41439(21-10-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

                                   

                                Magistrado Ponente   

                                    EUGENIO   FERNÁNDEZ CARLIER   

                                  Aprobado  Acta  No.353   

Bogotá,  D.C.,  veintiuno  (21)  de  octubre  de dos mil trece  (2013)   

La     Sala    resuelve    sobre    la  admisión   de   la  demanda  de  revisión   presentada  a  través  de  apoderado  por  LUIS HUMBERTO GIL  RUÍZ, condenado en primera  y  segunda instancia por el Juzgado 26 Penal del Circuito y el Tribunal Superior  del  Distrito  Judicial de Medellín, respectivamente,  por    el    delito    de    fabricación,  tráfico o  porte de armas de fuego o municiones.   

HECHOS  

El  Juzgado  Sexto  Penal  del  Circuito  de  Medellín con Funciones       de      Conocimiento,  se remitió a los relatados  por    la    Fiscalía    en    el    escrito    de  acusación, del siguiente modo:   

“El  día  28 de octubre de 2011, a eso de  las  20:05 horas, personal de la Policía Nacional adscrito a la estación (sic)  Belén,  que  realizaba  labores  de  patrullaje  por  la  jurisdicción a ellos  encomendada,  son  alertados  por el sistema de comunicaciones del 123 acerca de  la  ocurrencia de una riña en vía pública, concretamente en la carrera 89 con  calle  30a,  barrio Belén  las  Violetas  de  esta  ciudad,  por  lo  que se dirigen al lugar y en el mismo  proceden  a  capturar  en situación de flagrancia a la persona que se  identificó  como  LUIS HUMBERTO GIL  RUÍZ  (sic), a quien se le incautó un arma de fuego tipo revólver que llevaba  en  su  mano  derecha y que deposita en una canasta de tomates que está ubicada  en  el  interior  de la tienda a la que este ingresa al detectar la presencia de  los  uniformados  en el lugar. El artefacto incautado al capturado tenía cuatro  cartuchos  percutidos  en  el  tambor  y  uno  más  sin  disparar  –sin   embargo   se  informó  a  los  policiales   que   el   arma   nunca   fue  accionada  en  desarrollo  de  estos  hechos–  su  portador no  contaba  con la documentación legal que ampara su porte o tenencia, y según lo  informado  por  testigos  en el lugar de los acontecimientos el capturado había  sostenido  un altercado con el propietario de un bus de servicio público por el  continuo  parqueo  del  automotor  al frente de la tienda de razón social “el  atracadero”,  uno  de cuyos trabajadores y socios es el retenido. El capturado  y  el  elemento material incautado en el procedimiento policial fueron dejados a  disposición    de    la    autoridad    competente    dentro    del    término  legal.”   

ACTUACIÓN  PROCESAL RELEVANTE   

1.   La  misma  sentencia  informa  que  el  29  de  octubre  de  2011, luego de la audiencia de  legalización  de  la  captura  de  LUIS HUMBERTO GIL  RUIZ,    la    Fiscalía   le   formuló   imputación   por   el   delito   de  fabricación,  tráfico  o  porte  de  armas de fuego o municiones, descrito en el  artículo  365  del Código  Penal,  modificado  por el artículo 19 de la Ley 1453  de   2011,   cargo   que  no  aceptó.  En  la  misma  oportunidad   la   Fiscalía   desistió  de  la  solicitud  de imposición de la  medida de aseguramiento.   

2.  Presentado      el     escrito     de  acusación,   el  15  de  febrero  de  2012,   fecha   prevista   para   llevar  a  cabo  la  audiencia  de  formulación de acusación,  la  Fiscalía  informó que  había                  celebrado  preacuerdo  con el procesado,  por  consiguiente  aportó  los elementos materiales  probatorios  que  sustentan  la  ocurrencia  de  los  hechos  y  la  responsabilidad  de  aquél.   

3.  El  Juzgado  Sexto  Penal  del Circuito de Medellín con Funciones  de   Conocimiento,  con  fundamento  en  el  aludido  preacuerdo,  el  13  de  abril  de  2012, profirió  la     respectiva    sentencia    condenando    al  señor LUIS HUMBERTO GIL RUIZ a la pena principal 54  meses    de    prisión   y   las   accesorias   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y  funciones   públicas  y  la  privación  del  derecho  a  la  tenencia y porte de armas de fuego, por el  mismo  lapso,  por haberlo  hallado   responsable  del  delito  de  fabricación,     tráfico   o   porte   de  armas  de  fuego  o  municiones.   

Le  negó  la  suspensión  condicional  de la pena privativa de la  libertad  y  la  prisión  domiciliaria,  por lo que  dispuso     que     la     pena    fuera    purgada    en    el    establecimiento  penitenciario  determinado  por  el INPEC, para lo  cual ordenó expedir orden de captura.   

4.  El defensor  apeló la sentencia con el objeto de que se aplicara  el  principio  de  favorabilidad  penal  y,  en  consecuencia, se diera vigencia  retroactiva  al  texto  legal  del artículo   365   del   Código  Penal  que  regía   antes   de   la   modificación  efectuada por medio de la Ley 1453 de 2011, el cual contemplaba  una  pena menos severa y permitía el otorgamiento de  beneficios    como    la    suspensión    de   la  ejecución  de  la  pena  y    la    prisión  domiciliaria.   

El Tribunal Superior de Medellín  no  accedió a lo solicitado por el  defensor  y,  mediante  sentencia  de  7 de junio de 2012, confirmó la de primera instancia.   

DEMANDA    DE    REVISIÓN   

LUIS HUMBERTO GIL RUIZ a través  de  apoderado  interpuso demanda de  revisión    con    fundamento    en   la   causal  6ª  de  revisión  del  artículo 192 de la Ley 906 de 2004, porque el fallo  “sometido  al  recurso  extraordinario        se        ‘fundamentó,  en todo, en prueba falsa  fundante   para   sus   conclusiones’”.   

En  tal  sentido,  el  autor de la demanda,  rememoró  que el 28 de octubre de 2011, a las 5 de la tarde aproximadamente, se  presentó  un  conato  de  riña entre el conductor de un bus y el dueño de una  tienda  de  venta de legumbres y frutas, esto es, LUIS HUMBERTO GIL RUIZ. Suceso  que  fue  conocido  por  los  agentes  de la policía que llegaron al lugar tres  horas después, cuando todo había vuelto a la normalidad.   

Sostuvo  que  los policías traspasaron los  límites  de  la  legalidad  porque llegaron a las ocho de la noche,  “hora  impropia  para  ese  tipo  de actuaciones”  y,  dentro de una caja de tomate para  la  venta,  hallaron  un  revólver  que  dejaron a disposición de la Fiscalía  junto  con  el informe en el cual se hizo constar le fue incautado en situación  de  flagrancia  al  señor  LUIS  HUMBERTO GIL RUIZ cuando lo portaba en su mano  derecha,  aseveración  que  califica  mentirosa porque no se corresponde con la  realidad.   

La  Fiscalía  con  apoyo  en  el  anterior  relato,  afirma,  formuló  imputación  al señor GIL RUIZ por un delito que no  cometió  y  que  los  “agentes del orden cranearon  (sic)  para  disfrazar  las  conductas  punibles  que  habían  cometido  y  que  graficamos  como  convencimiento y soporte de que el fallo que ahora pretendemos  REVISEN  fue  producto  de  una  prueba  falsa con conclusiones ídem (sic) así  esté  amparado  en  la  figura  de un ‘preacuerdo’  que  viola”  el  artículo 29 de las Constitución  Política.   

Por  otra  parte,  refirió, los agentes de  policía  durante  la captura de su patrocinado olvidaron disposiciones de orden  procesal  y  sustancial, por ejemplo, el artículo 219 de la Ley 906 de 2004 que  establece   las   formalidades  que  deben  observarse  para  el  “registro  y  allanamiento”,  así  como el 28 de la Constitución Política, que protege la  inviolabilidad del domicilio.   

También hizo referencia a la jurisprudencia  de  la  Corte  acerca  de los preacuerdos y a la posibilidad de anularlos cuando  son  ilegales,  para  concluir  que  el  celebrado  entre  la Fiscalía y el hoy  sentenciado   rebasa   los   términos  de  la  razón  y  la  instrumentalidad,  “porque  no  es  real, es fruto de la manipulación  diseñada,   dirigida,   avalada   y   orquestada   por   quien   fungió   como  defensor…”,  pues, en  su  sentir,  LUIS  HUMBERTO  GIL RUIZ no conjugó ninguno de los verbos rectores  que   tipifican   la   conducta   definida  en  el  artículo  365  del  Código  Penal.   

CONSIDERACIONES  

1. De acuerdo con  lo  dispuesto  en el numeral 2º del artículo 32 de la Ley 906 de 2004, la Sala  de  Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia es competente para conocer  la  presente  acción  de  revisión,  dirigida  contra  la sentencia de segunda  instancia   proferida   por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Medellín.   

2. La acción de  revisión  es un instituto jurídico a través del cual se persigue la remoción  de  una  providencia [preclusión de la investigación o sentencia] ejecutoriada  materialmente  cuando  en  ella  se  advierte  razonablemente  un  contenido  de  injusticia,  porque  la  verdad  procesal que declara es diversa a la histórica  del acontecer fáctico que fue objeto de juzgamiento.   

Por  consiguiente,  es  una excepción a la  inmutabilidad  de  la  cosa  juzgada,  que  desvirtúa  la inoponibilidad de una  decisión  en  firme, lo cual encuentra justificación en el interés general de  obtener  verdad  y  realizar la justicia en cumplimiento de los fines esenciales  del  Estado,  contemplados en el artículo 2º de la Constitución Política, de  garantizar  la  efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en  ese texto superior y asegurar la vigencia de un orden justo.   

3. Es una acción  independiente  del  proceso  penal,  de  modo  que  no puede utilizarse como una  instancia  adicional  para reabrir el debate probatorio. Su procedencia sólo es  posible  dentro  del marco que delimitan las causales taxativamente previstas en  la ley.   

4. El artículo  194  de  la  Ley  906  de  2004  establece que la revisión se promueve mediante  escrito  que  debe reunir los siguientes requisitos: 1). La determinación de la  actuación  procesal  cuya  revisión  se  demanda  con  la  identificación del  despacho  que  produjo  el  fallo.  2).  El  delito  o  delitos que motivaron la  actuación  procesal  y  la  decisión.  3)  La  causal  que  se  invoca  y  los  fundamentos  de hecho y de derecho en que se apoya la solicitud. 4) La relación  de  las  evidencias  que  fundamentan  la  petición.  Se  acompañará  copia o  fotocopia  de la decisión de única, primera y segunda instancia y constancias  de  su  ejecutoria, según  el  caso,  proferidas  en  la  actuación  respecto  de  la  cual  se demanda la  revisión.   

El  libelista  en  el  escrito  mediante el  cual   la   promueve,  cumplió  las exigencias de los numerales    1°  y    2°   de   la  disposición  citada,    pero    no   las        de       los         numerales            3°    y  4°,    como  tampoco  la  del  inciso  final de la aludida norma,  pues       respecto       de       este  acompañó  copia  de  las  sentencias  de primera y  segunda    instancia    con    una    constancia  de autenticidad que no hace  referencia     a     su    ejecutoria1,  circunstancia   que   no  se  puede  deducir  de  la  fecha  de las  decisiones  y  el  paso  del tiempo,  porque  como  insistentemente  lo  ha  precisado  la jurisprudencia de la Corte,  es  indispensable  tener  certeza   que   la  acción  se  dirige  contra  una  decisión   que   se  encuentra       en      firme      e      hizo      tránsito a cosa juzgada.   

Así,   en  reciente  decisión, puntualizó:   

“…Este  aspecto  es de vital trascendencia en tanto que lo que se pretende es derruir la  cosa  juzgada,  de  manera  que  es  preciso  establecer  que  las decisiones se  encuentren    en   firme,   es   decir,   que   hayan   hecho   tránsito  a cosa juzgada. Si el proceso no  ha  concluido, se entiende que los sujetos procesales pueden echar mano de otros  medios   de   impugnación  para  hacer  valer  sus  derechos.   La   ejecutoria  de  una  decisión,  se  establece    probatoriamente   con   las   correspondientes   constancias  emitidas  por  los  operadores  competentes.”2   

Lo  anterior  es  suficiente  razón  para  inadmitir  la  demanda,  pues  la observancia del requisito exigido en el inciso  final  del  artículo  192  de la Ley 906 de 2004 es connatural de la acción de  revisión,  forzosamente  se  debe  demostrar  a  la  Corte  que la sentencia se  encuentra  ejecutoriada, esto es, amparada por la res  iudicata.   

5.  En relación  con  la  causal  6ª prevista en la disposición que se viene de citar, el autor  del  libelo  la edifica en la personal conclusión de que LUIS HUMBERTO GIL RUIZ  fue  involucrado  por  policiales que confeccionaron un informe y una situación  de   flagrancia   inexistente   para   atribuirle   la   conducta  delictiva  de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas de fuego, con base en el  hallazgo  de  un revólver que aquél “llevaba en su  mano  derecha  y  que  deposita  (sic)  en una canasta de tomates que esta (sic)  ubicada  al  interior  de  la  tienda a la que este (sic) ingresa al detectar la  presencia de los uniformados…”   

Y  si  bien  es  cierto,  para demostrar su  aserto,  trajo  a  colación  lo  que  sucedió  el  28  de  octubre  de 2011 en  inmediaciones  del  establecimiento público del sentenciado, destacando que los  efectivos  de  la  Policía  Nacional  llegaron a las 8 de la noche, después de  haber  transcurrido  más  de  tres  horas  de los hechos, cuando ya todo había  vuelto  a  la  normalidad;  también  lo  es que esa circunstancia y la presunta  actuación  ilegal  de  aquéllos  en  el hallazgo del arma y la aprehensión de  LUIS  HUMBERTO  GIL  RUIZ,  para  efectos de la acción de revisión, carecen de  trascendencia jurídico penal.   

En efecto, lo expuesto por su defensor sólo  son  apreciaciones personales que carecen de vocación y aptitud probatoria para  fundamentar  la  causal de revisión invocada, porque la existencia de la prueba  falsa  para  los  fines  pretendidos,  como  lo  tiene  precisado  la  Corte, se  demuestra  mediante  decisión judicial que así lo haya declarado, no a través  de  una  revaloración  parcializada  de  los  elementos  materiales de prueba o  evidencia  física  que,  en  este  caso,  sirvieron  de  sustento para formular  imputación  y  celebrar  el  preacuerdo  entre  la  Fiscalía  y  el  procesado  debidamente asistido por su defensor.   

La   jurisprudencia   de   la   Sala   ha  señalado:   

“Con  relación    a   la   causal   invocada,   numeral  5°  del  artículo  220  ibídem      (similar      en      esencia  a  la  prevista en el artículo  192-6   de   la   Ley  906  de  2004,  aclara  la  Corte  en  este  (sic)   oportunidad),   para  que  la  demanda   pueda   ser   admitida,  el  postulante  debe  presentar  un  discurso  jurídico  coherente,  tendiente  a  demostrar,  con  apoyo  en  los  anexos pertinentes, que el fallo cuya  abolición  se  pretende  se fundamentó   en   prueba   falsa,   lo   cual   se  logra,  ineludiblemente,  acompañando  con  el  correspondiente  libelo copia  auténtica de la sentencia en firme donde se hubiere  declarado  tal  circunstancia,  valga  decir,  que  la  prueba  que  sirvió de  soporte  para  la condena pertinente era falsa, de manera que se genere un grado  significativo  de persuasión en el sentido de que si  se  prescinde  de esa prueba declarada jurídicamente  falsa,   la   condena  no  subsistiría.”3   

En  el  mismo  sentido,        en        relación   con  el  numeral  6º  del  artículo  192  de  Ley  906 de  2004,              precisó:   

“Para que la  acción   de  revisión  tenga   prosperidad   cuando   se   invoca   la   causal   contemplada   en   el  artículo   220,  numeral  5  de  la  Ley  600  del  año    2000    que    se    corresponde  con  la  prevista  en el artículo  192,  numeral 6 de la Ley 906 de 2004, el  postulante debe acreditar   que   la   sentencia  objeto  de  cuestionamiento  se  fundó  en  prueba falsa y que esa  condición  haya  sido  declarada en una providencia  definitiva   debidamente   ejecutoriada.”   

“Al respecto  la   jurisprudencia  de  esta  Sala  ha  dicho  que:   

“(…)   la   causal   6ª  de  la  Ley  906  de  2004  equivale a la prevista en el numeral  5º  de la Ley 600 de 2000. Si bien el legislador de  2004  no  consignó que para demostrar la falsedad de  la  prueba  es  necesaria  una  decisión  judicial  que  así  lo declare, es  evidente   que   sólo  así  puede acreditarse su falta de autenticidad, en  cuanto   de  lo  que  se  trata  en  la  acción  de  revisión  es  de  remover  la cosa juzgada que pesa  sobre una sentencia.”   

“(…)         aunque  el  requisito  de  aportar  la  sentencia  ejecutoriada no fue  expresamente   contemplado   en   la  Ley  906  de  2004,  como  sí     ocurría     en     anteriores  codificaciones,   ello   no   significa   que  actualmente  no  deba  adjuntarse  porque:”   

“La  propia  redacción     del     numeral    6º       del      artículo  192  del  estatuto  procesal  penal  de  2004  lleva  a  esa  conclusión.   En   efecto,   la  norma  establece:  “Cuando      se      demuestre…que         el        fallo…se  fundamentó,   en   todo  o  en  parte,  en  prueba  falsa…”     Resulta     claro     que     tal  situación    sólo  ocurrirá   en   el   momento   en   que  hay  una  decisión en firme, pues  mientras  tanto no puede afirmarse que se ha demostrado la falsedad de la prueba  (auto  de  23  de septiembre de 2007, radicación No.  28119)”.     

“Es  inadmisible  que  la presunta falsedad de una prueba radique tan sólo   en   la   apreciación  particular  del  actor,  sin que ello tenga un soporte judicial  contundente.     Por    consiguiente,    para    la    configuración  de  la  causal  sexta  es  imperioso  que  se  acredite  que la  sentencia  objeto  de  cuestionamiento  se  fundó en  prueba    falsa    y   que   esa   falsedad    haya    sido   declarada   en   una   decisión  definitiva  debidamente  ejecutoriada (sentencia del 6 de marzo  de   2008,   radicado   No.   26103)”4   

En  pronunciamiento  anterior,   a   los   que   se   vienen   de  reseñar,   ya   había  señalado:   

“Cuando la causal invocada es la contenida  en  el  numeral 6º del artículo 192 de la Ley 906 de 2004, la ley exige que el  libelista  demuestre,  mediante decisión que hizo tránsito a cosa juzgada, que  la  prueba  en  que  se  fundó  la  decisión  cuya  remoción  se intenta, fue  declarada  judicialmente  falsa, y no se trata de perseguir una revaloración de  la    prueba    recaudada    durante    el    fenecido   proceso”.5   

6.   El  memorialista  tampoco  cumplió  con el requisito   señalado  en  el  numeral  4º      de    la    disposición   en   cita,  no  presentó  ninguna  evidencia    para    persuadir    acerca   de   la  configuración  del  motivo  de revisión  alegado,  simplemente  elaboró  un  listado  de  sus  particulares conclusiones acerca de los motivos por los cuales  el  señor  LUIS HUMBERTO  GIL     RUIZ    fue  judicializado,      imputado     y     condenado,  según    su    particular    consideración, con  base    en    prueba   falsa,   pero   no   aportó  decisión  judicial  que  declare  la falsedad de la  prueba  tenida  en  cuenta  para  condenar  a  su  procurado  por  el  delito de  Fabricación,  tráfico o  porte de armas de fuego o municiones.   

7.  Además de  lo   anterior,   las   condiciones  en  las  cuales  terminó  el  proceso adelantado contra LUIS    HUMBERTO    GIL    RUIZ   la  acción  de  revisión se  instrumentalizaría,    indebidamente,   como   un  mecanismo    de    retractación   del   preacuerdo  válidamente  celebrado  y  aprobado  por el juez de  conocimiento,  aun  cuando  el  autor  de la demanda  singularmente  exponga  como razón adicional, que no  se   corresponde   con  la  naturaleza  de  la  causal  de  revisión  alegada  ni con los fines de la defensa, que la mengua punitiva  pactada      excedió     los     límites  legales  y desconoció   el   principio   de   legalidad.   

El    libelista    dejó    de    lado    que    la    sentencia    cuya    revisión    pretende    fue  proferida  como  consecuencia  de  la terminación  anticipada del proceso en el ámbito  de  la  justicia  consensuada. Hecho a partir del cual no es posible,  una  vez  verificado  por  el  juez competente que se trató de  una  aceptación  de responsabilidad penal efectuada  de  manera libre, voluntaria y debidamente informada,  arrepentirse de lo pactado.      

Temática  alrededor  de  la cual la  Sala  ha  precisado  que  la  limitación  del  derecho  a  controvertir  los  aspectos  aceptados  o  concertados con la Fiscalía,  constituye   una  garantía  de  seriedad  del  acto  consensual  y manifestación del deber de lealtad que  debe  guiar  las  actuaciones  de  quienes  intervienen  en  el  proceso  penal,  única   manera  de  que  el  sistema  de justicia premial sea realizable,  pues  al  consentir  que el implicado, luego de haber  sido   condenado   bajo   tales  circunstancias,  con fundamento en las cuales  obtuvo      una     considerable     disminución  punitiva,   continúe  discutiendo  su  responsabilidad  penal,  se  opone a la teleología  político  criminal  de  lograr una  rápida    y   eficaz   administración   de   justicia  a  través  de  los  preacuerdos  y  de obtener ahorros en las funciones de investigación y juzgamiento.   

Al   respecto,   la   Sala    tiene    puntualizado6:   

“La Corte ha  indicado  que  la  limitación  a  la posibilidad de  discutir   o   controvertir  los  términos  de  las  aceptaciones   o  acuerdos,  ha  sido  normativamente  regulada  por  la  ley  a  través  de  lo  que la doctrina y la jurisprudencia  han        denominado        principio       de  irretractabilidad7, que comporta, precisamente,  la  prohibición  de   desconocer  el  convenio  realizado,    ya    en    forma   directa,   como   cuando   se   hace   expresa  manifestación   de  deshacer  el  convenio,  o  de  manera   indirecta,  como cuando a futuro se discuten expresa o   veladamente   sus  términos.    

En   este   sentido,  la  jurisprudencia  constitucional   ha   establecido   que  “una  vez  realizada  la  manifestación  de voluntad por parte  del  imputado, en forma libre, espontánea,  informada  y  con  la  asistencia  del defensor, de modo que  sean   visibles  su  seriedad  y  credibilidad,  no  sería  razonable  que  el legislador permitiera que  aquel  (sic) se retractara  de  la  misma,  sin  justificación  válida  y  con  menoscabo de la eficacia del procedimiento aplicable  y,  más ampliamente, con detrimento de la        administración       de  justicia”8.   

Tiene señalado  la   Corte  que  la  aceptación  o  el  acuerdo  no  sólo  es  vinculante  para  la fiscalía  y  el implicado. También lo es para  el  juez,  quien  debe proceder a dictar la sentencia respectiva, de conformidad  con  lo  convenido  por  las  partes,  a  menos  que  advierta   que  el  acto  se  encuentra  afectado  de  nulidad  por  vicios  del  consentimiento,    o   que   desconoce   garantías  fundamentales,  eventos  en  los  cuales debe anular el acto procesal respectivo  para  que  el proceso retome los cauces de   la   legalidad,   bien  dentro  del  marco  del  procedimiento  abreviado,  o  dentro  de  los cauces del juzgamiento  ordinario.   

Y  si  bien es cierto que por estos mismos  motivos,  es  decir, cuando el fallo anticipado se produce con fundamento en una  aceptación  o  acuerdo  ilegal,  o  con  quebrantamiento  de  las  garantías  fundamentales,   los   sujetos   procesales   están  legitimados  para  pretender  su invalidación en las  instancias   o   en  casación,  también  resulta  claro  que estas nociones difieren sustancialmente del  concepto          de         retractación,  que  implica,  como  se ha  dejado  visto,  deshacer  el acuerdo, arrepentirse de su realización,   desconocer   lo   pactado,   cuestionar  sus  términos,  ejercicio  que no es posible efectuar cuando su legalidad  ha sido verificada y la sentencia dictada.   

Conforme ha sido  precisado         por        la        Corte9,  esta situación   no   cambia   con   lo   dispuesto  por  el  artículo  69  de  la  Ley  1453  de  2011,  por  medio  de  la cual se  modificó  el  artículo  293  del  Código de Procedimiento Penal,  pues,  acorde     con     el    parágrafo    de    dicha  disposición,  si  bien  la retractación       será      válida     en    cualquier    momento,    resulta    lógico  sostener  que  ello  solo  es   posible hasta antes del  proferimiento    de    la    sentencia   de   primera   instancia,   previa   la  demostración ante el juez de conocimiento que en el  allanamiento  a  cargos o  la     aceptación    del    acuerdo    con    la  Fiscalía,    se    presentaron   vicios   en   el  consentimiento     o     la     violación     de  garantías fundamentales.   

Con posterioridad a la emisión  de  la  sentencia  de  primer  grado,  ya no podría   hablarse   de  retractación  como  pareciera  colegirse  del simple tenor literal de la  disposición  en  comento,  sino de ejercicio de los  recursos  con  el fin de que se decrete la ineficacia de lo actuado, por haberse  proferido  en  actuación  viciada  de  nulidad  por  error,     fuerza    o    dolo    en    el    acuerdo    o    en    el  allanamiento  a  cargos,  o por la  violación del debido proceso, el derecho de defensa  u  otra  garantía fundamental, en razón  a  que  una  vez  dictada  la  providencia  de  mérito   con  que  se  ponga  fin  a  la  instancia,  ésta  no  puede  ser  modificada  por  el  mismo  funcionario  judicial que la produjo, salvo  el  caso  de  error  aritmético  o  en el nombre de  alguno  de los intervinientes, omisión sustancial en  la  parte  resolutiva  o  de  pronunciamiento  sobre  bienes;  y  la ley no  prevé     período  probatorio  alguno  que posibilite demostrar  el  vicio  durante el trámite del  recurso   de   apelación,   como   tampoco  en  el  extraordinario      de      casación10.   

Aclaró la Corte  que  en  este  orden  de  ideas,  ha  de  entenderse  que  el  parágrafo  a  que  se alude en el artículo  69   de   la   Ley  1453  de  2011,  lo  único  que  hace  es  precisar  que  por  excepción,  una vez aprobado por el juez de conocimiento el allanamiento a  cargos  o  el  acuerdo  celebrado  entre  Fiscalía e  imputado,   procederá  la  retractación  sólo en la medida que el interesado  acredite  que  su determinación estuvo viciada       o      que      hubo  transgresión  de sus derechos fundamentales, lo que  podrá         realizar        únicamente  a  partir  de la aprobación  del  acuerdo  y hasta antes de dictarse la sentencia. Es decir, una vez iniciada  la  lectura  del  fallo,  la retractación no resulta  procedente.”   

8.  Lo expuesto le permite concluir a la  Corte  que además de los  vicios  advertidos  en  el  libelo,  la  acción  de  revisión        pretendida       resulta    improcedente    para    tratar    de   introducir   una  retractación  no fundada  legalmente    a    la    manifestación  libre,  voluntaria  y  asistida, de  aceptar  la  responsabilidad  penal  en  los  cargos  que  le  fueron  imputados  a  LUIS HUMBERTO GIL RUIZ  y  respecto  de los cuales celebró preacuerdo con la  Fiscalía   General   de   la   Nación, a cambio  de    una    disminución   punitiva   del  50% de la pena a imponer.   

En mérito de lo  expuesto,   la   CORTE  SUPREMA    DE    JUSTICIA,    SALA   DE   CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

No   admitir  la  demanda  presentada por el apoderado  de  LUIS  HUMBERTO  GIL  RUIZ con el  fin   de  iniciar  acción  de  revisión  contra  la  sentencia  proferida el  7  de  junio  de  2012,  mediante la cual la Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Medellín confirmó  la  emitida el 13 de abril  del   mismo   año   por  el  Juzgado  26  Penal del Circuito de Conocimiento  de  dicha ciudad, mediante la cual fue condenado a 54  meses    de    prisión    como    autor    del    delito   de   f   abricación,  tráfico o porte de armas de fuego o municiones.   

Contra    esta    decisión     procede     el     recurso     de     reposición.   

Notifíquese   y  cúmplase   

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                    FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO       FERNÁNDEZ  CARLIER                                       MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ              MUÑOZ                             

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ                                       LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO   

NUBIA  YOLANDA  NOVA GARCÍA   

Secretaria    

1  Folio 22- 39 del cuaderno único.   

2  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   auto   de   11   de   septiembre   de  2013.   

3  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   auto  del  22  de  octubre  de  2008 ,  radicación No. 30445   

4  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   auto  del  2  de  diciembre  de  2008,  radicación No. 29594   

5  Corte   Suprema   de   Justicia,   Sala   de   Casación   Penal,   auto   de  14  de  octubre  de  2010,  radicación       No.       35.471.       Cfr.       también       auto   de   6   de   marzo  de  2008,  Radicación No. 26.103   

6  CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala   de   Casación   Penal,   auto   de   28   de   noviembre   de  2012.   

7  Artículo  37 B numeral 4° del Decreto 2700 de 1991, artículo 40 de la Ley 600  de  2000  y 293 de la ley 906 de 2004. Esta última disposición, modificada por  el artículo 69 de la Ley 1453 de 2011, según la cual:   

“Si  el imputado, por iniciativa propia o  por  acuerdo  con  la  Fiscalía  acepta  la  imputación,  se entenderá que lo  actuado  es  suficiente  como acusación. La Fiscalía adjuntará el escrito que  contiene  la  imputación  o  acuerdo que será enviado al juez de conocimiento.  Examinado  por  el  juez  de  conocimiento  el  acuerdo  para  determinar que es  voluntario,   libre   y   espontáneo,   procederá   a  aceptarlo  sin  que  a  partir  de  entonces  sea posible la retractación de  alguno   de   los  intervinientes,  y  convocará  a  audiencia para individualización de la pena y sentencia.   

Parágrafo.  La  retractación  por  parte  de  los imputados que  acepten  los  cargos  será  válida  en  cualquier momento, siempre y cuando se  demuestre  por parte de éstos que se vició su consentimiento o que se violaron  sus   garantías   fundamentales”  (negrillas  no  originales).   

8  Sentencia C-1195 de 2005   

9  Cfr. Auto casación de 17 de octubre de 2012, Rad. 33145.   

10 El  artículo  412 de la Ley 600 de 2000, aplicable al caso por virtud del principio  de  integración establecido en el artículo 25 de la Ley 906 de 2004, prevé la  irreformabilidad  de  la  sentencia  por  el  mismo  funcionario  o corporación  que   la  profirió,  y  sólo  establece  de  manera   excepcional su  aclaración  o  adición  “en  caso  de  error  aritmético,  en el nombre del  procesado  o de omisión sustancial en la parte resolutiva”, circunstancias en  las  cuales  se  procederá  de  inmediato  a  realizar  el  pronunciamiento que  corresponda.     

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