41319(29-05-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Aprobado acta Nº 170  

Bogotá  D. C., mayo veintinueve (29) de dos  mil trece (2013).   

VISTOS  

La Corte resuelve acerca de la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  la  procesada  Yamileth       Hernández       Ruiz,   contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal Superior de Medellín, el 25 de febrero de  2013,  mediante  la  cual  revocó  en  su  integridad la dictada por el Juzgado  Tercero  Penal  Municipal  con  Funciones  de Conocimiento de Envigado, el 22 de  mayo  de  2012,  y  condenó  a  la citada como autora de la conducta punible de  lesiones personales culposas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

           

                         

1.  Los primeros  fueron  sintetizados  así  por  el juzgador de segunda  instancia:   

“ El día 9 de junio de 2008, en horas de  la  noche  el menor J.C.G.P., de cuatro años de edad fue conducido por su madre  y  abuela  a  la  Clínica  de  la  Policía  ubicada  en  Evigado  –sección  urgencias-,  por  presentar  infección  aguda  de  las  vías  respiratorias  y  la  médica que lo atendió  prescribió  unos medicamentos, entre ellos, que se le aplicara dipirona sódica  intramuscular,  lo  que  en  efecto  realizó  la auxiliar de enfermería que se  encontraba  de turno, señora Yamileth Hernández Ruiz, causándole al menor una  lesión  del  nervio  ciático  poplíteo externo con síndrome doloroso, que le  generó  una  incapacidad  médico  legal  de  180  días  y  como  secuelas una  deformidad  física  que  afecta  el  cuerpo  de  carácter  permanente  por  la  posición  en  equino  de  miembro inferior derecho. Perturbación funcional del  órgano  de  la  locomoción  de  carácter  permanente  por  la  cojera  de  la  extremidad inferior derecha”.   

2.   Por  los  anteriores    sucesos,  la     Fiscalía        General       de       la       Nación,    el    1   de   agosto  de    2011,      presentó     escrito     de  acusación                contra            Yamileth      Hernández   Ruiz  por  el  delito  de        lesiones       personales      culposas.   

3.  El  Juzgado  Tercero Penal Municipal con  Funciones    de    Conocimiento    de   Envigado,       el      22    de  mayo   de   2012,   dictó   sentencia   de   primera  instancia,  en  la  que  absolvió a la citada acusada  del cargo atribuido en el escrito de acusación.   

4.   Apelado  el    fallo    por   el  representante   de   la   Fiscalía  General  de  la  Nación,   el   Tribunal  Superior  de  Medellín,      el      25    de  febrero  de 2013,   al   desatar   el   recurso,   lo  revocó     y     en     su     lugar,     condenó     a     Yamileth   Hernández  Ruiz  a  la  pena  principal  de 15 meses de prisión y multa equivalente a 7.888 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  a  las  accesorias  de  inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas y el ejercicio de la profesión de  auxiliar  de  enfermería  por el mismo periodo de la  restrictiva   de  la  libertad,  como  autora  de  la  infracción  de  lesiones  personales  culposas,  conforme  a  lo reglado en los  artículos  111,  114  inciso  2°,  117  y  120 del  Código Penal.   

Así  mismo, concedió a la sentenciada el  subrogado   penal   de  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.   

Contra la anterior decisión, el   profesional   del   derecho   que   vela   por  las     garantías    de           Hernández  Ruiz   interpuso  recurso de casación.   

LA       DEMANDA    

La  defensa técnica, basada en las causales  segunda  y   tercera, según la sistemática procesal reglada en la Ley 906  de  2004,  presenta dos reproches contra el fallo del Tribunal, cuyos argumentos  se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer cargo  

Acusa al Tribunal de haber dictado sentencia  en  un  juicio viciado de nulidad, por cuanto ésta carece de la correspondiente  motivación,  lo cual condujo a que se afectara el derecho de defensa, en cuanto  a  que  los  razonamientos de orden fáctico y jurídico deben tener sustento en  la plural prueba allegada al diligenciamiento.   

Califica como errado que el juzgador hubiese  dicho  que  los  testigos  de  la  defensa  no se dieron cuenta del suceso,  puesto  que  fueron  descalificados,  dándole  credibilidad al testimonio de la  madre  del  menor.  Además, sostiene que el delegado de la Fiscalía se abstuvo  de  demostrar  el  hecho y las circunstancias que lo rodearon, así como tampoco  una  vez  ocurrido  el  hecho desplegó actividad, a fin de obtener elementos de  conocimiento de carácter documental, entre otros.   

Estima  que el juzgador de segunda instancia  realizó  conjeturas,  respecto  de  que  la  procesada fue destituida  del  cargo  que ocupaba en la clínica, puesto que lo exacto fue que ella cumplió el  contrato  de  prestación  de  servicios de 3 meses, según así se desprende de  otros medios de convicción.   

Insiste  en  criticar al sentenciador por no  haber  dado  crédito  a  los  testimonios  de  la defensa, bajo el supuesto que  pretendían  evadir  cualquier  manifestación  que  los  comprometiera  con  la  revelación  de  la verdad, lo cual igualmente avasalla el derecho de defensa, y  desconoce   igualmente  los  postulados  reglados  en  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  como  el  de  igualdad, imparcialidad, presunción de  inocencia e in dubio pro reo.   

Dice que la conclusión del Tribunal, según  la  cual,  la  procesada  fue  la  encargada de aplicar el medicamento al menor,  resulta  desatinada  porque a ella no la conocían, como así quedó evidenciado  en la denuncia.   

Agrega  que  la  señora Beatriz del Socorro  Valderrama  indicó en la entrevista que la noche del suceso había en el centro  asistencial  dos  personas. Dice que si el niño se desvaneció y lloró resulta  un      contrasentido,      dado      el      estado      de     “gravidez”  en  que  se hallaba, máxime  cuando  no  está  demostrado  que el medicamento inyectado fue el que causó la  lesión.   

Asevera que la mencionada inyección se hizo  por  una  tegua  del  barrio  y  por  ello,  no  hubo inmediatez en la denuncia,  “sino   que   las  demandantes  aprovecharon  esta  situación  para  responsabilizar  a su prohijada y a la clínica de la Policía  Nacional”.   

Segundo cargo  

Acusa   al   Tribunal   de  haber  violado  indirectamente  la ley sustancial, derivada de la omisión de ponderar la prueba  material que obra en el proceso.   

Después de conceptualizar acerca de que los  medios  de  convicción  se  deben apreciar en conjunto, sin que se puedan hacer  agregados  o  cercenamientos,  manifiesta  que  el juzgador quiere desconocer el  contenido  de  las  entrevistas, cuando las mismas fueron objeto de traslado por  parte de la Fiscalía a los intervinientes.   

Indica  que los medios de conocimiento deben  ser  objeto  de  valoración  en  conjunto  y  con apego a las reglas de la sana  crítica.  Dice  que se violaron los principios de presunción de inocencia e in  dubio  pro reo, lo que condujo a la aplicación indebida de los artículos 372 y  381 del Código de Procedimiento Penal.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y  consecuentemente,  absolver  a  su  representada de los  cargos atribuidos en la acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La casación en la ley 906 de 2004  

         

Previo a examinar los cargos presentados por  el  casacionista  en  contra de la sentencia objeto de censura, debe reiterar la  Corte1  cómo,  con  el  advenimiento de la Ley 906 de 2004, se ha buscado  resaltar  la  naturaleza  de  esta  impugnación  en  cuanto  medio  de  control  constitucional  y  legal  habilitado  ya  de  manera  general  contra  todas las  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas por los Tribunales, cuando quiera  que   se  adviertan  violaciones  que  afectan  garantías  de  las  partes,  en  seguimiento  de  lo  consagrado por el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, así  redactado:   

“Finalidad. El  recurso  pretende  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos, y la unificación de la jurisprudencia”.   

En  la  sentencia  C-590  de  2005, la Corte  Constitucional  resaltó  la mayor amplitud que tiene la casación en el sistema  acusatorio,  en  cuanto  decididamente  se  prevé  como  medio protector de las  garantías fundamentales:   

“(…)  la  afectación  de  derechos  o  garantías  fundamentales  se  convierte  en  la  razón  de  ser  del juicio de  constitucionalidad  y  legalidad  que, a la manera de recurso extraordinario, se  formula  contra  la  sentencia.  O  lo  que  es  lo  mismo,  lo  que legitima la  interposición  de  una  demanda  de  casación  es la emisión de una sentencia  penal  de  segunda  instancia  en  la que se han vulnerado derechos o garantías  fundamentales.   Precisamente   por   ello   se   ha   presentado  también  una  reformulación   de  las  causales  de  casación,  pues  éstas,  en  la  nueva  normatividad,  sólo  constituyen supuestos específicos de afectación de tales  garantías o derechos…”.   

La  Ley  906  de 2004 especificó el ámbito  normativo  respecto  del  cual  se  ejerce  el  control de las sentencias de los  jueces,  incluyendo  no solo las infracciones a la ley, sino también a la Carta  y   a   las   normas   del   llamado   “bloque  de  constitucionalidad”.   En   este   punto,  como  lo  advirtió  la  Corte Constitucional en el citado fallo C-590 de 2005, si bien no  puede  afirmarse que ese parámetro de control no se observara en los anteriores  regímenes  de la casación, es claro que la expresa configuración legal de ese  ámbito  normativo,  evidencia  el  propósito  que  ha  tenido el legislador de  adecuar  el  instituto  de manera más directa a referentes constitucionales, lo  cual    resulta    comprensible    en    la   dinámica   de   las   democracias  constitucionales.   

Y  es  evidente  que para el cumplimiento de  esos  fines  constitucionales,  el llamado sistema acusatorio oral de la Ley 906  de  2004,  dotó a la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia de  una  serie  de  facultades  realmente  especiales,  como  lo  hizo  con  aquella  consagrada  en  el  artículo  184,  a  saber,  la  potestad  de “superar    los   defectos   de   la   demanda   para   decidir   de  fondo” en las condiciones indicadas en él, esto es,  atendiendo  a  los fines de esta impugnación extraordinaria, fundamentación de  los  mismos,  posición  del  demandante  dentro  del  proceso  e  índole de la  controversia  planteada; y la  referida  en el artículo 191, para emitir un “fallo  anticipado”  en  aquellos  eventos en que la Sala mayoritaria lo estime necesario  por  razones  de  interés  general,  anticipando  los turnos para convocar a la  audiencia de sustentación y decisión.   

Dentro de ese nuevo contexto normativo, ha de  aceptarse  que  la  inadmisión de una demanda por parte de la Sala de Casación  Penal  de la Corte Suprema de Justicia debe basarse en tres aspectos esenciales:  en  principio,  cuando  el  actor  no tenga interés para acceder al recurso; en  segundo    lugar,    cuando    se    trate    de    una   demanda   infundada,    es    decir    que    su  fundamentación   no   evidencia   una   eventual   violación   de   garantías  fundamentales;  y,  por  último,  cuando  de  su inicial estudio se descarte la  posibilidad   de  desarrollar  en  la  sentencia  alguno  de  los  fines  de  la  casación.   

En  efecto, el artículo 184, inciso 2º, de  la  Ley  906  de  2004,  autoriza  a  la  Corte  para  no  seleccionar,  en auto  debidamente  motivado,  aquellas  demandas  de  casación  que  se encuentren en  cualquiera de los siguientes supuestos:   

“si  el  demandante  carece  de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso”.   

De  allí  que  bajo  la óptica del sistema  acusatorio  penal,  el libelo impugnatorio tampoco puede ser un escrito de libre  elaboración,  en  cuanto  mediante  su  postulación el recurrente concita a la  Corte  a  la  revisión  del  fallo  de  segunda instancia para verificar si fue  proferido o no conforme a la constitución y a la ley.   

Por  lo  tanto, sin perjuicio de la facultad  oficiosa  de  la  Corte  para prescindir de los defectos formales de una demanda  cuando  advierta la posible violación de garantías de los sujetos procesales o  de  los  intervinientes, de manera general, frente a las condiciones mínimas de  admisibilidad, se pueden deducir las siguientes:   

1. Acreditación del agravio a los derechos o  garantías fundamentales producido con la sentencia demandada.   

2. Señalamiento de la causal de casación, a  través  de  la  cual  se  deja  evidente  tal  afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado.   

3.  Determinación  de  la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso en el ya citado artículo 180 de la Ley 906 de 2004.   

De otro lado, con referencia a las taxativas  causales  de  casación  señaladas  en  el  artículo 181 del nuevo Código, se  tiene dicho que:   

a)  La  de  su  numeral  1º  –falta de aplicación, interpretación  errónea,  o aplicación indebida de una norma del bloque de constitucionalidad,  constitucional  o  legal, llamada a regular el caso-, recoge los supuestos de la  que  se  ha  llamado  a  lo  largo  de  la  doctrina  de  esta Corporación como  violación directa de la ley material.   

b)   La   del  numeral  2º  consagra  el  tradicional   motivo   de   nulidad  por  errores  in  procedendo,  por  cuanto  permite  el  ataque  si  se  desconoce  el  debido proceso por afectación sustancial de su estructura (yerro  de  estructura)  o  de  la garantía debida a cualquiera de las partes (yerro de  garantía).   

En tal caso, debe tenerse en cuenta que las  causales  de nulidad son taxativas y que la denuncia bien sea de la vulneración  del  debido  proceso  o  de  las  garantías,  exige  claras  y  precisas pautas  demostrativas2.   

Del mismo modo, bajo la orientación de tal  causal  puede  postularse  el desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación           y           sentencia3.   

c)  Finalmente, la del numeral 3º se ocupa  de  la  denominada  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  –manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia-;  desconocer  las  reglas  de  producción alude a los errores de  derecho  que  se  manifiestan  por  los falsos juicios de legalidad –práctica  o  incorporación  de  las  pruebas   sin  observancia  de  los  requisitos  contemplados  en  la  ley-,  o,  excepcionalmente  por  falso  juicio de convicción4,     mientras     que    el  desconocimiento  de  las reglas de apreciación hace referencia a los errores de  hecho   que  surgen  a  través  del  falso  juicio  de  identidad  –distorsión   o  alteración  de  la  expresión  fáctica  del  elemento  probatorio-, del falso juicio de existencia  –declarar   un   hecho  probado  con  base  en  una  prueba  inexistente u omitir la apreciación de una  allegada  de  manera  válida  al  proceso-  y del falso raciocinio –fijación  de  premisas  ilógicas  o  irrazonables    por    desconocimiento    de    las    pautas    de    la   sana  crítica-.   

La  invocación  de  cualquiera  de  estos  errores  exige  que  el  cargo  se  desarrolle conforme a las directrices que de  antaño  ha desarrollado la Sala, en especial, aquella que hace relación con la  trascendencia  del  error,  es  decir,  que  el mismo fue determinante del fallo  censurado.   

Presupuestos   de   lógica   y   debida  fundamentación     de    las    causales    segunda     y    tercera    de  casación   

       En  relación  con la acreditación de la causal de nulidad, si bien  la  Sala  ha  dicho  que es menos exigente que la demostración de las otras, lo  cierto  es  que impone al demandante proceder con precisión, claridad y nitidez  a   identificar   la   clase   de  irregularidad  sustancial  que  determina  la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos, indicar los preceptos que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón  de su quebranto, especificar el  límite  de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la  cobertura de la nulidad.   

Así mismo, al libelista compete evidenciar  que  procesalmente  no  existe manera diversa de restablecer el derecho afectado  y,  lo  más  importante,  comprobar que la anomalía denunciada tuvo injerencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración de justicia contenida en el fallo  impugnado  (principio de trascendencia), dado que este recurso extraordinario no  puede   fundarse   en   especulaciones,  conjeturas,  afirmaciones  carentes  de  demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

Respecto  de la infracción indirecta de la  ley  sustancial,  destáquese  inicialmente  que se está aceptando que el error  del  juzgador  ocurrió  de  manera  mediata,  es  decir, en la elaboración del  juicio  de  hecho  derivado de errores en la apreciación de la prueba, falencia  que se ve reflejada en la aplicación del derecho.   

En   el  plano  de  la  postulación,  al  casacionista  corresponde  enseñar  en qué consistió el yerro de apreciación  de  la  prueba,  es  decir, si fue de hecho o de derecho, como también el falso  juicio  que  lo  determinó,  esto  es, si de existencia, identidad, raciocinio,  legalidad o convicción.   

Y, por último, evidenciar cómo incidió en  la  aplicación del derecho, en la medida en que se seleccionó una norma que no  era  la llamada a gobernar el asunto o, se excluyó otra que sí resolvía todos  los extremos de la relación jurídico procesal.   

Calificación de la demanda  

El  defensor  de  la  acusada basado en las  causales  segunda  y  tercera  de  casación,  postula  dos  reproches contra la  sentencia  del  Tribunal,  los  cuales  incumplen  los presupuestos de lógica y  debida    fundamentación,   anunciándose   desde   ya   la   inadmisión   del  libelo.   

En   lo  que  atañe  a  la  primera  censura que el casacionista funda  por  la  vía de la trasgresión, entre otros, del postulado del debido proceso,  toda  vez que la sentencia carece de la debida motivación, omite los requisitos  para la sustentación de dicho reproche. Veamos:   

De    manera    reiterada  la  Corte,  en torno a la falta de motivación de las  providencias, ha dicho que ese vicio  se puede estructurar de la siguiente manera:   

         a.    Cuando    carece   totalmente   de  motivación,  por  omitirse  las  razones  de  orden  fáctico  y  jurídico que  sustentan la decisión.   

         b.  Cuando  la  motivación es incompleta,  esto  es,  el  análisis  que  contiene  es deficiente, hasta el punto de que no  permite su determinación.   

         c.  Cuando la argumentación es dilógica o  ambivalente;  es decir, se sustenta en hipótesis contradictorias o excluyentes,  las cuales impiden conocer su verdadero sentido y,   

d.  Cuando  la  motivación  es aparente y sofística, de modo que socava la estructura fáctica  y jurídica del fallo.   

         

         En  esas  condiciones,  en  punto  de la acreditación del yerro, al  casacionista  compete  demostrar la irregularidad cometida en el fallo, esto es,  explicar  en  forma  correcta  y  completa  los supuestos que ha debido tener la  decisión  cuestionada,  lo cual comporta la carga de identificar los argumentos  considerados  deficientes  y  demostrar  su  fragilidad, más allá de la simple  contraposición  de  un  criterio  diferente  a  la metodología a seguir en las  providencias judiciales.   

En el supuesto que ocupa la atención de la  Corte,  se  advierte  que  la supuesta irregularidad que el actor le atribuye al  fallo  de  no  haber  sido  motivado,  no  es más que un pretexto para entrar a  cuestionar  el fundamento probatorio sobre el cual se fundó  el compromiso  penal de la acusada.   

De acuerdo con la exposición que elabora el  demandante,  resulta  fácil  advertir  que el punto central de su inconformidad  radica  en  que  en  el  acto  de  apreciación  probatoria  se desestimaron los  testimonios  aportados  por  la defensa, en aras de demostrar la inocencia de la  procesada,  mostrando  inconformidad con el mérito dado a la declaración de la  abuela  de la víctima y con la poca investigación criminal que adelantaron las  autoridades    de    policía    judicial    bajo    la    dirección    de   la  fiscalía.   

Así mismo, califica como simples conjeturas  las  afirmaciones  consignadas en la sentencia de segunda instancia, en especial  lo  relacionado  con  que  la  acusada  fue destituida del cargo por el episodio  criminal  y  por  último, trata de plantear una duda acerca de las personas que  prestaban  servicio  esa  noche  en calidad de auxiliares de enfermería y si la  señora  Hernández  Ruiz  fue  la  que aplicó la inyección que posteriormente  lesionó al menor.   

         Expresado  de  otra forma, de los precarios argumentos que expone el  censor,  se  desconoce  en qué consiste la falta de motivación de la sentencia  de  segunda  instancia,  esto  es,   si  se  omitieron las razones de orden  fáctico  y jurídico que sustentan la decisión, si fue incompleta o deficiente  en  su  análisis,  o  si  es  dilógica  o  ambivalente,  en cuanto se funda en  hipótesis   contradictorias  o  excluyentes,  las  cuales  impiden  conocer  su  verdadero  sentido,  o  si  la motivación es aparente y sofística, de modo que  socava la estructura fáctica y jurídica del fallo.   

         En  esa  medida,  la  censura  se  inadmite,  máxime cuando para el  juzgador  de  segundo  grado  fue evidente que al trámite se allegaron testigos  directos  de  lo  ocurrido  esa noche con la víctima en las instalaciones de la  Clínica  de  la  Policía Nacional, que fueron analizados correctamente, lo que  aunado    al    registro    de    turnos,    acreditaron   que   “sólo  dos  auxiliares  de enfermería estaban en urgencias, uno de  sexo  masculino  y  la  otra  femenina  Yamileth  Hernández, ésta encargada de  medicamentos,  corroboran  que  fue la que aplicó la inyección como lo indican  aquellas.   

“Establecido ese hecho, luce evidente su  responsabilidad  a  título de culpa. Con su conducta vulneró el deber objetivo  de  cuidado  que  le  era  exigible,  al  actuar  de  manera  negligente  en  la  aplicación  de  la  inyección  intramuscular.  Faltó a la lex artis porque la  inyección  alcanzó  a  lesionar  el  nervio  ciático, esto es, incrementó un  peligro   jurídicamente   desaprobado   para   la   producción  del  resultado  lesivo”.   

En   relación   con   el   segundo      cargo,     que  el  actor  funda  por los senderos de la  infracción  indirecta  de  la  ley  sustancial,  de  verdad  que  incumple  los  presupuestos   de   lógica   y   debida   fundamentación,   en   orden   a  su  admisibilidad.   

En  efecto,  de  acuerdo  con  las  tesis  argumentativas  expuestas  por  el  libelista,   se  podría  pensar que su  inconformidad  radica  en que en el acto de apreciación probatoria se omitieron  pruebas  incorporadas  al  expediente  durante  el  transcurso  del juicio oral,  público  y  concentrado  (error  de  hecho  por falso juicio de existencia), en  tanto  se  muestra  insistente  en  que  los  elementos  de  conocimiento  deben  apreciarse   en  conjunto,  entre  ellos,  las  entrevistas  realizadas  por  la  fiscalía.   

No  obstante,  en  espera  a  que  indicara  cuáles  fueron  las  probanzas  dejadas  de  apreciar,  sin  guardar  logicidad  argumentativa,   incursiona   en  el  sendero  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  por cuanto anuncia que los medios de convicción deben estimarse de  acuerdo  con los postulados que informan la sana crítica, pero tampoco señaló  la  conclusión  absurda  a  la  que arribó el juzgador al inferir el juicio de  responsabilidad de la acusada.   

Es  decir,   el  actor  desconoce  que  cuando  se  acude  a  este  motivo  de  infracción  de  la  ley  sustancial, al  casacionista  compete indicar cuál fue la ley de la lógica, el principio de la  ciencia  o  la máxima de la experiencia quebrantada, de qué manera lo fue y su  puntual  incidencia  frente  a  las  distintas  decisiones adoptadas en el fallo  recurrido.   

En  esa  disparidad  de  criterios  con  el  juzgador  acerca  de  la  credibilidad  de  las  pruebas,  el  libelista  pasa a  cuestionar  el  mérito dado a la comunidad probatoria, puesto que en su sentir,  de  ella  surge  de  manera inevitable el grado de conocimiento de duda, el cual  lleva  a  un  fallo  de  naturaleza absolutoria a favor de la señora Hernández  Ruiz.   

Respecto  de  las  normas que califica como  vulneradas,  se  abstuvo  de  suministrar  las  razones  jurídicas  de cómo se  avasallaron  los  artículos  372 y 381 del Código de Procedimiento Penal y las  consecuencias jurídicas que se derivaron de su infracción.   

En  fin,  el  discurso  del casacionista no  evidencia  la  existencia  de  errores  in procedendo e  in iudicando en la  construcción  de  la sentencia, sino una simple forma de apreciar los distintos  medios de prueba que desfilaron en el juicio.   

En  tales  condiciones,  la demanda se  inadmite.   

Resta  señalar  que  no se observa que con  ocasión  del  fallo  impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos o  garantías  de  los  intervinientes,  como  para  que  tal circunstancia imponga  superar  los defectos del libelo, en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Por  último, contra esta decisión procede  el  mecanismo  de  insistencia,  cuyo  trámite  fue señalado en auto del 12 de  diciembre de 2005, adoptado en el radicado 24322.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE     SUPREMA    DE    JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

1.  INADMITIR   la  demanda de casación presentada  por  el defensor de Yamileth  Hernández Ruiz.   

2.  De conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es viable la interposición del  mecanismo   de   insistencia   en   los   términos  precisados  atrás  por  la  Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ   LEONIDAS   BUSTOS   MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                                                    FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ                                                               GUSTAVO    E.    MALO  FERNÁNDEZ   

LUIS  GUILLERMO  SALAZAR  OTERO                                                                JAVIER  DE JESUS ZAPATA ORTIZ   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Autos  del  13  de junio y 25 de julio de 2007, Radicados 27.537 y 27.810, entre  otros.   

2  Auto de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.323.   

3  Auto de casación del 24 de noviembre de 2005, Radicado 24.530.   

4 Ib.  Rad. 24.530.     

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