AP085-2015(41737)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP  – 085 – 15   

Radicación 41737  

(Aprobado Acta No. 11)  

Bogotá D.C., enero veintiuno (21) de dos mil  quince (2015).   

VISTOS:  

          Resuelve  la  Sala si admite o no la demanda de casación presentada  por el defensor del procesado FREDY ALBERTO ALFONSO MARTÍNEZ.   

ANTECEDENTES:  

          1.  A  finales  de febrero de 2005, en San  Carlos  (Antioquia),  miembros  de  las  autodefensas  que  operaban en el lugar  secuestraron  a  Pedro  Pablo  Miranda  Restrepo y a Millerlay Guzmán.  De  inmediato  los  entregaron  a los oficiales del Ejército FREDDY ALBERTO ALFONSO  MARTÍNEZ  (Capitán)  y  CRISTIAN  ANDRÉS OLARTE YEPES (Teniente), quienes los  mataron  tras  decirles  a  sus  soldados que pertenecían a la guerrilla de las  FARC.   

          El  Capitán informó que esas personas habían resultado muertas el  1º  de  marzo  de  2005  en  un  combate  armado  que su compañía sostuvo con  miembros  de una organización armada ilegal, en zona rural del municipio de San  Rafael (Antioquia).    

          2.  Luego de trámite de rigor y de que la  Jurisdicción  Penal  Militar  remitiera  el  caso por competencia a la justicia  ordinaria,  el  procesado  FREDDY  ALBERTO  ALFONSO  MARTÍNEZ,  acusado  por la  Fiscalía  el  30  de  diciembre  de  2011,  se sometió el 5 de marzo de 2012 a  sentencia  anticipada.  Enseguida  el  Juzgado  Penal  del Circuito de Marinilla  (Antioquia),    mediante    sentencia    del    28   de   marzo   siguiente   lo  condenó  por doble homicidio  en  persona  protegida  a  26  años y 8 meses de prisión, multa  de   1777.7  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el término de 13 años y 4  meses.  No se le concedieron la condena de ejecución condicional ni la prisión  domiciliaria.   

          3.    El   defensor   apeló   ese   pronunciamiento  y  el  Tribunal  Superior  de  Antioquia, a través del fallo recurrido en casación, expedido el  20  de  marzo  de  2013,  fijó  la  pena de prisión en 24 años y 8 meses y la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  en  12  años y 4 meses. En lo demás le impartió confirmación a la  providencia de la primera instancia.   

LA DEMANDA:  

          Consta de tres cargos.   

         Primero.   Nulidad   por  quebrantamiento  del  debido                                      proceso.   

          Consistió    la    irregularidad    en    que    el    “cambio  de radicación” dispuesto por  el  Juzgado  22  de  Instrucción  Penal  Militar  de Medellín, “con   destino   al   Juez  26  de  Instrucción  Penal  Militar  de  Quibdó”, no se llevó a cabo en consonancia con los  artículos  85,  86,  87  y  88  de la Ley 600 de 2000. Ocurrió “un      cambio      de     radicación     de     hecho”.   

          Mediante  resolución  298 del 17 de noviembre de 2005, expedida por  la  Dirección  Ejecutiva  de  la  Justicia Militar y motivada en el objetivo de  nivelar  la  carga  de  expedientes  de  los despachos congestionados, se había  ordenado  remitir a Quibdó la actuación radicada en Medellín. Eso traduce que  el     “cambio     de    radicación”  no  se sustentó en uno de los motivos legales que lo permiten,  no  lo  solicitó  un sujeto procesal y no se remitió el expediente al superior  jerárquico para decidir.   

         Así  las cosas, se incurrió en un error de estructura y procede la  declaración  de nulidad desde el auto del 19 de enero de 2006, mediante el cual  el  Juez instructor de Medellín ordenó remitir el expediente a su homólogo en  Quibdó.    

         Segundo  cargo.  Nulidad  por  violación  del  derecho                    de  defensa.   

          Se  vulneró  esa garantía constitucional, a juicio del censor, por  no  imputársele el delito de favorecimiento a su representado en la resolución  de acusación.   

          El     “nexo     lógico”  existente  entre  esa  conducta  punible  y  los  homicidios en  persona  protegida  hacían  “imperativo”    investigarlos    en   el   mismo   proceso,   “en  obedecimiento  de los principios de la competencia, la unidad y  la  economía  del  procedimiento”.  Como no se hizo  así,  se dejó al juzgador sin la posibilidad de condenar por el favorecimiento  y   al   acusado   sin   la   opción   de  defenderse  de  esa  “imputación”.   

          La   medida   a  la  cual  acudió  la  Fiscalía,  de  subsanar  la  irregularidad  por  la  vía  de  expedir copias para investigar por separado el  otro  delito,  no  resulta  válida  a juicio del recurrente. Se debe, por ende,  declarar  la  nulidad  de lo actuado a partir del auto de enjuiciamiento, con la  finalidad  de  incluir en la nueva acusación el cargo contra la administración  de justicia.   

          En  razón  del  error  procesal  advertido, en fin, el procesado no  pudo  defenderse  del favorecimiento. Las pruebas que utilizó la Fiscalía para  acusarlo   por   los  homicidios  “habrían  podido  servible  para  desvirtuar  su  participación” en el  otro  punible  y ya no será posible que se le gradúe la pena con fundamento en  la figura del concurso de delitos.    

Tercer  cargo. Falta de consonancia entre la  acusación y la sentencia.   

          En  la  audiencia  de  formulación  y  aceptación  de cargos se le  imputaron  al  procesado  los  homicidios  en  persona  protegida, en calidad de  autor.   

          El  a quo omitió  en   la   sentencia  precisar  que  la  condena  en  su  contra  “era  a título de autor del delito” y el  Tribunal    “también    guardó    silencio   al  respecto”.  Para  el  abogado defensor, por ende, se  transgredió  el  principio  de congruencia y se debe invalidar lo actuado desde  el  fallo  de  primera  instancia  para  dictar  uno  nuevo sin la equivocación  señalada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

          1.  Es manifiesto que ninguno de los cargos  propuestos  por el demandante reúne la exigencia legal de claridad y precisión  prevista   en   el  artículo  212-3  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000.   

         

No  demostró, en efecto, que en el trámite  se  haya incurrido en alguna irregularidad procesal de naturaleza sustancial que  deba remediarse a través del mecanismo extremo de la nulidad.   

          Cada  censura,  en  esa medida, es solamente un pretexto del abogado  defensor  orientado  claramente  a  conseguir  que  a  su  cliente se le permita  —sin   el   fundamento  pertinente   para   ello—  retractarse  de  la  admisión  de  responsabilidad  penal  en  las conductas de  homicidio  en  persona protegida, la cual realizó de manera libre y voluntaria,  con pleno respeto de sus derechos y garantías fundamentales.   

          2.   El  primer  reproche  lo  construyó  el  casacionista  desde  una  comprensión  equivocada  de  la  figura  procesal  del cambio de radicación. A  diferencia  de  como  piensa, el artículo 85 del Código de Procedimiento Penal  de   2000   la   establece   sólo   para   la   fase  del  juicio  —no    para    la    instrucción   o  sumario—, como excepción  a  la  competencia   basada  en  el  factor territorial, para garantizar un  ambiente adecuado de juzgamiento.   

          Significa  lo anterior que el cambio de funcionario instructor en la  investigación   no   se  encontraba  —ni  lo  está  actualmente—  sujeto  a  las reglas previstas para el cambio de radicación y no  configura  una  irregularidad  procesal,  por  consiguiente,  que  la Dirección  Ejecutiva  de  la  Justicia  Militar  haya dispuesto en su momento encargarle el  asunto  al  Juez  de  Instrucción  Penal  Militar de Quibdó, desplazando al de  Medellín  por razones de congestión laboral. En el cargo inicial, entonces, no  demostró  el  demandante  la  ocurrencia  de  una irregularidad sustancial y en  razón   de   él,   en  consecuencia,  no  hay  lugar  a  la  admisión  de  la  demanda.   

          3.  La  situación  es  la  misma  con  la  segunda  censura. Si la falta  de  investigación  y  juzgamiento  de delitos conexos en un mismo expediente no  lesiona  por si misma el debido proceso del sindicado, obviamente es obligación  del  recurrente en casación, al plantear una circunstancia así como hipótesis  de  nulidad,  acreditar  los  perjuicios reales que se derivaron de ello para el  acusado.   

          En  el  presente caso el censor señaló, en primer lugar, que al no  imputársele  a  su  representado  conjuntamente con los homicidios el delito de  favorecimiento,  no  contó  con la oportunidad de defenderse del último. Y por  supuesto  no  podía ser de otra manera.  Si no se le imputó la conducta y  se  decidió  expedir  copias  para  su trámite en actuación separada, resulta  absurda  la  reclamación.  Será  en  el  nuevo  proceso  donde contará con la  garantía  de  defensa  en relación con esa imputación y en el cual podrá, en  desarrollo  de ese derecho, solicitar el traslado de las pruebas que le parezcan  aquí practicadas.   

          El  artículo  470  de  la Ley 600 de 2000, por último, autoriza en  relación  con  delitos  conexos que se hayan juzgado en diferentes expedientes,  la  acumulación  jurídica  de  las  penas  impuestas  por  parte  del  Juez de  Ejecución   de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad.  Resulta  infundado  afirmar,  entonces,  que  por  el  trámite  separado  que  aquí  se surtió respecto del  atentado  contra  la  administración de justicia, se le impediría al procesado  —llegado      el  caso— ser beneficiario del  sistema    de    medición    de    penas   previsto   para   el   concurso   de  delitos.          

          4.    Tampoco   en   relación   con   el  tercer  cargo hay lugar a la  admisión  de  la  demanda.  Si el procesado aceptó la responsabilidad penal en  los  homicidios  imputados a título de autor y si el juzgador halló ajustado a  derecho  el sometimiento a cargos y lo aprobó después del análisis probatorio  de  rigor,  en  el  cual  quedó  clara  esa  forma  de  participación desde el  capítulo  de los hechos, la no utilización de las palabras autor o autoría en  la    sentencia    no    constituye    un   caso   de   inconsonancia   con   la  acusación.   

          5.  En conclusión, la Sala no admitirá la  demanda  y  no  hará  uso  de  su  facultad de casar de oficio la sentencia, en  consideración   a   que   una  vez  revisada  la  actuación  no  se  evidencia  quebrantamiento   alguno   de   los   derechos   fundamentales  de  los  sujetos  procesales.   

          Por  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia,   

RESUELVE:  

         INADMITIR   la   demanda   de  casación  presentada    por   el   defensor   del   procesado   FREDDY   ALBERTO   ALFONSO  MARTÍNEZ.   

           Contra   esta  decisión  no  proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSÉ  LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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