39313(06-02-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA  

Aprobado Acta No. 29  

Bogotá  D.  C., seis (06) de febrero de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

Decide  la  Sala  el  recurso de reposición  interpuesto  contra  el  auto  de  31  de  octubre de 2012 por medio del cual se  inadmitió  la  demanda  de  revisión  interpuesta  por  JAVIER FRANCISCO ABRIL  CHAPARRO a través de apoderado.   

ANTECEDENTES  

1.  El  Juzgado  Primero  Promiscuo Municipal de San Gil el 18 de diciembre de 2009, dictó fallo  absolutorio  a  favor  de  JAVIER  FRANCISCO  ABRIL CHAPARRO, que apelado por la  Fiscalía  fue  revocado  el  16 de marzo de 2012 por la Sala Penal del Tribunal  Superior   de  Bucaramanga  al  hallarlo  responsable  del  delito  de  lesiones  personales  dolosas  (artículos  111,  112  inciso  2°,  114  inciso 2° y 117  Código  Penal),  imponiéndole  las penas principales de 54 meses de prisión y  multa  de  34, 93 salarios mínimos legales mensuales vigentes y la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por término  igual  al  de  la  sanción  aflictiva  de  la  libertad.  Negó  la suspensión  condicional   de   la   ejecución   de   la  pena  y  concedió  la  reclusión  domiciliaria.   

2. Respecto de tal  pronunciamiento,  el  25  de  junio  de  2012  JAVIER  FRANCISCO ABRIL CHAPARRO,  mediante  abogado,  interpuso  acción  de  revisión, con base en la causal 3ª  contenida  en  el  artículo  192  de  la  Ley  906  de 2004, esto es, por haber  aparecido  con posterioridad a la sentencia hechos o pruebas nuevas no conocidas  al  momento  de  los  debates, que establecen la inocencia o inimputabilidad del  condenado.   

Señaló el actor que la sentencia de segunda  instancia   se   fundamentó   en   la   postura  de  la  Fiscalía  apoyada  en  reconocimientos  de  Medicina  Legal  practicados  por  el  perito MARIO ALBERTO  GÓMEZ  CÁCERES,  quien  se hallaba impedido por tener parentesco consanguíneo  con  la  víctima  ALFONSO  TORRES LEÓN como lo acreditan -según sostuvo-, los  registros  civiles  de  nacimiento  que  anexó,  lo  cual  fue  omitido  por el  Tribunal.   

Agregó  que  el  referido  profesional  es  médico,  abogado  y  funcionario  de  mucha  experiencia,  que  conocía de sus  obligaciones  y de las causales de impedimento establecidas en los numerales 1°  y  3°  del  artículo 56 de la Ley 906 de 2004, “las  que   transgredió   incurriendo   en   infracciones  penales,  como  sería  el  prevaricato    por    omisión    u    otra    infracción   que   el   despacho  calificará”.   

3.  La  Sala  al  estudiar  la  acreditación  de  los  supuestos  condicionantes  de la causal de  revisión   invocada,  el  31  de  octubre  de  2012  resolvió  no  admitir  la  demanda1   

, porque el elemento de conocimiento novedoso  aportado  con  ésta carecía de capacidad suficiente para abatir la atribución  de responsabilidad expresada en el fallo atacado.   

Se  precisó  cómo  el  líbelo no obstante  cumplir  medianamente  con  las  exigencias a que se contraen los numerales 1°,  2°  y  4°  del artículo 194 de Ley 906 de 2004, no acontecía lo mismo con el  requerimiento  del  numeral 3° en relación con “los  fundamentos de hecho y derecho en que se apoya la solicitud”.   

Se puso de presente la ausencia en la demanda  de  la descripción de la actuación procesal, hasta el punto de no mencionar el  juzgado  que emitió el fallo de primera instancia, haciéndose hincapié en que  no desarrolló el fundamento de la casual de revisión impetrada.   

Igualmente,  se sostuvo cómo el impedimento  que  afectaría  al  galeno  adscrito  al Instituto de Medicina Legal y Ciencias  Forenses,  debió  esgrimirse en las instancias pertinentes como lo establece el  artículo  56  y  siguientes  de  la Ley 906 de 20042,  pues  aparece  ajeno  a  la  acción  de  revisión  planteamientos  de  esa  índole  con  la pretensión de  revivir   trámites   legales   cuyo  escenario  de  exposición,  discusión  y  resolución  quedaron  signados  bajo  el  principio de preclusión de los actos  procesales,  coligiéndose  en  consecuencia  de  la  alegada  circunstancia  la  inexistencia  de  la  condición  de  hecho  nuevo  o  prueba  nueva,  pues ello  constituye una simple apreciación del actor.   

Al  no  manifestarse  una probable causal de  impedimento  lo  procedente es la recusación como lo enseña el artículo 60 de  la  Ley  906  de  2004,  modificado  por  el  artículo  84  de  la Ley 1395 que  preceptúa:  “Si  el  funcionario  en que se dé una  causal  de  impedimento  no  la  declararé,  cualquiera  de  las  partes podrá  recusarlo”.   

Se  consignó  que  si  lo  anterior  no  se  realizó  en  las instancias diseñadas por el legislador, no podía pretenderse  revivir   estadios   procesales   superados   “para  confirmar  las  causales  de  impedimento”, cuando el  mismo  abogado  que  impetró la acción tuvo las oportunidades de hacerlo, pues  según  se  desprende  del fallo de segunda instancia el referido galeno valoró  en   tres   ocasiones   a   la   víctima  e  igualmente  concurrió  al  juicio  oral.   

La Sala, en la providencia objeto del recurso  sostuvo  que  siendo  la figura jurídica de los impedimentos una manifestación  unilateral,  voluntaria  y oficiosa  “(…) y no  habiendo  ejercitado  tal  despliegue el referido médico, por ejemplo porque no  estimó  la configuración del mismo u otra razón, correspondía al defensor en  las  instancias  invocar  la recusación en aras de separarlo del asunto y si no  ejercitó  un tal despliegue la pretensión que ahora se invoca no resulta dable  para remover el principio de la cosa juzgada (…)”.   

4. Inconforme con la  determinación,  dentro  del  término  de ley, el actor interpuso el recurso de  reposición  aduciendo  en  esencia que la Sala se equivocó en la aplicación e  interpretación  del  artículo  192  y  siguientes  de  la  citada ley, pues el  impedimento  no  fue  conocido por los magistrados que emitieron la sentencia de  segunda  instancia  y  la  única  persona  que sabía del mismo era el referido  médico forense quien no lo puso en conocimiento.   

Adujo  que  no  pretende  revivir  un debate  probatorio,   sino   que  se  subsanen  “errores  al  fallar”,  transgresores  del  debido  proceso  y  el  derecho   defensa,   pues  el  “dictamen  no  sería  cristalino  ante  el  derecho” y que la “(…)  víctima no pudo clínicamente demostrar la lesión por el  cual  (sic)  tipificaron  el delito, porque sencillamente esta (sic) no existió  (…)”.   

Añadió que cumplió con la legitimación y  las  formalidades  previstas  en  la  ley  solicitando  se  reponga la decisión  censurada y se admita la demanda.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.   De  manera  insistente  la  Sala  ha  puntualizado que el fin general perseguido mediante el  recurso  de  reposición  es  propiciar  que  el  funcionario  que ha emitido la  decisión  cuestionada  por  ese  medio  de impugnación -previa acreditación a  cargo  de  la  parte o sujeto procesal inconforme, de un eventual yerro de orden  fáctico  o  jurídico en las consideraciones que la sustentan, de hallar eco la  respectiva      crítica-,     proceda     a     revocarla,     reformarla     o  adicionarla.   

Lo anterior significa que quien interpone el  recurso  tiene  la  insoslayable  obligación  de poner de manifiesto, de manera  clara  y precisa, las razones jurídicas y/o fácticas por las cuales estima que  lo  resuelto  por  el  operador  jurídico  se traduce en una decisión injusta,  errada,  imprecisa  o incompleta; dicho de otra manera, los motivos alegados por  vía  del  recurso  de  reposición  deben  ser  aptos para demostrar que con el  pronunciamiento  se  causa  un  agravio  injustificado al impugnante, por lo que  debe evaluarse nuevamente la cuestión debatida.   

2. A partir de las  anteriores  premisas sin duda el apoderado de JAVIER FRANCISCO ABRIL CHAPARRO no  logra  desvirtuar  las  razones  expuestas en el auto impugnado que motivaron la  inadmisión  de  la  demanda de revisión pues, acude al mismo discurso sobre el  cual  fundó  la  pretensión, toda vez que, nuevamente y bajo personales puntos  de  vista,  pretende que la Corte reexamine el tema materia de controversia, sin  aportar  mayores  y  mejores  elementos  de  juicio  para  refutar  la posición  adoptada en el proveído cuestionado.   

Nada  hace por controvertir a través de una  confrontación  seria  y  motivada los razonamientos plasmados en la providencia  atacada,  para  demostrarle a la Corte la necesidad de su intervención a fin de  enmendar  la  injusticia  material  del fallo censurado, finalidad última de la  acción de revisión.   

El  contexto general de su escrito carece de  una  exposición  argumentativa  que  vislumbre  o  deje  en  evidencia  que  el  interlocutorio   contiene   falencias  o  defectos  generadores  de  un  agravio  injustificado  al  hoy  condenado,  sino  que  refleja  la simple oposición del  criterio  subjetivo  y  obviamente  interesado del actor, frente al de la Corte,  con   la   insustancial   aspiración   de   hacerlo   prevalecer,  per  se,  sin  puntualizar el motivo de su  inconformidad,  dejando  entrever apenas que la decisión no corresponde o no se  acomoda  a  su  particular  modo  de  pensar,  como  cuando sostiene que la Sala  “(…)  falla en la aplicación e interpretación de  la  normatividad  de  la revisión del artículo (sic) 192 del artículo 192 del  C. P. P (…)”.   

Y  es que no cuestiona de manera convincente  los  argumentos  de la Corporación, en cuanto a que nada novedoso se aportaría  con   las  pruebas  que  pretende  hacer  valer,  como  no  sea  su  persistente  afirmación  acerca  del  supuesto  impedimento  en  que  incursionó  el galeno  adscrito al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses.   

En efecto, obsérvese que el recurrente amén  de  insistir  en  el  mencionado  tema  no  logró demostrarle a la Sala, que el  presunto  vínculo  de  familiaridad  entre  el  perito y la víctima afectó la  objetividad  de  las tres valoraciones médicas, realizadas el 17 de abril, 7 de  mayo  y  25  de  junio de 2008, aunado a la circunstancia que el referido galeno  acudió  al  juicio  y  ratificó  la  percepción  que tuvo cuando valoró a la  víctima,  aludiendo  a  la  “(…)  cojera  (sic) y  perturbación     funcional    permanente    de    órgano    y     miembro  (…)”   como de desprende del fallo de segunda  instancia  en  el  cual  se resaltó que el ofendido acudió al juicio relatando  las  circunstancias  de  modo,  tiempo  y  lugar  en  las cuales fue afectada su  integridad personal.   

Fue así como el actor  -recuérdese- se  limitó  a  sostener  que el parentesco “(…) nace o  se  da  en  razón  de  que el Dr. MARIO ALBERTO GOMEZ (sic) CACERES (sic) es el  padre  de los sobrinos de la víctima, pues este es o era el compañero o esposo  de   la   pariente   de  la  víctima  señora  ADRIANA  CECILIA  TORRES  SANTOS  (…)”, sin fundamentar de  qué  manera de no haberse acogido por el sentenciador las valoraciones médicas  y   el   testimonio   del  perito,  la  decisión  en  punto  a  la  autoría  y  responsabilidad    de    JAVIER    FRANCISCO   ABRIL   CHAPARRO   habría   sido  diversa.   

En consonancia con lo anterior no puede pasar  desapercibido   que  el  fallo  del  Tribunal  tuvo  en  cuenta  igualmente  los  testimonios  ofrecidos  por  la  Fiscalía,  en  los  que  se hallan vecinos del  ofendido  (como por ejemplo JOSÉ DEL CARMEN MUÑOZ TRIANA) – testigo presencial  del   hecho-,   quien   refirió  que  hubo  necesidad  de  ayudarle  a  que  se  incorporará   “(…)  porque se había dañado  la  rodilla  (…)”. Así como también la entrevista  rendida  por  EDWIN  BERMUDEZ (fallecido antes del juicio oral) quien narró que  la  víctima  LEONARDO  ALFONSO  TORRES  LEÓN,  se hallaba ubicado en una grada  siendo  empujado cayendo contra la camioneta de JOSÉ DEL CARMEN, a consecuencia  de  lo cual “(…) se fregó (sic) una rodilla, no se  podía parar (…)”.   

Se ha dejado claro además que la reposición  no   es   el  medio  para  suplir  los  desatinos  de  la  demanda,  corregirla,  adicionarla,  recomponerla  como  tampoco acreditar aquellas exigencias omitidas  en   su   presentación,   sino   para   controvertir   los  desaciertos  o  las  equivocaciones  que  se  imputen al proveído que la rechaza, a fin de que quien  lo  profirió  tenga  la posibilidad de reexaminarlo y establecer la posibilidad  de  reforma,  aclaración  o  modificación  si  encuentra  los cuestionamientos  razonables,  o  confirmarlo,  si  a  ello hubiere lugar, así lo ha reiterado la  Sala recientemente:   

“Debe  ser  enfática  la  Colegiatura al  señalar  que  las  normas  procesales  que regulan el trámite de la acción de  revisión  no  prevén  un lapso o un trámite destinado a subsanar los defectos  de  la  demanda,  por  lo  cual,  no  es viable que el recurso de reposición se  utilice  para  intentar  satisfacer los requisitos de procedibilidad del libelo,  no  cumplidos  desde  un  principio  y  tampoco, por supuesto, para corregir los  yerros   en   que   se   hubiera   podido  incurrir  al  presentarlo3.  Resulta,  pues,  claramente inadmisible la corrección del libelo introductorio, así como  la   extemporánea  aportación  de  elementos  de  prueba  no  relacionados  ni  incluidos    en   el   escrito   introductorio”.4   

Añádase  a  lo  consignado  en precedencia  cómo  entre  los  diversos  motivos  por los cuales se inadmitió la demanda de  revisión,  se  halla  el  que  no  fue  descrita  la actuación procesal de las  instancias,  hasta  el punto que ni siquiera se mencionó el juzgado que emitió  el  fallo de primera instancia, al igual que no se desarrollaron “los   fundamentos   de   hecho   y   derecho  en  que  se  apoya  la  solicitud”,  de  donde deviene que no se ajusta a la  realidad  la  afirmación  del  actor  acerca de que cumplió con los requisitos  exigidos por el artículo 194 de la Ley 906 de 2004.   

Así,  no  le  asiste  razón  al  actor  al  sostener   que   la   probable  configuración  de  la  causal  de  impedimento,  inexorablemente  conllevaría  a  la  absolución del condenado JAVIER FRANCISCO  ABRIL  CHAPARRO,  pues la materialidad de la infracción no la halló demostrada  exclusivamente  el  fallador con los dictámenes del Instituto de Medicina Legal  y  Ciencias  Forenses,  sino  con  los  demás medios probatorios allegados a la  actuación,  entre  los  cuales  se  cuenta,  entre  otros  -como se indicó- el  testimonio  de la víctima LEONARDO ALFONSO TORRES LEÓN acorde con el principio  de  libertad  probatoria  contenido  en  el  artículo  373  de  la  Ley  906 de  20045.   

Por  lo  tanto,  la  impugnación  propuesta  resulta  impróspera,  pues  el  reexamen del asunto planteado por el recurrente  sólo  conduce  a  similar  negativa  ya adoptada en el proveído reprochado, no  tratándose  como  se  arguye de una equívoca interpretación del contenido del  artículo  192  ibídem,  si  no  al  contrario  del  cabal  cumplimiento de las  exigencias concernientes a la causal invocada.   

En  mérito  de los anteriores razonamientos  expuestos  la  Corte  Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal,   

RESUELVE  

NO   REPONER  la  providencia  por  medio de la cual esta Sala no admitió la demanda de revisión  presentada   por   el   apoderado   del   condenado   JAVIER   FRANCISCO   ABRIL  CHAPARRO.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

                                                    

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                              FERNANDO     ALBERTO     CASTRO  CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ         GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

       IMPEDIDO   

LUIS       GUILLERMO      SALAZAR  OTERO                            JULIO   ENRIQUE   SOCHA   SALAMANCA                         

JAVIER ZAPATA ORTÍZ  

NUBIA YOLANDA NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1. En  el   presente  asunto,  se  encuentra  impedido  el  Honorable  Magistrado  Luis  Guillermo  Salazar  Otero  por  cuanto  intervino  en  la  celebración de actos  procesales  realizados  en  la  etapa  de  juzgamiento,  en  cumplimiento de sus  funciones como Magistrado del Tribunal Superior de San Gil.   

2  En  concordancia con los artículos 63, 203 y 204 de la citada ley.   

3  Providencias  del  28  de  enero  de 2010, Rad. 31133 y del 27 de junio de 2012,  Rad. 37372, entre muchas otras.   

4  Radicación 39.547 del 17 de octubre de 2012   

5  “Libertad.  Los hechos y circunstancias de interés  para  la  solución  correcta  del caso, se podrán probar con cualquiera de los  medios  establecidos  en  este  código  o  por  cualquier  otro  medio técnico  científico, que no viole los derechos humanos”.     

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