42032(09-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta N° 336.  

          Bogotá    D.C.,    octubre    nueve   (9)   de   dos   mil   trece  (2013).   

VISTOS  

La  Sala  decide  sobre  la admisión de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado WILTON  FERNEY  GARCÍA  OBANDO  con  el  objeto  de  sustentar el recurso de casación interpuesto contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida  el  16  de  abril  del año en curso  por el  Tribunal  Superior  de  Manizales,  mediante la cual revocó la dictada el 13 de  septiembre  de  2011 por el Juzgado Penal del Circuito de Riosucio que absolvió  al   mencionado   del   delito  de  homicidio  en  la  persona  de  Edwin  Yesid  Rodríguez Vallejo, para en  su lugar condenarlo por esa conducta.   

    

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

         Los  primeros fueron declarados por el ad  quem, de la siguiente forma:   

         “Tuvieron  ocurrencia  al interior de la residencia ubicada en la  carrera  10  No.  22-45, barrio Popular, del municipio de Supía, Caldas, en las  horas  de  la  noche  del  27 de septiembre de 2004, cuando el joven Edwin Yesid  Rodríguez  Vallejo, de dieciséis años de edad para esa época, recibió en su  humanidad  varios  disparos  que  le  propinaron a corta distancia sujeto(s) que  aprovechó   que   la   puerta  de  acceso  a  dicho  inmueble  estaba  ajustada  (sic). El hoy occiso trató  de  refugiarse  entrando al patio de la casa y hasta allí fue perseguido por el  agresor.  La  víctima  alcanzó  a  ser  llevado con vida hasta el Hospital San  Lorenzo  de  Supía,  donde  se le prestó la atención debida en el servicio de  urgencias  y por la gravedad de las lesiones decidieron remitirlo a la ciudad de  Manizales,  pero  en  el trayecto falleció, concretamente en el sector conocido  como  ‘El Palo’…”.        

         Como  responsable  del  deceso del joven Rodríguez  Vallejo  fue  señalado  por  algunos     testigos    WILTON    FERNEY    GARCÍA  OBANDO,  motivo  por  el  cual se dispuso la apertura  formal  de  instrucción,  en  cuyo  curso  fue vinculado mediante diligencia de  indagatoria,   siendo   resuelta   su   situación   jurídica   con  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva, sin beneficio de excarcelación, por el  delito de homicidio.   

Clausurado   el   ciclo  instructivo,  se  calificó  su mérito el 1° de septiembre de 2010 con resolución de acusación  en  contra del vinculado como presunto responsable del mismo delito.   

Ejecutoriada la acusación, la ulterior fase  del  juicio  correspondió  al  Juzgado Penal del Circuito de Riosucio, donde se  surtieron  las audiencias preparatoria y de juzgamiento.  Finiquitada   esta  última,  el mencionado despacho dictó fallo el 13 de septiembre de 2011,  por   cuyo   medio   absolvió   al   acusado   del   cargo   formulado   en  la  acusación.   

En  desacuerdo  con  lo  decidido  por  la  instancia,  el  representante de la Fiscalía General de la Nación recurrió en  apelación  la  sentencia, impugnación de la cual conoció el Tribunal Superior  de  Manizales el pasado 16 de abril, revocándola, para, en su lugar, condenar a  GARCÍA  OBANDO  a la pena  principal  de  ciento  cincuenta y seis (156) meses de prisión y a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo lapso al encontrarlo coautor del delito de homicidio.   

En la misma decisión, negó al sentenciado  el  subrogado de la condena de ejecución condicional y el mecanismo sustitutivo  de  la  prisión domiciliaria, al tiempo que dispuso compulsar copias penales en  contra  de  las  testigos de descargo Claudia Patricia  Osorio  y María del Carmen  Ramírez      Moreno,      pues      “pudieron    estar    incursas    en    el    delito   de   falso  testimonio”.   

Contra  la  determinación del ad   quem,  la  defensa  del  implicado  interpuso  recurso  extraordinario de casación, el cual sustentó oportunamente  mediante libelo, de cuya admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Contiene   dos   cargos   del   siguiente  tenor:   

1. Primer cargo. Causal tercera del artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000.  La  sentencia fue dictada en juicio viciado de  nulidad.   

Comienza  por  señalar  que  la nulidad se  produjo   “por  la  infracción  indirecta  de  las  siguientes    disposiciones:”.   Refiere   a   los  artículos  29  de la Constitución Política, 7, 20, 232 y 306 de la Ley 600 de  2000    cuya   violación   se   produjo   porque   el   Tribunal   “fundamentó  su decisión en una premisa falsa que atenta contra  el  derecho al debido proceso y a la presunción de inocencia. Desconociendo que  en  el expediente obra copia de la sentencia absolutoria por los cargos de hurto  calificado  y  agravado  (…) Además, desconoció la obligación de investigar  tanto   lo   favorable   como   lo   desfavorable   al  procesado”.   

Si  el  Tribunal hubiera aplicado con rigor  las   normas   aludidas,   señala,   al   emitir   la   sentencia  “no  hubiera  tenido  como  indicio  en  contra del señor WILTON  FERNEY  GARCÍA  OBANDO  una  sindicación  por  un  hurto,  del  cual  resultó  absuelto,  y  además hubiera realizado un profundo análisis de los testigos de  cargo,  para  aclarar  las contradicciones en las que incurrieron”.   

También, dice, desconoció el artículo 306  de  la  Ley 600 de 2000 “pues dio lugar a la nulidad  consistente  en la vulneración al debido proceso, en la que incurrió por error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad en materia probatoria y por error de  hecho  por  falso  raciocinio, materializado en el desconocimiento de las reglas  de   la   sana   crítica   en  la  valoración  de  las  pruebas”.   

Por  ello,  “la  nulidad  en  la  que  incurrió la sentencia de segunda instancia dio lugar a la  infracción  indirecta  de  la  ley sustancial, debido al desconocimiento de las  normas  ya  citadas”. Bajo esa concepción, se ocupa  de  las “irregularidades sustanciales”,  empezando por el “error de hecho por  falso juicio de identidad”.   

Al  respecto,  indica  que  dicho  yerro se  configuró  en  relación  con  la  afirmación  del  fallo  según  la  cual el  procesado  “fue la misma persona que en el año dos  mil  nueve (2009) (sic) y en  compañía  de  otros  sujetos,  menoscabó el patrimonio económico del joven y  hermano  de Edwin Yesid, Wilser Antonio Rodríguez Vallejo, hecho que los llevó  a  tomar  la  decisión  de denunciarlo y contar todo lo sucedido”,  lo  cual  quedó  desmentido  con  su  absolución  posterior  y  confirmando que todo se debió a una equivocación.   

Acto   seguido,  aduce  que  “esta  irregularidad  procesal  afectó  la  sentencia de segunda  instancia  porque  vulnera  la  garantía  al debido proceso, razón por la cual  debe  declararse  la  nulidad  de  lo  actuado  desde  la  sentencia  de segunda  instancia”,  por  tanto,  en  lugar de estimar este  aspecto  “como  corolario  en contra del procesado,  debió  haber  tenido  dicha  situación  como  corolario a su favor al restarle  credibilidad   al   testigo  Wilser  Antonio  Rodríguez  Vallejo”.   

Luego se ocupa del error de hecho por falso  raciocinio,  por  no  haber  “tenido  en cuenta las  contradicciones  en  las  que incurrieron el señor Francisco Antonio Rodríguez  Ríos,  y sus hijos Wilser Antonio, William David y Yeicer Alexánder Rodríguez  Vallejo,  cuando  señalaron  al  señor WILTON FERNEY GARCÍA OBANDO como autor  del    homicidio    de    su    hijo   y   hermano,   Edwin   Yesid   Rodríguez  Vallejo”.   

Así,  encuentra  cómo hay disparidades en  los  relatos  sobre  la  escena  del  crimen, la descripción del homicida y las  circunstancias  de  modo,  tiempo y lugar en que ocurrió; así como en torno al  hecho  posterior  consistente en que el sindicado, cinco meses después, habría  ingresado  nuevamente a la vivienda donde se perpetró el primer atentado con el  fin  de  ultimar al padre de la víctima por haberlo denunciado, sin que tampoco  sea claro por qué demoraron tanto en formularla.   

Dicho paso del tiempo, por otro lado, aduce,  incidió  en  perjuicio  de  la  credibilidad  de  los  testigos  al  carecer de  espontaneidad,  mostrándose,  por  el  contrario,  acomodados,  buscando  sólo  incriminar  a  su  prohijado  y  no  a los agresores que realmente realizaron la  conducta.   

De esa forma, precisa, el Tribunal incurrió  en  el  error  valorativo  señalado  y  “si hubiera  tenido  en  cuenta todas y cada una de las inconsistencias de los testimonios de  los  familiares  de  la  víctima, los hubieran desestimado de tal manera que no  fuera  posible  en su razonamiento de acuerdo a las leyes de la experiencia y de  la  sana  crítica, otorgarles algún valor probatorio, y de esta manera obtener  la    certeza    necesaria    para    condenar    al    procesado”.   

Como, estima, esta irregularidad vulneró el  debido  proceso  “se precisa declarar la nulidad de  lo    actuado   desde   la   sentencia   de   segunda   instancia”.   

2.   Segundo  cargo.  Causal  primera  del  artículo  207 de la Ley 600 de 2000. Violación indirecta de la ley sustancial,  error de hecho.   

Advierte  que  se  infringieron  las mismas  disposiciones  citadas en el cargo antecedente y los artículos 8, numeral 2, de  la  Convención  Americana  de Derechos Humanos y el mismo numeral del artículo  14  de  la Ley 74 de 1968 por violación al debido proceso y a la presunción de  inocencia  “desconociendo que en el expediente obra  copia  de  la  sentencia  absolutoria  por  los  cargos  de  hurto  calificado y  agravado”,  que  sirvió para engrosar “el acervo  de indicios” esbozado para condenar al implicado.   

Si  hubiera aplicado debidamente las normas  referidas,   precisa,   “hubiera   detectado   las  contradicciones  existentes en los testimonios de la familia del menor fallecido  que  conllevan  a  dudar  en  cada  asunto  de  sus  declaraciones  (sic),  el  ad  quem  hubiera  proferido  sentencia  absolutoria  por  ausencia  de  certeza  de la culpabilidad de WILTON  FERNEY       GARCÍA       OBANDO”.    

El error enunciado, a su juicio, proviene de  la  equivocada valoración del acta de levantamiento No. 060 de septiembre 29 de  2004,  donde  consta  manifestación de la señora Ana  María  Vallejo  Rodríguez, madre del occiso y de los  testimonios   de  esta  última,  contrarios  a  la  anterior;  de  Francisco   Antonio   Rodríguez  Ríos,  padre     de     la     víctima;     de     Yeicer  Aléxander,  William David  y Wilser Antonio Rodríguez  Vallejo,  hermanos; de la indagatoria del implicado y  de  su  declaración en audiencia pública; así como de las rendidas durante la  misma  oportunidad por Claudia Patricia Osorio Mejía,  María  del  Carmen  Ramírez  Moreno  y Laura  Libia  García,  progenitora  del  procesado.   

El  error  de  hecho  se presentó, afirma,  porque  para  el  Tribunal  “los testimonios de los  padres  y  hermanos  del  menor fallecido, no necesariamente son incongruentes o  contradictorios,  tampoco  sospechosos, ya que sólo se limitan a expresar cosas  que  les  constan”, lo cual, a su juicio, configura  quebranto de las reglas de la sana crítica.   

También  se  verifica  el  yerro porque, a  cambio,  el  Tribunal  “despoja de toda credibilidad  los  testimonios de la defensa arguyendo que los dichos de WILTON FERNEY GARCÍA  OBANDO  no  coinciden  en su integridad con las declaraciones de descargo, entre  las  cuales  no  encontramos  alguna  incongruencia  determinante, al contrario,  estas  declaraciones  permiten  concluir  la  ausencia del procesado en el lugar  donde fue asesinado el menor…”.   

Además de este error valorativo, expresa el  censor,  en  el  fallo también se incurre en error de hecho por falso juicio de  existencia  “al dejar de apreciar la prueba que obra  entre  los  folios  217  y 246 del expediente, consistente  en la sentencia  absolutoria  del  delito  de hurto calificado al sindicado WILTON FERNEY GARCÍA  OBANDO  por  la presunta comisión de esta conducta punible donde Wilser Antonio  Rodríguez   Vallejo,   hermano   del   interfecto,   aducía   ser   el  sujeto  pasivo”,  cuya  incidencia  quedó  plasmada  en el  numeral sexto de los corolarios del fallo recurrido.   

         Al  descartar  las  contradicciones  de los deponentes y valorar la  prueba  conforme  a  los  dictados  de  la sana crítica, concluye el demandante  “la única alternativa viable es absolver, en vista  de  la  ausencia  de  certeza  en  la  culpabilidad  de  WILTON  FERNEY  GARCÍA  OBANDO”   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          La   Sala   asumirá  el  estudio  coetáneo  de  los  dos  reparos  propuestos  en  el  libelo  allegado  por  el defensor del procesado   WILTON   FERNEY  GARCÍA  OBANDO  por  contener falencias similares que determinan su inadmisión.   

          Pues  bien,  empiécese  por precisar que según lo dispuesto en el  numeral  3°  del  artículo  212  de la Ley 600 de 2000 la demanda de casación  debe  contener  “La  enunciación de la causal y la  formulación  del  cargo,  indicando  en forma clara y precisa sus fundamentos y  las   normas   que   el  demandante  estime  infringidas”.   De  otra  parte,  en  el  siguiente numeral de la misma preceptiva,  también  se exige que “si fueren varios los cargos,  se  sustentarán  en  capítulos  separados”  y que  “es   permitido  formular  cargos  excluyentes  de  manera  subsidiaria”.   

    

La  presentación  de  la  demanda de forma  clara   y   precisa   en  los  términos  de  esta  normativa  legal,  ha  dicho  reiteradamente  esta  Colegiatura,  dice  relación  con  la carga para quien la  suscribe,  en  atención  al  carácter  rogado  del  recurso extraordinario, de  esbozar  una  argumentación  coherente,  comprensible  y  lógica,  pues  no le  corresponde    desentrañar    confusos,    ambivalentes    y    contradictorios  planteamientos.   

De tal forma se han de calificar los libelos  que  en  su seno desarrollan propuestas disímiles o conceptualmente contrarias,  pues    la    entremezcla   argumentativa   repercute   en   perjuicio   de   su  entendimiento.   

         Es  lo  que  ocurre  en la primera censura  planteada  en  el  libelo porque ni siquiera se logra  establecer  la  causal de casación a cuyo amparo se pretende el decaimiento del  fallo impugnado.   

Ciertamente,  tras   invocar  expresamente  el  motivo tercero    de    casación   del   artículo   207   de   la   Ley  600  de  2000,           previsto  para cuando  la  sentencia  fue  proferida  en  juicio  viciado  de nulidad por vulneración,         según  dice,  del           debido           proceso, acto  seguido  afirma,  y  así lo hace en forma reiterada,  que  a  tal  incorrección  se  llegó  por  infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial  producto  de  errores  de hecho en la valoración de las pruebas por  falsos  juicios  de identidad y raciocinio.   

Tal  forma  de concebir el ataque configura  quebranto  de  principios  basilares  de  la  actividad casacional en procura de  conseguir  demandas que satisfagan las exigencias argumentativas propias de este  medio  extraordinario  de  impugnación  de naturaleza rogada, tales como los de  sustentación  suficiente,  limitación,  crítica vinculante, autonomía de las  causales,         coherencia,         no         exclusión         y         no  contradicción.                 

         Los   dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

         El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

Contrario  a  lo  que se persigue con estos  postulados,  en el reparo no sólo se involucran propuestas disímiles, sino que  además  resultan  antagónicas,  como  sucede con la violación indirecta de la  ley  sustancial,  concerniente  a  errores  del  sentenciador  en la valoración  probatoria,  y  la  nulidad, porque en el primer caso se acepta la validez de la  actuación  procesal  por cuanto el ataque se circunscribe a errores de juicio o  in  iudicando  en  los que  incurre  el  sentenciador  al  momento  de  fallar,  mientras  que en el segundo  precisamente   se   discute   ese  aspecto  a  través  de  yerros  in       procedendo       o      de  procedimiento.   

Esa  forma  de  concebir  las censuras, por  introducir  confusión  y  ambigüedad,  basta  para  sustentar  la decisión de  inadmitir   la  censura.  Además,  dicha  incorrección  no  se  supera  en  el  desarrollo  del cargo, como para de ahí entender que en el fondo se postula una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  conforme  a  los  yerros  en  la  apreciación   probatoria  que  anuncia  (por  falsos  juicios  de  identidad  y  raciocinio).   

Ello, por cuanto tal motivo de casación es  incompatible  con  la  pretensión  final  del  actor  orientada    a    que   se   decrete   la   nulidad   de   lo   actuado  desde  la  sentencia  de  segunda  instancia.   

Por  otro  lado, si bien en la segunda        censura,    y    aun    cuando    ella      en      esencia   es   igual   a   la   anterior,  no  se    incurre         en        el       mismo      defecto,  pues  aquí   sí  postula  los  mismos yerros de valoración probatoria por la causal  de  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, es  decir,   la   llamada  a  desarrollarlos,       y       la      petición  final  de  absolución para su  prohijado  resulta  acorde  con  su  naturaleza,  otras  incorrecciones  comunes  conducen       hacia       la       conclusión de inadmitirlos.   

Lo   anterior,  porque  en las dos censuras  los  cuestionamientos  que  en materia probatoria se efectúan no guardan ninguna  relación  con los yerros invocados ni con ninguno con la entidad, en esta sede,  de dar al traste con la legalidad del fallo.   

Acorde  con  jurisprudencia  pacífica  e  inveterada  de  esta  Corporación,  el  error  de  hecho  por  falso  juicio de  identidad  se  verifica cuando el juzgador tergiversa o distorsiona el contenido  objetivo  de  la prueba para hacerla decir lo que ella no expresa materialmente.  También  se  ha  expuesto que en esa modalidad de desacierto en la apreciación  de  las  pruebas  igualmente  incurre  el  juzgador  cuando toma una parte de la  prueba  como si fuera el todo, en tanto ello constituye una forma de distorsión  pues,  en  su  proceso  de  valoración  se  le  suprimen apartes trascendentes,  omitiendo de esa manera su apreciación integral.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde  esa  perspectiva,  resulta necesario  para  quien  propone  esta clase de error, ante todo, individualizar o concretar  la  prueba  sobre  la  cual recae el supuesto yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su sentido.  Acto seguido, se debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  debe  mutarse  a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

Por  su  parte, el error de hecho por falso  raciocinio  se  configura cuando el sentenciador aprecia la prueba desconociendo  las   reglas   de   la  sana  crítica,  esto  es,  postulados  lógicos,  leyes  científicas o máximas de la experiencia.   

En   tal   supuesto   le  corresponde  al  casacionista  señalar  qué  dice  concretamente  el  medio probatorio, qué se  infirió  de  él  en  la  sentencia  atacada,  cuál  fue el mérito persuasivo  otorgado  y,  desde luego, determinar el postulado lógico, la ley científica o  la  máxima  de experiencia cuyo contenido fue desconocido en el fallo, debiendo  a  la  par  indicar su consideración correcta e identificar la norma de derecho  sustancial  que indirectamente resultó excluida o indebidamente aplicada.   Finalmente,   deberá  demostrar  la  trascendencia  del  error  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la  adecuada  apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado.   

Al margen de estas  directrices,  la  Sala  advierte  cómo el actor en los dos reparos opta   simple  e  impropiamente  por  confrontar  el  criterio  del  juzgador,  en relación principalmente con los testimonios de cargo, con su modo  personal  de  apreciarlos,  sin  siquiera  establecer  su  distorsión objetiva,  inherente  como se acaba de ver al error de hecho por falso juicio de identidad,  ni  identificar  las reglas de la sana crítica desconocidas, desarrollo ínsito  al falso raciocinio.   

Esta      actitud      atenta   contra   la   naturaleza  extraordinaria  del  recurso  de  casación  –en cuanto se  concentra   en   la   producción   de  yerros  que afectan la constitucionalidad  o  legalidad del fallo, sin que constituya una tercera instancia- y deja  de  lado  que  el  mismo  arriba  a  esta  sede gobernado por  la  doble presunción de acierto y legalidad -en cuya  virtud  prevalece  el  juicio  del  sentenciador sobre la opinión subjetiva del  recurrente-.   Es   decir  que,        en        tales       condiciones,     las    propuestas  carecen de total idoneidad  argumentativa     para     conseguir    el    propósito    trazado    con    su  formulación.     

De    otro   lado,   en   los  dos  reparos  el  demandante  también  refiere a la omisión  del   Tribunal  por  no  valorar  la  copia de la  sentencia  absolutoria a favor de su defendido por el  delito  de  hurto  agravado del que fuera denunciante  Wilser   Antonio   Rodríguez   Vallejo,  hermano  del  occiso,  antecedente  del  que  se  valió  dicha  autoridad  para  inferir  responsabilidad  en  el sub  exámine,  y  que  en  el  segundo  cargo se postula  tímidamente   como  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia;   no    obstante,    la  incidencia  de  dicho aserto, sin tener certeza sobre  si  dicha determinación cobró ejecutoria, se circunscribe a dejar entrever que  había     diferencias     previas    entre  el  procesado  y  la  familia  de  la  víctima1, lo cual no  resulta     incidente     frente     al  copioso  y  sólido análisis probatorio que permitió colegir,  en  grado  de  certeza,  la responsabilidad de WILTON  FERNEY  GARCÍA  OBANDO  en  el  homicidio del menor  Edwin    Yesid    Rodríguez   Vallejo.   

Así,   el  fallo     impugnado  da     cuenta     de     los    testimonios   directos  del  padre  de  la  víctima,  Francisco  Antonio  Rodríguez  Ríos,  y     de     su    consanguíneo,    Yeicer       Aléxander       Rodríguez       Vallejo,  quienes  sin  vacilación señalaron al procesado como coautor del hecho delictivo, amén  de  que  este  último  lo  identificó  durante  diligencia  de  reconocimiento  fotográfico,  lo  cual  no entrañó complejidad en  cuanto      lo      conocían      con      antelación     por     trabajos  que  había realizado con el  primero,  sin que existan,  por   tanto,  motivos  razonables  para  dudar  del  señalamiento  y  a  lo  cual  se  suma  el  indicio  probado  de mentira o mala  justificación    estructurado    en   su   contra   y   que   inexplicablemente  dejó  lado el libelista  en detrimento de la trascendencia de los ataques.   

Contra  sensu,  la   prueba  de  descargo  se  muestra  endeble  y acomodada, lo cual condujo a que el Tribunal compulsara  copias  para  que  se  investigara  la  posible  comisión  del  delito de falso  testimonio  en  contra  de las deponentes de descargo  Claudia  Patricia Osorio y  María     del     Carmen     Ramírez    Moreno2.              

El   cúmulo   de   las   incorrecciones  reseñadas,  las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por la Sala en virtud del  principio  de limitación que regula este medio extraordinario de impugnación y  que  por  vía  legal  encuentra  consagración  en el artículo 216  de  la  Ley  600  de  2000, imponen la  inadmisión  de  la demanda, conforme se anunció en el exordio de este acápite  considerativo.   

Finalmente,  se  debe  precisar  que no se  advierte  la necesidad de activar el mecanismo oficioso de enmienda, contemplado  en    el    artículo    216    ibídem,  para  conjurar  la violación de garantías fundamentales dentro  del presente trámite o en la sentencia.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

       INADMITIR  la  demanda de casación     presentada       por    el    defensor  de   WILTON   FERNEY   GARCÍA   OBANDO,   de  conformidad  con  las  razones  expuestas  en  la  anterior  motivación.   

         

Contra  este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ      LEONIDAS      BUSTOS  MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                             MARÍA      DEL      ROSARIO      GONZÁLEZ  MUÑOZ                     

GUSTAVO           ENRIQUE          MALO  FERNÁNDEZ        LUIS  GUILLERMO            SALAZAR           OTERO         

JAVIER   ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria    

1 Ver  pág. 27 del falo de segundo grado.   

2  Pág.          41          ídem.     

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