41316(04-12-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 404  

Bogotá D.C., cuatro (4) de diciembre de dos  mil trece (2013.)   

VISTOS  

Procede la Colegiatura a pronunciarse acerca  del  escrito  allegado  por  la  defensa  en  el  cual  anexa  el certificado de  defunción   de   la   procesada,   doctora   JUDITH  CONCEPCIÓN   FONTALVO  RICAURTE,  y  a  constatar  el  cumplimiento  de  las  exigencias de crítica lógica y suficiente sustentación  en  la  demanda casacional allegada en nombre propio por el acusado ARMANDO  LUIS NOGUERA IMITOLA, quien tiene  la  condición  de  abogado,  contra la sentencia de segunda instancia proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  el   18  de  diciembre  de  2012,  confirmatoria  de la dictada el 25 de noviembre de 2011 por el Juzgado Cincuenta  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad, a través de la cual los condenó como  determinadores  penalmente  responsables del delito de tentativa de peculado por  apropiación agravado por la cuantía.   

HECHOS  

El 14 de agosto de 1998, ante la Inspección  Dieciséis  del  Trabajo de Bogotá, la abogada JUDITH  FONTALVO,   a   quien   el  profesional  del  derecho  ARMANDO  LUIS  NOGUERA  le  sustituyó  los poderes conferidos por veintidós (22) extrabajadores de Puertos  de   Colombia,   suscribió   con   Josefina   Casas  Ramírez  (Representante del Fondo de Pasivo Social de  la  Empresa  Puertos  de  Colombia  en  liquidación  Foncolpuertos)  el acta de  liquidación  No.  278,  en  la  cual  dicha  entidad  reconoció a favor de los  poderdantes  intereses  moratorios  e  indexación de las diferencias de mesadas  pensionales  que  se  causaron y dejaron de pagar oportunamente al finiquitar la  relación  con la citada empresa, el 100% de mesadas atrasadas indexadas, el 75%  de  sanción  moratoria  e intereses de mora sobre mesadas atrasadas, el pago de  diferencia   de  prima  sobre  prima  por  concepto  de  antigüedad,  trienios,  uniformes,   calzado,  reintegro,  sobretasa,  vacaciones  compensadas  y  otros  factores,  por  la  suma  total de $639.733.145,25 que serían cancelados por el  Fondo a más tardar el 31 de agosto de 1998.   

          El    15    de    agosto    de    2000   el   abogado   NOGUERA  IMITOLA informó al Ministerio de  Trabajo  y Seguridad Social que reasumía sus funciones como apoderado principal  de  los  beneficiarios  de  la conciliación y reiteró el pagó de lo acordado,  más  las  reliquidaciones  que  de allí se desprendieran, para lo cual allegó  copia  de  las  cédulas  de  ciudadanía,  carnets,  desprendibles  de  pago  y  declaraciones   juradas   de   aquellos,   así   como  poderes  ratificando  su  mando.   

          Las   prestaciones  sociales  y  factores  salariales  reclamados  y  conciliados   no   fueron   pagados   por   el   Fondo,   pues   se  advirtieron  irregularidades,  amén  de  que  ya  habían  sido liquidados y cancelados para  cuando  la  empresa  portuaria  reconoció  a  los  beneficiarios su pensión de  jubilación,   máxime   si   se   concilió  el  pago  de  conceptos  laborales  inexistentes   como   el  denominado  “prima  sobre  prima”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Luego  de  ser  dispuesta  y  surtirse  la  correspondiente  indagación  preliminar, la Fiscalía de la Estructura de Apoyo  para  Foncolpuertos  declaró  abierta la instrucción, en desarrollo de la cual  vinculó  mediante  indagatoria  a  JUDITH CONCEPCIÓN  FONTALVO   y  ARMANDO  LUIS  NOGUERA.   

Una  vez  clausurada la fase instructiva, el  sumario  fue  calificado  el  27  de marzo de 2008 con resolución acusatoria en  contra     de    los    procesados,    como    “coautores   en   calidad   de  DETERMINADORES”   del   delito   de   peculado  por  apropiación  de  que  tratan los incisos primero y segundo del artículo 357 de  la  Ley  599 de 2000, cuyo texto fue transcrito, “en  cuantía    que   supera   los   seiscientos   millones   de   pesos”1,  oportunidad  en la cual se precluyó la investigación adelantada  contra  los  mismos  ciudadanos  por  el  delito  de prevaricato por acción, en  cuanto   prescribió   la   potestad   punitiva   del  Estado  derivada  de  tal  conducta.   

          Impugnada   la   acusación   por  los  defensores  de  JUDITH  CONCEPCIÓN FONTALVO y  ARMANDO  LUIS  NOGUERA,  la  Unidad  de  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Bogotá la confirmó el 29 de  enero  de  2010,  “aclarando eso sí, que los mismos  deberán  responder  como  determinadotes  del  punible  a  ellos  atribuido  en  modalidad de TENTATIVA”.   

Surtida  la  fase  del  juicio,  el  Juzgado  Cincuenta  Penal del Circuito de esta Capital profirió fallo el 25 de noviembre  de  2011,  mediante el cual condenó a JUDITH FONTALVO  y       ARMANDO  NOGUERA   a  la  pena  principal  de  “CUARENTA   (40)   MESES  DE  PRISIÓN  e  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso”2,        como       determinadores3   del   delito   objeto   de  acusación  según  se  analizó a espacio en la parte considerativa, pese a que  en  la  resolutiva  por  un  lapsus calami fueron condenados como coautores del mismo punible.   

          En  la  misma  providencia les fue negada la suspensión condicional  de la ejecución de la pena.   

Impugnada la sentencia por los defensores de  los  acusados,  el  Tribunal Superior de Bogotá la confirmó mediante fallo del  18  de  diciembre  de  2012,  contra  el  cual  el procesado y el defensor de la  acusada  interpusieron  recurso  extraordinario  de  casación  y  allegaron las  correspondientes demandas.   

          Como  el  abogado  de  la  doctora  JUDITH  FONTALVO  ha  aportado el certificado de defunción de  la  misma,  el  cual da cuenta de su fallecimiento, no se abordará en este auto  el  examen  formal  sobre  la  demanda  de  casación  que  en nombre de aquella  presentó,  pero  se  adoptará la decisión que en derecho corresponda, y sólo  se  estudiará  la  admisibilidad  del  libelo  allegado en nombre propio por el  acusado     ARMANDO    LUIS    NOGUERA.   

EL LIBELO  

Demanda  presentada  en  nombre  propio  por  ARMANDO LUIS NOGUERA IMITOLA   

El  demandante,  quien  como se advirtió al  inicio  de  este  proveído  tiene la condición de abogado, formula dos cargos,  los cuales postula y desarrolla en los siguientes términos:   

          1.        Primer   reproche:   Nulidad  porque  el  fallo  se  dictó  estando  prescrita la acción penal   

          Con  apoyo  en  la  causal  tercera  de  casación establecida en el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, el censor advera que se violó su derecho  al  debido proceso pues “al momento de proferirse el  respectivo   fallo   había   transcurrido  del  (sic)  tiempo    de    prescripción    de    la   acción  penal”.   

          En  la demostración del reparo señala que conforme al artículo 83  de  la  Ley  599  de  2000  la  acción  penal prescribe en un término igual al  máximo  de la pena establecida en la ley, lo cual significa que “la  pena a tomar son los quince años sin aplicar la agravante como  lo  hizo el sentenciador de segunda instancia”, amén  de que no se trata de una conducta consumada sino tentada.   

          Manifiesta  que  para  negar la prescripción de la acción penal el  ad   quem  “tomó  el punible de peculado por apropiación como si hubiese sido  consumado   y   de   manera   incorrecta   le  aplica  el  agravante”.   

          Puntualiza  que  el acuerdo conciliatorio se realizó el 4 de agosto  de  1998  ante  la  Inspección  del Trabajo de Cundinamarca y la resolución de  acusación  proferida  en su contra cobró ejecutoria el 29 de enero de 2010, es  decir, 11 años, 5 meses y 15 días luego de acaecido el hecho.   

          También  dice  que  no  puede responder como determinador sino como  interviniente,  por  tratarse de un delito con sujeto activo calificado, de cuya  condición carece por no ser servidor público.   

          Deplora  que  en  el  fallo de segundo grado se diga que la fecha de  los  hechos  es  el  15  de  agosto  de  2000 cuando se persistió en obtener el  desembolso del dinero de Foncolpuertos.   

          Con  base en lo expuesto solicita a la Sala proferir “el  fallo  que  en derecho corresponda decisión que restablecería  las   garantías   constitucionales   y  legales  a  mi  conculcadas”.   

2.            Segundo reproche: Violación indirecta de  la   ley   sustancial   por   desconocimiento   e   incorrecta  apreciación  de  pruebas   

          Afirma   el   recurrente   que   el   ad  quem  erró  al  apreciar  el  contexto  en  el  cual  ocurrieron  los  hechos,  pues  no  es  cierto  que el acta de conciliación sea  producto  de  un  plan previamente concebido para defraudar a la empresa Puertos  de  Colombia,  dado  que antes hubo una propuesta del 3 de diciembre de 1996, la  cual fue desconocida en el fallo.   

          También  dice  que  se  valoró  equivocadamente  el  testimonio de  Josefina  Ramírez,  quien  señaló  que  en  Foncolpuertos los funcionarios adelantaron el correspondiente  estudio  de la conciliación, liquidaron y dieron las autorizaciones, sin que en  su condición de abogado tuviera alguna injerencia.   

          Igualmente  señala  que  Julio Rodríguez  Sanjuan  formaba  parte  de  la  propuesta radicada en  1996,  sin  que  existiera  trámite  alguno  por los mismos hechos por parte de  dicho  trabajador,  de  manera  que la responsabilidad fue de la empresa y no de  él como apoderado de los extrabajadores.   

          A  partir  de  lo  anterior, depreca a la Colegiatura casar el fallo  atacado, para en su lugar dictar sentencia absolutoria en su favor.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

1.            Sobre el certificado de defunción de la  doctora      JUDITH      CONCEPCIÓN     FONTALVO  RICAURTE   

Como  inicialmente se advirtió, sería del  caso  que  la  Sala  se pronunciara sobre la admisibilidad del libelo presentado  por   el   abogado  de  la  mencionada  ciudadana,  de no ser porque se advierte que se encuentra extinguida  la  facultad  punitiva  del  Estado en razón de la muerte de aquella, según lo  establece  el numeral 1º del artículo 82  de  la Ley 599 de 2000 (equivalente al  artículo 76 del Decreto 100 de 1980).   

En  efecto,  su  defensor  ha  allegado  el  certificado    de    defunción    expedido    por    el   doctor   Julio    Octavio    García    Mulford,  identificado  con  registro  médico  No.  1391,  con el cual se acredita que la  doctora      JUDITH      CONCEPCIÓN     FONTALVO  RICAURTE,  identificada  con la cédula de ciudadanía  número  22.375.638,  falleció el 12 de abril del año en curso en la ciudad de  Barranquilla,  circunstancia  que  impone  declarar  extinguida la acción penal  derivada  del  delito  de tentativa de peculado por apropiación agravado por el  cual  fue  acusada  y,  en consecuencia, disponer la cesación del procedimiento  adelantado en su contra.   

2.            Sobre  la  admisibilidad  de  la demanda  presentada  en  nombre propio por ARMANDO LUIS NOGUERA  IMITOLA   

Tiene  sentado  esta  Corporación que en el  examen  de  admisibilidad  de  los  libelos  casacionales corresponde a la Corte  constatar  que  los  recurrentes  formulen  los  reproches  con  sujeción a los  requisitos  de  crítica  lógica  y  sustentación  suficiente definidos por el  legislador  y  desarrollados  por  la  jurisprudencia, a fin de que este recurso  extraordinario   no   se  convierta  en  una  tercera  instancia.  Tales  exigencias  se orientan a conseguir  demandas  enmarcadas  dentro  de  unos  mínimos  lógicos y de coherencia en la  postulación  y  demostración  de  los  cargos  propuestos,  en cuanto resulten  inteligibles  por  ser  precisos  y  claros, pues no corresponde a la Sala en su  función  constitucional  y legal develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,  de conformidad con el artículo 213 de la Ley 600 de 2000,  “si  el  demandante carece de interés o la demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

Efectuadas  las  anteriores  precisiones, en  punto  de  la  primera censura  encuentra  la Colegiatura que sin ningún rigor inherente a esta impugnación de  índole  extraordinaria,  el  actor da rienda suelta a la expresión desordenada  de   su   parecer,   sin   proceder  a  señalar  con  precisión  cuál  es  su  denuncia.   

          En  efecto,  si  bien  deplora la violación de su derecho al debido  proceso  por  considerar que al cobrar ejecutoria la acusación ya se encontraba  prescrita  la  acción  penal,  ofrece  asertos  indemostrados  y  ajenos  a  la  tradición  jurídica,  como  cuando señala que “la  pena  a  tomar  son  los  quince  años sin aplicar la agravante como lo hizo el  sentenciador  de  segunda  instancia”. Al respecto se  tiene  que  las  circunstancias de agravación específicas deben ser ponderadas  en  el  momento  de  cuantificar  el lapso prescriptivo de la acción, así como  también,   huelga   señalarlo,   la  menor  punibilidad  por  tratarse  de  un  comportamiento en grado de tentativa.   

De  otra  parte  se  constata que si la pena  máxima  para  el  delito de peculado por apropiación es de 15 años, rubro que  debe  incrementarse  en  la  mitad por concurrir la circunstancia de agravación  punitiva  derivada  de  la  cuantía, es claro que la sanción máxima es de 270  meses.  Esta  suma  debe ser rebajada en una cuarta parte (67 meses y 15 días),  toda  vez  que la punición mayor para el referido punible en grado de tentativa  no  puede superar las tres cuartas partes, y entonces arroja un resultado de 202  meses y 15 días, equivalente a 16 años, 10 meses y 15 días.   

          Si  la  conciliación  realizada  en  la  Inspección Dieciséis del  Trabajo   de   Bogotá,   en   la   cual   participó  la  abogada  JUDITH  FONTALVO,  a quien el profesional  del   derecho   ARMANDO   LUIS   NOGUERA   le   sustituyó   los  poderes  conferidos  por  veintidós  (22)  extrabajadores  de  Puertos  de  Colombia,  y  en  la  que se acordaron pagos ya  realizados,  amén de otros contrarios a la ley o no causados, ocurrió el 14 de  agosto  de  1998,  es  claro  que  el referido lapso prescriptivo en la fase del  sumario  se  cumplía  el  29  de  junio de 2013, de manera que si la acusación  cobró  ejecutoria el 29 de enero de 2010, aún no había operado el término de  prescripción alegado.   

          Ahora,  como  en  el  mismo reparo aduce el censor, sin más, que no  podía  ser condenado como determinador, sino como interviniente, basta señalar  que  una  tal postulación carece de una explicación suficiente, de modo que no  satisface las exigencias para conseguir la admisión del cargo.   

Finalmente  importa señalar que ni siquiera  el  demandante  atinó  a  señalar  cuál  debería ser el sentido del fallo de  casación  en  caso de que su censura prosperara, razón adicional para disponer  su inadmisión.   

          Acerca   del   segundo  reparo  encuentra  la Sala que si bien el procesado denuncia la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  olvida  que  en  la  acreditación  de  tal  incorrección  no  basta  con  plantear  su  criterio  en  oposición  al de los  falladores,  pues  ello lo imposibilita la presunción de acierto y legalidad de  la cual se encuentra revestida la sentencia en esta sede.   

          Así  pues,  le correspondía identificar con exactitud el yerro, es  decir,  establecer  si  los  sentenciadores  cometieron  un  error  de  hecho al  apreciar  la  prueba, bien sea porque pese a obrar en el diligenciamiento no fue  valorada  (falso juicio de existencia por omisión); ya porque sin figurar en la  actuación  se supuso su presencia allí y la tuvieron en cuenta en su decisión  (falso  juicio  de  existencia  por  suposición);  ora  porque  al considerarla  distorsionaron  su  contenido  cercenándola,  adicionándola o tergiversándola  (falso  juicio  de  identidad);  también,  cuando sin incurrir en alguno de los  yerros  referidos  derivaron  del  medio probatorio deducciones contrarias a los  principios  de  la  sana  crítica,  esto  es, los postulados de la lógica, las  leyes    de    la    ciencia   o   las   reglas   de   la   experiencia   (falso  raciocinio).   

          O  indicar  si  se produjo un error de derecho, en cuanto se negó a  determinado  medio probatorio el valor conferido por la ley o le fue otorgado un  mérito  diverso  al atribuido legalmente (falso juicio de convicción), o bien,  porque  los funcionarios al apreciar alguna prueba la asumieron erradamente como  legal  aunque  no  satisfacía  las exigencias señaladas por el legislador para  tener  tal  condición,  o  la  descartaron  aduciendo  de  manera equivocada su  ilegalidad,  pese a que se cumplieron cabalmente los requisitos dispuestos en la  ley para su práctica o aducción (falso juicio de legalidad).   

En el primer caso (falso juicio de existencia  por  omisión)  debía  indicar  la prueba no valorada, cuál es la información  objetivamente  suministrada,  el mérito demostrativo al que se hace acreedora y  cómo  su  estimación  conjunta con el resto de elementos del acervo probatorio  conduce  a  trastrocar  las  conclusiones  del  fallo  censurado,  deberes  cuyo  cumplimiento no acometió.   

          Pero  si  el propósito era alegar un falso juicio de existencia por  suposición,  era  de  su  resorte  identificar  el aparte declarado en el fallo  carente  de  soporte  demostrativo  en  la  actuación,  amén  de  precisar  su  injerencia  en  el sentido de la providencia, esto es, cómo al marginar una tal  suposición,  la  sentencia  sería  diversa  y  en  todo caso beneficiosa a los  intereses    de    su    procurada,    actividad    no    emprendida    por   el  casacionista.   

Si el objetivo era invocar un falso juicio de  identidad,  era  su  deber identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el medio probatorio y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a  la  prueba, los efectos producidos a partir de ello y, lo más importante, cuál  es  la  trascendencia  del yerro en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo   del  recurrente  sobre  el  medio  de  prueba  cuya  tergiversación  denuncia,  en cuanto es su obligación acreditar materialmente la incidencia del  yerro  en la falta de aplicación o la aplicación indebida de la ley sustancial  en  el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustantiva de la sentencia  atacada  con  la  corrección del yerro y la debida valoración de la prueba, en  conjunto con las demás.   

Si  el  reclamo  se  encontraba  dirigido  a  denunciar   un  falso  raciocinio,  era  su  obligación  establecer  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué  se  infirió de él en la sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado, determinar el postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de experiencia cuyo contenido fue  desconocido  en  el fallo, debiendo a la par indicar su consideración correcta,  identificar   la   norma   de   derecho  sustancial  indirectamente  excluida  o  indebidamente  aplicada y luego, demostrar la trascendencia del error expresando  con  claridad  cuál debe ser la adecuada apreciación de aquella prueba, con la  indeclinable  obligación  de acreditar que la enmienda del yerro daría lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representada,  proceder no asumido por el censor.   

Tratándose  de la postulación del error de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  era  su  deber identificar el medio  probatorio   que   tacha   de   ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o  constitucionales  cuyo quebranto determina su ilegalidad y demostrar la efectiva  ocurrencia  de  lo  denunciado; ora, debía el demandante comprobar la legalidad  de la prueba desechada por el juzgador.   

En  los dos eventos anteriores, también era  de  su  resorte  acreditar  la  trascendencia  del yerro en las conclusiones del  fallo,  esto  es,  demostrar  que  con  la marginación de la prueba que se dice  ilegal,  las  restantes pruebas conducen a una decisión sustancialmente diversa  de  la  atacada,  o  bien,  que con la incorporación del medio de prueba que el  actor  estima  legal,  las  conclusiones  son  distintas de las contenidas en la  sentencia impugnada.   

Igualmente,  si  tenía  el  propósito  de  plantear  un  falso  juicio  de  convicción,  era  su  obligación demostrar la  infracción  de  la tarifa de valoración dispuesta por el legislador, así como  su injerencia en el sentido del fallo, labor que tampoco asumió.   

          Como  viene  de  verse,  es  claro  que  el  recurrente se limitó a  exponer  de  forma  imprecisa,  fragmentaria e indemostrada algunas percepciones  personales  que  sobre  el  asunto  le  asisten,  proceder  inadmisible  en este  recurso,  todo  lo  cual  impone  la  inadmisión de la censura con tales graves  falencias presentada.   

         Lo   expuesto  denota   que   el   recurrente   se   sustrae   a  sus  deberes  de  claridad  y  precisión  exigidos  en el  numeral  3º del artículo 212 de la Ley 600 de 2000, según el cual, la demanda  de  casación  debe  contener “la enunciación de la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando en  forma  clara  y  precisa  sus fundamentos y las normas  que  el  demandante  estima  infringidas” (subrayas  fuera de texto).   

Así  las  cosas,  concluye la Colegiatura    que   si   el  recurrente      no  ajustó  su  demanda a las  mencionadas   exigencias  dispuestas  para  postular  y  demostrar  los         reproches contra el fallo de segundo grado y, en  virtud  del principio de limitación que rige el trámite casacional la Corte no  se   encuentra  facultada  para  enmendar  las  falencias  de  aquella,  de  conformidad con lo dispuesto en  el  artículo  213  de  la Ley 600 de 2000 se impone de plano la inadmisión del  libelo.   

         Para          culminar  es oportuno  destacar  que  la  Corporación no observa en el curso  del  diligenciamiento  o  en  la providencia impugnada, violación de derechos o  garantías,  como  para  que  tal  circunstancia  impusiera  el  ejercicio de la  facultad  oficiosa que sobre el particular le confiere el legislador en punto de asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

         1.                      DECLARAR  extinguida  por    muerte   de   la  doctora  JUDITH CONCEPCIÓN  FONTALVO   RICAURTE   la   acción   penal  derivada  del    delito    de   peculado   por   apropiación  agravado  por la cuantía,  en    grado    de    tentativa,   por   el    cual    fue   acusada.   

         2.                      ORDENAR,    en  consecuencia,  la  cesación  del  procedimiento  adelantado  en razón de tales  delitos     contra     la    mencionada   ciudadana,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

3.          INADMITIR  la  demanda    de    casación    presentada    en    nombre    propio    por   el  acusado   ARMANDO   LUIS  NOGUERA          IMITOLA,         según      las      consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                         FERNANDO   ALBERTO   CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO  FERNÁNDEZ  CARLIER                                    MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ                               ÉYDER     PATIÑO  CABRERA   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Fols. 60, 69 y 72 c.o. No. 4.   

2 Folio  82. c.o. No. 2.   

3  Folios 76 a 78 c.o. No. 2.     

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