AP1023-2016(47332)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP1023-2016  

Radicación N° 47332  

(Aprobado Acta Nº 46)  

Bogotá, D. C., veinticuatro (24) de febrero  de dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la Sala los requisitos de lógica y  debida   argumentación   de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  representante  de  la  parte civil, contra la sentencia del Tribunal Superior de  Bogotá,  proferida  el  5  de agosto de 2015, por medio de la cual confirmó la  dictada  por  el  Juzgado  Segundo  Penal del Circuito de Descongestión de esta  ciudad   y   absolvió   a   Jairo   Humberto  Vargas  Tobo  y  Jorge  Elí  Ávila  Castro del delito de estafa.   

HECHOS  

El   Ad   quem  los resumió así:   

El día 27 de abril de 2002, el señor JAIRO  RAUL  ZARATE  GARCIA  (sic),  le  dio en venta a JORGE ELÍ ÁVILA CASTRO, siete  tractomulas  y  éste  le  entregó como parte de pago un vehículo campero Gran  Vitara,  placa  BLL-867,  avaluado  en  la suma de $50.000.000.oo, vehículo que  resultó  hurtado  y con documentación falsa. Meses después el SETT de Bogotá  formuló  denuncia  penal  (sic) toda vez que según revisión de documentos del  vehículo  de  placa  BLL-867 y placa BNW-197, estaban matriculados con el mismo  guarismo  de  identificación  y  por  consiguiente solicitó a la Fiscalía que  proceda  a  cancelar  la  matrícula  inicial  del vehículo que aparezca con la  documentación                alterada1.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Dispuesta  la apertura de investigación  previa,  fase  dentro de la cual se admitió la demanda de parte civil formulada  a   nombre   de   Jairo   Saúl   Zárrate  García2, la Fiscalía 178 Seccional de  la  Unidad  de  Delitos  contra  la  Fe  Pública y el Patrimonio Económico, en  resolución  del  6  de  febrero  de  2006,   se   abstuvo   de   iniciar   formal   investigación3, decisión que  la  Fiscalía 26 Delegada ante el Tribunal revocó el 20 de noviembre siguiente,  al  resolver  el  recurso  de  apelación formulado por el apoderado de la parte  civil4.   

En consecuencia, el 22 de diciembre del mismo  año,  el  funcionario  A quo  dispuso   la   apertura  de  instrucción  y  vinculó  mediante  indagatoria  a  Jorge  Elí  Ávila Castro5.   

El cierre de la investigación tuvo lugar el  19       de       septiembre       de      20076 y la calificación del mérito  del  sumario  el 30 de octubre siguiente, con preclusión de la investigación a  favor       de      Ávila      Castro,    por    el    delito    de    estafa  agravada7,  decisión  que fue recurrida en apelación por el apoderado de la  parte civil.   

El  4  de  junio  de  2008,  la Fiscalía de  segunda  instancia  declaró  la  nulidad  de  lo actuado a partir del cierre de  investigación   y,   en   su   defecto   dispuso   que  se  continuara  con  la  instrucción8.   

Por  lo  anterior  la  Fiscalía  Seccional  practicó   algunas   pruebas,  vinculó  mediante  indagatoria  a  Jairo     Humberto     Vargas    Tobo9  y,  una  vez  decretó  el  cierre  de la investigación10,  el  12  de  julio  de  2010  calificó   el  mérito  del  sumario  con  resolución  acusatoria  contra  los  implicados  por  el  delito  de  estafa  agravada  por  la  cuantía,  según lo  dispuesto   en   los  artículos  246  y  267-1  del  Código  Penal.   

Así         mismo,  precluyó  la investigación a favor de  los  implicados,  respecto  del delito de obtención de documento público falso  agravado    por    el    uso,   por   haber   operado   el   fenómeno   de   la  prescripción11.   

2. Celebradas las audiencias preparatoria, el  1º       de       febrero       de       201112,   y   pública,   que  culminó  el  2  de  febrero  de  201513, el Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Descongestión  de  Bogotá,  en  providencia  del  20  del  mismo  mes  y año,  profirió   sentencia   absolutoria   a  favor  de  los  enjuiciados14,  decisión  que  fue  confirmada  el  5  de  agosto  siguiente,  por el Tribunal Superior de  Bogotá,  al  conocer  del recurso de apelación interpuesto por el apoderado de  la              parte              civil15.   

LA DEMANDA  

Cargo        único.   

El  libelista acusa la violación directa de  los  artículos  10  y  246  del Código Penal, los cuales no fueron debidamente  interpretados  por  los  juzgadores  de  primera  y  segunda  instancia, quienes  fundaron  la  ausencia  de  responsabilidad  penal de los procesados, en que las  condiciones  académicas,  sociales  y  de  experiencia  del  denunciante  en la  actividad  de  compra y venta de automotores, le permitían advertir o desplegar  actos tendientes a derruir el artificio del que era víctima.   

Adicionalmente,   el  A  quo  acudió a la acción a propio riesgo y al principio de  posición  de  garante,  para  escudar que la falsedad documental y el perjuicio  económico  causado a su mandante, quedaron subsumidos en las omisiones y exceso  de confianza con que éste actuó.   

El demandante considera que este asunto debe  ser  sometido al estudio del derecho penal, toda vez que concurren los elementos  constitutivos   de   la  estafa,  pero  los  falladores  entendieron  de  manera  inadecuada  que  las  condiciones  de  su representado le permitían advertir el  engaño, lo cual, conforme a  la   descripción   legal   del   injusto   y  a  la  jurisprudencia16,   no  es  suficiente para emitir un fallo absolutorio.   

Explica  que  a su poderdante no se le puede  aplicar  la  figura  de  la  acción  a  propio  riesgo, dado que no conocía el  peligro  que  se  cernía  sobre  su  patrimonio,  ni llegó a un acuerdo con su  contraparte  para  asumir  tal  eventualidad.  Por  el  contrario,  Jairo  Saúl  Zárrate  García  no  percibió  la  falsedad  de  los  documentos que de forma  amañada   le  presentó  Ávila  Castro  para  realizar  el negocio, pero no a causa de su descuido, sino por  el  actuar habilidoso y reprochable de aquél y sus condiciones de comerciante y  dueño del vehículo.   

Además,  la  confianza  depositada  por  el  ofendido  en el procesado, fue el factor determinante en la operación porque ya  habían  realizado  otros  negocios  por  un  espacio  de tiempo suficiente para  generar  un  desprendimiento  normal entre comerciantes, lo cual fue aprovechado  por          Ávila         Castro.   

Recalca,  tras  evocar el pronunciamiento ya  indicado,  que  «fue la confianza depositada sobre el  vendedor  la  que confluyó en que mi mandante realizase el negocio sin advertir  el  engaño,  la  falsedad y menoscabo de que fue víctima, factor relevante que  los  falladores  no  tuvieron  en  cuenta  y  que  por  ende  desembocó  en  la  interpretación  inadecuada  de  los  artículos antes mencionados».   

Al  finalizar, cita doctrina extranjera para  afirmar  que  no  existen  elementos de tipo dogmático que permitan sostener la  decisión adoptada por los juzgadores.   

Solicita se case la sentencia recurrida y, en  su lugar, se profiera fallo condenatorio.   

CONSIDERACIONES  

1. Cuando se invoca la violación directa de  la  ley sustancial, es preciso que la proposición y desarrollo de la censura se  ajuste  a  determinados  parámetros lógicos orientados a establecer, de manera  clara  y  precisa,  un  error  en  la  aplicación  del  derecho.  Por tanto, la  argumentación  se  debe construir en el plano netamente jurídico, al margen de  cualquier  debate  sobre  los  hechos declarados en el fallo y de la estimación  otorgada  al  conjunto  probatorio  que sirvió de sustento a la decisión, bien  sea   para  demostrar  que  el  juzgador  incurrió  en  falta  de  aplicación,  aplicación    indebida    o    interpretación    errónea   de   un   precepto  sustancial.   

En este caso, el libelista reprocha la errada  interpretación  de  los  artículos 10 y 246 del Código Penal, pero ninguno de  sus  argumentos  se  orienta  a  evidenciar  la  ocurrencia  de  ese  defecto de  selección normativa y su incidencia en la decisión objetada.   

La jurisprudencia de la Sala tiene decantado  que  esa  especie  de  desatino  se verifica cuando el  juzgador  acierta  en  la selección de la norma llamada a regular el caso, pero  al  interpretarla  le  atribuye  un  sentido  jurídico que no corresponde, o le  asigna unos efectos distintos a su real contenido.   

          El  demandante  encamina  su  disenso  a  cuestionar el criterio del  Tribunal,  según  el  cual,  las  condiciones de Jairo Raúl Zarrate García le  permitían  advertir  el  engaño  del  que  era  víctima,  pues asegura que su  representado  desconocía  el  peligro  que  se  cernía  sobre su patrimonio y,  además,   no   llegó   a  un  acuerdo  con  su  contraparte  para  asumir  tal  eventualidad.   

          Con  nitidez  se  percibe  que  su  verdadera  discrepancia  radica,  justamente,  en  la  declaración fáctica y en la valoración probatoria de los  sentenciadores,  en  total  alejamiento del análisis jurídico que presupone la  interpretación  errónea  de una norma sustancial, por la vía directa, pues no  se  detecta  análisis  alguno  destinado  a ilustrar la manera como el juzgador  otorgó  al  precepto  un  alcance  indebido  o  un  sentido  jurídico  que  no  corresponde a su contenido.   

          El  libelista  atenta contra la viabilidad del recurso al asumir que  en  este escenario es factible presentar los hechos y exponer una valoración de  las  pruebas  distinta  a  la  contenida  en  el  fallo, sin reparar que ninguna  censura  se  puede  cimentar  en el desacuerdo que se tenga en cuanto al mérito  asignado  a  determinados  elementos de juicio pues, de todos modos, el criterio  judicial  prevalece  sobre  cualquier otro, salvo que se demuestre, con apoyo en  la  causal  de  casación  pertinente,  que  en la apreciación de los medios de  prueba  el  juzgador  desconoció  los  parámetros  que  rigen  el  sistema  de  valoración probatoria.   

Súmese  que  al  involucrar  en  el  cargo,  argumentos  que  responden  a diversas especies de error, entiéndase violación  directa  e  indirecta  de la ley sustancial, es imposible determinar cuál es el  verdadero   propósito   de  la  recurrente,  con  lo  cual  deja  de  lado  los  presupuestos  de  claridad  y  precisión  que deben ostentar las construcciones  argumentativas    destinadas    a    evidenciar    la   ilegalidad   del   fallo  recurrido.   

          2.  La  Sala  observa,  adicionalmente, que el casacionista pretende  prolongar  un  debate  que  se  agotó  en  las  instancias,  al  aducir  que su  poderdante  no  percibió la falsedad de los documentos que de forma amañada le  presentó  Ávila Castro, para  realizar  el negocio, no por descuido suyo, sino en virtud del actuar habilidoso  y  reprochable  de  aquél  y  sus  condiciones  de  comerciante  y  dueño  del  vehículo.   

Precisamente,  ese  reclamo,  así  como  el  referido  a  la  confianza  depositada  por  el ofendido en dicho procesado, fue  ampliamente  examinado  por  el  juez  plural,  quien discernió que las pruebas  aportadas  no  ofrecían claridad sobre los elementos constitutivos de la estafa  y  de  ahí  que,  al igual que el A quo, se  pueda  pregonar la atipicidad del comportamiento endilgado a los  acusados   ante   la   ausencia   de   inducción   en   error,  a  través  del  engaño.   

Obsérvense  algunas  de las consideraciones  del fallador de segunda instancia que soportan esa conclusión:   

i)  El  denunciante  era  el  gerente  de la  empresa  Energizar  S.A.,  que  tenía como actividad comercial, entre otras, la  importación,   exportación   y  distribución  de  toda  clase  de  vehículos  automotores,  por  lo  cual  no es de recibo el argumento de su apoderado, en el  sentido  de que a pesar de ser una persona preparada, no contaba con experiencia  en  la  compraventa  de vehículos, contrario a lo que ocurría con Ávila   Castro,  quien se dedicaba a esa actividad.   

ii)  El  automotor,  objeto  del negocio, le  había  sido  entregado  a  Zárrate  García en parte de pago por la venta de 7  tracto-camiones,  disfrutaba  de  su uso sin que nadie le reclamara al respecto,  es  así  que  fue  objeto  de  negociación  siendo registrada la propiedad del  rodante  a  nombre de la empresa que aquél representaba y a su vez lo traspasó  a Rubén Darío Gómez Hidalgo.   

iii)    Se   probó   que   Ávila  Castro  obtuvo el vehículo en una  transacción  realizada en la compraventa o casa de empeño “Casa Comercial la  Octava”,  sin  que se lograra establecer que sabía de la procedencia ilícita  del  automotor,  como  tampoco  la  intención dolosa coetánea al momento de la  negociación, que permita detectar el engaño.   

iv)  No  se desconoce que los documentos del  vehículo  eran  falsos,  pero  esa  no  es  razón suficiente para pregonar que  Ávila Castro conocía de esa  situación  pues,  como  se  estableció  de  las  declaraciones  recibidas,  el  vehículo  junto  a  la  documentación los había recibido en la compraventa de  propiedad  del  otro  procesado,  Jairo Humberto Vargas  Tobo, siendo posible que asumiera que tales documentos  no presentaban reparo alguno.   

v)   No   se   probó   que   Ávila  Castro hubiese actuado sesgadamente  o  aprovechándose  del denunciante, más cuando Vargas  Tobo   afirma   que   fue   el  administrador  de  la  compraventa,  esto es, Eduardo Naranjo Aponte, quien debió realizar el trámite  y  estar  al  tanto  del  origen  del  automotor.  Sin  embrago, no se logró la  ubicación de éste para escucharlo en declaración.   

vi)  Si  bien  no  se  logró  acreditar que  Ávila    Castro   había  realizado  consulta  en  la  SIJIN  a  través de su empleado Jhon Jairo Agudelo  Velásquez,  esto  no  lleva  a afirmar que sabía de la irregular situación y,  por  el  contrario,  no  se  entiende  que  de  haberla  conocido,  entregara el  automotor  y  la documentación, sabiendo que se exponía a que tarde o temprano  fuera descubierto para responder por esa irregularidad.   

3. Los anteriores razonamientos no  fueron  estimados  por el demandante, quien limita su esfuerzo a  insistir  que  su  representado  sí  fue  víctima  de  un  engaño, dejando el  reproche  sin  la  debida  sustentación  para  desvirtuar  los  cimientos de la  sentencia,  toda  vez  que  su  discurso responde al exclusivo interés de sacar  avante   una   tesis   de  solución  distinta  a  la  expuesta  en  los  fallos  censurados.   

4. Bastante se ha insistido, que la casación  no  es un instrumento que permita continuar con el debate jurídico y probatorio  cumplido  en el proceso, ni postular alternativas de solución al caso debatido,  en  cuanto  se  parte  del supuesto que éste culminó con el fallo proferido en  segunda  instancia,  cuya  presunción de acierto y legalidad compete desvirtuar  al  demandante  en el marco de alguna causal expresamente contemplada en la ley,  con   observancia  de  los  presupuestos  de  lógica  y  debida  argumentación  inherentes al motivo invocado.   

Se  concluye  que  el  demandante  dejó  de  atender  a  los  mínimos  requerimientos  de claridad, precisión y coherencia,  indispensables   para   entender   el  sentido  de  la  censura,  así  como  la  identificación    del    dislate    aducido    y    la   concreción   de   sus  consecuencias.   

5.  Como tampoco la Sala advierte flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  ni  causales  de nulidad, no surge la  necesidad de pronunciarse de oficio.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  formulada     por     el     apoderado    de    la    parte    civil.   

En  consecuencia,  se  ordena  devolver  la  actuación al Tribunal de origen   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Notifíquese y cúmplase  

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1  Folios 3 y 4 Cuaderno del Tribunal.   

2  Folios 11 y 12 Cuaderno de parte civil.   

3  Folios 56 a 60 Cuaderno principal.   

4  Folios 3 a 7 Cuaderno 2 Segunda Instancia de la Fiscalía.   

5 Folio  78 Cuaderno Principal.   

6 Folio  100 Ib.   

7  Folios 105 a 109 Ib.   

8  Folios 3 a 6 Cuaderno 3 Segunda Instancia de la Fiscalía.   

9 Folio  184 y 192 a 195 Cuaderno Principal.   

10  Folio 196 Ib.   

11  Folios 208 a 216 Ib.   

12  Folios 22 a 29 Cuaderno original 1.   

13  Folio 145 Ib.   

14  Folios 146 a 155 Ib.   

15  Folios 3 a 19 Cuaderno del Tribunal.   

16  Cita  la sentencia, sin radicado, del 12 de septiembre de 2012, con ponencia del  Doctor Julio E. Socha Salamanca.     

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