AP1357-2016(47688)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP1357-2016  

Radicación n° 47688  

(Aprobado    Acta    No.   071)   

Bogotá,  D.C., marzo nueve (09) de dos mil  dieciséis (2016).   

V   I   S   T   O  S:   

La  Sala  se pronuncia sobre el impedimento  formulado  por  los  integrantes  de  una  de  las  Salas de Decisión Penal del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Bogotá, Magistrados JOSÉ  JOAQUÍN  URBANO   MARTÍNEZ,  ÁLVARO   VALDIVIESO          REYES  y  JORGE  ENRIQUE    VALLEJO  JARAMILLO, para conocer del  recurso  de  apelación  interpuesto  contra la sentencia condenatoria proferida  por    el    Juzgado    25    Penal    del    Circuito    contra   CARLOS  ALBERTO  LUGO    ÁLVAREZ,  en  la   cual   se   le   declara   penalmente  responsable  del  delito  de  fraude  procesal.   

HECHOS Y ANTECEDENTES PROCESALES:  

Los sucesos materia de juzgamiento tuvieron  ocurrencia    en    agosto    y    octubre   de   2008,   cuando   CARLOS            ALBERTO  LUGO  ÁLVAREZ   solicitó   al   Presidente  de  la  República  y  al  Jefe  de  Inteligencia  y  Contrainteligencia  Militar  Conjunta  el  pago  de  recompensa  ofrecida  el  16 de noviembre de 1995 por el Gobierno Nacional por el suministro  de  información  que condujera a la captura de los responsables de la muerte de  ÁLVARO   GÓMEZ            HURTADO       y       JOSÉ            DEL             CRISTO            HUERTAS.   

ENRIQUE           GÓMEZ            MARTÍNEZ al enterarse de esa situación,  denunció        a       LUGO       ÁLVAREZ como  autor  de los delitos de fraude procesal y falsedad documental, argumentando que  éste  pretendía obtener una recompensa a pesar de que los jueces no le habían  reconocido  ningún  mérito a su testimonio y de que esa retribución ya había  sido  negada  por  la justicia contencioso administrativa en sentencias de 30 de  marzo  de 2000 y 1º de julio de 2004, proferidas por el Tribunal Administrativo  de Bogotá y por el Consejo de Estado, correspondientemente.   

En audiencia celebrada el 2 de mayo de 2010  ante  el  Juzgado  24  Penal Municipal con funciones de control de garantías de  Bogotá,  se  legalizó  la  captura  y  formuló  imputación  a  CARLOS            ALBERTO  LUGO  ÁLVAREZ  por  los  delitos  de  obtención  de  documento público falso y  fraude procesal.   

El  1º  de  junio  de  2010,  la Fiscalía  radicó  escrito  de  acusación por las mencionadas conductas punibles; empero,  en   el   curso  de  la  audiencia  de  formulación  de  acusación1, solicitó la  preclusión  de  la  investigación por esos dos ilícitos ante el Juez 23 Penal  del  Circuito con Funciones de Conocimiento de Bogotá, quien negó su petición  mediante auto del 10 de diciembre de ese mismo año.   

Dicha  decisión  fue recurrida por el ente  acusador  y  confirmada el 24 de febrero de 2011 por una Sala de Decisión Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá, integrada por los  magistrados    que    proponen    el    trámite   impeditivo   que   ahora   se  resuelve.   

El  29  de  noviembre de ese mismo año, la  Fiscalía  volvió  a solicitar la preclusión, invocando las causales 1º y 3º  del  artículo  332  de la Ley 906 de 2004, la cual fue decretada el 31 de enero  de  2012 por el Juzgado 24 Penal del Circuito de Bogotá. El Ministerio Público  y  el  apoderado  de  las víctimas inconformes con dicha decisión, presentaron  recursos  de  apelación  en  lo  relacionado  con el delito de fraude procesal,  correspondiendo  su conocimiento a la misma Sala de Decisión Penal que conoció  previamente  la  negativa  de  la  preclusión,  la  cual el 22 de marzo de 2012  resolvió   revocar  tal  proveído  en  lo  que  era  objeto  de  disenso,  por  considerar,   entre   otras   muchas   razones,  que  los  elementos  materiales  probatorios  recolectados  por la Fiscalía daban cuenta de la existencia de los  hechos investigados, esto es, del fraude procesal.   

Así  fue, que ante el Juzgado 25 Penal del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de Bogotá se adelantaron las audiencias  de  formulación  de  acusación,  preparatoria  y juicio oral; para finalmente,  emitirse      fallo      condenatorio     en     contra     de     CARLOS            ALBERTO           LUGO            ÁLVAREZ,   tras   hallarlo   penalmente  responsable del delito de fraude procesal.   

Como  dicha  sentencia  fue  apelada por la  defensa,  se  remitió la actuación, por previo conocimiento, a los togados que  en  el  presente asunto se declaran impedidos para desatar la alzada, al afirmar  que   se  encuentran  incursos  en  la  circunstancia  prevista  en  el  numeral  14 del artículo 56 de la Ley 906 de 2004.   

CONSIDERACIONES:  

La Corte es competente para conocer de este  asunto  de  conformidad con lo establecido en el artículo 58 A de la Ley 906 de  2004, adicionado por la Ley 1395 de 2010.   

Uno  de  los  pilares  del  nuevo modelo de  enjuiciamiento  criminal  colombiano  es,  sin  lugar  a  dudas, el principio de  separación  categórica  de  las  funciones de acusación y juzgamiento, con el  fin    de    garantizar    la   absoluta   imparcialidad   y   objetividad   del  sentenciador.    

De  ahí que en la Ley 906 de 2004, se haya  consagrado  de  manera expresa la causal de impedimento prevista en el artículo  56, numeral 14, cuyo tenor literal es el siguiente:   

14.  Que  el  juez  haya  conocido  de  la  solicitud  de  preclusión formulada por la Fiscalía General de la Nación y la  haya  negado,  caso  en  el  cual quedará impedido para conocer el juicio en su  fondo.   

Mismo supuesto fáctico, que reiteró en el  inciso final del artículo 335, así:   

El  juez  que  conozca    de    la    preclusión    quedará   impedido   para   conocer   del  juicio.   

Ahora bien, la Sala ha venido matizando esta  causal  impeditiva  a  partir  de  considerar  que  no  siempre que se niegue la  preclusión  se  compromete  la  imparcialidad  del funcionario judicial, porque  cada  causal  de dicha forma anormal y anticipada de terminación procesal tiene  sus  propias  dinámicas  dialécticas,  y sería erróneo concluir que en todas  ellas  la  decisión  incorpora el análisis de elementos probatorios o se ocupa  de   disquisiciones   dogmáticas   o   sustantivas    que   supongan   una  anticipación  del criterio del funcionario llamado a fallar; motivo por el cual  ha  destacado  la  necesidad  de valorar si en la motivación de la decisión de  negar    la    preclusión,    se    encuentra    seriamente   comprometida   su  imparcialidad.   

En  el  caso  sub  examine,  son los mismos  magistrados  los que reconocen, o mejor, declaran comprometida su imparcialidad,  básicamente  porque el problema jurídico surgido en torno de si existe o no la  conducta  de  fraude  procesal  y quién es el autor de tal conducta punible, ya  fue  resuelto  por  ellos, en las dos ocasiones anteriores en las que negaron la  procedencia   de   la   preclusión  de  la  investigación  solicitada  por  la  Fiscalía.   

Es  decir,  al  momento  de  analizar  la  petición  de  preclusión de investigación en las que el ente acusador invocó  la  causal  3º  del  artículo  332  de la Ley 906 de 2006, referida ésta a la  inexistencia  del  hecho investigado, esto es, de la conducta de fraude procesal  para  el  presente  caso,  ya  los funcionarios judiciales concluyeron que dicho  punible  si  existía,  lo  cual  atenta incluso contra su propia independencia,  puesto  que  estarían  atados  al  criterio  por  ellos  expuesto  en  la etapa  instructiva,  por  lo  que  no podrían ser objetivos e imparciales al emitir el  correspondiente fallo.   

Basta  mirar  los apartes de la providencia  emitida  por  los  magistrados  que  proponen  este  incidente, mediante la cual  revocaron  la  prelusión  emitida en primera instancia, para advertir que allí  se  hicieron  valoraciones  probatorias que comprometen su criterio, en aspectos  sustanciales como las siguientes:   

«Para  dar por demostrada la imposibilidad  de  iniciar  o  continuar el ejercicio de la acción penal o la inexistencia del  hecho  investigado, el juzgado no tuvo en cuenta ningún dato objetivo, sino que  emprendió  una  valoración  de  la  conducta  desplegada  por  el acusado para  descartar su relevancia penal.   

Desde  su  punto  de  vista  – muy  lejano del contenido de los varios testimonios rendidos por el  acusado,  de  las sucesivas retractaciones y del verdadero fundamento del único  fallo  de  condena  proferido  por  la justicia penal con ocasión del homicidio  contenido   contra   ÁLVARO  GÓMEZ  HURTADO  -,  la  colaboración  del testigo existió, fue eficaz y aportó un fundamento vital al  pronunciamiento  de la justicia. Siendo así, razonó,  la  certificación  por  él  obtenida  sobre tal colaboración no es falsa y su  pretensión  económica  es  legítima:  por  lo  tanto,  no  se puede iniciar o  continuar  la  acción penal y tampoco existen los delitos imputados (Resalta la  Sala)   

Pues  bien:  basta  tener  en cuenta que la  certificación  a  favor  del  acusado  se  emitió  y que éste aún esgrime su  pretensión    económica   ante   las   autoridades,   para   comprender   que,  independientemente  de  su valoración o no como penalmente relevantes, se habla  de  hechos existentes que, además, no suministran ninguna base objetiva para no  continuar  con  el  ejercicio de la acción penal.»2   

En   esa   decisión  se  concluyó  que:   

«En  suma pues, aquí se sigue insistiendo  en  causales  de  preclusión  claramente  improcedentes.  Así  como  en pasado  momento  se  acudió  a  la  atipicidad  de la conducta y a la existencia de una  causal  que  excluya  la  responsabilidad,  ahora  se  plantea  la  imposibilidad de iniciar o continuar con el ejercicio de la acción  penal  y  la  inexistencia  del  hecho  investigado,  aunque  sin  ninguna  base  coherente con ellas.   

Entonces,  la  decisión  impugnada resulta  jurídicamente  incorrecta  y por ello se revocará; desde luego, únicamente en  lo  relacionado  con  el  delito de fraude procesal, que fue lo único objeto de  impugnación.  En  lo  demás,  la  decisión,  no obstante su incorrección, se  mantiene      vigente      por     no     haber     sido     apelada.»    (Subrayas   fuera   del   texto  original)   

Así pues, no cabe duda de que se encuentra  comprometida  la  imparcialidad  de los magistrados que revocaron la preclusión  decretada  en  primera instancia, dentro del proceso que por el delito de fraude  procesal   se  adelantaba  contra  CARLOS    ALBERTO  LUGO    ÁLVAREZ,  y en consecuencia se declarará  fundado el impedimento por ellos manifestado.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE:   

Primero: DECLARAR  FUNDADO  el  impedimento  manifestado  por los Magistrados JOSÉ JOAQUÍN URBANO  MARTÍNEZ,   ÁLVARO   VALDIVIESO  REYES  y  JORGE  ENRIQUE  VALLEJO  JARAMILLO,  integrantes  de  una  Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial   de  Bogotá,  para  conocer  de  la  segunda  instancia  del  proceso  adelantado  contra  CARLOS  ALBERTO  LUGO  ÁLVAREZ  por  el  delito  de  fraude  procesal.   

Segundo: Devolver  inmediatamente las diligencias al Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

Gustavo Enrique Malo Fernández  

José Luis Barceló Camacho  

José Leonidas Bustos Martínez  

Fernando Alberto Castro Caballero  

Eugenio Fernández Carlier  

Eyder Patiño Cabrera  

Patricia Salazar Cuéllar  

Luis Guillermo Salazar Otero  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

                                                      

1 El 7  de octubre y 4 de noviembre del 2010.   

2  A  folio 32 del cuaderno No 6.     

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