38262(30-07-14)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP 4276-2014  

Radicación No. 38262  

(Aprobado acta No. 243)  

Bogotá,  D.  C., treinta de julio de dos mil  catorce.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  la  acusada  EDITH   MARGOTH   BENAVIDES   DE   TOVAR.   

ANTECEDENTES  

1.-   Los  hechos,  a  que  se  contrae  la  actuación,    fueron    reseñados    por    el    Tribunal    de   la   manera  siguiente:   

…hacen relación a  que  el  15 de febrero del año 2011, miembros del personal de Policía Judicial  pertenecientes  a  la  Sijin,  con base en la orden expedida por la Fiscalía 18  Seccional  URI  de Pasto, siendo aproximadamente las 8:35 horas, llevaron a cabo  diligencia  de  registro  y  allanamiento  del  inmueble con nomenclatura urbana  correspondiente  a  la  manzana  1  No  4-27  del barrio Cantarrana Alto de esta  ciudad,  dado  que  se  tenían  motivos razonablemente fundados de que en aquel  lugar  se  expendían  estupefacientes;  y  cuando  trataban  de  ingresar  a la  vivienda  haciendo  uso  de  la  fuerza –dado  que  se  desatendió  el  llamado voluntario-, uno de ellos se  percató  que desde la terraza de la vivienda a allanar lanzaron una bolsa color  verde  al  patio  de la casa contigua, entonces con el permiso de la moradora de  tal  residencia  procedieron a verificar de qué se trataba y encontraron que la  misma   contenía   una  sustancia  vegetal  color  verde  con  características  similares  a las de la marihuana, ulteriormente ingresaron al inmueble objeto de  allanamiento  y en un baño concretamente debajo de una bolsa negra hallaron dos  envolturas  de papel las cuales contenían una sustancia vegetal color verde con  características   similares   a   las  de  la  marihuana,  [sustancias  que  en  posteriores    pruebas    arrojó    resultado    positivo   para   “cannabis    y   derivados”   en  un  peso  de  859  y  9  gramos  respectivamente  para un total de 868 gramos (Cfr. fls. 23, 24 carpeta)], motivo  por  el que se produjo la aprehensión en situación de flagrancia de la señora  EDITH  MARGOTH  BENAVIDES  DE  TOVAR,  quien  fue  dejada  a  disposición de la  Fiscalía General de la Nación.   

2.-  El  16  de  febrero  de  2011  la  Fiscalía  presentó  el caso ante el Juez Tercero Penal Municipal con funciones  de  control  de garantías de Pasto, en audiencias preliminares de legalización  de  allanamiento  y  registro,  legalización  de  captura,  formulación  de la  imputación  en  contra  de  la  indiciada  EDITH  MARGOTH  BENAVIDES DE TOVAR y  solicitud  de  medida de aseguramiento. La imputación se efectuó por el delito  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes, descrito y sancionado en  el  artículo  376  inciso  2º del Código Penal, cuyos cargos fueron aceptados  por  la  implicada  con la asistencia y en presencia de su defensor, después de  lo    cual   la   Fiscalía   desistió   de   la   solicitud   de   medida   de  aseguramiento.   

El  juez  verificó  la  legalidad  de  las  actuaciones  de  la  fiscalía  y  que  la imputada aceptó los cargos de manera  libre,  consciente,  voluntaria,  sin  presión  ni  apremio de ninguna índole,  debidamente  informada, asesorada por su defensor,  y sin que se advirtiera  la violación de sus derechos fundamentales.   

3.-  En  cumplimiento de lo dispuesto en el  artículo  293  del  estatuto  procesal  penal  (Ley  906  de 2004), el caso fue  llevado  ante el Juez de conocimiento (Cuarto Penal del Circuito de Pasto), para  la    individualización    de    la    pena    y   el   proferimiento   de   la  sentencia.   

En  audiencia celebrada el 2 de junio de de  2011,  dicha  autoridad, después de  manifestar que no resultaba necesario  verificar  la  legalidad  del allanamiento toda vez que tal actividad la asumió  el  Juzgado  de  Control  de  Garantías, corrió los traslados correspondientes  para  la  individualización  de la pena y dictó la respectiva sentencia, en la  cual  condenó a EDITH MARGOTH BENAVIDES DE TOVAR, a las penas principales de 36  meses  de  prisión y multa en cuantía de $712.348.oo, así como a la accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por  término  igual  al  de  la  pena  privativa de la libertad, al tiempo que no le  concedió  la suspensión condicional de la ejecución de la pena ni la prisión  domiciliaria,  a  consecuencia  de  hallarla  autora  penalmente responsable del  delito  de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes, bajo la modalidad  de   venta   (definido  por  el  artículo  376,  inciso  segundo,  del  Código  Penal).   

4.-  Contra este fallo la defensa recurrió  en  apelación  y  el  Tribunal,  mediante el suyo de 27 de octubre de 2011, que  ahora   la   defensa   impugna   en   casación,  decidió  impartirle  íntegra  confirmación.   

5.- Contra la sentencia de segunda instancia,  el  defensor  de  la  procesada  EDITH MARGOTH BENAVIDES DE TOVAR, oportunamente  interpuso  recurso  extraordinario de casación, mediante la presentación de la  correspondiente   demanda   sobre   cuya  admisibilidad  se  pronuncia  la   Corte.   

LA DEMANDA  

Después de resumir los hechos e identificar  las   partes   intervinientes   en   el  trámite  y  la  sentencia  materia  de  impugnación,  así como de hacer un relato de lo actuado en las instancias, con  apoyo  en  las  causales  primera  y  tercera  de casación, un cargo postula el  recurrente contra la sentencia del Tribunal.   

Denuncia que en el presente caso se presentó  la   violación   del   debido   proceso,  toda  vez  que  en  la  audiencia  de  individualización  de pena no se apreció la prueba presentada, relacionada con  la  historia  clínica y demás documentos procedentes de la EPS Seguros Social,  en  donde  se referenciaba la patología, tratamiento, evolución y medicamentos  a  recibir  por  la  acusada,  como persona insulinodependiente por razón de la  diabetes  crónica  y  grave  que  padece, <<sin  haberse  generado  una  razón  para  su  negación; cuando de ser necesario una  nueva  prueba  para  examinar  el  estado de salud de la condenada al momento de  dictar  sentencia,  dada  la  condición  de salud que motivó la variación del  estado  de  detención  intramural  por  domiciliaria,  debía  obedecerse  a un  sistema  procesal específico, violándose entonces la producción de la prueba,  el  debido  proceso  y  en  consecuencia el artículo 29 de la Carta Política y  fundamentado   en   los  artículos  concordantes  de  la  misma  Constitución,  artículo  11  (derecho a la vida), 13 (derecho a la igualdad), 49 (derecho a la  salud)>>.   

Sostiene  que  la transgresión noticiada se  presenta  al  exigirle  a  la  defensa  que  acredite con pruebas procedentes de  Medicina   Legal,   es  decir,  dictámenes  de  médicos  legistas  o  forenses  oficiales,   o  que  se  soliciten  medios  de  convicción  de  ese  carácter,  adicionales  a los ya aportados de la EPS, y que fueron aducidos en la audiencia  de  individualización  de  la  pena,  sin  que  hubieren  sido objetados por la  Fiscalía.  Por  razón  de  esto,  dice, <<esta  defensa  presenta de forma clara y sustentada la petición de sustitución de la  prisión  intramuros  por la prisión domiciliaria por enfermedad grave acorde a  lo  reglado  en  los  artículos  314  y  461  del C. de P.P>>,   para  lo  cual  dice  apoyarse  en  un  pronunciamiento  de  la  Corte.   

Considera  que  si existiera controversia de  parte  de  la Fiscalía o el Ministerio Público en torno a la procedencia de la  prisión  domiciliaria, la formulación de las peticiones correspondientes en la  audiencia  de  individualización  de  la sanción es el mecanismo oportuno para  que  el  Juez  disponga  la  práctica  de  las pruebas en orden a establecer el  fundamento  de  la  pretensión,  lo  cual, según dice, fue desatendido en este  caso.   

Señala  que  el  reclamo  que se hace en la  sentencia,  en  el  sentido  que  la  defensa  no  aportó  a  la actuación los  exámenes  de  médicos legistas,  se encuentra ampliamente superado con la  historia  clínica y demás documentación allegada, sin que sea viable invertir  la  carga  de la prueba <<porque una cosa es que  el  peticionario  presente  documentos  clínicos  o  científicos y otra que el  Estado  abandone  su  obligación  de  carga  de  la  prueba,  para  confirmar o  infirmarlos,  aparte  que  está  autorizado  para  perseguir  la claridad en la  prueba en este aspecto>>.   

Señala      que      <<si   bien   lo   dicho   tiene  que  ver  con  la  prisión  domiciliaria  conforme al artículo 38 del Código penal, la norma en discusión  que    es    el   artículo   68   del   mismo   ordenamiento,   tiene   similar  aplicación>>,   en   cuanto  la  función  es  permitir  que un enfermo no sea recluido en una cárcel cuyas condiciones son de  hacinamiento e insalubridad.   

Con   fundamento   en   estas   y   otras  consideraciones  en  similar  sentido,  solicita  casar la sentencia recurrida y  revocar  la decisión de negar la suspensión condicional de la ejecución de la  pena y el instituto de la prisión domiciliaria.     

    

SE CONSIDERA  

1.- Tal como ha sido repetidamente dicho por  la  Corte  CSJ AP, 5 Dic 2007, Rad. 28653,  en  esta ocasión resulta pertinente reiterar que la casación no  es  instancia adicional a las ordinarias del trámite, y por lo mismo no ha sido  concebida  como  un instrumento que permita la continuación del debate fáctico  y  jurídico  llevado a cabo en un proceso ya culminado, sino que, por su propia  naturaleza  corresponde  a  una  sede  única  que  parte  del  supuesto  de  la  terminación  del  juicio  con  el  proferimiento  de  la  sentencia  de segunda  instancia  y,  además,  que ésta no solamente es acertada sino legal, por  ajustarse  en  un todo al ordenamiento jurídico, cuya desvirtuación compete al  demandante.   

De  conformidad  con  la ley procesal penal,  dicho  propósito  sólo puede lograrse mediante la presentación de una demanda  escrita,  en  la  que  se  identifique  la  sentencia recurrida, se acrediten la  legitimidad  y  el interés para recurrir, se expresen con claridad y precisión  los  fundamentos  fácticos  y  jurídicos  de la pretensión, y se demuestre la  objetiva   configuración   de   uno  o  varios  de  los  motivos  de  casación  taxativamente previstos por el Código de Procedimiento Penal.   

Acorde  con  los  principios  que  rigen  la  utilización  del  instrumento extraordinario de impugnación, en el libelo debe  demostrarse  igualmente, la necesaria intervención de la Corte para cumplir, en  el  caso  concreto,  uno o más de los fines propios del recurso extraordinario,  los  cuales aparecen previstos por el artículo 180 del Código de Procedimiento  Penal  de  2004.  De ninguna otra manera podrían ser entendidas las expresiones  contenidas  en  los   artículos  181  y  183 ejusdem, según las cuales la  casación   resulta   procedente   contra   sentencias   de   segunda  instancia  “cuando afectan derechos  o      garantías     fundamentales”   y   que   en   la   demanda   se   debe   señalar  “de      manera      precisa     y  concisa”  las  causales  invocadas y sus fundamentos.   

En  esta  oportunidad  debe  insistirse  en  recalcar  que  en  el  sistema  procesal  de  que trata la Ley 906 de 2004 no se  libera  al demandante del deber de cumplir con unos mínimos requisitos de forma  y  contenido  que  le  permitan superar el necesario juicio de admisibilidad que  por  ley  compete  realizar  a la Corte. Tanto es esto, que el artículo 184 del  mencionado  estatuto la faculta para no admitir al trámite aquellas demandas en  las  cuales  se  establezca que el impugnante carece de interés, o cuando no se  señala  el  motivo  de  casación  en  que  apoya la pretensión desquiciatoria  contra  el  fallo  de  segunda  instancia,  o  cuando  en el escrito se dejan de  desarrollar  clara  y  precisamente  los  cargos  que  a  su  amparo  pretendió  formular,  <<o cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para  cumplir    algunas    de   las   finalidades   del   recurso>>.   

Entre los mencionados requisitos establecidos  por  el  artículo  183  de la Ley 906 de 2004, con la modificación introducida  por  el  artículo  98  de  la  Ley  1395  de  20101,    se  destaca  que  el  censor  tiene  el  deber  de  interponer  el  recurso  dentro  de la oportunidad  legalmente  prevista,  esto  es  dentro  de  los  5  días  siguientes a última  notificación  de  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal,  presentar  la  demanda  en  un   término posterior común de 30 días y la  carga   de   acreditar   la   existencia   de   interés   para  acudir  a  sede  extraordinaria.   

El  demandante  tiene  por  deber  señalar,  además,   con   absoluta   precisión  la  causal  o  causales  que  apoyan  su  pretensión;  enunciar,  desarrollar  y  sustentar  de manera clara y precisa el  cargo  o  cargos  que  a su amparo pretenda proponer y; demostrar con la nitidez  requerida,  que  la  intervención  de  la Corte en el asunto particular resulta  necesaria  para  cumplir  alguna  de  las  varias  finalidades previstas para el  recurso,  tales  como  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las  garantías  de  los intervinientes en el proceso, la reparación de los agravios  inferidos a éstos, o la unificación de la jurisprudencia.   

En   dicho   sentido  la  Sala  CSJ  AP,  9  Jun  2008, Rad. 29019 tiene  establecido que:   

“La  debida  sustentación   del   cargo  propuesto  implica  para  el  censor,  entre  otras  exigencias,   desarrollarlo   en   forma  completa,  conforme  al  principio  de  sustentación  suficiente,  de  suerte  que la demanda se baste a sí misma para  lograr  la  infirmación  total  o  parcial  de  la sentencia, según el caso, y  hacerlo  de  manera  clara  y  precisa,  en términos tales que el alcance de la  impugnación  surja  nítido,  para  que  el  juez  de casación pueda dar a los  reproches planteados adecuada respuesta.   

“También  es  exigencia  indeclinable  demostrar que la intervención de la Corte es necesaria  para  la  realización  de  los  fines de la casación, lo cual significa que la  demanda,  además  de hallarse adecuadamente presentada y debidamente sustentada  (idoneidad  formal),  debe  ser  fundada (idoneidad sustancial), es decir, estar  razonablemente  llamada  a  propiciar  la  infirmación  total  o  parcial de la  sentencia,   o   un  pronunciamiento  unificador  de  la  Corte  sobre  el  tema  debatido.   

“A   esta  conclusión  se  llega  tras  consultar  el contenido del artículo 184 ejusdem,  donde  se  incluye  como  causal de no selección de la demanda de casación, el  que  se  advierta  fundadamente  de su contexto que no se precisa del fallo para  cumplir  alguna  de  las  finalidades  propias del recurso, es decir, que no sea  necesario  para  materializar la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías de los intervinientes y la reparación de los agravios inferidos  a éstos (artículo 180).   

2.-  En todo caso, la adecuada sustentación  del   recurso,  sin  la  cual  no  es  posible  acceder  a  éste,  <<exige  que el demandante demuestre que el juzgador cometió  un  error  al  tomar  la decisión, bien de juicio (in iudicando) o de actividad  (in  procedendo),  para  cuyo  efecto  no  basta  afirmar  que  una  determinada  infracción  se  cometió,  sino  que  es necesario precisar en qué consistió,  qué  repercusiones  o  implicaciones  tuvo  en  la  decisión  recurrida,  qué  consecuencias  desfavorables  se  derivaron  de ella para la parte impugnante, y  por  qué  la intervención de la Corte es necesaria para el cumplimiento de los  fines  del  recurso>>  CSJ AP, 26 Sep 2007, Rad.  28053.     

3.-  En  el  presente  evento,  la  demanda  presentada  por  el defensor de la acusada EDITH  MARGOTH  BENAVIDES  DE  TOVAR,  prácticamente  incumple  todos los presupuestos  básicos   de   admisibilidad,   tornando   inexorable  tener  que  disponer  su  rechazo.   

En  una mezcla ininteligible de conceptos e  ideas,  así  como  el  demandante  sugiere  la violación directa de la ley, en  cuanto  alude a la causal primera de casación, lo cual le implicaría tener que  aceptar  los  hechos  y  las  pruebas  en que se fundó la decisión ameritada y  presentar  la  discrepancia  en  el  ámbito  del estricto raciocinio jurídico,  inopindamente,   bajo  el  mismo  enunciado  de  propuesta  y  sin  precisar  la  configuración   de  algún  específico  tipo  de  yerro  probatorio,  alude  a  violación  indirecta  de  la  ley para sugerir que el sentenciador incurrió en  errores   de  apreciación  probatoria,  que  dieron  lugar  a  la  negativa  de  concederle  a  su representada la suspensión condicional de la ejecución de la  pena  y  la  prisión  domiciliaria,  que  a  su  vez relaciona con una presunta  violación  del  debido  proceso  constitucional  que,  como es apenas obvio, de  llegar  a  demostrarse  daría lugar a declarar la ineficacia de lo actuado o de  parte del trámite procesal.   

Lo anterior de suyo resulta suficiente para  que  la  Corte  decida  inadmitir la demanda, en cuanto no se cumple el deber de  claridad y precisión en la formulación de los reparos.   

Cabe denotar, no obstante que el demandante  incurre  en  ostensible  confusión  en cuanto a los institutos de la detención  domiciliaria,  la  prisión  domiciliaria  y  la  sustitución  de  la pena, los  cuales,  precisamente  por  poseer  cada  uno su propia naturaleza y alcance, se  hallan  regulados  en  distintas   disposiciones  de  la  ley  penal  y  de  procedimiento,  conforme  ha  sido  precisado  por la Corte, incluso en la misma  providencia  mencionada  por el recurrente (CSJ SP 19 oct. 2006, rad. 25724), en  la cual se clarificó el tema.   

Así, mientras la  detención  domiciliaria (arts. 307 y 314 del C.P.P.)  tiene  que ver con la imposición de una medida de aseguramiento privativa de la  libertad  en  el trámite de  un proceso no terminado, con el fin de evitar  la  obstrucción del debido ejercicio de la justicia, impedir que el imputado se  constituya  en  un  peligro para la seguridad de la sociedad o de la víctima, y  garantizar  al  tiempo la comparecencia a juicio y eventualmente el cumplimiento  de  la sentencia; la prisión domiciliaria   (art.  38  del  C.P.), se relaciona con la sentencia que el  juez  de  conocimiento  adopta  como  culminación  del  juicio oral, en la cual  decide,  atendiendo  el  monto  mínimo  de  la  pena  prevista para la conducta  realizada  y  el cumplimiento de los demás presupuestos establecidos en la ley,  que  el  condenado  cumpla el tiempo de privación de la libertad en el lugar de  residencia o morada, o en el sitio que él decida.   

La  sustitución  de  la  ejecución  de la  pena  (art.  461  del  C.  de  P.P.),  por  su parte,  consiste  en  la  determinación que el juez de ejecución de penas y medidas de  seguridad  puede  adoptar,  en  el  sentido  de  ordenarle al Instituto Nacional  Penitenciario  y  Carcelario  la  sustitución de la ejecución de la pena de un  sentenciado,  previa  caución,  en  los  mismos  casos de la sustitución de la  detención  preventiva  a  que  se alude en el artículo 314 del C.P.P., lo cual  resulta  viable  conceder  cuando  el  reo  cuenta  con  más  de  65 años y su  personalidad,  la gravedad y modalidades de la conducta aconsejan la aplicación  de  la medida; a la sentenciada que se halla en estado de embarazo y le faltan 2  meses  o  menos  para el parto; cuando el condenado se encuentra en estado grave  por   enfermedad,  <<previo  dictamen  de  médicos  oficiales>>  y;  finalmente,  cuando  con  posterioridad  a  la  sentencia,  la  condenada  o  el  condenado  adquieren  la  condición de madre o padre cabeza de familia, de hijo  menor  o  que sufriere incapacidad permanente, siempre y cuando haya estado bajo  su cuidado.   

En  el mencionado pronunciamiento, precisó  la  Corte  que  para  otorgar o no la sustitución de la ejecución de la pena a  que  se  alude  en  el  artículo  461 del Código de Procedimiento Penal, no se  tienen  en  cuenta  las  finalidades de la medida de aseguramiento, precisamente  por  tratarse de un tema superado con el proferimiento del fallo. Tampoco pueden  ser  objeto  de  consideración  las  finalidades  de  la pena, toda vez que las  mismas  ya  fueron materia de estudio en el momento de dictar la sentencia, para  efectos  de  su  individualización.  Y  no  debe  ser materia de estimación el  mínimo  punitivo  previsto  en el tipo penal correspondiente, a que se alude en  el  artículo  38  del Código Penal, <<pues tal  exigencia  es  propia y  exclusiva del juez cuando, al dictar la sentencia,  dedica    su    atención    al    reconocimiento    o   no   de   la   prisión  domiciliaria>>.   

Como  en este caso, atendiendo la normativa  vigente  por  entonces,  el  juzgador  de  instancia  decidió negar la prisión  domiciliaria  prevista  en  el  artículo  38  por  no  reunirse  el presupuesto  objetivo  <<en  virtud  de  que la pena mínima  fijada  por  el  legislador  para  el  delito por el cual se procede, supera los  cinco  años  de  prisión>>,  y estimó que la  sustitución  de  la  ejecución de la pena prevista por el artículo 461 pedida  por   el   defensor  con  fundamento  en  el  artículo  314.4  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  <<únicamente  puede ser  adoptada  por  el Juez de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad competente,  pues  como  lo  ha  sostenido la jurisprudencia, para el efecto se requiere como  presupuesto  previo la ejecutoria de la respectiva sentencia>>  y  la  acreditación  con  dictamen  de médico oficial, sobre el  estado   grave   por   enfermedad   de  la  sentenciada,  la  Corte  no  observa  transgresión  directa o indirecta a la ley, sino, por el contrario, aplicación  precisa  de la misma, siguiendo los lineamientos jurisprudenciales, con lo cual,  ningún  menoscabo  al  debido proceso u otra garantía fundamental pudo haberse  ocasionado.   

En  relación con la temática que ahora le  ocupa,  la  Corte  (Cfr.  CSJ  AP  11  dic.  2013,  rad.  41300),  expresó  que   

…de acuerdo con  criterio  uniforme de la Corporación, en el sistema de enjuiciamiento penal con  tendencia  acusatoria  no cabe pronunciamiento alguno de los jueces de instancia  sobre  la sustitución de la prisión intramural por la domiciliaria por cuanto,  a  voces  del  artículo  461  de  la  Ley  906 de 2004, esta es una competencia  reservada  al  juez  de ejecución de penas y medidas de seguridad. Únicamente,  en  la  hipótesis  de  encontrar  satisfechos  los  presupuestos normativos que  regulan  el  instituto  de  la  detención  domiciliaria, al momento de proferir  sentencia,  habría  lugar  a conceder la sustitución de la medida, no así, la  prisión domiciliaria.   

Sobre  el particular, la Sala recientemente  reiteró su postura en el siguiente sentido:   

“Finalmente  cuestiona  el  demandante  que  a  su  prohijado  no  se le haya reconocido, con  violación  de  los  artículos  461  y  siguientes  de  la Ley 906 de 2004 y de  principios  como  el  debido  proceso,  igualdad,  dignidad  y favorabilidad, el  sustitutivo  de  prisión  domiciliaria,  más  un tal reparo deviene igualmente  infundado,  no  sólo  porque  el  asunto  no  se ventiló en las instancias, en  éstas  se  trató  fue  la  prisión  domiciliaria del artículo 38 del Código  Penal,  sino  porque  además  la competencia para pronunciarse en relación con  aquella  norma  en  concordancia con el artículo 314 de la Ley 906 concierne al  juez  de  ejecución  de penas y medidas de seguridad, lo cual supone obviamente  un fallo debidamente ejecutoriado.   

Así   por  demás  lo  ha  señalado  la  Corte2:   

“… dígase que  no  existe posibilidad de predicar la aplicación del principio de favorabilidad  al  enfrentar  el  artículo 38 del Código Penal, frente al 314 y 461 de la Ley  906  de 2004, pues una y otra norma operan en ámbitos procesales bien distintos  y,  además,  obedecen  a  fines  diversos,  lo  cual hace imposible afirmar que  regulan  el mismo hecho.  Se dirá, eso sí, que el artículo 314 de la Ley  906  de  2004 regula de manera más favorable aquello que igualmente desarrollan  los  artículos  357  y  362  de la Ley 600 de 2000, pues ambos se refieren a la  detención      preventiva.       Pero,      naturalmente      –reitera   la  Corte-  el  juicio  de  favorabilidad   no   puede   operar   entre  normas  que  no  regulan  la  misma  figura.   

“Ahora bien, que  por  vía  del  artículo  461  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004 el  sentenciador  haya  debido conceder la prisión domiciliaria, toda vez que allí  se    establece    que    procede    “la  sustitución  de  la ejecución de la pena, previa caución, en  los  mismos  casos  de  la  sustitución de la detención preventiva” es un razonamiento inadmisible, pues  la  misma  norma  precisa  con  claridad que esa facultad opera no dentro de las  instancias  o  al  proferirse  los  fallos  que  les  ponen fin, sino una vez la  sentencia  cobre  firmeza  y ello, en el caso que ocupa la atención de la Sala,  aún no tiene lugar.   

“…   esa  facultad  está  reservada  a  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  cuando  profiere  fallos definitivos, mas no a los jueces de primera o  segunda  instancia,  como  tampoco  a  la  Corte  cuando actúa como Tribunal de  Casación.    

“…  el  artículo 461 del Código de Procedimiento Penal,  norma  última  que  está  supeditada  a  los  jueces  de ejecución de penas y  medidas  de  seguridad,  o  lo  que  es  lo  mismo,  su  aplicación  es posible  jurídicamente  cuando  la  sentencia  ha  adquirido  firmeza, la que no podría  pregonarse  en  esa  instancia.   Postura que la  Corte ya tuvo la oportunidad de precisar:   

“…Ahora bien,  ese avance en el reconocimiento de la sustitución de  la  prisión  por  su  homóloga  la  domiciliaria debe quedar restringido a los  fallos  que de manera definitiva profiera la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  mas  no  a  los  emitidos  por  la  primera o la segunda  instancia,   dado   que  cuando  estos  jueces  o  tribunales  emitan  sentencia  condenatoria  y  en ese momento constaten cumplida la totalidad de requisitos de  las  causales  regladas por el artículo 314, lo procedente será la aplicación  directa  de  la causal de sustitución de la medida de aseguramiento,  proceder  ante  el  que  nunca estará la Corte, si en cuenta se  tiene  que  al  emitir esta Corporación una sentencia condenatoria lo será con  el  carácter  de  definitiva, bien que sea en única, en segunda instancia o en  casación…”.   

Por  ende,  como  la Sala actúa aquí como  tribunal  de casación y no como fallador definitivo de instancia, y además por  cuanto  la  sentencia  no ha cobrado firmeza, no le está dado arrogarse en esta  sede  extraordinaria  la  competencia que por virtud del artículo 461 de la Ley  906  de 2004 le corresponde únicamente al Juez de Ejecución de Penas y Medidas  de    Seguridad    en    un    momento    procesal   bien   diverso.”3       (Subrayas       no  originales).   

Conforme al precedente citado, se tiene que  los  falladores  no  estaban  obligados  a  estudiar  la  viabilidad  o no de la  sustitución  de  la  prisión intramural por la domiciliaria, y que tal como lo  advirtieron  claramente  los juzgadores en las sentencias, se trata de un asunto  que  bien  podrá  ser puesto en conocimiento del juez que durante la fase de la  ejecución de la pena vigile su condena.   

Cabe   anotar,  de  igual  modo,  que  el  sentenciador  de  primer grado fue expreso en indicar que si bien se cumplía el  presupuesto  objetivo  relacionado  con la pena impuesta en la sentencia, que no  superaba  los  3  años de prisión, no acontecía igual con los requisitos  de  índole  subjetiva para conceder la suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena, sobre lo cual no se presenta reparo alguno en sede extraordinaria,  lo  cual  impide  a  la  Corte  emitir  cualquier  pronunciamiento  sobre  dicho  particular   

4.-  Lo  expuesto  no  obsta para advertir,  conforme  ha  sido indicado en eventos similares a éste (Cfr. CSJ AP 1576-2014,  2  abr.  2014,  rad.  43342),    que  la  Corte no estima necesaria la  intervención  oficiosa a fin de evaluar la posibilidad de aplicar a favor de la  acusada  BENAVIDES DE TOVAR, por favorabilidad, las disposiciones de la Ley 1709  de  2014,  en  relación  con  la suspensión condicional de la ejecución de la  pena  y  la  prisión  domiciliaria como sustitutiva de la prisión, negados por  las  instancias,  toda  vez  que  el  artículo  32  de  la  nueva  normatividad  -mediante el cual se modifica el artículo 68-A de la  Ley  599  de  2000  y  se  halla inescindiblemente vinculado a los requisitos de  procedencia    señalados   en   los   artículos   38   y   63   del   referido  estatuto-,  advierte  que  estos beneficios no pueden  otorgarse,    entre    otros,   en   <<delitos  relacionados     con     el     tráfico     de    estupefacientes    y    otras  infracciones>>, como aquí sucede.   

                

5.-  Dada entonces la manifiesta inidoneidad  formal  y  sustancial  de  la  demanda  de  casación  presentada,  no cabe más  alternativa  que  inadmitirla  y  ordenar la devolución del diligenciamiento al  Tribunal  de  origen,  de  conformidad con lo previsto en el artículo 184 de la  Ley  906 de 2004,  pues no se advierte la necesidad de superar sus defectos  de  forma  y  contenido para la realización de los fines de la casación, ni la  violación  de  garantías  fundamentales  que  la  Corte  esté  en el deber de  proteger de manera oficiosa.   

6.-  Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  por  parte  del  demandante,  de  conformidad con lo  establecido  en  el  artículo  184  inciso  segundo ejusdem, en la oportunidad,  forma  y términos precisados por la Corte CSJ      AP,     12     Dic     2005,     Rad.     24322.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de la acusada EDITH  MARGOTH  BENAVIDES  DE  TOVAR, por  las razones expuestas en la motivación de este proveído.   

Contra  esta  determinación  procede  la  insistencia   en   los   términos   del   artículo   184  de  la  Ley  906  de  2004.   

Notifíquese,  cúmplase  y  devuélvase al  Tribunal del origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Ley  1395    de    2010.    Art.    98.   “El artículo 183 de la Ley 906 de 2004 quedará así:   

“Artículo 183.  Oportunidad.  El  recurso  se  interpondrá  ante  el  Tribunal  dentro  de los cinco (5) días siguientes a la última notificación y  en  un término posterior común de treinta (30) días se presentará la demanda  que   de  manera  precisa  y  concisa  señale  las  causales  invocadas  y  sus  fundamentos.   

Si  no  se  presenta  demanda  dentro  del  término  señalado  se declara desierto el recurso, mediante auto que admite el  recurso       de       reposición”.   

2 Auto  de septiembre 1º de 2010, Rad. No. 32844   

3  Sentencia del 12 de septiembre de 2012, radicación 32.396.     

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