41451(28-08-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado Acta No. 279  

Bogotá D.C., veintiocho (28) de agosto de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Procede la Sala a verificar los requisitos de  lógica  y  debida  fundamentación de la demanda de casación presentada por el  defensor  del acusado Cristrian Giraldo Hichster, contra la sentencia de segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior de Buga el 27 de febrero de 2013,  a  través de la cual confirmó la dictada por el Juzgado 5º Penal Municipal de  Palmira  que  lo  condenó  como  coautor  del  delito  de  extorsión agravada.   

ANTECEDENTES  FÁCTICOS   

Los hechos que motivaron esta investigación  son los siguientes:   

En el mes de enero de 2009, Lucio Rodríguez,  recibió  una  llamada  a  su  celular  de  un sujeto que dijo llamarse Cristian  Giraldo  Hichster,  perteneciente  a  la  oficina de cobros  de alias “el  ronco”,  quien le manifestó que debía pagarle la suma de $10.000.000 so pena  de  ser  asesinado, igualmente lo citó a un establecimiento de comercio ubicado  en  la  ciudad  de  Palmira  y  de  nombre  “La  14  de  Llano Grande”, para  reiterarle  la  exigencia  económica,  reunión  a la que asistió el ofendido,  entrevistándose   con   Cristian   alias   “boilo”  y  otros  dos  sujetos.   

El 10 de enero de 2009, arribó a la casa de  la  víctima  Miguel Marín, sujeto adscrito a la oficina de cobranzas, quien lo  inquirió  para  que le pagara la suma exigida o en su defecto les diera algo en  garantía,  ante  lo  cual Rodríguez Arana, accedió entregándole de inmediato  el  carro  de  su propiedad marca Chevrolet Sprint de placas QGF 245.   

ANTECEDENTES    PROCESALES    RELEVANTES   

          1.   Debido  a  la  denuncia  de Lucio Rodríguez, la fiscalía  dispuso  la  captura de Cristian Giraldo Hichster, la cual se hizo efectiva el 8  de  octubre  de  2001, por lo que en esa misma fecha el indiciado fue presentado  ante  el  Juez  de  Control  de Garantías del municipio de Florida –   Valle,   quien  declaró  legal  la  privación  de  la  libertad  y  luego  de  que  el  ente investigador formulara  imputación  por el punible de extorsión, el funcionario judicial por solicitud  de  éste  impuso  al procesado medida de aseguramiento de detención preventiva  en centro de reclusión.   

          2.  El  3  de noviembre de 2011, la Fiscalía General de la Nación,  presentó  escrito  de  acusación, en el que llamó a juicio a Cristian Giraldo  Hichster, como autor del punible de extorsión agravada.   

          3.  El  juicio  fue adelantado por el Juzgado Quinto Penal Municipal  de  Conocimiento de Palmira, autoridad que el 23 de noviembre de 2012, profirió  sentencia  condenatoria  contra el procesado, imponiéndole la pena principal de  240  meses  de  prisión  y  multa  de  3000 salarios mínimos legales mensuales  vigentes  como  coautor  del  punible  de  extorsión  agravada.  Como  sanción  accesoria,  irrogó la inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  pública por el mismo término de la sanción principal.   

          En  cuanto  a la libertad, le negó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

          4.  Contra  la  anterior  determinación,  el  defensor  del acusado  interpuso  el  recurso  de  apelación,  el  cual  fue  resuelto por el Tribunal  Superior   de   Buga,  que  en  fallo  del  27  de  febrero  de  2013  confirmó  integralmente la sentencia de primera instancia.   

          5.  La  sentencia  del  Tribunal  fue  recurrida en casación por el  profesional  que  representa  los intereses de Cristian Giraldo Hichster, siendo  la   calificación   de   la  demanda  el  objeto  del  actual  pronunciamiento.   

EL LIBELO  

          Presenta  un  único cargo contra la decisión del Tribunal Superior  de Buga, así:   

Siguiendo  la  causal segunda prevista en el  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, indica que la sentencia se emitió a pesar  de  que  no  se  logró  la  individualización e identificación del procesado,  incumpliéndose  de esta forma el mandato contenido en el artículo 128 de dicho  estatuto procedimental.   

Precisa  que el único dato con base el cual  se  dio  por demostrada la identificación del procesado y su individualización  como  el  autor  del  delito,  es la información que suministró el denunciante  acerca  de  que la persona que lo llamó a extorsionarlo, le dijo que se llamaba  Cristian  Giraldo,  sin que conociera alguna característica morfológica que lo  identificara como tal.   

Concluye  que el único motivo por el que se  responsabilizó  al  acusado,  fue  el  hecho de responder al nombre de Cristian  Giraldo,  lo  cual  comporta  una  violación  al  debido proceso y a las formas  propias  del  juicio, en trasgresión de los artículos 128, 252, 253, 356 a 447  del la Ley 906 de 2004 y 29 de la Constitución Política.   

Sostiene  que la nulidad debe cubrir incluso  la    sentencia    de    primera    instancia    para    que   se   “revoque”  la  misma  y  se  emita  el  correspondiente fallo de reemplazo.   

          Recava  que  la  única  relación de su defendido con este trámite  penal  es  que  coincidencialmente  su nombre y apellido es el mismo  de la  persona  indicada por la víctima de ser quien se comunicó telefónicamente con  él  para  extorsionarlo  y  le  dijo  que  se  llamaba Cristian Andrés Giraldo  Hichster, surgiendo como posible un caso de homonimia.   

          Luego  indica  que  la  fiscalía  pretendió incorporar como prueba  documental  un  reconocimiento fotográfico y video gráfico, la cual fue negada  por  no  haberse  descubierto  a  la  contraparte, empero el censor se dedica al  análisis  de  los requisitos de este tipo de probanza, citando el artículo 252  del  Código  de  Procedimiento Penal de 2004, e igualmente haciendo énfasis en  el  deber  de  descubrimiento de todos los medios de convicción, con el fin que  de  puedan  ser  validamente incorporados al juicio, en contraposición a lo que  ocurre  con  el  sistema  procesal  de  la Ley 600 de 2000, caracterizado por el  principio de permanencia de la prueba.   

          Enseguida,  cita  apartes  de  la  declaración  del  ofendido Lucio  Rodríguez,  cuando narró los pormenores acerca del conocimiento que tenía del  procesado  y  que  efectivamente  éste fue quien lo extorsionó, con base en la  cual  el  libelista afirma que “la víctima jamás se  refirió  al  señor  Cristian  Andrés Giraldo Hichster como Cristian Giraldo o  Cristian boilo”.   

          Critica  la prueba reseñada como numero cinco, habida cuenta que la  comparación  que se hizo de la tarjeta decadactilar de Cristian Andrés Giraldo  Hichster  con  el comprobante de documento en trámite con el que se identificó  al  acusado  al  momento  de su captura y que se encontraba también a nombre de  Cristian  Andrés  Giraldo  Hichster, es “falaz, pues  lo  que se hizo fue comparar la huella del comprobante del documento en trámite  con  las  huellas  tomadas  al  acusado  cuando  fue  capturado”, es  decir  el  cotejo no se hizo entre la tarjeta de preparación de  cédula  de  ciudadanía perteneciente a Cristian Andrés Giraldo Hichster y las  huellas  del  procesado,  sino  entre  éstas  y  el  documento  que  el acusado  presentó  al  ser capturado acerca de que su cédula se encontraba en trámite.   

          Añade  que a pesar de que el ofendido en su denuncia dijo que quien  lo  había  llamado  le  manifestó  que se llamaba Cristian Giraldo, sin motivo  alguno  la  orden de captura se libró contra Cristian Andrés Giraldo Hichster,  sólo  por  el hecho de que esta persona también está siendo investigada desde  el año 2010 por un delito de homicidio.   

          Volviendo   al   reconocimiento  fotográfico,  aduce  que  el  ente  acusador  se alejó de las reglas previstas en el artículo 252 de la Ley 906 de  2004,  toda  vez  que  el  denunciante no precisó ninguna señal particular que  sirviera  como criterio de selección de las fotografías que se le exhibieron a  éste,  al  igual  que se omitió agotar el mecanismo del reconocimiento en fila  de  personas,  previsto en el artículo 253 de la misma normatividad, una vez se  cumplió  el  procedimiento  de captura, para lo cual cita la decisión 26276 de  2007  de  esta  Corte, en la que se indicó en qué casos resultaba necesaria la  práctica  de  un  reconocimiento de este tipo, pese a que se hubiera agotado la  vía del reconocimiento fotográfico.   

         

          De  otra parte, indica que ante la irregularidad planteada, la Corte  debe  proceder  a absolver al acusado, dictando el fallo de reemplazo, antes que  retrotraer  el  trámite,  en la medida en que los vicios que tienen que ver con  la  responsabilidad  deben  resolverse  por  la  vía  de  lo  que reporte mayor  significación  sustancial,  en  este  caso,  es  la  absolución,  según lo ha  estudiado  la  Sala  en varias decisiones que el recurrente se encarga de citar.   

         

          Por  último,  al  referirse  a  la  trascendencia de la violación,  alude  a  la  incursión en un error de hecho por un falso juicio de existencia,  derivado  de  omitir  valorar la pruebas aportadas al proceso, lo cual condujo a  que  se  profiriera  una  decisión  completamente adversa a los intereses de su  representado  “Vicente  de  Paul Marinez Valencia ya  que  estaría demostrando que los conceptos que se le aplicaron y por los cuales  se  incrementó  su pensión de jubilación tenían como base legal un referente  legal…”.   

         

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1. Aunque la Corte ha precisado que en la Ley  906  de 2004 no se distingue entre recurso de casación por la vía común y por  la  discrecional,  al eliminar la exigencia del quantum  de  pena del delito por el que se procede para acceder  a  tal  impugnación,  también lo es que corresponde al demandante acreditar la  afectación  de  derechos  o  garantías fundamentales, lo cual le impone contar  con  interés  para  impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar los cargos de  sustentación  del  recurso  y  demostrar que es necesario el fallo de casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos por el legislador en el artículo  180  de  la  referida  normatividad para la mencionada impugnación, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación      de      la      jurisprudencia1.   

         Además,  se  tiene  que de acuerdo con la  preceptiva  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, no será admitido el libelo  de  casación cuando el demandante carezca de interés, no señale la causal, no  desarrolle  adecuadamente  los  cargos de sustentación o cuando se advierta que  no   es  necesario  el  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso.   

Una vez clarificado lo anterior, se abordará  la censura postulada por el impugnante.   

2. Calificación de la Demanda  

Frente  al  único  reparo  planteado por la  senda  de  la nulidad contra la sentencia condenatoria, si bien la Sala ha dicho  que  la  fundamentación  de esta causal, es menos exigente que la demostración  de  las  otras,  lo  cierto es que impone al demandante proceder con precisión,  claridad  y  nitidez  a  identificar  la  clase  de irregularidad sustancial que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos fácticos, indicar los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón de su quebranto,  especificar  el  límite  de  la  actuación  a  partir de la cual se produjo el  vicio, así como la cobertura de la nulidad.   

De  la misma forma le compete evidenciar que  procesalmente  no existe manera diversa de restablecer el derecho afectado y, lo  más   importante,   comprobar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en situaciones ausentes de quebranto.   

         En   orden   a   alegar  y  demostrar  este  tipo  de  trasgresión  en  sede  de  casación, el  recurrente   cumple   con  acudir  a  la  causal prevista en el numeral segundo del artículo 181 de la Ley  906  de  2004,  esto  es,  desconocimiento  del  debido  proceso por afectación  sustancial de su estructura.   

         Sin    embargo,    se    equivoca   al   identificar   la  situación  que califica de irregular  y   sobre   la   cual   se   edifica   su   petición   de   nulidad,  según  pasa a explicarse.   

         De   acuerdo  con  la  apreciación  del  censor,  carece  de soporte el señalamiento que se hace del procesado de ser la  persona  que  extorsionó  a  Lucio  Rodríguez,  toda vez que dicha conclusión  estuvo  mediada  por  un reconocimiento fotográfico irregular, al igual que por  un  cotejo  dactiloscópico que no arroja certeza sobre que la persona capturada  sea  la  misma  que  ejecutó  el  hecho,  así  como  la  falta  de  reconocimiento  en fila, medio idóneo  para esclarecer dicho aspecto.   

         Sobre  el  particular  observa  la  Corte  que las afirmaciones del  libelista   no   se  compadecen  con  lo  que  muestra  el  proceso;  en  primer  lugar,    el    cotejo  dactiloscópico  realizado  por las autoridades de policía judicial se hizo con  base  en  la  reseña decadactilar tomada a la persona  capturada,  frente  a  la  tarjeta de preparación de  cédula  de  ciudadanía perteneciente a Cristian   Andrés   Giraldo   Hichster  y  expedida por la Registraduría Nacional del Estado  Civil,        resultando        uniprocedentes,       es       decir,  pertenecientes  a  la  misma persona,  quedando   establecido  que  la  identificación  del  individuo     capturado     con    ocasión  de  los  hechos  denunciados  por la víctima es Cristian   Andrés   Giraldo   Hichster,  circunstancia que además fue objeto de estipulación  por las partes.   

         Resulta  oportuno  citar apartes del estudio dactiloscópico que de  manera  diáfana  detalla  cuáles fueron los documentos objeto de cotejo:   

“Descripción  clara  y  precisa  de  los  elementos  materiales  probatorios  y  evidencia  física examinados:  Fotocopia  de  la tarjeta de preparación de la Registraduría a  nombre  de  Cristian  Andrés  Giraldo  Hichster  con  cédula  de  ciudadanía  N.  1.113.621.814  de  Palmira Valle. Se vislumbra una  impresión  dactilar.  Tarjeta  decadactilar tomada a  quien  se  identificó  como  Cristian  Andrés  Giraldo  Hichster  con  cédula  de  ciudadanía N. 1.113.621.814 de Palmira Valle. Se  observan  diez  recuadros  y en cada uno de ellos una impresión dactilar. En la  parte   inferior  se  observan  impresiones  dactilares  simultáneas  de  ambas  manos”.   

         A  dicho  cotejo  se  acompañó  la tarjeta decadactilar tomada al  procesado  al  momento  de  su captura, por parte de agentes de la DIJIN, siendo  ese  el  instrumento que se cotejó con la tarjeta de preparación de cédula de  ciudadanía   consultada   en  la  Registraduría  Nacional  del  Estado  Civil,  perteneciente  a  Cristian  Andrés     Giraldo     Hichster,     nombre   con   el   que   justamente  se  identificó  el  acusado.   

         Del   mismo  modo,  carece  de  soporte  el  señalamiento,  según  el   cual   el   ofendido   no   estaba  en  capacidad  de  concluir  que  el  hombre que lo contactó por  teléfono  a  exigirle una  suma   de  dinero  a  cambio  de  no  atentar  contra  su  vida,  sea  el acusado,  pues  el  ciudadano  Lucio Rodríguez, además de recibir la llamada,     asistió    a    una  reunión  por  solicitud  de quien lo  contactó,  encontrándose con el hombre que resultó  ser  Cristian  alias  “bólido”,  a  quien  además  reconoció en audiencia  pública,  refiriéndose al procesado, como uno de los sujetos   que  lo  constriñó bajo amenazas para  que  pagara  la  suma  de  diez  millones  de  pesos,  viéndose obligado a entregar su vehículo.   

         En  esa  medida queda por completo descartada la posibilidad de que  el  acusado  sea  un  homónimo  de  quien  realmente  cometió    el    delito,   como   para       que      se      pongan  en  evidencia   irregularidades   en   el   procedimiento  de  individualización  e  identificación         del        penalmente  responsable,   en   orden  a  invalidar  el  trámite  seguido contra Cristian  Andrés     Giraldo     Hichster,    siendo  claro  que la nulidad planteada  en  la  demanda  se  soporta  en  supuestos  de  hecho  equivocados,  contrarios  a  los  antecedentes  del  proceso,  toda  vez  que  se  aparta  de  la realidad  el hecho de que la única  razón  por la que se vinculó al acusado, sea porque coincide con el nombre que  le    suministró    al   afectado   uno  de los sujetos que lo llamó a intimidarlo, pues el recurrente  omite   indicar  que  el  ofendido  sí  tuvo  contacto  físico  y  visual  con  éste,  siendo  ese  el  motivo  por  el  que se logró su individualización e identificación con fines  de  captura,  y luego, ya en el juicio, la víctima lo reconoció como el hombre  que  junto  con otros lo extorsionó, es decir, la responsabilidad del procesado  no  se  fundó en el procedimiento que se adelantó para lograr su captura,  sino    principalmente   en   el   testimonio   de  Lucio  Rodríguez  y  en la sindicación directa que  lanzó  contra  Cristian  Andrés  Giraldo  Hichster  durante el desarrollo del juicio.   

        Estas  mismas  razones,  desvirtúan  la  afirmación  del  censor  acerca  de  que  se  omitió  realizar  un  reconocimiento  en fila de personas,  falencia   que   califica   de   ser   una   trasgresión  al  debido  proceso  y  por  tanto, comporta un motivo para invalidar la  actuación,  en  la medida en que no concurren dudas  en  torno a la identificación del acusado como el sujeto que cometió el delito  de  extorsión, como para exigir otro método adicional de identificación a los  que   se   practicaron  durante  el  trámite.    

         

        Si  la  pretensión  del  recurrente  era  atacar  las  razones de  índole  probatorio  validadas  por  los jueces de instancia, debió postular su  inconformidad  a  través  de  la  violación  indirecta de la norma sustancial,  haciendo  ver  a  la  Corte  los  errores  de  hecho  o de derecho en los que se  incurrió  en  la  sentencia,  así  como los falsos  juicios  derivados de éstos. Por ejemplo cuando el censor entra en el análisis  de  un  reconocimiento  fotográfico  practicado  en  la fase de investigación,  aludiendo  a  los  requisitos  legales  que  la  ley  fija  para  éste,  debió  desarrollar  tal  estudio  por  la vía del error de derecho por falso juicio de  legalidad,  demostrando  que  ese  medio  de  prueba  se  incorporó  pese a que  incumplía  las  exigencias previstas en la norma procesal para su introducción  al  juicio,  entre  ellas,  su  previo  descubrimiento; sin embargo, simplemente  enuncia  el  tema, siendo incoherente con su discurso inicial, cuando acepta que  tal  reconocimiento fue rechazado por los jueces de instancia, como en efecto lo  verifica  la  Sala  de  la  lectura del fallo, al no haber sido descubierto     por     la     fiscalía,     no    existiendo  entonces  razones para que dedicara apartes del libelo a una  cuestión    que    ni    siquiera    aconteció,  pues  se reitera, el juez  prescindió de estimar tal reconocimiento fotográfico.   

          Así  las  cosas, emerge clara la infracción del libelista  a  los  mínimos lógicos y de coherencia, la cual se  hace  aún  más  evidente  cuando  al  aludir a la trascendencia de la supuesta  irregularidad,  indica  un  falso  juicio de existencia por omisión probatoria,  cuando  ni siquiera aludió a esta forma de violación indirecta de la ley en el  desarrollo  de su escrito, además de referirse a otra persona como el procesado  y  a  una  situación relacionada con un reconocimiento pensional que nada tiene  que  ver  con  el  aquí acusado ni con el supuesto de hecho objeto del presente  trámite.   

          En  este  orden  de  ideas, la  demanda será inadmitida.   

3.  Debe  recordarse  que de todas formas la  Sala,  en  aras  de hacer efectivos los fines de la casación, debe constatar el  respeto  a las garantías mínimas de las partes e intervinientes en el proceso,  con  independencia de que esa cuestión haya sido propuesta o no por quien acude  a  la  sede extraordinaria, según se desprende del inciso tercero del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.  Y  verificado  lo anterior, en este caso no se  advierte  el  desconocimiento de los derechos de las partes o intervinientes que  amerite la intervención oficiosa de la Corte.   

4.  En  caso de que se acuda al mecanismo de  insistencia,  deberán  seguirse  los  parámetros  fijados en el Auto del 12 de  diciembre de 2005, radicado 24.322.   

        En  mérito  de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          PRIMERO:            INADMITIR   la   demanda   de   casacón  presentada    por   el   defensor   del   procesado  Cristian Andrés Giraldo Hichster.   

        Contra  esta  decisión,  de  conformidad  con  lo dispuesto en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase,  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSE  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                              FERNANDO       ALBERTO       CASTRO  CABALLERO           

MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ  MUÑOZ                       GUSTAVO  E. MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS      GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                                                 JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Auto  del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322, entre otros.     

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