AP069-2015(44442)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP069-2014  

Radicación n° 44442  

(Aprobado  Acta No.  011)   

Bogotá  D.C., veintiuno (21) de enero de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la   demanda   de  casación  presentada  por  los  defensores  de  CÉSAR    ALFONSO   TÉLLEZ   OCAMPO   y  LUIS    HERNANDO    TÉLLEZ   CASTRO   contra  la sentencia del 29 de mayo de 2014, a través de la cual el  Tribunal  Superior  de  Manizales  confirmó  el  fallo  del 24 de julio de 2013  proferido  por  el  Juzgado Penal del Circuito de Puerto Boyacá, que condenó a  los  procesados  por  el  delito de homicidio agravado. En la misma decisión la  mencionada  corporación  declaró  la  prescripción de la acción penal por el  delito  de  fabricación,  tráfico  o porte de armas de fuego o municiones, por  cuya  razón  les impuso, en definitiva, la pena principal de 450 meses y un (1)  día  de  prisión,  así como la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de derechos y funciones públicas por el término de 20 años.   

HECHOS  

Se vienen resumiendo de la siguiente manera:   

“Los  hechos tuvieron ocurrencia el trece  de  diciembre  de  dos  mil siete en horas del mediodía, en la carrera 6, entre  calles 19 y 20 del municipio de La Dorada, Caldas.   

Consistieron en que el señor LUIS SANTIAGO  GRIJALBA  LÓPEZ,  de  20 años de edad, fue interceptado por una motocicleta en  la  que  se  movilizaban  dos  individuos,  uno  de  los  cuales, el parrillero,  descendió  del rodante provisto de arma de fuego y empezó a disparar contra la  humanidad de aquél hasta terminar con su vida.   

Mediante  labores investigativas, se obtuvo  la  entrevista  de un testigo de vista que dio cuenta que quienes se movilizaban  en    dicho    velocípedo   eran   CÉSAR   ALFONSO   TÉLLEZ   OCAMPO,   alias  “CUCHUFLETO”,  quien  la piloteaba y LUIS HERNANDO TÉLLEZ CASTRO, quien era  el  parrillero  y  quien  descerrajó  el  arma  de fuego en siete oportunidades  contra la corporeidad física del occiso”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Concretadas las capturas de LUIS    HERNANDO    TÉLLEZ   CASTRO   y  CÉSAR    ALFONSO    TÉLLEZ    OCAMPO,  su legalización se produjo en audiencias preliminares realizadas  los  días  10 de septiembre y 16 de octubre de 2009 ante los Juzgados Tercero y  Segundo  Promiscuos  Municipales  con  función  de  control de garantías de La  Dorada, Caldas.   

En  esas  mismas diligencias se les formuló  imputación  por  los  delitos  de homicidio agravado y fabricación, tráfico o  porte de armas de fuego agravado.   

2.  Presentado  el  respectivo  escrito  de  acusación,  en  virtud  de  impedimento  aceptado en su momento la consiguiente  audiencia   de   formulación  con  respecto  a  LUIS  HERNANDO  TÉLLEZ  CASTRO  la  llevó  a  cabo el Juez  Promiscuo  del Circuito de Puerto Boyacá los días 18 de diciembre de 2009 y 28  de  abril  de  2010.  Por  su  parte, la formulación de acusación al procesado  CÉSAR    ALFONSO   TÉLLEZ   OCAMPO   la  realizó  el Juez Penal del Circuito de la Dorada, Caldas, el 16  de febrero de 2010.   

3.  Decretada  la  conexidad  de  los  dos  procesos,  el  Juez  Promiscuo  del  Circuito  de  Puerto  Boyacá  celebró  la  audiencia  preparatoria  y  luego  dio  inicio al juicio oral. Creado el Juzgado  Penal  del Circuito de la misma sede, su titular lo continuó y concluyó con el  sentido  del  fallo,  precisando  que  sería de carácter condenatorio para los  delitos objeto de acusación.   

4.  El fallo anunciado se profirió el 24 de  julio  de  2013.  Allí el juez los condenó a la pena principal de 41 años, 6,  meses  y  un  (1)  día de prisión, así como a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  20  años, como  coautores  de  los punibles de homicidio agravado y  fabricación, tráfico  o porte de armas de fuego agravado.   

5.  Contra la sentencia de primera instancia  se  alzaron  en  apelación  los  defensores  de  los acusados, por cuya vía el  Tribunal  Superior de esta ciudad impartió confirmación a la condena proferida  por  el  ilícito  de  homicidio  agravado, pero declaró la prescripción de la  acción  penal  respecto  del atentado contra la seguridad pública en mención,  por cuya razón efectuó el reajuste punitivo de rigor.   

6. Por lo anterior, los sujetos procesados en  mención acudieron al recurso extraordinario de casación.   

LAS  DEMANDAS   

          LA   INSTAURADA   POR   EL   DEFENSOR  DE  CÉSAR  ALFONSO  TÉLLEZ  OCAMPO:   

          El  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la  sentencia de  segunda  instancia,  el  cual  apoya en la causal tercera de casación de la Ley  906  de  2004,  esto es, violación indirecta de la ley sustancial, a cuyo tenor  denuncia  la  incursión en falso raciocinio proveniente de la violación de los  principios de la sana crítica.   

          Según  el actor, el yerro recayó sobre la versión inicial rendida  por     Julián    Andrés    Sánchez,  respecto  de  la  cual  cuestiona  a los juzgadores por otorgarle  credibilidad,   pese   a   que   dos   años  después  manifestó  “que  era  un  adicto  drogodependiente, que sufría de episodios  constantes   de   ansiedad  y  que  la  mayoría  de  veces  no  recordaba  bien  situaciones,  personas  o acontecimientos importantes de su vida”.           

          De  esa  manera,  le  parece “extraño y  cuestionable  desde el punto de valoración de su testimonio… que recuerde dos  años  después  hechos  puntuales  sobre  la  muerte  del  señor Luis Santiago  Grijalba  López,  señalando  tan  exactamente  a  los responsables después de  reconocer  que tuvo acercamientos con los padres de la víctima quienes el mismo  (sic)  reconoció, le daban  dinero   y   alimentos   desde   el   momento   que   les  comento  (sic)     lo    sucedido”;  ello tanto más, dice, cuando en posteriores declaraciones, entre  ellas  la de carácter extra juicio rendida ante Notaría, manifestó haber sido  influenciado  por  la  familia de la víctima para señalar como responsables de  la muerte a los aquí procesados.   

            Según  el  actor,  la  retractación  así  experimentada  por el  testigo   muestra   “las   falsas   inducciones  y  deducciones  que  realizaron  los  sentenciadores  de instancia, haciendo falsas  inferencias    y   equívocas   conclusiones   sobre   la   prueba   testimonial  atacada”.   Con   cita   de   decisiones   de  esta  Corporación,  es del criterio que la retractación por sí sola no es un motivo  sólido  para atribuir responsabilidad; sin embargo, añade, constituye un grave  indicio  de  duda  sobre  su credibilidad cuando se logra establecer en cuál de  las versiones se dice la verdad.   

          En  ese  sentido,  predica  la  inexistencia en el proceso de prueba  “documental   o   preconstituida”   demostrativa  de que los acusados se hubiesen concertado con la idea  criminal  de  terminar  con  la  vida  del hoy occiso. Por su parte, insiste, el  testimonio   inicial   de  Julián  Andrés  Sánchez  se  torna  “incongruente,  contradictorio,  irrazonable, ilógico y con poca coordinación”. Por  tanto,  dice  no  entender  por  qué se le asigna “una   tarifa   probatoria”   a  esa  versión,     mientras     se     dejan     “sin  valor”  las  posteriores  que gozan de igual validez  legal.   

          Para  el demandante, si bien el testigo manifestó que fue objeto de  amenazas   y  presiones  después  de  rendir  su  inicial  versión,  considera  equivocadas  las  conclusiones  extraídas  al respecto, pues el deponente nunca  indicó  que los episodios por él narrados tuvieran relación con este caso; es  más, añade el censor, con claridad expresó que no sabía.   

          Reiterando  que la prueba recaudada desvirtúa lo dicho inicialmente  por  el testigo y demuestra que el padre de la víctima lo determinó a mentir a  cambio  de  dinero  para  señalar a quienes en su dolor y obsesión creía eran  los  autores  del  homicidio  de  su hijo, solicita casar la sentencia impugnada  para,  en  su lugar, absolver a CÉSAR ALFONSO TÉLLEZ  OCAMPO.   

          LA   PRESENTADA   POR   EL   DEFENSOR   DE  LUIS  HERNANDO  TÉLLEZ  CASTRO:           

          También  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 906  de  2004,  el  actor  formula  un único cargo contra la sentencia del Tribunal,  aduciendo  la  violación  indirecta  de  la  Ley  sustancial por error de hecho  derivado de falso raciocinio.   

          Y  al  igual que su antecesor, indica que el yerro recayó sobre las  manifestaciones  rendidas por Julián Andrés Sánchez  en  la  etapa  de  investigación  previa,  a  saber,  entrevistas,  declaración  jurada,  reconocimiento  fotográfico  y  en fila de  personas  e  inspección  judicial  al  lugar  de  los  hechos,  con  las cuales  sustentó   la  responsabilidad  del  acusado,  desconociendo  la  retractación  realizada  por  el  testigo  en  la etapa del juicio, quien de manera voluntaria  afirmó  que  las  intervenciones  efectuadas  ante  la  Policía  Judicial y la  Fiscalía eran falsas.   

          Para  sustentar  el  reproche el demandante transcribe en extenso el  testimonio   rendido  por  Julián  Andrés  Sánchez  en  el  juicio  oral,  así  como apartes del fallo de  segundo  grado.  A  partir  de  esas reproducciones, que repite en relación con  algunos  fragmentos de la sentencia en mención, el censor concluye que el papá  de   la   víctima,   Santiago  Grijalba,  buscó  en  varias  ocasiones  e  insistentemente  a  Julián  Andrés  Sánchez, de lo cual da  fe  su  progenitora, a quien finalmente éste le contó que aquél le pagó para  que declarara en contra de los aquí procesados.   

Esa situación, en su criterio, demuestra que  el  padre  del  hoy  occiso sí tenía un compromiso económico con Sánchez   para  acusar  a  los  señores  TÉLLEZ  de la muerte de su  hijo,  no  obstante  ser ese hecho falso, como corrobora la señora Nora  Sánchez, quien dijo que su hijo le  manifestó no haber visto nada sobre ese acontecimiento.   

          Tras   citar  jurisprudencia  de  esta  Corporación  acerca  de  la  retractación,  el  libelista  considera  estar  acreditado  en este caso que el  testigo   Julián   Andrés   Sánchez  declaró  la  verdad  cuando  manifestó que lo afirmado por él con  anterioridad  ante  la  Policía  Judicial  y la Fiscalía no era cierto. A este  respecto,  pone de presente cómo al momento de aparecer dicho testigo ya había  transcurrido  más  de  año  y  medio de ocurrir los hechos, de manera que bien  pudo  tener  conocimiento  de  aspectos  importantes  de lo sucedido por boca de  muchas  personas,  entre  ellas  quien  lo sobornó, persona que tenía contacto  permanente con las autoridades.   

          Por  tanto, es de la opinión que el razonamiento del Tribunal   al    desconocer,    minimizar    y   restarle   importancia   al   “soborno”   del  que  fue  objeto  el  testigo,  constituye  un  verdadero “falso juicio de  raciocinio”.   

          En  acápite  subsiguiente  el  actor refiere las pruebas que, en su  sentir,  demuestran  las  falsedad  de  las afirmaciones hechas por Julián  Andrés  Sánchez  antes  de  su  “retractación,  y  para  ello  inicialmente  transcribe casi en su totalidad los argumentos expuestos por  su  antecesor para sustentar la apelación interpuesta contra el fallo de primer  grado,  al  término  de  lo  cual  insiste en que la retractación hecha por el  prenombrado   es   válida,   cierta   y  ajustada  a  los  cánones  legales  y  jurisprudenciales,  mientras  las  manifestaciones  efectuadas  ante la Policía  Judicial  y  la  Fiscalía  no  son  ciertas.  En  este  punto,  estima  que las  diligencias  de  reconocimiento son abiertamente irregulares, pues el declarante  conocía con mucha anterioridad a los acusados.   

          Aparte  de  lo anterior y con el propósito, además, de rebatir los  fundamentos  del Tribunal para otorgar credibilidad a las iniciales versiones de  Julián     Andrés     Sánchez,     transcribe  apartes  del  testimonio ofrecido por éste en el juicio  oral,  así  como  de  las  declaraciones  de Reineiro  García,  trabajador  del  cementerio de La Dorada, de  Ana   Virgelina   Escobar   Herrera,   vendedora   de   flores   en   una  esquina  del  camposanto,  y  de  Carlos  Alberto  Vásquez,  sepulturero  encargado,  quienes  no tienen, dice, interés directo ni indirecto  en  el  presente  asunto,  por  cuya  razón  sus  manifestaciones  son  claras,  espontáneas, diáfanas y verdaderas.   

          En  orden  a  cuestionar  otros  de  los  argumentos  del fallo, que  previamente transcribe, el censor sostiene:   

          1.  La  defensa  en su momento trató de refutar los planos y álbum  fotográfico  realizado con  la versión del testigo de cargo, pero el juez  de  conocimiento  negó  la realización de una inspección judicial al lugar de  los  hechos,  decisión  que menoscaba los derechos de contradicción y defensa,  aun  cuando  con  las demás pruebas se demuestra que dicho declarante incurrió  en falsedad.   

   

          2.  Aunque  el  testigo  realizó  la  descripción  física  de los  acusados,  así como de la motocicleta de uno de ellos, esa situación es apenas  lógica,  pues  los  conocía  hacía  bastante  tiempo (10 años a TÉLLEZ  OCAMPO  y 5 años a TÉLLEZ    CASTRO),    amén   de   que  “Cuchufleto”   era  un  deportista  reconocido  nacional  e  internacionalmente  como  motociclista, sin  pasar  por  alto  que  contaba  además  con  la versión del propio padre de la  víctima.   

          3.  No hay ninguna inconsistencia en la declaración de Renson  Rojas  Cortés,  pues  aun cuando  inicialmente  mencionó  a  LUIS TÉLLEZ como  uno  de  los  que  se  encontraba  en el taller preparando las  motos,  inmediatamente,  sin  necesidad  de contrainterrogatorio, aclaró que se  había  confundido,  pues  él  en  realidad no estaba allí. Esa equivocación,  para  el  actor, es de todas maneras irrelevante, pues si estaban los procesados  en   el   taller   al   momento   de   los   hechos,  no  pudieron  ejecutar  el  delito.   

          4.   La   afirmación  del  Tribunal  según  la  cual  “era  de  esperarse aunque no justificable que lo respaldaran”,  no constituye argumento suficiente para desestimar los  testimonios  de  quienes  indican  que  TÉLLEZ CASTRO  no  se  encontraba  en el municipio de La Dorada en la  época  de los hechos. Según  el  libelista,  dentro  de  esos declarantes no sólo hay familiares sino muchas  otras  personas,  cuya  moral  no puede ser cuestionada, quienes aseguran que el  mencionado  procesado  trabajaba  en  la  zona  metropolitana  de  Medellín  al  servicio    del   señor   Luis   Emilio   Arbeláez  Ospina,   comerciante  acreditado  y  quien  así  lo  corroboró  en  el  juicio  oral,  versión  además confirmada por Ramón   Velásquez,  exfuncionario  del  DAS.   

          El  demandante, finalmente, alude a las pruebas que, en su criterio,  acreditan  que la retractación fue voluntaria, es decir, no existió coacción,  presión  ni  amenaza  ni fue comprada. Al efecto se limita a transcribir varios  fragmentos  del testimonio rendido por Julián Andrés  Sánchez  en  el  juicio oral, en donde declara en ese  sentido.   

          Insistiendo,  de  esa  manera,  en que los juzgadores incurrieron en  “falso   juicio   de   raciocinio”  al  apreciar  la  prueba,  en  cuanto no lo hicieron con apego a las  reglas  de la experiencia, los postulados lógicos y el sentido común, solicita  casar  la  sentencia  impugnada  para,  en  su  lugar,  absolver  a LUIS  HERNANDO  TÉLLEZ  CASTRO,  no  sin  antes  sugerir la presencia de dos irregularidades, en primer lugar, la presunta  participación    del    juez    de    primer    grado    en   la   “proyección”   de  la  sentencia  de  segunda  instancia,  pues  después  de  proferir  la  de  primera  fue nombrado  “Magistrado  Auxiliar  de  la  Sala  Penal  del  H.  Tribunal  Superior  de  Manizales” donde “tiene  relación  con  la  homóloga  adscrita  al  despacho del  Magistrado  ponente”. Y, en segundo lugar, por cuanto  el  Magistrado  ponente  no hizo lectura integral del fallo de segunda instancia  sino en forma cercenada y con algunas inconsistencias.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

La Corte no deja de insistir en señalar que  la  demanda  de  casación no es un escrito de libre elaboración sino que, dado  el  carácter  extraordinario  de ese recurso, debe cumplir unos presupuestos de  adecuada  y  lógica  fundamentación,  sin  los  cuales el libelo no podrá ser  admitido.           

         

          Esos  requisitos,  en  el esquema procesal contemplado en la Ley 906  de  2004, surgen de lo dispuesto en los artículos 183 y 184, inciso segundo. La  primera  de  dichas  normas  exige  al censor presentar la demanda señalando de  manera  precisa  y concisa las causales invocadas y sus fundamentos. A su turno,  la  segunda  establece  que  no  se  seleccionará el libelo cuando, entre otros  casos,  se  prescinde  de  señalar  la causal o no se desarrollan los cargos de  sustentación.   

          Al  amparo de las mencionadas disposiciones la Sala ha expresado que  en  la  nueva  sistemática procesal penal al demandante le corresponde también  satisfacer,   al   formular   los   respectivos   cargos,   las  pautas  fijadas  tradicionalmente  por  la  jurisprudencia  frente  a cada una de las causales de  casación establecidas por la ley.   

          Al  examinarse  las  demandas  instauradas  por  los  defensores  de  CÉSAR    ALFONSO   TÉLLEZ   OCAMPO   y      LUIS      HERNANDO     TÉLLEZ  CASTRO, concluye la Sala que las mismas no cumplen las  exigencias  de  adecuada sustentación indispensables para su admisión y, antes  bien,  presentan  numerosos  e  insalvables defectos que las tornan ineptas para  esos    propósitos.                       

          En  efecto,  en el único cargo que formulan, los censores acusan al  juzgador  de incurrir en violación indirecta de la ley sustancial, por error de  hecho derivado de falso raciocinio.   

          Dicho  dislate,  como  lo  tiene dicho la jurisprudencia de la Sala,  ocurre  cuando  el  sentenciador  vulnera  los  principios  de  la sana crítica  integrados  por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulados lógicos y las  leyes de la ciencia.   

          Para  su  demostración  al actor le corresponde indicar la regla de  la  experiencia,  el  postulado  lógico  o  la  ley  de la ciencia desatendida,  precisar  cuál  principio de la sana crítica debió, en su defecto, aplicar el  juzgador y explicar la trascendencia del yerro.   

          Lejos  de allanarse a cumplir dicha carga argumentativa, los actores  se  dedican  a cuestionar la apreciación suasoria realizada por el Tribunal y a  postular,  contrariamente,  su  propia  visión  acerca  del  alcance  y mérito  arrojado  por  el  caudal  probatorio,  pretendiendo de la Corte acoja la suya y  desestime  la del juzgador, con lo cual olvidan que ese tipo de discrepancias no  están   llamadas  a  ser  ventiladas  en  sede  de  casación,  dada  la  doble  presunción  de acierto y legalidad del fallo de segunda instancia, a cuyo tenor  la  valoración  realizada  en  la sentencia de segundo grado prevalece sobre la  del  impugnante,  salvo la demostración de un error grave y ostensible, lo cual  no ocurre en el presente evento.   

            Obsérvese  cómo  el defensor de CÉSAR  ALFONSO   TÉLLEZ   OCAMPO   fustiga  al  ad  quem  por dar credibilidad al testigo  Julián  Andrés  Sánchez,  pese   a  tornarse  “incongruente,  contradictorio,  irrazonable,  ilógico  y  con  poca  coordinación”,  amén  de  que  posteriormente se retractó de las acusaciones formuladas contra  los procesados.   

          Actitud  similar  adopta  el  representante judicial de LUIS  HERNANDO  TÉLLEZ  CASTRO, quien se  dedica  a  rebatir  los  fundamentos  ofrecidos  por  el  Tribunal  para asignar  credibilidad  a  las  iniciales  versiones  de Julián  Andrés  Sánchez y para, contrariamente, desestimar la  ulterior  retractación  de  éste,  así como las declaraciones de Reineiro     García,     Ana    Virgelina   Escobar   Herrera   y  Carlos  Alberto  Vásquez,  pese  a  ser  claras,  espontáneas,  diáfanas  y verdaderas, según argumenta.  Incluso,   se   queja   por   no   acogerse   los  testimonios  de  Renson   Rojas   Cortés   y  de  quienes  depusieron    que    TÉLLEZ   CASTRO   se  encontraba  trabajando  en  la  zona  metropolitana de Medellín  cuando ocurrieron los hechos.   

          Pero  ninguno de los demandantes se esfuerza por indicar cuál regla  de  la experiencia, cuál postulado lógico o cuál ley de la ciencia vulneraron  o  inaplicaron los falladores al abordar el examen apreciativo de las pruebas. A  lo  sumo,  el  defensor de TÉLLEZ CASTRO cuestiona  a los juzgadores por no valorarlas con apego “a  las  reglas  de  la experiencia, los postulados lógicos y el  sentido  común”,  no obstante, se insiste, por parte  alguna  precisa  el criterio o criterios de la sana crítica desconocidos en las  sentencias.   

          Más  aún,  los  libelistas  resultan  entremezclando postulaciones  propias  de otros motivos casacionales, desconociendo de esa manera el principio  de  autonomía  que  rige en sede de casación, acorde con el cual el desarrollo  del ataque se debe corresponder con su enunciación.   

          Nótese  cómo  el  defensor  de  TÉLLEZ  OCAMPO  cuestiona al ad quem  por  asignar  “una tarifa  probatoria”    al   testimonio   de   Julián  Andrés  Sánchez, sugiriendo de  esa  manera  la presencia de un falso juicio de convicción. Recuérdese que esa  especie  de  error  de derecho ocurre cuando se concede a los medios probatorios  un  valor diferente al establecido normativamente. De todas maneras, el actor en  momento  alguno  identifica  la  disposición  consagratoria  de la tarifa legal  vulnerada,  como  tampoco acredita la trascendencia del dislate en el sentido de  la  decisión  confutada,  carga  argumentativa  que le correspondía cumplir si  pretendía demostrar en esta sede extraordinaria el sugerido yerro.   

          Por  su  parte,  el  defensor  de  TÉLLEZ  CASTRO  argumenta que las diligencias de reconocimiento  son  abiertamente irregulares, dejando de esa manera entrever la estructuración  de  un  error  de  derecho  por  falso juicio de legalidad. Ese dislate, como lo  tiene  precisado  la  jurisprudencia de la Sala, se configura cuando el fallador  asigna  validez  a  un  medio  de  prueba,  a  pesar  de que en su producción y  aducción  se  desconocen  las  reglas  establecidas en la ley para el efecto, y  también  cuando  el  juzgador  deja de apreciar algún elemento de convicción,  por   considerar  erróneamente  que  en  su  recaudo  se  desatendieron  dichas  reglas.   

Desde  luego,  para  su  demostración  le  corresponde   al  demandante  identificar  claramente  la  prueba  indebidamente  apreciada,  señalar  las  normas  medio  que regulan su formación o aducción,  acreditar  que  la  misma fue excluida debiendo ser apreciada o que fue valorada  debiendo   ser  excluida,  y  demostrar  las  implicaciones  del  error  en  las  conclusiones   probatorias.   A  nada  de  ello,  empero,  procedió  el  actor.   

          También   el   precitado   profesional   del   derecho  refiere  la  vulneración  de  los  derechos de contradicción y defensa como consecuencia de  la  decisión del juez de conocimiento de negar la inspección judicial al lugar  de  los  hechos  solicitada  por  la  defensa.  Es  claro  que  un ataque de esa  naturaleza  debió  postularlo  por  vía  de  la causal segunda de casación en  búsqueda de obtener la nulidad de la actuación.   

En  todo  caso,  se  limita  a  esbozar  la  irregularidad,  sin  sustentarla  conforme al rigor del trámite casacional, que  le  imponía,  como ha tenido la oportunidad de señalarlo la Corte, identificar  la  anomalía,  expresar  claramente sus fundamentos, señalar si se trata de un  vicio  de  estructura o garantía, indicar la norma o normas violadas, mencionar  el  momento  procesal  en  donde  se  presentó  la  anomalía y las actuaciones  afectadas  con  la  misma,  así como motivar su trascendencia, demostrando a la  Corte  que la nulidad se erige como el remedio único y extremo para enmendar la  incorrección    procesal,    surgiendo   así   indispensable   el   fallo   de  casación.   

          El    defensor    de    TÉLLEZ   CASTRO  también  desatiende el principio de autonomía cuando  termina  insinuando  la  presencia  de otras irregularidades, a saber, en primer  lugar,  la  presunta  injerencia  del  juez  de primer grado en la adopción del  fallo  del  Tribunal  y,  en  segundo  término,  la  no lectura integral de esa  decisión  por  parte  del Magistrado ponente. Pero, al igual de lo que acontece  con   la   otra   anomalía   referida  en  la  demanda,  tampoco  las  sustenta  adecuadamente,  pues  no  cita  las  normas  violadas,  ni indica si se trata de  vicios  de  estructura  o  garantía,  ni  precisa las actuaciones afectadas, ni  motiva su trascendencia.   

         

          Siendo  así  la  situación,  como  el principio de limitación que  rige   en  sede  de  casación  impide  a  la  Sala  completar  las  defectuosas  postulaciones  de  los  sujetos procesales, salvo cuando se trate de restablecer  derechos  fundamentales,  situación  no  evidenciada  en  este  caso,  la Corte  inadmitirá las demandas objeto de examen.   

Se  precisará,  finalmente,  que  contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).}   

Al margen de lo expuesto, es necesario acotar  que  la  Sala no hizo mención en este proveído a los escritos presentados ante  esta  Corporación  por  las  señoras  María A. Castro Herrera y Gladys María  Ocampo   Herrera,  progenitoras  de  los  procesados,  en  donde  hacen  algunas  consideraciones  sobre  el  alcance  de  las  pruebas  recaudadas,  por no tener  legitimación para actuar.   

            

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de casación interpuesta por los defensores de  CÉSAR    ALFONSO   TÉLLEZ   OCAMPO   y    LUIS   HERNANDO   TÉLLEZ   CASTRO.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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