40599(06-03-13)

2013

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARIA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Aprobado Acta No. 069.  

         

Bogotá D.C., marzo seis (6) de dos mil trece  (2013).   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Sala  en relación con el  cumplimiento  de  los  presupuestos  lógicos  y  argumentativos  del  libelo de  casación    presentado    por   la   defensora   del   procesado   LUIS   ÁLVARO   CONTRERAS   contra   la  sentencia  de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el  23  de  septiembre  de  2012, mediante la cual confirmó la dictada el 2 de mayo  anterior  por  el Juzgado 21 Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de  la  misma  sede  que  condenó  al  mencionado  por los delitos de acceso carnal  abusivo  con  menor  de  14  años y actos sexuales con menor de 14 años, ambos  agravados y en concurso homogéneo y sucesivo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  supuesto  fáctico  que  dio origen a la  presente      actuación      fue      declarado     por     el     ad-quem,  en los siguientes términos:   

“Se  inicia  la  presente indagación por  denuncia  presentada  por la señora Claudia Edith Luis Monroy el 8 de agosto de  2010,  manifestando que su hijas Y.V.V.L. y L.J.V.L.1,  le  contaron  que el señor  LUIS   ÁLVARO  CONTRERAS  había  abusado  de  ellas,  antes  de  irse  para Cúcuta, hace aproximadamente  cuatro  años cuando vivió en la casa de ellas y no le habían contado nada sus  hijas  en  virtud  a  que  CONTRERAS  las había amenazado de matar a su mamá y  hermanos.  Con  la  niña  Y.V.  tuvo  acceso carnal pero con L.J. fue manoseada  (sic)   y  la  obligó  a  realizarle  sexo  oral. LUIS ÁLVARO CONTRERAS es cuñado de la denunciante. Con  Y.V.  los  hechos  ocurrieron  en  varias  ocasiones.  En  esa época las niñas  tenían  9  y  7  años respectivamente”.        

Por  razón  de  los  hechos precedentes, se  dispuso       la       captura      de  LUIS  ÁLVARO  CONTRERAS,  la  cual  fue  legalizada  por  el Juzgado 22 Penal Municipal con  Función   de   Control   de  Garantías  de  Bogotá  en  audiencia  preliminar  concentrada  del  7  de  julio  de  2011.  Durante esa misma vista, la Fiscalía  formuló  imputación  en su contra por los delitos de acceso carnal abusivo con  menor  de  14 años y actos sexuales con menor de 14 años, ambos agravados, por  los   cuales  el  despacho  judicial  les  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  en  establecimiento  carcelario. Los cargos imputados no  fueron aceptados por el imputado.   

El  2  de  agosto  siguiente, el ente fiscal  presentó  escrito  de  acusación  en  contra  del  sindicado  por  los delitos  imputados  (arts. 208, 209 y 211-2 de la Ley 599 de 2000) en concurso homogéneo  y  sucesivo,  cargo  que  ratificó  durante  la  audiencia  de  formulación de  acusación  realizada  el  8 de septiembre ulterior ante el Juzgado 21 Penal del  Circuito         con         Funciones         de         Conocimiento        de  Bogotá.         

   

Evacuadas  las  audiencias preparatoria y de  juicio  oral,  el mismo despacho de conocimiento dictó fallo de primer grado el  2  de  mayo  de 2012, por cuyo medio condenó al procesado de los cargos por los  cuales  fue acusado a la pena principal de ciento quince (115) meses de prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones  públicas  por el mismo lapso. En la misma providencia, le negó el subrogado de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y el sustitutivo de la  prisión domiciliaria.   

En desacuerdo con la anterior providencia, la  defensa  del  sentenciado  la  recurrió en apelación y el Tribunal Superior de  Bogotá    la    confirmó,    mediante   sentencia   del   23   de   septiembre  subsiguiente.       

Contra   la  anterior  determinación  del  ad  quem, la misma parte, de  manera  exclusiva,  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación, para cuya  sustentación  presentó  oportunamente libelo, del cual se ocupa la Sala con el  objeto   de   verificar   si  cumple  con  los  presupuestos  exigidos  para  su  admisibilidad.         

LA  DEMANDA   

En el acápite correspondiente a “causales”,   la  actora  invoca  la  causal  tercera  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004, por violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de errores de hecho en la apreciación  de  la  prueba  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  “por  cuanto  el  juzgador  no  tuvo  en  cuenta  testimonios que  aseguran   eventos   y   manifestaciones   de  responsabilidad,  que  no  fueron  controvertidos       ni       vencidos       por      contraparte”.   

Igualmente, asegura, por falso raciocinio, en  tanto  se  desconocieron  las máximas empíricas según las cuales “la  primera relación sexual de una mujer es una vivencia única  en      la      vida      y      por      tanto,     se     trata     de     una  experiencia       inmemorable”   y   “no   se  le  puede  dar  total  credibilidad  a los menores, por el sólo hecho de que afirmen que son víctimas  de delitos sexuales”.   

También  por  falso  juicio  de  identidad,  añade,   “ya   que   unas   pruebas  científicas  determinadas,  susceptibles  a  la ley de la probabilidad, no pueden predicar la  existencia  o  inexistencia de un hecho sin el resultado cuantificable de dichas  pruebas”   y  dado  que  no  se  puede  aceptar  la  conclusión  de un perito “respecto a la proclividad  de  la  mitomanía,  fantasía  o  fabulación,  cuando  no  esté sustentada en  pruebas científicas y objetivas”.   

Acto  seguido,  reitera  los  “hechos    procesales”,          los         “fundamentos    de    la   providencia   recurrida”      y      luego      se     ocupa     de     las     “consideraciones    para    el    cargo   invocado”,  donde  empieza  por  destacar  el  rechazo social que generan los  delitos  sexuales,  ante  lo  cual  resulta  de  suma importancia garantizar los  derechos     de     las     personas     procesadas    por    este    tipo    de  comportamientos.   

También  pregona  que  si bien “los  actos  sexuales  no  dejan  huella, esto no obsta que no se  deba  probar  la  materialidad  de  un  hecho  y  la  veracidad del relato de la  víctima”,  pues  la libertad probatoria aducida por  el  sentenciador  “no  se  puede forzar al punto de  soportar   los   dichos   de   las   menores   en  los  dichos  de  quienes  las  escucharon”.   

Para la libelista, al margen de la exigencia  en  torno  a  verificar  el  alcance  demostrativo  de  cada medio de prueba, la  sentencia   se   torna   ambigua,   pues   lo   que   se  consigna  “es  la simple relación de lo dicho por las menores, sin someter  esto  a  un  real  y  verdadero estudio científico, que llegare a deslumbrar no  sólo  si dicha reproducción de los hechos corresponde a una verdad real o a un  hecho  de  fantasía,  ahora  bien  importante y obligatorio para todo delito es  establecer  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar en que acaecieron y más  tratándose   de  niñas  grandes  y  no  de  pequeñas  infantes”.   

Y  aun  cuando,  asegura, el Tribunal acepta  como  prueba  que  el examen genital es sólo una parte del examen médico legal  “también  es  cierto  que  ante  la manifestación  clara,  concisa  y  precisa  de  acceso  carnal este no tiene otra forma más de  desvirtuarse   que  con  el  examen  genital”,  pues  “si no fuera necesario el examen genital en un caso  de  abuso sexual y más tratándose de acceso entonces cualquiera acudiría ante  las  autoridades  denunciaría un hecho y se sustraería de un examen materia de  la acusación”.   

Además,   afirma,   los   sentenciadores  privilegiaron  el  dicho  de  las  víctimas,  desconociendo  el artículo 7 del  estatuto  procesal,  alusivo al principio rector de la presunción de inocencia,  al tiempo que omitieron valorar en forma conjunta las pruebas.   

Por  lo  expuesto  encuentra que existen una  serie  de  dudas  “que no logran ser superadas a la  luz  de  la  sana crítica”, y obligan a dictar fallo  absolutorio  en  favor de su patrocinado, amén de que, conforme a la Ley 906 de  2004,  la  responsabilidad  no puede estar cimentada exclusivamente en prueba de  referencia.   

A continuación, señala que la credibilidad  de  los  menores  de  edad  cuando  son  víctimas  de  delitos  sexuales impone  “establecer  si son apreciables como máximas de la  experiencia    las   proposiciones   ‘cuando  el  menor  es  víctima  de  atropellos  sexuales, su dicho  adquiere    especial    confiabilidad’  y  el  dicho  del menor ‘por  la  naturaleza del acto y el impacto que genera en su memoria,  adquiere    gran    credibilidad    cuando    es    la    víctima    de   estas  agresiones’…”.   

Frente   a  los  anteriores  interrogantes  responde  negativamente,  toda  vez  que,  en  primer lugar, analizadas de forma  aislada  sus  expresiones  no resultan válidas para saber si al niño debe o no  creérsele,  conteniendo tal afirmación una petición de principio, por suponer  como    solución   al   problema   jurídico   lo   que   necesariamente   debe  probarse.   

Y,  en  segundo orden, dado que “las  afirmaciones  en  comento no pueden apreciarse sin tener en  cuenta   el   específico  problema  jurídico  que  solucionaron”.   

De   manera   que,   colige,  el  fallador  transgredió  los  principios y la obligación de valorar la prueba “y   se   sesgo   (sic)   a  dar  credibilidad  a un hecho por su simple connotación social,  por  el  gran  impacto  frente a la comunidad y por el afán de salvaguardar los  derechos  de  nuestros  niños,  pero  olvidan  el  fin  de  la ley, la justicia  material  e  integral”, por lo cual solicita se case  el  fallo  y, en su lugar, se absuelva a su defendido de los cargos “como  debió  ser  conforme a la real aplicación de la ley para  la   valoración  de  la  prueba  y  el  principio  universal  del  ‘in    dubio   pro   reo’…”.          

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Como lo tiene sentado la Sala, para que la  demanda  de  casación  sea admitida, acorde con las preceptivas previstas en la  Ley   906   de  2004,  resulta  imperativo  el  cumplimiento  de  una  serie  de  presupuestos  orientados  a  que  contenga una exposición lógica y debidamente  argumentada,  según  así  se  desprende  de lo normado en los artículos 183 y  184, inciso segundo, modificado por el 98 de la Ley 1395 de 2010.   

Por  virtud  de  lo  establecido  en  estas  disposiciones,  sólo  se  admitirán  las  demandas  que  exhiban  una adecuada  estructura  lógica y cuenten con una argumentación mínima orientada a ofrecer  las  razones  de  disenso frente al fallo impugnado, pues sobre el particular ha  sido  insistente la Corte en  advertir   que,   con   el  advenimiento  del  estatuto  procesal  de  2004,  no  desaparecieron   tales  presupuestos,  ni  los  principios  orientadores  de  la  actividad     casacional     exigidos    en    los    ordenamientos    adjetivos  precedentes.   

Al contrario, una de las novedades del nuevo  estatuto  en  materia  casacional  radica en la necesidad de demostrar, o cuando  menos  evidenciar,  que  se requiere del fallo de fondo con el objeto de cumplir  alguno  de  los  fines  del  recurso,  a los cuales refiere la última parte del  mencionado  segundo  inciso  del  artículo  184,  al  señalar  que también se  inadmitirá  la  demanda  “cuando de su contexto se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir alguna de las  finalidades del recurso”.   

De  esta  manera  los  fines  del  recurso  adquieren  una  connotación trascendente al punto que en el inciso siguiente de  la     misma    preceptiva    se    prevé    que    la    Corte    “atendiendo  a  los fines de la casación, fundamentación de los  mismos,   posición   del   impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de  la  controversia  planteada, deberá superar los defectos de la demanda para decidir  de fondo”.   

2.  Frente  a  la  demanda presentada por la  defensora     del     procesado    LUIS    ÁLVARO  CONTRERAS,   se impone precisar lo siguiente:   

En  primer lugar, hace abstracción total de  la  obligación señalada de precisar la necesidad de fallo atendiendo los fines  para  los  cuales  está instituido el recurso, no otros que los establecidos en  el    artículo    180   del   estatuto   procesal,   en   cuanto   “El  recurso  pretende  la  efectividad  del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos   a  estos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia”,  debiendo  aflorar  el vínculo entre la propuesta contenida en la  censura  y  uno  cualquiera  de  tales objetivos que dotan de sentido al recurso  extraordinario.      

Ahora  bien,  con extrema laxitud se podría  relevar  la  omisión  anterior por el hecho de que la demandante refiere que el  fallo   cuestionado  vulnera  las  garantías  de  presunción  de  inocencia  e  in dubio pro reo instituidas  a  favor  de  su  prohijado,  como  consecuencia  de los errores de apreciación  probatoria que denuncia.   

De  cualquier  forma, y en segundo lugar, el  libelo  no  satisface los presupuestos de admisibilidad, habida cuenta que no se  allana  a  los  lineamientos de los errores de apreciación probatoria invocados  ni,  vale  decir,  a ningún otro viable en esta sede en procura de demostrar la  inconstitucionalidad o ilegalidad del fallo impugnado.   

En  tal  sentido,  conviene  precisar que al  inicio  de  su  disertación,  más  precisamente  en  el  apartado que denomina  “causales”,    la  casacionista  plantea  algunos  yerros  de apreciación probatoria, consecuentes  con  la  causal  invocada de violación indirecta de la ley sustancial, derivada  de  falso  juicio  de  existencia por omisión, “por  cuanto  el  juzgador  no  tuvo  en  cuenta  testimonios  que  aseguran eventos y  manifestaciones  de  responsabilidad,  que  no fueron controvertidos ni vencidos  por  contraparte”; falso raciocinio, en tanto, dice,  se   desconocieron  las  máximas  empíricas  según  las  cuales  “la  primera relación sexual de una mujer es una vivencia única  en      la      vida      y      por      tanto,     se     trata     de     una  experiencia       inmemorable”   y   “no   se  le  puede  dar  total  credibilidad  a los menores, por el sólo hecho de que afirmen que son víctimas  de  delitos  sexuales”  y falso juicio de identidad,  “ya  que  unas  pruebas  científicas determinadas,  susceptibles  a  la  ley  de la probabilidad, no pueden predicar la existencia o  inexistencia  de  un  hecho  sin el resultado cuantificable de dichas pruebas”  y  dado  que  no se puede aceptar la conclusión de un  perito  “respecto a la proclividad de la mitomanía,  fantasía  o  fabulación,  cuando no esté sustentada en pruebas científicas y  objetivas”.   

Sin embargo, en el desarrollo posterior de la  única    censura    formulada,   correspondiente   al   acápite   “consideraciones    para    el    cargo   invocado”,  no  vuelve a  abordar  el  tema,  dejando  tales planteamientos, por tanto, en mero enunciado,  carentes de fundamentación.   

Ello se verifica con mayor fuerza respecto al  error  de  hecho por falso juicio de existencia, como quiera que en el libelo ni  siquiera      se     individualizan     cuáles     son     los     “testimonios   que   aseguran   eventos   y   manifestaciones  de  responsabilidad,    que    no    fueron    controvertidos    ni   vencidos   por  contraparte”.   

Así mismo, en relación con el aludido falso  raciocinio,  pues  tras referir a las dos máximas de la experiencia reseñadas,  con  posterioridad  no  desarrolla  el  tema,  ni  su  incidencia concreta en la  valoración  probatoria  realizada  en  la sentencia impugnada, como sucede, por  ejemplo  con  la supuesta máxima de la experiencia en cuanto a que “la  primera relación sexual de una mujer es una vivencia única  en  la  vida y por tanto, se trata de una experiencia inmemorable”,  pues  no  informa  si  con  ella  pretende  cuestionar  el  dicho  incriminante    de   las   menores   o   las   probanzas   que   reforzaron   su  credibilidad.   

Entonces,  más  que  ampliar  sobre  los  enunciados,  determinando,  por  ejemplo,  su relación concreta con las pruebas  valoradas  por  el  juzgador  y  su  trascendencia  para  mutar el sentido de lo  decidido,  sustenta la violación en este caso de las reglas de la sana crítica  en  predicados  que  claramente  no tiene esa connotación, como que el dicho de  los  menores  víctimas de delitos sexuales no genera confiabilidad, sin exponer  las       razones      específicas      que      lo      llevan      a      esa  conclusión.           

Peor aún sucede con respecto al falso juicio  de  identidad  que  recae  supuestamente  sobre  la ponderación de “unas     pruebas     científicas    determinadas”,  pues  aun  cuando  después  refiere  a  la errada valoración de  algunas   probanzas  periciales  recaudadas  en  el  proceso,  no  relaciona  el  cuestionamiento  con el yerro anunciado, ni mucho menos con lo que corresponde a  su naturaleza.      

Igual  ocurre  con  su aseveración insular,  pues  no  se  vuelve  a  ocupar  del tema, en cuanto a que se configura el mismo  yerro  valorativo  porque  no  se  puede  aceptar  la  conclusión  de un perito  “respecto  a  la  proclividad  de  la  mitomanía,  fantasía  o  fabulación,  cuando no esté sustentada en pruebas científicas y  objetivas”, sin obtenerse conocimiento, porque no lo  explica,  a  qué  se  refiere  o  frente a cuál prueba en particular eleva tal  cuestionamiento.   

Sea  como  fuere,  las críticas posteriores  esgrimidas       contra  la  valoración de las pruebas  del  fallo  impugnado  o  no  son  compatibles  con  la  esencia  de los errores  invocados,  ni, dígase de paso, con las de ningún otro error admisible en sede  de casación, o no se corresponden con la realidad del fallo.   

Sobre  esto  último  se  encuentra  que  la  defensora    no   es   fiel   al   contenido   objetivo  del  fallo  cuando  inopinadamente  sostiene  que  el testimonio de las menores de edad Y.V.V.L.  y  L.J.V.L.  no  fue sometido a  valoración  conjunta  de  la  prueba. Al contrario, tanto el juzgador de primer  grado,  como  el  Tribunal,  en las sentencias que en este caso conforman unidad  jurídica   indisoluble,  otorgaron  mérito  a  los  testimonios  incriminantes  rendidos  por la infantes, no sólo porque resultan coherentes y uniformes entre  sí  y  vistos aisladamente, sino en cuanto se ven reafirmados con otras pruebas  obrantes en el proceso.   

Así,   en  primer  lugar,  coinciden  los  juzgadores  en  indicar  que su dicho encuentra respaldo con el testimonio de su  progenitora  Claudia  Edith  Luis  Monroy,  no porque reproduzca el dicho de sus descendientes, sino en tanto  aporta  elementos o particularidades presenciadas personalmente referentes a las  circunstancias  que  rodearon  los  hechos,  que  avalan  lo  expuesto  por  las  menores.   

Igual  ocurre  con  las declaraciones de los  testigos   peritos  en  medicina  forense  Jacqueline  Cangrejo  Arias  y  en sicología forense Amparo  Méndez Torres, no en cuanto, como  el  anterior,  se  insiste,  se hayan limitado a repetir lo que la menor afirmó  ante  ellas sobre la forma como ocurrieron los atropellos sexuales de que fueron  víctimas  por  parte  del  procesado,  pues  ello  erige,  y  así  se califica  atinadamente,      prueba      de     referencia2,   sino   en  cuanto  aportan  valiosos  elementos  de  juicio  que  permiten  otorgar plena credibilidad a sus  dichos.   

Así,  la  primera  en mención al encontrar  consonante  la  versión  suministrada  por  las  menores  y el examen a que las  sometió  -pese a no encontrar lesiones en las zonas afectadas (vaginal y anal),  lo  que  en  todo  caso en su sentir es normal dado el tiempo transcurrido entre  los  sucesos  y  el  examen-  con  un  cuadro  de violencia sexual realizado por  LUIS        ÁLVARO       CONTRERAS.   

Y  la  segunda,  en  términos generales, al  encontrar  en  las  menores  secuelas  sicológicas también compatibles con los  hechos de violencia sexual narrados.   

Ahora,  no  es  que,  como  lo  sostiene la  actora,  el  principio  de  libertad  probatoria,  ante la ausencia de hallazgos  clínicos  de  lesiones  compatibles  con  los  ataques  sexuales,  se extendió  indebidamente  hasta  el  punto  de forzar la credibilidad del testimonio de las  víctimas  basándose  simplemente  en  lo que manifestaron ante estas personas,  pues  ya  se vio como tales dichos de referencia fueron descartados expresamente  por los juzgadores.   

Contrariamente a lo que expone la libelista,  el  peso  de  la decisión no se limitó al testimonio de las menores, sino a su  confrontación    con    las    demás    pruebas    del   mismo   carácter   y  técnico-científicas  allegadas  al  juicio  oral,  que  permitió acreditar la  teoría  del  caso  expuesta  por  la  Fiscalía  sobre  la  responsabilidad del  implicado en los cargos endilgados.   

De  otro  lado,  se  advierte  cómo  en la  disertación  de la demandante se pretende imponer una improcedente tarifa legal  probatoria  en  sentido  de que la única forma de afirmar la materialidad de un  acceso  carnal  es a través del respectivo examen genital que así lo concluya,  sin  considerar  múltiples  variables  que pueden influir en el resultado (vbg.  según  se explicó por los juzgadores de instancia, el paso del tiempo entre el  hecho  y  la  auscultación  médica,  como aquí sucedió, o la presencia de un  himen  elástico  o  complaciente  en  la  víctima cuando la afrenta es a nivel  vaginal),  por  lo  que  ningún  reparo  existe  para  acudir en tales casos al  postulado de libertad probatoria en aras de su demostración.   

Ahora,  en la demanda se confunden máximas  de  la  experiencia  con  pautas  fijadas  por la jurisprudencia para valorar la  prueba  al  indicar  que  el  testimonio de los menores, cuando son víctimas de  delitos  sexuales,  reviste  especial  confiabilidad,  pues con ello nunca se ha  querido  afirmar  que, como cualquier prueba, se excluya su valoración conjunta  con   las   demás   probanzas   y   sometida   a   las   pautas   de   la  sana  crítica.     

En  fin,  lo  que  se logra evidenciar a lo  largo  de  la censura es el vano propósito de imponer una inteligencia personal  de  valoración  de  las  pruebas  por fuera del marco de los errores concebidos  para  tal  fin,  como si se tratara de una instancia más del proceso, con pleno  desconocimiento  de  la  naturaleza extraordinaria del recurso de casación y de  la  doble  presunción  de  legalidad y acierto que gobierna al fallo impugnado.   

Es  más,  se  distorsiona a tal extremo la  sentencia  que  se  asegura  que  la  condena  en  este caso sólo responde a la  connotación  social  del  delito,  a su gran impacto frente a la comunidad y al  afán  de  salvaguardar  los derechos de los niños, pero basta con consultar su  contenido  para encontrar un sólido análisis de los medios de prueba, del cual  se  colige,  sin  vacilación, la responsabilidad del encartado en las conductas  atribuidas.   

El cúmulo de incorrecciones reseñadas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Sala  en  virtud  del principio de  limitación  que  regula  este  medio  extraordinario de impugnación, impone la  inadmisión de la demanda.   

Adicionalmente,  porque  tampoco  se evidencia la necesidad       de       superarlas en procura  de   cumplir   alguno   de  los  fines  del  recurso  extraordinario,   previstos   en   el   mencionado  artículo  180  ibídem.   

Ahora   bien,  habida  cuenta  que  contra la decisión de inadmitir  las  demandas  de  casación procede el mecanismo de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  impera  precisar  que como dicha legislación no regula el trámite a  seguir  para  la aplicación  del  referido  instituto  procesal,  habrán  de seguirse las reglas fijadas por  la    Sala    sobre    el    particular3.   

        En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  presentada  por la  defensora     del     procesado     LUIS    ÁLVARO  CONTRERAS,  por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

        Contra  esta  decisión procede el mecanismo de insistencia, en los  términos señalados.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ  CAMACHO                  FERNANDO  ALBERTO  CASTRO  CABALLERO           

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ    MUÑOZ                      GUSTAVO       ENRIQUE       MALO       FERNÁNDEZ   

LUIS GUILLERMO SALAZAR  OTERO                        JULIO   E.   SOCHA  SALAMANCA   

JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

NUBIA  YOLANDA  NOVA  GARCÍA   

Secretaria  

    

1 Como  esta  providencia  puede  ser  publicada,  se omite el nombre de las menores, de  conformidad  con lo normado en el numeral 8° del artículo 47 de la Ley 1098 de  2006  “por  la  cual  se  expide  el  Código de la  Infancia y la Adolescencia”.   

2 Cfr.  págs. 13 y 14 del fallo de primer grado.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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