar  que  ese  medicamento  puede generar efectos como  nerviosismo,  alucinaciones,  agitación  o  falta  de coordinación, los cuales  perfectamente  sustentan  la  conclusión  de  los  falladores, a cuyo amparo la  condición  física  y sicológica del declarante causada por la herida recibida  y  el tratamiento médico suministrado le impidieron señalar desde un principio  al   aquí   procesado   como   uno   de  los  autores  del  punible3.    

         La  libelista,  de  otra  parte,  censura  a  los sentenciadores por  otorgar     credibilidad    a    Héctor    Hernán  García,  pese  a  que  su  afirmación consistente en  encontrarse  buscando  una  casa  en  arriendo desconoce el sentido común, pues  nadie  que  está  desempleado  espera hasta bien entrada la noche para realizar  esa  clase de actividad en un pueblo pequeño que no tiene vida nocturna, sin su  compañera o familia.   

         El  anterior enunciado constituye también la particular percepción  de  la libelista, pues pasa por alto que, precisamente, la actividad del testigo  dirigida  a buscar casa en arriendo se desplegaba en un pueblo pequeño, como lo  es   Vijes,   donde   no   suelen   presentarse   los   problemas  de  seguridad  característicos  de  las  grandes  ciudades, en cuyos lugares, precisamente por  ello,  sí  existe  prevención  por  parte de los dueños de los inmuebles para  exhibir  éstos  con  tal propósito en horas de la noche. Además, nada inusual  es  que una persona desempleada pretenda obtener una casa en arriendo cuando hay  personas  de  su  núcleo  familiar  con  capacidad  para cancelar el respectivo  canon,   aspecto  que  en  momento  alguno  se  rebatió  en  la  demanda.    

         La  actora,  finalmente,  atribuye al Tribunal vulnerar la ley de la  física  cuando  juzgó  demostrado  que  el  acusado  estuvo en el lugar de los  hechos,  no  obstante  aparecer acreditado que se encontraba en Cali ayudando en  un contrato de obra.   

         Como  fácilmente  se aprecia, el anterior yerro está cimentado una  vez  más sobre la personal visión de la censora acerca del mérito suasorio de  las  pruebas,  cuya  postulación  resulta  inadmisible  en  sede  de casación,  conforme   se   ha   dicho   hasta   la   saciedad   a  lo  largo  del  presente  proveído.    

Atendidas,   por   tanto,  las  falencias  advertidas  en  los dos cargos formulados, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales en los temas contemplados en el libelo que imponga  superar los desaciertos técnicos para decidir de fondo.   

No obstante, la Corte observa que cuando se  emitió  el  fallo  de  segundo  grado  ya  había  operado  el  fenómeno de la  prescripción  de  la  acción  penal  en lo relativo al delito de fabricación,  tráfico  o  porte  de  armas  de  fuego o municiones, situación que sugiere la  posible   vulneración   de   las   garantías   fundamentales   del  procesado.   

Por  tanto,  la  Sala ordenará que una vez  cobre  ejecutoria  la presente decisión y se resuelva, en caso de interponerse,  lo   relacionado   con  el  mecanismo  de  insistencia  que  procede  contra  la  providencia  inadmisoria  de  la  demanda  conforme  lo  dispuesto  en el inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004 y de acuerdo con las  reglas  fijadas  en  jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 de dic. de  2005,  Rad.  24322), vuelva el proceso al Despacho de la Magistrada ponente para  de oficio proferir, en su momento, el pronunciamiento de rigor.   

         

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.-  INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta  por  el  defensor  de  JUAN CARLOS CERÓN  ALZATE.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

2.-  Ejecutoriada  la  presente decisión y  resuelto,  en  caso  de  interponerse, el mecanismo de insistencia, volverá  el  proceso  al  Despacho  de la  Magistrada  ponente, a fin de que la Sala provea de manera oficiosa acerca de la  posible  vulneración de garantías fundamentales, conforme lo expresado en esta  providencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Esta  es  la  expresión  correcta que la jurisprudencia le ha atribuido a esa especie  del  error  de  hecho,  no  así  la  utilizada  por  la actora, que lo denomina  equivocadamente      “falso      juicio      de  raciocinio”.   

2  MedlinePlus,    un    servicio   de   la Biblioteca  Nacional de Medicina de  EE.UU.

Institutos  Nacionales  de  la  Salud. En:  http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/druginfo/meds/a695011-es.html#side-effects.   

3  Página 22 del fallo de primera instancia.     

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