41494(06-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado  acta Nº  253   

Bogotá        D.C.,  seis  (6) de agosto de dos mil trece  (2013).   

V   I   S   T   O  S   

La Sala resuelve acerca de la admisibilidad  de   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Manuel          Antonio         Argumedo         Araujo,  contra  la  sentencia  dictada por el Tribunal Superior de Montería el 21 de marzo de 2013,  mediante  la cual revocó la proferida por el Juzgado Promiscuo Municipal de San  Carlos  el 7 de febrero de 2013, y lo condenó como autor de la conducta punible  de lesiones personales culposas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

                                      

1.  Los primeros fueron sintetizados por el  sentenciador de segundo grado de la siguiente manera:   

“El  6  de mayo de 2009 aproximadamente a  las      18.55     horas,     sobre     la     vía     Cereté     –  Ciénaga de Oro, Córdoba, frente a  la  entrada  del municipio de San Carlos, se presentó una colisión o accidente  de  tránsito  en  el  cual  estuvieron involucrados los automotores: maquinaria  agrícola,  tipo  tractor  marca  Massy  Ferguson  Modelo 1979, Placa FEP 35, de  servicio  particular  la cual tenía adjunta en la parte trasera una sembradora,  conducida  por  el señor Manuel Antonio Argumedo Araujo; y la motocicleta marca  Suzuki  modelo  2006, color negro, de placa BIO 72B conducida por el señor Juan  Emigdio Padilla Argumedo.   

“Como  consecuencia del choque, el señor  Juan  Emigdio  Padilla Argumedo sufrió lesiones corporales que determinaron una  incapacidad  definitiva  de  65  días  con  secuela médico legal de deformidad  física    que    afecta    el    cuerpo    de   manera   permanente”.   

2. Por los anteriores sucesos, el Fiscal 5°  Local  de  Cereté  presentó  ante  el  Juez Promiscuo Municipal de San Carlos,  Córdoba,   escrito de acusación contra Manuel Antonio Argumedo Araujo por  el delito de lesiones personales culposas.   

3.  La  etapa  del  juicio  la  tramitó el  Juzgado  Promiscuo  Municipal de San Carlos, Córdoba, autoridad judicial que el  7  de  febrero  de  2013,  absolvió  al  acusado de los cargos atribuidos en la  acusación.   

4.  Apelado  el fallo por el delegado de la  Fiscalía  General  de  la  Nación,  el Tribunal Superior de Montería el 21 de  marzo  de  2013,  lo  revocó  y en su lugar, condenó a Manuel Antonio Argumedo  Araujo  a  la  pena  de  4.8  meses de prisión y multa equivalente a cuatro (4)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes   y  a  las  accesorias de  conducir  maquinarias agrícolas e inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término de la restrictiva de la libertad,  como autor de la conducta punible de lesiones personales culposas.   

Así   mismo,  concedió  al  acusado  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena.   

La  defensa  técnica  de  Argumedo  Araujo  interpuso recurso de casación.   

SÍNTESIS    DEL  LIBELO   

Basada  en  la  causal  primera  y tercera,  según   la   sistemática   reglada   en   la  Ley  906  de  2004,  postula  un  “sólo” reproche contra  la sentencia del Tribunal, así:   

Acusa   el  libelista  que el juzgador  infringió  directamente  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea de  “una      norma      constitucional”.   

Dice  que  en  el trámite del juicio oral,  público  y  concentrado, se recibieron varios testimonios que en su sentir eran  superfluos  e  inanes  para el proceso, entre ellos, la versión del padre de la  víctima,  a  partir  de  lo  cual  procede  a realizar un resumen del dicho del  deponente.   

Así mismo, señala que al diligenciamiento  igualmente  se  incorporaron  las  versiones  de Carlos Andrés Díaz Ramos y de  Olier  José Hernández Arguello, destacando que los deponentes fueron claros en  afirmar  que  ellos  venían escoltando al tractor, que éste se quedó varado a  la  entrada  del  corregimiento  de Rabo Largo, sitio distante a unos 200 metros  del  lugar  donde  ocurrió  el  suceso,  puesto que pretendían guardarlo en la  Finca   Toledo   cercana   a   la  entrada  que  conduce  al  municipio  de  San  Carlos.   

Recuerda  el  censor  que  conforme  a  los  declarantes,  el motociclista trató de adelantar la máquina sin percatarse que  venía  un  camión  y al maniobrar fue que se chocó con el tractor que se  encontraba  detenido,  en  tanto  se hallaba realizando las maniobras necesarias  para arribar a la vía que conduce al municipio de San Carlos.   

A continuación pasa a transcribir varios  fragmentos  del  fallo  recurrido,  para  luego  sostener  que a su procurado el  juzgador  se abstuvo de reconocerle el derecho a la duda, citando los artículos  12  del  Código  Penal,  7  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  83 de la  Constitución Política.   

En    relación   con   el   manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba, dice  que      el      juzgador      de      segunda     instancia     “minimizó” la infracción de tránsito  que  cometió  la  víctima al sobrepasar un vehículo en la vía sin prever que  otro automotor transitaba en sentido contrario.   

Afirma  que  el  procesado  tomó todas las  precauciones  para  evitar  la  colisión,  esto  es,  de  no  dañar  a  nadie,  situación que no se puede predicar de la víctima.   

Después  del  anterior introito postula el  “Cargo    primero”,  argumentando  que  la violación al deber objetivo de  cuidado,  se  evalúa  siempre  dentro  de  un  determinado  supuesto,  esto es,  “por medio de un juicio de la conducta humana en el  contexto  de  relación  en  el  cual  se  desempeñó  el  actor,  y  no  en el  aislamiento  de lo que  éste hizo o dejó de hacer”.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La   casación   en   la   Ley   906   de  2004   

Los  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

         Además,  se  hace  imperioso  que el actor justifique la necesidad  del  fallo de casación de cara al cumplimiento de alguna de las finalidades del  recurso,  según  así  lo  tiene  también  establecido  el  inciso segundo del  precitado artículo 184.   

         En  el caso objeto de examen, advierte la Sala que el demandante no  cumple dichos requisitos de fundamentación de la demanda.   

         Presupuestos  de  lógica  y debida fundamentación de las causales  primera y tercera de casación   

         

         

         En  relación  con  el primer motivo reglado en el artículo 181 de  la  Ley  906  de  2004,  como  causal  de  casación,  cuando la censura se  postula  por  la  vía  de  la  infracción  directa  de  la  ley  material,  el  casacionista  está  aceptando  que  los  hechos  declarados como probados en la  sentencia  fueron  correctamente  apreciados,  razón  por  la cual el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho,  sin  que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los elementos de juicio y del acontecer  fáctico.   

         En  esa  medida,  la labor de demostración de la trascendencia del  vicio  deberá  estar  sustentada  en evidenciar que el juzgador seleccionó una  norma  que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el  asunto,  omitió otra que sí  resolvía  los  extremos  de  la  relación  jurídico  procesal  o, habiéndola  escogido  correctamente  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del  texto de la ley.   

Finalmente,  en  lo  que atañe a la causal  tercera  de  casación,  esto  es,   la  infracción  indirecta  de  la ley  sustancial,  destáquese  inicialmente  que  se está aceptando que el error del  juzgador  ocurrió de manera mediata, es decir, en la elaboración del juicio de  hecho  derivado  de  errores en la apreciación de la prueba, falencia que se ve  reflejada en la aplicación del derecho.    

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  corresponde  enseñar  en qué consistió el yerro de apreciación  de  la  prueba,  es  decir, si fue de hecho o de derecho, como también el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Y por último, evidenciar cómo el desatino  incidió  en  la aplicación del derecho, en la medida en que se seleccionó una  norma  que  no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó otra que sí  resolvía todos los extremos de la relación jurídico procesal.   

Calificación de la demanda  

De  entrada  se  advierte  que  el  escrito  presentado  por el defensor del acusado, carece de los presupuestos para tenerlo  como  libelo  casacional, debido a que incumple los presupuestos, respecto de su  elaboración.   

Según lo plasmado en el artículo 184 de la  Ley  906 de 2004, la demanda de casación debe contener, por lo menos, la causal  sobre  la  cual  se  censura  el  motivo de inconformidad y el desarrollo de los  cargos,  es  decir,  los  razonamientos  tendientes  a  demostrar  un  error  in  iudicando o in procedendo.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  surge  evidente  que  el  censor escogió los senderos de la infracción  directa   de   la   ley  sustancial  (causal  primera)   por  una  presunta  interpretación  errónea  en  que  incurrió  el  juzgador  al aplicar la norma  llamada  a  gobernar  el asunto para recurrir la sentencia de segunda instancia.  No  obstante,  la  fundamentación  del reproche no se compagina con ese puntual  enunciado.   

En efecto, recuérdese que cuando se acude a  este  sentido  de  infracción de la ley (interpretación errónea), corresponde  al  casacionista  demostrar  los alcances, efectos o consecuencias atribuidas en  forma  equivocada  a  la norma, equívocos de extensión o de restricción, para  lo  cual  de  manera  necesaria debe atenerse a la estructura y contenidos de la  norma sustancial de que se trata.   

Por tanto, la limitación del libelista para  cumplir  los  anteriores  derroteros  es  mayor,  pues a su deber de aceptar los  hechos  y  las  pruebas  conforme fueron consignadas en el fallo impugnado, debe  sumarse  la  obligación  de aceptar que la selección de la fuente formal en la  que  el  juzgador  resuelve el problema es la correcta, debido a que el yerro no  recae  en la elección de la norma sino en su entendimiento, porque se le da uno  que  trastoca su verdadero contendido, menguándolo o aumentándolo o en algunos  extremos tergiversándolo.   

La   labor  de  demostración  del  yerro  planteada  por  el  censor  se aparta de los anteriores supuestos, habida cuenta  que  de  entrada  muestra inconformidad con varios testimonios que desfilaron en  el  juicio oral, público y concentrado, puesto que en su sentir eran superfluos  e  inanes para el proceso; seguidamente pasa a resaltar las aseveraciones hechas  por  dos  deponentes,  respecto  de  que  éstos  fueron claros en determinar la  imprudencia  de  la  víctima,  para  luego concluir que a su procurado no se le  reconoció el derecho a la duda.   

Es  decir,  las  anteriores afirmaciones en  manera  alguna  ponen  en evidencia la denunciada trasgresión directa de la ley  sustancial por interpretación errónea de la norma.   

Además, bajo la misma censura y vulnerando  el   principio  de  autonomía  que  rige  la  casación,  acusa  el  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de la prueba  (causal  tercera),  por  cuanto  en  su  sentir el sentenciador de segundo grado  “minimizó”    la  infracción  de  tránsito  que  cometió  la  víctima  y  que  derivó  en  la  colisión,  máxime  cuando el acusado adoptó todas las medidas necesarias para  impedir la confrontación de las dos máquinas.   

Finalmente,  el  censor  procede  a   postular  el  cargo,  argumentando  esta  vez la violación al deber objetivo de  cuidado por parte de la víctima.   

En  tales condiciones, resulta claro que la  censura  incumple los presupuestos de lógica y debida fundamentación, en orden  a su admisibilidad.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  cuyo  trámite  fue  señalado  en auto del 12 de diciembre de  2005, adoptado en el radicado 24322.   

         

        En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

        1.      INADMITIR   la  demanda de casación presentada por  el    defensor    de    Manuel   Antonio   Argumedo  Araujo.   

2.  De conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

         

                    Cópiese,  notifíquese y cúmplase.   

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO                                               FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                     GUSTAVO E.  MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR OTERO                                                             JAVIER  DE JESÚS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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