AP068-2015(45057)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ                  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

AP068-2015  

Radicación No. 45057  

Aprobado Acta No. 011  

Bogotá D.C., veintiuno (21) de enero de dos  mil quince (2015)   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  de  JACKHILTON   CARMONA   DÍAZ  contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de Manizales proferida el 4 de septiembre de  2014,  confirmatoria  del  fallo  del  14  de  noviembre  de 2013 emitido por el  Juzgado  Penal  del Circuito de Salamina, por cuyo medio lo condenó a 8 años y  8  meses  de  prisión  como  determinador  del  delito de homicidio en grado de  tentativa.   

HECHOS  

         A  las  9:30  p.m.  del  2  de junio de 2006, en el establecimiento  “Terrazas       del       Paraíso”,  sector  “La Cuchilla”      del      municipio      de      Salamina      (Caldas),          Edgardo   Castaño   Trujillo  recibió  varios  impactos  de  bala  que  le  ocasionaron  heridas  en el hombro derecho,  hemitorax  izquierdo  y  quinto espacio intercostal con línea axilar posterior,  producto  de  las  cuales  recibió  incapacidad  médico  legal de 35 días sin  secuelas.   

La  investigación  determinó que el autor  material  del atentado fue alias “Camilo”  y  el intermediario Jhon Fredy Ochoa  Díaz,          alias         “Chola”,  quien  fue  condenado por esa  conducta  el  28  de mayo de 2007 por el Juzgado Penal del Circuito de Salamina,  en calidad de cómplice, a la pena de 30 meses de prisión.   

         El  13 de enero de 2012, Jhon Fredy Ochoa  Díaz  declaró  bajo  juramento  que quien lo mandó  atentar  contra  la  vida de Edgardo Castaño Trujillo  fue   JACKHILTON  CARMONA  DÍAZ,  persona  que  le  suministró  el dinero para  contratar    al   sicario   Yonni   Andrés   Marín  Orozco,         alias         “Camilo”,  ex  integrante de las AUC, a  quien  le  entregó  $350.000  y  la  suma  restante  para completar $800.000 se  sufragaría al concretar el encargo.      

         

ANTECEDENTES RELEVANTES  

El 21 de junio de 2012 la Fiscalía imputó  a    JACKHILTON    CARMONA    DÍAZ    ante  el Juzgado Primero Promiscuo Municipal de Salamina la calidad  de determinador del punible de homicidio en la modalidad tentada.   

         El  28  de  junio  de  ese  año  se  radicó escrito de acusación  correspondiéndole  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  ese  municipio, donde  surtió  la  respectiva  audiencia el 15 de agosto siguiente; la preparatoria se  efectuó  el  29  de noviembre y el juicio en sesiones del 18 y 19 de septiembre  de  2013,  anunciándose  sentido  del fallo de carácter condenatorio. El 14 de  noviembre  de  2013 se profirió sentencia sancionatoria de 8 años y 8 meses de  prisión  e  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo  lapso.   

Contra  el fallo de primer grado la defensa  interpuso  recurso de apelación que fue resuelto el 4 de septiembre de 2014 por  el   Tribunal   Superior   de  Manizales  confirmando  el  proveído  impugnado.   

En  desacuerdo con la providencia anterior,  la  defensa  interpuso y sustento oportunamente recurso de casación, motivo por  el cual el libelo se analiza a continuación.   

LA DEMANDA  

         

         Con  fundamento  en  la  causal tercera del artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  la demanda enuncia dos cargos: el primero por error de hecho por  falso  raciocinio  y el segundo por falso juicio de existencia por omisión. Con  base  en  ellos  pregona  el desconocimiento de los principios de presunción de  inocencia    e    in   dubio   pro   reo. Con todo, la  revisión  del  libelo  permite  colegir  a  la  Sala  que  el  libelista  sólo  desarrolló  la  primera  censura,  pues  de  la  segunda  ninguna  explicación  suministró.   

         Así,  luego  de  trascribir  las  consideraciones plasmadas en los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia,  la  demanda señala que el Tribunal  desconoció  las  reglas  de  la  libre  apreciación  probatoria  al  otorgarle  credibilidad   al  testimonio  de  Jhon  Fredy  Ochoa  Díaz,          alias         “Chola”,  cuando  lo  cierto  es que el  deponente   señaló  que  “distinguió”      a     JACKHILTON     CARMONA  DÍAZ,  término que denota ausencia de conocimiento,  familiaridad o cercanía.   

Por ello encuentra ilógico que CARMONA  DÍAZ le confiara a Ochoa  Díaz  un  tema tan delicado como  mandar  matar  a  una  persona, pues el sentido común indica que quien pretende  esos  fines  hace las gestiones con personas conocidas que tengan contactos para  lograr  el  cometido  propuesto.  En  el  evento examinado, afirma, JACKHILTON  CARMONA  DÍAZ no era migo de  alias   “Chola”  y  no  podía   saber   que   éste   tenía  acceso  a  esa  información.     

         Considera  absurdo  que  una persona con salario limitado, motivada  exclusivamente  por  los  celos, pueda destinar $800.000 o $900.000 para usar un  intermediario  que  contrate  un  sicario, pues constituye hecho notorio que los  sueldos de los guardianes del INPEC son muy bajos.   

         Cuestiona  la  tesis  del  Tribunal  según  la  cual  Jhon   Fredy  Ochoa  Díaz  denunció  a  JACKHILTON     CARMONA     DÍAZ     porque  éste pretendía matarlo por cuanto i) no existe prueba del  plan  para  atentar  contra  la vida del testigo ni se dijo cómo se enteró del  mismo  y,  ii)  se  obvióla  sana  crítica  al  dar  por  cierta  esa  insular  manifestación  vertida  6  años  después  del  atentado,  cuando Ochoa  Díaz  ya había cumplido la pena  impuesta  por  su  participación en el mismo, pues la experiencia indica que un  determinador  no  deja pasar tanto tiempo para silenciar a quienes utilizó para  llevar a cabo un plan criminal.    

         De  otra parte, afirma, la lógica y la experiencia indican que los  delincuentes  conocen  las normas procesales y son advertidos por los fiscales y  defensores  sobre  los  beneficios  por  rebajas  de  penas, de manera que si lo  afirmado  por  Ochoa  Díaz  fuera  cierto, habría acudido a la delación en el proceso donde aceptó cargos  y no seis años después, como ocurrió en este caso.   

         Observa  un  falso raciocinio frente al análisis de los falladores  del  contenido  del  CD  aportado  por  la  defensa como prueba de la extorsión  realizada    por    alias    “Jhonatan”  en  contra  de  JACKHILTON  CARMONA  DÍAZ,  pues la conversación grabada por la víctima  da  cuenta  de  la  ejecución de la ilegal exigencia, situación denunciada por  CARMONA   DÍAZ  ante  la  Policía  Nacional, en tanto su presencia en el Gaula tuvo como propósito dar a  conocer el aludido delito.   

Observa  innecesario  cotejar  las  voces  registradas  en el citado audio porque allí se menciona a alias “Jhonatan”,   siendo  insustancial  la  explicación  vertida  por  éste  en  el  sentido  de que le han ofrecido 1.200  millones  por  no  decir  la  verdad  y  que  por  ello no extorsionaría por 10  millones  de pesos, en tanto la experiencia indica que los extorsionistas exigen  sumas    incluso   menores   a   ese   guarismo,   dada   su   avidez   por   el  dinero.      

         

         Los  errores  denunciados,  afirma,  fueron definitivos para que el  Tribunal  confirmara  el  fallo  de  primera  instancia  en  tanto le llevaron a  colegir  (i)  la  existencia  de  amenazas  proferidas  por el acusado contra la  víctima  días  antes  del  atentado,  (ii) la planeación del delito, (iii) la  búsqueda  de  otras  personas para la ejecución del delito, (iv) el suministro  de  información  al intermediario sobre las actividades de la víctima y (v) el  plan para matar a quienes intervinieron en el crimen.   

         Lo  anterior,  además,  porque  los  juzgadores  menospreciaron la  prueba      sobre      el      verdadero      móvil      de     “Jhonatan”    para    involucrar    a  JACKHILTON CARMONA DÍAZ en  el  crimen,  esto  es,  negarse  a  pagar  la  extorsión  exigida y no, como lo  pregonaron  los falladores, las amenazas, no probadas, en contra de Jhon    Fredy    Ochoa   Díaz,   alias  “Chola” y Edgar                 Castaño                 Trujillo.      

         En  aplicación  del  principio  del  in  dubio  pro  reo, dada la infracción de los artículos  29  de  la  Carta  Política  y  7  del  Código  Penal  que  condujo  a aplicar  erradamente  los cánones 103 y 27 íbidem,  pide  casar  el  fallo  y  absolver  a  JACKHILTON CARMONA DÍAZ.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Tiene suficientemente decantado la Sala que  en  el  examen  de  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales le corresponde  constatar  que  los  recurrentes  formulen  sus  censuras  con  sujeción  a las  exigencias  de lógica y pertinente argumentación definidas por el legislador y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso extraordinario  no se convierta en una instancia adicional a las surtidas.   

Dichos  requisitos  se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación   y  desarrollo  de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten  inteligibles,  es decir, precisos y claros, pues no corresponde a la Corte en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

Ello  por cuanto el artículo 184 de la Ley  906  de 2004 estipula que «No será seleccionada, por  auto  debidamente  motivado  que  admite  recurso  de insistencia presentado por  alguno  de  los  magistrados de la Sala o por el Ministerio Público, la demanda  que  se encuentre en alguno de los siguientes supuestos: Si el demandante carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no desarrolla los cargos de  sustentación  o  cuando  de su contexto se advierta que no se precisa del fallo  para    cumplir   algunas   de   las   finalidades   del   recurso».   

E,  igualmente,  el  canon 183 ibídem,   prevé   que   el   recurso  extraordinario  de  casación  se  interpondrá  mediante demanda «que  de  manera  precisa y concisa señale las causales invocadas y  sus fundamentos».   

A  los  criterios  anteriores  se  suma  la  necesidad  de proferir el fallo con el objeto de cumplir alguno de los fines del  recurso  referidos  en  la  última  parte  del  segundo  inciso  del mencionado  artículo   184,   al   señalar   que   también   se  inadmitirá  la  demanda  «cuando  de su contexto se advierta fundadamente que  no   se   precisa   del  fallo  para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  del  recurso».   

Es  decir  que  con  la  Ley  906  de  2004  adquieren  significativa  importancia  los  fines del recurso, hasta el punto de  que  el  inciso  siguiente  de  la  misma  preceptiva,  establece  que  la Corte  «atendiendo   a   los   fines   de   la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición del impugnante dentro del proceso e  índole  de  la  controversia  planteada,  deberá  superar  los  defectos de la  demanda para decidir de fondo».   

Lo  anterior conduce a la consideración de  que  aun  si la demanda de casación no reúne los presupuestos de orden lógico  o  argumentativo  para  su  admisibilidad  pero la Sala advierte la necesidad de  proferir  fallo  de fondo con el objeto de garantizar sus fines, se superará el  escollo  para  entrar  a  su  estudio  de  fondo.  Del  mismo  modo es viable la  hipótesis  contraria,  esto es, en tanto se privilegian esos factores sobre las  exigencias  formales,  también  en  los  casos  en  que  la demanda satisfaga a  cabalidad  dichos  presupuestos  pero  no  se  hace  necesario proferir fallo de  fondo, se procederá a su inadmisión.   

Esta  concepción  teleológica del recurso  también  ha  llevado  a  exigir  que,  para  su admisión, la demanda señale y  demuestre  la  necesidad  del pronunciamiento de fondo para satisfacer alguno de  sus  fines,  no  otros  que  los  previstos  en  el  artículo  180 del estatuto  procesal.   

Pues  bien,  aunque  el  libelo  enuncia la  finalidad  del  recurso (respeto de la garantía de la  presunción   de  inocencia),  no  la  desarrolla  ni  explica  con  suficiencia con lo cual incumple la carga argumentativa mínima de  este  instrumento, motivo suficiente para inadmitir la demanda en tanto no logra  persuadir  a  la  Corte sobre la necesidad de abordar la problemática planteada  porque  resulte  indispensable  para  la  efectividad  del  derecho material, el  respeto   de   las  garantías  de  los  intervinientes  y/o  para  unificar  la  jurisprudencia.  Lo  anterior  con  mayor  razón cuando la Sala no advierte una  afectación    sustancial    de    derechos   que   imponga   su   intervención  oficiosa.   

De  otra  parte, como el libelista funda el  cargo  en  el  desconocimiento de las reglas de producción y apreciación de la  prueba,  vía  falso  juicio  de  raciocinio,  debe  tenerse  en cuenta que este  reproche   se  concreta  cuando  el  fallador,  en  el  proceso  de  valoración  probatoria,  desatiende  los  principios  de  la  lógica,  los postulados de la  ciencia  y/o  las  reglas  de  la  experiencia,  lo cual le lleva a declarar una  verdad diferente a la que surge del proceso.    

En  ese  orden,  la demostración del falso  raciocinio  impone  al  censor  (i) identificar la prueba sobre la cual recae el  yerro;  (ii)  establecer el mérito que se le otorgó al medio de convicción en  la  sentencia;  (iii)  señalar cuál es el postulado de la sana crítica que en  su  criterio  fue  vulnerado,  esto  es,  el principio lógico, la máxima de la  experiencia,  o  la  regla  científica  quebrantada.  A continuación (iv) debe  vincular  esa  apreciación con la regla aludida demostrando en dónde radica el  desvío  y,  finalmente,  (v)  está  compelido  a precisar la trascendencia del  error  frente  a la ley sustancial, lo cual impone exponer los argumentos que lo  conducen  a  estimar  que  el  fallo  impugnado  se  debe modificar en favor del  interés   que   representa  como  consecuencia  necesaria  del  error  alegado.   

En  el  evento  bajo  examen  la  demanda  identifica  dos  pruebas  que  considera  erradamente  ponderadas,  esto  es, la  declaración  de  Jhon Fredy Ochoa Díaz,      alias      “Chola”,  y  el  contenido  del CD aportado por la defensa; así mismo,  establece  el  mérito otorgado a ellas en la sentencia. Sin embargo, no señala  la  regla de la experiencia, de la lógica o de la sana crítica desconocida por  cada  medio  de  convicción  ni  la  trascendencia  del  error  frente a la ley  sustancial,  menos  aún evidencia dónde radica el desvío del análisis frente  al postulado omitido.   

En  efecto, de manera genérica señala que  la  valoración de los falladores de los citados medios de prueba es contraria a  la  lógica,  a la experiencia y al sentido común, pero no reconstruye la regla  infringida  ni  demuestra  su validez, presupuestos sin los cuales no es posible  evidenciar el yerro aducido.   

Entonces,  la  censura  sólo  refleja  la  inconformidad  del  libelista con la ponderación del testimonio de Jhon  Fredy  Ochoa  Díaz,  en tanto los  juzgadores  le  otorgaron credibilidad, siendo que, en su opinión, el deponente  no  tenía  amistad o familiaridad suficiente con el procesado para que éste le  encomendara tan delicada e ilícita misión.   

Con todo, encuentra la Sala que el libelista  descontextualiza  la expresión usada por el testigo en la medida que el vocablo  “distinguir”  se  usó  para  referir el conocimiento y trato sostenido entre el declarante Ochoa  Díaz y el procesado CARMONA  DÍAZ,  como se desprende de su  declaración:   

“…yo distingo  al  señor  Jack…un  día me comentó sobre el señor Edgardo…yo le dije que  tenía  unos  contactos…que  el  (sic) necesitaba  que  le  hicieran  la  vuelta al señor Edgardo…yo le  dije  que  tenía  unos amigos que trabajaban en las autodefensas…”.         

El contexto de la declaración indica que el  término  distinguir se utilizó para señalar el conocimiento y trato previos y  no  la  falta  del mismo como lo conjetura el libelista, máxime cuando ese tipo  de  relaciones  de orden ilegal no requieren la familiaridad o amistad pregonada  en  la  demanda,  pues  basta  saber  que  el  intermediario tiene los contactos  necesarios para ejecutar el plan criminal.   

La afirmación del libelo según la cual es  ilógico  que  una persona con salario limitado destine $800.000 o $900.000 para  contratar  un  sicario,  se funda en un supuesto no demostrado ni debatido en el  juicio,  esto es, cuál era el salario del procesado, cuáles sus obligaciones y  si  tenía  o  no  otros  ingresos  o rentas. Entonces, no es posible afirmar la  incapacidad   económica   de   sufragar   la  cifra  indicada  por  el  testigo  Ochoa Díaz, máxime cuando  se pactó el pago en dos cuotas.   

El  libelista afirma que no se probó en el  debate  oral el supuesto plan para atentar contra Jhon  Fredy  Ochoa  Díaz, de lo cual deduce la inexistencia  del  mismo;  sin embargo, ese argumento no devela el falso raciocinio denunciado  porque  se  limita  a  negar  las  afirmaciones  del denunciante sin referir las  evidencias  omitidas por las instancias que indicaban la mentira aducida. En ese  contexto,  la  versión de ese testigo, ratificada por  Edgar  Castaño  Trujillo, conserva el valor y el peso  que le fuera asignado por los juzgadores.   

Y  aunque es cierto que entre el atentado a  Edgardo Castaño Trujillo y  la     denuncia     contra    JACKHILTON    CARMONA  DÍAZ transcurrieron aproximadamente seis años, ello  no  elimina  la  contundencia  de  los cargos si se considera que la imputación  delictiva  se  corrobora con el testimonio de Castaño  Trujillo  y  con  las  atestaciones  de  Fabio   Cesar   Mejía   Correa   alias  “Jhonatan”, por manera  que   no   se   trata   de   una   manifestación   insular   como   señala  el  libelo.   

El cargo por falso raciocinio atribuido por  el  censor  a  la  valoración  de  los  falladores  del  CD  sobre  la presunta  extorsión  realizada  a  JACKHILTON  CARMONA  DÍAZ,  tampoco reúne los presupuestos de lógica y técnica  exigidos  por  cuanto  no  señala  la  regla técnica, científica o de la sana  crítica  omitida  o contrariada, de suerte que la censura se reduce a consignar  el  desacuerdo  del  demandante  con la ponderación de los juzgadores. Así, el  sentenciador  a quo apuntó  lo siguiente sobre la citada tesis defensiva:   

“Como  tampoco  tiene  acogida la supuesta extorsión de la que estaba siendo víctima, esto es,  que  alias  “Jhonatan” le exigía la suma de $10.000.000 para no declarar en  este  juicio,  por  estos  motivos:  (a). En ningún momento se solicitó por la  defensa  la  incorporación  del disco compacto en la que se grabó la solicitud  de  dinero,  como  tampoco  se  acreditó que la persona que estaba haciendo esa  solicitud  era  Mejía Correa. (b). El señor Carmona Díaz no formuló denuncia  por  este  hecho,  pues  cuando se trasladó al Gaula a poner en conocimiento la  supuesta  extorsión,  sólo  deprecó  un  asesoramiento.  (c). El señor Fabio  César  manifestó  que  le  han  ofrecido hasta 1.200 millones de pesos para no  decir  la  verdad de lo acontecido cuando estuvo al mando del grupo paramilitar,  como  para  decir  que  va a extorsionar a una persona por 10 millones de pesos.  (d).  Esta sentencia condenatoria no se fundamenta en la declaración del señor  Fabio  César  –supuesto  extorsionista-  sino  en el testimonio de los señores Edgardo, y especialmente,  Jhon Fredy”.     

En  ese  orden, aunque el libelo predica la  valoración  equivocada  de  las  aludidas  pruebas,  en  realidad  se orienta a  disentir   de   los   argumentos   expuestos   en  el  fallo  sin  demostrar  la  configuración   de   un   verdadero   defecto   lógico  que  haga  patente  la  inconsistencia de la decisión adoptada.   

Más  que  con una demanda de casación, el  escrito  se  identifica  con  un  alegato de instancia en tanto revive un debate  finiquitado  y trata de imponer el punto de vista de quien lo suscribe. En otras  palabras,  el  libelo  no  contiene  la  enunciación  de  un  falso  juicio  de  raciocinio  sino  la  expresión  de  inconformidad del casacionista frente a la  intelección   del   Tribunal   respecto   de   la   versión   de  Jhon  Fredy  Ochoa  Díaz  y el contenido  del   CD   aportado   por  la  defensa,  con  lo  cual  olvida  que  el  recurso  extraordinario  no  está instituido para confrontar el criterio personal con el  plasmado  en  la  sentencia  impugnada, pues tal actitud riñe con la naturaleza  del recurso.   

Las  anteriores  circunstancias  imponen la  inadmisión  del cargo porque a la Sala le está vedada su corrección en virtud  del  principio  de  limitación  que  regenta el recurso de casación, con mayor  razón  cuando no se advierte en el diligenciamiento o en la sentencia confutada  violación   de   derechos  o  garantías  del  procesado  como  para  que  ello  determinara   ejercer   la  facultad  oficiosa  que  en  punto  de  asegurar  su  protección le confiere el legislador a la Corte.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  el  libelo     casacional  presentado  por  la  defensa  de  JACKHILTON  CARDONA  DÍAZ,    por     las    razones    expuestas    en    las    consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de   2004,   es   facultad   del   demandante  elevar  petición  de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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