42190(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JOSÉ  LEONIDAS  BUSTOS  MARTÍNEZ   

Aprobado  acta No.  336   

Bogotá,     D.    C.,    nueve   de   octubre   de  dos       mil      trece.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda  de  casación  que  presenta  el  defensor  de  la  procesada  MARÍA     ELENA    OCAMPO    FÓMEQUE   contra  la sentencia de segunda instancia proferida el 6 de  mayo  de  2013,  mediante  la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Cali  la  condenó  por  el  concurso  de  delitos de concierto para delinquir y  lavado de activos.   

1.-           ANTECEDENTES   

1.1.- La cuestión  fáctica, ocurrida en Cali,  fue   declarada   por   el   juzgador  de  la  manera  siguiente:   

“Tienen origen  en  el  homicidio  de  los  esposos  Armando  Moore  Rivera  y  María  Victoria  Madriñán,  ocurrido el 3 de marzo de 2004, en esta ciudad, cuya investigación  adelantada  por  la  Unidad de Apoyo de Derechos Humanos y Derecho Internacional  Humanitario  ante  los  Jueces  Penales  del  Circuito  Especializados  de Cali,  ordenó   el  allanamiento  y  registro  de  la  vivienda  del  señor  Reinaldo  Trujillo  Orozco,  ubicada  en la calle 59 No. 4D-95,  Villa  del  Prado  de  esta ciudad, diligencia realizada el 19 de marzo de 2004,  encontrando  en  el  closet  de la habitación que ocupaba su esposa, una caleta  donde  se  guardaban las siguientes armas: una pistola Pietro Baretta (sic), una  pistola  semiautomática  marca Glock But 120, una subametralladora UZI, calibre  9  MM  No.,  UP  99808k,  una  escopeta  Franchi  calibre  12  No.  06075TS, 145  cartuchos,  7  chalecos  blindados, además la siguiente cantidad de dinero: US$  5.900  y  $1.400.000.  El señor REINALDO TRUJILLO OROZCO afirmó ser escolta de  Marlene  Fómeque  y  se  acogió  a  sentencia anticipada  en cuanto a las  armas.   

“Una  segunda  diligencia  de  registro y  allanamiento,  se  practicó el 18 de marzo de 2004, a las 12:30 de la noche, en  la    residencia   ubicada   en   la   calle  59  No.  3B  Bis  –  95,   barrio  La  Flora  de  Cali,  que  correspondía  al  domicilio  del  señor  Jairo  Lozano  Beltrán,  dando  como  resultado  la  incautación  de  US$  2.924.376  y $ 58.640.000, tres avanteles,  cinco  (5)  bíperes  (sic),  dos  (2)  radios  de comunicación, ocho  (8)  celulares,  documentos  varios escritos en clave, listados y cuentas, que según  Lozano  Beltrán,  correspondía  a  la empresa para la cual trabajaba, armas de  fuego  como  una  pistola  Pietro  Beretta,  calibre  9  mm,  un revólver Smith  &   Wason  (sic),  calibre  32,  dos  fusiles  AK  47 calibre 556, seis  granadas  IM26,  un  lanzagranadas  M/),  56 proveedores para M16, calibre  5.56,  un  proveedor  para  arma  AK-47,  calibre 556, tres  guardamanos  para  fusil  M16,  27  resortes  para  proveedor M16, calibre 5.56,  cartuchos  calibre  7.62,  eslabones  para ametralladora M60, 33 cartuchos 5.56.  Ordenada  la investigación en contra de Lozano Beltrán, se acogió a la figura  de  la  sentencia  anticipada  por  los  punibles  de  concierto para delinquir;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego y municiones de uso privativo  de  las  fuerzas  militares,  el  30  de  julio  de 2004, se profirió sentencia  condenatoria en su contra.   

“En diligencia de indagatoria rendida por  Jairo  Lozano  Beltrán  ante  la  Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho  Internacional  Humanitario  de  la Fiscalía, el 20 de marzo de 2004, manifestó  sus  deseos de someterse al trámite por colaboración eficaz, lo cual reafirmó  ante  el  investigador  Fabio Martínez Lugo, por lo que en auto del 22 de abril  de  ese  mismo  año,  dentro  del  proceso  con radicación 1986 (iniciado para  investigar    el    homicidio    de    los   esposos   Moore-Madriñán)  esta  Unidad  de Fiscalía dispuso  que  los investigadores Fabio Martínez Lugo y Amet Bolaños se trasladaran a la  cárcel  de máxima seguridad de Palmira para que entrevistaran a Jairo Lozano y  presentaran  el  informe  correspondiente, la cual se realizó el 28 de abril de  2004,  en  ese  centro  carcelario.  El  señor  Jairo  Lozano  Beltrán  ante  un Fiscal, el representante del Ministerio Público y su  apoderado,  bajo la gravedad del juramento afirmó que empezó a trabajar con el  abogado   Pedro   Arboleda  y  por  medio  de  él  conoció  a  MARÍA  ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE. Tres años  atrás.  Beltrán  dijo  que no vio la empresa como una organización delictiva.  Al   transcurrir  el  tiempo,  el  Dr.  Pedro,  con  quien  andaba,  le  mandaba  documentación   a   MARÍA   ELENA,   quien  le  dio  confianza  para  enviarle  documentación, así mismo a otros familiares de ellos.   

“También conoció a otros familiares que  trabajaban   con   ellos   como   Marlene   Ocampo  Fómeque,  Joaquín Emilio Gutiérrez, esposo de Marlene  Ocampo  Fómeque,  otro  hermano  llamado  Víctor  Patiño Fómeque,  la mamá de ellos Deisy Fómeque y el papá Joaquín Ocampo. Por  los  avanteles  o  por  los radios estas personas tenían o se hacían pasar por  otros  nombres  así:  MARÍA ELENA OCAMPO como doctora, María Alejandra Nena o  Natacha;  a  Marlene  le  decía  Xuxa  o  Xiux, Chiquita o Enana, al hermano de  éstas  Luis  Alfonso  Ocampo,  Doctor  Esteban,  a Joaquín Emilio esposo de Marlene, llamado Rejito, Joaco  o  Cuadro,  Amparo  una familiar de ellos, le decían Omaira, es una señora que  tenía una bodega donde guardaba pinturas y obras de arte.   

“Igualmente conoció a Cubillos Valencia,  un  expolicía  que  trabajó con el Gaula, le decían Doctora Yamile que andaba  mucho  con MARÍA ELENA OCAMPO, y estaba encargado de seguridad, Roger Arias, un  muchacho  que era como el mensajero, le decían Rafico; HUMBERTO MINA a quien le  decían  algo  así  como Niko Carabalí, le decían Triple Dos, quienes andaban  mucho  con  Cubillos  Valencia,  Jorge  Bejarano de Buga, le decían Diego Edgar  Arias,  andaba  como García, Edgar Ávila, le decían  Kilo  a  él (Jairo Lozano B), lo llamaban Jairo 18, a la caja menor le pusieron  Mario.  Ocho  (8)  o quince (15) días antes del allanamiento de su casa, MARÍA  ELENA,  lo mandó a guardar con Cubillos Valencia, una maleta con US$ 1.050.000,  la  cual se encontraba en la parte de arriba del cuarto, que después recogería  Joaquín  alias  Regito.  Parte  de esa plata se la iban a llevar donde Marlene,  dos  fajos de 50 mil dólares cada uno, uno era para el exmarido de MARÍA ELENA  de  apellido  Alzate,  y  los  otros  50  mil  para un senador de nombre Vicente  Bleck.   

“Aporta documentos que Marlene Ocampo, le  había  dado  a  guardar  en  enero  de  2004,  que luego de foliarlos dio en su  totalidad 1.393, dijo no tener conocimiento sobre su contenido”.   

1.2.- Agotada  la fase correspondiente a la instrucción y previa clausura  de    ésta1,         el         23    de  octubre  de 2006 la Fiscalía  Quinta  Especializada  de  la Unidad Nacional para la  Extinción  del  Derecho  de  Dominio  y contra el Lavado de Activos de Bogotá,  calificó     el     mérito     probatorio    del  sumario2   con   resolución   de   acusación   en  contra  de               la              procesada  MARÍA     ELENA    OCAMPO    FÓMEQUE  como  presunta responsable penalmente  del    concurso   de   delitos   de   lavado   de   activos   (Art.    323   del   C.P);  concierto para delinquir  agravado (  Art.  340  inc.  2º  y  3º  del  C.P);  fabricación,  tráfico  y porte de  armas     de     fuego      y    municiones     (Art.     365    del  C.P)  y;  fabricación,  tráfico   y  porte  de  armas , municiones de uso privativo de las fuerzas  armadas   (Art.   366  del   C.P.),  al  tiempo que resolvió acusar al procesado HUMBERTO MINA, por  el  delito  de  concierto para delinquir  agravado  (Art.  340 inc. 2º del C.P), mediante determinación  que     cobró     ejecutoria     en     esa     instancia    el    7  de  noviembre  de  20063,  al  no  haberse interpuesto recursos contra ella.   

    

1.4.- La etapa de juicio fue asumida por el  Juzgado  Cuarto  Penal del Circuito Especializado de  Cali4,  en donde  se  llevó  a  cabo  la  vista  pública5,    y  posteriormente,   el  17  de  septiembre   de  2010   se  puso  fin  a  la instancia condenando      a     la            procesada  MARÍA    ELENA    OCAMPO    FÓMEQUE,   a   las   penas   principales  de  once  (11)  años  y  seis  (6)  meses  de prisión,  multa     en     cuantía     de     $3.500   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  como consecuencia de encontrarla  coautora penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de lavado de  activos;  concierto para  delinquir   agravado;  fabricación,  tráfico  y porte de armas de fuego o  municiones          y;          fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  y  municiones de uso  privativo  de las fuerzas armadas, a ella imputado en  la resolución de acusación.   

Asimismo  condenó  al  procesado  HUMBERTO  MINA,  a las penas principales de seis (6) años de prisión y multa en cuantía  dos  mil  (2000)  salarios mínimos legales mensuales vigentes, como coautor del  delito   de   concierto  para  delinquir, a él atribuido en el pliego enjuiciatorio.   

A       ambos       procesados  los  condenó  a  la  pena  accesoria          de          inhabilitación    para    el   ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas por término igual al de la pena privativa  de   la  libertad,  al  tiempo  que  les   negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena   y   la   prisión   domiciliaria,   entre  otras                   decisiones6.   

1.5.- Recurrida  esta    decisión    por   la   defensa   de  MARÍA  ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE                           7,  el     Tribunal    Superior    del    Distrito    Judicial    de    Cali, por medio del fallo proferido el  6       de       mayo      de      2013    le  impartió  parcial confirmación,  toda vez que  resolvió   declarar  prescrita  la  acción  penal  respecto  de la acusada MARÍA ELENA OCAMPO FÓMEQUE en razón de los delitos de  fabricación,  trafico  y  porte  de  armas  de  fuego o municiones y;  fabricación,  tráfico  y  porte de armas y municiones de uso  privativo  de las fuerzas armadas, y con relación al acusado HUMBERTO MINA, por  el delito de concierto para delinquir.   

Decidió,  en  consecuencia,  condenar a la  acusada  MARÍA  ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE,  por  los  delitos  de  concierto para  delinquir   y  lavado  de  activos,  por  cuyas  conductas le impuso ciento  veintiséis    (126)   meses   de   prisión,   al  conocer  en  segunda  instancia de la apelación  interpuesta8.   

1.6.-   Contra      la      sentencia     de     segunda     instancia,     el    defensor    de   la         procesada  MARÍA  ELENA      OCAMPO      FÓMEQUE     interpuso  oportunamente   recurso  extraordinario         de         casación9,         siendo  concedido  por  el  Ad  quem10, presentándose    la    correspondiente   demanda11,  sobre cuya admisibilidad  se pronuncia la Corte.   

2.-    LA  DEMANDA   

Después   de   identificar  los  sujetos  procesales  y  la  providencia  materia  de  impugnación, así como resumir los  hechos  y  la  actuación  llevada  a  cabo  en  las  instancias,  con  apoyo en  las  causales  primera  y  tercera de casación,  dos  cargos       formula      el   demandante   contra   el   fallo   del   Tribunal.   

En  la  primera  censura,   sostiene  que   en   la   sentencia   se   incurrió  en  violación  directa  de  la  ley  sustancial,    “por  interpretación  errónea,  aplicación indebida de los artículos 340 numerales  2,  3 del Código Penal”  (sic).   

Después   de  rememorar  las  decisiones  adoptadas   por   los  juzgadores  de  instancia,  manifiesta  que  el  Tribunal  “en  el caso sub examine, tuvo una interpretación  errónea  al  prescribir el concierto para delinquir, consagrado en el artículo  340.2  del  CP.,  como  quiera  que  antes  de declarar la prescripción, debió  ocuparse  de  regular  si la norma había sido bien aplicada por el sentenciador  de  primera  instancia.  Al  respecto debo decir, que antes que el artículo 340  inciso   2  del  Código  Penal,  fuera modificado  por  la  Ley  1121  de  2006,  artículo  19;  sus incisos 2 y 3 al referirse al  concierto  para  delinquir,  convertían  al  victimario en revictimario, habida  cuenta  que  parte la norma, artículo 340 de aplicar una sanción penal de tres  (3)  a  seis (6) años, cuyo incremento punitivo según el inciso 2 del art. 340  sustancial,  equivale  a prisión de seis (6) a doce (12) años, y que se vuelve  más  gravoso  aun con el inciso 3, que aumenta la pena de nueve (9) a dieciocho  (18)  años.  Este  planteamiento  no  sería controversial al tenor de la norma  actual  que  fue  modificada  por  la  Ley       1121       de      2006,      art.      19”.   

Sostiene que a su defendida se le aplica la  normatividad  anterior,  sin  la  reforma,  siendo  esta  la razón por la cual,  según  dice,  quiere  demostrar  “que el contenido  del  artículo  340  incisos 2 y 3 del C.P., agravan  la  pena,  y  no  deben  acumularse;  por emplear los  mismos  verbos  rectores,  si  se  aplica  el  inciso  2,  en  este caso se debe  prescindir de aplicar el inciso 3”.   

Anota       que      “ambos   incisos   tienen   el   mismo   fin,  con  unos  verbos  rectores   cuyo  objetivo,  son  tendientes a puntualizar el concierto para  delinquir;  pero  debo  resaltar que aplicar esta norma, calificando la conducta  del  concierto  para delinquir, con los agravantes de los incisos 2, 3, al mismo  tiempo,  implica incluso una violación al principio  ‘non    bis    in  ídem’, en este caso o  se  juzga  por el inciso segundo o se juzga por el tercero, partiendo de la base  del  primer  inciso,  pero  no se puede aplicar el inciso 2 y 3 al mismo tiempo,  porque  al tenor de la norma sería juzgar a mi defendida dos veces por el mismo  delito.  Vale aclarar, que en pleno no se especifica en la parte instructiva, ni  en  el  fallo demandado, qué verbos rectores del artículo 340 incisos 2, 3 del  CP,  fueron  aplicados para determinar la conducta del concierto para delinquir,  es  decir,  que  hubo  una  aplicación  errada  de  la  norma que discrimina la  dosificación punitiva”.   

Considera que en el caso de su asistida, la  norma  ha  debido  aplicarse  solo  con  un  incremento  de  pena,  “es  decir,  al  tenor del artículo 340 inciso 2, que establece  una  pena  de  seis  (6)  a  doce  (12)  años, para el concierto”.   

Con fundamento en lo expuesto, solicita a la  Corte  Casar  la  sentencia acusada y “dictar fallo  sustitutivo,  redosificando la pena respecto a las conductas punibles que quedan  pendientes,  el  concierto  para delinquir y el lavado de activos, estableciendo  la  conducta principal y el delito concursante en los términos alegados en este  cargo”.   

En  la  segunda  censura,  postulada  con  apoyo  en  la  causal tercera, sostiene que la sentencia fue proferida en juicio  viciado  de  nulidad  por violación del debido proceso, derivada de la falta de  competencia    del    funcionario    judicial,   toda   vez   que   “el  juzgador de segunda instancia debió prescribir la conducta  de  concierto  para delinquir porque la norma antes de la reforma de la ley 1121  (art.    19)    arroja   dos   opciones   de   condena   aplicables   en   forma  simultánea,  para  que  el  intérprete  lo haga en  forma  errada,  es  decir,  que  el  victimario se convierte en un revictimario,  porque  al  tenor  de la norma el interprete fallador puede condenar dos veces a  una   persona   por   un   solo   delito,   en  este  caso,  el  concierto  para  delinquir”.   

Sostiene      que      “el   fallador   de   segunda   instancia,  debió  establecerse  únicamente  en  el  inciso  2  del  art.  340  del  CP., por la modalidad de la  infracción  por  parte  de  mi  defendida, sin embargo, no se hizo porque dejó  incólume  el  inciso  3 que convierte al victimario en revictimario y sesgó la  oportunidad  procesal en forma absoluta de prescribir esta conducta, que bajo el  contenido   de  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de  Cali,  se  encuentra  prescripta;   repito,  el  inciso  3  revalora  una  condena,  bajo  los  mismos  parámetros,  bajo  la  misma naturaleza del delito  tipificado,       con      los      mismos      verbos      rectores” (sic).   

Desde   esa  perspectiva,  dice,  resulta  necesario  decretar  la  nulidad  de  lo actuado previamente al fallo de segunda  instancia,  “para que regrese al Tribunal Superior  de  Cali y se haga la valoración concerniente al concierto para delinquir, para  que  se  modifique  el  fallo, declarando la cesación de procedimiento en forma  absoluta respecto a la conducta punible del art. 340 del CP.”   

Después  de algunas otras consideraciones,  con  las  cuales  pretende  “sustentar este cargo a  través  de  la  principialística  que se ritúa con el artículo 310 de la Ley  600  de  2000”,  solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  recurrida, decretar la nulidad que invoca,  a  partir  del momento en que el Tribunal Superior de Cali avoca el conocimiento  “para  que corrija el error in procedendo respecto  del  delito  de  concierto para delinquir, para que de esta manera cese en forma  absoluta  el  procedimiento  respecto ha (sic) este hecho punible”.   

3.- ALEGATO DE NO RECURRENTE  

El  Procurador  69  Judicial  II  Penal  de  Santiago  de  Cali,  durante el término de traslado  para  los  sujetos  procesales no recurrentes, solicita a la Corte no admitir la  demanda  de  casación, toda vez que no respetó el principio de prioridad en la  formulación  de  los  reparos,  en  la  medida  que   los  cargos de mayor  trascendencia  por  el  grado  de  afectación  del proceso deben presentarse en  primer orden frente a los demás.    

SE CONSIDERA:  

1.-  La  demanda  de  casación  instaurada  a  nombre  de   la   procesada   MARÍA   ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE            presenta   inocultables   desaciertos   de  orden  técnico  y  de  fundamentación    que    le    impiden  superar  el  juicio  de admisibilidad que por ley le corresponde  realizar   a   la   Sala,  y  frustran  las  aspiraciones  desquiciatorias  contra  el  fallo  de  segunda  instancia.   

2.-          Repetidamente     la    Corte    ha  señalado12  que  la  casación no es una instancia más a las ordinarias del  trámite,  en  la  que  puedan  ser  presentados  de  manera  libre  e  informal  argumentos   de  disentimiento  contra  los  fallos  de  segunda  instancia,  ni  constituye  una  prolongación del juicio en la que resulte posible continuar el  debate    fáctico    y    jurídico    propio    del   trámite   regular   del  proceso.   

Insistentemente    ha    señalado  que  la  postulación  del  instrumento  extraordinario  de  impugnación  debe  obedecer  a  la  denuncia y  demostración  de  haber sido transgredida la ley con el fallo, y que el escrito  a  través del cual se ejerce, para que pueda llegar a ser admitido a su estudio  de  fondo, necesariamente debe cumplir, no solamente los rigurosos requisitos de  forma   y   contenido   establecidos   por  el  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento    Penal    de    2000    (idoneidad  formal),  sino que la demanda debe ser objetivamente  fundada,  es decir, estar llamada a lograr la infirmación total o parcial de la  sentencia,  o  a propiciar un pronunciamiento unificador del Máximo Tribunal de  la   Jurisdicción   Ordinaria   alrededor  de  un  determinado  tema  jurídico  (idoneidad  sustancial).   

Por  esta razón, entre los presupuestos de  admisibilidad,    la  legislación  procesal  ha  previsto   para   el   demandante   la  obligación  de  presentar  concreta  y claramente los fundamentos  fácticos  y  jurídicos del motivo de casación que se aduce, para lo cual debe  tomarse  en  cuenta  que cada causal tiene naturaleza autónoma, por lo mismo se  halla   sometida   a  parámetros  demostrativos  propios  y  distintos  de  las  demás,   y  que  su configuración trae aparejada consecuencias de diversa  índole para el proceso.   

3.- Esta claridad y precisión no se aprecia  en  la  demanda  presentada  a nombre de la  procesada  MARÍA  ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE,  pues  además  de  no acoger el principio de prioridad que  rige  la  casación,  según  el cual los cargos han de ser propuestos de manera  secuencial  teniendo en cuenta la incidencia que su prosperidad tendría para la  totalidad  del  proceso  o  de parte de éste, o para el sentido de la decisión  que  deba  proferirse  en reemplazo de la recurrida, es lo cierto que en ningún  caso  logra  demostrar  la  configuración  de  los supuestos de cada uno de los  motivos  que  aduce,  ya  que no les da el desarrollo  requerido  para  que  las  censuras  pudieran  tener  alguna  vocación  de  prosperidad,  lo  que  indica  que su propuesta quedó en el solo  enunciado.     

4.-  En  relación con la causal primera de  casación,  dada  la posibilidad de encontrar configuración por la vía directa  o  la  indirecta  de violación a la ley, según ha sido repetidamente dicho por  la  doctrina  de la Corte, oportuno se ofrece reiterar que la violación directa  de  disposiciones  de  derecho  sustancial,  puede llegar a presentarse por  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida, o interpretación errónea de un  determinado  precepto,  acogiendo  de  esta manera el criterio de clasificación  trimembre  de  los  sentidos  de la violación, que reconoce total autonomía al  último de ellos.   

Dentro  de  esta  categorización,  ha sido  entendido  que  la  falta  de  aplicación  de  normas  de derecho sustancial se  configura  cuando  el  juzgador  deja  de aplicar al caso la disposición que lo  rige;  la aplicación indebida tiene lugar cuando aduce una norma equivocada; y,  la  interpretación  errónea  consiste  en  el  desacierto  en  que  incurre el  fallador  cuando habiendo seleccionado adecuadamente la norma que regula el caso  sometido  a  su consideración, decide aplicarla, sólo que con un entendimiento  equivocado,   sea   rebasando,   menguando   o   desfigurando   su  contenido  o  alcance.   

De  esta  manera  resulta  claro  que  la  diferencia  de  las  dos  primeras hipótesis de error con la última, radica en  que  mientras  en  la  falta de aplicación y la aplicación indebida subyace un  error  en la selección del precepto, en la interpretación errónea el yerro es  sólo  de  hermenéutica, pues se parte del supuesto de que la norma aplicada es  la  correcta,  sólo que con un entendimiento que no es el que jurídicamente le  corresponde,  llevando  con  ello  a  hacerla  producir  por  exceso  o  defecto  consecuencias distintas de las que le corresponden.   

Para  efectos de precisar el concepto de la  violación,  resulta  intrascendente  la  motivación  que pudo haber llevado al  juzgador  a  la  transgresión  de  la disposición sustancial; lo que realmente  cuenta  es  la  decisión  que  adopte  en  relación con ella. En este orden de  ideas,  si la norma es aplicada pese a no regir el caso o inaplicada no obstante  regirlo,  habrá  llanamente aplicación indebida o falta de aplicación, según  cada  caso,  independientemente  de  que  al  error  se  haya  llegado porque el  juzgador   se   equivoca   sobre   su   existencia,  validez,  o  alcance.    

En  síntesis,  si una determinada norma de  derecho  sustancial  ha  sido incorrectamente seleccionada, y este error resulta  determinado  por  equivocaciones  del  Juez  en  la auscultación de su alcance,  habrá   aplicación   indebida   o  falta  de  aplicación,  pero  no  errónea  interpretación  del  precepto,  puesto  que  para  la  estructuración  de este  último  sentido  de la violación se requiere que la norma haya sido y deba ser  aplicada.   

     

Asimismo,  la  jurisprudencia  de  la Corte  insistentemente  ha  sostenido que los argumentos relacionados con la violación  directa  de  la  ley sustancial, han de ser expuestos en el ámbito del estricto  raciocinio  jurídico,  sin  que en su desarrollo resulte admisible discutir los  hechos  declarados en el fallo, o plantear o sugerir, la comisión de errores en  la  apreciación  probatoria,  pues  de  presentarse  éstos, habrá de acudirse  prevalentemente  a la vía indirecta y formularse el cargo en capítulo separado  haciendo  mención  expresa  de la clase de desatino probatorio en que incurrió  el  juzgador,  si  de  hecho o de derecho, y precisar la especie y trascendencia  que   tuvo  en  la  parte  dispositiva  del  fallo  ameritado.      

Obedece  ello  a que en la hipótesis de la  violación  directa,  es de cargo del actor aceptar los hechos tal y como fueron  declarados  en  el fallo, así como el mérito persuasivo asignado a las pruebas  que  sirvieron  de fundamento a la decisión y, a partir de allí, demostrar que  el  yerro consistió en la selección o comprensión por el juzgador de la norma  sustancial  finalmente  aplicada;  en tanto que si lo pretendido es denunciar la  transgresión  indirecta de la ley por haberse incurrido en errores probatorios,  el  casacionista  debe  precisar los medios sobre los cuales recaen, especificar  su  clase, si de hecho o de derecho, concretar una de las diversas posibilidades  que  a  su  interior  pueden presentarse, y demostrar la trascendencia  de  un  tal  desacierto  en  la  declaración  de justicia contenida en la parte  resolutiva  del  fallo,  dando  lugar  a  la  aplicación indebida o la falta de  aplicación de determinado precepto.   

5.- En relación  con   la   causal   tercera   o   de   nulidad,   la  Sala  tiene establecido que los motivos de ineficacia  de  los  actos  procesales  no  son  de  postulación  libre,  sino  que, por el  contrario,  se  hallan  sometidos al cumplimiento de precisos principios que los  hacen operantes.   

En  este  sentido,  la  jurisprudencia  ha  señalado  que   de  acuerdo  con  dichos  principios, solamente es posible  alegar   las   nulidades   expresamente   previstas   en  la  ley  (taxatividad);  no  puede  invocarlas  el  sujeto  procesal  que  con  su  conducta haya dado lugar a la configuración del  motivo   invalidatorio,   salvo   el  caso  de  ausencia  de  defensa  técnica,  (protección);  aunque  se  configure  la  irregularidad,  ella  puede  convalidarse  con  el consentimiento  expreso  o  tácito  del  sujeto perjudicado, a condición de ser observadas las  garantías  fundamentales  (convalidación);  quien  alegue  la  nulidad está en la obligación de acreditar  que  la  irregularidad  sustancial afecta las garantías constitucionales de los  sujetos  procesales o desconoce las bases fundamentales de la investigación y/o  el      juzgamiento     (trascendencia);  no se declarará la invalidez de un  acto  cuando  cumpla  la  finalidad  prevista por la  ley,   pero  lo  importante  no  es  que  el  acto  procesal  se  ajuste  estrictamente a las formalidades preestablecidas en la ley  para  su  producción,  sino  que  a  pesar  de  no  cumplirlas puntualmente, en  últimas   se  haya  alcanzado  la  finalidad  para  la  cual  estaba  destinado  (instrumentalidad)  y;  además,  que  no  exista  otro remedio procesal,  distinto  de  la  nulidad,  para subsanar el yerro que se advierte (residualidad).        

De  manera  que  en sede de casación no basta solamente con  invocar la existencia de un motivo  de  ineficacia  de  lo  actuado,  sino  que  además  compete      al      demandante     concretar el tipo de irregularidad que  alega,  demostrar  su  existencia, acreditar cómo su configuración comporta un  vicio  de garantía o de estructura, y, tal vez lo más importante, demostrar la  trascendencia   del  yerro  para  afectar  la  validez  del  fallo  cuestionado.   

Y  si lo que se  persigue  con  la casación es denunciar la presencia de varias irregularidades,  cada  una  de  ellas con entidad suficiente para invalidar la actuación o parte  de  ella,  resulta  indispensable  que  en la demanda  se  sustenten  en  capítulos  separados y de manera  subsidiaria  si  fueren excluyentes, pues sólo así puede acatarse la exigencia  de  claridad  y  precisión  en  la  postulación  del  ataque  y respetarse los  principios  de  autonomía  y  de  no  contradicción  de  los  cargos  en  sede  extraordinaria.   

5.1.-  En  relación  con  la  solicitud  de  nulidad  derivada de la violación del debido proceso, la Corte ha señalado que  una  tal pretensión debe necesariamente apoyarse en la identificación concreta  del  acto  irregular,  señalando si el vicio que concurre es de estructura o de  garantía;  la  concreción  sobre  la  forma  como el acto tildado de irregular  afectó  la integridad de la actuación o conculcó garantías procesales;   la  demostración  del  agravio  y  la  definitiva  trascendencia  de éste, por  afectar  negativamente  los  intereses  del  procesado,  y  el señalamiento del  momento a partir del cual debe reponerse la actuación.   

Esto por cuanto, como ha sido indicado por la  Sala13,   el   artículo   29  de  la  Carta  Política,   en   cuanto   hace   a   la  garantía  fundamental               del  debido proceso, señala que nadie  podrá  ser  juzgado  sino  conforme a ley preexistente, ante el juez o tribunal  competente  y con la observancia de la “plenitud de  las   formas   propias   de   cada   juicio”.  La  Constitución  igualmente  se  refiere  a otros principios que complementan esta  garantía,  tales  como  el  de  favorabilidad,  la presunción de inocencia, el  derecho  de  defensa, la asistencia profesional de un abogado, la publicidad del  juicio,  la celeridad del proceso sin dilaciones injustificadas, la aducción de  pruebas  en  su favor y la posibilidad de controversia de las que se alleguen en  contra  del  procesado,  el  derecho  de impugnación de la sentencia de condena  -salvo  que se trate de casos de única instancia-, y a no ser juzgado dos veces  por   el   mismo   hecho   así   se   le   dé   una   denominación  jurídica  distinta.      

         

También  ha  señalado  que el concepto de  debido  proceso  se  integra  por el de “las formas  propias  de  cada  juicio”, esto es por el conjunto  de  reglas  y  preceptos  que  le  otorgan  autonomía a cada clase de proceso y  permiten  diferenciarlo  de  los demás establecidos en la ley. Es así como por  vía  de  ejemplo,  de  acuerdo  con  la  Ley  600  de  2000 en materia penal la  estructura   está   dada   por   dos   ciclos   claramente  definidos,  uno  de  investigación  -a  cargo  de la Fiscalía General de la Nación salvo los casos  de  fuero  constitucional-,  y  otro  de  juzgamiento  -por cuenta de los jueces  según   las   normas  que  reglan  su  competencia-.  Dentro  de  la  etapa  de  instrucción,  asimismo  se  observa  la  necesidad  de surtir aquellos pasos de  ineludible  cumplimiento, tales como los actos de apertura de investigación, de  vinculación  del  procesado,  definición de su situación jurídica, de cierre  de  investigación,  y  de  calificación;  dentro  del  juicio,  el  rito legal  establece  dos  etapas, una probatoria y otra de debate oral, de formulación de  cargos y de sentencia.        

6.-  En  el  presente caso, con respecto al  primer   cargo,   el   censor   sostiene   que   los  juzgadores    incurrieron   en   “error   in  indicando  por  interpretación errónea, aplicación indebida de los artículos  340      numerales       2,      3     del     Código     Penal”,  argumentando     que     el    desacierto    se    cometió    “al  prescribir  el  concierto  para delinquir, consagrado en el  artículo  340.2  del  CP.,  como quiera que antes de declarar la prescripción,  debió  ocuparse  de  regular  si  la  norma  había  sido  bien aplicada por el  sentenciador de primera instancia”.   

Así  de  entrada  se  pone en evidencia la  falta  de  objetividad  en  el  planteamiento,  toda  vez  que como resultado de  cotejar  su  alegación  con lo dispuesto por el Tribunal en el fallo de segunda  instancia,  se  establece  que  con  respecto  a  la  procesada  MARÍA  ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE,  sólo se  declaró  la  prescripción  de la acción penal por  los  delitos de fabricación, tráfico y porte de armas de fuego o municiones de  defensa  personal y de uso privativo de las fuerzas armadas (Arts. 365 y 366 del  C.P),  y  no  por  el  de  concierto para delinquir,  con  lo cual el fundamento de la impugnación cae en  el vacío, en cuanto no encuentra respaldo en la actuación.   

El  hecho  de  que  se hubiere declarado la  prescripción  de  la  acción  penal  por el delito de concierto para delinquir  atribuido  al  también  acusado  HUMBERTO  MINA  obedeció,  de  una  parte,  a  que a éste,   en   la   acusación,   se   le   imputó   tal  conducta  sin  la  circunstancia  específica  de  agravación  establecida  en  el  inciso  tercero  de  la norma  sustancial  que  define  dicho  tipo  penal  (Art. 340 del C.P.), vigente por la  época  de  los  hechos,  para  quienes  organicen fomenten, promuevan, dirijan,  encabecen, constituyan o financien el concierto.   

Tampoco  se  percata  el  censor,  tal  vez  interesadamente  atendiendo  la  posición que ocupa en el proceso, que       la      sentencia      se      produjo      siguiendo   los   términos   de   la  acusación,  y que en ésta la Fiscalía fue expresa en indicar que el concierto  tuvo   entre   sus   finalidades   la  comisión  de  delitos  relacionados  con  los  de lavado de activos  y   tráfico  de  armas  de fuego de defensa personal y de uso privativo de  las  fuerzas  armadas,  y  no  la  organización, promoción o financiamiento de  grupos  armados  al margen de la ley, hacia lo cual inopinadamente el impugnante  pretende  desviar  la  atención,  a fin de poner de  presente   una   inexistente   violación   al   principio   de   non   bis   in  ídem.   

Para  que  no  quede  duda alguna de lo que  viene  de  referir  la Sala, y con el sólo propósito de denotar la carencia de  objetividad  en  el  planteamiento  propuesto por el casacionista, pertinente se  ofrece  trae  a  colación  un  aparte  del  pliego  enjuiciatorio,  en  el cual  se  precisa  la  naturaleza  del  concierto y el rol  desempeñado por la acusada.   

“En  lo  que  tiene  que  ver  con  el  concierto  para delinquir  es  evidente  que  los  procesados se concertaron con el fin de cometer delitos,  que  existía  una  organización  con  carácter  permanente,  que  tenía como  objetivos  lesionar bienes jurídicos indeterminados, que existía un acuerdo de  voluntades  entre  sus miembros para alcanzar unos objetivos, los miembros de la  organización  dedicada  al  delito, era dirigida por  MARÍA  ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE  y  a ella pertenecía HUMBERTO MINA, trabajaban  mancomunada  y  permanentemente  con  una  idea  de  sociedad,  tan  así es que  se llevaba una contabilidad en clave, se encontraron  libros    de    registro,    memorandos,    relaciones   de   gastos,  sus  miembros estaban ligados entre sí con una responsabilidad  que  les  es  común,  tenían una líder.  Y  es  que  en la dinámica propia del delito de concierto para  delinquir,   se   siguen   las  reglas  que  rigen  las  actividades  ilícitas,  como  es lo que mandan, en el caso que se estudia es  MARÍA   ELENA   OCAMPO,  y  los  que  obedecen,  el  procesado      HUMBERTO      MINA”.          

     

Esta misma situación fue la que se señaló  en la sentencia de primera instancia, al indicar el juzgador:   

“Entonces,  a  partir  del  conocimiento  cierto  que LOZANO BELTRÁN tenía sobre una organización de personas lideradas  por  MARÍA  ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE,  dedicada como ya se dijo a actividades al  margen  de  la ley (tráfico de dinero de origen dudoso y tráfico de armas), de  la  cual  también  hacían parte Cubillos Valencia, Gutiérrez Patiño, Antrax,  José  Hugo  Mina,  entre  otros,  resulta  entendible  que  LOZANO  BELTRÁN ya  sentenciado  y  condenado  por  hechos  relacionados con las mismas actividades,  tenga  conocimiento  igualmente  cierto sobre hechos concretos, relacionados con  el  movimiento  de dineros y colocación de armas de fuego, como las encontradas  inicialmente  en  su  residencia,  resultando  de  la  diligencia  de registro y  allanamiento  realizada  ese  18  de  marzo de 2005, actividades respecto de las  cuales    no    era    ajena   MARÍA   ELENA   OCAMPO   FÓMEQUE”14.   

O, como de modo  expreso se indicó en el fallo de segundo grado:   

“De esta forma al cotejar estos factores  con  la  descripción  fáctica y jurídica realizada en la sentencia recurrida,  resulta  claro  que  los  hechos  que se tuvieron en  consideración  para  proferir  la  sentencia  de condena fueron aquellos que se  presentaran    por    parte    de    la   fiscalía   en   la   resolución   de  acusación,   e   igualmente   las   conductas  punibles  por  las  cuales  fueron  condenados,  existían y estaban vigentes al  momento  de  los  hechos,  y  en  ambos  casos se determinó la forma en que los  procesados  desarrollaron  las  conductas  delictuales  endilgadas,  sin  que se  aprecie  algún  tipo  de  error  en la tasación y/o dosificación de las penas  impuestas  a  la  señora  MARÍA  ELENA  OCAMPO  FÓMEQUE,  o circunstancia que  hubiese  perturbado el principio de congruencia que deben exhibir las decisiones  judiciales”15  (se  destaca).   

Ahora,  si  lo pretendido por el demandante  era  denunciar la indebida  calificación  jurídica  de  la  conducta, tenía el  deber        de       ser       explícito    en    el    señalamiento  del camino escogido para  presentar  su  disenso,  pues si su reparo se orientaba sólo en la selección y  aplicación         del         precepto         sustancial,        debía  acoger sin reservas los hechos  y   las pruebas tal  cual  fueron  declarados  los  unos  y  apreciadas  las otras por el juzgador, y  presentar  su  desacuerdo  en el ámbito del estricto raciocinio jurídico.   

Pero   si  su  discrepancia  era  con  la  facticidad,  por  estimar  que  debido  a  errores de apreciación probatoria el  juzgador  se  equivocó  al considerar aplicable la circunstancia específica de  agravación  establecida  en  el  inciso  tercero del original artículo 340 del  Código  Penal,  era su deber acudir a la senda de la violación indirecta de la  ley  e  indicar  no  solamente  el  tipo de desacierto cometido sino la prueba o  pruebas  sobre  las  cuales  se materializó, así como la definitiva incidencia  negativa  que  tuvo en la parte resolutiva del fallo  que   pretendía   combatir,   nada  de  lo  cual  siquiera  ensaya.        

7.-  Esta misma  situación  de  desapego a los lineamientos que rigen el recurso extraordinario,  se  observa  cuando  se analiza la argumentación propuesta en el segundo cargo,  pues  al  igual  que  sucede  en  el  reparo  que  precede, en éste se limita a  sostener  que  la  sentencia fue proferida en juicio viciado de nulidad, fundado  tan  sólo  en  que  el  sentenciador  de alzada declaró la prescripción de la  acción  penal  por  el  delito  de concierto para delinquir imputado a HUMBERTO  MINA,  sin  darse  a  la tarea de explicar la razón o razones por las cuales se  llega  a  la  conclusión  de que su asistida se halla en la misma situación de  aquél.   

En todo caso, al igual de lo que se observa  con  la  argumentación  propuesta  a  manera de desarrollo del primer cargo, el  libelista  omite  indicarle  a  la  Corte  que  su  representada  fue  acusada y  condenada  en  las  instancias por liderar una organización criminal dedicada a  cometer  delitos  de  lavado de activos, tráfico de armas de defensa personal y  de  uso  privativo de las fuerzas armadas, y no para organizar o promover grupos  armados al margen de la ley.   

Advierte la Corte, no obstante, que una tal  consideración  del  casacionista  resulta incapaz de conmover las declaraciones  fácticas  del  fallo, menos frente a la realidad que el proceso ofrece, pues es  lo  cierto,  de  una  parte,  que  al contrario de lo referido en la demanda, la  procesada   fue   acusada   y  sentenciada  en  las  instancias  por  el  delito de concierto para delinquir agravado, previsto en el  artículo  340,  incisos  segundo y tercero, en su carácter de jefe o líder de  la  organización  criminal  dedicada  a  cometer delitos de lavado de activos y  tráfico  de  armas  de  defensa  personal  y  de  uso  privativo de las fuerzas  armadas,  y  no  solamente  por  hacer  parte de ella, condiciones en las cuales  acertó  el  juzgador  al  no  declarar  la  prescripción  de  la acción penal  respecto  de  la  procesada  OCAMPO  FÓMEQUE, como sí lo hizo en relación con  HUMBERTO MINA.   

Surge  entonces que la nulidad propuesta  se ofrece notoriamente improcedente, condición bajo la  cual   ningún  sentido  tendría  admitir  la  demanda  al  trámite  casacional,  para  llegar a la  conclusión   manifiestamente   contraria   a  la  sugerida  por  el  libelista.   

En  últimas,  de  la argumentación que el  demandante  presenta,  observa  la  Sala que lo pretendido con la interposición  del  recurso  no  es  otra  cosa  sino,  simple  y  llanamente,  desconocer  las  declaraciones   fácticas   del   fallo  tan  sólo  porque  considera  que  sus  razonamientos  relacionados  con  las  disposiciones  aplicables   al   caso,  son  mejores  que  los  del  juzgador,  y no la objetiva demostración de haberse  violado  la  ley  por  la vía directa o la indirecta con el proferimiento de la  sentencia    o    que    ésta    se   hubiese  dictado  en juicio viciado de  nulidad.    

Entonces,  por  el  lado que se observe, se  establece  que  el  demandante  apenas enunció su discrepancia con la decisión  del  Tribunal  de  condenar a su asistida  por  el  concurso  de delitos por el cual fue acusada,  pues  no  demostró  la  necesaria  intervención  de  la  Corte  a  fin  de  restaurar  garantías  fundamentales  que  le  hubieren  sido  conculcadas con el fallo que  recurre,   como  le  correspondía  hacerlo  si  pretendía  desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y legalidad que ampara  a    la    sentencia  de      segunda  instancia.   

Este  modo  de  proceder  por  parte  del  demandante,  resulta por completo ajeno al recurso extraordinario, imponiéndose  para   la   Sala   la  inadmisión  de  la  demanda,  pues  el  casacionista no cumplió el deber de presentar clara y precisamente el  fundamento  de  sus  reparos,  ya  que  dejó  de  acreditar  por  qué,  al  haber procedido los   funcionarios  judiciales  en  la  forma  como  lo menciona, resultaron afectados negativamente los intereses de su  representada.   

8.-   Siendo  entonces   ostensibles   los   defectos  que  la demanda acusa, pues, como se  deja  expuesto,  de  ella no se desentraña precisa y claramente los fundamentos  de  la  causal que invoca,  y  no  pudiendo  la Corte corregirla por virtud del principio de limitación que  rige  su  actuación,  lo  procedente será inadmitirla y ordenar la devolución  del  expediente al despacho de origen, conforme así se establece del  artículo  213  de  la Ley 600 de 2000.   

Esto  último,  si  se  considera  que de la  revisión   de   lo   actuado   tampoco  se  observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la oficiosidad por parte de la  Sala.   

En mérito de lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         

R E S U E L V E:  

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor  de    la    procesada    MARÍA    ELENA    OCAMPO  FÓMEQUE    por  lo  anotado en la motivación de este proveído.   

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Notifíquese  y  devuélvase al Tribunal de origen. Cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                        FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO          FERNÁNDEZ  CARLIER                           MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                         LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO   

JAVIER DE JESÚS ZAPATA ORTIZ  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Fls.  107 cno. 10   

2 Fls.  230 y ss. cno. 10   

3 Fls.  271 cno. 10.   

4 Fls.  283 cno. 10   

5 Fls.  22 y 50 ss. cno. 11   

6 Fls.  59 y ss. cno. 11   

7 Fls.  129 cno. 11   

8 Fls.  10 y ss. cno. Tribunal.   

9 Fls.  27 cno. Trib.   

10 Fls.  70 cno. Trib.   

11  Fls. 76  ss. cno. Trib.   

12  Cfr.  por  todas  auto  de  casación  de 19 de agosto de 2008. Rad. 28291    

13  Cfr. auto cas. Diciembre 5 de 2002. Rad. 18683   

14  Cfr. Fl. 96 cno. 11.   

15  Cfr. Fl. 18 cno. Trib.     

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