AP1560-2014(43145)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP1560-2014  

Radicación n° 43145  

(Aprobado  Acta No.  093)   

Bogotá  D.C.,  dos  (2)  de abril de dos mil  catorce (2014).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la   demanda   de   casación   presentada  por  la  defensora  de  VÍCTOR      ALFONSO      CABALLERO     RODRÍGUEZ     contra  la sentencia del 30 de octubre de 2013, a través de la cual  el  Tribunal  Superior de Neiva confirmó el fallo proferido el 12 de septiembre  anterior  por  el  Juzgado  Tercero Penal del Circuito Especializado de la misma  sede,  que condenó al procesado a la pena principal de 11 años de prisión y a  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas  por  igual  lapso,  como autor del delito de fabricación, tráfico y  porte   de  armas  o  municiones  de  uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas.   

HECHOS  

La  situación  fáctica  la  resumió  el  fallador de instancia de la siguiente manera:   

“De acuerdo con las pruebas practicadas, a  las  06:15 de la mañana del 12 de julio de 2012, la policía judicial practicó  un  allanamiento  y  registro  a  la finca La Primavera, ubicada en la vereda La  Pradera  del  municipio  de  Gigante,  diligencia que fue atendida por el señor  VÍCTOR  ALFONSO  CABALLERO  RODRÍGUEZ,  encontrando  en  una  habitación  una  escopeta  calibre 20, un cartucho del mismo calibre, en la cocina se halló unos  binoculares  y  en  un  cultivo  de  pasto  de corte ubicado al lado derecho del  establo,  aproximadamente  de  10  a  15  metros  de  la  vivienda, se encontró  enterrada  una bolsa plástica negra que contenía dos y media barras de indugel  marca   indumil,   tres  protectores  para  detonadores,  dos  detonadores,  dos  espoletas  de  granadas  de  fragmentación  con  detonadores  y protector, tres  guayas  para  tensionar,  un metro de cordón detonante color rojo y ocho metros  de  mecha  lenta  color blanco, procediéndose a la captura del precitado y a la  incautación de los citados elementos”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El 13 de julio de 2012 el Juzgado Cuarto  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de Neiva realizó  audiencia   preliminar,   en   cuyo   desarrollo   legalizó  la  diligencia  de  allanamiento  y  registro  y  la  captura de CABALLERO  RODRÍGUEZ.   Allí   mismo   la  Fiscalía  formuló  imputación  al  prenombrado  por el delito de fabricación, tráfico y porte de  armas  de uso privativo de las fuerzas armadas, por razón del cual, además, el  juez  profirió  en  su contra medida de aseguramiento de detención preventiva.   

2.  El  7  de  noviembre  siguiente  el ente  investigador  presentó escrito de acusación contra el procesado por el punible  en mención.   

3. El 22 de enero de 2013 el Juzgado Tercero  Penal  del  Circuito  Especializado de Neiva celebró la respectiva audiencia de  formulación de acusación.   

4. La audiencia preparatoria la llevó a cabo  el  18  de  abril  postrero  y  el  juicio  oral  lo  inició  el  10  de  mayo,  culminándolo  el  12  de  septiembre  con  el  anuncio  del  sentido del fallo,  precisando que sería de carácter condenatorio.   

5. La lectura de la sentencia ocurrió el 12  de  septiembre  del  mismo 2013, decisión contra la cual se alzó en apelación  la  defensa, por cuya vía el Tribunal, en pronunciamiento del 30 de octubre, le  impartió confirmación.   

          6.  Atendido  el  sentido  de  la decisión de segunda instancia, la  defensora    del    procesado    acudió    al    recurso    extraordinario   de  casación.   

LA  DEMANDA   

          La  impugnante  formula  tres  cargos contra la sentencia de segunda  instancia,  todos  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 906 de  2004, esto es, violación indirecta de la ley sustancial.   

          En    el    primer   cargo   acusa  al Tribunal de incurrir en error de hecho por falso juicio de  existencia.   

          Al  desarrollar  el  reproche  la libelista se refiere ampliamente a  los  fundamentos  con apoyo en los cuales el Tribunal sustentó la condena, tras  lo  cual  señala  que  el  testimonio  rendido  por  el  policial  Nelson  Javier Valencia Castillo es prueba  de  referencia,  e  inmediatamente  después,  con  cita  de precedentes de esta  Corporación  y del artículo 438 del Código de Procedimiento Penal, predica la  admisión excepcional de esa clase de elementos probatorios.   

          En    el   segundo   cargo   aduce  la  presencia  de  un  error  de  hecho por falso raciocinio.   

          Para  sustentarlo  reproduce  un  aparte del fallo de segundo grado,  infiriendo  de  allí  que  la responsabilidad del procesado se sustentó en los  indicios  de  presencia  y  oportunidad.  Sin  embargo,  en su sentir, éstos se  soportan  en  una  prueba  de referencia, refiriendo como tal lo expresado a las  autoridades   por   un  informante,  en  cuanto  su  entrevista  o  declaración  “no      fue      ingresada     como     prueba  documental”.   

          Según  la  actora,  el  hecho de que los elementos explosivos hayan  sido  encontrados  en la finca no significa que sean de propiedad del procesado.  Ese aspecto, en su criterio, no se probó en este caso.   

          En    el    tercer   cargo   acusa nuevamente la incursión en un falso raciocinio.   

Al  efecto,   una  vez  más reseña en  extenso  las  razones expresadas por el Tribunal para sustentar la condena, tras  lo  cual  infiere  que  esa corporación dio valor probatorio a la diligencia de  allanamiento  y registro “derivado de la entrevista,  declaración  de  una  fuente  no formal, la que no fue presentada quedando como  prueba  de  referencia  y  además  tampoco  fuera  ingresada  dicha entrevista,  declaración   (sic)  como  prueba documental”.   

          De  todas  maneras,  considera  que  los  indicios  de  presencia  y  participación  se  estructuraron por el hecho de encontrarse el procesado en el  predio  al  momento  de  efectuarse la diligencia de allanamiento y registro. No  obstante,  señala,  en  el  plenario  lo  único  que logró demostrarse fue la  incautación  de  los  elementos  explosivos en la finca en la cual CABALLERO    RODRÍGUEZ   fungía   como  mayordomo.  Pero,  insiste,  no se demostró que esos elementos pertenecieran al  acusado.   

          De  esa  manera, solicita casar la sentencia impugnada y proferir la  de reemplazo de carácter absolutorio.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La demanda de casación, le es imperioso a la  Corte  insistir  en  ello, no es un escrito de libre elaboración sino que, dado  el  carácter  extraordinario  de ese recurso, debe cumplir unos presupuestos de  adecuada  y  lógica  fundamentación,  sin  los  cuales el libelo no podrá ser  admitido.           

         

          Esos  presupuestos, en el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 183 y 184, inciso segundo. La  primera  de  dichas  normas  exige  al censor presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Además,  en  la  postulación  de  las  censuras  al  actor  le  es  imperioso  respetar  el  principio de corrección material, conforme al cual las  razones,  fundamentos  y  contenido del ataque deben corresponder en un todo con  la realidad procesal (Cfr. CSJ AP, 2 may. de 2012, rad. 26846).   

En el caso objeto de examen, advierte la Sala  que  el  demandante  no  cumple  dichos  requisitos  de  fundamentación  de  la  demanda.   

          En  efecto, en el primer cargo acusa     al     Tribunal    incurrir    en    falso    juicio    de  existencia.   

          El   aludido   error   de   hecho,   como   lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia,  se  configura  cuando  el sentenciador, al apreciar el conjunto  probatorio,  omite  valorar  algún medio de convicción obrante en el proceso o  supone otro inexistente.   

          Para  su  demostración  al  libelista le corresponde señalar si el  yerro   se   presentó  por  haberse  omitido  la  apreciación  de  una  prueba  (existencia  por omisión) o  porque  el  sentenciador  inventó  una  que no obra en el proceso (existencia  por  invención),  precisando  cuál  es  el  contenido de la prueba omitida o cuál el mérito asignado por el  juzgador  al  medio  supuesto  y, en ambos casos, indicando la trascendencia del  error.   

          La  actora  no cumplió esa carga argumentativa, pues ni precisó la  modalidad  del  falso  juicio  de  existencia,  es  decir, si por omisión o por  invención,  ni  identificó  la  prueba sobre la cual recayó el yerro. Tampoco  indicó  su  contenido.  Mucho  menos  explicó  la  trascendencia del enunciado  dislate.   

          Lejos  de  esforzarse por satisfacer dicha labor de fundamentación,  se   limitó   a  llenar  páginas  reseñando  las  razones  ofrecidas  por  el  ad  quem  para  cimentar la  condena  y  ya al final dedicó un escaso aparte de la demanda para predicar que  el  testimonio  del  efectivo  policial  Nelson Javier  Valencia  Castillo  constituye  prueba  de referencia,  cuya admisión, según señaló también, es excepcional.   

          Como  se observa, la censora en ningún momento desarrolló el cargo  que  enunció.  En vez de ello, lacónicamente sugirió la presencia de un falso  juicio  de  convicción  cuando  tildó de prueba de referencia el testimonio de  Valencia     Castillo.  Recuérdese  al  respecto  el criterio de la Sala, acorde con el cual el aludido  error  de  derecho  se  estructura  cuando se asigna a los medios probatorios un  valor  diferente  al establecido normativamente (Cfr. CSJ AP, 12 dic. 2012, rad.  39921).   

Sin  embargo,  la  libelista ni explicó por  qué  el  aludido  testimonio constituye prueba de referencia, ni fundamentó la  trascendencia  del  yerro  en el sentido de la decisión impugnada, presupuestos  de   cimentación   que   le   correspondía   cumplir  para  su  demostración.   

          En    el   segundo   cargo   refiere  la  presencia  de  un  error de hecho por falso raciocinio.   

          El  enunciado  dislate  ocurre  cuando el juzgador en la valoración  del  conjunto  probatorio  desconoce  de  manera ostensible los principios de la  sana  crítica,  integrados  por  las  reglas  de la experiencia, los postulados  lógicos y las leyes de la ciencia.   

Para   su   acreditación  corresponde  al  libelista  identificar  la  prueba  o  pruebas indebidamente apreciadas, indicar  cuál  fue  el  postulado de la lógica, la ley de la ciencia o la máxima de la  experiencia  desconocidas  y cuál principio de la sana crítica, en su defecto,  debió  aplicarse  y,  por  último, demostrar las implicaciones del error en el  sentido de la decisión atacada.   

          En  esta  censura la actora tampoco desarrolla la postulación, pues  en  momento  alguno  precisa  el  principio  o  principios  de  la sana crítica  supuestamente  vulnerados por el juzgador. Por el contrario, nuevamente acude al  argumento  de  la  prueba  de  referencia,  esta  vez para calificar de tal a la  entrevista  o  declaración  de  un  informante, en cuanto la misma “no   fue   ingresada   como   prueba   documental”.   

          Pero  al  igual  de  lo acontecido en el primer cargo, tampoco aquí  sustentó  la  forma  como  el  yerro  denunciado  incidió  en el sentido de la  decisión.   

          Más  aún,  encuentra  la  Sala que el planteamiento según el cual  los  indicios  de  presencia y oportunidad se soportaron con lo expresado por el  informante,  no  se  corresponde  con  los  fundamentos del fallo, aspecto en el  cual,  por tanto, el demandante desatiende el principio de corrección material,  conforme lo visto en precedencia.   

          Lo  anterior  porque  tales  indicios  los  derivó  el juzgador, en  realidad,  del  hallazgo  de  los  explosivos  en  la  finca administrada por el  procesado,  como  se  advierte  en  el  siguiente fragmento del fallo de segundo  grado:   

“En  conclusión, en contra del procesado  obran  indicios graves de responsabilidad (presencia y participación), pues, se  itera,  los explosivos fueron encontrados en la finca donde se desempeñaba como  mayordomo,  en  un  lugar  contiguo a su casa, totalmente encerrado en cercas de  alambre,  escondido  en  la  maleza  y de fácil control desde los lugares donde  normalmente  el  acusado  laboraba  y  descansaba, pero de difícil acceso a los  particulares…”1.   

          Es   imperioso  señalar,  por  último,  que  el  argumento  de  la  demandante  a  cuyo  tenor  en  este  caso  no  se  demostró  que los elementos  ilícitos   incautados   sean   de  propiedad  del  acusado,  se  erige  en  una  postulación  meramente  personal  que  se  enfrenta  a  los  razonamientos  del  sentenciador,  quien arribó a conclusión diversa a partir del análisis de las  pruebas,  siendo  claro  que  en  sede  casación  prevalece  el  criterio de la  judicatura  por  sobre  el  de  las  partes,  dada  la  presunción de acierto y  legalidad de que está revestido el fallo impugnado.   

          En    el    tercer   cargo   denuncia de nuevo la presencia de un falso raciocinio.   

          Como  fue  la constante en la demanda objeto de examen, una vez más  la  actora  se sustrae a desarrollar el ataque que enuncia, pues en parte alguna  señala    los    principios   de   la   sana   crítica   vulnerados   por   el  Tribunal.   

         Se  limita,  nuevamente,  a  reseñar  en  extenso  los  fundamentos  ofrecidos  por  el Tribunal para sustentar la condena y a catalogar de prueba de  referencia  la entrevista del informante, pero sin cimentar la incidencia que el  yerro  así  sugerido acarreó en el sentido de la decisión. Al respecto, omite  abordar  la  demostración exigida por el inciso segundo del artículo 381 de la  Ley  906  de 2004, esto es, la concurrencia exclusiva en el proceso de prueba de  referencia que impedía la edificación del fallo condenatorio.   

         El  mérito que la impugnante asigna a los indicios deducidos por el  ad  quem, sin esforzarse por  rebatirlos  a  través  de  la  técnica casacional, no deja de constituir, otra  vez,  su  personal  criterio, que pretende hacer valer por sobre el expresado en  el   fallo,   propósito,  como  ya  quedó  visto,  inatendible  en  esta  sede  extraordinaria.     

           

En  atención,  por  tanto, a las falencias  advertidas  en los tres cargos formulados, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales que imponga superar los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  VÍCTOR ALFONSO CABALLERO RODRÍGUEZ.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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