AP130-2015(44687)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP130-2015  

Radicación n° 44.687  

(Aprobado  Acta  No.011)   

Bogotá D.C., veintiuno (21) de enero de dos  mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases  jurídicas y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de Nelfredy   Muñoz   Mosquera   contra  la  sentencia  proferida  el  10 de julio de 2014 por una de Sala de Decisión Penal  del  Tribunal  Superior  de Bogotá, que confirmó la emitida el 27 de marzo del  mismo  año por el Juzgado Primero Penal Municipal con funciones de conocimiento  de  esta  ciudad,  por  cuyo  medio  lo  condenó,  junto  con  Angélica María  Aristizabal Marín, por el delito de hurto calificado.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  Los  primeros fueron sintetizados por el  Tribunal de la siguiente manera:   

La  presente  actuación se originó en los  hechos  acaecidos el doce (12) de noviembre de dos mil trece (2013), a las nueve  y  cuarenta  de  la noche aproximadamente, en inmediaciones del centro comercial  Plaza      de      las     Américas     de     esta     ciudad     [Bogotá],   cuando   el  señor  Jaime  Humberto  Contreras Guerrero, quien se encontraba en compañía de su esposa fue  intimidado  violentamente  y  empujado  por  dos sujetos que lo despojaron de su  celular.   

Instantes  después huyeron en el vehículo  de  placas  UFZ-891  y,  ante  la  persecución  de la víctima y el aviso a las  autoridades,  fueron  capturados  a la altura de la Calle 60 con avenida Caracas  Nelfredy  Muñoz  Mosquera,  Jorge  Armando  Báez Baquero, Joel Asdrúbal Smith  Archibold  –en  realidad  Jhon    Edisson    Rojas    Hernández    y    Angélica    María   Aristizabal  Marín.   

La  victima (sic) avaluó los perjuicios en  dos     millones     ($2.000.000)    de    pesos.1   

2.  El  14  de  noviembre  de  2013, ante el  Juzgado  Cuarenta  y Seis Penal Municipal con funciones de control de garantías  de  la  capital,  se legalizó la captura de los aprehendidos en flagrancia y la  incautación   con   fines   de   comiso  del  automotor  en  el  que  ellos  se  transportaban,  oportunidad en la que el Fiscal Trescientos Local les imputó el  punible  de  hurto calificado y agravado, previsto  en  los  artículos  239,  240.1  y 4 y 241.10 del Código  Penal, en calidad de coautores, cargo al que no se allanaron.   

Igualmente   se   les   impuso  medida  de  aseguramiento      de      detención      preventiva     en     establecimiento  carcelario2.   

3. Previo decreto de la ruptura de la unidad  procesal  por  la suscripción de un preacuerdo con Jorge Armando Báez Baquero,  el  23 de enero de 2014, la Fiscal Treinta Local de Bogotá presentó el escrito  de     acusación     contra     Nelfredy    Muñoz  Mosquera,  Jhon  Edison  Rojas  Hernández y Angélica  María  Aristizabal  Marín,  por  el  mismo  punible,  en  los términos de los  artículos  239,  240,  inciso 2º -con violencia sobre las personas- y 241.10 y  11  –cometido  por  dos o  más    personas   y   en   establecimiento   abierto   al   público,   en   su  orden-3.   

4. Entre el imputado y la Fiscalía, el 7 de  marzo  de  la  misma  anualidad se celebró un preacuerdo en el que Nelfredy  Muñoz Mosquera, asesorado por su  defensor,  aceptó  su  responsabilidad  en el injusto endilgado y se convino la  eliminación  de  las  circunstancias  de  agravación, como única rebaja. Así  mismo,  se  dejó  constancia  de  que  el acusado consignó mediante título de  depósito  judicial  la  suma de $2.000.000 a favor de la víctima, por concepto  de    los    perjuicios    estimados    por   ella4.   

5. La verificación del preacuerdo se llevó  a  cabo  por  el  Juez  primero Penal Municipal con funciones de conocimiento de  Bogotá  el  27  de  marzo  siguiente.  En  esa  oportunidad,  se hizo lo propio  respecto  del  preacuerdo  suscrito  por  el  ente acusador con Angélica María  Aristizabal                  Marín5.   

6. Mediante sentencia del mismo día, el Juez  de  conocimiento  condenó  a  Nelfredy Muñoz Mosquera  y      a   Angélica  María  Aristizabal Marín, en  calidad  de  coautores  del  injusto de hurto calificado, a la pena principal de  treinta  y tres (33) meses, dieciocho (18) días de prisión y a la accesoria de  «interdicción    de    derechos    y    funciones  públicas»6  por  igual  término  que  la  sanción privativa de la libertad.   

Al   primero   le   negó  la  suspensión  condicional  de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria, mientras a  la  segunda  le  concedió  el  subrogado  reseñado7.   

7. Recurrido el fallo por la defensa técnica  de   Muñoz  Mosquera,  fue  confirmado,  el  10  de  julio  de  2014,  por  una  Sala de Decisión Penal del  Tribunal       Superior       de       Bogotá8.   

8.   El   defensor   interpuso9     y  sustentó10 oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

Tras  identificar  a  los  procesados  y  al  fiscal,  transcribe la cuestión fáctica como fue sintetizada por el Tribunal y  elabora  un  sucinto  recuento  de  la  actuación procesal, para luego citar un  pequeño  segmento  del  fallo  de  segundo grado relativo al problema jurídico  debatido en esa instancia.   

Enseguida,  argumenta  que el a  quo  incurrió  en  el  «ERROR      INVOLUNTARIO»11 de negarle a  su  prohijado  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena, toda vez  que   se   apoyó  en  unos  antecedentes  desactualizados  presentados  por  la  Fiscalía.   

Acusa   al  juez  plural  de  no  examinar  «los   elementos   estructurales   de   la   norma  presuntamente   violada»12  -artículo  63  del Código  Penal-  y  subjetivamente  darlos  por  probados, siendo que la Fiscalía estaba  obligada  a  que  la  prueba  aportada –antecedentes  penales-  estuviera  actualizada  y  fuera  admisible,  pertinente y procedente.   

Previa  relación de las decisiones por cuyo  medio  los  Juzgados 11 –de  Descongestión-  y  17  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de Bogotá  ordenan  el archivo definitivo de unos procesos por hurto calificado y el 103 de  igual  categoría  declara  la  prescripción  de  la  pena  en  otra actuación  similar,     destaca    que    dichos    despachos    judiciales    –salvo el 11 de Descongestión que solo  hasta  el  9  de  julio  de  2014  hizo  lo  propio- oficiaron a las autoridades  encargadas  de  la  actualización  de  los  datos  concernientes al registro de  antecedentes   penales   y   se  opone  a  la  consideración  del  ad  quem,  según  la cual «era  perfectamente  previsible  que  se  obtuvieran certificaciones  sobre    antecedentes   del   implicado»13, ya que ese  «descubrimiento»14  únicamente  se conoció el  día  en  que  se  aprobó  el preacuerdo -27 de marzo de 2014- y no era posible  conseguir, en esa misma oportunidad, las pruebas respectivas.   

Agrega que es por esto que, con el recurso de  apelación,  aportó  los  elementos probatorios que controvertían la prueba de  la Fiscalía.   

Solicita   casar  el  fallo  impugnado  y,  reconocer  a su asistido la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  en los términos conferidos a su compañera de causa.   

A    continuación,    postula    cuatro  cargos.   

En        el        primero        -enunciado       como  segundo15-  alega la violación indirecta de la ley sustancial por errores de  derecho  en  la  valoración  de  las  pruebas,  que  habrían  conducido  a  la  aplicación  indebida  del  artículo  68A  del  Código  Penal  y a la falta de  aplicación  del  «principio  de  FAVORABILIDAD  del  anterior  Artículo  63  C.P.,  de las mismas normas rectoras (de dicho Estatuto  Punitivo.     (sic)»16.   

La prueba indebidamente apreciada, según el  recurrente,  es  «el dictamen de policía judicial de  Interpol    para    establecer    los    antecedentes    judiciales    de   [su]  poderdante»17, por cuanto se le asignó un  «valor de convicción, pese a que fue irregularmente  producido     y     darle     la     presunción     de    veracidad»18.   

En        el        segundo      reproche     –enlistado  como  tercero-  denuncia la  nulidad  por  vulneración de los artículos 29 Superior, 210, numerales c y d y  244  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  concretamente,  de los derechos al  debido proceso y a la defensa.   

La           tercera censura, por su parte, se apoya en  la    causal    primera,    cuerpo    primero,    del    canon    «205»19  de  la  Ley  600  de 2000 y  acusa  el  fallo impugnado por la violación directa de la ley sustancial, en el  sentido  de exclusión evidente del artículo 63 del Código Penal y aplicación  indebida   del   artículo   68A  ejusdem.   

Para  demostrar  el yerro, insiste en que el  ente  acusador  indujo  en  error  al  juzgador al incumplir el deber de cuidado  consistente   en   verificar  el  origen,  pertinencia,  conducencia,  utilidad,  eficacia   y   trascendencia  del  informe  técnico  de  policía  judicial  de  antecedentes  judiciales,  obligación que, según el demandante, «le    era    exigible    para    la   producción   del   resultado  típico»20.   

El  letrado  cree  que si se hubiera actuado  como  lo  pretende,  el juez de conocimiento le habría concedido a su asistido,  conforme  al  principio  de  igualdad,  el  anotado  subrogado  penal y no, como  ocurrió,  que  incurrió  en  «insuperable error de  interpretación  de  la  situación  fáctica y jurídica respectiva»21.   

Agrega  que, del mismo modo como los errores  de  interpretación  de  las  normas  de jueces y fiscales sirven como causal de  inculpabilidad  en  el delito de prevaricato, con mayor razón, han de admitirse  los  yerros  hermenéuticos «frente a pruebas que son  presentadas  por empleados oficiales como son los delegados de la fiscalía, que  se  presumen  validas  (sic), según su deber de investigar tanto lo perjudicial  como   lo   favorable  al  imputado,  acusado  o  enjuiciados  (sic)»22,   sobre  todo  cuando  las  actualizaciones de datos no se hacen a tiempo.   

A  manera  de  conclusión,  aduce que si la  magistratura   hubiera  analizado  las  pruebas  aportadas  con  el  recurso  de  apelación,  aplicado los artículos 13 de la Constitución Política, 2 y 7 del  Código  Penal  y  3  y  4  del  Código  de  Procedimiento Penal y examinado la  condición  personal  de  su defendido y las circunstancias en que actuó, no le  habría negado el subrogado.   

Solicita   casar   parcialmente  el  fallo  demandado  para,  en  su  lugar,  conceder  a su representado el mismo beneficio  concedido a Angélica María Aristizabal Marín.   

Para     cerrar,    el    cuarto       reparo      –subsidiario- lo invoca por la senda de  la  infracción directa, «CON FUNDAMENTO EN EL INCISO  FINAL  DEL  ART.  225  DEL  CÓDIGO  DE  PROCEDIMIENTO PENAL DE 1991   (Artículo  207  de  la  Ley  600  del  año  2000).»23         (Subrayas          del          texto         original).   

Denuncia,  en  este  punto,  la  exclusión  evidente  del  artículo  299 del Estatuto Adjetivo (286 de la Ley 600 de 2000),  con  apoyo  en  el  numeral  1º  del  canon  20  del  Decreto  Ley 2700 de 1991  (Artículo 26 de la Ley 600 de 2000).   

Con  el propósito de acreditar el reproche,  recuerda  que,  desde la aprobación del preacuerdo, su prohijado confesó haber  participado  en  la  comisión del delito endilgado e indemnizó integralmente a  la  víctima, pero el ad quem  ignoró  los medios de prueba determinantes para el reconocimiento del subrogado  y  la dosificación de la pena, así como inobservó la personalidad del acusado  y   la   naturaleza   y   modalidad   de  la  conducta  punible,  «que  en  equitativo  análisis  de  fondo conducen a la conclusión  equitativa  de  que  dicho  señor por su carencia de toda clase de antecedentes  penales  o  policivos,  no  requiere de tratamiento penitenciario, máxime si se  tiene  en  cuenta que en su contra no concurre circunstancia alguna genérica de  agravación  punitiva,  sino,  por  el  contrario, circunstancias de atenuación  punitiva   (indemnización   integral).»24   

El  censor  es  de  la  idea  que la pena de  prisión  debe  dosificarse  partiendo  del mínimo de tres años, conforme a la  equidad,  como  criterio  auxiliar de la actividad judicial y los artículos 6º  de   la   Ley   599   y   600   de   2000   y  9º  de  este  último  compendio  normativo.   

En  estas  circunstancias,  estima  que  su  asistido  no requiere tratamiento penitenciario y que debe ser beneficiado de la  condena    de    ejecución   condicional,   lo   cual   haría   honor   a   la  justicia.   

Reclama  casar  parcialmente  la  sentencia  acusada  para,  en  su  lugar,  modificarla  y  conceder el mentado subrogado y,  subsidiariamente, la prisión domiciliaria.   

CONSIDERACIONES  

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  canon  184  ejusdem  fijó  las  reglas  mínimas de  admisión  de  la correspondiente demanda, estableciendo que no se seleccionará  aquella  que  i)  carezca de interés para acceder al recurso, ii) no invoque la  causal  conforme  a  la  cual  se  edifica el reproche de las contempladas en el  artículo  181  ibidem, iii)  omita  desarrollar  los  cargos  correspondientes  o,  iv) fundadamente se logre  establecer  que  no  se  requiere  de  la sentencia para cumplir las finalidades  previstas   en   el   aludido   precepto  180;  lo  anterior,  salvo que la Corte  estime  que  para  la  realización  de alguno de esos  fines  se  impone  superar  los   defectos   técnicos   que  exhibe el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  aquel  debe  ser  íntegro  en  su formulación,  suficiente,  claro y preciso en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte   que   se   debe  soportar  en  los  principios  que  rigen  el  recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar a la manera de un alegato de instancia.    

La  proposición de los cargos exige escoger  adecuadamente  la  causal  y el sentido de la violación y, concretar el disenso  en términos de trascendencia.   

2.  La  demanda  que  nos  ocupa,  además  de  omitir  la  ineludible  labor       de       señalar       razonadamente  cuál  es  la finalidad concreta de la impugnación,  de       aquellas      descritas      en      el      referido      precepto  180,  no  satisface  los requisitos mínimos exigidos por el  canon  184  para  su  admisión  y, por lo tanto, no puede ser seleccionada. Las  razones son las siguientes:   

2.1. En cuanto se  refiere  al  primer cargo, es  claro  que  la censura se quedó en el mero enunciado pues más allá de invocar  la  infracción indirecta por aplicación indebida del artículo 68A del Código  Penal     y     aplicación     indebida     del     canon    63    ejusdem  derivada  de  errores de derecho  respecto  de  la  prueba  de  los antecedentes penales, no señaló la modalidad  específica  de  ataque,  esto  es,  si el yerro ocurrió por un falso juicio de  legalidad  o  de convicción, cuestión que impide a la Corte abordar el estudio  del motivo de disconformidad.   

Y  es  que,  ignora  el  demandante  que el  mérito,  en  sí mismo, asignado al reporte de antecedentes penales, no solo no  podría  guardar  correspondencia  con  alguna  anomalía  en  la  producción o  aprehensión       del       medio       de       conocimiento      –falso  juicio  de  legalidad-  o en la  atribución  de  un  determinado  valor  preestablecido en la ley al elemento de  conocimiento  falso  juicio  de  convicción-,  sino  que  un  reproche,  en ese  sentido,  no  constituye ningún motivo de ataque susceptible de ser cuestionado  en  casación,  máxime  cuando,  el  censor  no demuestra que, en ese ejercicio  valorativo,  los  juzgadores hayan lesionado alguna ley de la sana crítica, que  pudiera   ser   criticado   a   través   del   error   de   hecho   por   falso  raciocinio.   

Nótese  cómo  el  defensor asevera que el  informe  contentivo  de  dichos  antecedentes  fue  irregularmente  producido  y  reprueba  la  presunción  de  veracidad  que se le habría conferido, pero nada  informa  sobre  la  razón  de tal afirmación y la Corte no puede suponerlo sin  violentar el principio de limitación que rige este recurso.   

Ahora, si para dar sustento a esta crítica,  en  gracia  de discusión, la Sala se valiera de los argumentos, que a manera de  introducción,  precedieron  la  formulación  de  los  cargos, es lo cierto que  tampoco,   se   vislumbra   alguna  suerte  de  error  de  derecho  –legalidad  o  convicción- que conjure  contra  los  fallos de instancia, pues en esos argumentos no se demuestra algún  vicio  en  el proceso de formación del reporte de antecedentes judiciales ni se  prueba  que  la ley penal le confirió un valor suasorio específico a este tipo  de prueba, que haya sido desconocido en las instancias.   

En  efecto,  en  ese  acápite  previo,  el  recurrente,  limita  su  esfuerzo  a  aseverar  que  el  informe de antecedentes  penales  estaba  desactualizado para el momento en que se verificó la legalidad  del  preacuerdo  suscrito  por  su prohijado, pero, de modo alguno, acredita que  dicha  prueba fuera ilegal o que existiera una tarifa legal para su ponderación  judicial.   

En  este  orden  de  ideas,  no hay lugar a  admitir este reparo.   

2.2.     Frente    al    segundo  cargo,  en  el  que  se invoca la  nulidad  de la actuación, basta señalar que se vulneró el principio de razón  suficiente   porque   carece  de  toda  fundamentación,  y  esto  impide  a  la  Corporación elaborar el respectivo juicio de admisión.   

En  verdad,  aunque  cuando  se pretende la  invalidación  de  la  actuación,  al  amparo  de  la  causal segunda, la carga  argumentativa  es  de  menor  intensidad  que  la  exigida  para el resto de los  motivos  de ataque, en todo caso, se requiere una mínima ilustración sobre las  razones  de  la inconformidad, que acredite la existencia de yerros de garantía  o  de  estructura  insalvables  que  hagan  que  la actuación y la decisión de  segunda   instancia   pierdan  toda  validez  formal  y  material,  por  lo  que  corresponde  al  libelista  expresar  conforme  al  principio  de taxatividad la  irregularidad  sustancial  que  afecta la actuación, determinar la forma en que  ella   rompe   la  estructura  del  proceso  o  afecta  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  fase en la que se produjeron y demostrar que ninguno de los  principios  que  rigen  la  declaración  de  las  nulidades,  esto  es,  los de  convalidación25,   protección26,  instrumentalidad       de       las      formas27,  trascendencia28     y  residualidad29, ha operado en el caso concreto.   

Dicho  sustento  se extraña en la demanda,  pues  la  única  referencia  a  cualquier anomalía es el mero enunciado de una  presunta lesión de los derechos al debido proceso y a la defensa.   

Desde  este  punto  de  vista,  tampoco  es  viable, entonces, admitir este reproche.   

2.3.       El       tercer   cargo,   no  es  mejor  que  los  anteriores,   habida   cuenta  que,  igualmente,  no  atiende,  ninguno  de  los  requisitos  de  lógica  y  debida  argumentación  que  rigen la postulación y  demostración de la violación directa de la ley sustancial.   

Recuérdese  que,  cuando  se  intenta  la  postulación  de  la  censura  por  la  ruta  de la violación directa de la ley  sustancial,  el  casacionista  debe hacer completa abstracción de lo fáctico y  probatorio  y,  en  ese  sentido,  admitir  los  hechos y la apreciación de los  medios  de  convicción  fijados  por  los  sentenciadores, de manera tal que le  corresponde  desarrollar  el  reproche  a  partir  de un ejercicio estrictamente  jurídico,  en  el  que  establezca la vulneración del precepto normativo en el  caso  concreto,  por medio de cualquiera de las tres modalidades de error: falta  de   aplicación,   aplicación   indebida   o   interpretación   errónea   y,  seguidamente,  demuestre  la  trascendencia  del  yerro  en  el  sentido  de  la  decisión impugnada.   

En    verdad,    mientras  la  falta  de aplicación opera cuando el juzgador deja de emplear  el  precepto que regula el asunto, la aplicación indebida, deviene de la errada  elección,  por  el  fallador, de una disposición que no se ajusta al caso, con  la  consecuente  inaplicación  de  la  norma  que  recoge  de forma correcta el  supuesto  fáctico. La interpretación errónea, en cambio, parte de la acertada  selección   de  la  norma  aplicable  al  asunto  debatido,  pero  conlleva  un  entendimiento  equivocado  de  la misma, que le hace producir efectos jurídicos  que no emanan de su contenido.   

Desconociendo  estos  precisos lineamientos  jurisprudenciales,  el  libelista  reprueba el soporte fáctico definido por los  jueces  en  las  sentencias,  a partir del medio de conocimiento que les sirvió  para  negarle  al  procesado  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  con fundamento en los artículos 63 y 68A del Código Penal, metodología  argumentativa  con  la  que,  el  censor,  decididamente,  invadió  el  ámbito  indirecto de la infracción de la ley sustancial.   

Y  es  que  por esta senda el censor estaba  impedido  para  cuestionar  tanto  la validez y eficacia probatoria del medio de  persuasión  –informe  de  antecedentes  penales-  sopesado por los jueces de conocimiento para negar dicho  subrogado,  como  la  actividad  probatoria desplegada por la Fiscalía, máxime  cuando  el  defensor  no  acreditó  que la producción del referido elemento de  conocimiento  hubiera  estado mediada por alguna suerte de ilicitud o ilegalidad  y  la  presunta  desactualización de los datos concernientes al record criminal  no  puede  serle  imputable al ente acusador, sobre todo, si se considera que es  el  mismo  letrado  quien  admite  que  lo  observado  por  las instancias no es  distinto  a lo consignado en dicho documento, debido a que, para la época de la  emisión  de  los  fallos,  los  jueces  de  ejecución  de  penas no le habían  comunicado   a   las   autoridades   respectivas   sobre   el   archivo  de  las  actuaciones.   

En  realidad,  para  que la propuesta de la  defensa   hubiera   tenido   alguna   vocación   de  éxito,  al  libelista  le  correspondía  acreditar  que  los  juzgadores  advirtieron  en las providencias  cuestionadas,  con  apoyo  en  el  reporte  de  antecedentes  criminales, que el  procesado  carecía  de  ellos  y,  aun así, omitieron declarar la consecuencia  jurídica  del  artículo  63 del Código Sustantivo, esto es, el reconocimiento  del referido subrogado penal.   

En  cambio,  los  fallos  enseñan  que  al  verificar  el  aludido  informe,  los  juzgadores  constataron  que Nelfredy  Muñoz  Mosquera era reincidente  en  tanto  reportaba varias condenas por conductas punibles contra el patrimonio  económico  y  la  integridad  personal, circunstancia que al tenor del referido  canon  63,  original  y  modificado  por  el  precepto 29 de la Ley 1709 de 2014  impedía conceder dicho subrogado.   

Además, es claro que contrario a lo aducido  por  el  censor,  no  es  cierto  que  los falladores hayan dejado de aplicar el  artículo  63, pues el examen jurídico no solo se hizo conforme a este precepto  modificado  por  la  Ley  1709  de  2014,  sino  de  cara  a  dicha norma con la  redacción  legislativa anterior, en aplicación del principio de favorabilidad,  que  el  jurista aduce falsamente desconocido.  Distinto es, que el letrado  esté   en   desacuerdo   con   el   análisis   de  la  norma  y  la  decisión  adoptada.   

Del mismo modo, es imposible darle curso al  reparo  que denuncia la aplicación indebida del artículo 68A del Código Penal  (modificado  por  el  artículo  32  de  la  Ley  1709  de  2014)  que impide el  reconocimiento   de   la  condena  de  ejecución  condicional  a  las  personas  sancionadas  por el delito de hurto calificado, pues además que los falladores,  en  principio, estaban llamados a aplicar esta nueva adición a los presupuestos  del  subrogado,  igualmente,  le  dieron  alcance al postulado de retroactividad  para  estudiar  la  posibilidad  de aplicar los requisitos descritos en el canon  68A  –con las variaciones  introducidas  por  la  Ley  1474  de  2011 (vigente para la época de los hechos  juzgados)-   pero  encontraron  que  ésta  norma  impedía  la  concesión  del  beneficio   a   quienes   hubieren   sido   condenados   por   delito  doloso  o  preterintencional  dentro  de  los cinco (5) años previos, supuesto de hecho en  el que, precisamente, estaba el acusado.   

Incluso,  el  a  quo fue más allá para señalar:   

(…)  Adicionalmente,  y  en  gracia  de  discusión30   los   antecedentes   penales   también  pueden  ser  objeto  de  valoración  por  el  juzgador a través del Art. 6331  y  sopesándolos  con  la  gravedad  y  modalidad  de  la  conducta  punible  bajo  los cuales se determina  razonadamente  que  el  señor  NELFREDY  MUÑOZ  MOSQUERA es una persona que en  manera  alguna  respeta la titularidad de derechos ajenos, por el contrario, los  continuos  conflictos  con  la  administración  de  justicia  y su personalidad  proclive  a la realización de conductas punibles impiden a este estrado inferir  razonablemente  que  no  continuará  desconociendo  las normas penales y por el  contrario  concluyen  que no es acreedor del beneficio e indican la necesidad de  la  ejecución  de  la  pena  a  efectos  de  garantizar  el cumplimiento de las  funciones  de  la  misma.  Adicional  a ello, el despacho no puede obviar que la  modalidad  de  la conducta es grave e tanto el acusado decidió en compañía de  otra  persona abordar a su víctima y al obtener una negativa para la entrega de  sus  objetos  personales,  empujarlo  contra una vitrina y hacerle el ademán de  sacar  algo  de  la  pretina  del pantalón obligándolo a entregar su teléfono  celular  y no bastando con ello decide huir en compañía de otras tres personas  en  un  automotor  lo  que  permite concluir que carece del respeto debido a sus  conciudadanos  como miembros de un conglomerado social y que no duda en lesionar  el   patrimonio   económico   de   la   víctima.32   

Igualmente,  por intrascendente e infundado  es  imposible  darle  curso  al  reproche del recurrente derivado de la falta de  valoración  de  algunos  elementos  de  prueba  aportados  con  el  recurso  de  apelación,  a  través  de  los  cuales  se pretendía acreditar la ausencia de  antecedentes  penales  del  procesado,  toda  vez  que,  de  un lado, el juez de  segundo  nivel  está impedido para valorar medios cognoscitivos distintos a los  practicados  en  primera  instancia y, de otro, es el mismo jurista quien admite  que,  incluso,  para  cuando se profirió el fallo de segundo grado -10 de julio  de   2014-,  el  record  criminal  del  acusado  no  había  sido  completamente  actualizado,   pues  solo  el  día  anterior  a  su  emisión,  el  Juzgado  11  –de  descongestión-  de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad de la capital habría oficiado a las  autoridades      correspondientes      para     la     corrección     de     la  información.   

En ese orden de ideas, es claro que este es  un  tema  que  no  podía  dirimir  el Tribunal y que, si es el caso, podrá ser  ventilado  a  instancia  del  juez  de ejecución de penas que deba controlar el  cumplimiento de las sanciones impuestas en este proceso.   

Resta recordarle al letrado que, no se está  juzgando  la  conducta  del  fiscal del caso, como para que la Corte tuviera que  verificar  si  violó  algún  deber  objetivo  de  cuidado  y si «le   era  exigible  [algún  comportamiento  específico]  para  la  producción   del   resultado   típico»33, sino la de  su representado por el delito de hurto calificado.   

2.4.  Por último, como fue la constante en  las   otras   censuras,   es   manifiesta  la  insuficiencia  argumentativa  del  cuarto  cargo  (subsidiario),  ya  que  además  que  no se apoyó en las causales de casación previstas en el  ordenamiento  procesal  penal  que rige este asunto (artículo 181 de la Ley 906  de  2004),  sino  que  invocó los estatutos adjetivos de los años 1991 y 2000,  también  erró  al  seleccionar la senda de la infracción directa como ruta de  ataque  para  denunciar  la  falta  de valoración de las pruebas que, según el  defensor,   habrían  tenido  incidencia  en  la  dosificación  punitiva  y  la  concesión  de  la suspensión condicional de la ejecución de la pena, pues, en  tal  caso,  le  correspondía  acudir a la vía de la violación indirecta de la  ley  sustancial  por  error de hecho en el sentido de falso juicio de existencia  por omisión.   

Agréguese que, de entender que ésta fue la  modalidad  de  yerro  escogida,  ni  siquiera  identificó  cuáles  fueron esos  elementos de convicción inobservados por los juzgadores.   

Así mismo, no solo el demandante carece de  interés  jurídico en casación para cuestionar la dosificación punitiva, como  quiera  que  no  fue  tema  de  debate  ante el Tribunal, sino que no responde a  ningún  criterio  de  verdad,  aseverar,  como  lo  hace el demandante, que los  sentenciadores  no  analizaron  la  personalidad  del  acusado y la naturaleza y  gravedad  de  la  conducta punible y que no se tuvo en cuenta que el sentenciado  indemnizó  integralmente  a  la  víctima, pues, verificados los fallos, eso es  precisamente  lo  que  hicieron,  tanto  en  punto  de la dosimetría penal como  frente al subrogado.   

En efecto, así se advierte en el aparte del  fallo  de  primera instancia transcrito por la Corte al examinar el tercer cargo  frente  a  la negativa de la condena de ejecución condicional y en el siguiente  fragmento  de  la  misma  providencia, en el que al tasar la pena de prisión el  a         quo  argumentó:   

Como   en  el  presente  caso  concurren  circunstancias  de menor punibilidad contempladas en el Art. 55 del C.P. como la  reparación  integral  a  la  víctima además de la gravedad de la conducta, el  daño  creado, la naturaleza de las causales que atenúan la responsabilidad, la  intensidad  del  dolo pues el apoderamiento de los bienes se realizó ejerciendo  violencia  sobre  la  víctima  empujándola sobre una vitrina y simulando sacar  algo  de  la  pretina  del  pantalón generando un efecto intimidatorio y demás  elementos   pertinentes  el  Despacho  se  moverá  dentro  del  primer  cuarto,  concretando la pena imponible en (96) meses de prisión.   

Atendiendo  a  que los acusados efectuaron  reparación  de  perjuicios en los términos del Art. 269 del C.P. es procedente  la  aplicación  del  atenuante  punitivo  post-delictual  en un 65% teniendo en  cuenta  la  actitud de los acusados para hacer menos gravosa la situación de la  víctima  e  igualmente  se  extinguió el daño con el acto indemnizatorio y el  momento  procesal  en  que  se  efectuó,  arrojando  33  meses  y  18  días de  prisión.34   

De  igual  modo,  el  letrado  vulneró  el  principio  de  razón  suficiente  al  dejar en el limbo cualquier argumento que  pudiera  servir  para  mostrarle  a  la  Corte  por  qué  razón los juzgadores  tendrían que haber partido de tres años al imponer la pena.   

En  todo  caso,  la  Sala  advierte  que lo  pretendido  es  un  imposible  jurídico, pues el delito de hurto calificado, en  los  términos  en  que  le  fue  imputado (artículos 239 y 240, inciso 2º del  Código  Penal),  está  sancionado con pena de 96 a 192 meses de prisión, y el  fallador,  justamente, escogió como pena, la mínima: 96 meses, monto al que le  descontó  un  65%  por  razón  de  la  indemnización  integral, para un monto  definitivo de 33 meses y 18 días.   

Finalmente,  como  ningún  motivo ofreció  para  conjurar  las  estimaciones  de  los  falladores  en  torno  a la prisión  domiciliaria,  más  que  la sola pretensión orientada a obtener en favor de su  representado   dicho   sustituto,  la  Corte  se  abstendrá  de  examinar  este  tópico.   

Por  estos  motivos,  no es posible admitir  esta censura.   

Siendo  lo  anterior  así,  como   la   Sala  no  observa  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de nulidad, ni motivos que conduzcan a la necesidad de  un  pronunciamiento  profundo  frente al expediente en razón de las finalidades  de la casación, la demanda debe ser inadmitida.   

3.  También, es indispensable recordar que  al  amparo  del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide no  darle  curso  a  una  demanda  de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el   auto  del  12  de  diciembre  de  2005,  radicación  24.322  y  precisadas  recientemente en auto CSJ AP, 25 jun. 2014, rad. 42.597.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.    Inadmitir    la  demanda  de casación presentada por el defensor de Nelfredy   Muñoz   Mosquera   contra  la  sentencia  proferida  por  una  Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  Bogotá.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  folios  1-2 de la sentencia de segunda instancia a folios 12-13 del cuaderno del  Tribunal.   

2 Cfr.  folios 17-18 de la carpeta.   

3 Cfr.  folios         39-52         ibidem.   

4 Cfr.  folios   106-110   ibidem.   

5 Cfr.  folio   124  ibidem  y  CD  contentivo de la audiencia de verificación del preacuerdo.   

6 Cfr.  folio    146    ibidem.  Entiéndase   inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

7 Cfr.  folios        145-154        ibidem.   

8 Cfr.  folios 12-24 del cuaderno del Tribunal.   

9 Cfr.  folio          26          ibidem.   

10 Cfr.  folios         31-46         ibidem.   

11  Cfr.       folio       34      ibidem.   

12  Ibidem.   

13  Cfr.       folio       37      ibidem.   

14  Ibidem.   

15 Se  precisa    que   antes   de   este   cargo   no   hay   alguno   numerado   como  primero.   

16  Cfr. folio 38 del cuaderno del Tribunal.   

17  Ibidem.   

18  Cfr.       folio       39      ibidem.   

19  Ibidem.   

20  Cfr.       folio       40      ibidem.   

21  Cfr.       folio       41      ibidem.   

22  Ibidem.   

23  Cfr.       folio       42      ibidem.   

24  Cfr.       folio       44      ibidem.   

25 Las  irregularidades  pueden convalidarse con el consentimiento expreso o tácito del  sujeto perjudicado.   

26 El  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  vicio,  es  el  único  que  lo  puede alegar, salvo que se trate de ausencia de  defensa técnica.   

27  Como  las  formas no son un fin en sí mismo, siempre que se cumpla con   el  propósito  que  la  regla  de  procedimiento  pretendía  proteger, no habrá lugar a la declaración de la nulidad.   

28 La  magnitud   del   defecto  debe  tener  incidencia  en  el  sentido  de  justicia  incorporado a la sentencia.   

29 La  declaratoria  de  nulidad  debe  ser  el único remedio procesal para superar el  yerro detectado.   

30  M.P.  BOBADILLA  MORENO  JESÚS  ÁNGEL Rad. 110016000019200901873 01 (20-05-13)  TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOTÁ- SALA PENAL.   

31  Proceso  No.  33177  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA SALA DE CASACIÓN PENAL MP Dr.  SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ  Bogotá  D.C,  dieciocho  de  enero  de  dos  mil  diez.   

32  Cfr.  folio  8  de  la  sentencia  de  primera  instancia  a  folio  147  de  la  carpeta.   

33  Cfr. folio 40 del cuaderno del Tribunal.   

34  Cfr.  folio  7  de  la  sentencia  de  primera  instancia  a  folio  148  de  la  carpeta.     

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