42066(20-11-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Aprobado Acta No. 386  

Bogotá D.C., veinte (20) de noviembre de dos  mil trece (2013)   

VISTOS  

Decide la Sala acerca de la admisibilidad de  los  fundamentos  lógicos  y  de  adecuada  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  ANDRÉS ALBERTO PABÓN  ALVARADO,  contra  la sentencia de segundo grado de 5 de abril de 2013, mediante  la  cual  el Tribunal Superior de Popayán confirmó la que profirió el Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  del  mismo  Distrito  Judicial,  por cuyo medio lo  condenó como autor del delito de hurto calificado y agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

El supuesto fáctico que generó la presente  actuación fue declarado por el Tribunal así:   

“…aproximadamente  a  las  7  y 30 de la  noche  del  28  de  junio  de  2005,  cuando se desplazaba en motocicleta por el  barrio  Yanaconas de esta ciudad [Julie Burbano Quiñonez], fue interceptada por  dos  sujetos,  que  también  se  desplazaban  en  idéntico  vehículo,  siendo  intimidada  por el parrillero de la misma, que con un arma de fuego la obligó a  entregar  su  velocípedo  y una cartera con sus documentos personales y la suma  de  $35.000. Inmediatamente la víctima dio aviso a la Policía Nacional, siendo  recuperado  el  automotor  en  una  vivienda  del  barrio Alfonso López de esta  ciudad,  en  la  que  habitaban  los señores SILVIO CIFUENTES y AURA CIFUENTES,  manifestando  ésta  que  quien  entregó  la motocicleta en dicho lugar, fue el  señor  ANDRÉS  PABÓN, el cual huyó por la parte trasera de la vivienda. Como  resultado  de una misión de trabajo se identificó al mencionado como el señor  ANDRÉS  ALBERTO PABÓN ALVARADO, el cual fue capturado y colocado a órdenes de  la autoridad competente”.   

Los   hechos   anteriores   sirvieron  de  fundamento  para  que  la  Fiscalía  General  de  la  Nación   abriera  formal  investigación   penal   en   contra  de      PABÓN     ALVARADO.      Una      vez     vinculado   a   la  investigación,  le  resolvió    la   situación   jurídica,  el  30  de  junio de 2006,  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  presunto  autor  del delito  de  hurto  calificado  y  agravado,   otorgándole   la  libertad  provisional  el    29   de   agosto  siguiente  al       mediar       indemnización  de  perjuicios,     de  acuerdo   con   el   numeral  7°  del  artículo  365  de  la Ley 600 de  2000.   

Clausurada   la  instrucción,  el     mérito    probatorio  fue calificado el 19 de febrero  de  2009  con    resolución   de   acusación   en    contra    del    procesado   como  coautor  del  delito  de porte ilegal de armas de fuego y hurto calificado, ambos  comportamientos  agravados,  decisión  que  adquirió  firmeza  el  12 de marzo  de      la      misma      anualidad,  cuando fue  declarado     desierto     el     recurso     de     apelación     interpuesto     por    el    defensor,    ante    su    falta    de  sustentación.   

La  fase       del      juicio      la      adelantó      el       Juzgado       Cuarto    Penal    del   Circuito   de  Popayán,  despacho  que  luego  de  surtir  el  acto  público  de  juzgamiento,  mediante   sentencia   de   13   de   julio  de  2011  condenó   a   ANDRÉS   ALBERTO   PABÓN  ALVARADO,  únicamente  como autor del  delito      de     hurto     calificado     y     agravado    —en tanto lo  absolvió   del   relacionado   con   el   bien   jurídico  de  la  seguridad  pública—,  imponiéndole    las    penas    de   veintiocho         (28)  meses  de prisión y de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones  públicas, sin concederle  la     suspensión  condicional de la ejecución de la pena.   

Inconforme   con   tal  determinación  el  apoderado  del  enjuiciado  elevó  el  recurso  de  apelación,  y  el Tribunal  Superior  de  Popayán  por  decisión  de  5  de  octubre  de 2013 confirmó la  condena,  razón  por  la  cual insiste el mismo sujeto procesal a través de la  impugnación  extraordinaria,  con  la  respectiva demanda de casación, de cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Al amparo de la causal de casación prevista  en  el  numeral  1° del artículo 207 de la Ley 600 de 2000 pregona la indebida  aplicación  de  los artículos 239; 240, incisos 2° y 4°; y 241, numeral 10°  del  Código  Penal,  ante  la infracción de los artículos 7°, 232, 233, 238,  277 de aquél ordenamiento adjetivo.   

Para  tal fin, postula un error de hecho por  falso  raciocinio  y  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de convicción  resaltando   que  el  Tribunal,  para  predicar  la  responsabilidad  penal  del  enjuiciado,  estructuró  los  indicios  de  manifestaciones  o  justificaciones  erradas  posteriores a la conducta y móvil para delinquir partiendo del informe  del  Policía Luis Nelson Argoty, quien culpó a PABÓN ALVARADO sólo porque en  una  ocasión  anterior  fue  capturado  por un evento similar, incurriendo así  “en  muchas  violaciones  como son la presunción de  inocencia  ya que no fue sujeto procesal ni presencial de los hechos y rinde tal  informe   posteriormente   a   los   hechos”.    

También repara en la credibilidad otorgada a  Silvio  Cifuentes,  por ser un testigo de oídas, pues en la indagatoria rendida  en  el  proceso que se le adelantó por el ilícito de receptación, afirmó que  quien  presenció  los  hechos  fue su hermana Aura, quien le contó que ANDRÉS  PABÓN  había  entrado  la  motocicleta  a la casa, pero más adelante dijo que  ellos  no se encontraban allí porque estaban jugando parqués y la puerta de su  residencia  la  había  abierto una sobrina, y luego aseveró que así estaba la  entrada  debido  a que su hermana vende chance, sin poder determinar  cuál  es la versión verdadera.   

Pone  de  presente  que  Aura  Cifuentes  en  posterior  declaración negó haber afirmado que ANDRÉS PABÓN hubiera guardado  la moto en su residencia.     

Tras  cita doctrinal y jurisprudencial de la  figura   del   testigo   de   oídas,   formula  los  siguientes  interrogantes:  i) si la narración de Silvio  Cifuentes  puede  tenerse  de  primer  o  segundo  grado  o de grados sucesivos;  ii)  si señaló su fuente  de  conocimiento; iii) si se  estableció  en qué condiciones los supuestos testigos directos trasmitieron su  conocimiento  personal de los hechos; iv)  si  los  dichos  meramente  referenciales  fueron corroborados por  otros    medios    de   convicción;   y   v)   qué  sucede   cuando   el  testigo  directo  no  corrobora  lo  relatado  por  el  de  oídas.   

Para el defensor, las declaraciones de Aura y  Silvio  Cifuentes  son  sospechosas  ante  las  múltiples contradicciones y los  desacuerdos  en  que  incurrieron, sin que tampoco merezcan credibilidad ante la  denuncia  de  sus vecinos quienes en llamadas a la Fiscalía los señalaron como  “reducidores”  al  guardar  elementos  hurtados,  lo cual indicaría que son  varios  los delincuentes que visitan con frecuencia esa residencia, sin saber el  motivo que los llevó a  involucrar al procesado.   

Aduce  que  el  falso raciocinio se presenta  cuando  el  Tribunal  dio  por  probado  el  hecho  indicador  con  apoyo  en el  dictum  de  un  testigo de  oídas,  que  sólo  podía  acreditar  la existencia de un relato realizado por  otra  persona,  pero  no verificar los acontecimientos objeto de investigación,  como  sucedería  con  un  testigo  presencial,  de  ahí  que  las  inferencias  construidas a partir de esa declaración deban tenerse como falsas.   

En  criterio  del recurrente, los juzgadores  “incurrieron  en otros errores de hecho e incluso en  algún   error   de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción”,  pues  se  imponía  la  aplicación  del  principio  in dubio pro reo.   

Critica  al  a  quo  por  tomar  la  indemnización de perjuicios como  prueba  al  estimar  que  quien  repara lo hace para subsanar un error cometido,  como  si  fuera  el  reconocimiento  tácito  de la autoría del delito, lo cual  también  sería  un  “falso razocinio”              —sic—,   porque  lo  único  que la defensa quería con ello era que su cliente obtuviera  la libertad provisional.   

Paralelamente, bajo el epígrafe “Las     cosas     que     no     se     tubieron     —sic—  en  cuenta  dentro del proceso y se  evidencia  violación  al debido proceso”, señala lo  siguiente:  i) se infringió  el  derecho  de  contradicción  por cuanto nunca se practicó un reconocimiento  que  se  solicitó,  máxime  que  la víctima Julie Burbano Quiñónez dijo que  recordaba   el  rostro  del  agresor  y  podía  elaborar  un  retrato  hablado;  ii)  no  se  realizó  una  inspección   al  sitio  de  los  hechos  donde  fue  encontrado  el  vehículo;  iii)  hay diferencia entre  la  descripción  del  sujeto referida por la denunciante y las características  morfológicas del enjuiciado.   

Por  lo  tanto,  solicita a la Sala casar el  fallo  a  fin  de  absolver a su asistido de los delitos endilgados, debiéndose  tener  en cuenta que actualmente está trabajando en una empresa con un contrato  de  trabajo  indefinido,  es padre cabeza de familia debido a que la madre de su  niño  murió, y tiene ahora un hogar formado por su hijo y su actual compañera  permanente.   

ALEGATO DE OPOSICIÓN  

La  representante  del  Ministerio  Público  estima  que  la  demanda   no  cumple con el rigor exigible para el recurso  extraordinario,  ya  que el defensor no indica si la censura la fundamenta en el  cuerpo  primero o segundo de la causal que invoca, además, aborda conjuntamente  errores  de  derecho y de hecho de una manera desordenada, sin ser ni certero en  su   análisis   y   sin   demostrar   así  errores  judiciales,  ni  menos  su  trascendencia.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Preliminarmente  encuentra  la  Sala  que el  impugnante  incurre  en  graves  deficiencias  por  la  falta  de  una lógica y  jurídica  demostración  cuando  de  atacar  la  legalidad del fallo de segundo  grado se trata, como se verá:   

De   tiempo   atrás  la  Corporación  ha  enfatizado  que  cuando  se  invoca  un  error de hecho por falso raciocinio, le  compete   al   demandante   señalar   concretamente  qué  indican  los  medios  probatorios,  qué  infirió  de  ellos  el  juzgador  y  cuál  fue  el mérito  persuasivo  otorgado,  así  como  especificar  si fue trasgredida una ley de la  ciencia  (universalidad,  síntesis,  verificabilidad,  contrastabilidad,   etc.),   un   principio   de   la  lógica     (identidad,  necesidad,  contradicción,  implicación, dependencia)  o  una máxima de la experiencia, e indicar cómo debió haber sido una racional  apreciación judicial.   

En  este  caso,  el  defensor  discrepa  de la fuerza de convicción otorgada a los dichos de los  hermanos  Silvio  y Aura Cifuentes, aspecto extraño a la casación toda vez que  no   existe   tarifa   legal   o   asignación   ex  ante  del  mérito a las pruebas, sino que en virtud  del  sistema  de apreciación de la sana crítica, el juez tiene cierto grado de  libertad  frente  al conjunto probatorio para arribar a un estado de convicción  acerca  de  los  sucesos  y de la responsabilidad penal del procesado, grado que  puede  ser de certeza o de incertidumbre, caso último en el cual debe acudir al  principio de resolución de duda.   

Aquí  no  dedica espacio a denotar que la  discrecionalidad  del  juzgador  sobrepasó los límites que le marcan  los  postulados  de  las  ciencias,  de lógica y del sentido común y que por eso se  declaró   una   verdad   contraria   a   lo   que   revelaban   los  medios  de  convicción.   

Precisamente,  el  desorden  en  que  está  formulada  la  censura, como lo resalta la representante del Ministerio Público  en  su  alegato  de  oposición,  impide  identificar  los errores de hecho y de  derecho denunciados.   

El libelista se duele que para construir los  indicios  el Tribunal partiera del informe del policial Luis Nelson Argoty, pues  no  era  testigo  presencial  de  los hechos y basaba el señalamiento de PABÓN  ALVARADO  al  haber  sido  capturado  previamente por un evento similar, pero no  precisa  si  al  mismo  se  le  otorgó  un  valor  demostrativo  no  autorizado  legalmente,  o  si  por  el  contrario,  la  inferencia lógica no fue acertada,  falencias  que  en  manera alguna puede subsanar la Sala en virtud del principio  de limitación que informa este recurso extraordinario.   

Aunque la Corte ha sostenido respecto de las  facultades  previstas  en  el  artículo  316  de  la  Ley 600 de 2000 que no es  posible   comisionar  a  la  Policía  Judicial  en  la  instrucción  y el  juzgamiento   para  la  práctica  de  pruebas  distintas  de  las  técnicas  o  periciales   y  que  la  expresión  “diligencias     tendientes     al     esclarecimiento    de    los  hechos”  contenida  en  la  norma, no equivalía a  medios             de             prueba1   

,  no explica el censor si en este caso se  configuraba  un  error  de derecho por falso juicio de  legalidad  al  servirse  el  Tribunal  de  ese  informe, ni tampoco acreditó  que el mismo fue determinante  del  fallo  censurado,  y  que  al  desecharlo  quedaría  sin  base suasoria la  condena, haciéndose imperiosa la absolución.   

El informe aludido obedeció a la misión de  trabajo  ordenada por el Fiscal, como director de la investigación, tendiente a  individualizar  e  identificar  a  ANDRÉS PABÓN, ya que ese nombre había sido  suministrado,  en principio, por Aura Cifuentes cuando el policial Norvey Idrobo  García  se dirigió con otros compañeros hasta la residencia en la que habían  visto    ingresar    la    motocicleta,    momentos    antes    reportada   como  hurtada.   

Por  ello  el  investigador de la SIJIN Luis  Nelson  Argoty  rindió el informe e indicó que correspondía a ANDRÉS ALBERTO  PABÓN  ALVARADO,  reseñando  que  en  un  diario  local  su  foto  había sido  publicada  a raíz de un hurto anterior de una motocicleta, no obstante, para la  individualización  se  tuvo  en cuenta que el testigo Silvio Cifuentes conocía  al  procesado,  en  cuanto  señaló que residía en una casa vecina, precisando  que   allí   vivían   una   tía   y   la   abuela,  Aidé  y  “Filo” Pabón.   

Ahora,  los  interrogantes  que  plantea  el  impugnante  relacionados  con  la  valoración  del  testigo  de  oídas  no son  suficientes  para  evidenciar un error judicial corregible en casación, máxime  que  el  Tribunal  fue  cuidadoso al destacar que según las manifestaciones del  Policial  Norvey Idrobo García cuando halló la motocicleta, fue Aura Cifuentes  quien  señaló  a  ANDRÉS  PABÓN  de  haberla  dejado  allí,  y que sin bien  aquélla  en  la indagatoria que se le recepcionó por el delito de receptación  negó  tal  señalamiento, su hermano Silvio Cifuentes en posterior declaración  bajo  juramento  precisó  que  “cuando le dieron la  domiciliaria  mi  hermana  me  contó  que el que había metido la moto ahí era  ANDRES         PAVÓN         —sic—,  y  le  dije  que  porque no había dicho eso cuando nos sacaron a indagatoria y ella me  dijo  que  le  había  dado miedo porque cuando ANDRÉS PABÓN había entrado la  moto  la había amenazado de que no fuera a decir nada…que si decía algo ella  tenía  problemas  con  él…”,  manifestación que  mereció    credibilidad    ya    que   ratificaba   el   dicho   del   policial  Idrobo.   

Tampoco es claro el defensor al denunciar que  la  indemnización  de  perjuicios,  hecha  simplemente para obtener la libertad  provisional,  fue  tenida  en  cuenta  como  prueba  de la responsabilidad en el  delito,  porque  no  identifica  la  clase de yerro judicial, dejando a la Corte  indebidamente  la  tarea  de  su hallazgo, cuando en virtud del carácter rogado  del  recurso le competía a él su demostración a fin de evidenciar que tras su  eliminación   se   arribaría   a   un   fallo   absolutorio   a  favor  de  su  defendido.   

Lo  mismo  acontece con la queja relacionada  con  las  diferencias   entre  las  características  físicas  del agresor  suministradas  por  la  víctima, con las de PABÓN ALVARADO, en cuanto se queda  en  su  simple  enunciado  al  no  explicar  qué  clase  de  error  judicial se  configuraría.   

De     otro    lado,    como       el       impugnante  aduce  que  los falladores  infringieron  el  debido  proceso  y  el  derecho de  contradicción, agregando  que  se  dejaron  de practicar algunas prueba, como el reconocimiento en fila de  personas  o  la  inspección  al  lugar  donde fue hallada la moto, es  evidente  que  se  aparta  del cargo propuesto e ingresa en el  discurrir   propio  de  una  censura  por  nulidad,  caso  en  el  cual  le  correspondía  advertir     la    entidad    del    vicio    procesal,        el        momento   de   la   actuación  en  que  se  produjo  y  demarcar  su  radio  invalidante, así como también, acreditar la injerencia desfavorable  que  tuvo  tal anomalía en el fallo para demostrar cabalmente que al no existir  otra  manera  diversa  de  restaurar  el  derecho afectado, se imponía     la    anulación, ejercicios estos que en manera alguna acometió.   

Con  tal  postura  contraviene  el principio  lógico  de  no  contradicción que impone evitar la presentación de postulados  que  por  su  contraste  se  opongan,  olvidando  de  paso  el diferente soporte  jurídico  y  argumentativo  cuando se trata de denunciar yerros de estructura o  de  garantía,  frente  a  los  eventuales  desaciertos  de  orden  jurídico  y  probatorio en que haya podido incurrir el fallador.   

Además  de  lo anterior, de manera marginal  pide  que  se  tenga en cuenta que su asistido está trabajando, es padre cabeza  de  familia  y  tiene  un  nuevo  hogar con su actual compañera permanente, sin  precisar  si  añora  la  aplicación  de  la  detención domiciliaria, tema que  debió  abordar  en  otro  cargo  con  la adecuada demostración de algún error  judicial.   

Las  mencionadas  deficiencias  llevan  a no  admitir  del  libelo  de  conformidad con lo dispuesto en el artículo 213 de la  Ley 600 de 2000.   

Finalmente  es  oportuno  resaltar  que  la  Sala no observa con ocasión del trámite procesal o  en  el  fallo  impugnado  violación  de  derechos  o  garantías  del procesado  PABÓN  ALVARADO,  como  para  que se hiciera necesario el ejercicio de la facultad legal oficiosa que le  asiste  a  fin de asegurar su protección en  los  términos  del  artículo 216 del Código de Procedimiento  Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia.   

RESUELVE   

NO   ADMITIR     la             demanda            de      casación    interpuesta     por    el  defensor  de  ANDRÉS  ALBERTO  PABÓN  ALVARADO, de acuerdo con las razones anteriormente anotadas.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ       LUIS       BARCELÓ  CAMACHO                FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO         FERNÁNDEZ  CARLIER                             MARÍA          DEL         ROSARIO         GONZÁLEZ         MUÑOZ          

GUSTAVO       ENRIQUE       MALO  FERNÁNDEZ                     EYDER      PATIÑO      CABRERA          

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  Providencias  de  5  de  noviembre de 2008 (Radicación 27508), y de 14 de  diciembre de 2009 (Radicación 32237).     

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