41379(04-06-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 172.  

Bogotá      D.C.,     junio cuatro (4) de dos mil trece (2013).   

VISTOS  

Conforme  a los lineamientos definidos en el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, emprende la Sala la constatación de las  exigencias  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente en la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   de   la   procesada  PAOLA  EDITH  LIZARAZO  RUIZ,  contra  la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  6  de  marzo  de  2012,  a través de la cual modificó el fallo de primer grado  dictado  el  8  de  mayo  del mismo año por el Juzgado Treinta y Seis Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento de la citada ciudad, en el sentido de  reconocer  en  el  actuar de la acusada una situación de ira e intenso dolor, y  por  ello,  disminuyó  la  pena impuesta como autora penalmente responsable del  concuirso    de    delitos   de   tentativa   de   homicidio   en   John  Jairo  Escobar  González  y  porte  ilegal de arma de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

Aproximadamente a las 6:50 de la tarde del 5  de  abril  de  2011, en la avenida 19 con calle 127 Bis de Bogotá, PAOLA  EDITH  LIZARAZO  RUIZ, Subteniente  del  Ejército  Nacional,  quien vestía uniforme, disparó un arma de fuego que  llevaba  en  la  guantera  de  su vehículo y era propiedad de su esposo, contra  John Jairo Escobar González  quien  conducía  un  taxi,  de  modo  que el proyectil se incrustó en la parte  superior  del  marco  de  la ventana del carro de servicio público, destrozando  previamente  el vidrio derecho de su automotor particular, con cuyas partículas  resultó  lesionado  el  taxista,  causándole  incapacidad  médico legal de 10  días.   

Los  referidos  hechos  se produjeron porque  unas  cuadras  atrás,  el  conductor del taxi había ganado en dos ocasiones la  vía   a   PAOLA  LIZARAZO,  motivo  por  el  cual  inicialmente  ella le mostró el arma y posteriormente le  disparó.  Acto seguido aquella pidió ayuda para que la víctima fuera asistida  clínicamente  y se produjo su captura en el lugar de los hechos, donde informó  que carecía de autorización para portar el revólver.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 6 de abril de 2011  ante  el  Juzgado  Veintisiete  Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de  Bogotá  se  impartió  legalidad  a  la captura de PAOLA  EDITH  LIZARAZO, oportunidad en la  cual  la  Fiscalía le imputó la comisión del concurso de delitos de tentativa  de  homicidio,  disparo de arma de fuego contra vehículo y porte ilegal de arma  de fuego de defensa personal, a la que no se allanó.   

En la misma diligencia, a instancia del ente  acusador  le  fue  impuesta  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva  intramural.   

          Presentado  el  escrito  de  acusación, el 9 de agosto de 2011 tuvo  lugar  la  correspondiente  audiencia,  en  la  cual  la  Fiscalía le imputo la  comisión  de  los  delitos  de tentativa de homicidio y porte ilegal de arma de  fuego, sin que la procesada se allanara.   

Surtido el debate oral, el Juzgado Treinta y  Seis  Penal  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de Bogotá profirió  fallo   el   8  de  mayo  de  2012,  por  cuyo  medio  condenó  a  PAOLA  LIZARAZO  RUIZ a la pena principal  de   ciento   veintiocho   (128)  meses  de  prisión  y  a  las  accesorias  de  inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  privación  del  derecho a la tenencia y porte de armas por el mismo lapso, como  autora    penalmente   responsable   del   concurso   de   delitos   objeto   de  acusación.   

          En  la misma providencia le fue negada la suspensión condicional de  la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

          Impugnado  el fallo por el defensor, el Tribunal Superior de Bogotá  lo  modificó  mediante  proveído  del  19  de  marzo de 2013, en el sentido de  reconocer  oficiosamente que la acusada actuó en estado de ira e intenso dolor,  motivo  por  el  cual  tasó  la  pena  en sesenta y dos (62) meses de prisión,  tiempo  en el cual también fueron dosificadas las sanciones accesorias y le fue  concedida la prisión domiciliaria sustitutiva de la intramural.   

Contra   el   fallo   del   ad   quem   el   mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  y  posteriormente allegó el  respectivo libelo, cuya admisibilidad se examina en este auto.   

LA DEMANDA  

Inicialmente   advera  el  recurrente  que  presenta      “DEMANDA     EXTRAORDINARIA     DE  CASACIÓN”, en cuanto es necesario el fallo en punto  de  unificar  la  jurisprudencia para “ahondar en el  tema  de  la DUDA RAZONABLE, pues vemos cómo en estos casos, la lectura se hace  incompleta,  en  donde no debe prevalecer solamente la intolerancia. La justicia  también  (sic) realizar una  labor  de prevención, pues hay casos que ameritan el reconocimiento, sobre todo  ante  una  agresión injusta contra una mujer en el volante, es necesario llamar  la  atención  tanto  de quien reaccionó, como de la misma víctima, pues hasta  ahora   sólo  un  juez  (de  segunda  instancia  que  resolvió  la  medida  de  aseguramiento)  se  ha  atrevido a formularle el reproche que merece”.   

          Acto  seguido  postula  un  cargo por violación indirecta de la ley  sustancial,  derivado de falsos juicios de existencia por omisión y suposición  de pruebas, y falsos juicios de identidad.   

Considera que se presentó un falso juicio de  existencia      por      omisión     respecto     de     la     “INEXISTENCIA   DE   LA  INTENSIÓN  (sic)  HOMICIDA    Y    DE    LA    TENTATIVA”,  pues  el  Tribunal  consideró que el proyectil no impactó al  taxista,  no  porque  la  acusada  careciera  de  la intención de matarlo, sino  porque   no   tuvo   buena   puntería,   afirmación   que   corresponde  a  un  “determinismo  en  la  conducta que implica de suyo  unan  responsabilidad  objetiva, la cual está proscrita en Colombia”,   dejando   de   lado   la  apreciación  de  algunas  pruebas,  “quizás  (QUEDA LA DUDA) la intensión  (sic)  era  la  de simple prevención o  disuasión,  más  (sic) no,  la   de   acabar   con   la   vida   del  señor  ESCOBAR  GONZÁLEZ”.   

          Luego,  el  censor transcribe apartes de lo dicho en la audiencia de  juzgamiento   por  PAOLA  EDITH  LIZARAZO    y    la    víctima    John   Jairo  Escobar,  y  afirma  que  el  día  de  los  hechos su  asistida  estaba  enferma  y  estresada  por  llegar  a tiempo a una cita con su  endocrinólogo,  amén de que el taxista también tenía estrés por el tráfico  vehicular  y  por  ello  realizó  cerramientos a otros automóviles para llevar  rápido a su destino a un pasajero.   

          Entonces,  asevera  que los cerramientos efectuados por el conductor  del  taxi  corresponden  a  agresiones  injustas que ocasionaron en su procurada  miedo  y  angustia,  por  lo  que  inicialmente  le  mostró el arma al taxista,  circunstancia  de  la cual se deduce que no tenía la voluntad de atentar contra  su vida.   

          También  indica  que  en  la tercera ocasión que el taxi cerró al  vehículo  de la acusada, es decir, cuando se rozaron los espejos, se produjo un  nivel  de  agresión  más  alto,  motivo  por el cual también la reacción fue  mayor,  concretándose  en  el  disparo al aire en señal de advertencia, asunto  que no fue desvirtuado en la actuación.   

Señala que la trayectoria del proyectil fue  de  abajo  hacia arriba y no horizontal “pues por el  tamaño  del  vehículo  particular  el  disparo  se  realizó  muy  cerca a las  ventanas  de  ambos  vehículos,  de tal forma que al haber mediado la distancia  respectiva  de  los carriles la bala perfectamente no lo hubiera siquiera rosado  (sic)      en     su  trayectoria”, por tanto, surge una duda que debe ser  resuelta a favor de la acusada.   

          De   otra  parte  asevera  que  si  PAOLA  EDITH  después  de  ocurridos los hechos se preocupó  porque  el  lesionado  fuera  asistido médicamente en la Clínica Reina Sofía,  ello  permite  concluir  que  le  interesaba  preservar su vida, proceder que no  realiza  “quien  tenga  el  firme  propósito  y la  intensión  (sic) de acabar  con  la  vida del conductor del taxi, pues recordemos que tan solo minutos antes  fue su agresor”.   

          Más  delante  afirma:  “En lo que hace  referencia  al cargo establecido en el numeral 6.1.4.2. denominado movimiento en  la  mano  de  reacción  al  disparo: Estamos en presencia de un FALSO JUICIO DE  EXISTENCIA  al  presentarse  por omisión y/o suposición de la prueba, teniendo  en   cuanta  (sic)  que  la  inferencia  a  la  que  llegan  tanto el a quo como el ad quem se circunscribe a  suposiciones,  pues analizado el acervo probatorio contenido en el expediente no  existe  prueba  (polígono)  alguna,  practicada a PAOLA EDITH con la suficiente  entidad  como  para  determinar  con grado de certeza que este efecto está o no  presente en ella”.   

          Reitera  que  debe  creérsele  a  la  acusada,  cuando  dice que el  disparo  no  se  dirigió  a  causar  la  muerte  al  taxista,  sino para lograr  disuadirlo  en sus agresiones, aspecto sobre el cual la duda debe ser resuelta a  favor de su asistida.   

          Considera   que   no   se   valoró  lo  expuesto  por  EDITH       PAOLA,      John  Jairo  Escobar  y los policías que  conocieron del caso.   

          Igualmente  afirma  que  no se realizó peritación alguna como para  que  el  juez  de  primer  grado  concluyera  que el impacto del proyectil en el  vidrio  del  carro de la procesada desvió su trayectoria, dirigida a acabar con  la     vida     de     John    Escobar.   

          Considera  que se incurrió en falso juicio de identidad, pues si la  acusada  hubiera  querido  matar  al  taxista,  no habría disparado en una sola  ocasión,  sino que habría descargado toda la munición, y no se tuvo en cuenta  que  luego  de los hechos procuró la asistencia médica del lesionado, aspectos  que    fueron    cercenados    de    las    declaraciones    obrantes    en   la  actuación.   

          Indica   que   de  no  haberse  cometido  los  referidos  yerros  de  apreciación    probatoria,    se    habría    concluido    que    PAOLA  EDITH  no  tuvo  la  intención de  matar   al   taxista,   pues  únicamente  reaccionó  ante  las  agresiones  de  John   Jairo  Escobar,  de  manera  que  en  el  fallo  se imponía reconocer una duda razonable, máxime si  “la  víctima  en este caso, con su actuar también  provocó   una   reacción,   que   pudo   haberla   evitado,  PERO  QUE  NO  LO  HIZO”.   

          Con  base  en lo anotado, el recurrente solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado “y profiera el de reemplazo, acorde  con     las     pruebas     que     obran     en    el    expediente”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Como    el    recurrente    ab    initio    dice    que    presenta  “DEMANDA  EXTRAORDINARIA  DE  CASACIÓN”,  impera  puntualizar  que  no  es  el  libelo  el  que tiene el  carácter  de  extraordinario,  sino  el  recurso, en cuanto tiene lugar una vez  culminadas  las  instancias,  sin  que  corresponda a una tercera oportunidad de  debate  y  cuestionamiento,  pues  se orienta a denunciar graves y trascendentes  falencias  en  la  aplicación  de  la  ley, la apreciación de las pruebas o la  legitimidad del trámite.   

         Ahora,  si  el  interés  del  impugnante  es  el  de  unificar  la  jurisprudencia,   le   correspondía   identificar   en   concreto   la   temática  que  debe  abordar  el  pronunciamiento,  pese  a  lo  cual  no  dice  si  sobre  el  particular  ya hay  jurisprudencia  y,  de  ser  así,  cuáles son las decisiones que se ocupan del  caso  y  cómo  se  relacionan  con el tema objeto de estudio, omisión que a la  postre  le  impide  identificar  el  punto dudoso, la existencia de providencias  contradictorias,  o  el  vacío que corresponde dilucidar jurisprudencialmente y  cómo  el  desarrollo  del concepto reclamado tiene la doble utilidad de servir,  tanto  para  este  trámite,  como para la solución de casos similares, de modo  que  se advierten serias falencias en la presentación  de  la demanda, pues se queda en la simple expresión  vaga   e   imprecisa   sobre   la   tolerancia   y   el   proceder  agresivo      de      la      propia  víctima, amén de exigir que se formule al lesionado  “el     reproche     que     merece”.   

Dado que postula un error de hecho por falso  juicio  de  existencia  por  omisión de pruebas, es pertinente señalar que tal  yerro  acontece  cuando  pese  a  estar  la  prueba  en  el  diligenciamiento es  totalmente  marginada  en  la  apreciación  judicial,  caso  en el cual debe el  demandante  indicar  el  elemento  probatorio  omitido, cuál es la información  objetivamente  suministrada,  el  mérito demostrativo al que se hace acreedor y  cómo  su  estimación conjunta con el resto de pruebas conduce a trastrocar las  conclusiones  de la sentencia impugnada, deberes cuyo cumplimiento no asumió el  actor.   

         En  efecto,  olvida  el  defensor  que  lo dicho por la acusada y la  víctima  no se marginó, pues por el contrario, en el fallo de primer grado, el  cual  conforma  una  unidad con el de segunda instancia, expresamente se refiere  en    punto    del   delito   de   tentativa   de   homicidio:   “Esta   situación   también   se   encuentra   ratificada  con  la  noticia     criminal     presentada     por     el  agredido  y  la entrevista del testigo Jhon Alexander  Espitia  Bolaños,  quienes  relataron  lo  ocurrido y señalaron a la procesada  como  la agresora. Así mismo se escuchó como testigo  a  PAOLA  EDITH  LIZARAZO  ORTIZ  quien  acepta haber  accionado  el  arma  de fuego por cuanto se sintió agredida por el taxista, con  ocasión   de   los   constantes   cerramientos   de  Escobar  González  en  la  vía” (subrayas fuera de texto).   

          Así  las  cosas,  sin dificultad se advierte que el falso juicio de  existencia  por  omisión  de pruebas propuesto carece de fundamento objetivo en  la actuación.   

          Ahora,  si  la  crítica del censor apunta a las conclusiones de los  falladores  en punto de asumir que el comportamiento de la acusada se encontraba  dirigido  a acabar con la vida del taxista que en varias oportunidades la venía  cerrando  en  la  vía,  y no a persuadirlo para que no siguiera actuando de tal  manera  irreglamentaria,  le  correspondía  invocar un error de hecho por falso  raciocinio,  yerro  que  tiene  lugar  cuando las pruebas son tenidas en cuenta,  pero  en  su  valoración  los  funcionarios  quebrantan  las  reglas de la sana  crítica,  esto  es, los principios de la lógica, las leyes de la ciencia y las  máximas de la experiencia.   

En tal caso, es deber del recurrente expresar  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué se infirió de él en la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo otorgado, determinar el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  cuyo  contenido   fue   desconocido  en  el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar  su  consideración   correcta,  identificar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente   resultó   excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del yerro expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que su enmienda da lugar a un fallo esencialmente diverso y favorable  a  los  intereses  de su representada, proceder que en este asunto no emprendió  el  defensor,  quien  se  limitó a exponer en forma desordenada su parecer y su  personal  ponderación  de  las pruebas, proceder inaceptable en este recurso de  naturaleza extraordinaria.   

          Como  luego el recurrente afirma que “En  lo  que  hace  referencia al cargo establecido en el numeral 6.1.4.2. denominado  movimiento  en la mano de reacción al disparo: Estamos en presencia de un FALSO  JUICIO  DE  EXISTENCIA  al  presentarse  por  omisión  y/o  suposición  de  la  prueba”,  puede constatarse que el discurrir resulta  ilógico,  en  manifiesto  quebranto del principio de identidad, según el cual,  algo  no  puede ser y no ser al mismo tiempo, pues o las pruebas fueron omitidas  estando  en  el  diligenciamiento,  o  sin estar allí fueron supuestas, pero no  pueden  presentarse  sincrónicamente  ambas  situaciones respecto de los mismos  medios de convicción.   

          Tampoco  el  defensor explica por qué debe creérsele a la acusada,  prescindiendo  para  ello  de  las  otras  pruebas  y  de  las  valoraciones que  ofrecieron los falladores en el curso de las instancias.   

Ahora, en cuanto comporta el falso juicio de  identidad   denunciado  por  el  casacionista,  bien  está  rememorar  que  tal  equívoco  acontece  cuando  los  sentenciadores al ponderar el medio probatorio  distorsionaron  su  contenido  cercenándolo, adicionándolo o tergiversándolo,  motivo  por  el  cual corresponde al demandante identificar a través del cotejo  objetivo  de lo dicho en el elemento de convicción y lo asumido en el fallo, el  aparte  omitido  o añadido a la prueba, los efectos producidos a partir de ello  y,  lo  más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte  resolutiva  de  la  sentencia atacada, tópico de improcedente demostración con  el  simple  planteamiento  del criterio subjetivo del recurrente sobre la prueba  cuya   tergiversación   denuncia,   en   cuanto  es  su  obligación  acreditar  materialmente  la  incidencia  del  yerro  en  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  la  ley  sustancial en el fallo, esto es, señalar la  modificación  sustantiva de la sentencia atacada con la corrección del error y  la  debida  valoración  de  la prueba, en conjunto con las demás, obligaciones  que no fueron asumidas rigurosamente en el libelo examinado.   

          En efecto, no atina a señalar la prueba  adicionada,  cercenada  o  tergiversada, y por el contrario, una vez más ofrece  sus  conclusiones  particulares,  como  cuando  especulativamente dice que si la  acusada  hubiera  querido  matar  al  taxista,  no habría disparado en una sola  ocasión,  sino  que  habría  descargado toda la munición, y que no se tuvo en  cuenta  que  luego  de  los hechos procuró la asistencia médica del lesionado,  sin  proceder  a cuestionar lo dicho en el fallo, esto es, sin demostrar errores  en los funcionarios judiciales.   

          Para  concluir  es  pertinente destacar que en manifiesto olvido del  carácter  rogado  de  esta  impugnación extraordinaria, el defensor no señala  cuál  debe  ser  el  sentido  de  la  sentencia  de  reemplazo  deprecada, pues  únicamente  dice  que  se  adopte  la  decisión  que  resulte  “acorde  con  las  pruebas  que  obran  en el expediente”,   encomendando   a  la  Colegiatura  la  labor  que  a  él  le  corresponde.   

          Conforme  a lo expuesto, es evidente que el demandante se sustrae de  lo  dispuesto  en  el  artículo  183  de  la  Ley  906 de 2004, según el cual,  corresponde  al  censor acudir “mediante demanda que  de  manera precisa y concisa  señale  las  causales  invocadas  y sus fundamentos”  (subrayas  fuera  de  texto),  pues  si  lo preciso alude a lo exacto, riguroso,  estricto  o  minucioso,  y  lo conciso se refiere a lo breve, sucinto, escueto o  directo,  no  se  aviene  con  tal  exigencia dispuesta por el legislador que se  propongan  sincrónicamente  toda  suerte  de yerros de manera vaga e imprecisa,  sin desarrollar cada uno de ellos.   

          Tampoco  se  ajusta  a la técnica casacional que se transcriban las  pruebas,  para  que  proceda  la  Sala  a  realizar  la tarea que corresponde al  demandante  en  punto de inquirir por yerros en la apreciación de los medios de  convicción.   

De acuerdo a lo anterior, es palmario que en  ostensible  olvido  de  la  dual presunción de acierto y legalidad de la que se  encuentra  revestido  el  fallo, el libelista únicamente orientó su esfuerzo a  transcribir  extensamente  las  pruebas  y  a  exponer en forma bastante breve e  indemostrada  que  no  estaba  de  acuerdo  con  el  sentido del fallo, pero sin  detenerse  a  observar  las  reglas  propias  de  este  medio  de  impugnación,  olvidando  que  este  recurso no fue instituido para alargar, sin más, el curso  de  las  instancias,  sino  para  denunciar  errores  de  los  falladores  en la  aplicación  de  la  ley,  la  apreciación  de las pruebas o en la guarda de la  legitimidad y validez del diligenciamiento.   

          Ahora,  en  cuanto atañe a la reclamación que cifra en la falta de  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo,  era  imprescindible  que señalara la vía de su  impugnación,  esto  es,  si  se  trataba  de violación directa o indirecta. Si  postulaba  la  primera, le correspondía demostrar que el fallador reconoció en  las   consideraciones   de   la  providencia  atacada  la  existencia  de  dudas  trascendentes  de  imposible eliminación sobre la materialidad de la conducta o  la  responsabilidad  de  los  procesados  y, pese a ello, profirió sentencia de  condena  con  exclusión  evidente  de la disposición normativa que contiene el  principio,  cuando  le correspondía en consonancia con su exposición absolver,  circunstancia que no tuvo lugar en el fallo impugnado.   

Pero si el vicio denunciado se fundaba en la  violación  indirecta  de  la ley sustancial, debía señalar si se trató de un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, falso juicio de identidad o  falso  raciocinio,  o  de  un error de derecho por falso juicio de convicción o  falso  juicio de legalidad, acreditar su trascendencia y señalar su corrección  e  injerencia  en  la  sentencia impugnada, labor que tampoco realizó, amén de  que  no  identificó  las  dudas  ni  los  aspectos  que  no  fueron debidamente  dilucidados  y  probados  en  la  actuación  y  dan lugar a la conformación de  incertidumbre   trascendente   sobre   la   materialidad   del   ilícito  o  la  responsabilidad de sus asistida.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  confección,    su    presentación    con   base   en   análisis   probatorios  fragmentarios       e       imprecisos, y sin atenerse a las reglas lógicas  y  argumentativas  que  la  gobiernan, obliga a la Sala a inadmitirla de acuerdo  con  lo  dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, pues en virtud del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,  la  Corte  no se  encuentra    facultada    para    enmendar    tales  incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación   procesal,   violación   de   derechos   o   garantías    de   la  acusada, como para adoptar  la  decisión  de  superar los defectos de la demanda y decidir de fondo, según  lo    dispone    el    inciso    3º    del   artículo   184   de   la   citada  legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

1.          INADMITIR el  libelo   casacional  presentado  por  el  defensor  de  PAOLA  EDITH LIZARAZO ORTIZ,  de acuerdo con las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley   906   de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante  elevar  petición de insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                           FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

MARÍA  DEL  ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ                                 GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO              JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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