AP2144-2015(45572)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

AP2144-2015  

Radicación 45572  

(Aprobado Acta No. 148).  

Bogotá D.C., abril veintinueve (29) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Emprende  la Colegiatura el examen sobre el  cumplimiento  de los requisitos de lógica y acreditación suficiente dispuestos  en  la  ley respecto de la admisibilidad de la demanda casacional presentado por  la   defensora   de  DGTM,  contra  el  fallo  de segundo grado dictado por el Tribunal Superior de Po   Popayán  el  10  de  noviembre de 2014, a través del cual revocó la sentencia  absolutoria  proferida  el  5  de diciembre de 2013 por el Juzgado Primero Penal  del  Circuito de Santander de Quilichao, para en su lugar condenar al mencionado  ciudadano  como autor penalmente responsable del concurso homogéneo sucesivo de  delitos de acceso carnal abusivo con menor de 14 años agravado.   

HECHOS  

El  15  de  mayo  de  2009,  NHBF    denunció    a    DGTM,  pues  según  se  lo  informó su  nieta       XXX1  de  6  años  de edad, dicho  individuo  – padre de la  madrastra  de  la  menor,  quien  vivía  en  la  misma  residencia –  la  accedió  sexualmente en varias  oportunidades.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

En  audiencia  realizada  el 13 de marzo de  2010  ante el Juzgado Promiscuo Municipal con funciones de control de garantías  de   (…),   se   impartió   legalización   a   la  captura  de  DGTM,   oportunidad   en   la  cual  la  Fiscalía  le  imputó  la  comisión  del  concurso de delitos de acceso carnal  abusivo  con  menor de 14 años agravado, sin que se allanara, y le fue impuesta  medida   de   aseguramiento   de   detención   preventiva   en  establecimiento  carcelario.   

         Presentado   el  escrito  de  cargos,  y  una  vez  realizadas  las  audiencias  de  acusación,  preparatoria  y  del  juicio oral, en las cuales la  Fiscalía  insistió  en  el mismo concurso de punibles que determinó la medida  de  aseguramiento,  el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  con funciones de  conocimiento  de  Santander de Quilichao dictó fallo el 5 de diciembre de 2013,  mediante   el   cual   absolvió  a  DGTM.   

Impugnada  la  decisión  del  a   quo   por   la   Fiscalía   y   la  representante  de  la  víctima,  fue  revocada  por  el  Tribunal  Superior  de  Popayán,  para  en  su  lugar  condenar  al  procesado  a  la pena principal de  doscientos   dieciséis   (216)   meses   de   prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  lapso,  como  autor penalmente responsable del concurso de delitos objeto  de acusación.   

En  la  misma  providencia le fue negada la  condena de ejecución condicional.   

Contra el proveído del Tribunal la defensa  interpuso  recurso  extraordinario de casación y allegó la respectiva demanda,  cuya admisibilidad se examina en este auto.   

EL LIBELO  

La  recurrente  formula  dos  reparos,  los  cuales postula y desarrolla en los siguientes términos:   

1.            Primer  cargo:  Violación indirecta por  “violación  indebida  del  artículo 7º de la Ley  906 de 2004”   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera de  casación  reglada  en  el  artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, la defensora  manifiesta   que   los   falladores   no  aplicaron  el  principio  in  dubio  pro  reo.  Luego  de aludir a  apartes  del  fallo del Tribunal, refiere que ni el ad  quem   ni  el  Fiscal  recurrente  accedieron  a  la  práctica  de  pruebas  en  el  juicio,  y  únicamente se han sustentado en los  registros   de   audio   del   debate   oral,   de  manera  que  “no  entiendo  cómo  la  fiscalía y el tribunal podrían de manera  objetiva  hacer  un  buen  análisis  pues  referente  al testimonio de la menor  presuntamente  víctima  esta  no  rindió versiones, como lo señala la segunda  instancia,  no  se  puede  dejar de lado, que el mismo juez de primera instancia  advirtió  sobre  la afectación del principio de inmediación y es por ello que  al  no  permitirle al juez de conocimiento presenciar directamente la recepción  de  la  menor,  en orden a establecer su credibilidad y mérito persuasivo, así  como  el desconocimiento del derecho de contradicción, en cuanto se impidió la  posibilidad  de  contrainterrogar  al  testigo  y  someter a cuestionamientos su  dicho,  toda  vez  que  se calculó (sic) esta  garantía,  ya  que resultaba indispensable que se acreditara  la   existencia   de  un  motivo  legalmente  previsto  que  justificara  la  no  concurrencia  de  la  testigo  al  juicio  oral, y no permitirse a la defensa la  oportunidad  de controvertir en forma adecuada y suficiente su dicho mediante el  ejercicio  del contrainterrogatorio a quien trasmite su conocimiento”.   

         Resalta  que  hay  dudas  insalvables,  pues  ni en la audiencia de  acusación  o  en  la  preparatoria  se  dijo  que traer al juicio a la víctima  sería  traumático  o  la  revictimizaría,  y únicamente se supo en el debate  oral  que  AV, dijo no haber  autorizado la comparecencia de la niña.   

         Avala   las   consideraciones   del   a  quo   en  el  fallo  absolutorio  por  haber  tenido  inmediación  con las pruebas practicadas en el juicio, y deplora la valoración  que  de  los  medios  de  prueba  realizó el Tribunal para proferir el fallo de  condena,  amén  de  que  “la estructura lógica del  razonamiento  o  juicio  sobre  la  prueba  es débil, ya que no excluye la duda  razonable  de  un  resultado  valorativo  diferente y se abstuvo de precisar las  razones  por  las  cuales dejaba sin vigencia las apreciaciones valoradas por el  juez de primera instancia”.   

De  otra  parte  relieva  que  el  Tribunal  reconoció  inconsistencias  en  la declaración de NH  B,  circunstancia  que  imponía  acudir al principio  in        dubio       pro       reo.   

         Afirma  que  lo  declarado  por los profesionales de la salud no es  coincidente,  pues se ocupan de situaciones disímiles; así pues, la psiquiatra  Liliana  Charry dijo que no  encontraba    indicadores   de   abuso   sexual;   el   sicólogo   Fred  Fernández manifestó que la menor  pudo  estar  predeterminada,  todo  lo cual no fue ponderado por el Tribunal.   

2.            Segundo  cargo: Violación indirecta por  falso juicio de identidad   

         Aduce  la  demandante  que  el  juez  colegiado  omitió  la prueba  psicológica,   esto   es,   lo   expuesto  por  Fred  Fernández,  quien  dio  cuenta  de  la  personalidad  débil,  acomodaticia,  dependiente  y  dócil  de  la  niña, y “señala  que  la  menor  narró  una situación de abuso sexual por  parte  del  señor  Diego, agregando que apreció como consistente su discurso y  sin  tendencia  a  fabulaciones,  refiriendo  amenazas de castigo en caso de que  llegara a contar”.   

         Deplora  que  los apuntes del psicólogo no fueron descubiertos por  la  Fiscalía,  de  modo  que  son inexistentes, y al darles valor probatorio se  cercena  el  derecho  de  defensa del acusado y se incurre en un falso juicio de  identidad.   

         Añade  que  se  omitió  el  concepto  psicológico  en el cual se  afirma  que  la víctima es dócil y sumisa, de modo que su proceder puede estar  predeterminado y por ello, su relato no es consistente.   

         Resalta   que   no   existen   conclusiones  unificadas  sobre  las  valoraciones  realizadas  a  la  víctima,  igualmente  pone  de presente que la  denunciante  dijo  ab initio  que  denunció  los  hechos 15 días después de haber regresado a la niña a su  residencia,  cuando en realidad habían transcurrido 4 meses y 13 días, y no es  clara  acerca  de  las  razones  por  las  cuales  llevó a la menor a revisión  médica  de  su  estómago y vagina, oportunidad en la cual la niña le informó  sobre el acceso carnal.   

Refiere   que  si  bien  el  ad  quem  asumió  que no fue acreditado  que  NH hubiera impuesto a  la     menor     la    idea    de    inculpar    falsamente    a    GTM,   lo   cierto  es  que  entre  los  familiares  de  aquella  y la familia del acusado existían diferencias, pues el  padre de la menor expulsó de la vivienda al acusado.   

         Pone     de    presente    que    la    denunciante    NH,   abuela  de  la  víctima,  tenía  interés   en   perjudicar  al  procesado,  en  cuanto  aquella  “con   M   tuvo   un   alegato   porque   no  le  dejaba  ver  a  la  niña”;      precisa      que      M    es    hija    de    DT   y   convivió   con   AV  en casa de sus padres, pero tuvieron  que   irse   de   allí,   dado   que   N   no  la  quería  e  inventaba  chismes  en  su  contra,  lo  que  determinaba que su compañero la maltratara.   

         A  su  vez,  AV  declaró   que   abandonó   la   residencia  de  DGT  porque  unos  amigos le contaron que su esposa le era  infiel.   

         Asevera  que las pruebas recepcionadas dan cuenta del resentimiento  de  la  familia VB contra el  acusado,  de  modo  que  el  Tribunal  incurrió en falso juicio de identidad al  cercenar   y   adicionar   los   medios  de  convicción,  pues  “de  lo  probado en el juicio se estableció que la menor aceptó la  idea  de  su abuela NHB, de causar daño a la familia de la señora MT, hija del  señor  DGT,  fue manipulada por la denunciante, y es por ello que se debe casar  el  fallo,  al  incurrir  el  Tribunal  en  un  error  de  identidad”.   

         A  partir  de  lo  expuesto  la censora solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  para  que  en su lugar “se profiera  FALLO DE NO RESPONSABILIDAD”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  sentado  la  Colegiatura  que  para  acceder  a  esta  impugnación  extraordinaria  es  preciso  que  el  recurrente  demuestre  el  quebranto  de  derechos o garantías fundamentales, lo cual exige  contar  con  interés  para impugnar, señalar la causal, desarrollar los cargos  de  sustentación  de  la  inconformidad  y  demostrar la necesidad del fallo de  casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos en el artículo 180 de  la  Ley 906 de 2004, esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  so  pena  de resultar  inadmitida  la  demanda,  según  lo  establece  el  artículo  184 de la citada  legislación procesal.   

         En  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala constatar en la  formulación  y  desarrollo  de las censuras el acatamiento de las exigencias de  lógica  y  pertinente demostración definidas por el legislador y puntualizadas  por  la  jurisprudencia, con el fin de evitar la transformación de este recurso  extraordinario  en una instancia adicional a las ordinarias. Tales requisitos se  orientan  a  procurar  demandas dentro de unos mínimos lógicos y de coherencia  en  la postulación y demostración de los cargos propuestos, en cuanto resulten  inteligibles,  esto  es, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte en su  función  reglada  de  orden  constitucional  y legal, develar o desentrañar el  sentido   de   confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones  de  los  impugnantes en casación.   

         Conforme  al  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, “si  el  demandante  carece  de  interés,  prescinde de señalar la  causal,     no    desarrolla    los    cargos    de  sustentación” (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

De  manera  conjunta  sobre  las  censuras  propuestas  encuentra  la  Sala  que la defensora postula en forma independiente  dos  especies  de  reproches,  esto  es,  por falso raciocinio y falso juicio de  identidad   (fol.   507),  sin  que  se  advierta  un  criterio  específico  de  selección,  pues  no  identifica  cuál de las censuras es principal y cuál es  subsidiaria,   de   modo   que   hay   falencias   en   la  ordenación  de  los  reproches.   

Adicionalmente  se  constata  la  autónoma  intrascendencia   de   cada   uno   de   los  cargos,  pues  resulta  claro  que  individualmente  carecen de aptitud suficiente para de manera insular derruir la  presunción  de  acierto  y  legalidad del fallo, dado que, en caso de prosperar  uno  de  ellos,  subsistirían  otros  soportes  de  la decisión atacada que la  mantendrían  incólume,  motivo  por  el cual debieron ser propuestos de manera  conjunta  y  sin  dejar  apartes  capaces  de  cimentar  las  conclusiones de la  providencia.   

En  tal caso, correspondía a la recurrente  no  proponer cargos independientes, sino un único reproche con fundamento en la  causal  tercera  de  casación,  esto  es,  por  violación  indirecta de la ley  derivada  de  errores  de  hecho  por  falsos  raciocinios  y  falsos juicios de  identidad,  es decir, por yerros en punto de la apreciación de las pruebas, los  cuales   confluyen,   en  su  criterio,  en  el  quebranto  mediato  de  la  ley  sustancial.   

         Como  ya  ha  tenido  oportunidad  de  decirlo  la  Corte  en otras  ocasiones,  es  frecuente que se confundan los cargos,  reparos,   reproches   o  censuras  con  los  errores  o   yerros      y,     por     ejemplo,     se     propongan     –  como  en  este  caso  –   varios   reparos  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, cada uno fundado en un yerro propio de dicha  causal  y  todos  en  procura  del mismo cometido, sin tener en cuenta que de no  formularlos   en  forma  articulada  y  conjunta,  individualmente  considerados  carecen  de  aptitud  suficiente  para de manera insular derrumbar la sentencia,  dado  que,  en  caso  de prosperar, subsistirían otros soportes de la decisión  atacada  que  la  mantendrían indemne, circunstancia que denota intrascendencia  de  los  cargos2     y     falta     de     técnica3.   

Advierte  la Sala que en el rito casacional  es  posible  plantear varios errores de igual o diversa naturaleza dentro de una  censura  o  cargo, siempre que entre ellos no haya contradicción. Así pues, no  puede  invocarse  simultáneamente  dentro  de  un  reproche, un falso juicio de  existencia  por  omisión  de determinado medio probatorio, y a la par, respecto  de  esa  misma  prueba  postular un falso juicio de identidad por cercenamiento,  pues  o  el  medio  de convicción fue marginado, o fue mutilado, circunstancias  sustancialmente diversas y excluyentes.   

También resulta contrario a la técnica de  este  recurso  extraordinario  que  dentro  del  mismo  cargo se invoquen varias  causales            de           casación4, como cuando sincrónicamente  se  denuncia la violación directa e indirecta de la ley sustancial, pues en tal  caso     se     quebranta     el    principio    de  autonomía      de     las      causales,   

según  el  cual,  a  cada  una  de  ellas  corresponde  un  objeto  y  un  discurso  que les son propios, máxime cuando la  primera   tiene   por   objeto   una   problemática   exclusivamente  jurídico  –  conceptual,  mientras  que   la   segunda   se   perfila   hacia   la   indebida  ponderación  de  las  pruebas.   

Es  oportuno  señalar  que con base en una  misma   causal   pueden   edificarse   varios  cargos,  como  cuando  ellos  son  excluyentes,  cada  uno  sustentado  en  uno  o más errores no contradictorios.  Piénsese  en  quien invoca dos reproches, ambos bajo la égida de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial;  el primero, sustentado en errores por falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio  respecto  de  la  misma prueba para  deprecar  la  declaración  de inocencia del procesado, y el segundo, apoyado en  sendos  falsos juicios de existencia sobre dos medios probatorios, en procura de  conseguir  el  reconocimiento  de  un  estado  de  ira e intenso dolor. En estas  hipótesis,  aunque las pretensiones son sustancialmente excluyentes (una en pro  de  la  declaración  de  inocencia,  la  otra en busca de la disminución de la  pena),  procede  de  manera adecuada el actor al proponerlas de manera separada,  en   diversos   cargos   y   colocando  a  la  segunda  como  sucedánea  de  la  primera.   

Efectuadas las anteriores precisiones, como  en   el  primer  reparo  la  demandante   postula   la   falta  de  aplicación  del  principio  in  dubio pro reo, era imprescindible que  señalara  la  vía  de  su  impugnación,  esto es, si se trataba de violación  directa  o indirecta. Si postulaba la primera, le correspondía demostrar que el  fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de  la  providencia  atacada  la  existencia   de   dudas   trascendentes   de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad  de  la conducta o la responsabilidad del procesado y, pese a ello,  profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición  normativa  que  contiene  el  principio,  cuando  debía  en  consonancia con su  exposición  absolver,  circunstancia  que  no tuvo lugar en el fallo impugnado,  pues   por   el   contrario,   puntualizó   el   ad  quem:   

“En este orden  de  ideas, analizando en conjunto aquel haz probatorio y las pruebas aportadas a  solicitud  de  le  defensa,  se  aprecia  que  estas  no  alcanzan  a derruir la  incriminación  seria,  categórica,  fundamentada  y  detallada,  que  la menor  ofreció  en  sus  intervenciones,  y  que  tanto  NHB,  como  los peritos José  Esneider  Sandoval  y  Fred  Eder  Fernández,  pero  sobre  todo, la psiquiatra  Liliana  Charry  Lozano, vertieron en el juicio oral, en el que se sometieron al  procedimiento  del  interrogatorio  y  contrainterrogatorio,  llevándonos  a la  conclusión  que  la  misma  tiene la consistencia interna y externa suficientes  para   pregonar   con   base   en   ella,  la  demostración  del  delito  y  la  responsabilidad   penal   en   el   mismo,   del  señor  DGTM  en  el  presente  proceso” (subrayas fuera de texto).   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e   injerencia   en  la  sentencia  impugnada,  labor  que  tampoco  realizó  a  cabalidad.   

          Puede  constatarse  que  la  casacionista  únicamente  dirigió su  esfuerzo  a  deplorar  en  forma breve, precaria e insuficiente la condena de su  asistido,  sustentada  para  ello  en  el  supuesto  quebranto  del principio de  inmediación  por  parte del Tribunal, cuyos Magistrados no estuvieron presentes  en  el juicio oral sino que conocieron en segundo grado el fallo, pero no atinó  a  señalar  con  precisión cuál es su inconformidad, y lo más importante, de  qué  manera  los  falladores erraron gravemente en la aplicación de la ley, en  la  apreciación  de los medios probatorios o en la guarda de la legitimidad del  trámite,  olvidando  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  la cual se  encuentra revestida la sentencia objeto del recurso.   

         Igualmente  cuestiona  que  la  niña no concurrió al debate oral,  sin  tener  en  cuenta  lo que al respecto  ha  expuesto la Sala (CSJ AP 3619.2014,  2 jul. 2014. Rad. 43555) al señalar:   

“Los  relatos  sobre  los  hechos  aportados al juicio por los peritos no constituyen prueba de  referencia,  pues  sus experticios introducidos junto con sus declaraciones, dan  cuenta  de  lo narrado directamente por la víctima a ellos. Así, en CSJ SP, 17  de  sept.  de  2008,  rad. 29609, remembrando decisión anterior, se señaló lo  siguiente sobre el tema:   

“Impera destacar  que  mientras  el  testigo,  en estricto sentido y por regla general, suministra  una  declaración  acerca de su experiencia en hechos pasados que haya percibido  directamente  bajo  el influjo de sus sentidos, el perito al rendir su dictamen,  entendido  en  los  dos  actos  que  lo  componen,  puede  emitir  su opinión y  transmitir   su   conocimiento   acerca   de  cuestiones  pasadas,  presentes  o  futuras.   

“Ahora bien, en  cuanto  al  interrogante planteado inicialmente, ya la jurisprudencia de la Sala  ha sentado las bases de la solución al puntualizar:   

“En el sistema  procesal  penal  de  Estados Unidos y Puerto Rico, en principio se entendía que  se  presentaba un problema de prueba de referencia, frente al perito que emitía  sus  opiniones  o  informes  tomando  como  elementos  de  análisis  informes y  conclusiones de otras personas, desconocidas en el juicio.   

“La  restricción,  sin  embargo,  evolucionó  hacia  la  admisión  de  ese tipo de  prácticas  periciales,  en  los  eventos  en  que  esos informes y elementos de  análisis  suministrados  por terceros, son de aquellos que generalmente utiliza  el perito en el ejercicio de su profesión.   

“Así lo explica  CHIESA5,  en  su  Tratado  de  Derecho  Probatorio  mencionando  los casos  concretos conocidos por el Tribunal Supremo de Puerto Rico:   

“En   Reyes  Acevedo   se   había   dicho   que   ‘el  perito  médico  no  puede  basar  su  opinión  en  informes y  conclusiones  de  otras  personas desconocidas por el jurado y no sostenidas por  la  prueba,  o  en  informes  de  otros  médicos,  o récords de hospital, o en  récords  de  la  oficina  del fiscal o en reseñas del juicio publicadas por la  prensa,     que    no    han    sido    admitidos    en    evidencia’.  Como  se  admite en Rivera Robles,  esto  ya  no es sostenible bajo la Regla 56. Esta permite el testimonio pericial  basado  en  la  información  obtenida antes del juicio o vista si es el tipo de  información  en  la  que generalmente descansaría el perito en el ejercicio de  su  profesión.  Que  sea  prueba  de  referencia es inadmisible para excluir la  opinión pericial por estar fundada en base impermisible.   

“El   mismo  arquetipo  de  solución  reflexiva  se  adopta  ahora jurisprudencialmente para  Colombia,  donde  también es una realidad, como en todas las latitudes, que los  peritos    —no   solo  médicos—  tienen  como  parte  de  sus  elementos  de  trabajo  información  obtenida  por  fuera de la  audiencia   pública.  La  experticia  médica  es  uno  de  los  ejemplos  más  sobresalientes a ese respecto, pero no el único.   

“El fundamento  lógico  del  anterior  aserto, en el caso de las pericias médicas, consiste en  que  si  en  la  vida  cotidiana  los profesionales de la salud toman decisiones  importantísimas  para  la  vida  de  los  pacientes, guiados por lo dicho en la  historia  clínica,  lo  explicado por otros médicos y lo relatado por el mismo  paciente  o  por terceros, no se vislumbran argumentos razonables para descartar  o  enervar,  por ese mismo motivo, la opinión pericial en el juicio oral basada  en aquel tipo de información.   

“Lo  que  es  imprescindible  y  no  admite  excepciones  es la garantía de los principios de  igualdad  de  armas  y  contradicción.  En  los  casos  anteriores,  el informe  técnico  científico  debe  integrarse al proceso de descubrimiento probatorio,  admitirse  como  evidencia  con  destino  a la futura prueba pericial y debe ser  real  y  efectivamente  conocido por la contraparte, para que pueda diseñar una  estrategia,  si  fuese de su interés. Y, por supuesto, la prueba pericial ha de  tener  lugar  en  el  juicio  oral,  donde  las  partes  pueden intervenir en el  interrogatorio   cruzado,   sin  más  limitaciones  que  las  derivadas  de  la  constitución  y la ley”6   

“Con sustento en  lo  anterior,  la  afirmación  del  ad-quem  en  el sentido de que la prueba de  referencia   mediante   la  cual  se  acreditó  la  ocurrencia  de  los  hechos  constitutivos  de  las  conductas  punibles y la autoría de ésta en cabeza del  procesado,  no  cuenta  con  otros  elementos  de  conocimiento que la respalden  carece   de   fundamento  legal,  pues  en  el  caso  concreto  la  declaración  obtenida  en  el  juicio  oral  del perito psiquiatra  constituye  prueba técnica pericial, a la que el artículo 405 de la Ley 906 de  2004  ordena aplicar en lo que corresponda las reglas del testimonio, y como tal  se debe apreciar.   

“Aun cuando es  cierto  que  el  aludido  profesional  no  presenció  los  hechos, la menor fue  valorada  por  el galeno, quien hizo una narración de eventos, circunstancias y  conclusiones  que fueron sometidos a examen en el curso del juicio oral y, desde  ese  punto  de  vista,  aportó  su  conocimiento  personal,  cumpliendo  con lo  ordenado  por  el  artículo  402 del Código de Procedimiento Penal” (subrayas fuera de texto).   

         El  referido  criterio  ha  sido  reiterado  por  la Corte en otros  pronunciamientos,  entre  ellos  SP,  9 dic. 2010. Rad. 34434, AP, 27 jun. 2012.  Rad. 35701 y SP, 16 abr. 2015. Rad. 43262.   

         Como  es  evidente  que  la  demandante  no se refirió a la citada  jurisprudencia  de  esta  Corporación en punto de rebatir los fundamentos allí  contenidos,  limitándose  a  aducir  que  no  se  cumplió  con la exigencia de  inmediación  respecto  de  la  declaración  de  la  víctima  en el juicio, su  argumentación  resulta precaria y se desentiende de lo ya expuesto por la Corte  respecto del tema propuesto por la libelista.   

         Las  razones  expuestas  bastan  para  inadmitir el reparo.   

Como en el segundo  reproche  la  defensora propone un error de hecho por  falso  juicio de identidad, impera señalar que tal yerro tiene lugar cuando los  falladores   al   ponderar  el  medio  probatorio  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo,  adicionándolo  o  tergiversándolo, caso en el cual corresponde  al  demandante  identificar  a  través  del  cotejo  objetivo de lo dicho en el  elemento  de  convicción y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido  a  la  prueba,  los  efectos  producidos a partir de ello y, lo más importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte resolutiva de la sentencia  atacada,  tópico  de improcedente demostración con el simple planteamiento del  criterio   subjetivo   del  recurrente  sobre  la  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustantiva de la sentencia  atacada  con  la  corrección del error y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás, labor que la casacionista no acometió.   

         Sin  dificultad  se  constata  que  la  impugnante  únicamente  se  orienta  a  deplorar  de  forma  desordenada, confusa y sin un hilo conductor la  apreciación  que  de las pruebas efectuó el Tribunal, pero no atina a señalar  con  precisión los apartes cercenados, adicionados o tergiversados, a partir de  los   cuales   se   edificó  el  fallo  censurado,  máxime  si  omitiendo  una  explicación  de  hondura  y  seriedad  soportada en los pilares probatorios del  fallo  de condena, concluye que “de lo probado en el  juicio  se  estableció que la menor aceptó la idea de su abuela NHB, de causar  daño  a la familia de la señora MT. Hija del señor DGT, fue manipulada por la  denunciante,  y  es por ello que se debe casar el fallo, al incurrir el Tribunal  en un error de identidad”.   

         Se  advierte que la casacionista únicamente dirigió su esfuerzo a  deplorar  en  forma  imprecisa e insuficiente la condena de su asistido, pero no  atinó  a  señalar  con  precisión  cuál  es  su  inconformidad,  y  lo  más  importante,  de  qué manera los falladores erraron gravemente en la aplicación  de  la  ley,  en  la apreciación de los medios probatorios o en la guarda de la  legitimidad  del trámite, olvidando la presunción de acierto y legalidad de la  cual se encuentra revestida la sentencia objeto del recurso.   

Los   mencionados  equívocos   y   omisiones   en  el  discurrir  de  la   defensora  imposibilitan  a  la Sala acometer el estudio de la demanda, pues si no se trata  de  un alegato de libre factura, su presentación con base en datos imprecisos y  sin  atenerse  a  la  jurisprudencia  de  esta  Colegiatura,  obliga a la Sala a  inadmitirla  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  dado  que  en virtud  del  principio  de  limitación  propio  del trámite casacional, la Corte no se  encuentra facultada para enmendar tales incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal, violación de derechos o garantías del acusado, como para  adoptar  la  decisión de superar los defectos de la demanda y decidir de fondo,  según   lo   dispone   el   inciso   3º   del   artículo  184  de  la  citada  legislación.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR el libelo  casacional   presentado   por   la   defensora   de  DGTM,  de  acuerdo con las  razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

Según   el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es facultad de la parte demandante elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 No se  registra  el  nombre de la niña en aplicación del numeral 8º del artículo 47  del     Código     de     la    Infancia    y    la    Adolescencia.   

2 Cfr.  Auto del 9 de noviembre de 2009. Rad. 32244.   

3 Cfr.  Sentencia del 26 de enero de 2011. Rad. 31021.   

4 Cfr.  Auto del 3 de diciembre de 2009. Rad. 32984.   

5  CHIESA, Tomo I, pág. 522.   

6  Sentencia de 21 de febrero de 2007. Rad. 25920.     

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