AP1092-2015(44925)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP1092-2015  

Radicación N° 44925  

(Aprobado acta N° 90)  

Bogotá,  D.C.,  cuatro (4) de marzo de dos  mil quince (2015).   

La   Sala   resuelve   el   recurso   de  apelación  interpuesto por  el    defensor   de   TATIANA   OLIVEROS   GUTIÉRREZ  en  contra de la decisión adoptada por la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Neiva, en sesión del juicio  oral  del  10  de  octubre  de  2014, mediante la cual esa Corporación negó la  petición  de  práctica  de  pruebas  sobrevinientes  elevada  por dicho sujeto  procesal.   

A N T E C E D E N T E S  

         1.  Conforme  se  ha  reseñado  con anterioridad, diversas labores  investigativas   permitieron  establecer  que  TATIANA  OLIVEROS    GUTIÉRREZ,  Fiscal  53  Especializada  adscrita  a  la  Unidad de  Derechos  Humanos y Derecho Internacional Humanitario con sede en Neiva (Huila),  tuvo  nexos  con Jairo Durango Restrepo, alias “La Guagua”, jefe de la banda  criminal  “Los  Urabeños”,  pues al parecer acordaron adelantar operaciones  mancomunadas  de  narcotráfico, le brindó información acerca de las gestiones  estatales  encaminadas  a  materializar  las  órdenes de captura libradas en su  contra  y  lo  asesoró  para  la  postulación  ante  Justicia  y Paz de varias  personas que con él actúan en la clandestinidad.   

         Adicionalmente,    las    averiguaciones   dilucidaron   cómo   la  funcionaria  agotó  contactos con autoridades públicas y personas particulares  para  presuntamente  anunciarles que serían objeto de señalamientos de apoyo a  grupos  paramilitares  en  procesos  penales con el fin de presionarlos, ya bien  fuera  en  la  toma  de  decisiones  o  para  la  entrega de dinero. Además, en  múltiples  actuaciones  a su cargo supuestamente profirió algunas providencias  contrarias  a derecho que favorecieron a miembros de organizaciones al margen de  la  ley,  se  abstuvo de emitir determinaciones respecto de personas privadas de  la  libertad  en  aras  de  propiciar  el  vencimiento  de  términos, destruyó  diferentes   piezas   procesales   y   alteró   su   contenido,   entre   otras  irregularidades.   

         2.  Radicado  escrito  de  acusación  por  estos  hechos  ante  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de Neiva, en atención a la calidad  foral  de  la  implicada, la audiencia de formulación respectiva se instaló el  12  de marzo de 2013, oportunidad en la cual la defensa impugnó la competencia.  Agotado  el  trámite  de  rigor  la Corte, en proveído de 10 de abril hogaño,  declaró   que   correspondía  a  ese  estrado  judicial  remitiendo  allí  el  expediente  para  su  continuación.  Reanudada  la  diligencia,  el  15 de mayo  siguiente,  la  defensa  pidió  la  nulidad  de  la acusación siendo negada la  solicitud    por    el    a    quo,    determinación  apelada por ese sujeto procesal y ratificada por la  Corte, el 14 de agosto de esa anualidad.   

         Así,  el  23  de  septiembre  de  2013,  se  acusó a OLIVEROS  GUTIÉRREZ  por  los delitos de  concierto   para  delinquir,  concierto  para  delinquir  agravado,  concusión,  prevaricato   por  acción,  prevaricato  por  omisión,  falsedad  material  en  documento   público,  destrucción,  supresión  u  ocultamiento  de  documento  público  y  asesoramiento y otras actuaciones ilegales, (artículos 340, inciso  2º, 404, 413, 414, 287, 292 y 421 del Código Penal).   

         3.  La  audiencia  preparatoria  se  instaló  el 5 de noviembre de  2013.   Luego  de  varias  sesiones,  el  28  de  ese  mes,  se  decidieron  las  postulaciones  probatorias  de  la Fiscalía y de la defensa, decisión frente a  la   cual   la  última  interpuso  recurso  de  apelación  que  fue  resuelto,  desfavorablemente, el 21 de mayo de 2014.   

         4.  El juicio oral inició el 21 de julio de 2014. Una vez cumplida  la  fase probatoria del mismo, en sesión del 8 de octubre siguiente, las partes  solicitaron  se procediera a la práctica de pruebas sobrevinientes al tenor del  artículo  344,  inciso  final,  de  la  Ley  906  de 2004, petición despachada  negativamente  por  el  Tribunal.  Esta  determinación,  fue  impugnada  por la  defensa.   

LA DECISIÓN APELADA  

         El  Tribunal  destacó la importancia del descubrimiento probatorio  como  figura  estructural  del  sistema  penal  acusatorio  y  enfatizó  en  la  existencia  de etapas procesales concebidas para ello, con el fin de referir que  para  accederse  a  la  práctica excepcional de prueba sobreviniente, es decir,  aquella   invocada   por  fuera  de  esas  oportunidades,  deben  concurrir  los  siguientes  requisitos:  i)  que  se  halle  con  posterioridad  a  la audiencia  preparatoria  un  elemento  material  probatorio novedoso, ii) este ha de ser de  vital  trascendencia  para  el  debate,  y  iii) su ausencia puede ser apta para  lesionar   gravemente  el  derecho  de  defensa  o  la  integridad  del  juicio.   

         Así,  indicó  que  corresponde  a la parte que depreca su recaudo  demostrar   la  concurrencia  de  estos  elementos  y  evidenciar,  además,  su  conducencia,  pertinencia  y  utilidad.  Tales  aspectos,  para  el a  quo,  no  fueron  acreditados  por la  defensa, por estas razones:   

         -Los  testimonios  de  Hernán Ramírez Ortegoza y Agustín Sanchez  González,  se  solicitaron en la audiencia preparatoria y no fueron decretados,  decisión  ratificada en segunda instancia al desatarse el recurso de apelación  impetrado  contra  esa  negativa. Por ende, no podrían catalogarse como pruebas  sobrevinientes.   

         -Cleofelina  Reatiga  Alvarado  y  Daniel  Alejandro  Serna,  alias  “Kener”,  aparecen  mencionados desde el escrito de acusación. Entonces, no  podrían  considerarse  testigos  cuya posible comparecencia al juicio resultaba  desconocida.   

         -Las  declaraciones  de  Oscar  Barreto, Misael Fernando Rodríguez  Castellanos,  Ivonne  Stella  Mosquera Quiroz, Luis Francined Duarte Echeverri y  Juan  David  Granada Muñoz, son impertinentes e inútiles, pues el conocimiento  que  podrían  brindar está vinculado con hechos diversos a los que son materia  de las presentes diligencias.   

         -En  cuanto  a Juan Villegas, Carlos Fernando Mateus Morales, alias  “Paquita”,  Carlos  Fernando  Acevedo  Gómez,  Hernando  Castellanos, Yidis  Medina  Padilla, el sargento Chocué y el ex juez José Constantino, se trata de  personas  de  las  cuales  hicieron  cita  los  testigos  Rómulo  Iván  Mejía  Gutiérrez   y   Juan   Carlos   Rodríguez,  pretendiéndose  con  sus  relatos  conferírsele  mayor  credibilidad  a  las  versiones de éstos últimos, lo que  constituye   un  aspecto  de  valoración  suasoria  refractario  a  su  posible  pertinencia o utilidad.   

         Por  último,  respecto  de  la  prueba  documental, consistente en  algunos  oficios  que reposan en el proceso iniciado contra Diego Andrés Molina  Llanos,  las  entrevistas  recopiladas  por  investigador de la defensa a varios  funcionarios  de la Fiscalía que conocieron del caso y los oficios emitidos con  motivo  de  la  función administrativa y judicial adelantada por la enjuiciada,  se   omitió   precisar   a   través  de  qué  testigos  de  acreditación  se  incorporarían,  según  lo  previsto en el artículo 429, inciso 2º, de la Ley  906 de 2004.   

                      

ARGUMENTOS DEL RECURRENTE  

El  defensor  apeló  la  determinación en  comento, presentando para el efecto los siguientes argumentos:   

-En cuanto a los testimonios de los fiscales  Oscar  Barreto e Ivonne Stella Mosquera Quiroz, estima que tuvieron conocimiento  de  una  situación  expuesta durante el juicio por el testigo Molina Llanos con  respecto  a  su  captura  y  la  presunta  intervención  que  a  su  favor hizo  OLIVEROS             GUTIÉRREZ,   lo   que  replicaría     el    “hábito”    de  la  acusada “de cometer delitos por  haber  perdido  el  decoro  de  […]  de  servidora  pública”,  entonces,  afirma,  son  pertinentes, al estar orientados a develar  la   existencia   o   no   de  ese  “comportamiento  criminal”.   

Considera   que  se  está  ante  pruebas  sobrevinientes,  puesto  que  previo  a  la  intervención  del mencionado no se  sabía  de  ese  eventual  favorecimiento,  aspecto  relevante  en  tanto  en el  sub  examine  se endilga un  concierto  para  delinquir  por  la  comisión de delitos de concusión, lo que,  per   se,  devela,  a  su  juicio,  la  necesidad  de la prueba, ya que permitiría establecer la presencia  de  una  organización  con vocación de permanencia en el tiempo dedicada a ese  tipo de conductas.   

-Con  relación  a  los testimonios de Luis  Francined  Duarte  Echeverri,  Juan  David  Granada  Muñoz  y  Misael  Fernando  Rodríguez  Castellanos, se procura definir si las afirmaciones tangenciales que  en  el juicio refirieron un eventual conocimiento de su parte con relación a la  hipotética  proclividad de la implicada a incurrir en delitos     -como   lo   sugirió,   por  ejemplo,  Olga  Beatriz  Serrano  Calderón-,  son  verídicas.   

De   esta  forma,  destaca,  “el  objeto  de  la  prueba  termina  siendo  el mismo objeto del  proceso”,  o  sea, determinar la responsabilidad de  OLIVEROS  GUTIERREZ  en  el  injusto  de concusión y verificar si conformó un pacto abocado a esta forma de  criminalidad.   

-En  lo  referente  a  Cleofelina  Reatiga  Alvarado,  Agustín  Sánchez  González y Hernán Ramírez Ortigosa, indica que  en  la  acusación  se reseñaron genéricamente algunas decisiones contrarias a  derecho  para endilgarse el prevaricato en sus dos modalidades, y solo hasta que  se  incorporó la evidencia documental, dice, fue que pudo la defensa establecer  en  concreto respecto de qué providencias y actitudes se predicaban ilicitudes.   

De  este  modo, pregona, al hacerse cita de  ellos  en  varias  dicciones  sus  testimonios  ostentan  el carácter de prueba  sobreviniente,  es  decir,  por  virtud de esas declaraciones aparecieron nuevos  criterios  de  conducencia  y  pertinencia  no  previstos  para  la época de la  audiencia    preparatoria.    Esto   ocurre,   verbi  gratia,  con  Ramírez  Ortigosa,  asistente  de  la  procesada,  pues  en  su  momento  la defensa consideró que no era relevante su  intervención    en    el    juicio,    pero    por    la   (sic)   “evolución  dinámica” del mismo, es  que  se  genera un parámetro distinto con la relevancia suficiente para que sea  escuchado en declaración.   

Similar apreciación aduce en lo atinente a  la  necesidad  de  decretar  el  testimonio  de  Daniel  Alejandro  Serna, alias  “Kener”,  ya  que  solo  en  el  juicio, cuando un testigo mencionó haberse  encontrado  con  él  comentándole  la  propuesta de obtener beneficios para su  declaración,  es  que  emerge  interés  para  la  defensa.  Agregó  que en su  declaración  Molina  Llanos  también  aludió  a  esa  oferta, por lo que debe  despejarse el punto.   

En  estas  condiciones, y luego de asegurar  que  los  documentos  públicos  que  pidió como prueba pueden ser incorporados  directamente  por  la  parte  que los presenta, siendo innecesario el testigo de  acreditación,    solicitó    la    “revocación  integral”  de  la providencia materia de alzada con  el  fin  que se proceda a la práctica de las pruebas postuladas por la defensa,  y  pidió  confirmar  la  decisión,  en  cuanto  a  la negativa de acceder a la  petición de pruebas sobrevinientes realizada por la Fiscalía.   

LOS NO RECURRENTES  

1.  El  delegado  de  la Fiscalía señaló  tratándose  de  los  testimonios  de  Oscar  Barreto  e  Ivonne Stella Mosquera  Quiroz,  los  cuales asocia la defensa con el esclarecimiento de las condiciones  en  que  se cometió un delito de concusión, que se deja de tener en cuenta que  por  esta  ilicitud se elevaron cargos derivados de hechos determinados. De esta  manera,  si  la  acusada  influyó  o no en la libertad otorgada a Diego Andrés  Molina  Llanos,  es  un  aspecto  ajeno  a  los sucesos materia de juzgamiento e  incluso  se  ajustaría  a otra figura delictiva como el tráfico de influencias  que   ameritaría   investigación  por  separado,  siendo  tales  declaraciones  impertinentes.   

Lo   mismo   considera  respecto  de  los  testimonios  de  Luis  Francined  Duarte  Echeverri, Juan David Granada Muñoz y  Misael  Fernando  Rodríguez Castellanos, al estar vinculado el conocimiento que  podrían  aportar  a  una  situación distinta que actualmente es objeto de otra  radicación.   

Tratándose de Cleofelina Reatiga Alvarado,  Agustín  Sánchez  González y Hernán Ramírez Ortigosa, estima que basta leer  el  escrito  de  acusación  para  colegir  que  los  delitos de prevaricato por  acción  y  omisión  se  imputan  por  decisiones  puntuales,  por ende, no hay  imprecisión  alguna  como  ya se había aducido infructuosamente al solicitarse  su  nulidad.  En  consecuencia,  asevera,  una mediana actividad por parte de la  defensa  pudo  haber  permitido  avizorar la necesidad o no de que hubiesen sido  convocados  a  juicio,  según  lo  percibe  con Sánchez González, de quien se  descubrió su entrevista.   

Por   último,  en  lo  referente  a  los  documentos,   estima,   solo   pueden  ser  aportados  por  el  sujeto  procesal  directamente  cuando  son  originales,  no  copias,  condición  esta que tienen  aquellos  aducidos por la defensa. En ese orden, pidió confirmar la providencia  impugnada,  aclarando  que  no  hay  lugar  a que se ratifique en la negativa de  pruebas  sobrevinientes  formuladas  por  la Fiscalía, por cuanto frente a esta  determinación  no  se  presentó  ningún  recurso  quedando así ejecutoriada,  llamando  la  atención en que es la cuarta ocasión en que la defensa cuestiona  ante  el  superior  el proceder del juzgador de primera instancia sin fundamento  jurídico   atendible,   lo   que  incide  en  la  dilación  injustificada  del  trámite.   

2.  Por  su  parte  el  representante  del  Ministerio  Público  indicó, luego de referirse al tema de carga de la prueba,  que  al  momento  de  practicarse  estas en el juicio oral necesariamente quedan  algunos  asuntos que no pueden dilucidarse en su totalidad en consonancia con la  aproximación  a  una  verdad  procesal,  no  real  ni  histórica, propia de la  filosofía  del  sistema  penal  acusatorio.  Por tanto, en su criterio, resulta  excluyente  que la defensa pretenda a partir de pruebas sobrevinientes verificar  si  lo  dicho  por  los testigos en su intervención es cierto o no por ser este  examen  consustancial  a  la  fase  de  valoración  probatoria que acompaña la  emisión  de  la  sentencia,  y  menos  aún, si son testigos presentados por la  fiscalía.   

No obstante, señala que los testimonios de  Luis  Francined  Duarte Echeverri y Juan David Granada Muñoz son admisibles, al  contar  los  mencionados probablemente con información concerniente a gestiones  ilícitas  de  la  procesada  encaminadas  a  favorecer  a  Juan David González  Muñoz,  según lo afirmaron los testigos Serrano Calderón y Mejía Gutiérrez,  al  exigir  supuestamente una contraprestación. Es una aseveración que surgió  durante  el  juicio  oral  y  resulta  pertinente  por  guardar relación con la  imputación  del  delito  de  concierto  para delinquir con fines de concusión,  así,  de  corroborarse  este  escenario, se establecería si en efecto existía  una  organización  dirigida  por  OLIVEROS GUTIÉRREZ  dedicada  a  la  comisión  de  conductas  de similar  naturaleza.  Asegura,  que  no  se  trata  de  investigar en esta actuación tal  situación  sino de cotejar el asidero de la acusación formulada en ese sentido  por  la  Fiscalía.  Con respecto a los documentos, no hizo ninguna observación  en particular.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

1. La Sala es competente para pronunciarse  sobre  el  recurso  de apelación interpuesto en estas diligencias, al tenor del  artículo  32,  numeral  3º,  del  Código  de  Procedimiento Penal que rige el  asunto, Ley 906 de 2004.   

2.  Conforme  con el recuento efectuado en  precedencia,  se  vislumbra que el marco conceptual propuesto en la impugnación  se  circunscribe  a:  i)  la  discusión  acerca  de  la admisibilidad de varias  pruebas   a   practicar   en   el  juicio  oral  por  su  alegado  carácter  de  sobrevinientes,  y  ii)  si  es posible, tratándose de documentos públicos, su  incorporación  sin  testigos de acreditación. Son estos, entonces, los temas a  abordar:   

3.  El descubrimiento probatorio es uno de  los  pilares  del  sistema penal acusatorio derivado, entre otros, del principio  de  igualdad  de  armas.  También es expresión de otros principios como los de  lealtad,   defensa,  contradicción,  objetividad,  legalidad  y  garantiza  que  ninguno   de   los   intervinientes   sea  sorprendido  por  los  elementos  de  prueba  que  va  a  pedir su  oponente  para  el  juicio  oral.  Apunta  a  que  fiscalía  y defensa conozcan  oportunamente   cuáles  son  los  elementos  de  prueba  sobre  los  cuales  su  contraparte  fundará  su  teoría  del  caso  y, de ese modo, cada uno asuma la  estrategia connatural a su rol.     

Este descubrimiento no se agota en un solo  momento  sino  que es paulatino, decantando la Corte en su jurisprudencia que va  desde  la  formulación  del escrito de acusación abarcando, incluso, el juicio  oral  (Cfr. CSJ AP, 8 Nov 2011, Rad. 36177). Sin embargo, para esta última fase  está    condicionado    a    que    durante    su    trancurso,    “alguna   de   las   partes   encuentr[e]  un  elemento  material  probatorio   y   evidencia   física   muy   significativo   que   debería  ser  descubierto”,  en ese caso, refiere el artículo 344  de  la  Ley  906 de 2004, lo pondrá en conocimiento del juez, quien, oídos los  intervinientes  y  atendiendo  el perjuicio que podría producirse al derecho de  defensa  y  la integridad del juicio, decidirá si es excepcionalmente admisible  o debe excluirse.   

3.1.  En el presente asunto, el recurrente  estima  que  concurren  los  requisitos específicos de este canon, pero deja de  considerar  en  su  tesis  que  el  instituto  solo opera ante circunstancias de  inusitada  connotación,  en tanto el descubrimiento probatorio oportuno resulta  tan  superlativo  que  los  artículos  346  y  374  de  la citada codificación  prevén,  en  su  orden,  que  si  no  se  lleva a cabo en la formulación de la  acusación  o  en  la  audiencia  preparatoria,  “no  podrán  ser  aducidos  al  proceso  ni  convertirse  en  prueba  del  mismo, ni  practicarse  durante  el  juicio” aquellos medios de  conocimiento  no  invocados  en  dichas  oportunidades.  Y  no puede ser de otra  manera,  toda vez que el ámbito de debate sobre las aristas de interés para el  ejercicio  de  la  acción penal se delimita en las fases antecedentes al juicio  oral,  por lo que la práctica de pruebas luego de esos escenarios desquiciaría  su secuencia lógica.   

Bajo esa perspectiva, ha de decirse que es  claro   que  los  testimonios  que  pide  la  defensa  no  se  acompasan  a  esa  connotación  extraordinaria,  siendo  palmario que en su discurso desnaturaliza  la  teleología de la figura y pasa por alto además las precisiones que la Sala  le  hizo  en  el  auto del 21 de mayo de 2014 proferido en el radicado 42864, en  orden  a  que para la solicitud de pruebas, en general, no puede dejarse al azar  su  necesidad  ante una “presunción de pertinencia,  conducencia  o  utilidad”, ni muchos menos pretender  que   su   práctica   responde  a  criterios  sujetos  al  albur,  “a  ver  qué  pasa”  o “por si acaso”:   

        3.2.   El  nexo  de  causalidad  a  partir  del  cual  depreca  los  testimonios  de  Oscar  Barreto,  Ivonne  Stella Mosquera Quiroz, Luis Francined  Duarte  Echeverri,  Juan  David  Granada  Muñoz  y  Misael  Fernando Rodríguez  Castellanos  lo  constituye  la  cita  que  de  ellos hicieron otros declarantes  durante   el  juicio  oral.  De  esta  forma,  el  impugnante  erróneamente  se  circunscribe  a  asimilar que esa llana remisión a terceras personas reúne las  condiciones  para  ser  entendida  automáticamente  como  prueba sobreviniente,  desconociendo  que  una serie de reenvíos de este tipo efectuada por el testigo  cobra  relevancia  al  momento  de la valoración de su relato, el que ha de ser  cotejado  en  conjunto  con  las  demás  probanzas  recaudadas en la actuación  (artículos  372,  380 y 404 de la Ley 906 de 2004).1   

         

De  asumirse  lo contrario se llegaría al  absurdo,  según lo indicó el Ministerio Público, de tener que verificarse una  sucesión  indeterminada  de referencias tantas veces como estas existan, lo que  entrabaría  el  devenir  del  proceso ante la convergencia de esta cuestionable  regla  probatoria  y  tal vez auspiciada por la comprensión difusa que tiene el  apelante  del  deber  de  cotejar  citas  aplicable en vigencia de la Ley 600 de  2000,  tratándose  de  aquellas  realizadas  durante la indagatoria2  y  que  de  ninguna  manera  puede  equipararse  ni  asemejarse  al  concepto  de  prueba de  refutación  (Cfr.  CSJ  AP  4787-2014),  obviándose  así  la  naturaleza  del  régimen que rige las presentes diligencias.   

         

        Aunado  a  que  para  sustentar la procedencia de estas pruebas, se  remite  residualmente  a  la ya aludida “presunción  de   utilidad”,  pretensión  carente  de  soporte  argumentativo  válido  si  se  atiende  que  la  imputación del concierto para  delinquir  simple  por  el  despliegue  de  injustos  contra  la administración  pública  proviene  de  ciertos acontecimientos individualizados y precisados en  la   acusación,  no  por  otros.  Además,  con  estos  testimonios  se  quiere  establecer  la  presencia  o  no en OLIVEROS GUTIÉRREZ  de     una    personalidad    criminal,   thema   probandum   a  todas  luces  impertinente  porque  la  situación  que  interesa  al  derecho  penal lo es la  presunta  comisión  de  varias conductas catalogadas como delitos cometidas con  culpabilidad,  no las calidades de quien se señala responsable, en concordancia  con  el derecho penal de acto contemplado en el artículo 29 de la Constitución  Política.   

Por  eso, lo procedente es que se adelante  una  investigación  separada de esos sucesos, bien sea de oficio o por compulsa  de  copias,  y  no  procurar  su  debate en este trámite, pues, adicionalmente,  podría  conculcarse  el principio de congruencia al incluirse circunstancias no  plasmadas en el instante procesal correspondiente.   

Ahora,  la  única incidencia para efectos  del  atentado contra la seguridad pública, en orden a la inquietud del delegado  de  la  Procuraduría,  es  que  en  esa  otra hipotética actuación no podría  endilgarse  de  nuevo  la  comisión  del  concierto para delinquir con fines de  concusión,  ya  que  no  habría lugar a juicio de reproche por un contexto que  resultaría  ontológicamente idéntico al aquí juzgado, por causa de un delito  de  ejecución  permanente  que,  en  principio, por esa condición, descarta su  configuración  plural  o  su  persecución coetánea por autoridades judiciales  distintas  (CSJ  SP,  18  Ene  2001,  Rad.  14190).  Ello,  sin  perjuicio de la  posibilidad  del  concurso  para  cada  uno de los injustos que, de ser el caso,  hayan sido agotados en desarrollo del convenio ilegal.   

3.2.  En  lo  referente a Hernán Ramírez  Ortegoza,  Agustín  Sánchez  González,  Cleofelina  Reatiga Alvarado y Daniel  Alejandro  Serna,  alias  “Kener”,  según  lo  indicó  la  fiscalía,  una  actividad  defensiva  rigurosa  hubiese  permitido  advertir  en  su  momento la  relevancia  o no de su comparecencia al juicio de cara a la estrategia concebida  para  el mismo, de tal forma que los resultados de ese plan de acción no pueden  replantearse  -y  mucho menos justificarse- a partir de variables sometidas a la  aleatoriedad  de  su  devenir  o  a las eventualidades acaecidas en la práctica  probatoria.   

Por  consiguiente,  no puede acudirse a la  figura  de  las  pruebas sobrevinientes de modo residual para postular elementos  de  juicio  que  debieron  haber  sido  pedidos  en  su  debida  oportunidad, ni  constituye  una  instancia adicional a la audiencia preparatoria, pues se trata,  conforme  se  consignó  en  precedencia,  de  un instituto caracterizado por la  excepcionalidad,  lo  imprevisible,  lo  repentino,  lo  inesperado. Por eso, ha  dicho  la Sala que “la prueba sobreviniente no está  diseñada  para  habilitar  un  nuevo  periodo  de  descubrimiento  orientado  a  remediar  las  omisiones  de  las  partes  en el trabajo investigativo que deben  realizar  para sustentar su teoría del caso.”. (CSJ  AP 3136-2014).   

Entonces,   inciertos   y   discutibles  imponderables  en  el juicio no habilitan indefinidamente un comodín perenne de  interés  de la defensa o de  otro  sujeto  procesal  para pedir pruebas en su transcurso. En especial, porque  en  este caso concreto, entre otros, la existencia de decisiones que vinculaban,  por  ejemplo,  a  Cleofelina  Reatiga  Alvarado,  se  plasmó expresamente en el  escrito   de   acusación   con   números  de  radicación  y  nombres  de  los  investigados,  incluido  Daniel  Alejandro  Serna, alias “Kener”3, así, desde  ese  momento,  podían  visualizarse  como  potenciales  testigos. De otro lado,  tratándose  de  Hernán  Ramírez  Ortigoza  y  Agustín Sánchez González, la  práctica  de  sus  declaraciones fue deprecada en audiencia preparatoria por la  defensa  siendo  negadas,  por tanto, la prueba sobreviniente, se subraya, no es  vía  para  que  se suplan las falencias de argumentación que condujeron a ello  al  no  ser una suerte de agregado al oportuno descubrimiento probatorio. Ese es  el  sentido  del  artículo  346  de  la  Ley 906 de 2004, cuando impele al Juez  rechazar  los  elementos  probatorios  y  evidencia  físicas  no  descubiertos,  excepto   si  la  omisión  surge  “por  causas  no  imputables a la parte afectada”.   

3.3.  En  consecuencia,  la  negativa a la  práctica   de   los  testimonios  citados  en  precedencia  será  confirmada,  coincidiendo la Corte con el  delegado  de  la  fiscalía en que resulta inconsistente que en la apelación se  solicite  ratificar el proveído en lo concerniente a la negativa a la petición  invocada  por  el  representante  del  ente  acusador,  en  la medida en que esa  determinación no fue objeto de alzada.   

4.  En  lo  atinente a la introducción de  documentos   públicos   a   la   actuación   sin   necesidad  de  testigos  de  acreditación,  como  excepción  a  lo  consagrado  en  el  artículo 429 de la  normatividad  en  comento,  basta  con decir que independientemente de que estos  sean  originales  o  copias,  la  jurisprudencia ha establecido que debe tenerse  claridad  acerca  de  la procedencia de los mismos, por lo que su incorporación  está   sometida  a  las  reglas  generales  establecidas  para  este  medio  de  prueba:   

“El  trato no puede ser diferente cuando  lo  concernido  responde  a  documentos oficiales, que si bien conforme al canon  425  ejúsdem,  participan de la presunción de autenticidad, no por ello están  librados de la posibilidad de ser falsificados.   

Es     verdad     que    en    otras  latitudes4  esa  presunción  torna  en  inoficiosa  la figura del testigo de  acreditación,  pero es que aquella también opera de manera diferente a como se  hace  en  la  legislación  patria,  puesto que los originales de los documentos  públicos  per  se, no la adquieren, menos las copias de los mismos. Sobre ambos  puede   recaer  la  autenticidad  presunta  a  condición  de  que  se  observen  determinados  requisitos  como  el  respectivo  sello  oficial  y  la  firma del  funcionario  y  cuando  aquel  no  se  cumple  es  menester  que el documento se  acompañe  de  certificación de quien ostenta un cargo con competencia para dar  fe  de  que  la  firma  es genuina; en dicha constancia, inexorablemente se debe  plasmar el sello correspondiente.   

En  cuanto a las copias, para que obre tal  privilegio,  su  anexo  imprescindible es el documento expedido por el guardador  legal  del  registro  confeccionado  en  papel  que lleve impreso el sello antes  mencionado.   

Entendida   así   la   presunción   de  autenticidad  de  los documentos públicos, es poco probable que pueda servir de  medio  idóneo  y sencillo para que las partes la manejen a su antojo con vistas  a sacar avante su teoría del caso.   

Es  un  hecho cierto que, en Colombia, ese  mecanismo  mal  puede  dejarse  descansar sobre las exigencias ya vistas, al ser  evidente  que  la expedición de un documento público está despojado de tanta,  o  mejor,  de  idéntica  formalidad;  con  mayor  rigor,  debe  negarse que sea  trasplantado  a sus copias. Por ello es que la figura de la prueba documental en  el  sistema  de  enjuiciamiento que describe la Ley 906 de 2004, en la audiencia  de  fondo  está  atada al testigo de acreditación, siempre que el evento esté  desprovisto  de  la  urgencia  de  recurrir  a  los métodos de autenticación e  identificación plasmados en el artículo 426 del mismo estatuto.   

En esas circunstancias y, siguiendo con la  misma  legislación, debe atenderse a lo dispuesto en su canon 337.5.d. que crea  el  requisito del testigo de acreditación para la aducción, entre otros, de la  prueba documental a la audiencia del juicio oral.   

De  todas maneras y con razón, la Sala ya  había  precisado acerca de lo imprescindible que resultaba dicha figura en aras  de  la  incorporación de documentos públicos a la audiencia del juicio oral, a  pesar  de  que  se  encuentren dentro de las previsiones del artículo 425 de la  Ley  906 de 2004 ya que ello conlleva a dejar de lado la autenticación referida  en  el  canon 426 subsiguiente, sin exceptuarla de la formalidad relacionada con  dicho testigo”. (CSJ AP 5233-2014).   

        Este  contexto  es suficiente para advertir que en dicho aspecto la  providencia      impugnada      también      ha     de     ser     confirmada. No obstante, cabe agregar que  la  pregonada calidad de pruebas sobrevinientes de estos documentos es precaria,  por  razón  de las mismas circunstancias anotadas en precedencia y debido a que  la  argumentación  ofrecida  por  la  defensa  enfatiza en la condición de los  documentos  en  vez de señalar cualquier referencia plausible a su pertinencia,  conducencia  y  utilidad,  lo que confluye a consolidar la conclusión acerca de  su improcedencia.   

5.  Por  último, la Sala no pasa por alto  que  las presentes diligencias se han remitido a esta Corporación para resolver  peticiones  de  la  defensa  que  en todas las ocasiones, conforme aparece en la  motivación  de  las  decisiones  proferidas,  obedecen  a  premisas  jurídicas  inconsistentes,  dilatándose  así el adecuado desarrollo del trámite. De esta  forma,  el  togado  que  la  tiene  a  su  cargo ha de estar atento a acatar los  principios  que  orientan  la actuación procesal, entre los que se encuentra la  necesidad  de  lograr  la  eficacia  del  ejercicio  de  la justicia5,  pues no se  compadece  con esa directriz la presentación de postulaciones infundadas según  aconteció  con la recusación extemporánea en su momento impetrada6,  so pena de  incurrir  en  actitudes que den lugar al ejercicio de facultades correccionales,  como esta reconvención. (Cfr. en lo pertinente CSJ AP 2215-2014).   

En  mérito  de  lo expuesto, LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

R E S U E L V E  

CONFIRMAR el auto  proferido  por  la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Neiva,  el  10  de  octubre  de  2014,  por medio del cual negó la práctica de  pruebas    sobrevinientes    elevada    por    el   defensor   de   TATIANA  OLIVEROS GUTIÉRREZ, conforme con  lo consignado en la parte considerativa de esta providencia.   

Contra  la  presente  decisión no procede  recurso alguno   

Comuníquese, cúmplase y devuélvase al  Tribunal de origen   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Recuérdese  que  esta circunstancia, de hecho, fue la  que   llevó  al  a  quo  a  descartar  la procedencia de las declaraciones de Juan Villegas, Carlos Fernando  Mateus  Morales,  alias  “Paquita”, Carlos Fernando Acevedo Gómez, Hernando  Castellanos,  Yidis  Medina  Padilla,  el  Sargento  Chocué  y el ex juez José  Constantino,  destacándose  respecto  de  los  dos últimos que las referencias  tangenciales   acerca   de  su  identidad  de  por  si  hacían  inadmisible  la  petición.   

2  Artículo  338,  “[…] El  funcionario  judicial ordenará las pruebas necesarias para verificar las citas,  comprobar  las  aseveraciones  del  imputado  y  las  que  se  requiera  para la  definición  de  la  situación  jurídica del sindicado, además de las pedidas  por los sujetos procesales intervinientes”.   

3  Cfr.    Folio    18    y   siguientes   escrito   de  acusación   

4  Ver  Ernesto  Chiesa,  Tratado  de  Derecho  Probatorio,  Tomo  II,  Pags.  938 y ss.   

5  Ley 906 de 2004, artículo 10   

6  Cfr.  sesión audiencia de 19 de agosto de 2014 / Cfr.  Fl. 62 cuaderno actuación 2     

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